lunes, 23 de mayo de 2022

Aprobado

Si hace doce, trece o catorce años, nos dicen que hemos quedado terceros en la clasificación final, todos nos daríamos abrazos, nos repartiríamos albricias y nos daríamos por satisfechos viendo como nuestros pequeños sueños de ínfima grandeza se hacían un poquito realidad. Porque hace doce, trece o catorce años, cuando no le ganábamos al vecino ni a las chapas y cuando ser sexto era poco más que un logro, no podíamos imaginar terminar en el podio de la liga y creer que podríamos aspirar aún a más.

Pero este equipo ha crecido. Hasta el punto de que nuestras expectativas se han superado y nuestras exigencias se han puesto en el listón histórico de la institución. Simeone ha hecho un trabajo extraordinario llevando su vehículo a meta mientras sus propios dirigentes le ponen palos en las ruedas y el ruido mediático trata de desconcentrarle sin demasiado éxito. No tenemos la mejor plantilla de nuestra historia y por ello no podemos exigir todo, pero venimos de ser campeones y ha resultado demasiado frustrante verse fuera de casi todo a varios meses del final de la temporada.

Por eso la nota no puede pasar del aprobado. Aprobado porque se ha conseguido el objetivo mínimo y se ha competido bien en Champions pese a caer en cuartos de final, pero no más de un aprobado porque hemos perdido contra los tres equipos descendidos, porque no le hemos sacado ningún punto al Mallorca, porque nunca estuvimos cerca de competir la liga, porque otro año más, no avanzamos apenas en la Copa del Rey y porque de cinco partidos en Champions como local, no se ganó ninguno. Así que vamos a ser sensatos y exigentes y vamos a aprobar al equipo, pero sólo por los pelos. Suficiente, sí, pero queremos volver a rozar el sobresaliente o al menos volver a tener un notable.

lunes, 9 de mayo de 2022

A tres puntos

Con la victoria de ayer, el Atleti se situó a tan sólo tres puntos del objetivo. Siempre y cuando Betis o, en su caso, Real Sociedad ganen todos sus partido, al Atleti le bastará una victoria para poner en liza su próximo proyecto con la seguridad de que seguirá en la élite y la economía, supuestamente, más reforzada, aunque este Atleti de giles nunca sepamos dónde y en qué se invierte verdaderamente el dinero.

Si soy sincero, confío más en los pinchazos ajenos que en los aciertos propios. Lo digo porque, cuando no hay partido de máxima exigencia como el de anoche, el equipo tiende a la inoperancia, la dejadez y la inacción como ya hizo en estadios de más baja estopa como fueron Mendizorroza, Los Cármenes o Son Moix. Jugamos contra el Elche al que, al igual que nosotros, solo le faltan tres puntos para cerrar su objetivo y, sinceramente, veo más cerca que ellos consigan el suyo por su propia actitud a que lo hagamos nosotros después de dejarnos el pellejo en un derbi que terminó con todos exhaustos.

Porque ayer el Atleti hizo lo que debía hacer. Hay veces que, como contra el City, el balón no entra y, aún así, no puedes reprochar nada a tus jugadores porque sabes que lo han dejado todo en el terreno de juego. El Atleti salió a por el Madrid y si no ganó de manera más holgada es porque falta gol y falta cierta categoría en los metros finales, por ello, la victoria estuvo a punto de irse al traste en los minutos finales, pero, de haber sido así, sólo podíamos haber aplaudido a los nuestros, porque hicieron, simplemente, lo que tantas veces les hemos pedido y tan pocas veces nos ha ofrecido: dejarse el alma por la camiseta del Atleti.

martes, 3 de mayo de 2022

El pasillo

El primer pasillo dentro de la competición española data de 1970 y se lo hicieron al Atlético de Madrid. Antes de que el Athletic nos eliminara de la Copa y después de haber quedado segundos en liga a tan sólo un punto, los bilbaínos, en buena lid y cargados de respeto y honor, se cuadraron ante los nuestros y honraron un campeonato que costó mucho sudor y esfuerzo. Porque ese es el principal motivo que debe tener el tan citado pasillo: el de honrar al campeón, aplaudirle, reconocerle su logro y, después, ponerse a jugar al fútbol como siempre se ha hecho.

