jueves, 6 de julio de 2017

Mucho se habla, poco se dice

Mucho se habla sobre la sanción. Muchos son los que intentan dirimir las consecuencias, más los que
recurren al pataleo y otros tantos los que desinforman desviando la atención con rumores inconsecuentes y noticias prevalecientes aunque inocuas. Muchos son los que hablan pero pocos son los que dicen la verdad; que esta directiva, una vez más, ha vuelto a saltarse la norma, que ha dirigido el club como una casa de citas y que, cuando les han pillado con el carrito del helado, no han sido capaces de dar la cara para decir estas son las razones y estas las consecuencias.

Mucho se habla sobre la salida de Theo. Muchos son los que intentan acorralar al chaval con infundados argumentos, más los que muestras su recalcitrante odio hacia el enemigo y otros tantos los que tienden a arropar la pérdida vistiendo la operación con cifras y letras. Muchos son los que hablan pero pocos son los que dicen las verdad; que al club se le ha escapado un lateral para una década, que no han sabido agarrar la sartén sobre el mango y que, cuando han visto la partida perdida, han preferido cargar la mochila con el explosivo en la espalda del jugador en lugar de salir a la palestra y reconocer que lo han hecho tan mal con él que no le han quedado ganas de regresar a casa.

Mucho se habla sobre el futuro de Griezmann. Muchos son los que intentan borrar la verdad con un velo de mentira, más los que guardan la palabra para insultar en el futuro y otros tantos los que juegan a mirar hacia otro lado aún sabiendo que, más allá de las palabras, se encuentra un triste destino. Muchos son los que hablan, pero pocos son los que dicen la verdad; que se le ha renovado al alta en lo económico pero a la baja en lo bursátil, que el chico se va a marchar por la puerta de atrás mientras ellos cuentan millones y nos vuelven a contar el cuento de que los jugadores siempre juegan donde quieren y que, más allá de las patrañas, se encuentra una triste realidad y es que el Atleti, por hache o por be, no es capaz de mantener durante más de tres años a ninguna de sus estrellas.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El orgullo

El orgullo no es una palabra barata. No es un complemento de usar y tirar ni un cerrojo contra el resentimiento. El orgullo no es una llamarada contra la demagogia ni un arma arrojadiza contra la rabia. El orgullo es un sentimiento que respalda al corazón y que alivia a la conciencia. El orgullo es saberse ganador en el duelo contra tu propio pesimismo y saber levantarte con la cabeza alta aún después de haber caído desde lo más alto.

El orgullo es una pierna fuerte en el medio del campo, una carrera apasionada junto a la banda, un centro al área entre un mar de piernas, un dribling en el borde del área, un gol de cabeza y otro de penalti y no desfallecer aunque te asesinen de cruel manera. Porque el orgullo no es morir sino vivir con las heridas. El orgullo no es llorar sino presumir de cicatrices.

El orgullo es una camiseta rojiblanca empapada en sudor. El orgullo es una lágrima y un aplauso, un cántico bajo la lluvia y una eliminación cobrada a precio de oro. El orgullo es regresar a casa con la sensación del trabajo bien hecho, llegar a la cama con la mirada encendida y soñar despierto con la próxima oportunidad. El orgullo es mirar abajo y ver a un señor de negro encendiendo la mecha. El orgullo es mirar arriba y saber que el cielo llora por nosotros aunque nosotros no lloremos hoy por nadie. El orgullo es esto; ser del Atleti. Saber que así se puede perder. Saber que perder así a veces también significa ganar.

martes, 28 de febrero de 2017

Un abismo a la espalda de Saúl

Hay un lugar donde el rival percute, machaca, juega, agobia, molesta, marca. Hay un lugar donde hay un vacío, donde hay espacio, balón, peligro. Hay un lugar donde Godín no llega y los laterales no alcanzan, donde acecha la muerte en forma de gol, donde sobrevuela la parca en forma de derrota. Hay un lugar donde no se conoce el movimiento ni se percibe la sombra.

