viernes, 15 de junio de 2012

El consejero delegado, el presidente y el director deportivo

Hace ya veinticinco años que el Atleti dejó de ser de sus socios. Hubo una mañana en la que nos despertamos con el fallecimiento de Vicente Calderón y con el cadáver aún caliente, Jesús Gil aparecía haciendo mucho ruido y anunciando fichajes de postín a bombo y platillo. Los que le creyeron, que fueron muchos, le votaron, y ahí comenzó el principio de nuestro fin.

Con su discurso victimista, su manía de enfrentarse al mundo en nombre del Atleti y su populismo barato, el gilismo fue haciendo del Atleti un club cada vez más pequeño. Cinco años después de llegar al poder, se erigió en salvador de la patria y anunció el fin del Atleti como club de socios para empeñarlo en nombre de las sociedades anónimas. El tiempo demostró que aquella adquisición del club fue fraudulenta y que no lo compraron, si no que lo robaron.

El padre falleció, pero el hijo tomó el timón de un barco a la deriva y no hizo sino dejar que se hundiese poco a poco. El juez imputó al padre, al hijo y a ese espíritu santo, de profesión productor cinematográfico, que recorría los estudios de radio y televisión con el chascarrillo fácil en la boca y la mirada de angelito tras las gafas de pasta. No hemos tenido suficiente con aguantar años esclavizados con un consejero delegado y un presidente imputados por la justicia, sino que ahora, también, el director deportivo también ha sido llamado a filas por la justicia. Esto es el Atleti, antes un club de fútbol, ahora un club de alterne.

martes, 12 de junio de 2012

Diego lo sabe

Dice Diego, con el petate listo para regresar a Wolfsburgo, que a la gente le hubiese gustado que él se quedase. No hace falta recordar por qué, simplemente Diego ha significado esta última temporada el jugador que siempre hemos estado esperando; el tipo que aglutina el juego, que pide la pelota, que observa los desmarques, que siempre da el pase correcto y que permite al equipo avanzar un paso en la transición ofensiva.

Diego sabe que le queremos, pero otros no. Otros venden activos, negocian con agentes portugueses, piden comisiones bajo manga, hacen el egipcio y se hacen el sueco. Porque a esos otros no les importa el Atleti sino que se importan a sí mismos. Un jugador allí, un paquete acá y un título de vez en cuando para callar bocas y, después de todo, me nombran gestor del año. Menudo chollo.

El gestor del año no va a hacer un esfuerzo por Diego. Más que nada porque recurrirán a la falta de liquidez como excusa ante la inoperancia. Nadie sabe qué ha sido del poder económico del que antaño era tercer equipo de España en cuestión presupuestaria, nadie sabe donde queda aquello de que la rojiblanca la visten los grandes jugadores, nadie sabe porque Diego no puede estar hoy donde estuvieron Leivinha y Dirceu. Diego no va a seguir en el Atleti, pero los otros dos sí lo harán. Y así seguirá siendo mientras el mundo les siga aplaudiendo las gracias. Así, ni Diego, ni Torres, ni Agüero y, dentro de poco, tampoco Falcao.

lunes, 11 de junio de 2012

Sin césped

El Calderón está sin césped, esa es la noticia del día. Cuesta demasiado mantener una bitácora diaria cuando no existen noticias de relevancia a las que poder acudir. Que te cuenten que el Calderón está sin césped significa que no tienen nada que contarte y la vida sin nada que saber se hace larga, tediosa, plomiza. Tanto casi como este post.

Seguimos siendo tan ilusos que aún, en estas fechas veraniegas de pre pretemporada, volvemos a pinchar esa página de ese diario deportivo, esa otra que vende rumores y aquella otra que dice que exclusiviza certezas, pero no hay nada que saber. Seguimos queriendo creer que un día nos despertaremos y veremos a ese crack que tanto nos gustó en aquel partido vestido con la rojiblanca y diciendo aquello de que su sueño siempre había sido el de jugar en el Atleti.

Pero no nos podremos mojar nosotros con esos sueños imposibles, porque en el Atleti hace tiempo que no llegan Futres cada verano. Vienen Emres, Cebollas y, en el peor de los casos, algún Pato Sosa que otro. Y si viene un Falcao o un Forlán es porque antes se ha vendido a un Agüero o a un Torres. Así que de soñar, nada de nada. Aunque sigamos pinchando esa página de ese diario deportivo o esa otra que vende rumores. No hay noticias de un Atleti competitivo de cara a la próxima temporada, sólo hay noticias del césped. O sea, que no hay noticias.

miércoles, 6 de junio de 2012

Ante la Eurocopa

Como español me encuentro en la obligación moral de animar a nuestra selección en cada gran evento. También existe convicción sentimental, no crea nadie que se trata sólo de palpitaciones de cara a la galería, me gusta esa sensación de cosquilleo en el estómago cada vez que la roja afronta un partido de las grandes citas y qué más puedo decir sobre esa inconmensurable sensación de euforia cada vez que la selección ha salido campeona. Indescriptible.

