lunes, 21 de junio de 2021

Un Ferrari en el garaje

Le tengo mucha fe a Dani Olmo como futbolista, me parece listo para jugar, sutil para ocupar los espacios y tiene una buena técnica para mover la pelota. Algo parecido pienso de Ferrán Torres, un jugador diferente, pero incisivo y atrevido en los metros finales, e incluso creo que Oyarzábal se ha ganado un puesto en esta Eurocopa, pero viéndoles jugar en estático y sufriendo a Llorente en el lateral derecho, se me están llevando los demonios partido tras partido.

Porque mantener a Marcos ahí es como tener un Ferrari en un garaje. Llorente ha generado esta temporada más de una veintena de goles, siendo el segundo máximo goleador y mejor asistente del equipo campeón de la liga española. Números en los que Olmo y Ferrán están lejos y a los que se acerca Oyarzábal con la puntualización de que el donostiarra es el lanzador de penaltis de su equipo. Así pues, alejar a Llorente del frente de ataque es como pegarse un tiro en el pie.

Le tengo estima a Luis Enrique, no lo voy a negar. Debe ser que como desde la otra acera le atizan con tanta saña y frecuencia, ha entrada en mi ideario de personajes a estimar. Creo, además, que es un entrenador válido y que por mucho Aspas, Ramos o Canales que se haya dejado en España, no hay fuera de la lista un jugador diferencial de verdad, eso sí, tiene en Llorente a un máquina de matar y lo está utilizando como un simple matamoscas. Quizá debería hacer como el Cholo, verle entrenar, ser listo y saber sacarle todo su potencial. El chico es un Ferrari, no merece estar aparcado en un garaje.

miércoles, 16 de junio de 2021

Me deja frío De Paul

Vaya por delante que no hay nada oficial, que todo son rumores de muy alto fundamento y que al final la operación se puede ir a traste por unas décimas en las comisiones, y vaya por delante, sobre todo, que más de una vez me la he envainado cuando ha venido un jugador y he expresado mis dudas, pero no puedo evitar decir que me deja frío el fichaje de De Paul.

Me deja frío porque no es mejor que Saúl a pesar de que nuestro canterano haya pasado el peor año deportivo de su vida. Me deja frío porque no es el tipo de centrocampista que necesitamos, siendo el equipo demandante de un medio defensivo que desahogue a Koke en su labor de organizador. Me deja frío porque la liga italiana está un tanto devaluada actualmente y es fácil ver allí ahora triunfar a tipos que aquí no fueron capaz de dejar huella, y es que De Paul ya estuvo en Valencia y su aporte fue tan testimonial que ni los más acérrimos seguidores son capaces de recordarle. Y me deja frío porque ya hubieron más caprichos del Cholo, llámense Sosa, Kranevitter o Gaitán, que llegaron para aportar el toque de distinción y se marcharon por la puerta de atrás con más pena que gloria.

Así que ya sabe De Paul que tiene un trabajo extra cuando se ponga la camiseta del Atleti, y es la de cerrarme la boca. Ya lo hicieron Adrián, Gabi, Correa e incluso Carrasco. Así que estaría encantado de verme de nuevo en el paredón y pidiendo perdón por dudar. Y es que, desde que se vista la rojiblanca y sea uno de los nuestros, puedo creer más o menos en él, pero lo que está claro es que le voy a bancar a muerte. Bienvenido seas.

jueves, 3 de junio de 2021

No nos toques la columna

El gilismo es aquel movimiento directivo destinado a cercenar las ilusiones de sus aficionados cuando sus cuentos de la lechera ya están con el cántaro al lado del depósito. Uno cree que el proyecto de su equipo está consolidado, que solamente le faltan dos o tres retoques para continuar luchando en la élite y, de repente, zas, te venden a un Falcao, a un Diego Costa, a un Arda o a un Griezmann y te echan abajo las ilusiones y las expectativas.

