martes, 26 de abril de 2016

El reto

El punto de no retorno es aquel en el que se ponen en juego las expectativas, se tiran los dados con una probabilidad irremediable de encontrar un número opuesto al de nuestros deseos y se atan los machos bien fuerte porque desde allí no hay marcha atrás. Los retos, llegados al punto de no retorno, son órdagos de puerta grande, cornadas de enfermería o aplausos merecidos porque la mayoría de las veces, la intención brava cuenta mucho más que el resultado.

El resultado es el único objeto de nuestro deseo. El resultado es ese karma que nos aporta el equilibrio suficiente para seguir soñando. Es la llave maestra que nos abre la puerta de la jaula de la incertidumbre. El resultado es la vida y nuestra vida, jugada partido a partido, se pone en venta en cinco jornadas de infarto y una eliminatoria panza arriba contra uno de los mejores clubes de la historia. A este lugar hemos llegado. No hay vuelta atrás. Es un reto extraordinario.

El reto de luchar de tú a tú hasta el final con los dos colosos del fútbol mundial. El reto de poder disputarle al Bayern un pedazo de gloria e intentar devolver una afrenta histórica. El reto de regresar a un Calderón repleto de color y fuego, de gloria y leyenda, de fe y lucha. El reto de seguir creyendo. Porque si se trabaja y se cree, se puede. Porque los retos se logran partido a partido.


martes, 22 de marzo de 2016

Como un barco sin timón

Un barco sin timón tiende a la deriva siempre que la marea venga movida por tormentas. Su única opción de sobrevivir en el abismo marino es la de una calma chicha que le empuje, lentamente, hacia la costa más cercana conducido por la inercia del oleaje. Más allá de los milagros, nada puede hacer la embarcación para mantenerse firme sin un eje sobre el que hacer rotar su movimiento.

El definitivo hundimiento del Real Madrid de Mourinho coincidió con la baja por lesión de Xabi Alonso. El peor año de la historia reciente del Barça coincidió con el momento álgido de dolor de la pubalgia crónica de Busquets. A la Juventus le costó tres meses encontrar un patrón de juego después de perder a Pirlo. Y el Borussia Dortmund dejó de ser realmente competitivo el día que perdió a Gundogan por una lesión de larga duración.

El Atlético, un equipo donde los recursos ofensivos pasan por el engranaje general, ha jugado durante los últimos cuatro meses sin su mediocentro titular. Augusto, cuando las lesiones le han dejado, y Gabi, han cumplido con cierta suficiencia con la labor de ancla, pero si de algo adolece el equipo es de juego estructurado. Teniendo en cuenta de que el problema en la delantera es lo que nos puede lastrar definitivamente, no estaría de más que Tiago regresase en una mínima condición para cumplir su rol y así arreglar, de alguna manera, el grave problema de juego. El problema de ser como un barco sin timón.

martes, 16 de febrero de 2016

Largo recorrido

Me sigue doliendo la derrota en el Camp Nou, lo admito. Me cuesta pasar página. Cada derrota del Atleti se me clava como un puñal dentro del corazón. No sé como se toma el resto del mundo las derrotas de su equipo, pero yo no soy mucho de exteriorizar. Sin embargo, interiorizar me supone un castigo demasiado cruel sobre mí mismo. Durante un tiempo soy capaz de autodestruir todas las ilusiones, creer que la temporada será un desastre y concebir la derrota como el preámbulo de una catástrofe que solamente es cuestión de tiempo que se establezca sobre el equipo.

Toda derrota es un mundo y todo mundo es un camino incierto por recorrer. Me dijeron que nos queda el orgullo, pero, tras una derrota, y a corto plazo, el orgullo es limosna para quien no la necesita. Me dijeron que hemos demostrado que le podemos mirar a la cara a cualquiera y que nos hemos ganado el derecho a soñar porque supimos competirle al más grande. Pero para mí lo más cierto es que llevamos siete ligas sin ganarle al gigante y que, hagamos lo que hagamos, siempre terminamos mordiendo el polvo ante su arsenal incomparable.

Se puede hacer demasiado largo el recorrido teniendo en cuenta que, a cuatro meses vista, quedan pocos objetivos de verdad al alcance y que, el único que aún nos puede hacer soñar, es una quimera casi irreal teniendo en cuenta las bestias que hay en el camino. Alcanzar la tercera plaza está muy bien; sería cumplir el objetivo y asegurarse, un año más, el escuchar la musiquita de la Champions en el Vicente Calderón. Pero aceptar el mínimo es claudicar ante la realidad y reconocer que nos resulta imposible luchar codo con codo contra los dos transatlánticos más poderosos del océano. Y eso, en el fondo, duele bastante.


jueves, 17 de diciembre de 2015

Un Atleti en la élite

Conviene no desviarse del eslógan. La filosofía de partido a partido nos ha sido demasiado productiva como para tirarnos ahora al abismo de los sueños ¿Imposible? Con trabajo y fe, nada. Ya sabemos, si se trabaja y se cree, se puede. Y el esfuerzo no se negocia. La primera premisa por encima de las demás. Con todo, y con el paso de los años, hemos visto al Atleti crecer y crecer y, lo que es más importante, mantenerse en la élite. A pesar del ruido, de los ceños fruncidos, de los millones ajenos y de las palabras que trataban de etiquetarnos negativamente.