Indescriptible, sí, porque en las victorias de Austria y Sudáfrica hubo un tinte pasional que nos hizo volver a todos la cabeza hacia atrás y recordar aquellas lágrimas derramadas cuando algún Pfaff, algún Baggio o algún Zidane se cruzaban en nuestro camino. Indescriptible porque aquellos triunfos nos condujeron a un estado general de ánimo exacerbado en el que todos, rojiblancos, blancos sin rojo y los de rojo con azul, bajábamos a la fuente del barrio y nos abrazábamos como si no fuesen a existir más derbis, como si aquello hubiése significado el éxtasis definitivo de un sueño hecho realidad.

Indescriptible, sí, pero costoso de equiparar a aquellas tardes de Hamburgo y Bucarest en las que el Atleti tocó el cielo haciendonos saber a todos que aquel afamado doblete no iba a ser la última muesca de nuestro revólver. Indescriptible, sí, pero no inigualable, porque por muy fuerte que cantase aquel gol del niño contra Alemania o aquel otro de Iniesta frente a los holandeses, ningún grito se puede comparar a aquel que nació de mi garganta cuando Forlán vacunó a Fulham en el bendito minuto ciento dieciséis. Porque yo soy de España, sí, y mucho. Pero primero soy del Atleti.

martes, 5 de junio de 2012

Los éxitos de la cantera

Las cuentas del club dentro de las redes sociales alardean de los éxitos de los equipos de las inferiores del Atleti. A los campeonatos del alevín, infantil, cadete y juvenil hay que sumar los dos últimos trofeos de prestigio mediático que han colocado a nuestra cantera en las portadas; el torneo de fútbol siete para niños en Benalmádena y el mundialito sub17 celebrado en Colmenar Viejo. Nuevos triunfos para viejas pretensiones, pero ¿Sirven de algo?

El filial, plagado de jovenzuelos pecosos y otros resíduos fichados a deshora con el objetivo de maquillar el resultado final, ha quedado en un dignísimo quinto puesto y el juvenil A alcanzó las semifinales de la copa de España cayendo por un gol ante un Espanyol que lleva años demostrando qué quiere decir trabajar bien con la cantera. Sin embargo, las noticias y rumores siguen soltando nombres de tipos de dudosa calidad e intrigante compromiso. Ayer un Lafita, hoy un Yilmaz, mañana un Capel ¿Qué pueden aportar ellos que no pueda aportar un chico que es del Atleti?

Los equipos grandes se fijan en tipos grandes y cuando no tienen opción de alcanzar la cuota de calidad exigida, entonces tiran de sentimiento y miman lo que tienen por debajo ¿Lafita? ¿Yilmaz? ¿Capel? ¿Por qué no Oliver, o Pedro, o Noguera? Porque en el juego de las comisiones, los comisionistas juegan cartas marcadas y los niños juegan con los ojos tapados. Por tipos como Lequi, Luccin o Galletti, perdimos a otros como Mario, Casquero o Del Moral. No eran estrellas, es cierto ¿Pero alguien duda que hubiesen aportado mucho más los segundos que los primeros? Otros, como Sergio Torres, Rodríguez o Borja, titulares con exitosas selecciones inferiores, se quedaron en el camino. El tiempo demostró que no valían para la élite, pero nadie les prestó, ni siquiera una mano para ofrecer una oportunidad. Vale más el fichaje de medio pelo, la comisión y la venta de humo propagandística. Dentro de dos años, cuando no sepamos que hacer con los Lafitas, Yilmazes y Capeles de turno, igual nos acordamos de ese chaval que despunta en ese equipo de segunda división y resulta que, revisando su ficha, descubrimos que jugó en la cantera del Atleti. Otro trasto romo, otro juguete roto ¿Sirven de algo los éxitos de la cantera?

viernes, 1 de junio de 2012

Diego en Wolfsburgo

No es ninguna sopresa, ya ni siquiera teníamos temor porque era un secreto a voces, una verdad que nadie había declarado pero que todos conocían. No por ello dejamos de sentirnos desasosegados; Diego regresa a Wolfsburgo bien para cumplir su contrato o bien para que el equipo saque una buena tajada por él, que está en todo su derecho. Lo que nos aploma es saber que nosotros no seremos ninguno de esos equipos que esté en capacidad de luchar por su fichaje y saber que le perdemos, así, sin más, duele, por más que tengamos que asumir su pérdida como ya asumimos los de otros tipos que cogieron el avión rumbo a las islas británicas después de haber sido idolatrados bajo el eco del Calderón.

Diego fue el tipo que durante tanto tiempo anduvimos buscando, y es por eso que chirría que el club no esté en disposición de hacer un sacrificio. Los vendelíneas nos vienen con el cuento del ajuste económico, de la deuda, de la escasez de capital, pero ¿Quién es el responsable de que el Atleti esté sin un duro? Los nombres son dos, uno tiene apellido de árbol frutal y el otro apocopa con los suyos el nombre de una inmobiliaria. Ellos tienen los bolsillos llenos y el club que dicen que aman (permiso para una risotada) tiene las arcas vacías. Así funcionan los clubes en España.

