lunes, 26 de septiembre de 2022

Dos semanas sin Atleti

Tradicionalmente, los parones de selecciones me han dado mucha rabia, porque generalmente, en este país, no nos interesa el equipo nacional si no juega una fase final y porque, generalmente, siendo este un país de clubes, estamos deseosos de una nueva jornada de liga antes que un partido contra Suiza en un torneo random ideado por la UEFA.

Y como ello nos impide disfrutar de nuestro equipo, frucimos el ceño cada vez que hay un parón de estos y rezamos al cielo para que ninguno de nuestros futbolistas vuelva lesionado, algo que, estando el Atleti por medio es prácticamente imposible. Sin embargo, este último parón lo he disfrutado con la calma de quien sabe que no se va a llevar ningún berrinche, con la tranquilidad de quien sabe que, durante una semana, no estará rumiando una puta derrota en un partido que volvió a salir rana.

Y es que esto es el Atleti de hoy; un equipo que no apetece ver, que nos tortura y que, cuando no juega, en lugar de provocarnos abstinencia, nos provoca tranquilidad. Dos semanas sin Atleti, qué alivio y qué bien hemos dormido. Tan sólo quedan cinco días para volver a sufrir.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Miedo

Por primera vez en mucho tiempo siento auténtico pavor ante un partido de fútbol, y es porque, por primera vez en mucho tiempo el equipo vuelve a recordarme al de los años de plomo: inseguro, frágil y con una falta de carácter tan grande que le impide dominar el juego y fortalecerse en defensa. Al primer golpe, como ya se vio en Leverkusen, el equipo se marcha al suelo y es incapaz de levantarse.

Y si te pasa eso contra un peso medio vulgar, imagina si tienes que enfrentarte al campeón del mundo de los pesos pesados y no tú no pasas de peso mosca con complejos. Hubo un tiempo, hace mucho, en el que los derbis se perdían antes de jugar porque éramos un equipo acomplejado y falto de talento. Y hubo un tiempo, no hace tanto, en el que los derbis eran un dolor de muelas para el Madrid porque íbamos con pierna fuerte, cabeza alta y pecho erguido. Y ahora mismo, estamos más cerca de aquello que de esto.

La derrota ante el penúltimo clasificado de la Bundesliga no hizo sino ponernos de cara contra la realidad y es que este equipo no tiene los recursos suficientes para imponerse en ninguno de los partidos. Puede ganar por talento ofensivo algún partido como hizo ante el Celta, pero no tiene jugadores de jerarquía en el medio y, sobre todo, no tiene una buena pareja de centrales porque los dos titulares están más tiempo en la enfermería que en el campo y los dos suplentes son un esperpento digno de espectáculo circense.

Y el lunes a volver a aguantarlos en la oficina, la obra, el bar, el tren, la fábrica y la universidad.

Como para no tener miedo. 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Un mal equipo de fútbol

Hay victorias que sanan, sobre todo porque otorgan moral y cierta dosis de optimismo, pero también, al mismo tiempo, son tramposas porque esconden, tras el resultado, el devenir de unos minutos caóticos y el desempeño de un equipo falto de fuerzas y carente de ideas. Si algo deberíamos aprender del partido ante el Oporto es que se puede ganar siendo inferior pero que siendo inferior lo normal no es ganar.

Porque el equipo no logró superar al rival en ninguno de los aspectos del juego. Salvo unos primeros minutos en los que el Oporto anduvo situándose en el campo, el resto del partido fue un dolor de muelas porque ni supimos manejar los repliegues, ni supimos saltar su presión con balón, ni fuimos capaces de imponernos en el medio a pesar de jugar con tres centrocampistas físicos y dos laterales metidos en la línea media.