Lo importante es no desviarse del camino y asumir que, aunque hemos completado el camino desde la humildad y que no hay que perder la perspectiva, hay que afrontar los retos como lo que son. Ahora estamos en la élite y como tal debemos considerarnos. No se trata de menospreciar a quienes han perdido el estátus o a quienes nunca lo alcanzarán, se trata de afrontar los retos desde la grandeza. Hace tiempo que pedíamos un salto de calidad y ahora que lo tenemos tenemos que asumir que los retos, cuanto más difíciles, más interesantes. Ahora todos nos quieren ganar, todos buscan un plan para jugar contra nosotros, son muchos más los que nos quieren ver perder y muchos menos los que simpatizan respecto a la indiferencia de antes. La grandeza conlleva peajes y como equipo grande hay que asumir que debemos pagarlos.

Un Atleti en la élite es un equipo en octavos de final en la Champions, es un equipo que va a Lisboa a por la primera plaza de grupo y la logra, es un equipo que puede, y debe, mirar a los ojos a los poderosos, mantener intactas las ilusiones de liga al menos hasta febrero, disputar la copa hasta la penúltima ronda y no buscar excusas de mal pagador cuando otro equipo nos pinte la cara porque nos haya robado la ilusión y la fe. No se debe perder la perspectiva, nunca. Pero sí se debe mirar hacia adelante y asumir que la grandeza conlleva una responsabilidad que yo, como aficionado, llevo muchos años deseando asumir.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Confianza

Me extraña la extrañeza ajena. Esta redundancia que puede sonar perogrullera no es sino el síntoma de la presunta anomalía que, según algunos, se ha instalado en el epicentro del Atleti. Hay quien identifica el problema con la solución y se mete en una engorrosa batalla contra la lógica para lograr que los que ahora son unos pocos terminen siendo muchos. Nada haría más felices a algunos que ver al Calderón encendido en armas contra Simeone. Pero creo que, para su desgracia, están picando en un terreno yermo.

Se puede criticar a Simeone. Claro que se puede hacerlo. Es más, considero que la crítica es sana, que ayuda a entender los errores y que impulsa a querer corregirlos. No creo que Simeone esté contento con lo que está viendo y seguramente esté trabajando a destajo para corregir los defectos. Porque los hay. Claro que los hay. El equipo juega mal y ni siquiera transmite la seguridad de antaño a pesar de ser el menos goleado de la liga. Pero no por ello vamos a tirar a Simeone al foso de los leones. Hay un punto intermedio entre la adulación ciega y la crítica destructiva; un lugar donde la fe y la paciencia necesitan reencontrarse. Nosotros ya sabemos lo que el Cholo ha sido capaz de hacer por este equipo. Recordemos que lo resucitó. Que se encontró con un cadáver que no sabía competir ni contra el Albacete y lo convirtió en el equipo más incómodo del mundo. A muchos podía no gustarles, pero el Atleti encontró una seña de identidad. Hacía mucho tiempo que eso no ocurría.

Y si resolvió un gran problema, nada hace indicar que no pueda hacerlo con un problema menor que aquel. El equipo que se encontró no tenía ni alma ni juego, ahora falta el juego, que es mucho, pero al menos mantiene parte del alma que le hizo alcanzar el mayor de los milagros. Otra cosa es que la plantilla de para repetir aquello; pedir un imposible es un arma de doble filo porque si se consigue, volverán a solicitarte el milagro y si no lo consigues, te echarán en cara el fracaso. Divino fracaso el de un equipo que ha vuelto de entre los muertos para codearse con los grandes. Y aun se preguntan por qué mantenemos nuestra total confianza en Simeone.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Sobre bochornos, dudas y divisiones

Según la Real Academia Española de la lengua, en una de sus acepciones, un bochorno es una "desazón o sofocamiento producido por algo que ofende, molesta o avergüenza". Y lo cierto es que visto el partido del Atlético en Astaná, la definición no desentona ni un ápice con los sentimientos experimentados durante y al final del partido.

Es cierto que se ha producido una corriente crítica que choca de frente con otra corriente que defiende el statu quo con pasión desmedida. Ambas corrientes chocan cuando lo más sensato es encontrar un lugar en medio de la confrontación y decir que sí, que desde que llegó Simeone ya no somos la comparsa de antes y que con el Cholo al infinito y más allá, pero que no pasa nada por criticar actitudes, aptitudes y algún que otro planteamiento.