Se va Diego y llega Emre, y dicen que llegará Jurado. Esto debe ser como el dos por uno de los grandes almacenes pero versión tocomocho. Diego ha demostrado fútbol, empaque y conocimiento del juego, Emre es un misterio de treinta y dos años y Jurado, que ya estuvo por estos lares dejando detallitos e inconstancia, viene de rebote después de dos temporadas como suplente en ese equipo que antes nadie conocía y cuya camiseta ha inundado nuestra ciudad desde hace un par de años. Se nos vuelven a reir en la cara y quizá, cuando veamos a Diego destilando fútbol con otra camiseta y nos preguntemos qué hizo mal el Atleti para no ficharlo, habremos de girar la cabeza hacia el palco y buscar a los dos responsables. Uno tiene apellido de árbol frutal y el otro apocopa con los suyos el nombre de una inmobiliaria.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Desecho de tienta

En las antiguas novilladas se lidiaban aquellos toros que, en la tienta, no habían dado el soplo suficiente de fuerza para ser considerados como una res de primera ya que estas, por empaque y categoría, eran reservadas para las corridas de verdad. El Atleti de hoy, como no está para faenas de puerta grande, ha de buscar en los corrales ajenos aquellos desechos de tienta que le permitan brillar en su novillada particular y no le afeen el gesto cuando la gente, preocupada por la imagen, pida un poquito más de encaste a los novillos.

Hace algunos años, Emre Belozoglu me parecía un centrocampista de lo más interesante. Era dinámico, tenía clase, recorrido, un buen disparo y sabía mover la pelota de un lado a otro de la cancha, algo de lo que no muchos pueden presumir. Pero eso fue hace algunos años. Recuerdo aquel mundial oriental en la que Turquía se destapó como sorpresa y en la aparición estelar de un jovencito de mirada audaz y cuerpo chaparro que jugaba al fútbol con la facilidad de los elegidos. Aquel era Emre Belozoglu, aquel era el tipo a fichar. Pero eso fue hace algunos años.

El Emre de ahora mantiene la clase, porque el talento innato acompaña al futbolista hasta sus últimos minutos, sigue sabiendo como pegarle a la pelota y, de vez en cuando, da tres o cuatro pases con criterio. Pero este no el Emre de dos mil dos. Este Emre ha perdido fuelle, ha perdido fe, ha perdido recorrido y ha perdido confianza. Que el Cholo hace milagros es algo que hemos podido comprobar gracias a la evolución de tipos como Juanfran, Miranda o Gabi, pero una cosa son los milagros y otra cosa es convertir en un Miura a un desecho de tienta.

martes, 29 de mayo de 2012

Cebolla para el sofrito

Se nos va Diego, porque el Atleti está tan mal planificado que no es capaz de escarbar en busca de una pepita de oro, y llega Cristian Rodríguez. El uruguayo, interior zurdo incisivo, demasiado dado a la dispersión y con buenos recursos en las inmediaciones del área, no es un organizador del juego. Puede ser un buen complemento, sí, pero desde luego no debe llegar al Atleti para quitarle el puesto a Arda Turan.

El Atleti ficha rellenos para hacer más amplia su plantilla, no me parece mal, pero las carencias en la dirección que deja la fuga de Diego hacen necesario mirar para otro lado. No hay muchos futbolistas en el mercado a precio accesible para que el Atleti no se vea huérfano del fútbol del brasileño. Supongo que Borja Valero se dejará seducir por los petrodólares y la Champions del Málaga y que no seremos tan listos como el Espanyol para convencer al Inter de que nos deje en préstamo a Coutinho durante un par de años. Por ejemplo.

Visto el resultado de las cesiones obtenidas y obligados a creer el cuento de la lechera de que Gil Marín y Cerezo pasan hambre porque el Atleti agoniza, quizá no sea mala opción lo de llamar a las puertas de los grandes de Europa para ver qué sobras aprovechables tienen para nosotros. Puestos a rellenar plantel. Otra cosa, aparte, es creerse el cuento de que Pinto da Costa regala futbolistas. Ja. Y otra, volviendo al tema, es soñar con que quizá tenga otorgado el mando del equipo a algún jugador del filial. No es solución seria la de quemar a Oliver o a Saúl en una posición tan exigente. O eso, o darle a Arda mando en plaza. Pero el turco sirve más para el alboroto que para la constancia. Así que ya pueden ponerse las pilas y contratar a un futbolista que mueva a la equipo o, si no, será lo de siempre, otro año, otro timo. Cuánto nos lo tememos.

viernes, 25 de mayo de 2012

Hora de pedir perdón

Me equivoqué, y mucho, fui demasiado visceral, demasiado jocoso, demasiado injusto. La costumbre de verme cada verano abocado a la desilusión me hizo generar bilis, pragmatizar mi discurso y tirar por la línea recta que seguía toda lo opinión general, descalificar era fácil y desconfiar era normal porque ya nos la habían metido hasta el fondo en más de una ocasión, y despertar con ese dolor a veces duele, y mucho.

Pero rectificar dicen que es de sabios. Yo no me considero así, pero sí creo tener un ápice de coherencia a veces y demasiado sentido de la culpabilidad la mayoría de las ocasiones. Durante el verano pasado, mientras la vorágine de los fichajes y las presentaciones alumbraban las portadas de nuestra infame prensa deportiva, califiqué el fichaje de Adrián López como "un fichaje de segunda". A la vista está que me equivoqué. Me fijé en los números, recordé pobres actuaciones y descalifiqué al chaval sin haberle dado la oportunidad de demostrar que era un futbolista de primer nivel.

