
No hay juego porque el equipo no consigue enganchar con el aficionado. Son muchos los que dicen que el Atleti de Simeone nunca ha jugado a nada. Los mantras, como las mentiras, son conatos de verdad que tornan en espejismos de tanto repetirse. Ni el Atleti de Simeone siempre ha jugado mal ni, desde luego, nunca ha dejado de ser competitivo.
Por eso extraña ver al equipo bascular sin sentido, dejar que el equipo rival toque y toque sin sentir el agobio de la presión, no ver prietas las filas ni toques de rebato. Extraña esta indolencia y extraña, por poco común, esta falta de identidad. El equipo ha regresado a la duda y el aficionado no sabe si callar y esperar o hablar y pedir que todo cambie. Difícil tesitura. Porque la espera es agónica y porque la agonía limita nuestros instintos.
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