En el peor momento de juego de la era Simeone, estamos en una buena posición para dar el salto. Si cunde la histeria colectiva, es posible que los sueños, como antaño, se conviertan en pesadilla antes de Navidad. El equipo apenas encaja goles y está en la tercera posición de la tabla, a tan sólo un punto del equipo rico de la ciudad. Las sensaciones son malas, los bochornos nos roban el alma y la falta de profundidad nos quita el sueño. Todo es verdad, pero quien sabe si este gol de Griezmann ante el Sporting es el principio de una bonita historia. El equipo necesita confiar y los críticos, que los hay, y con razón, también.

lunes, 2 de noviembre de 2015

La hora de la definición

Vaya por delante que el Atleti aún no me ha convencido del todo este año. Ha habido dos momentos en los que la recuperación de la ilusión se ha instalado en mis esperanzas; una fue en el derbi donde, ante uno de los mejores equipos del mundo, el equipo, lejos de caer en el caos de antaño, tuvo aplomo y nervio suficientes como para empatar el partido y estar a punto de ganarlo. El otro fue el partido frente al Valencia, pero el Valencia estuvo a un nivel tan flojo que me resulta poco relevante medir el juego en función de las prestaciones del rival.

No es negativo, pese a todo, mostrar aplomo y fiereza cuando todos te dan por muerto. El antiguo Atleti, ese que deambulaba por el campeonato antes de que el Cholo llegase al vestuario con su fórmula mágica, se hubiese dejado hundir a las primeras de cambio. No hubiese empatado el derbi y, probablemente, se hubiese dejado empatar en la recta final ante un inoperante Valencia. Es justo decir que sí, que muchas cosas han cambiado y que es por eso que ahora tendemos a olvidar el pasado y exigir en función de nuestro presente.

Es por ello que pedimos una defición al equipo en este arranque dubitativo. No estamos en condiciones de exigir lo imposible; competir con dos transatlánticos con una fueraborda, es poco más que un ejercicio de una herocididad encomiable, pero a lo que sí nos sentimos con derecho es a exigir al equipo que no pierda esa dentellada carnívora que le convirtió en el depredador más temido de la jungla. El primer tiempo en Riazor nos pone en el camino, el segundo, en cambio, nos aleja. El buen ejemplo es el que debe perdurar en la motivación de los jugadores. Los pecados, como se comprobó, siempre conllevan su penitencia.

martes, 27 de octubre de 2015

Encontrar al jugador

Para encontrar un equipo es necesario encontrar los jugadores. Cuando Simeone aterrizó en el Atleti, todos, incrédulos a base de palos y decepciones, dudábamos de que el Cholo fuese capaz de construir un equipo, más que nada porque teníamos serias dudas de que contase con buenos jugadores. Pero aquella teoría fatídica no era cierta, los futbolistas existían, solamente era cuestión de saber encontrarlos.

Por ello, todos fuimos celebrando con alborozo cada vez que un jugador de la plantilla iba dando un paso adelante y se iba convirtiendo en uno de los mejores futbolistas del campeonato. Aquello fue el milagro de los panes y los peces, tal y como lo contamos aquí en su día. Miranda y Godín dejaron de ser un coladero para convertirse en la mejor pareja de centrales de Europa, Juanfran y Filipe dejaron de ser dos timoratos proyectos de lateral para jugar como los mejores extremos, Gabi y Tiago comenzaron a impartir magisterio desde el centro después de haber sido durante la mitad de su carrera dos sospechosos habituales y cada delantero que se iba incorporando al equipo se iba acoplando al sistema cumpliendo a la perfección su función de goleador. Aquel inmenso trabajo de concienciación convirtió a Simeone en un entrenador de leyenda. O al menos, nosotros, así lo percibimos.

El problema surge cuando te arrasan los años o te debilitan el equipo con ventas no deseadas. En los casi cinco años que Simeone lleva al frente del Atleti, se han marchado un portero, un lateral izquierdo, dos centrales, un mediocentro, tres interiores y cuatro delanteros. Hablamos de tipos con mucha importancia en el equipo y un gran impacto en el juego. Si, además, los que se quedan cumplen años y la edad se convierte en un factor contra el que no existe remedio, al entrenador le toca la función de volver a inventarse. Por ello, pese a los inconvenientes, es admirable la labor de Simeone en su tarea continua de encontrar al futbolista una y otra vez, una y otra vez.

Si existen tres futbolistas, por potencial futbolístico, que el equipo tiene obligación de encontrar, son Jackson Martínez, Ferreira Carrasco y Ángel Correa. Uno porque de él dependerán los goles en momentos de necesidad, otro porque de su velocidad dependerán las contras más letales y el último porque aportará la magia necesaria en los partidos atascados. El resto serán los mismos, un portero solvente, dos centrales fiables, dos laterales incisivos, los tres centrocampistas de siempre y Griezmann como auténtica estrella sobre la que orbitar en las grandes noches. Si Simeone vuelve a obrar el milagro y el equipo vuelve a juntarse como un grupo sólido y solidario, el Atleti puede volver a hacer ruido. Mucho ruido.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Volver a empezar

No es sencillo tener que reinventarse. Vivir en la comodidad del éxito es un arma de doble filo; por un lado, cuentas con la ventaja de tener aprendidos unos mecanismos, sabes ejecutar el plan porque lo conoces al dedillo y juegas con el favor del viento porque, pese a la derrota, nadie te echará en cara que no lo hayas intentado. Por otro lado, la continuidad puede conllevar aburguesamiento y ese es un peligro mayor que el de cualquier discurso equívoco.