De primero de gilismo es desmantelar un equipo campeón cuando la columna vertebral está bien definida. Ocurrió en 2014 cuando Courtois, Filipe y Diego Costa marcharon al Chelsea después de ser campeones de liga, ocurrió hace dos años cuando, con un proyecto con muy buena pinta, dejaron escapar a Lucas, Rodri y Griezmann y puede ocurrir hoy porque con el gilismo nunca se sabe y nunca dejas de sorprendente, pero apunten algún nombre; entre Oblak, Giménez, Saúl y Joao Félix va a salir uno sino salen dos.

Por eso luego nos sorprendemos cuando a Simeone le piden milagros mientras le quitan piezas al motor de su coche. Que haya quedado primero en esta carrera no significa sólo que es el mejor piloto, sino que es, además, el técnico de la liga que mejor conoce su producto. Con lo que le van fichando, aparentemente siempre peor de lo que se va yendo, el tipo va consiguiendo que las piezas encajen y que el equipo no deje de ser eso, un equipo con letras mayúsculas. Pero si queremos seguir en la línea, si queremos seguir disfrutando de esta gozadera tan linda, le diremos al tipo que conjuga los preceptos del gilismo que, por favor, no nos toque la columna vertebral del equipo. No nos hagas lo de siempre.

martes, 25 de mayo de 2021

Campeones

Campeones. Joder, qué bien suena. Cuánta alegría y cuánto sufrimiento encierra esa palabra. Alegría porque es la cima para el aficionado, sufrimiento porque el camino ha sido tan tenso que, durante mucho tiempo, llegué a pensar que la cuerda se rompería y caeríamos al precipicio. Porque debe ser verdad que con el Atleti las cosas no son fáciles, que hay que sufrirlo hasta al final y que, sobre todo, hay que trabajárselo el doble porque ganar, aquí, sabe a una gloria distinta.

Reconozco que tras Bilbao lo vi todo perdido. Fue una cuesta abajo prolongada que comenzó contra el Levante y se prolongó con los empates ante Getafe y Real Madrid y que tuvo su momento culmen en Sevilla donde sólo sacamos un punto en dos partidos. A aquellas alturas, el Madrid y el Barça ya nos comían el trasero y el Atleti, más que vivo, parecía pedir aire a gritos mientras ganaba partidos con la lengua fuera a rivales de la parte baja que desperdiciaban penaltis en el último minutos.

En algún momento llegué a pensar que eso debería significar algo, que no era normal que dos rivales con el agua al cuello te perdonasen dos penaltis en el minuto clave de cada partido, que, pese a perder en Bilbao y Sevilla, el Barça se dejase la liga contra el Granada y el Madrid no fuese capaz de ganar a Getafe y Betis. Todo eso significaba algo, pero se ganaba con mucho suspense y mucho, mucho sufrimiento. Claro, visto en perspectiva, todo esto sabe mucho mejor así, pero analizado cada latido de mi corazón y cada grito de protesta nacido de mi garganta, puedo concluir que esta temporada he perdido diez años de vida.

Me moriré antes pero, joder, somos campeones.

lunes, 17 de mayo de 2021

Perdiendo vida

Casi sin voz, con las palmas enrojecidas, con el corazón lastimado, la tensión por las nubes y las sienes palpitando. Así han terminado los últimos partidos del Atleti para mí, roto por la presión, destruído por el sufrimiento, muerto por dentro como si me hubiesen dado una paliza. Todo esto me está quitando años de vida.

Y aún queda un último asalto. Sinceramente, no sé si voy a ser capaz de resistirlo. Ahora mismo Weissman me parece Christian Vieri y Óscar Plano me parece Donadoni. Tengo más miedo que nadando con pirañas. Jugamos contra un equipo que se juega la vida y no ha ganado ninguno de sus últimos once partidos y aún así sigo pensando que algo malo nos espera, que el destino va a ser cruel y, de alguna manera, nos tiene preparada una última treta para que terminemos muertos en vida y sin ganas de vivir.

