lunes, 27 de febrero de 2012

El Atleti de Manzano

El Atleti de Manzano comenzó a morir en su partido contra el Barcelona. Después de un comienzo de liga esperanzador, con buenos partidos e ilusionantes momentos ante Osasuna, Valencia, Racing y Sporting, el equipo llegó al Camp Nou y al entrenador le entró el cagazo. Se olvidó del atrevimiento y recurrió al milagro. Pero cuando lo que tienes enfrente, en lugar de hombres comunes, son genios, ocurre lo peor. La goleada significó una catástrofe, de la catástrofe llegaron las dudas, las dudas se incrementaron con media docena de malos resultados y ya recordamos todos como terminó el proyecto.

Anoche, durante cuarenta y cinco minutos regresó el Atleti de Manzano. Parecía que todas las sensaciones percibidas tras el arranque de la era Simeone no eran más que simples fuegos de artificio y que, para lograr la heroica, había que recurrir de nuevo al milagro. Y de nuevo, enfrente, había genios donde otras veces hubo hombres comunes. Me acordé durante el descanso de todos aquellos mileuristas que viven con trescientos euros después de descontar su pago hipotecario y como guardan una parte de sus ahorros para vivir in situ noches de partido grande. Me acordé de toda esa gente que llena el campo sabiendo que dormirá tres horas y que el lunes regresará a la dura realidad. Todo para ver a su equipo encerrado en su campo.

De ellos debió acordarse el Cholo en el entretiempo, igual que lo hice yo, y el equipo que jugó el segundo tiempo fue una tormenta de intenciones diametralmente distinta a la apaciguada brisa que había soplado en el rostro de los incrédulos futbolistas azulgranas. Es difícil dominar al Barça, pero se lo puedes poner crudo. El Atleti se plantó en campo contrario, adelantó la línea y retó a su rival: si quieres ganar, tendrás que esforzarte mucho. A partir de aquí, en el intercambio de golpes, gana quien mejores recursos tiene. Si tu equipo lo da todo y el contrario gana porque tiene un jugador tocado por las hadas, se acepta la derrota. Así ocurrió. Dolió perder, no lo vamos a negar. Dolió menos sabiendo que el equipo se entregó al máximo. Pero dolió algo más después de comprobar que les habíamos regalado medio partido.

jueves, 23 de febrero de 2012

La vida puede ser maravillosa

Que conste que me parece muy bien la idea del club de acercar el equipo al aficionado. Tengo las mejores referencias del nuevo equipo de comunicación del club y me consta que son profesionales más que competentes. Me parece muy bonito el video, muy emotivo, muy pastelero; una clara demostración de que, como dijo el gran Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

Pero el Atleti es más que un paseo plácido por Roma. El Atleti es un equipo que vendió su historia para convertirse en comparsa y cuyas malas noticias pasan de largo en la prensa porque no se debe morder la mano de quien te da de comer. Telediarios, webs, blogs e informativos en general, abrieron ayer con el vídeo en el que nos demostraban lo maravillosamente unidos que están nuestros jugadores, pero ¿Para cuándo una noticia de verdad?

El Atleti lleva veinticinco años secuestrado por una familia que vendió su alma al diablo y esquilmó los sentimientos de varios millones fieles. Nadie nos cuenta en qué situación queda la operación del nuevo estadio, nadie pregunta al hijísimo por la apropiación indebida, nadie señala a Cerezo como cómplice, nadie critica los catorce años sin ganar un solo título. Es mejor reir las gracias y seguir poniendo la mano. Y si las cosas se tuercen, siempre habrá otro vídeo que enseñar. Al fin y al cabo, la vida puede ser maravillosa.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un jugador como él

Durante las últimas temporadas, cuando el equipo se perdía en la mediocridad e imperaba el alboroto por encima del juego en el centro del campo del Atleti, los que sufríamos la nada más absoluta, abogábamos por la incorporación de un jugador diferente que recibiese entre líneas, desahogase al medio centro y encontrase siempre el pase correcto ¿Cuántas veces hemos eschuado decir aquello de "Al Atleti le hace falta un tío que mueva al equipo"?

Pues ese jugador era Diego. A lo largo de la temporada, él solito se ha encargado de disipar todas las dudas. Decían que había tocado techo y su regresión era un motivo de preocupación, pero lo cierto es que aún no le he visto un partido verdaderamente malo. Puede haber estado algo más gris de lo normal cuando el equipo adolecía de actitudes, pero cuando sus compañeros le han necesitado, siempre han encontrado su pie amigo para dar continuidad a la jugada.