Pero lo realmente preocupante es que no es un problema puntual sino una constante en lo que hemos visto, ya no sólo esta temporada, sino en buena parte de la temporada anterior. Sin un Trippier que potenciase a Llorente, el equipo perdió su capacidad para sorprender y parece que, con ello, perdió su capacidad para jugar. Y es que ahora mismo ni somos capaces de hacer circular el balón, ni somos capaces de robar una pelota al equipo rival, ni somos capaces de dar, que menos, un buen pase a más de tres metros. Porque en lo que se ha convertido el Atleti, ahora mismo, es en un mal equipo de fútbol.

lunes, 5 de septiembre de 2022

Sin análisis

No se puede hacer un análisis futbolístico del partido en cuanto el mismo estuvo marcado, desde el minuto uno, por la nefasta actuación arbitral por parte de Soto Grado. Un concierto que pitidos y no pitidos que terminó por desquiciar a los nuestros y lograr que la Real no sólo se impusiese por fútbol sino también por permisividad.

Porque la Real Sociedad hizo su partido; pierna fuerte, cortar cualquier conato de contra del Atleti e intentar acogotarnos con juego entre líneas y pases directos a sus extremos. No le salió mal en plan, en gran parte, porque el árbitro dejó de pitar faltas clamorosas al tiempo que repartía las tarjetas en un sólo lado y dejaba ver que, en cualquier momento, nos iba a liar una grande.

Resulta que este año, además, es mucho más barato equivocarse porque las retransmisiones televisivas se han convertido en cómplices del árbitro ¿Que le hacen un penalti a Giménez y otro a Morata? Pasamos a publicidad ¿Que la Real marca con la mano? Esperen sentados ¿Que el árbitro omite la ley de la ventaja en una ocasión clara de gol? Conectamos con nuestros estudios. Y así con todo; faltas flagrantes a Morata, golpes en el tobillo de Joao y agarrones en el área por doquier ¿Ustedes lo han visto? Pues nosotros tampoco. Que pase el siguiente.

miércoles, 31 de agosto de 2022

Reguilón

Ya no es sólo que el tipo tenga el mismo sentimiento atlético que una ameba, que también cuenta, y mucho, es que, principalmente no es un jugador que necesitemos, no mejora a Lodi, no se entiende el movimiento con Manu Sánchez en Osasuna y no sabemos qué va a pasar con Carrasco siempre y cuando esa posición es puramente suya y el equipo donde de verdad cojea es en el lateral derecho.

No es sólo que no sea un jugador que no necesitemos, es que además viene del ostracismo, lesionado y con una mala perspectiva en cuanto a su acople al equipo ya que en cuanto se vista de corto va a ser recibido de uñas por la afición lo que habrá que ver si le afecta o, por el contrario le motiva como ya les pudo ocurrir a Llorente y Morata. Es que el equipo se desangra por el medio y nosotros sólo reforzamos los costados.

Y no es sólo uno más, es que ya son demasiados. Porque da la sensación de que no somos capaces de dar oportunidades a jugadores de nuestra cantera y, sin embargo, estamos deseando ver como un canterano del Madrid se aleja de la Castellana para echarle el guante y hacerle creer que toda su religión ha sido apócrifa. Está bien lo de poner de ejemplo a Juanfran o a Filipe, incluso a Llorente chirriándonos más, pero es que aquellos, al menos, eran jugadores extraordinarios y todos tenemos la impresión de que con Reguilón hemos fichado a un futbolista más bien mediocre.

jueves, 25 de agosto de 2022

Bien y mal

Imaginen la siguiente escena:

- Ante el lanzamiento de un objeto contundente a la cabeza del jugador Antoine Griezmann ¿Qué tiene que alegar el acusado en su defensa?

- Es que, mire usted, resulta que jugaba con nosotros y en el mejor momento de su carrera decidió irse al Barcelona por dinero.

- No diga más, agresión justificada, caso cerrado.


Esto, que parece burdo, algunos lo encuentran hasta justificado.

Y es que la vida, simplificando el análisis y relativizando la conciencia, las cosas tan sólo pueden dividirse en dos categorías: las que están bien y las que están mal.

Yo tengo muy claro en qué lado estoy y en qué lado no quiero estar.

jueves, 18 de agosto de 2022

La vieja aristocracia

La vieja aristocracia jamás se llevó bien con la nueva burguesía. En una época en la que los rentistas dejaron de tener todo el poder, vieron con recelo como los nuevos ricos, descendientes de artesanos y labriegos que habían sabido hacer del comercio su modus vivendis, iban ocupando su lugar en lo alto del escalafón social. Eran nuevos tiempos y nuevas maneras de generar influencias, los diezmos se apagaban y los nuevos ricos se negaban a rendir pleitesía.