El Madrid y por ende, el madridismo, tiene un problema endémico y es que necesita ser alabado hasta cuando no lo merece. Un narcisismo exacerbado que ha cruzado generaciones. Es como ese niño abusón del patio del colegio al que todos rinden pleitesía pero que, cuando sale un niño que no le tiene miedo y le replica, su respuesta es patalear y chivarse al profesor quien, como además le tiene por su alumno preferido, termina por defenderle y castigar al valiente que se ha atrevido a replicarle.

Tras aquel primer pasillo, era tan sólo cuestión de tiempo que ellos también tuviesen el suyo. Y como ganaban más que nadie, se sentían colmados de felicidad y de honores al verse casi siempre en el centro de atención. Tan plácidamente se encontraban en el halago contínuo que, una vez que siguieron ganando, pasaron de obtener un pasillo siempre improvisado a exigirlo como cuota a pagar por su abono a la victoria. De esta manera sacaron portadas y exigieron escarnio público a sus rivales quienes ya no debían honrarle sino humillarse y postrarse ante su majestad.

Todo el cuento de la pleitesía ante el rey cambió el día en el que a ellos les tocó hacer pasillo al Barcelona. Estaba claro que había un problema de celos, de envidia y de rabia y el alumno abusón se chivó al profesor y el circo mediático montó un debate insustancial donde simplemente debería haber habido una tradición que respetar. Salió el entrenador y el capitán a decir que eso del pasillo nada, que ellos pueden humillar pero que nunca pueden ser humillados, faltaría más. Y ahora, después de dejar esos polvos en el camino, se encuentran con un fango en el que quieren que se revuelquen los demás y piden, por lo civil y lo criminal que el Atleti pague las deudas adquiridas y se humille ante ellos para poder presumir de foto y de unos valores que ellos mismos perdieron el día que pisotearon la tradición.

Así que, resumiendo el comunicado del Atleti de ayer: Ahora les va a hacer el pasillo su puñetera madre.

miércoles, 20 de abril de 2022

Boli Bic

Soy consciente de lo que conlleva este texto que, más allá de una opinión, es una declaración de principios porque aparte de Atlético me gusta ser una persona consecuente con mis pensamientos y antes que seguidor, hincha y apasionado, que lo soy, me gusta ser una persona acorde a los principios que me inculcaron desde niño basados en el respeto, la libre interpretación y, sobre todo, la conciencia social por encima de cualquier populismo.

Tengo muchos motivos para sentirme orgulloso por formar parte de la familia de aficionados del Atlético de Madrid y como cada muestra representa un botón, nada mejor que retroceder una semana en el tiempo y disfrutar con lo ocurrió en la grada nada más el árbitro señaló el final del partido contra el City y nos vimos eliminados de la competición; una hinchada en comunión con un equipo, olvidando el lado oscuro de la derrota y entregándose al lado pasional del amor incondicional, porque nosotros, ya lo saben, queremos que nuestro equipo gane, faltaría más, pero no queremos a nuestro equipo porque gane.

Pero sería de necios obviar que hay una parte de nuestra afición que lleva años empeñada en mantenernos en una caverna de indecencia mientras se dedican a repartir carnets, censurar opiniones y, sobre todo, practicar el matonismo en las redes. Son los mismos que, en la grada del estadio del City, levantaban el brazo para honrar a sus ídolos caídos, los mismos que promulgaron la pitada al gesto contra el racismo y aquellos que iniciaron el cántico de "Pep Guardiola hijo de puta" cuando muy pocos entrenadores han sido tan respetuosos con el Atleti como el catalán.

Ya sé que me vendrán con discursos de doble moral, falsa modestia e hipocresía para utilizarlos como coartada, pero lo cierto es que hemos dado ante el mundo una imagen penosa rayando el paletismo por encima de la pasión. Y me entristece que sea así, porque si somos la mejor afición del mundo no es precisamente porque pongamos la política, las ideas y la rabia por encima del sentimiento sino porque el sentimiento y el amor incondicional siempre ha estado por encima de cualquier condicionante. Por ello me molestan estos comportamientos rayanos en la estupidez, igual que me molesta ver como nos burlamos de la afición del Barça por su ridículo en las gradas ante la afición del Eintracht y mientras nos dedicamos a dar moralinas, llenamos las páginas de compra venta de internet con anuncios vendiendo boli Bic incluyendo, como regalo, una entrada para el derbi.

