martes, 7 de mayo de 2013

Fútbol para ricos

Ayer me dio por pensar en esos pobres soñadores que imaginan un día de gloria, bandera en mano, bufanda al cuello y garganta afilada. Me dio por pensar en sus esperanzas de regresar al cielo, de volver a sentirse grandes y presenciar algo histórico. Me dio por consolar porque me consolé a mi mismo, me dio por patalear con el alma porque supe que el alma de muchos atléticos estaba presa de la impotencia.

Ayer me dio por llorar con el corazón porque vi frustradas mis opciones, porque caí al suelo desde la cama, porque el sueño del precario no alcanza la cota de la fortuna. Ayer me ofrecieron dos entradas para la final de copa y quien piense que soy un afortunado sin conciencia, un desarraigado o un desagradecido, es porque no sabe que soy uno de esos millones de españoles a los que doscientos euros les arregla un mes y le puede suponer un mes sin hablarse con la parienta.

Imagino a ese niño que sueña ir de la mano de su padre, imagino a ese joven que aún cree que todos sus sueños se cumplen con un gol en el último minuto, imagino a ese abuelo que rememora sus sueños en blanco y negro, imagino a ese aficionado que busca en el fútbol su lugar en el mundo. La mayoría de ellos no podrán dar rienda a sus ilusiones porque este fútbol para ricos les ha privado de la ocasión de ser cómplices de un hecho histórico. Los precios de la final de copa oscilan entre los cincuenta y los doscientos cincuenta euros. Ver el fútbol con prismáticos o verlo en el salón de casa. Ya que no nos dejan imaginarlo, al menos que nos dejen celebrarlo.

lunes, 8 de abril de 2013

Carencias y desnudos

El Atleti de Simeone es un milagro en manos del tiempo. No hay juez más certero que los resultados y no hay mejor abogado defensor que el esfuerzo. En su frase de presentación, el Cholo dejó claras premisas e intenciones: "el esfuerzo no se negocia". Y así ha sido. Cuando el equipo ha relajado la motivación, le han roto la cara, cuando ha puesto cara de perro, ha sido, siempre, muy difícill de ganar.

Pero el esfuerzo, por sí sólo, no cumple objetivos. Ayuda a conseguirlos, eso sí, pero en el deporte de élite no basta con ser el mejor preparado, también se necesita ser el más talentoso. Y es ahí donde radica el milagro de Simeone. El equipo ha aguantado el tirón con dignidad y mucha categoría, y lo ha aguantado sin un jugador que plante pies en tres cuartos, detenga el ímpetu, levante la cabeza, y distribuya un par de pases con criterio; uno para desatascar el juego y otro para dejar a los delanteros en posición franca para marcar.

En partidos como el de ayer, las verdades del equipo se desnudan de forma sistemática. No sirve de mucho ser más intenso si no se puede ser más profundo. La conciencia queda tranquila porque el equipo compite, pero queda un amargo regusto a lo que hubiese podido pasar cada vez que uno se acuerda del turco que está en la enfermería o del brasileño que está en Alemania. Estar tercero, a estas alturas, y sin ese futbolista especial, tiene un mérito casi hasta emotivo. El Atleti está a cuatro partidos del objetivo y el calendario no es muy halagüeño. La Real Sociedad viene apretando y el equipo empieza a demostrar sus costuras. Solo esperamos que la liga no se nos haga demasiado larga y que, pese a tener que sacar la lengua, el último hálito nos permita completar el milagro.

jueves, 29 de noviembre de 2012

En la contrarrecta

Vuelvo a encontrar las sensaciones, vuelvo a encontrar la ilusión, vuelvo a mirarme al ombligo y me vuelvo a sentir como un príncipe sin corona en busca de su conquista. Durante años, durante una letanía, dejé de soñar, dejé de sentir, dejé hasta de llorar. Fue largo el desierto, fue dura la travesía, fue espantosa la derrota, fue infame la burla. Los pies en el suelo, la mente en blanco y la cabeza alta. Sí, otra vez la cabeza alta. El Atleti afronta su semana de derbi y después de mucho, mucho tiempo, volvemos a reconocer a nuestro equipo. Ellos son mejores, sí, pero nosotros nos hemos ganado el derecho a una parcela de ilusión.

Se puede perder, ya ocurrió en Valencia, puede ocurrir también en Barcelona; al fin y al cabo son esos partidos en los que haces cuenta a principios de temporada y los señalas en rojo como probable derrota. Pero el duelo con la vida va más allá de una probabilidad. Trece años sin ganarles, partido en su feudo, el histórico miedo escénico del Atleti, las dudas sobre la motivación del rival. Factores que hacen pensar en pequeño cuando nosotros queremos pensar en grande. Hemos vuelto al pantalón vaquero, las gafas de sol y el pelo engominado, y ahora que paseamos el porte el centro de la pista no vamos a renunciar al beso de la chica más guapa.