Y ahora Diego se lesiona. Justo ahora cuando nos jugamos las habichuelas en el tramo más importante de la temporada; un mes de competición en el que jugaremos contra Barcelona y Sevilla en liga y Lazio y, probablmente Besiktas, en la Europa League ¿Cómo gestionar la baja de un tipo tan importante? Dando galones y confianza a quien quiera sustituirle y, en ese aspecto, ha llegado la hora de Koke. Los miuras son fieros y el valor se demuestra con el pecho erguido y la mirada desafiante. Hay que mirar hacia adelante y pensar que el chaval también puede ser un jugador como el brasileño, un tío de esos que mueven al equipo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Mitificando porteros

Hace tan sólo dos semanas, Toño y Juan Pablo eran dos jornaleros del fútbol, dos tipos discretos, sin actuaciones asombrosas ni pifias habituales que les convirtiesen en presa de foto de la jornada, dos porteros de oficio, sobrios, serios, sin alardes, que el Atleti ha convertido en internacionales. Parecía que no se podía repetir la historia pero sí, el equipo buscó la victoria hasta el final en El Molinón e, igual que en El Sardinero, se estrelló una y otra vez contra el portero rival.

Y eso que el partido no fue igual al de la semana pasada. Fue más feo, más hosco, más parecido al de Pamplona que al de Santander. Nunca tuve a Clemente por un excelso estratega pero lo cierto es que tramó un partido de choque, de empuje, con balones cruzados a sus exteriores y fiando su peligro al balón parado y, durante muchas fases, caímos en su juego. De una de esas tantas faltas cometidas en las inmediaciones del área propia llegó el gol rival. Ya había avisado antes Gregory y no falló después Eguren. Todo gol sienta mal, si es un gol tonto sienta aún peor.

El guión de la película podía haber mutado al conformismo una vez que comprobamos que Diego no podía seguir jugando. Buscando profundidad, el Cholo había sacado a Salvio por un entonado Koke, fiando que de los pies del brasileño saldrían los balones necesarios para el Toto. No pudo ser, se marchó Diego y apareció Gabi (el cambio que ha experimentado el de Leganés con el Cholo es otro de los milagros que pararemos a analizar uno de estos días), y apareció, sorpresa, Eduardo Salvio. Suyos fueron los mejores balones a Falcao y de los disparos del colombiano nacieron las mejores paradas de Juan Pablo. Una vez más, dos puntos menos. Hay un motivo para estar tranquilo y es que el equipo ha encontrado un camino ¿Lo hay para impacientarse? La próxima jornada llega el Barça y ellos no te permiten ni un solo perdón.

jueves, 16 de febrero de 2012

La única opción que nos queda

La Europa League es un caramelo apetitoso. Ya lo pudimos comprobar hace un par de temporadas cuando, tras las tempestades llegó la calma en forma de trofeo; teníamos tanta hambre de gloria y tanta sed de triunfo que no dudamos en desdoblar las camisetas guardadas en el fondo de un cajón y lanzarnos a la calle para festejar nuestra victoria. Es lo que tiene la ilusión cumplida; la máquina de los deseos se pone en funcionamiento, a la pelotita le da por entrar en la portería y el camino hacia la felicidad se convierte en una cuesta abajo con escaleras mecánicas.

Una vez que hemos comprobado lo divertido que resulta ganar, hay que reactivar la memoria, resetear la conciencia y ponerse a punto para este último asalto porque una vez más, la Europa League, es la única opción que nos queda. Convertida la liga en una quimera inalcanzable donde solamente hay menú y postre para dos equipos, y tirada la copa del Rey a la basura por la incapacidad de una directiva que no supo decir que no a tiempo a un entrenador en cuyos métodos ya no creía nadie dentro de la plantilla, una victoria sonada en la Europa League se convierte en motivo más que suficiente para retomar las ganas de seguir soñando.

El rival tiene nombre, un glorioso pasado reciente y una afrenta en su muesca que nos debemos cobrar. Aún recuerdo aquel cero a cero en Roma con Cristian Díaz intentado hacerle la vida imposible a Alen Boksic. Ha pasado tanto tiempo de aquello que nadie se acuerda de "el camioncito", lo cierto es que no volvió a aparecer por las alineaciones rojiblancas y, como tantos otros nombres e impostores, terminó perdido en el abismo de las promesas pendientes. Simeone habla de un partido de ciento ochenta minutos y de no encajar un gol, la Lazio no es la alegría de la huerta y supongo que a ninguno le disgustará el empate a cero. No es un buen aliciente para ver el partido pero, puestos a soñar de nuevo, no creo que ninguno tengamos ganas de perdérnoslo. A gastar el último cartucho, no nos quedan más.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Benditos

"Dominus vobiscum...". Quizá era eso lo que esperaban escuchar los expedicionarios atléticos que se han colado en el Vaticano por la patilla, previa recomendación del ínclito Rouco Varela, y han besado la mano del papa para hacerle saber, después, previas ofrendas y honores, lo orgullosos que están de ser recibidos por tan magnánima celebridad. Benditos ellos.

