lunes, 27 de abril de 2015

Otra vez

Otra vez. La rabia contenida en el filo de la garganta, las ganas de llorar, el aire que entra a trompicones por la boca, el corazón apagado, la tensión hirviente, la cabeza deseando una revancha y la mente jugando partido de nuevo, una y otra vez. Pero nunca cambia nada. Ni con pelota ni sin pelota. Otra vez volvío el Atleti. El viejo Atleti.

Otra vez. Dando vueltas en la cama sin encontrar la postura, recordando los goles del pasado para curar las heridas del presente. Aparece el cabezado de Miranda e inmediatamente, también, como una pesadilla, el de Ramos cuando ya tocábamos el cielo con las dos manos. Las ganas de revancha, el miedo a perder. Ahí, creo, se resumió todo. Regresó el miedo a tocar el cielo. El reto vino grande. El plan no funcionó. O, simplemente, no hubo plan.

Otra vez. Los días postpartido en la oficina aguantando chanzas. Las mañanas de ausentismo mental intentando programar el final de un día que no llega. El deseo, insano, de que alguien les meta mano en la semifinal y se callen de una vez la boca. No me siento bien por ello. Respiro. Y otra vez vuelve el tormento de saberme inferior cuando ya creía que habíamos superado el abismo. De nuevo a remar. De nuevo a intentar demostrar que sí, que hemos vuelto. Aunque para ello haya que volver a intentar la imposible y codearse, siendo pobre, con los más ricos.


martes, 21 de abril de 2015

El centro del campo

En el centro del campo se ganan los partidos. Porque allí se cuece el juego, se dirime el gobierno, se manejan los tiempos y, desde allí, llegan, normalmente, las pelotas de gol. Un buen centrocampista es capaz de tocar, manejar y blindar al equipo. Una pierna fuerte ayuda a compensar el juego, una pierna hábil ayuda a desahogar la jugada. Un buen pase tras otro terminan por inclinar el campo hacia el lado deseado.

El Real Madrid tiene centrocampistas excelsos; tipos de pase rápido y preciso, de regate fantasioso, hombres que saben salir del paso con una genialidad. Contra eso es difícil pelear. Las armas del Atleti son la fe y el trabajo. La pierna fuerte y la constancia de Gabi se hacen, otra vez, imprescindibles, pero Gabi está out y el equipo necesita suplirle con urgencia. Está Tiago, tácticamente, el mejor jugador del equipo. Y están Koke y Arda, los tipos que templan, corren y sujetan la pelota. En ellos dos estará la clave del partido.

Koke y Arda están obligados a dar un paso al frente. Hace tiempo que sobre ellos recae la responsabilidad del penúltimo pase, del desahogo ante la presión rival y de la ayuda constante al lateral en cada banda. No tienen la virtuosidad exquisita de James, Kroos o Isco pero no son unos piernas. Saben pensar, saben moverse, saben defender y, sobre todo, saben jugar. Y si hacen lo que saben igual podemos aspirar a competir el partido.

martes, 14 de abril de 2015

Con el freno de mano

Quizá el equipo no da más de sí. A lo mejor lo que yo creo que es nadar y guardar la ropa realmente es cansancio y entrega de últimas fuerzas. Es posible que el nivel real sea este; la pausa, la pobreza de juego, el aburrimiento, la desidia. Puede que me equivoque en todo pero me da la total impresión de que el Atleti lleva varios partidos jugando con el freno de mano puesto.

A estas alturas de temporada cualquier esfuerzo innecesario se paga con creces, cualquier gota de aliento vale por dos y cualquier balón disputado requiere una dosis extra de entrega. Lo que hemos jugado era la antesala de lo que está por llegar. Lo que queda es la batalla final y para ella los guerreros deben estar completamente preparados.

Quiero pensar en que el equipo está guardando fuerzas para la batalla para, con ello, intentar disculpar el tedio y el bajón de rendimiento del equipo en liga. Cuando ha marcado pronto, ha terminado durmiendo los partidos y durmiendo al espectador. Y cuando le ha tocado remar, lo ha hecho tan a cámara lenta que daba la sensación de no querer empeñarse demasiado en la misión. Al final, cerrar el tercer puesto, a parte de prioridad, se va a convertir en el máximo objetivo. Eso, pasando por la Champions. Si se pasa la eliminatoria, Simeone quedará como el genio de la estrategia. Si, por el contrario, el equipo cae eliminado y, además, el esfuerzo termina por pasarle factura en liga, se nos quedará a todos una cara de tonto semejante al pagafantas que se queda sin chica y sin dinero.

miércoles, 8 de abril de 2015

Antesala

Los dos últimos meses de competición son los que terminan marcando el destino del equipo. Dijo Luis Aragonés, tan sabio en sus preceptos, en una de sus alocuciones públicas, que las ligas se ganan en las diez últimas jornadas. Huelga decir que para ello, hace falta no perderlas en las diez primeras. Una vez se ha alcanzado la regularidad después de un gran comienzo, hace falta rematar la faena con unos últimos lances de entusiasmo. Es hora de sacar la mano izquierda y citar al morlaco porque ahora vienen los días de puerta grande.

