miércoles, 27 de febrero de 2019

El no fútbol

El no fútbol es todo aquello ajeno al juego que genera ruido mediático a los que prefieren el morbo al análisis sintáctico. El no fútbol simplifica las cosas y separa el grano de la paja; todos aquellos adscritos a los preceptos del no fútbol jamás sabrán mirarte a los ojos para contarte una verdad, porque ellos preferirán vivir siempre en la mentira y, siempre, al tanto de la absurdez.

No me gustó el gesto de Simeone, igual que no me gusta la actitud defensiva que ha tomado el club en su cuenta de Twitter, pero no me gustaría perder más de un minuto hablando de ello. Entiendo que el primero fue un impulso conducido por el estado de emoción y lo segundo es una manera de hacerse ver ante los poderes fácticos. Punto y final.

El problema es que lo que los demás quieren que seamos es lo que han decidido que somos. Si algo desterró el cholismo fue el victimismo y si algo ha ensalzado ha sido la competitividad. Ni somos llorones ni somos macarras; bueno, lo úlitmo igual sí, pero macarras con ganas de molestar, no macarras con intención de dañar. Y por lo que se ve sí, molestamos. Y bastante.

lunes, 25 de febrero de 2019

Morata quiere

Los debates duran lo que tarda la realidad en poner las cosas en su sitio. Durante días, casi semanas, estuvimos dándole vueltas a un tema que, antes de concretarse, ya sabíamos que nacería torcido. Y lo sabíamos porque tendemos más a leer lo que dicen de nosotros que lo que pensamos nosotros mismos. Es el pecado capital del aficionado que pasa el día constantemente mirando detrás de su espalda. Nosotros somos de mirar hacia adelante, nuestro barco es el Atleti y, nos gustemos más o menos, todos formamos parte de la tripulación.

A Morata ya le habíamos sentenciado antes de verle jugar. Es el problema de juzgar mediante prejuicios. Estuvimos analizando su pasado, aniquilando su presente y dejándole sin futuro porque, según algunos, era un madridista que venía a quitarle el puesto a las promesas de nuestra cantera. La realidad es que Morata es un delantero contrastado, que ha jugado en la élite de la élite y que, para los envites de verdad, tiene mucho más cuajo y experiencia que cualquiera de nuestros canteranos.

Esto no quiere decir que haya que dejar de lado a los canteranos. Nadie más que yo ha defendido, siempre, el necesario trabajo que hay que hacer en la cantera, porque allí no sólo se fabrica el talento, sino también el sentimiento. Pero lanzar a los leones a chicos sin experiencia es mandar a la hoguera a inocentes sin pecado. A ellos les toca crecer poco a poco y, sobre todo, aprender de las actiudes de los jugadores a quienes deben ganar el puesto. Morata lleva cinco partidos con nosotros y no ha dejado de pelear, de iniciar contragolpes, de pegarse con los defensores y de tirar desmarques. Ayer, tras marcar su primer gol con el equipo, el estadio se lo agradeció con una ovación atronadora. Y es que, al final, quien termina agradando no es sólo quien puede sino también quien quiere.

jueves, 21 de febrero de 2019

Volvió el Atleti

Volvió el Atleti; el de la pierna fuerte, el de la ilusión intacta, el del trabajo, el de la fe, el de la posibilidad, el del cuchillo entre los dientes, el del juego directo, el de la defensa de hierro, el del centro del campo plagado de minas, el que engancha con la grada, el que vuelve a recordarse a sí mismo que ganar pasa por no perder la esencia.

Volvió el Atleti; el del gol por insistencia, el de la victoria trabajada, el del paradón nuestro de cada día, el de los laterales incisivios, el de la vieja guardia, el de los atributos de un entrenador que pierde la cabeza con la euforia, el que le muestra al mundo que cuando aprieta los dientes es el hombre del saco, el que dicta el ritmo del partido porque se juega a lo que él quiere.