Hace poco más de diez años, el Atleti era un aspirante a burgués con más deudas que realidades y más remiendos que esperanzas en el corazón. El pastel del fútbol se lo seguían repartiendo los viejos aristócratas mientras que los nuevo burgueses, apoyados económicamente por el dinero del petróleo, amenazaban con ocupar su lugar en el escalafón social al tiempo que irrumpían en la fiesta como un elefante en una cacharrería. Fueron ellos los que se llevaron a Agüero, a Falcao y a Costa y nos dejaron sin gol al tiempo que aprendíamos a soñar gracias a la labor de nuestro maestro artesano.

Porque Simeone iba cincelando un equipo con remiendos al tiempo que perdía sus mejores materiales. Sabiendo la fortaleza está en el grupo, se acostumbró a dominar las fieras y hacerles saber que siendo un equipo jamás saldrían derrotados. Por ello hoy el Atleti es un miembro más de la alta burguesía y cuando la vieja aristocracia cree haber perdido su lugar, se revuelve en su trono y sale, espada en mano, a reclamar lo que es suyo. Lo hace en forma de oferta sobre Cunha y sobre Joao. Si la decisión correspondiese al maestro artesano, dormiríamos tranquilos, pero sabiendo que la última palabras es del tipo que robó el club y jugó con él al Monopoly, pues la verdad es que es fácil volver a sentirse un miembro del vulgo e intuir que te van a robar las ilusiones con una puñalada trapera en la espalda.

viernes, 5 de agosto de 2022

La Champions del verano

Se lo comentaba el otro día a un amigo mientras él me dedicaba una sonrisa de complicidad. Sé que suena a exagerada la comparación, pero durante nuestra infancia, el Carranza era algo así como la Champions del verano. Por eso, cuando el Atleti jugaba el torneo, todos lo mirábamos con curiosidad y pasión sabiendo que aquel era un escaparate inigualable y que el nivel del Carranza era un buen termómetro para medir la temperatura del equipo de cara a la temporada.

En aquellos Carranzas de antaño despedimos sin saberlo a Gárate, supimos que Ayala era un puñal, descubrimos a Dirceu primero para hacer lo mismo con Kiko más tarde, entre medias, Rubén Cano se hizo carne en forma de gol, supimos que Pantic no era una milonga, creímos ciegamente en Juninho, nos agarramos a un clavo en los años de plomo, conocimos el potencial de los bisoños Saúl y Giménez y supimos que Correa era un chico diferente.

Lo de anoche no tuvo mucha historia y no tiene mucho que destacar aparte de que Witsel va a ser central en muchos partidos y que, si lo hace como ayer, va a ser un jugador muy importante y más que solvente. Anotaron los malditos de Simeone, Morata y Saúl y Griezmann se desquitó con un gol en un partido que ya estaba finiquitado. Vamos rodando poco a poco en espera de enfrentarnos a la Juve y empezar con truenos en Getafe. Ya tengo miedo. Lo siento, soy así. Mientras tanto me consuelo pensando que hemos levantado la Champions del verano.

lunes, 1 de agosto de 2022

Reinildo y diez más

Ya ocurrió con Pantic. Aquel desconocido llegó al Atleti, todos torcimos el hocico y dijimos "Menudo pufo nos va a enchufar aquí el Yugoslavo este". De Antic desconfiábamos porque no hacía mucho se había declarado madridista y porque, pese a ser despedido de malas maneras como primer entrenador, incluso yendo primero, terminó la temporada 1991-92 como secretario técnico blanco en muy buena sintonía con el presidente Mendoza. Por ello mirábamos con recelo al entrenador y mirábamos con recelo al tipo enclenque que se presentó en el Carranza con unos pantalones que le venían grandes.