Y benditos nuestros directivos. Se fotografían bajo la cúpula de San Pedro, invitan a sus muchachos a una charla del sumo pontífice y, acto seguido, se ponen en la foto para enseñar al mundo su sonrisa de afecto porque, faltaría más, ya que vas, lo suyo es que te flasheen un rato para que luego, los correveidiles de turno te saque en una foto, a doble página y donde no digo "Operación Calderón inviable", digo "Gil Marín y Cerezos son un santos". Solamente les falta la aureola. Alguno se la pintará.

Escucho que le han regalado al Papa un lingote de plata y varias réplicas en bronce. Ya puestos, le podían haber enseñado la sentencia judicial en la que les declararon culpables por apropiación indebida, o aquella donde les condenaban por estafa por vender dos negritos al club por unos cuantos miles de millones de pesetas. Que total, dar cobijo a dos pobres negritos debe ser considerado un acto de caridad. Así se lo agradece el Papa; se deja adular, besar el anillo y agasajar con presentes que terminarán en el último de los sótanos del Vaticano. Debe ser que allí, como aquí, robar sentimientos tampoco es pecado.

jueves, 9 de febrero de 2012

El milagro de las bodas de Caná

Cuenta la Biblia que Jesús fue invitado a una boda en Caná de Galilea y en el fragor de la fiesta María, su madre, se cercioró de que apenas quedaba vino para los invitados. Comunicándole la noticia a su hijo con hondo pesar, le hizo saber que quizá necesitaran de su ayuda por lo que Jesús pidió a los sirvientes que llenasen una tinaja con agua del pozo y, acto seguido, fuese sirviendo la misma a los comensales. No salieron de su asombro los criados cuando se cercioraron que lo que habían rellenado como agua se estaba vertiendo como vino.

Cuenta el fútbol que Simeone fue mandado a los leones del Calderón y que, en el culmen de los despropósitos la afición, madre de todo sentimiento, le alertó que la defensa del equipo hacía aguas por todos los costados. Sabedor de que los mimbres no eran muy halagüeños, el Cholo puso a trabajar a sus futbolistas y, con premisas de esfuerzo innegociable, les puso a jugar sobre el césped. No salieron de su asombro los fieles de grada y televisor cuando comprobaron que lo antes era un circo ahora se había convertido en una defensa seria.

Convertir un bochorno como la defensa del Atlético en una línea Maginot más que fiable es como el milagro de las bodas de Caná; si no lo veo no lo creo. A ver si va a ser verdad que el Cholo es el Mesías.

martes, 7 de febrero de 2012

Lo que no nos quieren contar

Los adláteres del señorito, los pelotas del poder, los sobaespaldas y los estómagos agradecidos gustan de girar la cabeza y mirar hacia otro lado porque así distraen la atención. Dan un impulso a la demagogia y nos recuerdan lo buenos que son los padres gilmarianos, que buenos son, que nos llevan de excursión. Pasarán los días y entre el ruido mediático nos seguirán recordando lo malo que era Manzano y lo bueno que es Simeone, nos deleitarán con estadísticas sobre kilómetros recorridos y balones robados, nos acribillarán con cuentas de la lechera y la Champions League que deberíamos jugar todos los años y cuya música, sin embargo, solamente escuchamos de pascuas a ramos.

Nos cuentan lo bonito que será nuestro estadio, pero no nos querrán contar que no tendremos nuevo estadio. Quizá, hasta se callan lo que muchos tememos y es que, ni nuevo ni viejo, nos quedaremos sin estadio. Todo fueron portadas, contraportadas y hojas posterizadas en los diarios de turno para vendernos la moto de lo espectacular que quedaría la Peineta y de los títulos que ganaría el Atleti cuando jugase allí ¿Dónde estaban las portadas tras la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la semana pasada?

Yo puedo contar lo que leo, y lo que leo es que el TSJ ha anulado el Plan Urbanístico firmado entre el Atlético y el Ayuntamiento de Madrid porque vulneraba la ley 245/2001, donde se indican los preceptos a los que debe acoger un consorcio urbanístico a la hora de construir un edificio en el suelo de la capital. Exactamente, la Ley del Suelo de Madrid indica que no se pueden construir edificios cuya altura supere las tres plantas más ático. Resulta que el Atleti, en busca de una plusvalía que nadie nos quiso contar a qué bolsillo iría a parar, había programado la construcción de edificios de hasta doce plantas. Puedo seguir contando lo que leo y lo que leo es que la presidenta de la Comunidad de Madrid ha afirmado que el Atletico y el Ayuntamiento deben cambiar el convenio si quieren sacar la operación adelante ¿Le interesará a alguien cambiar ese convenio? Quizá tardemos mucho tiempo en saberlo porque eso, como lo otro, no nos lo quieren contar.

lunes, 6 de febrero de 2012

Doble rasero

Que conste, en primera instancia, que estoy a muerte con el Cholo. Nunca he sido un tipo especialmente censurador del entrenador que nos ha ido tocando. Excepto con Aguirre, cuyo fútbol me hastiaba, he sido demasiado comprensivo con el mismo, llegando a sentir cierta lástima en sus presentaciones sabiendo que terminarían en el cadalso como un pagafantas más, señalado por la prensa, inculpado por la afición y ejecutado por una directiva a la que gusta mirar a otro lado para que sus adláteres también desvíen la mirada.