A fé que lo es. Y es por ello que hoy genuflexiono mi discurso y le solicito un perdón que seguramente no merezco. Me lancé al pozo de la desconfianza antes de tiempo y hablé con soberbia. Adrián no ha sido un fichaje de segunda, si no uno de los mejores fichajes del Atleti en los últimos tiempos. Es liviano, sí, pero es extremadamente inteligente, sabe jugar al fútbol con todos los puntos conceptuales que ello conlleva y, además, ha demostrado una profesionalidad que casi todos dábamos por inexistente. Adrián no es de segunda, Adrián es jugador de primera. Un jugador para la Eurocopa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La postemporada

La postemporada no tiene nada que ver con la pretemporada. Si en esta todo es ilusión, cada gol es un sueño y cada nombre es una apuesta a anotar en el cuaderno de las esperanzas, en la postemporada casi todo es desinterés, cada gol es un reclamo al hartazgo y cada nombre de figura es motivo de preocupación. Lo que está haciendo Falcao en Colombia no ilusiona, asombra, sí, pero preocupa.

El tigre, acostumbrado a encontrarse goles en el área como quien encuentra flores en un jardín, está generando una autopromoción que a los que soñamos con un Atleti grande, no nos vamos a engañar, nos preocupa. Nos preocupa saber que el Manchester United quiere regenerar el equipo, que Drogba abandonará el Chelsea y que ese vecino tan insoportable que tenemos está a punto de empaquetar a uno de sus delanteros rumbo a Francia. Y preocupa más, por encima de todas las cosas, las intenciones golosas de ese par de delincuentes prescritos que nos representan y negocian con nuestros sentimientos porque a cada gol de chilena le añaden un cero más a sus pretensiones.

La postemporada tiene regusto a nada, a amistoso sin interés, a viejas caras, a viejas cuentas pendientes de saldar, a chicos jóvenes a los que quizá no volvamos a ver el pelo vestidos de rojiblanco. Es mejor que pasen un par de meses, que los goles de Falcao en la Europa League sean memoria propia y que mientras otros ruedan películas en Hollywood nosotros juguemos el Carranza de toda la vida. Entonces los engaños serán en forma de portada. Ficharemos a tres potenciales balones de oro y Falcao nos jurará fidelidad eterna. Y cuando llegue el último día del mercado y nos hagan la de Jurado, entonces podremos despertarnos. Pero entonces llegará la liga y habrá algo con lo que seguir respirando. Pero ahora no hay nada. Colombia, verano, rumores y miedo. Mucho miedo.

jueves, 17 de mayo de 2012

El adiós de Milinko

Desconozco el misterio de los secretos que se cuecen dentro de los despachos del Atleti. Como simple aficionado que soy solamente tengo acceso al paquete de información que pueden ofrecerme los medios leídos, escritos o digitales. Cierto es que no soy ciego y que sé diferenciar una mala gestión de una buena, que sé reconocer a un jugador implicado y que detecto cuando un entrenador no ha dado con la tecla adecuada en esta casa de locos llamada Atlético de Madrid.

Desconozco el verdadero motivo, pero no por ello voy a dejar de sorprenderme por el despido de Milinko Pantic como entrenador del filial. En un grupo durísimo, como varios ex primeras fuertes como Oviedo, Albacete y Tenerife, con muy buenos filiales y con un Castilla y un Lugo imponentes, el entrenador serbio, el tipo que pateaba las faltas con el pie de Dios, ha cometido el pecado de quedar clasificado en el quinto lugar. Una excelente resultado si tenemos en cuenta que contaba con un grupo bastante joven e inexperto ¿Qué ha ocurrido entonces?

De las primeras impresiones de Milinko, extraemos la conclusión de que la comunión tanto con la directiva como con el entrenador del primer equipo no han sido las mejores. La directiva, más dada a tirar balones fuera y destruir mitos a la velocidad de la luz, dirá que toda la culpa ha recaído en nuestros dos mitos del doblete. Sea como fuere, las cosas en el Atleti se siguen haciendo mal. Los hombres de honor se marchan por la puerta de atrás, las filtraciones indican varias direcciones con el objetivo de no salir perdedor en la batalla y los que deben tomar las decisiones siguen lavándose las manos como Poncio Pilatos. Pero a estos gobernadores, ni en Roma los querrían. Ni siquiera como carroña para el circo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Los listos y los tontos

San Isidro Labrador, patrón de la capital, ciudad que acoge a dos equipos de primera división en cuyo nombre llevan implícito a la ciudad, uno de ellos, castizo como ninguno, lleva labrado en su escudo, el símbolo de una ciudad que se levantó un dos de mayo para decirle al resto de España que las cosas debían ser como ellos querían que fuesen. Mucha historia tras aquello, mucho fútbol, muchos títulos y un bipartidismo que se convirtió en dictadura monopolista a medida que a los de blanco les iban dando ayudas y a los de rojo y blanco les iba dando por autodestruirse. En las afueras de la capital del reino aún queda un lugar para la celebración; miles de paisanos, ataviados con su gorra de chulapo y su mantilla de manola, bajan a la pradera para desempapelar un bocadillo, bailar un chotis y comerse una rosquilla. De estas últimas hay dos tipos, las listas y las tontas, y aludiendo a los calificativos vamos a comparar quienes son los tontos y quienes los listos en esta casa de alterne en la que se han convertido el extinto Atlético de Madrid club de fútbol.