Porque el tipo tenía casi treinta años y nosotros nos preguntábamos que hacía un tipo con treinta años en un equipo de media tabla de la liga griega. No puede ser tan bueno como dicen. Imposible. Y resulta que el tipo en el primer balón que toca clava una falta directa por la misma escuadra. Sonreímos. Esto ha sido potra, parece que la pega bien, pero no puede ser tan bueno. Y, joder, era bueno. Era muy bueno. Tan bueno que gracias a su pie derecho cabalgamos durante la temporada en el caballo ganador y nos apuntamos un doblete histórico que aún resuena en nuestra memoria. Fue el año de Molina, Geli, Solozábal, Santi, Toni, Vizcaíno, Caminero, Simeone, Kiko y Penev, pero sobre todo fue el año de Milinko Pantic, el tipo que llegó de la nada para ocupar un lugar privilegiado en nuestros corazones, y el año de Radomir Antic, el tipo que se redimió de su pasado y se hizo dueño de nuestros mejores sueños.

Algo muy parecido ocurrió durante el pasado invierno cuando llegó al Atleti Reinildo Mandava. Fuimos muchos los que desconfiamos. Si este tipo, con veintiocho años, no ha pasado del Lille, tan bueno no será. Para más inri, durante sus dos primeros partidos cometió dos errores que significaron goles en contra y nos echamos las manos a la cabeza. Hemos salido de Málaga y nos hemos metido en Malagón. Pero resultó que no, que íbamos camino del paraíso defensivo gracias a su lectura, su colocación y su capacidad para competir. Hasta tal punto que ahora mismo el Atleti, mientras busca un esquema e intenta acoplar de la mejor manera posible a sus mejores futbolistas, tiene un precepto claro y conciso: Somos Reinildo y diez más.

viernes, 8 de julio de 2022

Diez años tarde

Axel Witsel es un futbolista que, por su perfil definido, claramente sí necesitamos, el problema es que, como tantos otros, llega con diez años de retraso. Porque está muy bien cubrir posiciones, pero no es lo más conveniente el ponerse a parchear con futbolistas libres de edad tardía sabiendo que, tarde o temprano, tendrá que empezar de nuevo la maquinaria de búsqueda y que no está el Atleti para presentarse al mercado ni con fortaleza ni con credenciales.

Porque también abrazamos a Suárez y su voracidad hace dos temporadas y aquí estamos, dos años después, compuestos y sin nueve, sabiendo que el mercado no nos ofrece oportunidades y que tenemos que rezar para que Cunha explote o para que Morata deje de ser un pesimista del gol. Por ello, además de Witsel, o más allá de Witsel, debería buscarse un tipo sobre el que proyectar el futuro del equipo porque sólo con futbolistas prometedores de forjan unos cimientos de cara al futuro.

Cómo ya se hizo con Giménez, Correa o incluso Saúl, el equipo necesita tipos que aprendan el oficio de jugar en el Atleti, que se empapen, que crezcan y que, cuando den el salto, estén preparados no sólo para jugar sino para ser maestros de los que vienen por detrás. Witsel vendrá un año, dos a lo sumo, quizá lo haga bien y, cuando se marche, volveremos a quedar huérfanos de mediocentro porque en este club gustan más los bandazos y los chollos del mercado que los scoutings y las planificaciones serias.

martes, 5 de julio de 2022

Civitas

El Atleti recibe ciento cincuenta millones de un fondo gestionado por LaLiga con el fin de mejorar sus estructuras e invertir en sus categorías inferiores, con ellos, proyecta la construcción de la futura ciudad deportiva, todo muy idílico, junto al estadio Metropolitano y de repente, oh, sorpresa, encuentra a una inmobiliaria, en busca de activos, como patrocinadora y prestataria del nombre del recinto a pocos meses de iniciar la construcción. Y a mí que me acusan siempre de ser malpensado.

La mafia es una estructura delictiva que actúa en torno al concepto de familia. Tras el capo, siempre hay un comandante dispuesto a ocupar el trono y continuar con la política continuista. En el Atleti, muerto el capo no se acabó la rabia sino que fue el Consegliere Calam el encargado de tomar las riendas y jugar al Monopoly con el sentimiento de miles de aficionados que soñaban con un equipo mejor mientras él cumplía sus sueños de escalar puestos en la lista Forbes.

