miércoles, 30 de julio de 2014

Un tipo listo

Tener éxito en el fútbol, más allá del físico y la pasión, pasa por ser talentoso y listo. Para lo primero, hace falta un gran manejo del balón, una habilidad especial y un golpeo digno de profesionales. Lo segundo, que debería ser requisito imprescindible en las academias de hoy que sustituyeron a las calles de ayer, está tan mínimamente valorado por la mayoría que apenas se sabe apreciar la revolución generada cuando aparece un futbolista que sabe entender el fútbol como un autómata.

Griezmann sabe jugar al fútbol porque es un tipo listo. La afirmación, tal y como suena, parece un perogrullo sacado de un básico de barra de bar, pero no resulta tan fácil de explicar siempre y cuando no se entienda el fútbol como un juego de espacios. En un lugar donde el desmarque se paga con oro y se convierte en tesoro para un centrocampista, Griezman
n aparece como ese tipo listo que sabe buscar la espalda rival y encontrarse siempre en ventaja contra el portero. Se trata de ser rápido, sí, pero se trata de vivir al límite del fuera de juego, de intuir el lugar donde el compañero te pondrá el balón y de abrir el campo lo suficiente como para descolgar al lateral contrario. Lo que parece fácil y lo que no todos saben hacer.

En un equipo que juega a la guerrilla, como el Atleti, Griezman aparece como variante sustantiva. El factor sorpresa, que se marchó a Londres con un Costa irreverente, había quedado huérfano en un equipo que había convertido su línea de ataque en un lanzamiento de mortero a balón parado. La sorpresa tenía forma de llegada a fondo por un lateral y para ganarse un mano a mano había que esperar a que Costa consiguiera salir indemne de su cuerpeo con la defensa. Con el francés, además de atacar en tropel, el equipo podrá hacerse más largo porque encontrará la pieza necesaria en el espacio adecuado. Koke y Arda, destajistas y artesanos de taller, tendrán un motivo para sonreir. Allá, entre dos defensas, puede que encuentren un lugar donde filtrar un balón con veneno de gol. Un tipo listo puede lograr que el fútbol sea mucho más fácil.

martes, 29 de julio de 2014

Necesidades

El verano es el lugar común de los rumores y mentira. La maquinaria de venta de humo se pone en marcha para intentar captar la ilusión del aficionado y querer generar aficionados con hambre de abono. Cuando el carte del "cerrado por vacaciones" vuelva a levantarse y el balón vuelva a rodar, nos seguirá quedando la cara de tonto de cada septiembre y nos reconoceremos en esos tipos duros que sueñan con pelearlo todo y siguen sin los recursos suficientes para mirar a la cara de los más poderosos.

Si algún arma tenemos para disparar con fuego de artillería a los más grandes, esta tiene el nombre de Diego Simeone. El Cholo, para los Atléticos, significa ilusión, logro, fé y victoria. La fórmula, manida por los medios, pero desconocida para los incrédulos, es sencilla, pero no apta para corazones débiles: si se cree y se trabaja, se puede. Gracias a Simeone, los jugadores creen, trabajan y pueden. Cuando ponen nombres en la mesa y hablan de necesidades, todos intuímos que posición necesita un refuerzo y qué tipo de futbolista le vendría bien al equipo. Pero si hablamos de necesidad, nada necesita más el Atleti como a Simeone.

Un Simeone contento es un Atleti contento, un Simeone satisfecho reflejará en el campo a un Atleti competivito, un Simeone valorado reportará al aficinado un equipo del que sentirse orgulloso. Miren de cerca el tipo de refuerzo que está llegando y no digan que alguno de los perfiles está la sombra de la mano del Cholo. Sigue habiendo algún chico de Méndes, sigue habiendo operaciones ocultas porque nadie está libre de pecado cuando dos golfos dirigen al club, pero vuelve a haber cabeza en alguna contratación. Merece la pena seguir al dedillo los mandamientos del Cholo porque gracias a él hemos vuelto a ser un equipo campeón. Porque el día que se marche por la puerta nos daremos cuenta de que él es, en realidad, todo lo que necesitábamos.

jueves, 19 de junio de 2014

Después del dolor

El dolor es tan cegador que impide mirar a los ojos a la realidad. Es tan arrebatador que tiende al olvido por encima de la reflexión y empuja al abismo de la depresión por encima de la escalera que lleva hacia el éxito. Hace falta reflexionar para asumir lo ocurrido y hace falta levantar la cabeza para valorar todo lo conseguido. El Atleti venía de escalar un precipicio hacia donde le habían lanzado veinticinco años de pésima gestión. Quisieron que creyésemos que el fichaje del Cholo había sido su solución deportiva cuando solamente habían mirado hacia Argentina para encontrar el enésimo escudo que les protegiese de la cruda realidad. Si alguien, desde el dolor, merece un aplauso, es Simeone. Los responsables de que sigamos desconfiando se siguen sentando en el palco; uno hace de bufón durante la semana y el otro da vueltas con el coche durante los partidos.