Volvió el Atleti; el que quiere aspirar a todo, el que huye de malos farios, el que señala a los dudosos, el que viste de orgullo a su gente, el que pelea cada pelota, el del centro del campo con chicos de la casa, el de los uruguayos, el del francés guerrillero, el del animal con el número diecinueve, el Atleti del Cholo que nos sacó de la letanía y nos llevó de nuevo a creer. Y en la fe persisten nuestros sueños. Queda un partido de vuelta, queda un mundo por sufrir, pero queda para siempre la impresión de que el Atleti es más que favorito cuando quiere parecerse a sí mismo y no a lo que quieren que se parezca.

miércoles, 20 de febrero de 2019

En japonés

Que el Atleti lo tiene en japonés todo el mundo lo sabe. Se enfrenta al ganador de las últimas siete ligas italianas, con dos finales de Champions en el último lustro y con el brillo latente de un goleador imperecedero como es Cristiano Ronaldo. Un bloque firme y sólido que no pierde la compostura y que sabe ganar por insistencia antes que por aplastamiento. De lo peorcito que le podía tocar en el sorteo.

Ahora bien, existe una extraña sensación dentro del sentir rojiblanco que indica que ellos tampoco lo tendrán fácil. Que pueden ser los favoritos, que pueden traer todo el glamour del mundo y que pueden lucir estrellas en el pecho que causen admiración, pero que, en el fondo, seguimos creyendo que, un día de estos, volveremos a ser un ejército, volveremos a hacer que los astros se unan y volverá a estallar en el cielo una pasión en rojo y blanco.

Lo tenemos en japonés, habremos de buscar traductor, entender el idioma y contestar como merece la competición. Claro que no va a ser fácil, nadie dijo que lo fuera, pero si existe un tipo que nos ha hecho creer y le hemos seguido ciegamente hasta aquí, no vamos a detener el tiempo para lamentarnos antes de tiempo. Para llorar habrá tiempo, quizá mañana, quizá el mes que viene. Ahora toca jugar y toca querer ganar.

lunes, 18 de febrero de 2019

La identidad

La identidad es el continuo camino de regreso a casa, es el legado que debe permancer, el tesoro que se debe conservar, el continuo desafío que se debe buscar. La identidad te ofrece un lugar de seguridad, un motor de acción, un objetivo para fabricar ilusiones. Porque los sueños están hechos de certezas y el Atleti de Simeone, hasta hoy, tenía una certeza por encima de las demás; era un equipo incómodísimo para el rival.

Si perdemos la intensidad lo perdemos todo. Si dejamos que el rival nos rompa líneas con facilidad, si dejamos de topar en el medio, de meter la pierna con fe, de saber que el estilo pasa por apretar los dientes, nos convertiremos en el equipo más previsible del mundo. Vale que le tengamos que dar la razón a los que dicen que no tenemos plan de ataque; allá ellos, pero no podemos dejar de presumir de nuestro rocoso plan defensivo. Abocarse a Oblak o a la pareja de centrales no es la mejor situación para soñar en grande.

Durante los últimos partidos nuestra línea media ha parecido un grupo de hermanitas de la caridad. Dejan jugar, dejan tocar, dejan que el balón se cuele entre líneas y allí, en el lugar donde correr contra la espalda supone encontrar la precisión continua, te expones a un contínuo cara o cruz donde a nuestro portero le da por ganar batallas mientras el equipo se centra en la guerra. La identidad por delante y el resultado siempre como consecuencia. Las premisas están claras: trabajo, fe y esfuerzo. Es el Atleti del Cholo, nos puede gustar más o menos, ese es otro debate, pero con estos preceptos, cuando hemos sido un equipo identitario hemos sido un equipo muy muy difícil de ganar.

jueves, 14 de febrero de 2019

Una década

Hace siete años el Atleti era uno de los mayores desastres deportivos existentes. Acuciado por las dudas constantes, quemaba proyectos y destrozaba jugadores al ritmo frenético que imponían su exigencias. Derrotas vergonzosas y actuaciones hirientes, provocaban que siguiesemos siendo, una y otra vez, la chanza recurrente de cada lunes.

Hace siete años Simeone cogió a un equipo en ruinas y lo llevó a competir contra los mejores. De ver la Champions en la tele a jugar dos finales, de acabar a treinta puntos del primero a ganar la liga, de ser comparsa a convertirse, por primera vez en mucho tiempo, en la mosca cojonera que les tocaba las narices a los dos grandes.

