Poniendo por delante que ambos se aprovecharon del Atleti haciéndose con el club sin poner un solo euro, digamos que Cerezo es el gracioso del equipo, el simpaticote que cuenta chascarrillos, que arrima el hombro a los que le acarician la espalda y el que luce gafas de montura fina ante las cámaras. Es el mismo que un dÃa posó con la camiseta del vecino, el mismo que no sabe nada cuando le preguntan, el mismo que llamó abejas maya a los manifestantes que le querÃan ver fuera del Atleti, el mismo que recibe la llamada de un director de cine amigo suyo y al dÃa siguiente paga el fichaje de Marcelo Sosa.
Gil MarÃn no es tan campechano, ni tiene la chispa de su compañero de penurias. A él, la naturaleza no le regaló el atractivo y ni siquiera puede lucir peluca estirada hacia atrás. Él es el mismo que dice que cuando juega su equipo se va a dar vueltas por la M-30, el mismo que endosó dos negritos al club por dos mil millones de pesetas, el mismo que dudaba entre Luis Enrique y Caparrós dejando claro que no tenÃa ni idea de a qué querÃa que jugase su equipo, el mismo que rebaja las cláusulas de sus mejores jugadores para soñar con el sonido del clink clink caja, el mismo que se embolsa un millón de euros al año a costa del club sin fijarse un objetivo de éxito porque tras su gestión solamente hay fracasos.
Ni bicefalÃa ni cuentos chinos; dos sinvergüenzas son dos sinvergüenzas juntos o por separado, dos ladrones son dos ladrones actúen en común o lo hagan con intereses distintos y dos inútiles son dos inútiles por más que sus amigos se empeñen en vendernos los valores y los hechos. Valores ninguno, hechos ninguno, indignación mucha. No hay bicefalÃa, hay hartazgo.
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