A ver si, por ser tan listos, vamos a ver nosotros también nuestra grada teñida de blanco.

lunes, 4 de abril de 2022

Matheus Cunha

El tipo llega como segunda opción y aún así mantiene la sonrisa; en su presentación promete compromiso y se muestra agradecido y afortunado. Sabe, como todos, que no será opción preferente y habrá de ganarse el lugar, amén de que le han fichado como nueve cuando él nunca ha desempeñado ese rol y aún así se esfuerza en reconvertirse y se muestra confiado en cada lance.

No llevaba ni dos semanas en el equipo cuando la directiva le consigue al entrenador su capricho personal y Griezmann regresa al club, con lo que tiene que restar un lugar en la escala de preferencias. Lo que para otro jugador hubiese significado un duro golpe, para Cunha fue una motivación extra. Y se vio enseguida que el hambre y las ganas de ser importante no están reñidas con la humildad y con la alegría. Empezó a sumar minutos, empezó a ser cada vez más diferencial y empezó a ganar titularidades como quien gana duelos al sol.

Y aquí está, recién salido de una lesión, sin derramar un lágrima, sin conceder un reproche, jugando pachangas con chavales en la plaza de un pueblo, volviendo a sonreír y volviendo a decirnos que quiere ser el tipo que cambie nuestra historia. Después de dos meses largos sin jugar, salió contra el Alavés cuando el equipo más apático estaba y en dos minutos ya lo había puesto directo a la victoria, porque comenzó a moverse, a disputar balones, a jugar al fútbol y provocar peligro. Participó en los tres goles que anotó el equipo desde su salida y dejó la impresión de que es uno de esos futbolistas a los que habremos e querer, sí o sí, durante los próximos años. Porque tiene fútbol, energía y mucho flow.

martes, 29 de marzo de 2022

Todos sanos

Los fines de semana sin partido del Atleti se hacen largos y tediosos. Desde el primer momento sabes que te falta algo; o la emoción duradera, acompañada de ese manojo de nervios que te agarrota el estómago, en las horas previas, o la sensación, bien depresiva, bien eufórica, tras haberse jugado el partido. Así que, cuando no tenemos sentimientos a los que recurrir, ni pensamientos que fabricar, nos vamos poniendo al día, poco a poco, del goteo de noticias que ya por escasas, no suelen ser siempre de carácter positivo.

Y sin embargo, ayer ocurrió lo inesperado y pudimos leer que, después de meses, el equipo entrenó al completo con la enfermería completamente vacía. Eso quiere decir que, sancionados aparte, Simeone podrá dibujar, por fin, su alineación ideal sin tener que recurrir a parches ni inventos, por más que muchos de ellos nos hayan salvado el culo durante los últimos partidos.

Y es importante esto porque nos encontramos, ahora sí, en el tramo más trascendental de la temporada. Atrás deben quedar los lamentos por los errores del pasado y es obligatorio enfrentarse, mirándole a los ojos, a los retos del presente. Porque una vez establecidos en la cuarta plaza, no queda otra que afianzar el lugar y jugarse los cuartos contra el City con la única obligación moral de competir y ver lo que puede pasar. La obligación es estar allí, de nuevo, la próxima temporada, lo otro sería un premio e, incluso, un milagro. Pero aquí estamos, con todos sanos y con un manojo de nervios, ahora sí, agarrotados en el estómago.

martes, 15 de marzo de 2022

Sin carácter

Probablemente, Cristiano no ha jugado nunca un partido de eliminatorias de Champions contra un equipo que defienda tan mal los centros laterales. El otro día, viendo rematar a Negredo cómodamente en el borde del área pequeña, me empezaron a temblar las piernas en previsión de lo que nos va a venir, que no es sino un acogotamiento por balones divididos con dirección al corazón del área que nos va a tener intentando despejar balones durante todo el partido.

Con Godín, con Lucas, con Gabi o con Tiago, este tipo de partidos se jugaban con un valium en las venas porque se sabía no dejar jugar y se gobernaba el área con majestuosidad, pero este equipo sin carácter que hoy tenemos, mucho me temo que se pasará el partido temblando y enviando balones a ninguna parte para que los centrocampistas del United, una y otra vez, vuelvan a percutir.