Al Atleti no le queda otra opción que volver a salir a por todas, que no reservar ni un gramo de sudor, que no negociar ni un esfuerzo, que creer, que trabajar y tratar de poder. Si lo da todo, si gana cada palmo del terreno, si lo intenta, si domina, si somete y si hace todo lo posible por ganar y no gana, entraremos en depresión y nos querremos morir, pero no podremos reprocharle nada al equipo porque la victoria es, generalmente, una consecuencia aunque a veces llegue por la vía de la causalidad.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Último cartucho

El partido del sábado ha tomado la connotación de cara o cruz, y si hemos llegado a esta situación ha sido más por nuestro propio miedo que por nuestra propia ambición, porque el equipo fue cayendo del pedestal poco a poco, primero con derrotas inmerecidas, después con empates trabajados y finalmente con pérdidas desesperantes. Y de esta manera, después de pasar las de Caín en Elche, nos presentamos en Barcelona con el bagaje de un partido de los últimos cinco ganados fuera de casa y de quince años sin ganar en el Camp Nou.

No invita a ser optimista ni mucho menos lo expuesto pero, al menos queda el recurso del último cartucho para saber que es un partido en el que hay que salir a vida o muerte, no queda otra. Nos pueden ganar, porque ya lo han hecho muchas veces, porque tienen a un tipo que nos ha metido más de treinta goles, porque tienen la historia y la inercia a su favor y porque, vamos a ser claros, tienen jugadores más decisivos en los metros finales.

¿Y nosotros? ¿Qué tenemos? Sobre todo mucho miedo a ganar. Se vio en Elche, cuando el equipo comenzó como un tiro, cuando dictó un monólogo de media hora con intensidad, ganas y fútbol, pero que, cuando anotó el gol, de repente supo que podía perderlo todo y entraron los nervios y la necesidad de no perder. Y casi se pierde. La suerte, jugando así, no va a acompañar siempre. La suerte, saliendo a ganar como se salió en Elche, generalmente te termina sonriendo porque el deporte es más para osados que para timoratos. El miedo que tengo es que desconozco qué Atleti veremos.

martes, 27 de abril de 2021

Desolado

Se inundan las redes de mensajes llamando al optimismo e incluso obligando a ser optimista si quieres tener el derecho a denominarte atlético. "Cero dramas", "Hay que creer", "El que no esté en el barco que se baje", "Dependemos de nosotros", "Seguimos líderes". E incluso se ha filtrado un audio de nuestro capitán llamando a rebato y asegurando que el Atleti va a ganar la liga.

Fuegos de artificio.

La verdad es que lo que nos ha pasado es un drama, yo no creo, mi barco se llama Atlético de Madrid y, aunque dependamos de nosotros, bien sabemos que no vamos a ganar en Barcelona. Porque no hemos ganado en Getafe, ni dos veces en Sevilla, ni aun Athletic lleno de suplentes. Porque el equipo se ha caído, porque psicológicamente sabe que no está y porque físicamente, después de superar un brote en masa dentro de la plantilla, están para los restos.

Mucho me temo que el audio de Koke va a envejecer muy mal y que esto puede ser el comienzo de una autodestrucción. No puedo pensar en positivo, lo siento, estoy desolado. Y eso no me hace menos atlético. Nací siendo del Atleti y moriré siendo del Atleti. He vivido un descenso, años de plomo y la caída en dos finales de la Champions, pero este disgusto me está llevando por delante. Porque después de Lisboa y Milán quedaba el orgullo, pero después de perder diez puntos en dos meses, lo único que me queda es una sensación de ridículo. No sé si volveré a ver ganar al Atleti una liga.

Lo siento, esta desolación me impide ser optimista.

martes, 20 de abril de 2021

Correa

Soy de los que tienen sentimientos encontrados con Correa. Por un lado, siento mucho cariño por su forma de entregarse, por su sonrisa siempre perenne, por esa mirada de quien ha desafiado a la muerte y ha salido con los pies en el suelo y un corazón sanado y tatuado en rojo y blanco. Sus quiebros, su manera de ser diferente, sus giros asombrosos y sus goles inesperados me hacen siempre seguir creyendo en él, aunque él mismo, muchas veces, se empeñe en hacerme cambiar de opinión.

Porque igual que me cautiva me desespera por momentos con sus entregas al rival, sus jugadas a ninguna parte, sus contrapiés en los peores momentos y sus goles fallados con todo a favor. Tenemos un problema con él y es el de no medir las críticas y no ponderar las alabanzas. Correa es un buen futbolista, un agitador, un tipo capaz de cambiar una tendencia en un momento determinado, pero no es una estrella, ni un tipo sobre el que cargar en sus hombros el destino de un equipo.