Durante años, los entrenadores del Atleti han tenido que tragar sapos y justificar sus fracasos ante una afición desencantada. El desencanto, por más que pareciese un castigo a nuestro halo de malditismo, terminó el día que arribó Simeone al puerto del Manzanares. Aún con todo; con su firmeza, su discurso frontal, sus títulos y su comunión con la grada, también ha tenido que tragar sapos, solo que él no tuvo que justificarse porque lo suyo fue trabajar y trabajar. Aún así, hubo de adaptarse a jugar sin Falcao cuando el colombiano se había convertido en su depredador favorito. Hubo de adaptarse a jugar sin Diego Costa cuando el brasileño le había otorgado los goles más decisivos de su carrera. Y ha de adaptarse a jugar sin Arda Turan pese a que el turco era el socio preferido de todos.

Todo cambio es traumático. Quien no puede conservar sus mejores materias primas ha de improvisar un producto nuevo una y otra vez. Conseguirlo es mérito de todos. Del entrenador por saber conservar el discurso y de la plantilla por saber adaptarse a las circunstancias. En ese proceso se encuentra este Atleti, otra vez en obras. Nuevos jugadores, nuevo sistema y una llama de ilusión que, al haber ardido en lo más alto del olimpo, ahora no quiere apagarse ni aún en la más atemorizante de las dudas. Nos toca volver a empezar. Y nos toca volver a esperar.


jueves, 24 de septiembre de 2015

No entienden nada

Se empeñan en dibujar un sentimiento que nunca han entendido, en dibujar un camino que difiere de su unilateralidad, en dictar normas morales que no caben en su código ético, en ensombrecer nuestros logros porque no saben lo que cuesta pelear desde abajo, en manchar nuestras victorias porque no conocen el precio del sudor, en moralizar nuestras derrotas porque creen que atentamos contra sus intereses.

Lo que realmente les pasa es que no han sabido digerir los cambios de dirección. Hace años, cuando el rival ciudadano era comparsa y ellos dueños de la galaxia, la palabra derrota les sonaba a chiste facilón. No contentos con ello, nos veían pasar con chufla cada vez que, sorpresa mediante, le quitábamos dos o tres puntos a su máximo rival. "Nos regaláis doce puntos cada temporada", nos decían. Y teníamos que soportar su sonrisa chulesca, su gesto de chufla y sus ademanes de prepotencia.

Todo el mundo sabe lo difícil que es lidiar contra el mejor futbolista del mundo. Ellos, que se pavonean de haber descubierto la fórmula mágica, aún no han sabido explicar como ese tipo al que, según ellos, no damos patadas, les ha enchufado más de veinte goles en los últimos ocho años. Ellos, que enjuician por resultado antes que por pronóstico, ya que el fantochismo lo guardan para su propios minutos de gloria, no han sabido comprender que en fútbol, más allá de las propuestas, suele ganar el que mejores futbolistas tienen. Nos hacen querer creer que no somos exigentes y no entienden que la exigencia es una premisa que no espera tras las esquinas. Partido a partido y si hay que contar las cosas como son se cuentan. Lo peor es inventar un argumento sin haber visto la película.

martes, 15 de septiembre de 2015

Alternativas

El mejor atlético de Simeone fue aquel que tuvo varias alternativas en ataque. Cimentado el centro del campo por Arda, Tiago o Mario y Gabi, con Diego primero y Koke después, el equipo supo ejecutar un juego de ataque certero porque contaba con los futbolistas precisos para concretar el plan predefinido.

Pero la verdadera distinción del equipo se dio en la zona de ataque. Durante el primer año, Adrián y Falcao formaron una pareja excelente porque de la generosidad de uno se aprovechaba la voracidad del otro. Después llegó Diego Costa y Falcao pudo jugar aún más cómodo porque el brasileño le habría todos los huecos del mundo en su camino hacia el área. Tanta movilidad le ayudó a Costa a aprender el oficio y, cuando Falcao voló al mundo de los euros, fue él quien se echó a la espalda la responsabilidad goleadora y sus goles, decisivos como pocos, nos pusieron de cara para completar el mejor año, probablemente, de nuestra historia.