Demasiado bonito el sueño como para despreciarlo, demasiado ambicioso el objetivo como para desdeñarlo, demasiado poco que perder para no salir a ganar, demasiado mucho que ganar como para salir a perder. Vuelvo a Futre, a Alemao, a Landáburu, a Dirceu. Vuelvo muy atrás y me doy cuenta de que estoy muy adelante y hemos perdido demasiado tiempo. No podemos decir ahora que no estamos donde queríamos, más allá de ladrones de sueños, más allá de prescritos indecentes. El Atleti está en la contrarrecta y le aguanta el pulso a los favoritos. Estamos en disposición de correr, a riesgo de desfondarnos. Estamos en disposición de dar la cara, a riesgo de que nos la partan.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La suerte que decían que nos faltaba

No hace mucho que discurrí sobre el famoso sambenito que durante mucho tiempo nos ha tenido maniatados y supeditados a un pensamiento unidireccional por el simple hecho de haberse convertido en un externalizada seña de identidad. Decían que el Atleti era así y teníamos que creernoslo. Jugábamos algún partido bueno, muchos regulares y bastantes partidos malos; por ello, cuando perdíamos por algún despiste, algún error o por la simple inercia del juego, nos obligaban a cruzarnos de brazos y no buscar más explicaciones que la mala suerte.

Era por ello que muchos nos preguntábamos cuando llegaría esa suerte que siempre nos era esquiva, cuando lo que realmente no nos hacía falta suerte sino trabajo. El Atleti ha ganado tres partidos agónicos consecutivos en el estertor del último suspiro y los que se hacen llamar entendidos nos quieren hacer creer que la tendencia ha cambiado porque ahora tenemos la suerte que antes nos faltaba. Lo que nadie quiere pararse a decir es que la suerte, como todos los logros de la vida, también hay que trabajarla.

El Atleti trabaja los partidos de la impecabilidad del esfuerzo físico. A menudo, para mi gusto demasiado a menudo, abusa de la reculación por tener fé ciega en su certero contragolpe, pero nadie puede dudar hoy del esfuerzo de tipos a los que antes dábamos por indolentes impertérritos. Cuando un corre hasta la extenuación, cuando pelea el último balón, cuando busca el área sin cesar, cuando provoca faltas al borde del área por insistencia marcial, a veces ocurre que el balón termina por entrar en la portería en el último minuto. Y muchos, a eso, lo llaman suerte. Yo lo llamo trabajo bien hecho.

lunes, 15 de octubre de 2012

La soga en casa del ahorcado

Nadie puede poner en duda la influencia que la prensa tiene sobrel a opinión pública, nadie puede poner en duda que la opinión pública es manipulable, que las voces hacen más ruido que los silencios y que la razón, por valiosa, peca demasiadas veces de imprudente como para ser considerada en cuenta. El ruido, las nueces y la prensa deportiva han generado un compendio de intereses en el que el más fuerte sube a lo más alto y tiene patente de corso para pisotear a todo aquello que le sea molesto.

Una de las primeras premisas de la prensa partidista es la de ningunear al equipo contrario. Para hacerlo, bastan frases sibilinas que, no por ser frases hechas a un periodismo parcial dejan de ser estúpidas y dañinas para quien realmente siente una pasión ajena a ellos. La frase "A Falcao el Atleti se le queda pequeño" se ha puesto tan de moda que en las tertulias de cerveza y cacahuete y en las de máquina de café en oficina, se ha convertido en un axioma repetitivo. Lo que ahora le pasa a Falcao, antes le ocurrió a Agüero y antes le ocurrió a Torres. A todos el Atlético se le queda pequeño. Para todos, casualmente, el jugador debería vestir la camiseta del vecino de enfrente.