Atlético de Madrid sociedad anónima deportiva, segundo equipo de la capital y en proceso de autodestrucción hacia lugar más ignominiosos, equipo que ha acogido a estrellas mundiales de la talla de Ben Barek, Carlsson, Vavá o Luiz Pereira y que, en los últimos años, adornó los álbumes de cromos con tipos como Nimny, Nikolaidis, Fabiano Eller o Pato Sosa, equipo que, castizo como ninguno, sigue portando un oso y un madroño en el escudo aunque cada vez haya menos gente que lo sienta palpitando sobre el corazón, símbolo de un lugar al otro lado del río donde sobreviven sentimientos, orgullos y pasiones. Mucha historia, mucho fútbol y una autocompasión que derivó en fracasos, derrotas y descensos. Al otro lado de Carabanchel sigue existiendo una reserva india donde cada domingo los niños acuden vestidos de rojo y blanco y los padres acuden rumiando la incertidumbre. Algunos llevan bocadillos, otros alguna bota de vino escondida y, casi todos, ganas de animar. Muchos son los que llevan pipas, comen y callan. Porque arriba, junto al palco, hay dos tipos que siguen engañando a la masa y sacan el pulgar a pasear a costa de miles de infelices que siguen creyendo que son del mismo equipo de cuyas hazañas les hablaron sus abuelos. Ellos dos, dúo prescrito y bicefalia indigesta, son los listos. El resto, por supuesto, seguimos siendo los tontos.

No hizo falta, ni siquiera, la necesidad de levantar un título, para salir aireando todas las intenciones. Sin Champions no habría paraíso. Sin Champions no habría Diego, ni habría Falcao, ni habría Adrián, ni habría Courtois. Estos dos, asesinos a sueldo de miles de sentimientos, se siguen pensando que nos chupamos el dedo cada vez que sacan el lacrimal a pasear por los estudios de sus emisoras amigas. Les untan el pecho con vaselina para que reluzcan sus obras y nos hacen saber que la directiva hizo un esfuerzo sobrehumano para que el equipo acabase entre los cuatro primeros ¿Deberíamos darle las gracias? La obligación no implica agradecimiento. El agradecimiento, por el título, es para Simeone y sus once gladiadores. Igualmente que para ellos es el reproche de no haber sido capaz de alcanzar un puesto de Champions que, este año, ha estado más barato que nunca. Pero que no me vengan ahora con milongas porque ni yo, ni los cientos de miles que lloramos el pasado miércoles con los goles de Falcao y Diego, fuimos los que nos hicimos con el club sin poner ni un duro. A nosotros no nos embargaron los activos del club por jugar al monopoly con nuestros sentimientos. Nosotros no somos los delincuentes. Ellos son los culpables y a ellos hay que señalar el día que veamos a Falcao, a Diego, a Adrián y a Courtois vistiendo la camiseta de otro equipo. No hay que señalar para agradecer sino para culpar. Ellos se creerán muy listos, pero nosotros no somos tan tontos.

jueves, 10 de mayo de 2012

La camiseta del Atleti

Acabó el partido y dejé correr las lágrimas. Un micrófono se acercó al Cholo, los ojos acuosos, la felicidad dibujada en el rostro, la satisfacción marcada en el gesto y el orgullo clavado en la garganta. "Mañana los niños podrán ir al colegio con la camiseta del Atlético". Así resumía la felicidad. El Cholo nos entiende, porque esa es la felicidad.

Quienes somos del Atleti sabemos lo que ha sido llevar una camiseta del Atleti al colegio, al instituto o, incluso, a la universidad. No faltaban lunes en los que el verbo era vilipendio y la verdad era una puñetera vergüenza. Los otros, esos que siempre marcan la mandíbula con una sonrisa de superioridad y tienen un deje de gallardía impostada en la voz, no pararon nunca de recordarnos lo inmensamente grandes que eran ellos y lo ridículamente pequeños que éramos nosotros. La camiseta era un motivo para dejar bien claro que a nosotros no nos hacían falta victorias comunes ni escudos reales, nuestra camiseta era nuestro motivo para vivir y eso, muchos, no lo entendían.

Pero el Cholo sí nos ha entendido. Él sabe cuantos lunes negros llevamos a nuestras espaldas, cuantas portadas perdidas hemos dejado atrás, cuanta mierda hemos tenido que tragar, cuantos desprecios, cuantos gritos en la cara, cuantas lágrimas de decepción, cuantos sueños rotos, cuantos veranos reseteados, cuantos inviernos desoladores, cuantas eliminaciones innecesarias, cuanta soledad. El Cholo ha tocado la tecla y la camiseta del Atleti vuelve a vestir la ciudad de rojo y blanco. Y aunque hubiésemos perdido, la hubiésemos seguido llevando. Porque somos libres. Y hoy somos campeones. La felicidad cuesta encontrarla, es necesario disfrutarla para saber recordar que existe un equipo grande al otro lado del río. Ese cuya camiseta visten hoy los niños para demostrar a sus compañeros de clase que existen motivos de sobra para seguir siendo del Atleti.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Hoy puede ser un gran día