El problema de adquirir vicios es que, cuando te acostumbras a una forma de vida y la vida te funciona mejor que nunca, cuesta reconocer que, ante la falta de un elemento, el estilo puede continuar siendo el mismo. Con el cambio de cromos de Costa por Mandzukic, el equipo perdió presencia porque perdió velocidad, resistencia y habilidad. Fue cambiar a un legionario por un rematador. Y sin embargo, el equipo quiso seguir jugando a lo mismo. Cuando varió el plan y alcanzó el ataque desde la banda, Mandzukic obró milagros porque en el remate es un tipo solvente, pero cuando había que buscar el juego directo, el equipo se desquebrajó y perdió el norte cuando más lo necesitaba. Ni encontró el juego, ni encontró la resolución. Había adquirido un vicio y no fue consciente de que habría de haberse reconducido. A pesar de tener a Griezmann como estilete, el centro del campo, en incluso la defensa, adquirió la fea costumbre de buscar siempre al punta y el punta no supo corresponder como su antecesor.

La primera premisa para este año ha sido la de variar el estilo. Con un centro del campo reinventado con la presencia de Oliver y la jerarquía de Koke, Simeone puede buscar varias alternativas en el ataque, para ello contará con Griezmann como fijo porque Griezmann es un tesoro de valor incalculable. Para acompañarle tiene la potencia de Jackson, probablemente el futbolista de la plantilla más parecido a Costa, la fe indestructible de Torres y la pillería y canchería de Vietto y Correa. Para revolucionar los partidos, además, cuenta con la habilidad a mil por hora de Yannick Ferreira Carrasco. Viendo como funcionó la defensa en Sevilla, si el engranaje en ataque termina de completarse, este reloj puede volver a funcionar muy bien.

lunes, 27 de julio de 2015

Un paso adelante

El movimiento se demuestra andando y la personalidad se demuestra liderando. Para hacerlo, no basta con una palabra vacía y un acto de cara a la galería. La demagogia es una vía de escape tan peligrosa que se corre el peligro de caer en el pozo de la ira una vez se ha demostrado que, cuando hay que dar el callo, no sirven las excusas de mal pagador.

Los valientes de distinguen del resto por su proposición de mirar siempre hacia adelante, de tomar las riendas de la situación y de hacer ver a sus compañeros que sobre sus espaldas caerán las responsabilidades. Será la mano amiga que ayude a empujar en los momentos difíciles y el barco sobre el que navegar cuando la corriente corra a favor.

Durante este último lustro ganador hemos visto al equipo aferrarse a la inteligencia táctica de Tiago y al coraje pasional de Gabi. Ambos, polos opuestos en lo futbolístico pero abrazados a una misma causa en lo sentimental, han sujetado al equipo por los pies y lo han armado por la cabeza. Sin ellos, el sentido y la sensibilidad, el Atleti no hubiese cuajado ni la mitad de sus mejores actuaciones. Pero a ellos se les acaba la gasolina; los años, ese desgaste conceptual que nos deja tirados en cada esquina cuando menos lo imaginamos, han terminado por situarlos en la normalidad. Ya no son los dos tipos excepcionales bajo cuya tutela el equipo gobernaba a su manera. Ahora es el turno de otros. Es la hora de que los que vienen por detrás den el paso adelante y se conviertan en los líderes que el equipo necesita.

Mirando hacia detrás aparece el nombre de Koke Resurrección como auténtico captador del relevo generacional. Durante años, Koke se ha pulido en el centro del campo asumiendo el rol de magnífico coéquipier. El chico que lanzaba los córners, el que daba el úlitmo pase, el que asumía la conducción en los metros finales. Pero tras tres temporadas como titular indiscutible a Koke se le pide algo más. Ahora que Tiago y Gabi piden aire, Koke es el tipo que tiene los pulmones bien cargados. Le toca dar un paso adelante, asumir la dirección, tomar la pelota y asumir que, ahora sí, todo el juego del equipo debe pasar por sus pies. Eso es lo que se conoce como liderazgo.

lunes, 20 de julio de 2015

Los adioses

Se marchó Mandzukic, el tipo que corría con el alma y no sabía que acelerar era cuestión de condiciones. Peleaba, saltaba, remataba y cumplía como un profesional, pero no supo borrar de nuestros corazones el halo de recuerdo que nos habían dejado Falcao y Costa. Nada que reprocharle, mucho que agradecerle, poco, en realidad por lo que recordarle. Cuando el equipo necesitó el gol decisivo en el momento clave, el croata estuvo para lo grueso; presionar, aguantar, correr..., pero no para lo fino; decidir. Se echará en falta su voluntad, pero nos engañaríamos si dijésemos que moriríamos por volver a verle vestir de rojiblanco.

Se marchó Miranda, el hombre que nos devolvió la sonrisa, el hombre que nos resucitó el orgullo, el hombre que nos dio el corazón. Nadie podrá olvidar aquel diecisiete de mayo y aquel testarazo cruzado a la salida de un córner. Nadie olvidará jamás sus cruces elegantes, sus mano a mano contra los mejores, sus pequeñas victorias en el borde del área grande. Nadie olvidará jamás recitar de memoria aquella pareja de centrales formada por Godín y Miranda porque en ella vivió la parte más esencial de los éxitos. Un muro en el norte que ningún caballero blanco osó atravesar porque allí habitaban sus guardianes y su Lord Comandante, dirigiendo con una sonrisa y una samba sonando en sus oídos.