Puedo aceptar ciertas críticas, porque, a pesar de su entrega y desempeño, yo soy el primero en reconocer que su temporada, en los momentos clave, está siendo terrible, pero de ahí a desearle la muerte u otra operación de corazón hay un trecho muy grande que no se debería permitir. Nosotros somos aficionados al fútbol y él es sólo un futbolista. Deberíamos saber controlar la pasión porque aunque el Atleti nos importe, nadie nos da derecho a insultar a una persona porque falle un gol a puerta vacía. El Atleti es una parte muy importante de mi vida, sí, pero en ningún caso interfiero en la vida de los demás porque entonces convertimos la pasión en enfermedad y a los futbolistas en los fabricantes de nuestros sueños. Así ocurre, luego no sabemos controlar nuestras frustraciones.

martes, 6 de abril de 2021

Mirando el dedo

Desde que el Atleti jugó su última final de Champions han pasado cinco años. En este tiempo hemos perdido un escudo, un estadio, cinco capitanes y dos campeones del mundo. Nos dijeron que la venta del estadio sufragaría la deuda, que los jugadores se van porque quieren y siempre son ratas y traidores y, como ya han hecho hoy, empiezan sus campañas de venta de humo con el Gerard Moreno del momento. La única diferencia entre este Atleti y el de 2002-2010 es Simeone. Recuerden lo que nos parecían entonces jugadores como Godín, Juanfran o Raúl García.

Sin Simeone este equipo no competiría y Llorente y Lemar nos parecerían Maniche y Luccin. Estamos compitiendo con descartes de Madrid y Barça porque la gestión directiva es deplorable. No existe dirección deportiva, el filial está acabado y para fichar a una joven promesa tienes que soltar ciento veintiséis millones. No se sondea ningún jugador fuera del entorno Mendes. Y, con un equipo peor que hace dos años, el equipo está líder a falta de nueve jornadas.

Yo creo que no vamos a ganar la liga porque no nos alcanza, pero criticar a Simeone por no hacerlo en lugar de alabarle por tenerlo ahí es de ser un vendido y tener muy mala baba. Como tontos, miramos el dedo en lugar de mirar la luna. Sabemos todos lo que cobra Simeone, pero nadie sabe lo que gana Berta por no hacer nada o lo que trinca el dúo prescrito por cargarse a un club de fútbol y dilapidar una ilusión.

miércoles, 17 de marzo de 2021

En manos del Mesías

El advenimiento del Mesías, para el Atleti, ocurrió en diciembre de 2011. Parece que fue ayer pero ya han pasado casi diez años desde que nuestro redentor personal se atrevió a tomar las riendas de un equipo a la deriva para subirlo a las cuotas más altas jamás imaginadas. Desde que el Mesías llegó, el equipo compitió, ganó mucho y, sobre todo, obtuvo una identidad propia.

Más allá de los vaivenes, el equipo que ha vuelto a reconstruir Simeone, se encuentra en una encrucijada difícil de solventar. Por un lado, su ventaja en la liga se ha ido prácticamente al traste y por otro, su sueño de la Champions pende del hilo de una remontada sumamente difícil. Por ello, cuando las nubes aparecen y el sol parece querer esconderse tras ellas, miramos al cielo y nos avocamos al trabajo impagable de nuestro Mesías.

Me cuesta ser optimista, no lo voy a negar, pero si hay algún motivo por el que podemos soñar en grande es ese señor de negro que se sienta en el banquillo de nuestro equipo y no para de repetirle a sus jugadores que si trabajan y creen, van a poder conseguirlo todo. Y mientras yo me preparo las vendas, el tipo no cree en las heridas. Allá vamos con todo, estamos en manos del Mesías.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Acoso y derribo

Es malo acostumbrarse a los favores porque cuando te toca a tí hacer el trabajo sueles poner cara de ofuscado y creerte con derecho sobre los demás. Es malo caminar por la vida con ínfulas de dueño del mundo porque cuando te das de bruces con la realidad sueles recurrir a la pataleta y provocar la caza del tipo que te impidió el logro. Es malo intentar adulterarlo todo porque cuando das con un valiente los dientes te rechinan y no te queda otro remedio que el de dar orden de acoso y derribo por tierra, mar y aire.