Hay un espacio vacío en el centro de operaciones, hay un lugar sin sombra donde la claridad pone sobre la pista a los mediapuntas del equipo rival, hay un erial que echa de menos el arado de Tiago y la semilla de Augusto, hay un sitio inócuo sin especialista ni cerebro, con corazón pero sin pausa, con prisa pero sin palabra. Hay una situación cada diez minutos que nos pone el alma en la garganta porque somos capaces de comprobar, asombrados, como nos generan peligro por donde hasta hace poco tiempo eramos los tipos más fiables del mundo.

Hay una ausencia de mediocentro, hay un aumento en la edad de la plantilla, hay una mala planificación, hay una gran mala suerte con las lesiones, hay un agujero por el que se desangra el equipo, hay una sangría que no tiene venda, hay una herida que nos deja sin aire, hay una falta de aire que nos nubla los objetivos, hay una nube que nos impide soñar. Hay un abismo a la espalda de Saúl.

martes, 24 de enero de 2017

El doctor Atleti

El paciente en la camilla y el cloroformo en la mesa de operaciones. Cirugía precisa, un tipo que duerme y que, cuando quiere despertarse, ya no tiene costillas. Muchas veces, no lo queda ni dignidad. Así, sin enterarse, pierde las muelas y el hígado. Creyendo que puede no es capaz de mover un dedo porque realmente está en manos del doctor Atleti.

El doctor Atleti es ese que pone en práctica la Tiagología. El que duerme el juego, anula al rival y saca petróleo del despiste ajeno. El que mete el bisturí y analiza los corazones. El que no tiene piedad del enfermo, ni entiende de rutinas. El que se doctoró en la facultad del cholismo y pone en práctica métodos de pura medicina formativa. Ganar por KO. Ganar por consistencia.

Pero el doctor Atleti está de vacaciones. Cansado de tantas intervenciones a corazón abierto, de tantas guardias interminables y de tanta praxis en Gabigología y Kokelogía, ha decidido tomarse eso que llaman año sabático. Y en el quirófano del Manzanares le añoran, quieren volver a ver sangre, quieren volver a sentir la llamada del tipo que tiene inyectado un reguero de hiel en la mirada ¿Dónde estás, doctor Atleti?

El doctor Atleti hace tiempo que no practica circuncisiones a balón parado, hace tiempo que no pone apósitos en defensa, hace tiempo que no machaca músculos en el centro del campo y , sobre todo, hace tiempo que no esputa goles en el recipiente del equipo rival. Ese doctor sin compasión está durmiendo la siesta de los justos. Y todos seguimos esperando a que despierte porque seguramente, ese día, volverán a temblar los cimientos de este bendito sanatorio de corazones llamado Vicente Calderón.


martes, 22 de noviembre de 2016

La élite

La élite es ese lugar donde todos quieren ganarte. Donde el respeto se impone a base de poner el nombre, donde los futbolistas entran más fuerte, corren más rápido, donde los errores penalizan y donde los goles valen doble porque cuestan el doble de conseguir. La élite es ese lugar donde viven los aspirantes, donde perduran los campeones, donde los invitados han de sudar sangre para ganar el pan porque saben que siempre vivirán al borde de precipio. Un lugar donde la tensión se corta. Un lugar donde la presión obliga a respirar hasta por debajo del agua.

La élite es el lugar desde el que las derrotas saben a hiel, donde el rival te mira con asco y te celebra con arrogancia, donde perder el derecho a soñar duele el doble de lo normal porque los baños de realidad se convierten en duchas de ácido sulfúrico. La élite es el lugar donde el corazón late a doscientos por hora y el alma vuela más allá de los sueños. En la élite hay que ser constante, brillante, tenaz y persuasivo. La élite no concibe despistes, ni paga por sueños baratos. La élite te da una patada en el culo cuando decides perder la intensidad y se te queda cara de tonto, porque en el fondo sabes que tú mismo has sido el culpable de la desdicha.