Siete años después, Simeone ha alargado su compromiso hasta 2022, lo que implica que completará, si todo rueda como creemos, una década al mando del club. Una década en la que ha cambiado el juego, la fe y la ambición. El Atleti, con Simeone, ha encontrado algo que parecía imposible y es un estilo propio. Ya no da bandazos; tiene decepciones, porque el fútbol es puñetero y seguimos siendo pobres respecto a los muy ricos, pero es un valor seguro de competitividad. Una década para decirle al mundo que si se trabaja y se cree, se puede.

martes, 12 de febrero de 2019

Basura informativa

A todos nos roban y a todos nos benefician. Desde esa premisa, voy a empezar a escribir mis tribulaciones sin que se llegue a pensar que busco algún tipo de excusa. Si me escapo por caminos serpenteados es porque hasta allí nos han llevado los camiones de la basura; allí, hacia ese descampado lleno de mentiras y medias verdades donde la podredumbre se vende y la sensatez se tritura.

No fue culpa del VAR, dijo Simeone. Correcto. Hay que buscar el problema interno antes que patalear por los externos; ni supimos imponer el juego ni supimos contrarrestar el suyo ¿Resultado? Derrota, una vez más, pero los pregoneros de la extremaución se han precipitado en hacer análisis en base a resultados desde el mismo lugar donde hace poco más de un mes nos vendían las palabras dirigidas a un tal José Luis.

No nos engañemos, las decisiones arbitrales, VAR mediantes, fueron catastróficas para nosotros. El problema no es que se equivoquen, el problema es el trato que mereces según quien seas. Estuvimos semanas debatiendo por una jugada en la que el portero tocaba el balón. Y así, de esa manera, puedo compartir el análisis del entrenador, pero también puedo entender a todos aquellos que se quejan. Porque al final nos han convertido a todos en cómplices y vícticmas de la basura informativa.

viernes, 1 de febrero de 2019

Partido clave

Existen momentos trascendentales a lo largo de la temporada. Partidos que, a priori, pueden parecer de normal importancia pero que, en un análisis más profundo, resultan de una necesidad casi vital. Porque marcan a fuego el futuro y ponen al equipo en el verdadero lugar de las pretensiones. El Atleti se juega algo más que la vida en el Villamarín, se juega afrontar el derbi con garantías y, de paso, no llegar a la eliminatoria contra la Juve en una situación de todo o nada.

De ganar, la fortaleza mental seguirá intacta. Estará en opciones de mantener la distancia dependiendo de lo que hagan Madrid y Barça, de seguir en la pelea, de poder seguir soñando con todo. De perder, entrarán las dudas y el Madrid, que ha cogido carrerilla, llegará al Metropolitano con la opción de morder y sacar sangre. Y eso, admitámoslo, sería terrible.

Y no será fácil. El Betis es, probablemente, el equipo más imprevisible de primera. Es capaz de asaltar el Camp Nou con una exhibición de fútbol y caer estrepitosamente contra el rival más sencillo. Si hablamos de motivación, este es un partido especial para ellos porque será un choque de estilos y tienen la opción de demostrar que el suyo es el estilo más válido. Solemos sufrir mucho contra equipos que tienen el balón porque tendemos a la reculación. Mucho más si nos adelantamos pronto. Será importante contar con jugadores veloces para saber controlar las contras. Alguna tendremos, seguro, y será de vital importancia saber aprovecharla.

martes, 29 de enero de 2019

Atléticos somos todos

Podemos ser más altos, más bajos, más rubios, más morenos, hombres, mujeres, sentimentales, pragmáticos, soñadores o irreverentes. Podemos ser de aquí, o de allí, podemos permitirnos viajes o no podemos permitirnos un abono, podemos gritar un gol o guardar silencio en una derrota, podemos sacar pecho con orgullo o dejar volar la ensoñación mientras entonamos el irreversible "otra vez será". Podemos asimilar la derrota, aprender de la victoria, pavonear, sumar, restar, dividir, multiplicar. Podemos perder y podemos ganar.