Hablan de pactos, de frases de padre, de silencios del dúo prescrito y de ofertas desorbitantes. Hablan de todo, pero a nadie la apetece poner en portada a Falcao cuando dice "Que su sueño es seguir ganando títulos con el Atleti". Ya sé que hubo otro que dijo aquello que "Ni en pedo". Todo el mundo es suceptible de utilizar la mentira como arma de defensa y que a veces el renuncio te pilla en paños menores cuando te demuestran que dices diego donde dijiste digo, pero ¿De cuántas mentiras se alimenta la prensa? Las alimañas omiten portadas cuando el Atleti es líder o cuando bate un record de victorias consecutivas en Europa. Pero las alimañas ven carne fresca cuando creen que un jugador no juega donde debe jugar. Porque para las alimañas no hay mayor manera de dañar que mentando la soga en casa del ahorcado.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Atleti se hace mayor

Como ese adolescente retraído que ha crecido entre collejas y bromas, entre aguadillas y soledades, a quien robaban el bocadillo en el recreo y las zapatillas de marca en el descampado, como ese chaval con la cara llena de granos y el pelo lacio recién peinado por mamá que aún no se atreve a cruzar sólo la calle pero que un día se va de cañas con su padre y este le hace ver que la vida no es así, que él es mucho más fuerte de lo que los demás imaginan y que aún tiene la opción de volver el lunes al instituto con chupa de cuero, pelo engominado y bigotillo a medio afeitar. Como ese remozado jovenzuelo que impone su venganza a base de puñetazos y se termina llevándose el beso de la más guapa de la clase, el Atleti tiró a u lado sus complejos y se dio cuenta que sí, que se había hecho mayor y que esos partidos que antes perdía por inercia ahora se pueden pelear y, lo que es más admirable, también ganar.

El Atleti hace meses que perdió el acné y maduró hacia una mayoría de edad por todos esperada. Ya no es el niño pardillo que pierde partidos regulares y sale goleado en los malos, ya no sabe que es eso de esconder la pierna y levantar la mano, ya no sabe qué son las mofas de las aficiones rivales cada vez que once espectros rojiblancos pisaban el césped a modo de visita. Aún recuerda el runrrún de la desconfianza, el dolor de la derrota y la vergüenza del ridículo, pero encontró a un padre que le dijo que aún tenía la opción de regresar un domingo al campo con el pecho erguido, la cabeza levantada y los dientes apretados. Simeone, el padre de la criatura, celebra goles con rabia y mira a los suyos con orgullo. Su Atleti se está haciendo mayor.

Hubo día en los que partidos como el de ayer se perdían por mera condición gravitatoria. En caso de duda, el balón siempre caía en la portería del Atleti y, a más duda, menos capacidad de regeneración y los cuentos del Atleti nunca terminaban como aquellos que nos contaban de pequeños porque en estos, nosotros nunca terminábamos comiendo perdices. Pero las tendencias cambian y las mentalidades también, el Cholo ha obrado el milagro y el Atleti, que hasta hace dos días no sabía tirar un contraataque, remontó un partido difícil en el Villamarín. No es que el rival acuciara con esmero, es que fue el propio el Atleti el que se empeñó en darle vida por momentos. Recordemos que ha crecido, sí, pero que aún es un jovenzuelo inocente y tiene cosas por aprender. Para eso está Simeone; para hacer de padre y para hacerles creer que sí, que la palabra "equipo" tiene cabida como concepto en el ideario del Atleti.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El sambenito

Durante años nos han taladrado los oídos con una manida frase que no hacía sino sacarme de quicio a medida que se iba convirtiendo en marca de identidad; "El Atleti es capaz de lo mejor y de lo peor". En resumen, la gente estaba convencida de que el Atleti era ese equipo irregular que un día ganaba al mejor equipo del mundo y al día siguiente perdía con el peor. Yo escarbaba en los cimientos de mi memoria y en los tiempos más cercanos me costaba encontrar que era eso que la gente denominaba "lo mejor"; ninguna victoria contra el Madrid en trece años, diez años sin jugar una final, un descenso, catorce años sin ganar un título... Pues no, me daba a mí por pensar, "lo mejor" no existía.

Tanto nivel de leyenda alcanzó el sambenito que incluso los jugadores llegaron a creérselo. Pasaron muchos que, arropados bajo el manto de "el pupas", escondían la cabeza bajo el césped y guardaban la pierna para moverla por la noche; pero no pasaba nada, el nivel de exigencia era prácticamente nulo y en cualquier momento el Atleti podría ser capaz de hacer "lo mejor". Y lo hizo, pero pasó mucho tiempo hasta que lo logró. Hubo de suceder una catarsis y la llegada de un entrenador sentimental que les hiciese ver a los jugadores que eran unos privilegiados obligados a dar la talla por un millón de corazones.