Atleti. Así se resume el pensamiento en un día de final. El café aún caliente y las magdalenas en la mesa. Un sorbo, no hay hambre, hay sed, esa maldita sed que no se apagará en todo el día y que no desaparecerá con agua. Ni con cerveza, por más que tengamos guardado ese par de tercios fríos en la nevera desde hace días para afrontar la noche con aplomo. En la radio una canción de Serrat; "hoy puede ser un gran día". Quien sabe. En la garganta un grito ahogado, en el coche un atasco oportuno, nadie te impide cantar a pulmón el himno del Atleti, ese del rey de la furia española, ni siquiera el tipo del coche de al lado con un banderín del vecino colgando del espejo retrovisor y que te mira con cara de empate.

Atleti. Facturas, albaranes y costes del personal. Cierres contables, balances, la silla cuyo respaldo está desencajado y hoy te molesta más que nunca. Twitter, Facebook, webs deportivas, blogs. Hoy no hay trabajo, sólo fútbol. No hay jefes, sólo compañeros. Esos que, como tú, pasean nerviosos por la oficina en busca de alguien que te acompañe a la calle para fumar un pitillo "¿Pero si tú no fumas?" Te dicen. "¿Y qué? Cualquier cosa con tal de no estar todo el día aquí sentado". El reloj no corre, los pitillos vuelan, el café de la máquina se agota y cierras los ojos un momento para rememorar aquel gol de Forlán en la prórroga. Qué bonito fue.

Atleti. Existe un horror ante lo inesperado que no queremos afrontar. En el viaje de vuelta un par de tertulianos soeces te hacen cambiar de emisora. En el siguiente semáforo en rojo buscas el cedé de aquel grupo de rock que tantas tardes te animó en tu juventud. Intentas evadirte con una canción, pero no puedes. Los acordes de la guitarra son un pase de Diego al espacio y la voz rasgada del cantante son un remate de Falcao a la escuadra. Hasta puedes imaginar como lo celebrarías. Puede ser que no. "El rival es fuerte", te dices. Pero no quieres prepararte para el fracaso ¿Y si la caída fuera más dura por ello? Da igual. Volverás a sacar la vieja camiseta y volverás a gastar la voz animando al equipo del que te enamoraste. En el recuerdo quedan Arteche, Landáburu, Marina, Rubio, Futre y Manolo. En el horizonte Neptuno y un gol en la garganta. Abro los ojos, el café se ha enfriado y las magdalenas siguen encima de la mesa. Recojo las llaves, me pongo la chaqueta y apago la radio. Justo cuando empezaba a sonar una canción de Serrat. Hoy puede ser un gran día.

lunes, 7 de mayo de 2012

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago es señal de que la vida te ha puesto de frente con una situación trascendental, uno de esos momentos en los que la gloria y el fracaso se reparten las mismas cartas y se adueñan del destino para vestir de incertidumbre los sueños. Es momento para la sonrisa torcida, la mirada distraída, la mente imaginativa y el tiempo eterno que va dibujando goles que aún no existen y errores propios que no son sino la más nítida imagen de nuestros miedos.

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago no sabemos si ir o venir, si correr o parar, si pensar o soñar, si comer o ayunar. El agua fría arde y el agua caliente está demasiado fría, no hay lugar para sentimientos sino para sentimentalismos; rememoramos el viejo álbum de fotos e imaginamos la sonrisa de nuestro padre si el resultado es favorable, no queremos pensar en la lágrima, por más que de estas ya hayamos contemplado demasiadas. Pero no nos resistimos a caer; nos volvemos a levantar, orgullosos y volvemos a sentir que el precipio bajo nuestros pies es una amenaza contra nuestro futuro. Abajo está la mala gestión, pero en la cuerda floja sobreviven nuestros sueños. Ilusos de nuestro tiempo, nos aferramos a una final aún sabiendo que no somos dueño de nuestro destino. Vivimos el Atleti, aún sabiendo que han fabricado un Atleti que no vive para nosotros.

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago somos conscientes de la grandeza del escudo, de la fuerza de un sentimiento que sigue latiendo y resistiendo, del poder de la ilusión, de la grandeza de la esperanza. Sabemos que el rival es fiero, pero sabemos que podemos hacer algo grande. Otra vez. Y, como siempre, volveremos. Aunque no levantemos la copa, aunque los gritos de mañana los apague el eco de otra voz, aunque nos desangremos lentamente. Porque cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago es cuando sabemos que la grandeza no la mide un resultado sino la fuerza de una pasión.

jueves, 3 de mayo de 2012

Cuando las cosas se hacen mal

Cuando las cosas se hacen mal, los resultados son siempre insatisfactorios. Como en el Atleti, el de la coherencia, es un ejercicio que ha quedado traspapelado con los años, las apropiaciones indebidas y los proyectos indefinidos, la lógica ha termindo por imponer las leyes de la cruda realidad: el equipo no jugará la Champions y, lo que es peor, ni siquiera ha hecho merecimientos para obtener gran premio.