Después del dolor vienen los cuentos vendidos como antídoto. El equipo campeón que Simeone ha cincelado a golpe de martillo y ha diseñado a su forma, terminará deshaciéndose por una cuestión de ingratitud con el colectivo. Importa lo que importa; la comisión, la sonrisa falsa y la venta de humo. Y no interesará nunca reconocer que quién provocó toda esta deuda abismal son los dos que se sentaban a la derecha del padre. Se buscarán culpables y excusas de mal pagador, se dirá que si Mendes, que si Costa, que si Mourinho o que si cada jugador juega donde quiere. Pero el humo de la mentira no nos ciega a los que tenemos llaga en el corazón; no busquen culpables más allá del palco, el camino correcto conducirá hacia los dos de siempre. Uno hace de bufón durante la semana, el otro da vueltas con el coche durante los partidos.

Resulta difícil imaginar el futuro después de un pasado reciente tan cruel. Aquel gol en aquel exgerado descuento ha terminado por ahogarnos en un mar de lágrimas. Nada nos puede impedir ver que la temporada, con derrota incluida en la final, ha sido la mejor en muchísimos años. Muchos no recordaban un Atleti así, otros ni siquiera han llegado a verlo. Por ello, duele sobremanera ver como cada mañana el café viene acompañado de una subasta pública a la que nadie en el club pone fin. El Consejero Delegado se remite a las cláusulas y se lava las manos como un Poncio Pilatos de baja estirpe. Si volvemos a indultar a Barrabás terminaremos viendo como nuestro Mesías termina en el patíbulo. No conviene enfadar al Cholo y hasta ahora no le están dando motivos para la alegría. Será difícil mantener un equipo en la cumbre porque será muy difícil encontrar sustitutos de nivel para los jugadores que se terminen marchando. Y es que este Atleti, como un mal Quinto Servilio Cepión, no es capaz de pagar ni a traidores.

miércoles, 15 de enero de 2014

Vivir a lo grande

El problema de vivir a lo grande es que se deben fijar los objetivos en relación a la opulencia. Uno se juega una copa contra el Valencia y ya no le vale caer en octavos porque uno ha visto a este equipo crecer tanto en tan poco tiempo que ya no se conforma con menos que el infinito. El problema de vivir a lo grande es que las capacidades deben estar en virtud a la exigencia y el muestrario debe permanecer intacto en vistas de una subasta final con aires de entusiasmo.

El problema de vivir a lo grande es que necesitas los recursos más grandes, el problema de no contar con los recursos más grandes es que, para vivir a lo grande, una vez fijado un nivel de exigencia, este debe mantenerse en el hilo del funambulista sin conseguir que los pies tropiecen en el camino. El problema de exigirse el máximo es que, para dar el máximo, se deben sortear mil obstáculos y no caer en ninguno porque los adversarios en esta carrera son pirañas que desgarran la carne sin piedad ante la súplica.

El problema del Atleti es que, para mantenerse a lo grande, necesita conservar el aire, las piernas y la tensión competitiva. Dando por hecho que el ánimo y el valor se conservarán intactos, queda la duda sobre el fuelle de un equipo que, en comparación a sus rivales, anda más justo de calidad y menos sobrado de efectivos. Si en enero, un Valencia desquiciado te quita la pelota y te encierra en el área, da que pensar sobre el futuro y el corazón comienza a dar severos latidos empujado por la duda. El final del camino está tan lejos y las promesas silenciosas son tan suculentas, que no nos sirve otra cosa que no sea el creer en el discurso y vivir ese partido a partido que a tan altas cotas nos ha llevado. El resto, la duda y el escepticismo, es agua de otro molino. No hemos llegado hasta aquí para resucitar fantasmas. Aunque el final del tunel aún no tenga luz, aunque aún no terminemos de asumir qué significa vivir a lo grande.

martes, 26 de noviembre de 2013

Ese espacio molesto en la portada

Son muchos los que pronostican la caída, aunque son pocos los que arriesgan para asegurar el cuándo por encima del cómo. Son muchos los que creen que la flor de un día terminará marchitándose y, sin embargo, el árbol ha crecido tanto que la raíz supura sus traseros y el tronco es fuerte y ancho como el de un roble maduro. A cada zarpazo mediático, el Atleti responde como los guerreros en primera línea de batalla; espada en alto, mandoble cruzado, dientes apretados.

Debe resultar molesto que la mosca cojonera se cuele por la ventana justo después de terminar de airear la habitación. Los grandes, apresurados por la artillería que les proporciona el privilegiado acceso al lujo, golearon sin piedad a equipos de poca estima y desdeñada credibilidad. Las portadas ya estaban concebidas para dibujar un duelo al sol, dos gigantes por sistema en lo más alto mientras los demás se ven aplastados como un David inoperante sin una honda con la que hundir el cráneo de Goliat.