Escudado por el Cholo y sus magníficos resultados, ha podido sobrevivir en lo alto mientras prometía fuegos artificiales que explotaban antes de ser lanzados. Los globos sonda, como las promesas, están cargados de vacío y finalmente ha quedado constatado que es más importante el chanchullo propio que el beneficio del equipo. Venderán a alguien importante, recuerden, y cuando fichen un sucedáneo los periodistas que celebran barbacoas con él volverán a decir que el Atleti tiene la mejor plantilla de la historia y que un nuevo fracaso irá, de nuevo, en el debe del Cholo y nunca, jamás, en el del que juega al Monopoly con nuestros sentimientos.

lunes, 6 de junio de 2022

La venta de humo de cada verano

Primero hay que cobrar los abonos porque para que haya un engaño siempre ha de haber un incauto. Y estos somos todos lo que, año tras año, dejamos parte de nuestros ahorros en el Atleti por tradición, amor y esperanza. Una vez trincado el dinero vendrá la realidad, pero, mientras tanto, tendremos entretenido al personal con la particular venta de humo de cada verano para, así, poder tenerlos alerta e ilusionados ante un proyecto que terminará salvando la mano milagrosa del entrenador.

Por eso es importante filtrar nombres; ya sean Darwin Núñez, Carlos Soler, Nahuel Molina o incluso Gundogan. Porque para que los peces piquen, necesitan siempre un cebo. Y cuando el pez esté en el anzuelo, lo manejaremos a nuestros gusto y diremos que la economía no es la más voluble, que en tiempos de vacas flacas hay que guardar y que, si queremos que alguien entre, otros tendrán que salir.

Y entonces perpetrarán la venta de Carrasco, o la de Correa, o la de Oblak, y volverá Morata, o vendrá Raúl de Tomás y el equipo será un poquito peor, como cada año, y le tirarán a Simeone el fracaso a la cara y los que están en la lista Forbes se irán de rositas y uno de ellos callará y el otro saldrá de un bar, con los mofletes colorados, diciendo que tenemos un equipo extraordinario y que los futbolistas juegan donde quieren. Me lo conozco todo de memoria ya.

lunes, 23 de mayo de 2022

Aprobado

Si hace doce, trece o catorce años, nos dicen que hemos quedado terceros en la clasificación final, todos nos daríamos abrazos, nos repartiríamos albricias y nos daríamos por satisfechos viendo como nuestros pequeños sueños de ínfima grandeza se hacían un poquito realidad. Porque hace doce, trece o catorce años, cuando no le ganábamos al vecino ni a las chapas y cuando ser sexto era poco más que un logro, no podíamos imaginar terminar en el podio de la liga y creer que podríamos aspirar aún a más.

Pero este equipo ha crecido. Hasta el punto de que nuestras expectativas se han superado y nuestras exigencias se han puesto en el listón histórico de la institución. Simeone ha hecho un trabajo extraordinario llevando su vehículo a meta mientras sus propios dirigentes le ponen palos en las ruedas y el ruido mediático trata de desconcentrarle sin demasiado éxito. No tenemos la mejor plantilla de nuestra historia y por ello no podemos exigir todo, pero venimos de ser campeones y ha resultado demasiado frustrante verse fuera de casi todo a varios meses del final de la temporada.

Por eso la nota no puede pasar del aprobado. Aprobado porque se ha conseguido el objetivo mínimo y se ha competido bien en Champions pese a caer en cuartos de final, pero no más de un aprobado porque hemos perdido contra los tres equipos descendidos, porque no le hemos sacado ningún punto al Mallorca, porque nunca estuvimos cerca de competir la liga, porque otro año más, no avanzamos apenas en la Copa del Rey y porque de cinco partidos en Champions como local, no se ganó ninguno. Así que vamos a ser sensatos y exigentes y vamos a aprobar al equipo, pero sólo por los pelos. Suficiente, sí, pero queremos volver a rozar el sobresaliente o al menos volver a tener un notable.

lunes, 9 de mayo de 2022

A tres puntos

Con la victoria de ayer, el Atleti se situó a tan sólo tres puntos del objetivo. Siempre y cuando Betis o, en su caso, Real Sociedad ganen todos sus partido, al Atleti le bastará una victoria para poner en liza su próximo proyecto con la seguridad de que seguirá en la élite y la economía, supuestamente, más reforzada, aunque este Atleti de giles nunca sepamos dónde y en qué se invierte verdaderamente el dinero.