Estoy con el Cholo a muerte pero no voy a dejar pasar detalles que con Manzano eran considerados pecados capitales y con Simeone son promesas de lujo que están por venir. No hay que remontarse mucho más atrás en el tiempo para encontrar el partido contra el Betis y como el Calderón estalló en ira cuando el entrenador sustituyó a Arda y a Diego. Ayer, con cambios similares; Ole, ole ole. No hay que cambiar de ciudad para encontrar un equipo rival de élite y rememorar la docena de ocasiones claras que falló el equipo en su encuentro contra el Sevilla. A Manzaron le mataron, ayer, por un empate con tres ocasiones, Ole, ole, ole. No hacía mucho que se recriminaba al equipo que perdiese el balón en zonas conflictivas, que no arriesgase en la imaginación y no encontrase la profundidad; ayer se abusó del balón en largo hacia Falcao sin acompañantes que corriesen el contraataque, pero Ole, ole, ole.

Sigo diciendo que estoy con el Cholo a muerte como también estuve a muerte con Manzano. Manzano murió de inanición porque nadie le dio dos días de alimento ya que al primero ya le habían matado. Manzano murió de dudas, de incertidumbre, de una lenta agonía. Murió sin dignidad por un puñado de euros y dejó un equipo muerto porque nadie le había tendido una mano. Hubiese necesitado al menos una de las muchas que sí le han tendido a Simeone desde el primer día. Es el injusto enclave del doble rasero; a uno le matan porque sí y al otro le adoran por ser ídolo. Y eso sin haber hecho nada.

jueves, 2 de febrero de 2012

No es sólo fútbol

Decía ayer Simeone, en una de sus comparecencias prepartido a cuatro días del partido, que quiere contar con doce jugadores el domingo. Sabe que el Valencia es rival de altura, que lleva años usurpando un lugar que le debería corresponder al Atleti y que la victoria, de lograrla, nos situaría a cuatro puntos de una tercera plaza que hace tiempo dejó de ser obligación para convertirse en sueño.

Al sueño del milagro recurre el Cholo para solicitar cincuenta mil gargantas, para apelar a la épica y sentirse arropado. Les lanza el reto a sus chicos e invita a la afición a derrotar al frío y calentarse las manos aplaudiendo al Atleti. Es lícito, es lógico, es normal. Todos quieren contar con una afición animosa y animada, con miles de gritos enfurecidos en pos de una victoria, con decenas de miles de corazones encendidos palpitando por un sueño.

Pero si la afición del Atleti ha dejado de ir al fútbol, y eso deberían contárselo a Simeone (si alguien no lo ha hecho ya), no es solamente por la apatía del equipo. Es posible que los jugadores recuperen el ánimo, el ardor, las ganas de batallar y, en definitiva, de jugar al fútbol. El problema no deriva del césped, si no del palco. Si parte de la afición del Atleti ha dejado de ir al Calderón no es porque haya dejado de ser fiel al equipo, si no porque no quiere más atropellos. Todos soñamos, claro está, todos vibramos con cada gol, faltaría más, pero en lo más hondo de nuestro corazón crece una desconfianza tal que nos hace saber que, por muchos goles que anote Falcao, por muchos regates que invente Adrián y por muchos balones a la primera que juege Arda, tarde o temprano dejaremos de aplaudirlos porque tarde o temprano formarán parte de una operación que dejará ánimos apagados y muchos bolsillos llenos. En eso consiste el Atleti de hoy, no es sólo fútbol. La gente no se fía, Cholo, ya podamos ser el doce, el trece o el catorce.

martes, 31 de enero de 2012

Los deberes

El Atleti ganó como debía, celebró como debía, no jugó como debía, pero solventó la faena con una buena dosis de tensión e intensidad; dos factores que, a falta de fútbol, al menos aportan credibilidad. En el antiguo Sádar (nombre que evoca batallas bajo la lluvia, barro hasta en las cejas y tacos de alumino sobre espinilleras de corcho) no se gana con exquisiteces. Osasuna, que con Mendilíbar es menos práctico y más convincente, planteó una batalla en el centro del campo y allí saltaron chispas y algún que otro codazo. No podía ser de otra manera que con un rebote. Supimos todos entonces porque Koke sacaba todos los córners al primer palo. Estaba estudiado; Adrían debía prolongar y Falcao debía matar. En la fiesta se coló Godín que, balón suelto mediante, alojó en la red una pelota que significó oro puro.