Es por ello que no soy nada optimista de cara al partido de esta noche. Y mira que de todos los rivales posibles que había, no nos ha tocado el más complicado, pero no es el Atleti, ahora mismo, uno de los ocho mejores equipos de Europa y me cuesta verle luchando más allá en la competición. Estamos plagados de bajas, los que juegan están mucho peor que el año pasado y, además, no les veo con el cuajo suficiente como para salir al campo y decir, chicos, somos el Atlético de Madrid. Este equipo, mal que nos pese, no tiene mucho carácter.

jueves, 3 de marzo de 2022

Asombro

Asombro por encontrarme en la tele, en directo, un partido de juveniles en el que el equipo visitante juega como si fuera local, empujado por los suyos, conducido en volandas por el espíritu de una camiseta que les insufla energía y valor, coraje y corazón, escudo y orgullo. El Atleti no sólo ganó al campeón del torneo sino que lo hizo a domicilio y defendiendo como si fueran soldados del ejército más disciplinado del mundo.

Asombro por ver jugar a Pablo Barrios, un compendio de técnica y energía al servicio de un equipo en busca de un líder. Un futbolista capaz de defender un ataque rival y, un pestañeo más tarde, estar conduciendo un contraataque junto a sus compañeros, un tipo que marcó dos goles sublimes, que se puso el mundo por montera y nos dijo a los atléticos que quizá, si se apuesta fuerte por él, tengamos centrocampista durante unos años.

Y asombro por ver que los de siempre han vuelto a hacer el ridículo de la peor manera. Estamos en el año 2022 y algunos creen que siguen viviendo cuarenta años por detrás; no bastó con ir a insultar a un equipo de juveniles sino que se recrearon de la peor manera vejando de manera racista a un chaval por el hecho de tener un color de piel más oscuro y una camiseta más clara. La realidad es que aquí, el asombro se convierte en vergüenza.

jueves, 24 de febrero de 2022

Volvió el Atleti

Hay mucha diferencia entre irte triste o enfadado a la cama, porque la causa que media entre ambos sentimientos suele ser el orgullo. El enfado se asocia a la dejadez, a la humillación propia, a la desgana, al arrastre del escudo por el césped sin un atisbo de rabia que les haga levantar la cabeza. La tristeza, sin embargo, suele llegar después de un traspiés inmerecido, como el de anoche, cuando el Atleti regresó de su tumba y se propuso hacer de nosotros los aficionados más orgullosos del mundo.

Porque el Atleti compitió con fiereza y, sobre todo, se pareció a sí mismo. El Atleti del Cholo había sido pulso constante, pierna fuerte, defensa certera y cabeza para aprovechar el momento. Y lo hizo apenas se abrió el partido, cuando un magnífico centro de Lodi habilitó un extraordinario cabezazo de Joao. Hecho lo fácil llegaba lo difícil que era el guardar la ropa después de haberse dado el chapuzón.

El Atleti defendió muy bien su ventaja, jugando en campo contrario, minimizando al rival y provocando pérdidas absurdas en sus mejores centrocampistas. Si no logró ganar fue porque se ha perdido calidad en todas las líneas y porque los errores humanos están lejos del control del entrenador. Una ocasión te la puede hacer cualquier equipo en cualquier momento; el partido es largo y se dan mil situaciones, por ellos es fácil que al menos, una vez por partido, cada uno de los equipos tengan la oportunidad de sumar un gol en su marcador. El Manchester aprovechó la suya y se marchó con un resultado que no mereció, pero a estas alturas ya no quedan rastar vestiduras sino levantar la cabeza y apostarlo todo a la competitividad, porque si realmente anoche volvió el Atleti, podemos caminar por la calle pensando que sí, que igual tenemos esperanzas reales.

martes, 8 de febrero de 2022

De locos

Hacía tanto tiempo que no veíamos al Atleti tan mal que nos hemos convertido en una casa de locos donde cada uno dispara su munición y su palabra hacia el lado que considera correcto. Seguramente todos estemos equivocados, yo el primero, más loco que nadie por ver a mi equipo deambular en el campo y caer en picado en la clasificación.

Hay una cosa muy clara en todo este sindiós en el que se ha convertido el Atleti y es que si el equipo no ataca bien, no defiende bien, no sabe cerrar un centro lateral, no sabe presionar la salida del equipo rival, no sabe sacar el balón jugado, no sabe tirar una contra y es un desastre a balón parado, el entrenador tiene una responsabilidad muy grande puesto que todos estos conceptos, más allá del talento de cada futbolista, se entrenan.