Nos puede gustar Morata más o menos, nos puede doler en el alma su pasado o nos puede dar absolutamente igual, podemos admirar al Real Madrid y sentir indeferencia o podemos cambiar nuestro ánimo cada vez que le vemos ganar, podemos odiarlo profundamente o podemos ningunearlo en la palabra, podemos amar al Cholo, podemos criticarlo o podemos endiosarlo, podemos repetir mantras o resucitar fantasmas. Podemos hablar y podemos callar.

No me gustan los repartidores de carnets. Estoy seguro de que a muchos de ellos no les gusto yo. Da igual, mi afición al Atleti no es por ellos sino por el equipo. Cada uno tenemos nuestra situación y cada uno tenemos nuestro sentimiento. No voy a entrar en valoraciones personales; aquí, cada uno, es capaz de hacer renacer sus propios espectros. A mí Morata me parece un jugdor válido como a otros les parece una ofensa. Bien, les entiendo. Pero, más allá de valoraciones en caliente y análisis sectarios, hay una cosa en común que nos une a todos y es que todos queremos que gane el Atleti. Porque aquí, de una manera u otra, cabemos todos, porque Atléticos somos todos. No existe una única manera válida de ser de un equipo.

viernes, 25 de enero de 2019

La plaga

Nos acecha una plaga. Nos encontramos en una situación crítica en la que empezamos a jugarnos las castañas y los futbolistas van cayendo como moscas. Primero atacaron a la zaga, después la operación de Diego Costa y ahora es el centro del campo el que se ve mermado. Será un once de circunstancias y enfrente estará el Getafe, un equipo que no regala caramelos.

Las circunstancias, a veces, son una auténtica putada. Acabamos enero vivos en liga y fuera de copa y lo terminamos, además, de la peor manera. Simeone se verá obligado a echar mano del magnífico filial que tenemos pero estos chavales, apuestas de un futuro halagador, son sólo promesas a las que no se puede exigir que carguen sobre sus hombros la responsabilidad de pelear una liga.

Volverá Lucas al lateral, volverá Juanfran al interior y volverá, problemente, Borja Garcés a la delantera. Un equipo casi de circunstancias, un equipo, seguramente, competitivo, porque en este Atleti, como en la mili, el valor se presupone. Y habrá que rezar para que no se lesione nadie más, porque llega febrero y llegan curvas; Villamarín, derbi, Juve... Nos acecha una plaga y no paramos de buscar un antídoto ante la adversidad.

martes, 22 de enero de 2019

No nos gusta Morata

Partamos de la premisa de que lo que hay es Kalinic. Que el tipo es voluntarioso e insistente, pero no da la talla. No podemos criticarle por bajo rendimiento porque no ha parado de tirar desmarques, ni de pelear balones aéreos, ni de buscar un remate siempre infructuoso. Podemos decir que no tiene gol y eso, en un delantero, desidia aparte, es el peor pecado que puede cometer.

Llevamos semanas, casi meses, debatiendo sobre la conveniencia de haber fichado un buen delantero suplente para suplir las ausencias de Diego Costa. Se barajaron nombres de lo más variopinto; Stuani, Borja, Gerard, Maxi... tipos que no han conocido la élite, que han dado un rendimiento espectacular en equipos de media tabla pero cuyo rendimiento en un equipo exigente aún es una incógnita. Y después de soltar todos esos nombres resulta que ahora no nos gusta Morata.

Tengo los mejores recuerdos de Morata de su estancia en la Juve y su segunda etapa en el Madrid. Juega en su contra, claro está, que nunca se terminó de consolidar como delantero titular, y que fue por ello por lo que fue buscando salidas a sus suculentos contratos. Pero con la Juve eliminó al Madrid, fue decisivo en partidos importantes y rindió a gran nivel. En el Madrid, cuando tuvo que suplir a Benzema, lo hizo con garantías y goles ¿Por qué no va a valer, pues, para suplir a Diego Costa? El chico ha jugado finales de Champions, ha ganado ligas y ha estado siempre en la pomada. La de verdad. El problema, claro está, es que visitó unos colores y llegó a renegar de los nuestros. Lo extradeportivo siempre por delante de la sensatez.

jueves, 17 de enero de 2019

Imperfecciones

Fue un palo durísimo, no lo vamos a negar. Yo, que soy un nostálgico empedernido, tengo a la Copa como una competición preciosa. Tengo los mejores y los peores recuerdos asociados a finales de Copa. He vivido las suficientes como para saber rememorar las victorias y recrearme en el dolor de las derrotas. Lo de ayer fue un palo porque tenía, siempre las tengo, esperanzas en ganar la Copa del Rey.

