
Aquel era el Liverpool de Benítez; sobrio, directo, sin resquicios, sin concesiones. El nuestro era el Atleti de Aguirre; dudoso, timorato, acomplejado, lleno de defectos. Esto es el Liverpool de Klopp; espectacular, veloz, concreto, casi invencible. Y el nuestro es el Atleti de Simeone; antaño un dechado de virtudes y ahora un equipo a medio camino entre lo que fue y lo que quiere llegar a ser. Y hay dudas, hay temor, hay complejos y hay defectos. Y eso nos puede matar. Eso nos puede hacer claudicar.
Pero si hay algo que tiene este Atleti del Cholo que no tenía el de Aguirre, es orgullo. Y también vergüenza. Y sabe que puede ser David, pero que tiene la honda en la mano y va a tirar a matar. Nos pueden ganar, incluso masacrar, pero somos el Atlético de Madrid, una familia que ya no sabe rendirse, una pasión que ya no sabe dejar de creer. Nos enfrentamos a Goliath y no sabemos como vencerle, pero sí sabemos cómo intentarlo.
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