La imagen del final del partido, con todos los jugadores haciendo piña en el centro del campo es la de un equipo que ha recuperado la fé. No voy a dejar de obviar los atropellos a los que nos vemos sometidos por parte de los amos del corral, pero hoy toca hablar de fútbol. Toca fútbol porque son tres victorias consecutivas, porque son cuatro partidos sin encajar un gol, porque parece ser que sí, que era cierto aquello de que Manzano no daba con la tecla moral de unos jugadores capacitados para algo más.

El puente está tendido y ahora hace falta vencer al vértigo para cruzar el precipicio. Es posible que los resultados ofrezcan moral y con la moral regrese el fútbol. Diego, Koke, Arda, y esta versión de Tiago, pueden dar para mucho. Es posible que un traspié haga tambalear los cimientos y el equipo caiga donde siempre. El partido de ayer era clave. Esta victoria permite mirar al Valencia a la cara; una situación idónea, la situación que todos pedíamos. El Atleti hizo los deberes. Como el estudiante vago, a última hora, pero los va haciendo y, después del suspenso, va camino de redimirse con un suficiente. Queremos más, sí, pero despacito y buena letra porque este estudiante ya ha repetido curso demasiadas veces como para dejar a un lado la desconfianza.

lunes, 30 de enero de 2012

No quiero despertar

Resulta demasiado difícil conciliar la vida laboral y familiar con la vida social; cuando dedicas la mayor parte de tu tiempo a tu trabajo y decides que, por obligación sentimental, el resto de tu tiempo libre debe ir a parar a tu mujer y a tu hijo, es cuando te das cuenta de que los proyectos, como fruta madura, terminan por caer del árbol. Siempre hay un minuto para volver a plantar una semilla y hacer que reverdezcan los frutos; se puede buscar un motivo, lo complicado es encontrar una motivación.

El Atleti, al igual que yo, ha estado durante meses dando tumbos. Enfrascado en pequeñas batallas contra sí mismo, ha perdido demasiado tiempo pensando en qué debería ser sin haberse dado cuenta de lo que realmente es. Yo he decidido volver a rescatar un minuto para mis proyectos y el Atleti ha decidido rescatar ese hilo invisible que durante años le unió a la grada y que, por su propia insensatez, había decidido cortar por la mitad.

Más allá de dueños ilegítimos, que haberlos haylos, el equipo ha desenterrado un hacha para mirar a los ojos de la gente. Puede que sea un espejismo, pero este sueño empieza a gustarme tanto que temo despertar a medianoche con un sudor frío y un cuatro a cero en el Reyno de Navarra. No es una plaza propica; históricamente, los sanfermines navarros se han saldado con media docena de volteretas y alguna cornada bastante profunda. Los garbanzos se ganan en los garbanzales, y allí debe regresar el equipo para rasgarse la piel en busca de su historia. No quiero despertar. Por favor, no volváis a despertarme.

martes, 20 de diciembre de 2011

Los lunes al sol

Se puede ser un graciosillo de poca monta, un pelota mediático en busca de gloria y un ingenioso imitador de nada en concreto; una cosa es ser un chancero y otra un sinvergüenza. Vale que Manzano haya cometido errores, que el equipo tampoco le ha ayudado y que entre todos le han ayudado a cavar su propia fosa. Una cosa es decirle a un tipo que no cuentas con él y otra cosa es reirse en su puñetera cara.

Todo el mundo tiene un precio, y está claro que Manzano está dispuesto a ser humillado y vilipendiado para tasar el suyo. Cualquier chascarrillo de mal gusto, cualquier insulto y cualquier humillación es aceptada porque al final de la escalera, tras los tumultuosos e inclinados escalones, espera un finiquito con el que olvidar esquirlas y resetear la memoria en busca de una nueva felicidad.