Y se marchó Arda, con la sonrisa a otro lugar, con el despecho en el rostro, con la desfachatez en la mirada. Se fue con su talento, su culo pegado al estómago del rival, con esa manera suya de sujetar el balón, con esa suerte de regate hacia afuera tan característica. Se fue el artista turco, el hombre de la barba poblada, la mirada espartana de un gladiador sin fuste pero con mucha presencia y trabajo. Triunfó porque supo escuchar, porque supo acceder, porque supo consentir. Y, sobre todo, porque supo jugar. Se marcha y todos le hemos declarado enemigo público número uno sin volver a caer en la cuenta de que allí arriba siguen viviendo dos tipos que juegan al monopoli con el equipo cada verano. Esos dos tipos que, verano sí y verano también venden siempre, y por decreto propio, al mejor jugador del equipo.

miércoles, 8 de julio de 2015

Bloquear por sistema

Érase un hombre malo que prostituyó un club. Un hombre sin escrúpulos que jugó a ser Dios y fue frenado en seco por los poderes tácitos. Un tipo sin conciencia ni remordimientos que engañó a una masa, jugó con las ilusiones de un millón de infelices y se tiró de cabeza sabiendo que abajo le esperaba un colchón de billetes. Cuando los billetes y el club se fueron al garete, los tribunales dictaron sentencia en contra, pero para entonces la llama de la ilusión se había apagado, el club, usado como un juguete, agonizaba y el delito ya estaba prescrito por lo que el tipo y su hijo pudieron seguir jugando a policías y ladrones como si nada hubiese pasado.

Érase un grupo de tipos que pusieron el sentimiento por delante y el pasado como representación. Un equipo de valientes que se juntaron en sociedad y miraron al futuro mientras otros derivaban continuamente en el presente. Una panda de hombres con afición por la legalidad y lágrima fácil por el valor de su equipo. Una gente que denunciaba lo que consideraba ilegítimo y luchaba ferozmente contra los elementos. Era una asociación que, a base de señales de humo, le iba gritando al mundo las veleidades del gilismo mientras el mundo giraba el viento para apagar su lágrima y su voz.

Y érase un tercero en discordia, un cuarto poder con pocas ganas de contar la verdad y sí de seguir alimentando mitos cargados de mentira. Estómagos agradecidos que paseaban su pluma para dar sesiones de baño y masaje a los que mandan y que, cuando veían como los chicos de "Señales de Humo" se esforzaban en su lucha en favor de la justicia, se arremangaban con ahínco antes de coger su pluma y escribir, con premeditación y alevosía, que el trabajo de la poco agradecida oposición al poder no consistía en otra cosa que no fuese el "bloquear por sistema" el buen rumbo de la nave. Una perniciosa manera de decir que les sigue interesando un Atlético a punto de derrumbarse que un verdadero y molesto rival para el gigante que lo acapara todo.

lunes, 1 de junio de 2015

Calma tensa

Resulta inquietante esta calma tensa en el Atleti durante estos días. Resulta inquietante, más por novedoso que por preocupante, esta falta de noticias de empaque, rumores y ventas de humo tan habituales por estas fechas porque a los estómagos agradecidos les gusta sobar la espalda de sus cómplices y filtrar nombres de mentira con el objetivo de aumentar el número de fieles.

Resulta inquietante que no se hable de nombre ni se aluda a los hombres en estos días en los que no existe nada que contar. Toda poca información se esconde en títulos ajenos, finales próximas y cambios de entrenador de equipos más mediáticos. Me mosquea que no se cite a nadie cuando sobrevuela tras las orejas la duda de una posible sanción.

¿Acaso saben ellos algo que no nos quieren contar? ¿Quizá conozca la inquietud de la junta directiva? ¿Será verdad que la prioridad del consejero delegado es cerrar el pelotazo vendiendo su paquete a Wang Jianlin? No sé. A lo mejor me he acostumbrado tanto a la mentira durante todos estos años que al final, cuando viene un verano y no aparecen los rumores infundados, me siento con la mosca tras la oreja. Nos han convertido en esquizofrénicos. Tanto silencio, tanta calma tensa, nos hace pensar lo peor.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Objetivo cumplido

La temporada no ha sido tan mala como algunos agoreros del régimen supremo nos quieren hacer creer. Es más, la temporada, en términos cualitativos, ha sido magnífica. Ya lo dijo Simeone; "la temporada posterior a haber ganado es la más difícil". No sólo hemos tenido que competir contra dos monstruos casi inalcanzables, sino que hemos tenido que competir contra nuestra propia exigencia, algo muy difícil de soportar cuando sabes, de antemano, que saldrás a la palestra con peores efectivos que los que tuviste el curso anterior.