La maquinaria nacional madridista ha salido con todo esta semana para intentar desprestigiar a un árbitro valiente y a una persona honrada. Desde mi parte, puedo reconocer, que la mano de Felipe se parece mucho a un penalti y que, de haberlo pitado, no hubiese pasado nada, pero nos han robado tantas veces y se han levantado tan pocas voces contra ello, que produce vergüenza ajena como están intentando tapar el mal partido del Madrid con un error de interpretación que ellos mismos bautizaron con el apelativo de "Jugada Gris".

Es vergonzoso ver como le ha puesto precio a la cabeza a un tipo que sabe que cuando vuelva a arbitrarles, si lo hace, deberá tener pies de plomo y como han mandado un mensaje claro al resto del estamento arbitral para decirles: "chavales, ya sabéis lo que hay. Si os vais a equivocar, ya sabéis en contra de quien no debéis hacerlo". Y todo esto con la liga en juego, y todo esto con un partido esta noche ante el Athletic que puede dejar al Madrid lejos del campeonato. A todo esto, nos arbitra nuestro "amigo" Gil Manzano, el de los apellidos dañinos, el tipo que ya sabe que si no quieren que pongan precio a su cabeza quizá es bueno que pite o no pite ciertas cosas.

martes, 2 de marzo de 2021

A flote

Este equipo, muchas veces, puede olvidarse de jugar al fútbol, puede olvidarse de controlar los partidos y convertirlos en un vaivén de preocupaciones, puede olvidarse de defender en bloque y abocarse a las paradas de su portero, pero nunca se olvida de saber sobrevivir. Siempre a flote y con el colmillo afilado, sabe competir hasta la extenuación para lograr que, cuando ya le han dado por muerto, nunca lleguen a rematarle.

En Villarreal faltó el juego en muchos tramos del partido y, sobre todo, faltó tensión. Pero supo ganarlo cuando debía, supo apretar, jugar rápido en transición y supo, sobre todo, materializar sus ocasiones. Asenjo, igual que Oblak, tuvo las suyas y aunque el acoso final del Villareal hubiese merecido un premio mayor, lo cierto es que el equipo supo entender bien el sacrificio que necesitaba y se llevó un partido que era demasiado importante como para haber terminado perdiéndolo.

Y así, manteniéndose a flote después de haber recibido varios torpedos en la línea de flotación, afrontaremos el derbi con la esperanza puesta en esa competitividad tan cholista que nos caracteriza. Será un partido difícil, pero ya sabemos que no existen los imposibles. Nos han dado vida y ahora que hemos tomado oxígeno volvemos a la batalla, y si nos siguen torpedeando seguiremos sobreviviendo con los dientes apretados. Para eso estamos aquí.

viernes, 26 de febrero de 2021

Muy tocado

Cuando se trata de involucionar, cuando se trata de tirar atrás un trabajo, una premisa y unos conceptos, lo normal es que tu equipo se termine volviendo loco y acorralado por las dudas. Este Atleti de 2021 no puede ser como el de 2014 porque ni tiene los mimbres, ni tiene el pulso, ni tiene el mismo poder de concentración. Con bloque alto se habían ganado diecinueve partidos, con bloque bajo hemos vuelto a recibir gol de igual manera y, lo que es peor, se nos ha quedado cara de tontos.

Hay que partir de una premisa: el mejor Atleti ya ha pasado y probablemente no va a volver. El error no vino por el planteamiento en sí sino por el intento de involución con jugadores que cumplen un rol completamente distinto. En cualquier comparación con aquel equipo, todos los jugadores actuales, uno a uno, salen perdiendo. Entonces, si has de morir, hazlo en base a tus recuerdos. 