Pero la mosca cojonera se coló por la ventana y a los cuatro y cinco respectivos goles añadió otros siete y la sensación de que este David si está dispuesto a calzar la honda para derribar a los Goliats. La manada mediática, dada al baño y masaje de sus mejores clientes, tuvo que buscar un hueco para recalcar que el Atleti sigue en el lugar incómodo al que regresó tras años de ignominia. Ese espacio molesto en la portada que ocupa a día de hoy es la chinita en el zapato de todos aquellos que llevan meses pronosticando una caída mientras ven como el equipo sube y sube peldaños mientras busca un techo que aún no encuentra.

lunes, 28 de octubre de 2013

La oportunidad

La víspera trajo un preludio y, de repente, las redes sociales, tan dadas a medir el calor de la opinión pública, empezaron a llenarse de dudas y a pronosticar caídas atemperantes. El nombre de Óliver Torres aparecía ligado al equipo titular y muchos fueron los que pusieron la red antes de que el chaval supiese que lo suyo iba a ser un salto al vacío.

Resulta curiosa la medida de medir las oportunidades que tienen algunos. Bastaron un par de malos ratos ante Barcelona y Celta para aprimar la caída y seducir a la audiencia con premisas que ligan al equipo a la intensidad por encima del juego; el eslógan ya había catalogado al chaval antes de que el chaval supiera cuál era su lugar en esta película de acción. Decían que Oliver no había aprovechado sus oportunidades.

¿Cómo se miden las oportunidades? ¿Cuál ha sido la oportunidad? Releía las previas y pestañeaba para cerciorarme de que la realidad y la opinión confrontaban en el mismo punto; era la primera vez que el chico jugaba como titular en el Atlético de Madrid. Ahí sí estaba la oportunidad. Más allá del rendimiento, se le medirían las aptitudes y, sobre todo, las actitudes. En ambos casos estuvo sobrado. Jugó al fútbol y cubrió muy bien su zona. Arrancó desde la izquierda y todos vimos que Filipe hizo el mejor partido del año. Colaboracionismo. Eso que tanto gusta al Cholo. Eso que tanto aprecia el aficionado. Oportunidad aprovechada y, de nuevo, la lupa sobre el chico enclenque que nació con ese estigma que señala a los que saben qué hacer con la pelota. No tardarán en decir que es irregular. Aunque tenga aptitud, aunque le sobre actitud. La oportunidad será un examen de evaluación contínua durante varios partidos más. Le exigirán sobresaliente. Aunque siga aprobando con notable.

martes, 7 de mayo de 2013

Fútbol para ricos

Ayer me dio por pensar en esos pobres soñadores que imaginan un día de gloria, bandera en mano, bufanda al cuello y garganta afilada. Me dio por pensar en sus esperanzas de regresar al cielo, de volver a sentirse grandes y presenciar algo histórico. Me dio por consolar porque me consolé a mi mismo, me dio por patalear con el alma porque supe que el alma de muchos atléticos estaba presa de la impotencia.

Ayer me dio por llorar con el corazón porque vi frustradas mis opciones, porque caí al suelo desde la cama, porque el sueño del precario no alcanza la cota de la fortuna. Ayer me ofrecieron dos entradas para la final de copa y quien piense que soy un afortunado sin conciencia, un desarraigado o un desagradecido, es porque no sabe que soy uno de esos millones de españoles a los que doscientos euros les arregla un mes y le puede suponer un mes sin hablarse con la parienta.

Imagino a ese niño que sueña ir de la mano de su padre, imagino a ese joven que aún cree que todos sus sueños se cumplen con un gol en el último minuto, imagino a ese abuelo que rememora sus sueños en blanco y negro, imagino a ese aficionado que busca en el fútbol su lugar en el mundo. La mayoría de ellos no podrán dar rienda a sus ilusiones porque este fútbol para ricos les ha privado de la ocasión de ser cómplices de un hecho histórico. Los precios de la final de copa oscilan entre los cincuenta y los doscientos cincuenta euros. Ver el fútbol con prismáticos o verlo en el salón de casa. Ya que no nos dejan imaginarlo, al menos que nos dejen celebrarlo.

lunes, 8 de abril de 2013

Carencias y desnudos

El Atleti de Simeone es un milagro en manos del tiempo. No hay juez más certero que los resultados y no hay mejor abogado defensor que el esfuerzo. En su frase de presentación, el Cholo dejó claras premisas e intenciones: "el esfuerzo no se negocia". Y así ha sido. Cuando el equipo ha relajado la motivación, le han roto la cara, cuando ha puesto cara de perro, ha sido, siempre, muy difícill de ganar.