Pero no va a poder ser. Y ya serán seis años sin poder ser. Desde aquella final en el Bernabéu, en el mismo día de mi cumpleaños, en el que yo estaba allí, en la grada, sufriendo como un cosaco el acoso de los otros y celebrando como un niño el gol de Miranda. Allí hemos cantado a lo grande cuando hemos sido grandes de verdad. Por eso, ver al equipo apeado después de dejarse el alma en remontar un partido que mereció ganar, te llena de una tristeza casi irreparable. Costó dormir, cuesta, hoy, aguantar a los de siempre.

Llevamos semanas achacando la falta de gol y el día que marcamos tres no somos capaces de ganar el partido. Fallaron cosas, está claro, esas pequeñas imperfecciones que, cuando no se pulen, terminan castigándote. Al Atleti le falló cerrar las bandas y por ahí llegaron los tres goles; no hubo ayudas y no se cuidaron bien las espaldas. Y falló, aunque no se le pueda achacar culpa, el portero. En días como ayer es cuando valoras la seguridad que implica jugar, domingo a domingo, con el mejor portero del mundo.

martes, 15 de enero de 2019

Sin gol

El kilo de nueve se paga caro. Es, extrapolado al fútbol, la angula de la mesa de los gourmets, el Ferrari de los conductores apasionados, el Rólex de los coleccionistas más ávidos. Un buen nueve te arregla una mala temporada y, por supuesto, de dispara en una buena, porque en el gol vive la majestuosidad del fútbol.

El Atleti lleva unos partidos decendes, alternando ratos regulares con otros buenos e incluso muy buenos. Sufrió en Sevilla aunque supo recomponerse en el segundo tiempo, igual le pasó en Girona después de veinte minutos deplorables y fraguó ante el Levante uno de los partidos más completos de la temporada. Aún así, dos empates agónicos y una victoria por la mínima con un penalti más que dudoso.

¿Qué ocurre? Pues que falta gol. El equipo sabe de memoria a qué jugar; todos juntitos, salida intensa, regulación del partido y, en temporadas anteriores, saber guardar la ropa. Porque generalmente sabía adelantarse e ir gestionando la ventaja de manera magistral. Como ahora le cuesta un mundo adelantarse, se ve obligado a remar y remar durante los noventa minutos y, en más de una ocasión, a tener que levantar, o empatar, resultados adversos. Es que sin gol, sólo queda el sufrimiento.

jueves, 10 de enero de 2019

Esos ratos de desidia

Esos ratos de desidia matan al Atleti y nos matan a nosotros. Porque creemos estar viendo un partido y, de repente, vemos otro distinto. Y nos quedamos sin uñas, sin voz y sin ganas. Esos ratos de apatía en los que el rival toca y toca, llega y llega y el Atleti se empeña en regalar balones, en tirar pelotazos absurdos y en abocarse a la fe que suele profesar en su portero.

Sólo que ayer el portero era otro y se terminó notando. Un disparo colocado pero, en apariencia sencillo y que requería palomita y córner, terminó dentro de la portería. A esas alturas el Girona ya merecía su premio porque el Atleti se había desconectado. Y es que ocurrió lo siempre; arranque sólido, gol tempranero y guardar la ropa, porque para nadar, mejor aprovechar la corriente.