Por ello, ante partidos como el del domingo ante el Rayo, con esos ocho minutos de "lo peor" y para afrontar duelos de los denominados sencillos ante el Hapoel de Tel Aviv, conviene, antes de desterrar prejuicios, recordar de dónde venimos si es cierto eso de que ya sabemos hacia dónde vamos. Si el Rayo te sigue complicando un partido ganado o si al Hapoel le da por hacer la del Aris hace dos años, ya podemos meterle cuatro al Chelsea cada semana que nadie nos va a quitar de encima el sambenito. Y a mí, la manida frase, me saca bastante de quicio.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El regreso

Hubo una mañana triste, una nube gris en el cielo, un recuerdo amargo por una derrota en el día anterior y un sueño que mantuve intacto hasta que se hizo realidad. Aquel día supe que volveríamos, abrí una web, titulé un blog, lo perfilé en rojo y blanco y comencé a hablar del Atleti sin demasiado éxito pero con todo el corazón.

El Atleti ha vuelto y yo también. El verano es largo, caluroso, demasiado tedioso cuando toca estar en un despacho con el sol abrasando en la espalda y demasiado fugaz cuando el calendario pinta en vacaciones y viajas a la costa para disfrutar de los primeros baños marítimos de tu hijo. Los dos, el Atleti y yo, hemos regresado de nuevo. Mi equipo para volver a demostrarle al mundo que el oso del escudo no es un adorno sino un símbolo de ferocidad y yo para volver a enfrentarme cada mañana a un papel en blanco y un sentimiento pendiente de plasmar.

Comienza la temporada y regresa este blog con la intención de ser más optimista y menos crítico. Ambas circunstancias no dependen de mí sino del Atleti; si el equipo que veamos se parece al de Mónaco, es posible que, aún en la derrota, comience a teclear mis impresiones con un halo de orgullo en la mirada. Pero si el equipo se parece al de tantas otras ocasiones no tendré más remedio que regresar a la melancolía y a ese pesimismo que tanto ha marcado mi carácter como aficionado. Aquí estamos otra vez. Hemos vuelto. Solamente debéis leer el título de este blog para recordar que ya estabais avisados.

martes, 31 de julio de 2012

El Toto que no consiguió enganchar

Llegó como una promesa de futuro, nos hablaron de un chico hábil, que encaraba, frenaba y volvía a encarar para salir por afuera. Nos enseñaron algún vídeo, algún cántido entusiasmado de la hinchada de Lanús y algún gol esporádico celebrado con alegría. Vimos su cara de pillo, de niño que salta la valla del colegio para ir a patear al potrero, de gambeteador insaciable junto a la línea de cal. Y todos, una vez más, nos ilusionamos.

Pero lo cierto es que Salvio fue sólo un poquito de todo eso y mucho de nada más. Siempre fue un futbolista indefinido, a veces interior y otras delantero, a veces inspirado y muchas otras ofuscado, a veces haciendo la imposible y muchas otras errando la posible. Llegó como el Toto, el socio del Kun que nos alegraba la vida, el nuevo niño mimado de nuestro futuro y se marcha como Salvio, la enésima operación fallida de una dirección deportiva que no se cansa de fracasar. Ni el Toto, ni Salvio, consiguieron jamás enganchar a la grada.

Vuelve al lugar donde un día le dimos de prestado. Allí lo hizo bien, es cierto. Puede que le agrade más aquel fútbol, que su entrenador le entendiese mejor, o que fuesen menos exigentes que nosotros. Quien sabe. Lo cierto es que allí fue, durante muchos ratos, el Toto de Lanús, el niño que saltaba la valla del colegio para ir a patear al potrero. Deja, como ya lo hicieron otros, las arcas llenas y los bolsillos de los dirigentes bien colmados. Y deja, como ya lo hicieron otros, un hueco en la plantilla que no se piensa reponer. O si no, basta recordar los casos de Heitinga y el de Jurado. El dinero para mí y el que Cholo se las componga.

lunes, 16 de julio de 2012

La función mediática y Oliver Torres

La función mediática se centra en el nombre, aparca a los hombres a un costado y dirige sus flashes hacia el lugar donde el usuario gastará sus monedas. La función mediática no cuenta verdades sino mentiras muy bien disfrazadas. A la función mediática no le interesan los secundarios porque ellos ya han elegido a su actor principal, a la función mediática le interesa un escudo, un color, un titular preconcebido, aunque la realidad, la mayoría de las veces, sea distinta a como ellos la ven.

El brillo del fogonazo, el detalle del regate, la aceleración y las botas de oro que solamente interesan cuando se quiere, viven hoy sobre el nombre de dos jovenzuelos talentosos que cuentan con la fortuna mediática de pertenecer a la cantera del Real Madrid y el Barcelona. Jesé y Deulofeu son rápidos, brillantes, vistosos, plásticamente admirables, y por ello la función mediática se ha volcado en ellos porque, a una orilla o a otra de las líneas enemigas, a la prensa de ambas trincheras les interesa vender papel con dos nombres que dan esplendor a sus canteras.

