miércoles, 10 de mayo de 2017

El orgullo

El orgullo no es una palabra barata. No es un complemento de usar y tirar ni un cerrojo contra el resentimiento. El orgullo no es una llamarada contra la demagogia ni un arma arrojadiza contra la rabia. El orgullo es un sentimiento que respalda al corazón y que alivia a la conciencia. El orgullo es saberse ganador en el duelo contra tu propio pesimismo y saber levantarte con la cabeza alta aún después de haber caído desde lo más alto.

El orgullo es una pierna fuerte en el medio del campo, una carrera apasionada junto a la banda, un centro al área entre un mar de piernas, un dribling en el borde del área, un gol de cabeza y otro de penalti y no desfallecer aunque te asesinen de cruel manera. Porque el orgullo no es morir sino vivir con las heridas. El orgullo no es llorar sino presumir de cicatrices.

El orgullo es una camiseta rojiblanca empapada en sudor. El orgullo es una lágrima y un aplauso, un cántico bajo la lluvia y una eliminación cobrada a precio de oro. El orgullo es regresar a casa con la sensación del trabajo bien hecho, llegar a la cama con la mirada encendida y soñar despierto con la próxima oportunidad. El orgullo es mirar abajo y ver a un señor de negro encendiendo la mecha. El orgullo es mirar arriba y saber que el cielo llora por nosotros aunque nosotros no lloremos hoy por nadie. El orgullo es esto; ser del Atleti. Saber que así se puede perder. Saber que perder así a veces también significa ganar.

martes, 28 de febrero de 2017

Un abismo a la espalda de Saúl

Hay un lugar donde el rival percute, machaca, juega, agobia, molesta, marca. Hay un lugar donde hay un vacío, donde hay espacio, balón, peligro. Hay un lugar donde Godín no llega y los laterales no alcanzan, donde acecha la muerte en forma de gol, donde sobrevuela la parca en forma de derrota. Hay un lugar donde no se conoce el movimiento ni se percibe la sombra.

Hay un espacio vacío en el centro de operaciones, hay un lugar sin sombra donde la claridad pone sobre la pista a los mediapuntas del equipo rival, hay un erial que echa de menos el arado de Tiago y la semilla de Augusto, hay un sitio inócuo sin especialista ni cerebro, con corazón pero sin pausa, con prisa pero sin palabra. Hay una situación cada diez minutos que nos pone el alma en la garganta porque somos capaces de comprobar, asombrados, como nos generan peligro por donde hasta hace poco tiempo eramos los tipos más fiables del mundo.

Hay una ausencia de mediocentro, hay un aumento en la edad de la plantilla, hay una mala planificación, hay una gran mala suerte con las lesiones, hay un agujero por el que se desangra el equipo, hay una sangría que no tiene venda, hay una herida que nos deja sin aire, hay una falta de aire que nos nubla los objetivos, hay una nube que nos impide soñar. Hay un abismo a la espalda de Saúl.

martes, 24 de enero de 2017

El doctor Atleti

El paciente en la camilla y el cloroformo en la mesa de operaciones. Cirugía precisa, un tipo que duerme y que, cuando quiere despertarse, ya no tiene costillas. Muchas veces, no lo queda ni dignidad. Así, sin enterarse, pierde las muelas y el hígado. Creyendo que puede no es capaz de mover un dedo porque realmente está en manos del doctor Atleti.

El doctor Atleti es ese que pone en práctica la Tiagología. El que duerme el juego, anula al rival y saca petróleo del despiste ajeno. El que mete el bisturí y analiza los corazones. El que no tiene piedad del enfermo, ni entiende de rutinas. El que se doctoró en la facultad del cholismo y pone en práctica métodos de pura medicina formativa. Ganar por KO. Ganar por consistencia.

Pero el doctor Atleti está de vacaciones. Cansado de tantas intervenciones a corazón abierto, de tantas guardias interminables y de tanta praxis en Gabigología y Kokelogía, ha decidido tomarse eso que llaman año sabático. Y en el quirófano del Manzanares le añoran, quieren volver a ver sangre, quieren volver a sentir la llamada del tipo que tiene inyectado un reguero de hiel en la mirada ¿Dónde estás, doctor Atleti?

El doctor Atleti hace tiempo que no practica circuncisiones a balón parado, hace tiempo que no pone apósitos en defensa, hace tiempo que no machaca músculos en el centro del campo y , sobre todo, hace tiempo que no esputa goles en el recipiente del equipo rival. Ese doctor sin compasión está durmiendo la siesta de los justos. Y todos seguimos esperando a que despierte porque seguramente, ese día, volverán a temblar los cimientos de este bendito sanatorio de corazones llamado Vicente Calderón.