Pero el esfuerzo, por sí sólo, no cumple objetivos. Ayuda a conseguirlos, eso sí, pero en el deporte de élite no basta con ser el mejor preparado, también se necesita ser el más talentoso. Y es ahí donde radica el milagro de Simeone. El equipo ha aguantado el tirón con dignidad y mucha categoría, y lo ha aguantado sin un jugador que plante pies en tres cuartos, detenga el ímpetu, levante la cabeza, y distribuya un par de pases con criterio; uno para desatascar el juego y otro para dejar a los delanteros en posición franca para marcar.

En partidos como el de ayer, las verdades del equipo se desnudan de forma sistemática. No sirve de mucho ser más intenso si no se puede ser más profundo. La conciencia queda tranquila porque el equipo compite, pero queda un amargo regusto a lo que hubiese podido pasar cada vez que uno se acuerda del turco que está en la enfermería o del brasileño que está en Alemania. Estar tercero, a estas alturas, y sin ese futbolista especial, tiene un mérito casi hasta emotivo. El Atleti está a cuatro partidos del objetivo y el calendario no es muy halagüeño. La Real Sociedad viene apretando y el equipo empieza a demostrar sus costuras. Solo esperamos que la liga no se nos haga demasiado larga y que, pese a tener que sacar la lengua, el último hálito nos permita completar el milagro.

jueves, 29 de noviembre de 2012

En la contrarrecta

Vuelvo a encontrar las sensaciones, vuelvo a encontrar la ilusión, vuelvo a mirarme al ombligo y me vuelvo a sentir como un príncipe sin corona en busca de su conquista. Durante años, durante una letanía, dejé de soñar, dejé de sentir, dejé hasta de llorar. Fue largo el desierto, fue dura la travesía, fue espantosa la derrota, fue infame la burla. Los pies en el suelo, la mente en blanco y la cabeza alta. Sí, otra vez la cabeza alta. El Atleti afronta su semana de derbi y después de mucho, mucho tiempo, volvemos a reconocer a nuestro equipo. Ellos son mejores, sí, pero nosotros nos hemos ganado el derecho a una parcela de ilusión.

Se puede perder, ya ocurrió en Valencia, puede ocurrir también en Barcelona; al fin y al cabo son esos partidos en los que haces cuenta a principios de temporada y los señalas en rojo como probable derrota. Pero el duelo con la vida va más allá de una probabilidad. Trece años sin ganarles, partido en su feudo, el histórico miedo escénico del Atleti, las dudas sobre la motivación del rival. Factores que hacen pensar en pequeño cuando nosotros queremos pensar en grande. Hemos vuelto al pantalón vaquero, las gafas de sol y el pelo engominado, y ahora que paseamos el porte el centro de la pista no vamos a renunciar al beso de la chica más guapa.

Demasiado bonito el sueño como para despreciarlo, demasiado ambicioso el objetivo como para desdeñarlo, demasiado poco que perder para no salir a ganar, demasiado mucho que ganar como para salir a perder. Vuelvo a Futre, a Alemao, a Landáburu, a Dirceu. Vuelvo muy atrás y me doy cuenta de que estoy muy adelante y hemos perdido demasiado tiempo. No podemos decir ahora que no estamos donde queríamos, más allá de ladrones de sueños, más allá de prescritos indecentes. El Atleti está en la contrarrecta y le aguanta el pulso a los favoritos. Estamos en disposición de correr, a riesgo de desfondarnos. Estamos en disposición de dar la cara, a riesgo de que nos la partan.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La suerte que decían que nos faltaba

No hace mucho que discurrí sobre el famoso sambenito que durante mucho tiempo nos ha tenido maniatados y supeditados a un pensamiento unidireccional por el simple hecho de haberse convertido en un externalizada seña de identidad. Decían que el Atleti era así y teníamos que creernoslo. Jugábamos algún partido bueno, muchos regulares y bastantes partidos malos; por ello, cuando perdíamos por algún despiste, algún error o por la simple inercia del juego, nos obligaban a cruzarnos de brazos y no buscar más explicaciones que la mala suerte.

Era por ello que muchos nos preguntábamos cuando llegaría esa suerte que siempre nos era esquiva, cuando lo que realmente no nos hacía falta suerte sino trabajo. El Atleti ha ganado tres partidos agónicos consecutivos en el estertor del último suspiro y los que se hacen llamar entendidos nos quieren hacer creer que la tendencia ha cambiado porque ahora tenemos la suerte que antes nos faltaba. Lo que nadie quiere pararse a decir es que la suerte, como todos los logros de la vida, también hay que trabajarla.