Pero la verdad futbolística es otra. La verdad, la que habla de fútbol, nos cuenta que junto al balón siempre había un chico, que todas las jugadas nacían del número dieciséis, que todos los pases correctos salían de las botas de ese chaval moreno que flota en el campo con la elegancia de los centrocampistas buenos de toda la vida. Nadie habla de Oliver porque su camiseta no es completamente blanca, o porque junto a las rayas rojas, no tiene otras azules que le hagan parecer más divino. Pero aunque el rojiblanco ya no venda, aunque los goles vistan de otro color y aunque los flashes solamente se centren en el corazón del área, la verdad, cuando hablamos de fútbol, solamente tiene un color y es que para esto de jugar al fútbol, anoche no había un chico más dotado en el campo que Oliver Torres.

martes, 10 de julio de 2012

Mirando a Levante

Dice nuestro querido presidente que empezamos la liga en Levante. Él, que es así de genérico y no se anda deteniendo en las especificaciones, imagina al Atleti recorriendo el litoral e imaginándose en duelo al sol contra el Nástic de Tarragona, contra el Castellón o contra el Cartagena. Pero la realidad, aunque él no la sepa, algo que dudo seriamente, es que empezamos la liga en Valencia y ante el Levante, ese hueso duro de roer que ya nos pintó la cara la temporada pasada en uno de los partidos más infames que le recuerdo al Atleti.

Ya sabemos todos como empezó la temporada el Levante el año pasado. Ganó sus primeros siete partidos, desesperó al clan de los portugueses, se hizo amo del calendario y fue Atila cabalgando a lomos de Othar durante dos meses. Y ya sabemos todos como suele empezar las ligas el Atleti, aunque en realidad las empieza igual que las termina, alternando las de cal con las de arena, las puertas grandes con los almohadillazos, la ilusión y la desgana.

Imagino al Atleti dentro de un mes. Las noticias que deberían hablarnos de un equipo concentrado en un objetivo y preparando el envite contra el Levante, nos despertarán con los rumores sobre la venta de Falcao, sobre las negociaciones de Adrián con algún equipo del noroeste y con la venta de humo acerca de ese centrocampista guapo y elegante que nunca llegará a vestir la rojiblanca. Al final, sin delantera, sin centro del campo y sin concentración, saltaremos al campo del Levante y nos volverán a pintar la cara. Espero equivocarme.

lunes, 9 de julio de 2012

Café con nada

Se acerca Pepe a la barra. Los lunes son puñeteros, el bar huele a lejía y desinfectante, la barra de chapa, que por la noche lucirá desajada y llena de huellas de codos solitarios, brilla ante la luz del fluorescente que parpadea en el techo. El camarero, amigo de sus clientes, enemigo de los sobrios y mal fajador para las discusiones en rojo y en blanco, se acerca a Pepe son la simpatía que solo se puede tener un lunes por la mañana cuando te encuentras con uno de los tuyos.

Y le habla de ese suizo inmortal que es capaz de recitar poesía con una raqueta y ganar un Wimbledon tras otro sin necesidad de sudar, y le habla de esos españolitos esforzados de la ruta que se ven perseguidos por la mala suerte y se dejan los huesos en las carreteras francesas, y le habla de esos jóvenes locos que se montan a una moto cada fin de semana para hacer sonar el himno español en cada circuito del mundo, y le habla de ese asturiano al que siempre le falla una rueda o un mecánico en el momento clave.

Y Pepe se bebe el café de un trago porque hoy es lunes y sabe que el jefe le espera en la oficina de mal humor con la mesa llena de informes y con el diario deportivo abierto encima de la mesa con la información de ese equipo blanco en letras grandes y a color. Y saca una moneda de un euro del bolsillo, la aprieta bajo el puño cerrado y le pregunta al camaero "¿Y del Atleti, qué?". Y el camarero le observa taciturno, la garganta carraspeante y la mirada de reojo en el cliente que acaba de entrar por la puerta. "¿Del Atleti? Nada". Y Pepe deja la moneda sobre la barra, se despide con cortesía y da media vuelta para un lunes más, igual que todos los lunes de los últimos veinticinco años de su vida.

jueves, 5 de julio de 2012

Vuelve el Atleti

Las promesas incumplidas, las que quedan pendientes de incumplir, los viejos recortes de periódico junto a las cartas del primer amor, recuerdos de un álbum de cromos incompletos, nostalgia de aquellos veranos en el pueblo, las fantas de naranja hojeando el as en blanco y negro, siestas interminables soñando con los goles de ese nuevo delantero, tristes realidades cuando el invierno dice la verdad, ligas lejanas, dobletes efímeros, palabras huecas, fichajes fallidos.