Griezmann ha supuesto una grata sorpresa por su capacidad para jugar sin balón y para filtrase entre líneas para desconcertar al centro del campo rival. Su aporte de goles ha sido notable y de su inspiración hemos vivido durante los partidos más trascendentales; aquellos en los que, en una segunda vuelta donde ya se nos empezaba a ver el cartón, nos aseguraron victorias poco brillantes pero muy edificantes. Con todo, al galo le faltó un socio contundente de verdad. Si el año pasado fuimos campeones fue porque durante muchos momentos clave apareció el huracán Diego Costa para arrasar con toda la defensa rival. Ni Mandzukic ni Torres están ahora mismo para semejante menester.

El juego ha ido de más a menos. Durante el primer tercio de temporada el equipo adolecía de gol pero dominaba los partidos desde la posesión de la pelota. El punto de inflexión se produjo en el enfrentamiento liguero contra el Real Madrid. Después de aquel cuatro a cero nada sería igual. Lo que parecía el repunte definitivo se convirtió en el canto del cisne del equipo. A aquella victoria le siguió una derrota en Vigo y aunque el equipo no volvió a perder hasta enfrentarse al Barcelona, lo cierto es que el juego dejó muchísimo que desear. Con todo y gracias a la firmeza defensiva y los goles de Griezmann en los peores momentos, el equipo ha conseguido apuntalar la tercera plaza lo que para mí significa objetivo cumplido.

lunes, 25 de mayo de 2015

La sombra de una duda

Durante las últimas semanas se han disparado los rumores sobre una posible sanción de la FIFA al Atlético de Madrid. Sin que los periodistas, siempre afines al régimen como buenos estómagos agradecidos, ahonden en la culpabilidad de la imposición de susodicho castigo, la duda es si tras el dictamen del mismo el equipo recibirá sanción disciplinaria a solventar con multa económica o, como muchos nos tememos, la sanción impedirá al equipo fichar durante dos mercados consecutivos.

De ser así, no cabría peor noticia sobre las aspiraciones del equipo. Sería un misil en plena línea de flotación. Nos vendríamos abajo sin remedio porque al equipo le sobra intensidad y carácter pero le faltan fútbol y gol. Por ello, el volver a competir con el mismo equipo mientras el resto de rivales se reforzasen con jugadores con más calidad, juventud y brío sería como ir con un Seiscientos en una carrera de Ferraris. El conductor puede poner todo su empeño, pero el coche da de sí todo lo que puede.

El equipo ha competido bien hasta donde ha podido. Teniendo en cuenta que lo logrado el año anterior se acerca más al milagro que a lo habitualmente plausible y que, por añadido, el grupo ha sido peor porque no ha repuesto tres piezas clave, toca analizar, en serio, cuales son las necesidades del equipo de cara a la próxima temporada si es que queremos mantener el nivel y codearnos con los mejores. Un lateral izquierdo, dos centrocampistas y un delantero. Eso como mínimo. Y un central competente si, como casi todos creemos, terminan vendiendo a Miranda. Las necesidades son amplias y el caramelo del Atleti, ahora, es jugoso. Pero si la FIFA termina dictando en nuestra contra volveremos, como años atrás, a ser la golosina amarga que ningún niño quiera probar.

lunes, 18 de mayo de 2015

Ganar por necesidad

Anduvieron durante semanas, con su habitual costumbre de creerse el ombligo del mundo y despreciando al rival que tendrían enfrente, creyendo que sería el Atleti el juez de una liga que quien la gana lo hace por méritos propios y no por que otros hagan regalos al portador. Anduvieron durante semanas asegurando que sus puntos estaban contados y que sus victorias estaban cantadas de antemano y creyeron que el Atleti debía ganar por obligación cuando, en realidad, había de hacerlo por necesidad.

Ambos, unos por exceso y otros por defecto, subestimaron a un Valencia que andaba como una moto y que venía demostrando que sus méritos para ser tercero no es una milonga contada en una siesta levantina. El Valencia es un equipo férreo, apto para la alta competición y con el insultante descaro que le aporta la juventud. El Madrid le creyó muerto antes de tiempo y solamente pudo rescatar un punto que le aleja de la liga. El Atleti, por su parte, de tanto caer en sus propia desidia y penalizado por la falta de acierto, mira con el rabillo del ojo como se le acerca por la derecha un equipo con serias aspiraciones a pegarle un adelantamiento de los de época. Tras dos empates deshonrosos, ayer contempló como el Barça le devolvía la moneda un año después proclamándose campeón en su campo. Lo que hace un mes deberían haber sido vacaciones de primavera sigue siendo una recta final interminable con la lengua fuera y el aliento regando el aire por agotamiento.