Si soy sincero, confío más en los pinchazos ajenos que en los aciertos propios. Lo digo porque, cuando no hay partido de máxima exigencia como el de anoche, el equipo tiende a la inoperancia, la dejadez y la inacción como ya hizo en estadios de más baja estopa como fueron Mendizorroza, Los Cármenes o Son Moix. Jugamos contra el Elche al que, al igual que nosotros, solo le faltan tres puntos para cerrar su objetivo y, sinceramente, veo más cerca que ellos consigan el suyo por su propia actitud a que lo hagamos nosotros después de dejarnos el pellejo en un derbi que terminó con todos exhaustos.

Porque ayer el Atleti hizo lo que debía hacer. Hay veces que, como contra el City, el balón no entra y, aún así, no puedes reprochar nada a tus jugadores porque sabes que lo han dejado todo en el terreno de juego. El Atleti salió a por el Madrid y si no ganó de manera más holgada es porque falta gol y falta cierta categoría en los metros finales, por ello, la victoria estuvo a punto de irse al traste en los minutos finales, pero, de haber sido así, sólo podíamos haber aplaudido a los nuestros, porque hicieron, simplemente, lo que tantas veces les hemos pedido y tan pocas veces nos ha ofrecido: dejarse el alma por la camiseta del Atleti.

martes, 3 de mayo de 2022

El pasillo

El primer pasillo dentro de la competición española data de 1970 y se lo hicieron al Atlético de Madrid. Antes de que el Athletic nos eliminara de la Copa y después de haber quedado segundos en liga a tan sólo un punto, los bilbaínos, en buena lid y cargados de respeto y honor, se cuadraron ante los nuestros y honraron un campeonato que costó mucho sudor y esfuerzo. Porque ese es el principal motivo que debe tener el tan citado pasillo: el de honrar al campeón, aplaudirle, reconocerle su logro y, después, ponerse a jugar al fútbol como siempre se ha hecho.

El Madrid y por ende, el madridismo, tiene un problema endémico y es que necesita ser alabado hasta cuando no lo merece. Un narcisismo exacerbado que ha cruzado generaciones. Es como ese niño abusón del patio del colegio al que todos rinden pleitesía pero que, cuando sale un niño que no le tiene miedo y le replica, su respuesta es patalear y chivarse al profesor quien, como además le tiene por su alumno preferido, termina por defenderle y castigar al valiente que se ha atrevido a replicarle.

Tras aquel primer pasillo, era tan sólo cuestión de tiempo que ellos también tuviesen el suyo. Y como ganaban más que nadie, se sentían colmados de felicidad y de honores al verse casi siempre en el centro de atención. Tan plácidamente se encontraban en el halago contínuo que, una vez que siguieron ganando, pasaron de obtener un pasillo siempre improvisado a exigirlo como cuota a pagar por su abono a la victoria. De esta manera sacaron portadas y exigieron escarnio público a sus rivales quienes ya no debían honrarle sino humillarse y postrarse ante su majestad.

Todo el cuento de la pleitesía ante el rey cambió el día en el que a ellos les tocó hacer pasillo al Barcelona. Estaba claro que había un problema de celos, de envidia y de rabia y el alumno abusón se chivó al profesor y el circo mediático montó un debate insustancial donde simplemente debería haber habido una tradición que respetar. Salió el entrenador y el capitán a decir que eso del pasillo nada, que ellos pueden humillar pero que nunca pueden ser humillados, faltaría más. Y ahora, después de dejar esos polvos en el camino, se encuentran con un fango en el que quieren que se revuelquen los demás y piden, por lo civil y lo criminal que el Atleti pague las deudas adquiridas y se humille ante ellos para poder presumir de foto y de unos valores que ellos mismos perdieron el día que pisotearon la tradición.

Así que, resumiendo el comunicado del Atleti de ayer: Ahora les va a hacer el pasillo su puñetera madre.

miércoles, 20 de abril de 2022

Boli Bic

Soy consciente de lo que conlleva este texto que, más allá de una opinión, es una declaración de principios porque aparte de Atlético me gusta ser una persona consecuente con mis pensamientos y antes que seguidor, hincha y apasionado, que lo soy, me gusta ser una persona acorde a los principios que me inculcaron desde niño basados en el respeto, la libre interpretación y, sobre todo, la conciencia social por encima de cualquier populismo.