Y ayer el viento estaba en contra. Retórica y físicamente. La segunda parte, cholina mediante y viento a favor, el equipo creció en actitud. No fue poco. Pero no sirvió de mucho porque falta lucidez arriba y, sobre todo, falta remate. Adán, esta vez sí, vestido de Oblak, salvó una ocasión clarísima en la únicia llegada del Girona con peligro real. El resto fue un quiero y no puedo y la sensación de que oportunidades así no hay que dejarlas escapar. No es mal resultado, pero si tememos otro momento de desidia, es posible que terminemos por no fiarnos del todo.

martes, 8 de enero de 2019

No hay febrero sin enero

Pasan las jornadas y, aunque las sensaciones siguen sin ser las correctas, el equipo sigue sin perder. Más allá de la mácula de Balaídos, en los albores de una temporada que, por exceso de ilusión, recibió su golpe de realidad, el equipo ha ido a trompicones, empate a empate y victoria agónica a victoria agónica hasta asentarse en el segundo lugar a tan sólo un partido de la finalización de la primera vuelta.

Debemos tener en cuenta que, en las últimas temporadas, el equipo ha empezado a tomarle el pulso a la competición a partir de febrero. Cuatro últimos meses a tope en los que suele cimentar los objetivos. Es por ello que siempre le ha costado tanto alcanzar las últimas rondas de Copa y es por ello que, generalmente, ha llegado al último tramo ligeramente descolgado en liga aunque nunca haya dejado de pelearla hasta el final.

Teniendo en cuenta que el mes de enero no será excesivamente complicado en cuanto a rivales en liga (con el condicionante de que el Atleti no le gana fácil a nadie), deberíamos tener en cuenta las opciones de copa e intentar llegar a febrero con el carburador a tope. Allí llegarán Betis, Real Madrid y Juventus por partida doble. Comenzará el show. Esperemos, por favor, que empiece a llegar el juego.

viernes, 4 de enero de 2019

Difícil

Las ilusiones están en todo lo alto, el Metropolitano llenó un fondo, los jugadores posaron para la galería y se entonaron cánticos de ánimo. Toda una soflama de energía y todo un compromiso de acción. Pero la realidad, más allá de las euforias, es que jugamos en Sevilla y la defensa es un cuadro.

Lo tenemos difícil, vamos a ser francos. Porque el Sevilla aprieta, porque en su campo son aviones, porque nos tienen ganas y, sobre todo, porque estamos mermados. Pero si algo nos inquieta más aún es la trayectoria del equipo; tan sólo dos victorias fuera de casa y la sensación de que hace mucho tiempo que no gobierna un partido, aunque sea a su manera.

Nos preocupa que el Atleti pierda la base de su identidad, que se convierta en un equipo meramente italiano en el concepto clásico de la palabra, que sólo confíe en la suerte y que renuncie a los códigos que le han llevado hasta aquí. Nos preocupan muchas cosas porque empezamos el año en el peor escenario posible. Existen tragos amargos que hay que digerirlos con naturalidad; la derrota es plausible, la victoria, de llegar, sería reanimante.

miércoles, 2 de enero de 2019

En la primera línea de parrilla

Empieza un año de expectativas, de ilusiones, de incertidumbre y de realidades. Porque el Atleti cuenta con una plantilla de primer nivel, porque está en condición de disputarlo todo, porque el juego, pese a todo, no invita al optimismo y porque los rivales, a la hora de la verdad, serán pura contundencia.

Habrá que hacer frente a la plaga de lesiones y tratar de recuperar a los futbolistas importantes para los momentos clave, negociar con aquellos que tienen la cabeza fuera del equipo y hacer mejorar el rendimiento ofensivo. El problema de juego se arregla con optimismo y el optimismo se gana con buenos resultados.

Pese a los agoreros, que los hay, pese a que muchas veces yo mismo he caído en el pesimismo más absoluto, hemos de reconocer que en este año que empieza hay muchas ilusiones porque el equipo sólo puede ir a más, porque la defensa se debe recomponer, porque los recursos son muy variados y porque, pese a todo, el Atleti sigue en primera línea de parrilla.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Mi capitán

Hace un tiempo, en los albores de este blog, escribí un texto sobre Gabi describiéndole como un eficiente oficinista. "El chico que sólo servía para ser contable", lo titulé. Fue el día que certificó su regreso al Atleti y los aficionados, que veníamos de vuelta y teníamos menos esperanzas aún que realidades nos mostraban, sospechábamos de cualquier incorporación. Reconocíamos a Gabi como un jugador correcto, pero nada más allá de un tipo que corría mucho y pensaba poco.