Otra cosa es que los futbolistas tengan un pobre nivel y que, mentalmente, estén bloqueados. A este segundo ápice, basta con ver las pésimas ayudas a Mario Hermoso en cada internada con Adama y el recital de pases al contrario de los tres medios, para darse cuenta de que el balón quema y la responsabilidad también. A la primera afirmación también hay respuesta y es que si el equipo es cada vez peor y los fichajes cada año empeoran a las ventas es porque estamos dirigidos por un par de golfos que utilizan al Atleti para su enriquecimiento personal en lugar de para hacerlo grande deportivamente. Y es que el Cholo tiene su culpa, no lo vamos a negar, pero no entiendo como nadie le pide responsabilidades a quien realmente las tiene.

martes, 1 de febrero de 2022

Sobre todo y sobre todos

Esta semana sin fútbol y, sobre todo, sin Atleti, ha servido para indagar en la figura del Cholo y, sobre todo, para reforzarla. Porque más allá del entrenador hemos visto una persona y dentro de la persona hemos visto un corazón que, aunque de puertas hacia fuera, le cuesta mostrarse afable, es cierto que tiene un punto de ternura que nos ha terminado de conquistar. Porque la fuerza de su poder no reside ciento por ciento en su pasión sino que deriva, en gran parte, de su mal contemplada sensibilidad.

Esa mesa chica en la que imperan las verdades, las certezas, las lágrimas y los reproches, es un refleja de la vida de cada uno, porque por más que idolatremos a nuestros padres o adoremos a nuestros hijos, nuestro camino junto a ellos estará salpicado de momentos en los que escondemos un reproche o días en los que echemos en falta su presencia. Y en todo ese camino personal, dejando atrás hijos, proyectos e incluso abrazos, Simeone interpuso su bienestar para venir a entrenar al Atlético de Madrid. Porque el Cholo es hincha del equipo y jamás estaremos lo suficientemente agradecidos a lo que ha hecho por nosotros.

Ahora que hemos comprobado como los jefes del club, después de que el entrenador llevase diez años haciendo los deberes, siguen sin tener las cuentas claras y sí tienen las ideas espesas, fichando a dos tipos de dudosa reputación mientras venden al lateral derecho titular, es cuando nos damos cuenta de la dimensión de un tipo que, de no haber venido, no habría obrado el milagro de los panes y los peces. Porque sin Simeone no sólo estaríamos fichando Gaitanes, Hermosos o Mandavas, sino que ninguno de ellos hubiese tenido ni un sólo segundo de gloria y seguiríamos tirándonos de los pelos pensando que, quizá, algún día, algún salvador llegara a nuestro puerto para situarse sobre todo y por encima de todos.

Gracias, Cholo.

lunes, 24 de enero de 2022

Locura

Bajar al fondo del pozo solo tiene una ventaja, saber que que no hay nada más abajo y solamente tienes la opción de subir. Cuando llegó el descanso del partido ante el Valencia, el Atleti estaba en la más absoluta mierda; no sólo estaba perdiendo un partido en casa ante un rival que estaba haciendo lo justo por ganar, sino que venía de una de travesía durísima por un desierto que parecía no tener fin y aquella parecía su manera definitiva de dejarse morir rodilla en tierra y orgullo inmaculado.

Las derrotas ante Athletic y Real Sociedad habían sido duras por el cómo más que por el qué. Naturalmente se puede perder un partido, e incluso dos, y más si es ante rivales que ponen mil voltios en cada lance y saben interpretar su juego a la perfección, ante eso poco se puede añadir. El problema es perder con los brazos caídos, con el alma apagada y mirando el balón con el temor de quien sabe que lo va a perder en el siguiente choque. Un equipo sin corazón es un equipo abocado a la muerte y así estábamos todos, muertos de pena, cuando llegó el descanso del partido ante el Valencia y veíamos a nuestro equipo caer al pozo de la inmundicia.

Sin embargo, cuando todos creíamos ver un encefalograma plano, la maquinita empezó a emitir señales de un equipo vivo. No se jugó un buen fútbol, pero se echó aquello que tanto estábamos echando de menos durante los últimos meses; aquello que los más clásicos bautizaron como las tres "bes": Balor, Boluntad y Buevos. Porque nada enciende más al aficionado que ver a su equipo en combustión, verle pelear cada pelota, intentar ganar un partido por lo civil o lo criminal, sentir que el escudo que llevaban en el pecho, el de verdad, les quemaba el corazón como a nosotros nos quemaba el ansia. Y sí, llegó la remontada y llegó la locura y durante unas horas se lo perdonamos todo y ahora en plena resaca, nos miramos a los ojos y les decimos: "Este es el camino, Atleti". "Por favor, no nos hagáis volver a pasar vergüenza".

lunes, 10 de enero de 2022

Todo mal

Cuando todo está mal, nada sale bien. Cuando todo viene de espaldas es muy difícil asumirlo de frente y más difícil aún contrarrestar los errores porque en el vicio de no encontrar la solución no aparece la virtud de hacer frente al problema. El portero ha perdido su aurea, los centrales titulares se citan en la enfermería dejando a los suplentes un espectáculo circense rayano en el ridículo, los centrocampistas se pierden en los lugares sin espacios y los delanteros han de buscarse las habichuelas en los dos o tres balones francos que reciben por partido.