Tengo muchos motivos para sentirme orgulloso por formar parte de la familia de aficionados del Atlético de Madrid y como cada muestra representa un botón, nada mejor que retroceder una semana en el tiempo y disfrutar con lo ocurrió en la grada nada más el árbitro señaló el final del partido contra el City y nos vimos eliminados de la competición; una hinchada en comunión con un equipo, olvidando el lado oscuro de la derrota y entregándose al lado pasional del amor incondicional, porque nosotros, ya lo saben, queremos que nuestro equipo gane, faltaría más, pero no queremos a nuestro equipo porque gane.

Pero sería de necios obviar que hay una parte de nuestra afición que lleva años empeñada en mantenernos en una caverna de indecencia mientras se dedican a repartir carnets, censurar opiniones y, sobre todo, practicar el matonismo en las redes. Son los mismos que, en la grada del estadio del City, levantaban el brazo para honrar a sus ídolos caídos, los mismos que promulgaron la pitada al gesto contra el racismo y aquellos que iniciaron el cántico de "Pep Guardiola hijo de puta" cuando muy pocos entrenadores han sido tan respetuosos con el Atleti como el catalán.

Ya sé que me vendrán con discursos de doble moral, falsa modestia e hipocresía para utilizarlos como coartada, pero lo cierto es que hemos dado ante el mundo una imagen penosa rayando el paletismo por encima de la pasión. Y me entristece que sea así, porque si somos la mejor afición del mundo no es precisamente porque pongamos la política, las ideas y la rabia por encima del sentimiento sino porque el sentimiento y el amor incondicional siempre ha estado por encima de cualquier condicionante. Por ello me molestan estos comportamientos rayanos en la estupidez, igual que me molesta ver como nos burlamos de la afición del Barça por su ridículo en las gradas ante la afición del Eintracht y mientras nos dedicamos a dar moralinas, llenamos las páginas de compra venta de internet con anuncios vendiendo boli Bic incluyendo, como regalo, una entrada para el derbi.

A ver si, por ser tan listos, vamos a ver nosotros también nuestra grada teñida de blanco.

lunes, 4 de abril de 2022

Matheus Cunha

El tipo llega como segunda opción y aún así mantiene la sonrisa; en su presentación promete compromiso y se muestra agradecido y afortunado. Sabe, como todos, que no será opción preferente y habrá de ganarse el lugar, amén de que le han fichado como nueve cuando él nunca ha desempeñado ese rol y aún así se esfuerza en reconvertirse y se muestra confiado en cada lance.

No llevaba ni dos semanas en el equipo cuando la directiva le consigue al entrenador su capricho personal y Griezmann regresa al club, con lo que tiene que restar un lugar en la escala de preferencias. Lo que para otro jugador hubiese significado un duro golpe, para Cunha fue una motivación extra. Y se vio enseguida que el hambre y las ganas de ser importante no están reñidas con la humildad y con la alegría. Empezó a sumar minutos, empezó a ser cada vez más diferencial y empezó a ganar titularidades como quien gana duelos al sol.

Y aquí está, recién salido de una lesión, sin derramar un lágrima, sin conceder un reproche, jugando pachangas con chavales en la plaza de un pueblo, volviendo a sonreír y volviendo a decirnos que quiere ser el tipo que cambie nuestra historia. Después de dos meses largos sin jugar, salió contra el Alavés cuando el equipo más apático estaba y en dos minutos ya lo había puesto directo a la victoria, porque comenzó a moverse, a disputar balones, a jugar al fútbol y provocar peligro. Participó en los tres goles que anotó el equipo desde su salida y dejó la impresión de que es uno de esos futbolistas a los que habremos e querer, sí o sí, durante los próximos años. Porque tiene fútbol, energía y mucho flow.

martes, 29 de marzo de 2022

Todos sanos

Los fines de semana sin partido del Atleti se hacen largos y tediosos. Desde el primer momento sabes que te falta algo; o la emoción duradera, acompañada de ese manojo de nervios que te agarrota el estómago, en las horas previas, o la sensación, bien depresiva, bien eufórica, tras haberse jugado el partido. Así que, cuando no tenemos sentimientos a los que recurrir, ni pensamientos que fabricar, nos vamos poniendo al día, poco a poco, del goteo de noticias que ya por escasas, no suelen ser siempre de carácter positivo.

