
El fin se acerca y, mientras tanto, lo haremos sin entrenador. Lo haremos sin entrenador porque dicen que barajan nombres, porque cuentan que negocian con hombres y porque nos intentan tomar el pelo como a niños. Dicen que tienen varios y la verdad es que no tienen ninguno, porque sin proyecto, sin estrellas, sin glamour y sin verdades es muy difícil que un entrenador quiera aceptar este caramelo envenenado. Les dirán que vienen a un grande y a la tercera derrota se verán abocados al patíbulo. Y a ver cómo explican ellos que este equipo no es lo que eran, que la empresa no es la que esperaban y que ahí te quedas tú con tus mentiras y yo con mis verdades. Es más fácil decir que no y que otro se coma el marrón.
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