La élite exige fútbol porque sobre su cielo vuelan los halcones del buen gusto. La élite exige carácter porque en suelo corretean las hormigas que devoran el cadáver del pusilánime. La élite exige cabeza porque en sus libros se cuentan historias de héroes y villanos, leyendas y epopeyas, luchas y derrotas. Pero, sobre todo, la élite, exige capacidad para regenerarse. Ninguna victoria es definitiva y ninguna derrota es el fin porque lo que hay que hacer es aprender de los errore y volver a levantarse con la cabeza alta. Y aunque el ánimo esté herido hay que saber volver a enfundarse la armadura y regresar al combate porque la élite, como Roma, no paga traidores y no admite cobardes.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Tres puñales

En los años setenta se hizo famosa la delantera del Atlético formada por Ayala, Gárate y Becerra. Los tres eran una combinación letal de velocidad, precisión y desborde. Gracias a ellos el equipo fraguó un estilo de contragolpe tan efectivo que los equipos comenzaron a jugar con demasiadas precauciones para no dejar un sólo espacio por detrás. Daba igual, casi siempre encontraban una ocasión y casi siempre encontraban un gol.

Dicen que la historia siempre está condenada a repetirse. La mayoría de las veces para mal, porque el ser humano es ese ente estúpido que se condena a repetir errores una y otra vez, dando muestras de su inmortal estupidez. Pero existen ocasiones en que la historia se reedita de manera positiva para bien de los nostálgicos. Muchos de aquellos que hoy ven jugar a Griezmann, Gameiro y Carrasco, saben cerrar los ojos para evocar años de gloria. Década de los setenta, un contragolpe letal y tres tipos apodados los tres puñales.

Estos puñales de hoy son distintos a los de ayer en cuanto a los conceptos que la modernidad le ha añadido al fútbol. Aquella garra de Ayala, la elegancia de Gárate y el desborde loco de Becerra se han convertido en vértigo y precisión. Griezmann es el genio que flota en la media punta, Gameiro el suicida que vive al borde del fuera de juego y Carrasco el esprinter que siempre busca la línea de fondo. Con el concepto del contraataque como punto de partida, ambas delanteras se componen de elementos de leyenda. Aquella hizo carrera gloriosa en el nuevo estadio del Manzanares. Esta quiere despedir a lo grande nuestro viejo y glorioso estadio.

martes, 19 de julio de 2016

Las fases del duelo

Negación.

No puede ser. Otra vez no. Es imposible. Dos veces seguidas es demasiado cruel. Debe ser un sueño. Voy a despertar, seguro que cuando lo haga, Juanfran a marcado ese penalti y seguimos con vida. Seguro que cuando lo haga, Gabi estará levantando esa Copa y todas estas lágrimas habrán merecido la pena.

Ira.

Golpeo la pared con rabia. Pataleo. Intento ahogar un grito pero termino desgarrándome la garganta. No encuentro consuelo, no encuentro piedad. No me sirven las alabanzas, ni las palmadas en la espalda. Quisiera romper el mundo, salir corriendo y gritar en soledad. Al fin y al cabo, la frustración me impide ser un ser racional.

Negociación.

Busco un lugar para la reflexión. Me encojo ante el silencio. Lo que no tiene solución no tiene solución. Y duele. Pero hay que empezar de nuevo. Buscar de nuevo. Encontrar de nuevo. Fue una gran competición. Les ganamos a los mejores y ellos fueron pasando rondas contra las opciones más fáciles del bombo. Intento convencerme de algo. Intento convencerme de que el dolor no debe ser para tanto cuando sabes has entregado el alma.

Dolor.

Es difícil de entender. Más difícil de explicar. El corazón supura, el alma suspira. La garganta está muda y los dientes permanecen apretados. El recuerdo es dolorosamente imborrable, el momento fue emocionalmente insoportable. No podría repetirlo, aún así me encantaría volver al lugar e intentarlo de nuevo. Aunque el dolor que me mueve es tan intenso que el miedo se apodera de los sentimientos ¿Y si volviesemos a caer de la misma manera?

Aceptación.

Todo termina pasando y es cuando te das cuenta del hecho cuando valoras la situación. Perdimos, sí, pero lo hicimos luchando. No nos ganaron por la mano, lo tuvimos, lo rozamos, lo merecimos. Estuvimos ahí, en la pelea, en el momento álgido del año. Muchos quisieron llegar y nosotros fuimos protagonistas durante gran parte de la temporada. Eso es orgullo. Ese el camino por el que debemos seguir caminando. Volveremos. Debemos hacerlo.