Y sin embargo, ayer ocurrió lo inesperado y pudimos leer que, después de meses, el equipo entrenó al completo con la enfermería completamente vacía. Eso quiere decir que, sancionados aparte, Simeone podrá dibujar, por fin, su alineación ideal sin tener que recurrir a parches ni inventos, por más que muchos de ellos nos hayan salvado el culo durante los últimos partidos.

Y es importante esto porque nos encontramos, ahora sí, en el tramo más trascendental de la temporada. Atrás deben quedar los lamentos por los errores del pasado y es obligatorio enfrentarse, mirándole a los ojos, a los retos del presente. Porque una vez establecidos en la cuarta plaza, no queda otra que afianzar el lugar y jugarse los cuartos contra el City con la única obligación moral de competir y ver lo que puede pasar. La obligación es estar allí, de nuevo, la próxima temporada, lo otro sería un premio e, incluso, un milagro. Pero aquí estamos, con todos sanos y con un manojo de nervios, ahora sí, agarrotados en el estómago.

martes, 15 de marzo de 2022

Sin carácter

Probablemente, Cristiano no ha jugado nunca un partido de eliminatorias de Champions contra un equipo que defienda tan mal los centros laterales. El otro día, viendo rematar a Negredo cómodamente en el borde del área pequeña, me empezaron a temblar las piernas en previsión de lo que nos va a venir, que no es sino un acogotamiento por balones divididos con dirección al corazón del área que nos va a tener intentando despejar balones durante todo el partido.

Con Godín, con Lucas, con Gabi o con Tiago, este tipo de partidos se jugaban con un valium en las venas porque se sabía no dejar jugar y se gobernaba el área con majestuosidad, pero este equipo sin carácter que hoy tenemos, mucho me temo que se pasará el partido temblando y enviando balones a ninguna parte para que los centrocampistas del United, una y otra vez, vuelvan a percutir.

Es por ello que no soy nada optimista de cara al partido de esta noche. Y mira que de todos los rivales posibles que había, no nos ha tocado el más complicado, pero no es el Atleti, ahora mismo, uno de los ocho mejores equipos de Europa y me cuesta verle luchando más allá en la competición. Estamos plagados de bajas, los que juegan están mucho peor que el año pasado y, además, no les veo con el cuajo suficiente como para salir al campo y decir, chicos, somos el Atlético de Madrid. Este equipo, mal que nos pese, no tiene mucho carácter.

jueves, 3 de marzo de 2022

Asombro

Asombro por encontrarme en la tele, en directo, un partido de juveniles en el que el equipo visitante juega como si fuera local, empujado por los suyos, conducido en volandas por el espíritu de una camiseta que les insufla energía y valor, coraje y corazón, escudo y orgullo. El Atleti no sólo ganó al campeón del torneo sino que lo hizo a domicilio y defendiendo como si fueran soldados del ejército más disciplinado del mundo.

Asombro por ver jugar a Pablo Barrios, un compendio de técnica y energía al servicio de un equipo en busca de un líder. Un futbolista capaz de defender un ataque rival y, un pestañeo más tarde, estar conduciendo un contraataque junto a sus compañeros, un tipo que marcó dos goles sublimes, que se puso el mundo por montera y nos dijo a los atléticos que quizá, si se apuesta fuerte por él, tengamos centrocampista durante unos años.

Y asombro por ver que los de siempre han vuelto a hacer el ridículo de la peor manera. Estamos en el año 2022 y algunos creen que siguen viviendo cuarenta años por detrás; no bastó con ir a insultar a un equipo de juveniles sino que se recrearon de la peor manera vejando de manera racista a un chaval por el hecho de tener un color de piel más oscuro y una camiseta más clara. La realidad es que aquí, el asombro se convierte en vergüenza.