La dignidad de un hombre vale tanto como la conciencia y el orgullo estén dispuestos a permitir. La dignidad de Cerezo debe ser muy costosa puesto que interpreta con orgullo su papel y no tiene heridas en la conciencia después de arruinar una entidad histórica. La dignidad de Manzano debe estar por lo suelos pues ha perdido el orgullo que le ayude a reaccionar con rabia y en su conciencia palpitan las rozaduras de cientos de interpretaciones ajenas. La última le invitó a pasar "los lunes al sol". A la cola del paro, Goyo. Sin dignidad, pero con finiquito.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Silencio

El partido no fue muy diferente del que hemos visto durante todos estos años de bicefalia; sin juego, sin un patrón en el que basar el ataque, con una defensa de chiste y fallando las dos o tres ocasiones medio claras de las que dispusimos. Nada nuevo bajo el sol, vamos. La diferencia estuvo arriba, donde puede estar el germen del cambio y donde se respiró una resignación tan preocupante como hiriente. Cierto que durante unos minutos se invitó al Consejero Delegado a abandonar el estadio que ya ha vendido sin pedir permiso, cierto que durante más tiempo se rogó al inquilino del banquillo que se fuese a su casa a freir un manojo de espárragos, pero no es menos cierto que cuando más hubo de rugir la platea se hizo el silencio más absoluto. Terminó el partido, el Betis había marcado su segundo gol mientras los futbolistas miraban, se consumó la primera derrota en casa de la temporada, se inclinó la tabla hacia abajo y nos situó a cuatro puntos del descenso y el Calderón no dijo nada. Reinó el silencio más absoluto.

Esta es la herencia del Atlético reinventado del gilismo, cacareado por los delamorenas de turno y ridiculizado en manoletes de poca monta. Al atleti le persiguen los árbitros y la mala suerte, perder mola porque el Atleti es así, el Atleti es capaz de lo peor y de lo ¿mejor? y con el Atleti nunca se sabe ¿Nunca se sabe qué? Hace tiempo que sabemos que no va a pasar nada y que en cada temporada nos sentimos como aquel Bill Murray que despertaba una y otra vez en el día de la marmota. Hace tiempo que venimos comprobando que ya no somos capaz de hacer lo mejor porque no tenemos jugadores acordes a nuestra historia ¿Dónde está la historia? Acaso es un bonito recuerdo manchado de imágenes con una camiseta vestida por un tal José Eulogio Gárate.

¿Saben las nuevas generaciones quién fue José Eulogio Gárate? ¿Acaso vieron a Futre en un Atleti que ya apuntaba a la decadencia? ¿Saben quién fue el hombre que dio nombre al estadio? Los atléticos de verdad se alejan del Manzanares y las gradas se pueblan de niños que nunca vieron celebrar a sus padres y padres que se acuestan cada noche adormecidos por el discurso de los programas nocturnos. Aquí no pasa nada, señores. Y si pasa, se le saluda ¿Si se pierde prestigio? ¿Si se pierde identidad? ¿Si se pierde contra un recién ascendido? Silencio. No sea que se vean obligados a contarnos la verdad.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Sin dinero, sin vergüenza, sin dignidad

Que el Atlético es un equipo en quiebra técnica es algo que sabemos todos los que nos preocupamos por su salud. Durante años, la familia Gil anduvo gestionando el club a su manera, reportándose beneficios propios e inflando cuentas y falseando balances para hacer brillar la fachada mientras dejaban que se pudriese el interior del edificio. Los abusos de la familia contra el Atleti cesaron cuando el juez García Castellón intervino el club y demostró todas las fechorías realizadas, incluso la adquisición del mismo por cero pesetas tras una contabilización de gastos que nunca existieron. Huelga decir que el club fue embargado, administrado judicialmente y que su dueño terminó en prisión. Pero aquí no cambió nada; la familia volvió al poder, la Hacienda Pública le puso bajo su supervisión y los aficionados pagamos el pato. No hay dinero para gastar en buenos jugadores y para, según cuentan, sanear las cuentas, se han de vender las figuras, pero, en cambio, sí hay dinero en caja para abonar más de un millón de euros anuales al ínclito Miguel Ángel Gil Marín.

Aquí es donde llega el asunto de la vergüenza. Decía mi abuela que, quien tiene vergüenza ni come ni almuerza. Haciendo caso al refrán, queda claro que tanto Gil Marín como Cerezo comen y almuerzan gratamente a costa de nuestra salud, e incluso ríen y cuentan chascarrillos. Todo mientras nosotros seguimos llorando. Muestra más que evidente de la ausencia de vergüenza. Si la tuvieran, quizá sopesaran los daños colaterales e hicieran repaso a su propia conciencia, quizá cogieran el petate y buscasen comprador para un club que ellos mismos no compraron. Pero para reconocer errores hace falta valor, un punto de autocrítico y, sobre todo, mucha dignidad.