Una sala de prensa llena de flashes, tres tipos que desconocen la historia, una historia prostituída, un recuerdo muy lejano, una añoranza perdida, un deseo imposible. Dos docenas de futbolistas trotando sobre un césped recién cortado, barrigas incipientes, papadas delatoras, sonrisas obligadas, ojos desacostumbrados a madrugar. Un entrenador en pantalón corto, las mismas caras, los mismos gestos, amigos mudos.

Portadas confusas, titulares inconclusos, la felicidad conservada en formol, la tristeza apartada en algún lugar de la cuneta, una carretera con curvas, un camino largo, un destino llamado incertidumbre. Sueños, apuestas, valor y al toro, apretones de manos, pronósticos inciertos, rayas rojas y blancas sobre una vieja camiseta con un escudo cosido en el lado del corazón. Nuevos jugadores, nuevas promesas que nos hacen soñar, viejas realidades que nos hacen bostezar y, en el trono, los mismos dueños que sesgan nuestras esperanzas. Vuelve el fútbol. Vuelve la verdad. Vuelve la mentira. Vuelve el Atleti.

martes, 3 de julio de 2012

Regreso a la cotidianidad

Se apagan los focos, vuelve a salir el sol, el rojo derrite con el calor, el gualda refleja su luz tormentosa, las banderas dejan huérfanos a los balcones, las bufandas buscan un hombro en el que apoyarse, las bocinas no volverán a molestar a horas intempestivas. España guarda silencio, las gargantas vuelven a su ser, la gente vuelve a desayunar café con porras y en el bocadillo de media mañana ya no quedan promesas sino buenos recuerdos. Vuelve el fútbol cotidiano, el de carajillo a media tarde, el del palillo en los labios, el de aquella servilleta grasienta pegada a la suela del zapato. Vuelve el Atleti y nosotros, pobres ilusos acostumbrados a un tiquitaca nacional, volvemos a soñar con lo imposible.

Lo imposible será que al Cholo le regalen un equipo a medida de sus ambiciones, lo imposible será ver a Diego, o a cualquier otro centrocampista competente, regalar los ojos de la hinchada, lo imposible será escuchar un grito definitivo en contra de la directiva, lo imposible será que el Atleti se meta entre los dos colosos que, un año más, se repartirán el pastel de la liga y la copa a su antojo. Porque en el fútbol de hoy, nuestro Atleti, el que soñamos, el que evocamos, el que algunos todavía recuerdan, es un Atleti imposible.

Llegarán las agonías del solsticio de invierno, sonarán los cantares de navidad que se mezclarán con los villancicos de la pesadumbre y alguno saldrá a presumir de que eso ya lo sabía él porque aquí no hay un proyecto estable desde hace veinticinco años. Un cuarto de siglo vagando por el desierto, un desierto que no tiene fin, un fin que nos hace vomitar desidia. Pero eso será más tarde, cuando nos demos cuenta de que a Simeone, como a los demás, le han vuelto a dar gato por liebre, y entonces diremos que el entrenador no vale, diremos que los jugadores son unos mercenarios y diremos que la liga está adulterada y que los poderes fácticos nos persiguen. Pero eso será más tarde, ahora toca volver a la cotidianidad, toca volver a soñar, toca volver a ilusionarse porque para eso están los veranos. Las lágrimas, cuando lleguen, que nos pillen desprevenidos.

jueves, 28 de junio de 2012

Cosas que no cambian

Existen cosas que no cambian; el aficionado español se sigue quejando por vicio aunque su selección ya no caiga en cuartos de final, cierto portugués sigue peleado con los momentos intrascendentes porque le mueve más el ego propio que el sentimiento colectivo, la prima de riesgo no da un respiro, los políticos se exceden de sus funciones para ahogar al ciudadano, se siguen formando atascos en la M-30, madrugar sigue sentando igual de mal, el colacao sigue estando mejor que el Nesquick y el gilismo sigue anclado en el Atleti después de veinticinco años.

Llegaron haciendo ruido y ahora son cómplices del silencio, llegaron ocupando portadas y ahora sólo obtienen una reseña, llegaron contando mentiras y ahora nadie dice la verdad, llegaron arrasando en tromba contra el periodismo y ahora han encontrado al periodismo como el mejor guardián de sus secretos. Hace veinticinco años el Atleti era un club competitivo donde sus socios tenían potestad para cortar cabezas. Cortaron la cabeza del doctor homónimo para suplicarle a Vicente Calderón que retomase el timón de la nave, pero la nave se fue a pique con la muerte de nuestro mejor presidente. Y mientras el barco se hunde y las ratas lo abandonan por la puerta de atrás, los patrones siguen obviando las vías de agua para hacernos creer que somos un lujoso transatlántico en un mar en calma. Cuanto peor van las cosas, más bonitas nos las pintan. Hay cosas que no cambian.