Así llega el Atleti a la última jornada. Con las probabilidades intactas, con el miedo a perder metido en el corazón de cada futbolista, con el fatalismo histórico rondando por la cabeza de cada aficionado y con la virtud de depender de sí mismo para conseguir un objetivo bastante aplaudible. Ser tercero con una barcaza de pesca detrás de dos yates de lujo es un logro destacable por más que muchos se empeñen en juzgar al campeón como favorito. Los milagros no se repiten muy a menudo y el nivel de exigencia siempre debe estar acorde al nivel de la plantilla. Se llegará así a Granada, ante un equipo que se juega la vida y mirando de reojo a lo que pueda hacer el Valencia en Almería. La ventaja es saber que si los chés hacen sus deberes, quizá al Granada le baste un empate. El Atleti con un punto podría ser tercero. Pero a todo esto se le llama especular y yo prefiero hablar de fútbol. Aunque lamentablemente, en este Atleti de final de temporada se esté hablando de mal fútbol.


lunes, 4 de mayo de 2015

La que has liado, Cholo

La que has liado, Cholo. Te encontraste a un equipo que no molestaba; un cadáver eliminado de copa por un segunda B, un equipo que deambulaba en la parte baja de la tabla sin entender cual era el significado de la palabra competir, un grupo de futbolistas infravalorados que no creían en sí mismos, una historia reciente trufada de séptimos puestos y un par de malos trancursos por la liga de campeones. Y tú lo recuperaste. De ser plato de mofa a campeonar en casa del enemigo, de no saber competir a aprender a sacar los dientes sin miedo al rival, del lugar donde los futbolistas no se creyesen nada hasta conseguir que jugasen como guerreros, del séptimo puesto a campeón de liga, de no saber qué significaba la Champions a jugar una final. La que has liado, Cholo. Te encontraste un equipo que no molestaba y ahora tu equipo es el mayor furúnculo en el culo de los poderosos.

La que has liado, Cholo. Ha bastado un mal partido, un mal planteamiento para que se abra la barra libre de hostias en tu contra. Te dan los ajenos, aquellos que dicen no disfrutar el fútbol de tu equipo porque para ellos era más fácil sumar año tras año, hasta catorce, con la sensación de no sentir miedo por el Atleti y ganar, casi sin jugar, cada derbi. Para ellos era muy fácil volver el lunes a la oficina y seguir mofándose de nosotros. Tú les cabreaste, tornaste los debates de barra de bar y del equipo que decían era un bisoño sin dientes, de repente tuvieron que reconocer, eso sí, por lo bajini, que había aprendido a morder. Y te dan los propios, aquellos gañoteros vendidos al poder que buscan la quimera de volver a la grada contra tí porque dicen que los tuyos, o sea, nosotros, hemos dejado de creer en tí. Pobres Judas de la ignorancia. La que has liado, Cholo. No solo les enfadas cuando ganas, ahora también les enfadamos cuando pierdes.

La que has liado, Cholo. Te tildan de defensivo cuando tu equipo ha jugado muy bien docena y media de partidos muy importantes. Cuando nunca has negociado jugar con menos de dos delanteros y menos de dos centrocampistas de creación. Te tildan de mal estratega porque un día tu plan no salió. Te recuerdan un acoso infinito cuando nadie va a recordar que antes de la expulsión tu equipo, aún no jugando bien, estaba tan cómodo como un vago en un sofá. Te dicen que tu equipo es inferior cuando han necesitado ocho partidos y un cuarto de hora contra diez para ganarte por uno a cero. Restan valor a tus méritos como si cualquier año cualquier equipo es capaz de ganarle una liga a dos colosos que cuadruplican su presupuesto. La que has liado, Cholo. Les molestas tanto que ya han empezado las hostilidades. Si eres fuerte y si los que mandan en tu club no siguen disparando a tus pies cada verano, conseguirás que sus bocas sigan escupiendo espuma. Porque los que antes se reían de nosotros, ahora nos insultan. La que has liado, Cholo. Lo que has conseguido, Cholo.

lunes, 27 de abril de 2015

Otra vez

Otra vez. La rabia contenida en el filo de la garganta, las ganas de llorar, el aire que entra a trompicones por la boca, el corazón apagado, la tensión hirviente, la cabeza deseando una revancha y la mente jugando partido de nuevo, una y otra vez. Pero nunca cambia nada. Ni con pelota ni sin pelota. Otra vez volvío el Atleti. El viejo Atleti.

Otra vez. Dando vueltas en la cama sin encontrar la postura, recordando los goles del pasado para curar las heridas del presente. Aparece el cabezado de Miranda e inmediatamente, también, como una pesadilla, el de Ramos cuando ya tocábamos el cielo con las dos manos. Las ganas de revancha, el miedo a perder. Ahí, creo, se resumió todo. Regresó el miedo a tocar el cielo. El reto vino grande. El plan no funcionó. O, simplemente, no hubo plan.

Otra vez. Los días postpartido en la oficina aguantando chanzas. Las mañanas de ausentismo mental intentando programar el final de un día que no llega. El deseo, insano, de que alguien les meta mano en la semifinal y se callen de una vez la boca. No me siento bien por ello. Respiro. Y otra vez vuelve el tormento de saberme inferior cuando ya creía que habíamos superado el abismo. De nuevo a remar. De nuevo a intentar demostrar que sí, que hemos vuelto. Aunque para ello haya que volver a intentar la imposible y codearse, siendo pobre, con los más ricos.