Así llegó el primer gol, más motivado por una genialidad espontánea que por un lance del juego, porque hasta que Correa interceptó el balón en el círculo central, el equipo no había sobrepasado esa línea y se mostraba incapaz de dar dos pases ante un Villarreal que circulaba con soltura y acogotaba al Atleti a base de centros abiertos y robos inmediatos. Luego llega Correa y marca el gol de su vida, sí, pero si no aparece el juego, las genialidades, al final, solamente quedan en anécdota.

Porque el equipo no tiene patrón ni está estructurado para nada. Es increíble como en el transcurso de medio año, un equipo campeón se ha convertido en una medianía, en un rival sin alma, espíritu ni combatividad. El arreón final, más provocado por el orgullo que por el juego, permitió sacar un empate que no merecimos pero que al menos nos pone de frente a nuestros pecados. Seguimos en posición para luchar de nuevo por entrar en Champions y nos hemos quitado de encima un campo que sigue siendo una pesadilla. Ahora toca reiniciar y pensar en el Supercopa que, aunque no sé si lo han llegado a sopesar, no deja de ser un título y no estamos ahora para despreciar nada.

martes, 21 de diciembre de 2021

Maneras de sentir

Ya lo intentaba esbozar el maestro Sabina en aquel himno apócrifo que no caló y que suelen utilizar los medios cada vez que ganamos un título, qué manera de sentir. Pues sí, sentimos, vivimos, sufrimos, reímos y lloramos, pero cada uno lo hacemos a nuestra manera porque, por más que sean muchos los empeñados en repartir carnets, lo cierto es que el Atleti forma una parte importante de nuestro mundo y sólo nosotros sabemos como sentirlo.

Viene esto a colación por la cantidad de voces que inundan la redes cada vez que los que sentimos esto como una razón de ser, nos enfadamos después de una derrota. Yo sólo quiero hacer saber que me molesta mucho que pierda el Atleti y me molesta aún más que lo haga sin competir, pero en mi vida voy a poner a Simeone en la picota porque sé lo que nos ha dado y lo que aún está dispuesto a dar, eso sí, a todos ellos les dejo una cosa bien clara, yo no soy del Diego Pablo Simeone, soy del Atlético de Madrid igual que lo seguí siendo cuando cada uno de mis ídolos de fue marchando dejando un vacío en el presente pero una huella en el pasado.

Y luego están los que no terminan de asumir la condición de equipo grande y te hacen evocar tiempos peores. "Entonces éramos mejores" o "bienvenidos a los tiempos difíciles" o "ojalá vuelvan aquellos tiempos", o te nombran a Manzano o a Musampa haciéndote creer que no mereces vivir esto y que si te quejas es porque no sabes agradecer que estés viviendo por encima de tus posibilidades. Y yo a ellos les digo que mientras ellos "disfrutaban" sus años plomo, a mi padre, que había visto jugar a Luis, Gárate y Adelardo, se le caía el alma. Y que yo exijo un equipo grande porque el Atleti es un equipo grande. Y le agradezco a Simeone todo lo que ha hecho y ojalá esté diez años más, pero me seguiré enfandando cuando perdamos porque lo siento así y no voy a cambiar.

martes, 14 de diciembre de 2021

No es nuestra temporada

Resulta increíble comprobar como un equipo campeón se puede caer en tres meses. Es el tiempo que ha pasado desde que comenzó la temporada hasta hoy, recién derrotados en un derbi, a un mundo de la cabeza de la tabla y con la perspectiva puesta bajo cero en la Champions donde nos ha caído en suerte a nuestra peor pesadilla. Como para soñar muy alto.