Se falsea una compra para robar un club, se oculta una deuda para no verse abocado al embargo, se desciende a segunda, se pierde crédito, se venden a los mejores jugadores y se fichan a defensas centrales de treinta y tres años para vender al mejor postor a un chico de la cantera. En tres líneas he resumido las principales premisas del gilismo: Delito, desprestigio y comisionismo. Y despropósitos, porque esto sigue siendo el pito del sereno y la casa de tócame roque. Y más que lo seguirá siendo porque amigos, igual que un lunes a las siete de la mañana en la M-30, existen cosas que no cambian.

jueves, 21 de junio de 2012

El victimismo

Uno de los grandes pecados del gilismo ha sido el del victimismo exacerbado. Durante años, Jesús Gil anduvo removiendo entrañas haciendo creer que el mundo en general y los poderes fácticos en particular, estaban en contra del Atleti. Así, un día se levantaba despotricando contra Plaza, al día siguiente hablaba de Villar y un día más tarde iba más allá y se enfrentaba al gobierno de la nación erigiéndose como salvador de la patria sentado en su poltrona robada al Atlético de Madrid. Aquellos movimientos de ficha a la desesperada generó una corriente victimista que se fue inculcando en el seguidor del Atleti hasta terminar creyéndose que todos sus males eran por culpa de otros, nunca de sí mismos.

El Atleti tiene que pagarle un pastizal a la hacienda pública antes de fin de año y escucho voces que indican que esto solamente nos lo hacen a nosotros. Es el pecado de andar siempre pendiente del ajeno, que a veces se te escapa la viga de tu ojo por analizar la paja del de aquel. El Atleti le debe un dineral al Estado y tiene que pagarlo, eso es así, ni es culpa de este, ni de aquel, si no de quienes han generado esa deuda sobrehumana mientras jugaban al monopoly con millones de sentimientos. Que otros paguen o dejen de pagar no es problema del Atleti porque el Atleti tiene un problema llamado deuda y tiene otro mayor apodado como dúo prescrito.

No tardará el club en verse obligado a desprenderse de todos sus mejores activos; esto incluye a Falcao, a Arda y a Adrián. Luego nos contarán que cada jugador juega donde quiere y nos obligarán a poner cara de infelices porque nuestros ídolos se marchan en busca de fortuna a otros parajes con más aspiraciones. Nadie dirá quien tiene la culpa de la deuda, ni quien tiene la culpa de que el Atleti no haya sido capaz de formar un equipo competitivo en los últimos quince años. No hablo de Europa League, ni de Supercopas, hablo de un equipo que se mantengar regular en los puestos altos de la liga durante un lustro. Hablo del Atleti de antes. Hablo de un sueño que no podremos cumplir porque mientras ellos juegan con nuestros sentimientos, nosotros seguiremos analizando la paja en el ojo ajeno.

martes, 19 de junio de 2012

Inversión de futuro

El Atleti sigue mirando hacia adelante, después de la incorporación del Cebolla Rodríguez, de veintisiete años y de Emre Belozoglu, de treinta y dos, llega el Cata Díaz, con un mes por delante para cumplir los treinta y tres años. Con la vista puesta al largo plazo, el Atleti se vuelve a hipotecar con jugadores que llegan de vuelta y que ya han jugado los mejores veinticinco partidos de su carrera.

He sido abonado del Getafe durante los últimos once años y puedo asegurar que el Cata es el mejor defensa (Belenguer aparte) que se ha visto por allí. Ahora, a la hora de analizar, entran en juego dos factores; uno de ellos es la edad, y el otro y más evidente, es que el Atleti no es el Getafe, y si no, solamente hace falta recordar el caso de Pernía. Con el Cata, el Atleti ha fichado un defensa que va bien por arriba, es contundente en la anticipación y sabe sacar el balón jugado, que no es poco.