El Atleti trabaja los partidos de la impecabilidad del esfuerzo físico. A menudo, para mi gusto demasiado a menudo, abusa de la reculación por tener fé ciega en su certero contragolpe, pero nadie puede dudar hoy del esfuerzo de tipos a los que antes dábamos por indolentes impertérritos. Cuando un corre hasta la extenuación, cuando pelea el último balón, cuando busca el área sin cesar, cuando provoca faltas al borde del área por insistencia marcial, a veces ocurre que el balón termina por entrar en la portería en el último minuto. Y muchos, a eso, lo llaman suerte. Yo lo llamo trabajo bien hecho.

lunes, 15 de octubre de 2012

La soga en casa del ahorcado

Nadie puede poner en duda la influencia que la prensa tiene sobrel a opinión pública, nadie puede poner en duda que la opinión pública es manipulable, que las voces hacen más ruido que los silencios y que la razón, por valiosa, peca demasiadas veces de imprudente como para ser considerada en cuenta. El ruido, las nueces y la prensa deportiva han generado un compendio de intereses en el que el más fuerte sube a lo más alto y tiene patente de corso para pisotear a todo aquello que le sea molesto.

Una de las primeras premisas de la prensa partidista es la de ningunear al equipo contrario. Para hacerlo, bastan frases sibilinas que, no por ser frases hechas a un periodismo parcial dejan de ser estúpidas y dañinas para quien realmente siente una pasión ajena a ellos. La frase "A Falcao el Atleti se le queda pequeño" se ha puesto tan de moda que en las tertulias de cerveza y cacahuete y en las de máquina de café en oficina, se ha convertido en un axioma repetitivo. Lo que ahora le pasa a Falcao, antes le ocurrió a Agüero y antes le ocurrió a Torres. A todos el Atlético se le queda pequeño. Para todos, casualmente, el jugador debería vestir la camiseta del vecino de enfrente.

Hablan de pactos, de frases de padre, de silencios del dúo prescrito y de ofertas desorbitantes. Hablan de todo, pero a nadie la apetece poner en portada a Falcao cuando dice "Que su sueño es seguir ganando títulos con el Atleti". Ya sé que hubo otro que dijo aquello que "Ni en pedo". Todo el mundo es suceptible de utilizar la mentira como arma de defensa y que a veces el renuncio te pilla en paños menores cuando te demuestran que dices diego donde dijiste digo, pero ¿De cuántas mentiras se alimenta la prensa? Las alimañas omiten portadas cuando el Atleti es líder o cuando bate un record de victorias consecutivas en Europa. Pero las alimañas ven carne fresca cuando creen que un jugador no juega donde debe jugar. Porque para las alimañas no hay mayor manera de dañar que mentando la soga en casa del ahorcado.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Atleti se hace mayor

Como ese adolescente retraído que ha crecido entre collejas y bromas, entre aguadillas y soledades, a quien robaban el bocadillo en el recreo y las zapatillas de marca en el descampado, como ese chaval con la cara llena de granos y el pelo lacio recién peinado por mamá que aún no se atreve a cruzar sólo la calle pero que un día se va de cañas con su padre y este le hace ver que la vida no es así, que él es mucho más fuerte de lo que los demás imaginan y que aún tiene la opción de volver el lunes al instituto con chupa de cuero, pelo engominado y bigotillo a medio afeitar. Como ese remozado jovenzuelo que impone su venganza a base de puñetazos y se termina llevándose el beso de la más guapa de la clase, el Atleti tiró a u lado sus complejos y se dio cuenta que sí, que se había hecho mayor y que esos partidos que antes perdía por inercia ahora se pueden pelear y, lo que es más admirable, también ganar.

El Atleti hace meses que perdió el acné y maduró hacia una mayoría de edad por todos esperada. Ya no es el niño pardillo que pierde partidos regulares y sale goleado en los malos, ya no sabe que es eso de esconder la pierna y levantar la mano, ya no sabe qué son las mofas de las aficiones rivales cada vez que once espectros rojiblancos pisaban el césped a modo de visita. Aún recuerda el runrrún de la desconfianza, el dolor de la derrota y la vergüenza del ridículo, pero encontró a un padre que le dijo que aún tenía la opción de regresar un domingo al campo con el pecho erguido, la cabeza levantada y los dientes apretados. Simeone, el padre de la criatura, celebra goles con rabia y mira a los suyos con orgullo. Su Atleti se está haciendo mayor.

Hubo día en los que partidos como el de ayer se perdían por mera condición gravitatoria. En caso de duda, el balón siempre caía en la portería del Atleti y, a más duda, menos capacidad de regeneración y los cuentos del Atleti nunca terminaban como aquellos que nos contaban de pequeños porque en estos, nosotros nunca terminábamos comiendo perdices. Pero las tendencias cambian y las mentalidades también, el Cholo ha obrado el milagro y el Atleti, que hasta hace dos días no sabía tirar un contraataque, remontó un partido difícil en el Villamarín. No es que el rival acuciara con esmero, es que fue el propio el Atleti el que se empeñó en darle vida por momentos. Recordemos que ha crecido, sí, pero que aún es un jovenzuelo inocente y tiene cosas por aprender. Para eso está Simeone; para hacer de padre y para hacerles creer que sí, que la palabra "equipo" tiene cabida como concepto en el ideario del Atleti.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El sambenito