La dignidad la perdieron el día que mintieron por vez primera. Hablaron de recuperación de la grandeza y el equipo se marchó a la segunda división. Abanderaron a Kiko y lo tiraron a los leones. Prometieron a Antic y engañaron a técnico y afición. Dijeron que habíamos vuelto y, desde entonces no hemos parado de dar pasitos de cangrejo. Siempre hacia atrás. Torres, Kun y De Gea en Inglaterra porque "los jugadores juegan donde quieren". Mendes y Quilón con los bolsillos llenos porque los representantes negocian con quién quieren. El Calderón al suelo porque aquí se hace lo que ellos quieren. Y un nuevo entrenador al limbo porque en materia deportiva, ni ellos saben lo que quieren. Una cosa tienen clara; millón de euros para mí y aquí que no pase nada. Y si pasa, se le saluda.

martes, 13 de diciembre de 2011

Otro cambio de inquilino

Es lo que ocurre cuando empiezas a hacer mal las cosas. Que, generalmente, acaban mal. Y en el Atleti, de hacer las cosas mal andan más que experimentados porque llevan la friolera de veinticuatro años y medio matando a un club que un día fue un equipo señor y hoy es el pito del sereno. Pero aquí no pasa nada, y si pasa, se le saluda con un gesto de chanza y un qué tal está usted señor presidente, hagamos un trato, yo no lo dedico ninguna portada ofensiva y usted me cede los derechos de esa bonita maqueta de ese campo que van a tirar.

Y es que aquí, además del estadio, también van a tirar por los suelos toda nuestra historia. De nada vale el sudor que un día derramaron cientos de hombres que lloraron como niños sus derrotas y celebraron orgullosamente sus victorias. El Atleti de las nueve ligas y las nueve copas es hoy una comparsa que llena los campos ajenos porque todos tienen la seguridad que a ese equipo con tanto nombre y tan poco futuro le van a meter mano de lo lindo. Lo hizo el Espanyol, lo hizo el Getafe y lo hicieron en anteriores ocasiones equipos como el Racing, el Hércules y hasta el Albacete; estadios en los que antes viajaba un equipo señor y ahora ponen la carpa para disfrutar del circo más esperpéntico.

Se irá Manzano, sí, con sus rotaciones incomprensibles, su falta de carácter y su cara de derrota perpétua. Pero seguirán Miranda, Godín, Mario Suárez, Salvio, Assunçao, Pepi, Luci, Bom y otros chicos del montón, y el próximo pagafantas terminará con cara de derrota perpétua porque no sabrá como se hace aquello de convertir el agua en vino. Y a él le convertirán en polvo y le tirarán al siguiente contenedor de escombros. Es lo que ocurrió con los cuarenta y nueve inquilinos anteriores. Veinticuatro años y medio, cincuenta cambios en el banquillo y ninguno en la directiva. Y todavía hay más de uno que no se atreve a decir la verdad.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

No me fío

Conste, en principio, que no soy tan tremendista como el resto de atlético que, removidos por una comprensible nostalgia, se aferran al pasado y se agarran a su asiento para proclamar que ellos, de su casa, no se mueven. No soy tan tremendista porque no vería con malos ojos un cambio a un nuevo estadio más moderno, más cómodo y en una zona con mejores accesos. No lo vería mal porque lo entendería como un síntoma de crecimiento, igual que ya lo hicimos el día que dejamos el viejo Metropolitano y nos embarcamos a nuestra nueva y brillante aventura al lado del río.

El problema es que no me fío. No me fío porque no puedo creerme que un equipo endeudado hasta en el escudo, embargado hasta los bolígrafos y en plena cuesta abajo, sea capaz de sostener la construcción de un nuevo estadio tal y como lo presentaron. No me fío porque no puedo creerme que ese alcalde tan propenso a hacer favores al vecino se le haya caído ahora una lagrimilla desde la conciencia y haya decidido ayudarnos así, porque sí. No me fío porque desde hace dos décadas ese par de delincuentes prescritos se hicieron con el club sin poner un duro y, para más inri, lo utilizaron para engordar su propio lucro ¿Quién me dice que no harán aquello de "coge el dinero y corre" y nos dejaran sin casa? Conozco a un amigo que compró un piso sin vender el anterior y al final se quedó sin ninguno de los dos.

Gil Marín y Cerezo no se quedarán sin casa, nos quedaremos los atléticos. Muertos de frío y de hambre miraremos al cielo y nos preguntaremos porque no les paramos antes los pies. De estos polvos vendrán aquellos lodos ¿Nuevo estadio? Yo, de estos, no me creo nada.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Cínicos