Lo que me temo es que Simeone sabe que el equipo se le está cayendo y prefería capear el temporal antes que arriesgarse a un drama sin remedio. El problema de obligar a tus jugadores a hacer algo en lo que pueden pensar que ya no crees, es que ellos mismos terminan a medio camino entre nadar y guardar la ropa. Se defendió bien porque el Chelsea no generó peligro, pero se atacó tan poco y tan mal que el cero a uno deja la sensación de que el equipo está muy tocado y muy lleno de dudas.

lunes, 22 de febrero de 2021

Tocado

Nos han dado un cañonazo importante en la línea de flotación. No estamos hundidos, pero estamos tocados, porque vemos de cerca al barco enemigo, porque hemos fallado cuando nadie lo esperaba y porque hemos tirado tres cuartas partes del colchón que habíamos fabricado con esfuerzo y goles en dos partidos en los que no ha salido nada contra el rival menos esperado.

Porque uno puede pensar en pinchar ante el Villarreal, quizá en el Camp Nou o a lo mejor en Sevilla o San Mamés, pero cuando uno echa cálculos, jamás llegas a pensar que te vas a dejar cinco puntos en cuatro días contra el Levante, porque contra esos equipos se ganan las ligas y porque estas derrotas son las que te terminan minando por dentro hasta convertirte en vulnerable.

Y ahora miramos de reojo el derbi de dentro de dos semanas con el miedo terrible de que el Madrid salga líder del mismo, de vernos arrojados al pozo de la inmundicia por haber perdido una renta inmejorable en el menor tiempo posible. Lo vemos todo mal porque nos hemos acostumbrado a fustigarnos históricamente, yo el primero, con mi tendencia al pesimismo y a ponerme la venda sin haber tenido la herida. Pero aún queda un motivo de esperanza y se llama Cholo Simeone. Con él en el banquillo el equipo puede perder, puede empatar, puede no ganar un título, pero seguro no va a dejar de pelear por alcanzar el objetivo.

lunes, 15 de febrero de 2021

La liga de los desahuciados

Carrasco se marchó a China por intereses del dúo prescrito y la gente lo interpretó como una pataleta de Simeone. Pero lo cierto es que al Cholo siempre le gustó el belga y al belga siempre le gustó el Atleti, por ello, tras dos años lejos de su lugar, regresó como el hijo pródigo que debía redimirse de aquel cambio a cámara lenta ante el Qarabag y de aquellos últimos partidos, en los que ya sabía su futuro, pegado a una línea de cal pero sin desborde ni ambición. Cuando regresó, el entrenador le dobló la apuesta; yo te doy toda la banda y tú te conviertes en el jugador más importante del equipo. Y en ello están. El desahuciado Carrasco se recorre el carril de arriba abajo y produce contragolpes aprovechando los espacios y su enorme calidad.

Llorente cruzó la acera para ponerse la camiseta del equipo bueno de la capital. Durante años había mamado otra cultura, otra forma de mirar la vida, otra manera de jugar. Porque, aunque llevaba un todocampista dentro, le hicieron crecer creyendo que era un mediocentro cuando tenía buenos conceptos pero los criterios equivocados. Simeone le vio trabajar, le vio el potencial y le dobló la apuesta; yo te adelanto la posición y tú me respondes con jugadas decisivas. A día de hoy es el centrocampista con mejores cifras de la liga con siete goles y siete asistencias. El desahuciado Llorente gana la línea de fondo con poder y celebra sus goles con pasión.

Suárez pagó el pato de la peor derrota en la historia moderna del Fútbol Club Barcelona. Cuando el ínclito Bartomeu puso en la picota a los jugadores con los que no quería contar más, el bueno de Simeone miró a ambos lados y, viendo que nadie se iba a cruzar en su camino, solicitó el fichaje de un delantero al que le sobraban años y kilos. Lo cierto es que es incapaz de ganar una carrera o de terminar un regate, pero ha marcado dieciséis goles en dieciocho partidos porque tiene algo que sólo tienen los grandes delanteros: instinto. Simeone abrazó su llegada y le dobló la apuesta: este año queremos ganar la liga y para ello tú debes hacerme mejor entrenador, de paso, yo intentaré hacerte mejor jugador. Y como los tipos ambiciosos se entienden sólo con mirarse, el uruguayo se puso manos a la obra y se ha convertido en la pieza clave para que el Atleti esté a tres meses del final con aspiración de ganarlo todo. Y es que el desahuciado Suárez gana partidos por sí mismo sólo con saber manejar los espacios y la velocidad de la jugada.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Esperando nuestra caída