Durante años nos han taladrado los oídos con una manida frase que no hacía sino sacarme de quicio a medida que se iba convirtiendo en marca de identidad; "El Atleti es capaz de lo mejor y de lo peor". En resumen, la gente estaba convencida de que el Atleti era ese equipo irregular que un día ganaba al mejor equipo del mundo y al día siguiente perdía con el peor. Yo escarbaba en los cimientos de mi memoria y en los tiempos más cercanos me costaba encontrar que era eso que la gente denominaba "lo mejor"; ninguna victoria contra el Madrid en trece años, diez años sin jugar una final, un descenso, catorce años sin ganar un título... Pues no, me daba a mí por pensar, "lo mejor" no existía.

Tanto nivel de leyenda alcanzó el sambenito que incluso los jugadores llegaron a creérselo. Pasaron muchos que, arropados bajo el manto de "el pupas", escondían la cabeza bajo el césped y guardaban la pierna para moverla por la noche; pero no pasaba nada, el nivel de exigencia era prácticamente nulo y en cualquier momento el Atleti podría ser capaz de hacer "lo mejor". Y lo hizo, pero pasó mucho tiempo hasta que lo logró. Hubo de suceder una catarsis y la llegada de un entrenador sentimental que les hiciese ver a los jugadores que eran unos privilegiados obligados a dar la talla por un millón de corazones.

Por ello, ante partidos como el del domingo ante el Rayo, con esos ocho minutos de "lo peor" y para afrontar duelos de los denominados sencillos ante el Hapoel de Tel Aviv, conviene, antes de desterrar prejuicios, recordar de dónde venimos si es cierto eso de que ya sabemos hacia dónde vamos. Si el Rayo te sigue complicando un partido ganado o si al Hapoel le da por hacer la del Aris hace dos años, ya podemos meterle cuatro al Chelsea cada semana que nadie nos va a quitar de encima el sambenito. Y a mí, la manida frase, me saca bastante de quicio.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El regreso

Hubo una mañana triste, una nube gris en el cielo, un recuerdo amargo por una derrota en el día anterior y un sueño que mantuve intacto hasta que se hizo realidad. Aquel día supe que volveríamos, abrí una web, titulé un blog, lo perfilé en rojo y blanco y comencé a hablar del Atleti sin demasiado éxito pero con todo el corazón.

El Atleti ha vuelto y yo también. El verano es largo, caluroso, demasiado tedioso cuando toca estar en un despacho con el sol abrasando en la espalda y demasiado fugaz cuando el calendario pinta en vacaciones y viajas a la costa para disfrutar de los primeros baños marítimos de tu hijo. Los dos, el Atleti y yo, hemos regresado de nuevo. Mi equipo para volver a demostrarle al mundo que el oso del escudo no es un adorno sino un símbolo de ferocidad y yo para volver a enfrentarme cada mañana a un papel en blanco y un sentimiento pendiente de plasmar.

Comienza la temporada y regresa este blog con la intención de ser más optimista y menos crítico. Ambas circunstancias no dependen de mí sino del Atleti; si el equipo que veamos se parece al de Mónaco, es posible que, aún en la derrota, comience a teclear mis impresiones con un halo de orgullo en la mirada. Pero si el equipo se parece al de tantas otras ocasiones no tendré más remedio que regresar a la melancolía y a ese pesimismo que tanto ha marcado mi carácter como aficionado. Aquí estamos otra vez. Hemos vuelto. Solamente debéis leer el título de este blog para recordar que ya estabais avisados.

martes, 31 de julio de 2012

El Toto que no consiguió enganchar

Llegó como una promesa de futuro, nos hablaron de un chico hábil, que encaraba, frenaba y volvía a encarar para salir por afuera. Nos enseñaron algún vídeo, algún cántido entusiasmado de la hinchada de Lanús y algún gol esporádico celebrado con alegría. Vimos su cara de pillo, de niño que salta la valla del colegio para ir a patear al potrero, de gambeteador insaciable junto a la línea de cal. Y todos, una vez más, nos ilusionamos.

Pero lo cierto es que Salvio fue sólo un poquito de todo eso y mucho de nada más. Siempre fue un futbolista indefinido, a veces interior y otras delantero, a veces inspirado y muchas otras ofuscado, a veces haciendo la imposible y muchas otras errando la posible. Llegó como el Toto, el socio del Kun que nos alegraba la vida, el nuevo niño mimado de nuestro futuro y se marcha como Salvio, la enésima operación fallida de una dirección deportiva que no se cansa de fracasar. Ni el Toto, ni Salvio, consiguieron jamás enganchar a la grada.