Lo que no había encontrado Gabi, hasta entonces, era el camino correcto por el que guiar sus virtudes. El chico era un buen oficinista, era cierto, pero tenía alma de capitán. El jefe del departamento se destapó cuando un tipo que creyó ciegamente en él le otorgó mando en plaza. Sólo le pidió una cosa; trabajo. Con la fe y el sentimiento reforzados en el discurso, Gabi fue el reflejo de Simeone en el campo. La extensión de un tipo que sentía el fútbol como una forma de vida.

Cualquier homenaje es pequeño cuando se trata de loar al tipo que nos ha conducido hacia la gloria. Nadie como él representó el escudo, nadie como él interpretó el himno en uña y carne, nadie como él disputó cada una de las finales. Incluso en las perdidas dio una lección de pundonor tan grande que quedó pequeño cualquier comparativo que se realizase con su corazón. Ni el Calderón abarcaba su latido ni el Metropolitano fue capaz de detener su impulso. Fuego intenso y pasión desmedida, el estadio que hoy le venera se puso en pie para despedirle. Oh, capitán, mi capitán. Cualquier frase épica sirve para alabarle, cualquier escena de amor sirve para describirle.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Intentarlo no basta

No se puede decir que el equipo no lo intentara. No se puede achacar falta de actitud ya que el Atleti dominó la pelota durante un gran tramo del partido y acechó el área sin la profundidad necesaria. No es un problema que salga un partido trabado, el problema es que son ya demasiados los partidos trabados para creer que es una casualidad.

El Atleti tiene un problema de juego alarmante. Se puede ganar un partido jugando mal, se puede tener una racha jugando sin solvencia, pero, a la larga, jugar mal penaliza más que hacerlo bien. Y no se trata de jugar bonito, se trata de ejecutar el plan a la perfección y de saber utilizar los recursos con maestría.

Y los recursos del Atleti este año, son tan variados, que parece que a Simeone le ha pillado a contrapié. De repente tiene gente para generar mucho fútbol en el medio y, sin embargo, el equipo sigue saliendo a la guerra en los partidos fuera de casa. Lemar, Saúl, Koke, Rodrigo, Thomas, Vitolo... todos salen con el pico y la pala para terminar cavando su propia fosa. Ni Villarreal, ni Leganés, ni Girona. Van tres seguidos. Lo malo es la sensación de que va a haber muchos más.

jueves, 29 de noviembre de 2018

En octavos

Los objetivos se cumplen con trabajo y abnegación. Hace falta, claro está, una gran dosis de talento para saber aspirar a las más altas cotas. Si el equipo se ha puesto como objetivo estar en la final de la Champions disputada en su propio estadio, no somos nosotros nadie para intentar corregir el exceso de fe. Desde que llegó Simeone, si algo tenemos claro, es que la comunión entre ellos y nosotros es tan perfecta que no necesitamos más que una palabra para seguir su camino.

El Atleti está en octavos una vez más. Olvidando el tropiezo del año pasado, que nos terminó conduciendo a un título, el equipo ha vuelto a hacer los deberes y está otro año más entre los dieciséis mejores. Desde que empezó autoexigirse, las metas se van cumpliendo y los grandes sueños se siguen rozando. Simeone tiene la Champions entre ceja y ceja y algunos, los que sólo ven cuatro partidos del Atleti al año, le exigen que sea más ambicioso. Como si a los anteriores entrenadores les hubiesen exigido algo más que no fuese salvar la categoría.

Fue un mal partido, no lo vamos a negar. Un partido que se resolvió rápido y sirvió para que los jugadores sestearan de cara a los próximos compromisos. Tal y como se ha puesto la liga, no está de más guardar fuerzas para saber gastarlas en envites de mayor envergadura. El Mónaco ofreció poco y sólo se estiró cuando apareció Falcao, aquel tigre del área que nos hizo tan felices y que hoy busca un lugar en el desierto. Allí no hay oasis. Entre la gloria y la fortuna escogió lo segundo. Imagino que hoy se seguirá preguntando por qué.