Está claro que esta no es nuestra temporada. No sé si tendrá algo que ver, pero el capricho de Griezmann parece estar saliendo caro, no sólo ya porque juegue por decreto sin haber demostrado ni la mitad de lo que es capaz, sino porque el grupo está dándose cuenta de que aquello de jugar por méritos se está cayendo y puede llegar a viciar la convivencia. Porque ¿Para qué me voy a esforzar si este tipo termina siempre jugando?

Es, sin duda, el peor momento en la era Simeone en el Atlético de Madrid. Y todos confiamos, como Mesías nuestro que él, que lo que él ha sido capaz de deslavazar sea capaz también de arreglarlo, que haga creer de nuevo al grupo que puede recuperar la identidad, que los favoritos deben jugar por méritos y no por decreto y que aún hay tiempo de recuperar terreno perdido y hay dos trofeos en el horizonte por los que se debe pelear; Supercopa de España y Copa del Rey. Dale, Atleti.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Me gustaría ser optimista

Me gustaría ser optimista, pensar que en la segunda parte de Cádiz comenzó la revolución, que ese cambio en el esquema con De Paul en el eje y Koke y Lemar cayendo a la derecha para potenciar a Llorente fue el principio de una buena racha, que cuatro goles, todos exquisitos, van a convertir al equipo en un cohete moral y va a despegar hasta conseguir alcanzar el cielo y llevarnos a todos hasta el éxtasis. Pero no puedo.

Mis reticencias comienzan en el propio Cádiz, un equipo de poca enmienda que atraviesa su peor etapa desde que regresó a Primera. Ha perdido su énfasis defensivo y con él ha perdido casi toda su capacidad para competir. Digamos, pues, que se trataba del rival idóneo para olvidar las penas y aún así jugamos contra ellos una de esas primeras partes tan insípidas a las que estamos acostumbrados y que tanta desolación nos dejan en el corazón.

Y las reticencias continúan y terminan en lo que nos espera más allá del Mallorca que, no por parecer fácil dejará de costar, porque el Atleti no está hoy ni para flores ni para cardos. Los esperan el Oporto, el Madrid y el Sevilla, los tres de manera consecutiva, sin dar lugar a tregua, cada tres días, a domicilio y jugándonos, en una semana, toda la temporada cuando ni siquiera hemos llegado al ecuador de la misma. Y yo repito que me gustaría ser optimista, pero no puedo.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Hundido

No sé cuando voy a morir, probablemente más temprano que tarde, lo que sí tengo claro es que voy a morir de Atleti. Porque partidos como el de anoche no sólo quitan ilusión, sino que quitan vida. Un equipo plano, sin mordiente, sin chispa, casi sin ganas de competir, a merced de un equipo que demostró todo lo contrario: vitalidad, hambre, fútbol y ambición.

Vamos a ser conscientes cuanto antes; estamos eliminados de la Champions. No vamos a ganar en Oporto y es probable que el Milan puntúe en casa ante un Liverpool que ya lo tiene todo hecho y necesita pensar en otros menesteres, por lo que no sólo estaremos fuera de Champions sino también fuera de Europa. Y, pensándolo bien, casi que mejor, porque la Europa League ya no motiva y además es un desgaste innecesario teniendo objetivos más consolidados como deberíamos tener.

El equipo está muerto, roto y desorientado. Se fichó más calidad arriba y resulta que han sido los de abajo los que han bajado el nivel, con un Giménez hecho un trapo, un Savic que no se basta solo y un Hermoso que aún no sabe a qué tiene que jugar. Koke está mal y sin Koke el equipo no tiene corazón y, lo que es más importante, no tiene cabeza. Si añadimos que hemos perdido a Llorente, Suárez y Correa como armas ofensivas, nos sale un equipo destrozado cuyos pedazos tiene que recoger con urgencia si no quiere que toda la temporada se le vaya por el desagüe.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Semana crucial

Suele ocurrir que los parones de selecciones no sientan fatal, que tras ellos el equipo suele entrar desenchufado, con varios jugadores de baja y con el recuerdo disperso respecto al último resultado. Como quiera que el último resultado no fue positivo y el liderato empieza a quedar lejos, no nos podemos permitir ningún asueto ni ningún despiste más por lo que entramos, y me da miedo pensar en qué condiciones, en una semana crucial para afrontar la temporada con más o menos aspiraciones.