Vuelve al lugar donde un día le dimos de prestado. Allí lo hizo bien, es cierto. Puede que le agrade más aquel fútbol, que su entrenador le entendiese mejor, o que fuesen menos exigentes que nosotros. Quien sabe. Lo cierto es que allí fue, durante muchos ratos, el Toto de Lanús, el niño que saltaba la valla del colegio para ir a patear al potrero. Deja, como ya lo hicieron otros, las arcas llenas y los bolsillos de los dirigentes bien colmados. Y deja, como ya lo hicieron otros, un hueco en la plantilla que no se piensa reponer. O si no, basta recordar los casos de Heitinga y el de Jurado. El dinero para mí y el que Cholo se las componga.

lunes, 16 de julio de 2012

La función mediática y Oliver Torres

La función mediática se centra en el nombre, aparca a los hombres a un costado y dirige sus flashes hacia el lugar donde el usuario gastará sus monedas. La función mediática no cuenta verdades sino mentiras muy bien disfrazadas. A la función mediática no le interesan los secundarios porque ellos ya han elegido a su actor principal, a la función mediática le interesa un escudo, un color, un titular preconcebido, aunque la realidad, la mayoría de las veces, sea distinta a como ellos la ven.

El brillo del fogonazo, el detalle del regate, la aceleración y las botas de oro que solamente interesan cuando se quiere, viven hoy sobre el nombre de dos jovenzuelos talentosos que cuentan con la fortuna mediática de pertenecer a la cantera del Real Madrid y el Barcelona. Jesé y Deulofeu son rápidos, brillantes, vistosos, plásticamente admirables, y por ello la función mediática se ha volcado en ellos porque, a una orilla o a otra de las líneas enemigas, a la prensa de ambas trincheras les interesa vender papel con dos nombres que dan esplendor a sus canteras.

Pero la verdad futbolística es otra. La verdad, la que habla de fútbol, nos cuenta que junto al balón siempre había un chico, que todas las jugadas nacían del número dieciséis, que todos los pases correctos salían de las botas de ese chaval moreno que flota en el campo con la elegancia de los centrocampistas buenos de toda la vida. Nadie habla de Oliver porque su camiseta no es completamente blanca, o porque junto a las rayas rojas, no tiene otras azules que le hagan parecer más divino. Pero aunque el rojiblanco ya no venda, aunque los goles vistan de otro color y aunque los flashes solamente se centren en el corazón del área, la verdad, cuando hablamos de fútbol, solamente tiene un color y es que para esto de jugar al fútbol, anoche no había un chico más dotado en el campo que Oliver Torres.

martes, 10 de julio de 2012

Mirando a Levante

Dice nuestro querido presidente que empezamos la liga en Levante. Él, que es así de genérico y no se anda deteniendo en las especificaciones, imagina al Atleti recorriendo el litoral e imaginándose en duelo al sol contra el Nástic de Tarragona, contra el Castellón o contra el Cartagena. Pero la realidad, aunque él no la sepa, algo que dudo seriamente, es que empezamos la liga en Valencia y ante el Levante, ese hueso duro de roer que ya nos pintó la cara la temporada pasada en uno de los partidos más infames que le recuerdo al Atleti.

Ya sabemos todos como empezó la temporada el Levante el año pasado. Ganó sus primeros siete partidos, desesperó al clan de los portugueses, se hizo amo del calendario y fue Atila cabalgando a lomos de Othar durante dos meses. Y ya sabemos todos como suele empezar las ligas el Atleti, aunque en realidad las empieza igual que las termina, alternando las de cal con las de arena, las puertas grandes con los almohadillazos, la ilusión y la desgana.

Imagino al Atleti dentro de un mes. Las noticias que deberían hablarnos de un equipo concentrado en un objetivo y preparando el envite contra el Levante, nos despertarán con los rumores sobre la venta de Falcao, sobre las negociaciones de Adrián con algún equipo del noroeste y con la venta de humo acerca de ese centrocampista guapo y elegante que nunca llegará a vestir la rojiblanca. Al final, sin delantera, sin centro del campo y sin concentración, saltaremos al campo del Levante y nos volverán a pintar la cara. Espero equivocarme.

lunes, 9 de julio de 2012

Café con nada

Se acerca Pepe a la barra. Los lunes son puñeteros, el bar huele a lejía y desinfectante, la barra de chapa, que por la noche lucirá desajada y llena de huellas de codos solitarios, brilla ante la luz del fluorescente que parpadea en el techo. El camarero, amigo de sus clientes, enemigo de los sobrios y mal fajador para las discusiones en rojo y en blanco, se acerca a Pepe son la simpatía que solo se puede tener un lunes por la mañana cuando te encuentras con uno de los tuyos.

Y le habla de ese suizo inmortal que es capaz de recitar poesía con una raqueta y ganar un Wimbledon tras otro sin necesidad de sudar, y le habla de esos españolitos esforzados de la ruta que se ven perseguidos por la mala suerte y se dejan los huesos en las carreteras francesas, y le habla de esos jóvenes locos que se montan a una moto cada fin de semana para hacer sonar el himno español en cada circuito del mundo, y le habla de ese asturiano al que siempre le falla una rueda o un mecánico en el momento clave.

