
Si nos aguantó en las malas; el día del Colombino en la ida de cuartos de la Copa del Rey, el día del Albacete en el Calderón, los catorce años sin ganar un derbi, el descenso, el gilifato, Manzano, Aguirre, Ferrando... como no nos iba a aguantar en las buenas. Ahora late distinto, igual de apasionado, pero con un hilo de esperanza mayor al de entonces, cuando el desasosiego era nuestro pan de cada día y el pesimismo era el único pronóstico fiable antes de cada partido.
Este corazón late sano y fuerte, pero está muerto de miedo. Hay razones para ser optimista; la competitividad animal del equipo, la trayectoria en la Champions, el cambio de tendencia en los últimos derbis. Pero eso no impide que exista el miedo. Miedo al horror de Lisboa, a encontrar su sonrisa bobalicona tras la victoria, a volver a empezar algo que quizá no tenga más comienzos, a regresar a ese punto de desánimo que nos coloque en el lugar de los desdichados.
Este corazón late y late. Sueña y sueña. Tiene miedo, pero el miedo, al fin y al cabo, es una reacción lógica ante la esperanza.
Ahora mismo, tras cada latido, siento como me dice "Nunca dejes de creer". Intentaré obedecerle.
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