Entonces ¿Dónde está el truco? Pues en que el Cata ya no es un chaval. Durante esta última temporada se le han visto demasiado la costuras como para seguir considerándolo un defensor de garantías. Nunca ha sido rápido y ahora lo es menos, nunca ha tenido una cintura ágil y ahora la tiene más rígida todavía. El caso sangra aún más cuando somos conscientes, a través de la prensa, de que el elegido para abandonar el barco es Álvaro Domínguez. Un chico joven, de la casa, que conoce el escudo a cambio de un veterano con mil guerras, que no conoce el club ni sus exigencias. O lo he entendido mal o esto es lo más parecido a un tocomocho.

viernes, 15 de junio de 2012

El consejero delegado, el presidente y el director deportivo

Hace ya veinticinco años que el Atleti dejó de ser de sus socios. Hubo una mañana en la que nos despertamos con el fallecimiento de Vicente Calderón y con el cadáver aún caliente, Jesús Gil aparecía haciendo mucho ruido y anunciando fichajes de postín a bombo y platillo. Los que le creyeron, que fueron muchos, le votaron, y ahí comenzó el principio de nuestro fin.

Con su discurso victimista, su manía de enfrentarse al mundo en nombre del Atleti y su populismo barato, el gilismo fue haciendo del Atleti un club cada vez más pequeño. Cinco años después de llegar al poder, se erigió en salvador de la patria y anunció el fin del Atleti como club de socios para empeñarlo en nombre de las sociedades anónimas. El tiempo demostró que aquella adquisición del club fue fraudulenta y que no lo compraron, si no que lo robaron.

El padre falleció, pero el hijo tomó el timón de un barco a la deriva y no hizo sino dejar que se hundiese poco a poco. El juez imputó al padre, al hijo y a ese espíritu santo, de profesión productor cinematográfico, que recorría los estudios de radio y televisión con el chascarrillo fácil en la boca y la mirada de angelito tras las gafas de pasta. No hemos tenido suficiente con aguantar años esclavizados con un consejero delegado y un presidente imputados por la justicia, sino que ahora, también, el director deportivo también ha sido llamado a filas por la justicia. Esto es el Atleti, antes un club de fútbol, ahora un club de alterne.

martes, 12 de junio de 2012

Diego lo sabe

Dice Diego, con el petate listo para regresar a Wolfsburgo, que a la gente le hubiese gustado que él se quedase. No hace falta recordar por qué, simplemente Diego ha significado esta última temporada el jugador que siempre hemos estado esperando; el tipo que aglutina el juego, que pide la pelota, que observa los desmarques, que siempre da el pase correcto y que permite al equipo avanzar un paso en la transición ofensiva.

Diego sabe que le queremos, pero otros no. Otros venden activos, negocian con agentes portugueses, piden comisiones bajo manga, hacen el egipcio y se hacen el sueco. Porque a esos otros no les importa el Atleti sino que se importan a sí mismos. Un jugador allí, un paquete acá y un título de vez en cuando para callar bocas y, después de todo, me nombran gestor del año. Menudo chollo.

El gestor del año no va a hacer un esfuerzo por Diego. Más que nada porque recurrirán a la falta de liquidez como excusa ante la inoperancia. Nadie sabe qué ha sido del poder económico del que antaño era tercer equipo de España en cuestión presupuestaria, nadie sabe donde queda aquello de que la rojiblanca la visten los grandes jugadores, nadie sabe porque Diego no puede estar hoy donde estuvieron Leivinha y Dirceu. Diego no va a seguir en el Atleti, pero los otros dos sí lo harán. Y así seguirá siendo mientras el mundo les siga aplaudiendo las gracias. Así, ni Diego, ni Torres, ni Agüero y, dentro de poco, tampoco Falcao.

lunes, 11 de junio de 2012

Sin césped

El Calderón está sin césped, esa es la noticia del día. Cuesta demasiado mantener una bitácora diaria cuando no existen noticias de relevancia a las que poder acudir. Que te cuenten que el Calderón está sin césped significa que no tienen nada que contarte y la vida sin nada que saber se hace larga, tediosa, plomiza. Tanto casi como este post.

Seguimos siendo tan ilusos que aún, en estas fechas veraniegas de pre pretemporada, volvemos a pinchar esa página de ese diario deportivo, esa otra que vende rumores y aquella otra que dice que exclusiviza certezas, pero no hay nada que saber. Seguimos queriendo creer que un día nos despertaremos y veremos a ese crack que tanto nos gustó en aquel partido vestido con la rojiblanca y diciendo aquello de que su sueño siempre había sido el de jugar en el Atleti.

Pero no nos podremos mojar nosotros con esos sueños imposibles, porque en el Atleti hace tiempo que no llegan Futres cada verano. Vienen Emres, Cebollas y, en el peor de los casos, algún Pato Sosa que otro. Y si viene un Falcao o un Forlán es porque antes se ha vendido a un Agüero o a un Torres. Así que de soñar, nada de nada. Aunque sigamos pinchando esa página de ese diario deportivo o esa otra que vende rumores. No hay noticias de un Atleti competitivo de cara a la próxima temporada, sólo hay noticias del césped. O sea, que no hay noticias.