Primero vendrá Osasuna, con el recuerdo aún latente de la remontada de la penúltima jornada, pero con la dificultad de haberse convertido en un hueso fuera de casa y en un pilón a balón parado. El Atleti, que concede más de lo que debería, se va a encontrar con un partido en el que tendrá que picar piedra en un momento en el que las dudas acechan más que las certezas. Miedo y expectativa, porque lo que llegará después será el momento clave de la temporada.

Porque ante el Milan nos jugamos la vida y el ser o no ser, y llegar a ese partido después de haber tropezado ante Osasuna sería desastroso para la moral. La UEFA que no nos tiene en demasiada estima le ha metido un partido más a Griezmann de sanción por lo que tendremos que jugarnos la vida con Correa y Suárez en punta, dos delanteros que, entre ambos, suman la escalofriante cifra de dos goles en Champions con la camiseta del Atleti, uno por cabeza. Como para no tener miedo.


lunes, 15 de noviembre de 2021

Rumiando el último enfado

Suelo ver todos los partidos del Atleti, pero hay momentos y ocasiones que, por planes familiares u otros asuntos de fuerza mayor, me veo obligado a perdérmelos y estar atento a un móvil o una radio para irme enterando del resultado con toda la rabia del mundo por no poder estar sufriendo el juego, porque yo los partidos del Atleti no los disfruto, los sufro como un bellaco.

Durante el fin de semana anterior teníamos programado pasar un par de días en una ciudad a unas cuatro horas de Madrid. Como mi mujer trabaja de noche, esperar a que terminase el partido para poder salir era inviable por lo que salimos después de comer y me aboqué a escucharlo por la radio con la frustración que ello provoca. El caso es que yo a las seis de la tarde era un hombre feliz que tenía que echar gasolina mientras su equipo ganaba por un gol a tres en el descuento. Lo que sucedió después fue algo que, por inesperado, me crispó los nervios hasta el punto de llevarme sin hablar durante el resto del viaje.

Me detuve en la gasolinera con uno a tres y minuto noventa y uno. Reposté, pagué, regresé al coche y cuando vi que el locutor cantaba un gol del Valencia nunca pude esperar que se tratase del gol del empate. Y yo me pregunté ¿Qué demonios pudo pasar en esos cuatro minutos que estuve fuera del coche? ¿Cómo puede ser que a un equipo que se supone aspirante a todo le ocurre algo así? La respuesta es que el equipo se deshace porque no sabe jugar sin futbolistas con personalidad y porque por encajar a Griezmann está trastocando un sistema que parecía perfecto.

Llevo ya semana y pico rumiando el enfado y no consigo que se me pase.

martes, 2 de noviembre de 2021

Enchufar a todos

No es Simeone hombre de rotar en exceso, pero sabe que, de una manera u otra, necesita tener enchufados a todos los jugadores de la plantilla, más aún si tienen ascendencia sobre los demás. Por ello, aunque fui el primero en criticar la insistencia po r poner a Griezmann en un partido donde nos jugábamos el no descolgarnos del vagón de cabeza, estaba claro que había que volver a enchufar a Correa porque le necesitamos y porque, probablemente, sea cabeza de cartel en Anfield dentro de este nuevo sistema de tres delanteros que el gran ideólogo del fútbol defensivo (nótese la ironía) ha establecido para el Atlético de Madrid.

Fue el del Betis un partido de reencuentros y reconciliaciones. La primera, la del Atleti con el fútbol, después de la desidia mostrada ante el Levante y, después, la de Correa y Carrasco con la definición. Los dos futbolistas más importantes en el tramo final de la última liga, volvieron por sus fueros y se convirtieron en dos puñales casi imposibles de frenar por parte del Betis. Pero si el Atleti cuajó un gran partido fue gracias, sobre todo, al aporte de Rodrigo de Paul, un futbolista descomunal que pisa toda la cancha, se sacrifica en defensa y siempre juega la pelota con criterio.

Aquí se dudó de De Paul a principios de verano, no lo voy a negar. Me parecía dudosa la aportación de un jugador que había destacado en un equipo de media tabla de la Serie A. Pero como aquí estamos para envainarla y pedir perdón cuantas veces hagan falta, valga este tachón para dármelas de escribano y poder decir que De Paul es, ahora mismo, un futbolista imprescindible en el equipo. Es el jugador que rompe líneas, el que ve el fútbol con más claridad y el que tiene todas las papeletas para convertirse en capitán general, porque no sólo tiene fútbol sino que tiene jerarquía. Puesto a enchufarlos a todos, Simeone ha conseguido que De Paul sea el termómetro del equipo. No es poco.