Al principio no creían que lucharíamos por la liga porque llegaron crecidos de su victoria en la temporada pasada y creyeron que eran capaces de iniciar una dinastía. Luego siguieron sin creer en nosotros porque, tras sus accidentes, nos ganaron el derbi y nos empataron a puntos. Dio igual que llevásemos algún partido menos y que la carrera, por ser de fondo, fuese más larga de lo que ellos esperaban, siguieron sin creer en nuestras posibilidades y fueron rascando puntos mientras miraban como nosotros ganábamos una vez tras otra. Y lo que era una igualada tras el derbi, se ha convertido en diez puntos de distancia.

Ahora que lo ven más lejano, están empezado a anticipar nuestra caída, porque, claro, la temporada es larga, está el factor Covid, la Champions a la vuelta de la esquina y nuestra racha no puede durar todo el tiempo. El Atleti ya caerá, dicen. Pronostican que perderemos dos partidos, ellos los ganarán y entonces llegarán el miedo y las dudas. Y claro que puede ocurrir, esto es largo, tal y como ellos dicen, pero si creen que el Atleti no se va a dejar el alma por sujetar este campeonato, es que siguen despreciando el trabajo de un entrenador que, más que a ganar, nos ha enseñado a competir.

Y competir, en clave cholista es no consumir, no hacerles caso, trabajar y seguir a lo nuestro. Cuando nos hablen de liga, contestaremos "Celta de Vigo", porque ese es nuestro próximo rival, porque del partido a partido hemos hecho una máxima e igual, si no caemos en el cuento de la lechera en el que nos quieren meter y dejamos de hacernos sus cuentas y dejar de disfrutar este momento, llegará el día en el que quizá nos veamos de nuevo abrazándonos, aunque sea virtualmente. Pero mejor no pensarlo y seguir a lo nuestro. Ya sabemos "Celta de Vigo".

jueves, 28 de enero de 2021

Un nuevo milagro

Temblaba cada vez que jugaba. Le observábamos la mirada y descubríamos temor, pánico escénico, ganas de salir corriendo de nuevo hacia el túnel de vestuarios. El balón le quemaba en los pies y tan nubladas estaban sus percepciones que, generalmente, tardaba demasiado en decidir y siempre decidía mal. Un regate a medias, un pase fácil a los pies del contrario, una carrera absurda, un cuerpeo perdido. Y siempre llegaba un segundo tarde a la presión.

Ahora se muestra firme, decidido. En su mirada hay ganas de competir, de apretar los dientes, de ser el primero en empezar a correr y ser el último en aparecer por el túnel. Busca el aplauso, la conformidad, la confirmación definitiva de que aún se acuerda de jugar al fútbol. Filtra balones con facilidad, no se complica en exceso pero ha dejado de perder balones tontos y ha conseguido que, con su esfuerzo, se haya convertido en uno de los pilares de la presión del equipo. Le ha quitado el puesto a Saúl y es el oxígeno que encuentra Koke en tres cuartos cuando no tiene clara la iniciación de la jugada.

Thomas Lemar ha cambiado. Y ninguno lo esperábamos porque todos le dábamos por terminado. De repente, no sólo ha aprendido de nuevo a jugar sino que se ha sentado delante de un periodista para decirle que el Atleti es esfuerzo y que él está dispuesto a esforzarse hasta el máximo. Le teníamos muchos milagros apuntados al Cholo pero este, por inesperado, es uno de los más increíbles. Y luego, que por qué le veneramos.

lunes, 18 de enero de 2021

Convertir el drama en ventaja

Que la eliminación en Copa ha sido un traspié, no lo vamos a negar, que incluso se puede tildar de drama

por contra quien se ha producido, también se puede asumir, que durante mi trayectoria como aficionado la Copa nos ha dado alegría supremas, es tan cierto como que no deberíamos haber renunciado a ella de esta manera y que, llegados a este punto, deberíamos convertir el drama en ventaja y aprovechar los miércoles de descanso en enero para afrontar el reto de la liga.