Y Pepe se bebe el café de un trago porque hoy es lunes y sabe que el jefe le espera en la oficina de mal humor con la mesa llena de informes y con el diario deportivo abierto encima de la mesa con la información de ese equipo blanco en letras grandes y a color. Y saca una moneda de un euro del bolsillo, la aprieta bajo el puño cerrado y le pregunta al camaero "¿Y del Atleti, qué?". Y el camarero le observa taciturno, la garganta carraspeante y la mirada de reojo en el cliente que acaba de entrar por la puerta. "¿Del Atleti? Nada". Y Pepe deja la moneda sobre la barra, se despide con cortesía y da media vuelta para un lunes más, igual que todos los lunes de los últimos veinticinco años de su vida.

jueves, 5 de julio de 2012

Vuelve el Atleti

Las promesas incumplidas, las que quedan pendientes de incumplir, los viejos recortes de periódico junto a las cartas del primer amor, recuerdos de un álbum de cromos incompletos, nostalgia de aquellos veranos en el pueblo, las fantas de naranja hojeando el as en blanco y negro, siestas interminables soñando con los goles de ese nuevo delantero, tristes realidades cuando el invierno dice la verdad, ligas lejanas, dobletes efímeros, palabras huecas, fichajes fallidos.

Una sala de prensa llena de flashes, tres tipos que desconocen la historia, una historia prostituída, un recuerdo muy lejano, una añoranza perdida, un deseo imposible. Dos docenas de futbolistas trotando sobre un césped recién cortado, barrigas incipientes, papadas delatoras, sonrisas obligadas, ojos desacostumbrados a madrugar. Un entrenador en pantalón corto, las mismas caras, los mismos gestos, amigos mudos.

Portadas confusas, titulares inconclusos, la felicidad conservada en formol, la tristeza apartada en algún lugar de la cuneta, una carretera con curvas, un camino largo, un destino llamado incertidumbre. Sueños, apuestas, valor y al toro, apretones de manos, pronósticos inciertos, rayas rojas y blancas sobre una vieja camiseta con un escudo cosido en el lado del corazón. Nuevos jugadores, nuevas promesas que nos hacen soñar, viejas realidades que nos hacen bostezar y, en el trono, los mismos dueños que sesgan nuestras esperanzas. Vuelve el fútbol. Vuelve la verdad. Vuelve la mentira. Vuelve el Atleti.

martes, 3 de julio de 2012

Regreso a la cotidianidad

Se apagan los focos, vuelve a salir el sol, el rojo derrite con el calor, el gualda refleja su luz tormentosa, las banderas dejan huérfanos a los balcones, las bufandas buscan un hombro en el que apoyarse, las bocinas no volverán a molestar a horas intempestivas. España guarda silencio, las gargantas vuelven a su ser, la gente vuelve a desayunar café con porras y en el bocadillo de media mañana ya no quedan promesas sino buenos recuerdos. Vuelve el fútbol cotidiano, el de carajillo a media tarde, el del palillo en los labios, el de aquella servilleta grasienta pegada a la suela del zapato. Vuelve el Atleti y nosotros, pobres ilusos acostumbrados a un tiquitaca nacional, volvemos a soñar con lo imposible.

Lo imposible será que al Cholo le regalen un equipo a medida de sus ambiciones, lo imposible será ver a Diego, o a cualquier otro centrocampista competente, regalar los ojos de la hinchada, lo imposible será escuchar un grito definitivo en contra de la directiva, lo imposible será que el Atleti se meta entre los dos colosos que, un año más, se repartirán el pastel de la liga y la copa a su antojo. Porque en el fútbol de hoy, nuestro Atleti, el que soñamos, el que evocamos, el que algunos todavía recuerdan, es un Atleti imposible.

Llegarán las agonías del solsticio de invierno, sonarán los cantares de navidad que se mezclarán con los villancicos de la pesadumbre y alguno saldrá a presumir de que eso ya lo sabía él porque aquí no hay un proyecto estable desde hace veinticinco años. Un cuarto de siglo vagando por el desierto, un desierto que no tiene fin, un fin que nos hace vomitar desidia. Pero eso será más tarde, cuando nos demos cuenta de que a Simeone, como a los demás, le han vuelto a dar gato por liebre, y entonces diremos que el entrenador no vale, diremos que los jugadores son unos mercenarios y diremos que la liga está adulterada y que los poderes fácticos nos persiguen. Pero eso será más tarde, ahora toca volver a la cotidianidad, toca volver a soñar, toca volver a ilusionarse porque para eso están los veranos. Las lágrimas, cuando lleguen, que nos pillen desprevenidos.