- Cínicos. - Masculló el padre mientras fijaba la mirada en el césped y veía trotar al jugador que se marchaba ovacionado.
-¿Qué es un cínico? - Preguntó el hijo, anestesiado por el ambiente y encendido aún por el segundo gol que había tenido la suerte de celebrar.
- Aquel que actúa con desvergüenza. - Contestó el padre aún con la mirada perdida en el césped y la palabra flotando en el aire.
- ¿Y qué es la desvergüenza?
- Pues hacer las cosas con insolencia. - Respondió el padre armado de paciencia sabiendo que el niño estaba en esa edad en la que lo quieren saber todo.
- ¿Y qué es la insolencia? - Anticipó el hijo antes de obviar el incómodo resoplido de su padre.
- Pues un dicho ofensivo e insultante. - Obviamente, su hijo tendría una pronta curiosidad por saber qué era aquello a lo que el se refería como ofensio o insultante. Efectivamente, no falló en su predicción.
- ¿Y qué es insultante?
- Un insulto es un acometimiento verbal violento.
- ¿Y qué es un acometimiento?
- Emprender una acción acosadora contra alguien.
- ¿Y qué es emprender? - A todo esto, el partido ya había regresado a su tónica de equipo local, supuestamente grande, que se amilana, contra equipo visitante, supuestamente pequeño, que se come el campo.
- Reprender a alguien para importunarlo. Justo lo que está haciendo la gente ahora mismo.
- ¿Manzano vete ya? - Pregunto el hijo.
- Sí. - Contestó el padre, demasiado serio como para encontrar resignación en su voz.
- ¿Eso es reprender?
- Si. - Volvió a murmurar. - Desaprobar la acción de quien han elegido como víctima.

Y el partido continuó sin mucho que contar a parte de un par de goles y muchos balones rozando el palo de la portería propia. Y el padre observó a su hijo, con la rojiblanca bien planchada, el bocadillo por la mitad y el pelo rubio alborotado por el abrazo posterior a aquel cabezazo impenitente que había supuesto el segundo gol. Y le agarró del hombro y le dijo:
- Te voy a contar una historia. Había hace tiempo un jugador a quien desaprobaban cada acción porque habían decidio escogerle como víctima. Reprendían cada regate mal ejecutado y la emprendían con él en cada sustitución porque había decidido apostar por el vecino cuando ya había coqueteado con nosotros. Acometieron su campaña contra él cuando no hacía nada distinto de lo que haría años después, le insultaban por tirarse al suelo y se mostraban insolentes porque no les gustaba escuchar su nombre en la megafonía. Su desvergüenza llegó a tal punto que años después, ejecutando mal los regates y tirándose al suelo en cada entrada del rival, llegaron al cinismo de ovacionarle solamente para poner en la picota a su nueva víctima.

El niño miró al banquillo y observó a Reyes con la chaqueta del chándal a medio abrochar y la sonrisa a medio despuntar. Desvió la mirada hacia la línea de cal y observó al entrenador con la chaqueta bien abrochada y la sonrisa completamente apagada.
- Ahora lo entiendo todo. - Dijo, casi en silencio, mientras daba otro mordisco al bocadillo de chorizo.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Por fin

Dicen que las rachas, las buenas y las malas, terminan siempre rompiéndose. La nuestra, de mala, estaba ya enquistada. Se trataba de un ejercicio casi vano de predigistación el adivinar cuando sería la próxima vez que ganaríamos fuera de casa. Había quienes achacaban la maldición a que nos habíamos enfrentado a los tres mejores equipos del campeonato en su feudo; Valencia, Barcelona y Real Madrid, oiga, que no es moco de pavo. Y, sí, prodrian responder otros, pero alternativamente hemos rendido visita a Rennes, Granada y Getafe y la cosa no nos ha ido mucho mejor. Un par de empates y todo lo demás, derrotas, algunas de ellas hasta humillantes.

Con ese triste bagaje llegábamos a Celtic Park, y para más inri van y te dicen que el equipo local lleva nosecuantos partidos sin perder como local y comparas sus estadísticas con las tuyas como local y te dan ganas de filtrarte por la taza del váter. En fin, que por más campeón de Europa que sea el Celtic y por más de cuarenta ligas que tenga ganadas, ha este zorro no solamente le han quitado los dientes si no, también, las ganas de morder. Y comprobado que la fiera no era tan fiera como la podríamos haber imaginado, y superados esos minutos, que suelen ser muchos, en los que el equipo no juega ni a la taba, llegaron un par de ocasiones y un disparo lejano, casi al tun tún, de Arda, que terminó en las redes del equipo local.

¿Coser y cantar? Para el Atleti no ha retos fáciles porque ellos mismos se empeñan en complicarse la vida. Con Mario y Gabi en tierra de nadie y con Diego muchos metros más atrás de su lugar de influencia, al equipo le quedó aguantar los lamidos de peluche del Celtic y esperar al último cuarto de hora para desplegar tres o cuatro buenos contraataques. Demasiado poco para tanta exigencia. Al menos se ganó, sí, dirán los más optimistas, si es que eres un cenizo, Pablo, me dicen mirándome a los ojitos como exigiría don Luis, no te conformas con nada. Puede ser. Debe ser que sueño demasiado en voz alta y que sigo esperando a ese equipo que un día vi de pequeño y que gobernaba los partidos desde el sentimiento. Aún jugando en casa de un extinto campeón de Europa.