Porque sí, porque puede que no seamos los grandes favoritos, porque no se puede serlo cuando compites contra los dos equipos más poderosos del mundo, pero hemos llegado al final de la primera vuelta con el vacuo título de invierno en el bolsillo y con verdaderas posibilidades de luchar por el título después de más de un lustro y esto no se puede desaprovechar, no se debe escatimar esta opción.

Y en esta lucha sin cuartel, en esta carrera de fondo con trampas y barro, habrá que aprovecha cualquier atisbo de ventaja y si la nuestra, en enero, será la de descansar más que los demás, habrá que aprovecharla, porque ya llegará febrero con su Champions y sus partidos atrasados y ahí deberemos estar lo más alto posible para saber afrontar el reto en las mejores condiciones. Así que sequemos los ojos por la eliminación copera y apretemos los dientes ante el reto mayúsculo que nos espera.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Menos de lo que dijo, menos de lo que creímos

Diego Costa es el jugador más decisivo en una sóla temporada que he visto con mis ojos en el Atlético de

Madrid. Su curso 2013/2014 fue tan impresionante que dolía creer que se podía marchar y, de hecho, dolió en el alma su lesión en una final de Champions que con él hubiese cambiado de signo y, sobre todo, aquella manera de decir adiós cuando todos supimos que, pese a sus muestras de afecto, había firmado con el Chelsea cuando aún se jugaban las verdaderas habichuelas del campeonato.

Una vez allí no dejó de tirarnos la caña, sobre todo cuando el entrenador le hizo la cruz y le convirtió en apestado. A pesar de un rendimiento más que notable, terminó sus días en Londres en el ostracismo y suplicando un regreso que nos hizo creer de nuevo en cuentos de hadas. Todos pensamos que con Costa regresaría el gol, regresarían los títulos y regresaría la gloria, pero con un rendimiento de más a menos, todo fue menos de lo que creíamos hasta terminar en divorcio por culpa del ego, las lesiones y su mala condición física.

Por aquel amor incondicional que dijo habernos jurado no esperábamos esta espantada. Más aún, después de haber dicho en verano que el no se movía obligando al club a ceder a las pretensiones de Morata de regresar a Turín. Ahora, co la temporada en su punto álgido, nos quedamos sin un nueve suplente y con la sensación de que el tipo que durante un tiempo nos lo dio todo quizá nos sigue queriendo, sí, pero mucho menos de lo que dijo.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Va a ser muy difícil

Asumámoslo cuanto antes; no jugamos sólo contra un equipo de fútbol, jugamos contra un ente institucional, contra un club que, año a año, copa a copa, no sólo ha forjado un palmarés inmejorable y un carácter envidiable, pero es que, además, todo ello, le ha llevado a convertirse en el adalid de la justicia y la superación moral. Es decir, que aquí todo el mundo tiene que ir con ellos y el que no lo haga será visto como un pecador sin remedio.

Porque ellos expían todos sus pecados con dinero. Pueden comprar a los mejores futbolistas del mundo, puede especular con su ciudad deportiva, pueden conseguir los mejores contratos televisivos pisando a quien quieran y pueden organizar sus superligas porque juntarse con pobres está muy mal visto en la zona noble de Madrid. Con todo ello han forjado un buen equipo y se han acostumbrado a ganar, así que será difícil seguir su ritmo cuando pongan velocidad de crucero porque, bien por sí mismos o bien por ayudas de otros, empezarán a ganar un partido tras otro y ahí veremos que nuestro favoritismo tan sólo era una milonga de la prensa.

Así que no nos queda otra que ir a lo nuestro, partido a partido y victoria a victoria, porque en cuanto pinchemos sentiremos rápidamente en el cogote no sólo el aliento de un equipo sino el aliento de todo un país mediatizado para que su equipo favorito se alce cuanto antes con el primer puesto y así puedan seguir presumiendo de lo guapos y ricos que son.