El de ayer no fue sino otro eslabon más en la cadena de despropósitos a la que se ha ido anclando el equipo a lo largo de la liga al tiempo que intentaba amarrar en puerto mientras, por estribor, el barco tendía a dejarse arrastrar por la fuerza de la deriva. En el minuto setenta y cinco el partido era uno de esos tostones con el que de vez en cuando nos premia el Atleti pero en el que el resultado no corría el mayor peligro de ser rebatido por una Real Sociedad que enseñaba los dientes pero no mordía. Fue justo cuando Gabi dejó botar un balón que había pasado a medio palmo de su cabeza y, al perder la posición, se vio obligado a levantar la pierna más de lo debido. Tarjeta roja y a sufrir.

Pero no condenemos a Gabi, por más que su error sea uno de esos que se le corrigen a los niños desde que están en edad infantil. El equipo hizo las cosas mal desde el principio; no mordió arriba, movió el balón con pasividad, los mediocentros se escondieron y la línea de mediapuntas se dedicó a ese deporte tan común en el Atleti y que es el de pasarle el balón al jugador rival más cercano. Ni siquiera hubo chances claros de gol. Y encima Juanfran, ese tipo con cara de estibador a cuya fiabilidad nos habíamos acostumbrado, cometió un error de juvenil. Y ya se sabe, cuando las cosas se hacen mal, los resultados son siempre insatisfactorios. En este limbo de la nada más absoluta llevamos navegando durante demasiados años; en la deriva de nadie, en el abismo de la nada ¿Le dará al Atleti por hacer las cosas bien aunque sea por una puñetera vez?

miércoles, 25 de abril de 2012

Hoy es uno de esos días

Todo aficionado sueña con días así, en los que su equipo no se vea inmiscuído en medio de la mediocridad y se juegue a una carta el todo o nada en un envite a vida o muerte. Hoy los sueños visten pantalón corto, tienen forma de gol y nacen en un grito ahogado mirando al cielo mientras se suplica por un pedazo de gloria. Hoy es uno de esos días en los que se demuestra por qué quisimos ser del Atleti.

Quisimos ser del Atleti porque entre las franjas blancas late sangre roja de pura pasión, porque hubo un tiempo en el que tipos de bigote poblado, calva incipiente y pelo en pecho nos despertaron para recordarnos que este era un juego de hombres con el que los niños tenían derecho a soñar despiertos, hoy es el día en el que Arteche, Marina y Landáburu aparecen en nuestros pensamientos y nos intentan convencer que sí, que eso del pupas no existe, que existe un escudo con un oso rampante que amenaza al enemigo con devorarlo vivo. Hoy es uno de esos días en el que los sueños se pueden convertir en realidad.

Y sin embargo no puedo evitar tener miedo. Miro a los ojos de Falcao y veo fuego, en los de Adrián veo inteligencia y en Arda y Diego veo deseos de gloria, pero, aún así, no puedo evitar esa molesta desconfianza que se ha convertido en mi compañera de viaje durante los últimos veinte años. Hoy es uno de esos días en los que el Atleti se busca a sí mismo para bien o para mal. Para bien, porque si logra salir vivo de Mestalla, los niños sabrán que sí, que existe una leyenda en rojiblanco a la que todos tildan de equipo grande. Y para mal, porque si el Valencia nos deja en la cuneta, los niños también sabrán que es verdad todo aquello que les contaron de que el Atleti es impredecible y de que es capaz de lo mejor y de lo peor. Yo hace mucho que no veo lo mejor y por ello espero que la cara B del Atleti no me arranque el alma de un mordisco. Hay que ganar para seguir sobreviviendo y, sobre todo, para que muchos niños sigan creyendo que ser del Atleti es posible en los tiempos que corren.

martes, 24 de abril de 2012

El antihéroe

El antihéroe viste camiseta larga, pantalón por las rodillas y medias descolocadas. Suele fijar la goma del pantalón corto a la altura de la rabadilla y ni siquiera se preocupa en atar el cordón porque sabe que la voluminosidad de su trasero no dejará hacer su trabajo a la gravedad. Calza botas de bajo número, pisa la pelota con despreocupación y aparenta displicencia cuando en realidad tiene el pase correcto siempre en la cabeza.

El antihéroe no se engomina el pelo, lo deja crecer a su aire, se le enreda en el peine y la maraña se levanta con el viento dejando la frente al descubierto cada vez que inicia una carrera. Tiene las cejas pobladas, la mirada melancólica y una barba de cuatro días a medio camino entre la elegancia y la dejadez. Apenas sonríe con intención y, cuando lo hace, deja al descubierto una fila de dientes separados que le hacen parecer más niño de lo que aparenta a simple vista. Tiene papada y arrugas, es bajito y desgarbado, corre sin demasiado entusiasmo.

El antihéroe se desliza por el suelo cuando está seguro de ganar un balón, tiene un correr pesado pero firme, una conducción antiestética pero segura, unos movimientos torpes pero eficientes. El antihéroe tiene técnica aunque no lo parezca, tiene visión aunque no la aparente, tiene gol aunque a veces desaparezca de las zonas de influencia. El antihéroe es moreno, desgarbado y parece un vendedor de kebab, pero al otro lado del espejo aparece un futbolista como la copa de un pino. El antihéroe no es portada de revista, ni imagen de marcas deportivas, no tiene músculos en el abdomen y apostaría a que tiene el pecho velludo como el bizarro al que todos nos gusta que se parezca. El antihéroe es turco, es jugador de fútbol y se llama Arda Turan.

lunes, 23 de abril de 2012

Un momento para creer

El Atleti ha aparecido como tal en el momento necesario. Durante muchos años hemos gastado tiempo, lágrimas y memoria rememorando aquellos días en los que la rojiblanca la vestían hombres, la sudaban caballeros y la hacían palpitar corazones osados. Hacía demasiado tiempo de aquello como para volver a recuperar la fe. No es que sea este un Atleti de fiesta y procesión, ni de carta magna e investidura legendaria, pero al menos, y durante dos partidos, nos ha hecho recordar que existe un lugar en el alma para el sentimiento.

Han transcurrido ya dos semanas desde que el equipo se dejó la vergüenza en una mañana valenciana jugando a nada contra el Levante. Se perdió el derbi mientras se recuperaba el fuelle y aunque en Vallecas se dio un amago de espantada, las musas regresaron al césped el día que las habichuelas se jugaban en un duelo de valientes. Huelga decir que solamente hubo un equipo de héroes y que el Atleti no jugó solamente a ganar, sino a recuperar una parcela de la memoria que todos creíamos en desuso. La inercia positiva puso por delante al Espanyol y el fútbol demostró que con buenos jugadores es más fácil apostar a ganador.

Pero no por esbozar una leve sonrisa vamos a cometer la temeridad de ahuyentar los fantasmas con una carcajada. El conocimiento del terreno, el pasado reciente y la poca predisposición de todos los estamentos del club (desde el césped, hasta la grada, pasando por el palco) nos hacen ser demasiado cautelosos ante lo que se aproxima. El Atleti que conocíamos saldría a Mestalla con cara de perro y el pecho descubierto. El Atleti del gilismo tira sus cartas al aire y se acoge a la incógnita más indescifrable; o truco o trato. Vida o muerte. Final o caída. Una eliminación en Valencia haría caerse a todo el equipo con su alforja de sueños repleta de sonrisas pendientes. Queda un partido por la vida y otros cuatro por la muerte. De la UVI a planta hay noventa minutos de esfuerzo. El equipo ha demostrado cómo sabe ganar, lo malo es que también nos ha enseñado muchas veces cómo sabe perder ¿Se puede creer en Bucarest? Mi fe tiene nombre de Diego, de Arda, de Adrián y de Falcao. Yo creo en ellos. Quiero creer en el Atleti.

jueves, 19 de abril de 2012

Memoria selectiva

A todos nos gusta barrer para casa. Lo de olvidar errores propios y reclamar los ajenos es algo que, a base de orgullo y rabia, hemos aprendido a vocear bien alto para que todos nos oigan. La mayoría de las veces no dejamos que la verdad nos estropee una bonita mentira y es por eso que cerramos los ojos para olvidar lo que es justo y abrimos la memoria para rescatar lo que consideramos como injusto. Es el problema de la memoria selectiva; tendemos a disfrazar la verdad con verdades a medias.

No era de extrañar que, una vez realizado el sorteo de cuartos y una vez los contendientes hubieron solventado su primer envite, la prensa, la memoria y la quemazón mental sacaran a relucir aquel famoso agarrón de Juanito a Zigic en el estertor de una eliminatoria que el Atleti solventó por el simple hecho de ser mejor que su rival. Dificilmente existe consuelo para los derrotados, no voy a decir yo aquí que no les entiendo, pero sí les voy a explicar por qué no comparto su ira ni sus objeciones.

Se escudan en que Villa era infalible en los lanzamientos desde los once metros. Vale, lo compro, no les voy a suscitar el supuesto de que, a lo mejor, De Gea le hubiese detenido el penalti al asturiano en caso de que el juez de área no hubiese cerrado los ojos y hubiese señalado lo que fue obvio y cristalino. Pero ¿Acaso nadie recuerda el tramo final de Forlán en aquella temporada? ¿Qué por qué recurro a esto? Muy sencillo. La memoria selectiva tiende a olvidar lo trivial para centrarse en lo escandaloso, pero yo opino que un fuera de juego mal señalado no es una trivialidad a la que no poder recurrir en caso de sentirte acorralado en el callejón de las excusas. Si no recuerdo mal, fueron tres las ocasiones en las que Forlán encaraba a César con la casi definitiva ventaja del mano a mano y en las tres se señaló un fuera de juego inexistente. Analizado el recurso, las pruebas de la acusación y los informes remisivos de los abogados defensores ¿Se puede decir que el Atleti pasó aquella eliminatoria gracias a los árbitros? De haberse señalado aquel clamoroso penalti, ahora seríamos nosotros los que anduviésemos llorando por las esquinas reclamando aquellos fueras de juego que mandaron al limbo tres ocasiones de gol. Hubiese sido un craso error. Llorar es de conformistas y mirar hacia adelante es de emprendedores. Nos encontramos ante un equipo herido y la daga es de doble filo; si caemos en su juego terminaremos por patalear y si terminamos pataleando es que habrá algo que no hemos hecho bien. Y ahora no hay margen para los errores. Tampoco para las excusas.