El histórico triunfo del año pasado se cimentó en un comienzo arrollador y un final a velocidad de crucero. Hasta que los nervios se hiceron dueños del equipo y aparecieron para casi dejar en nada el sueño tras los tropiezos ante Levante y Málaga, el equipo se había convertido en una sólida roca que dejó su impronta en victorias por la mínima que le afianzaron en lo más alto del favoritismo. Este año, con el objetivo rebajado por circunstancias que ya hemos relatado en más de una ocasión, toca afianzarse en el lugar de privilegio de cara a la próxima temporada y, entre medias, afrontar el mayor de los retos que no es otro que enfrentarse a doble duelo al que posiblemente sea el mejor equipo del mundo.

Mucho se le exigirá al Atleti para todos aquellos que siguen pensando que aún tiene mucho que perder. Jugar ocho veces contra el Real Madrid en una temporada y no perder en ninguna de ellas debe ser un hito, que por no haberse logrado nunca, ha de tomar cariz de histórico. Ellos siguen sacando su pecho con su artillería pesada, golean sin piedad y mascan su victoria porque llevan meses pidiendo venganza. Lo nuestro, sin embargo, es el trabajo diario, la victoria sufrida y el remar sin cesar en un mar de dudas. Pero nadie nos va a quitar el derecho a soñar. Vivimos la antesala de algo grande y aunque el hada del fútbol hace tiempo que nos ha abandonado, seguimos queriendo creer que con trabajo y fe se puede lograr lo imposible.

martes, 31 de marzo de 2015

Largo plazo

La renovación de Simeone pone de manifiesto la unanimidad con la que la masa social ha recibido la noticia; algarabía general. El hecho, por extraordinario en un equipo que ha acostumbrado a devorar nombres a lo largo de su etapa más oscura, supone el punto final al verso que iniciaron como punto de inflexión. Desde que llegó Simeone atrajo consigo toda la responsabilidad y con los éxitos y el trabajo se ha convertido en la única voz autorizada a la hora de declinar el verbo rojiblanco.

Trabajar a largo plazo significa crecer. Con el objetivo de mantenerse en el estatus alcanzado como primera prioridad, la tranquilidad de saberse dirigido por un líder ayudará a las huestes a predicar la fe del cholismo. No será fácil. Teniendo en cuenta que el equipo seguirá siendo pequeño económicamente respecto a los gigantes del continente, Tebas mediante, el esfuerzo tendrá que ser el doble para que la recompensa nos satisfaga con el doble de felicidad. Trabajar y soñar el doble supondrá un esfuerzo que, algunas veces, no se verá recompensado. Este mismo año hemos vivido un bajón respecto al glorioso curso anterior que los medios achacan a factores etéreos pero que nosotros sabemos que son debidos a que nos han debilitado y, aún así, seguimos escalando el Everest sin sherpas ni arneses.

El largo plazo, en el Atleti, signfica casi un milagro. Significa un sueño que, aún con todo lo logrado, aún está a medias de cumplir. Porque significa seguir soñando más fuerte, seguir haciéndolo mientras otros duermen, seguir viviendo partido a partido y viviéndolo latido a latido. El largo plazo, el cholismo, el trabajo, la fe que mueve montañas, la mosca cojonera con la que nadie se querrá encontrar. El estímulo necesario para que la profecía que nació un día desde el título de este blog siga lantente en el presente y en el futuro. Volvimos y necesitamos mantenernos. Queremos mantenernos. Queremos ser grandes a largo plazo.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Entre palmeros y borregos

Los palmeros suelen vestirte de hinojos, palmearte la espalda, apabullarte con elogios y vaticinar un futuro cargado de éxito sin apenas levantarse de su genuflexión. Los palmeros son aquellos que te acompañan cuando ganas pero que se apartan cuando pierdes, aquellos que componen versos de leyenda en la celebración de cada título y que reniegan de tu discurso cuando la derrota se convierte en la enemiga más atroz. Los palmeros, hoy, celebran la renovación del Cholo Simeone y tanto él, como los que realmente nos alegramos de corazón por la noticia, sabemos que la daga de doble filo que empuñan los aduladores es el mayor enemigo de quien quiera creerse el discurso ajeno. Partido a partido, trabajando y creyendo, no consumiendo. El discurso es claro y la legión de seguidores es ciega. De entre ellos, los palmeros, cuales ratas de cloaca en busca de desperdicio, saltarán del barco los primeros si algún día el discurso en el que dijeron creer se les cae por la borda.

Los borregos son aquellos que desconocen el valor de la identidad, la educación y los preceptos de la afiliación hacia un club. Los borregos son aquellos que, aferrados al populismo barato, le dan una patada al sentido común y se sientan con la tripa llena a relamer sus decisiones mientras tres rastreros le regalan los oídos y le aplauden la borregada. Los borregos son los que ayer se sentaron en su poltrona y decidieron que nadie podía acudir a las localidades de afición local del Arcángel con la camiseta del Atleti. La decisión, bilaterlamente analizada, tiene una doble connotación; alientas a tu afición y encabronas a la afición rival. Aún sigo sin entender en qué han convertido el fútbol aquellos iluminados que jamás han dado una patada a un mísero bote. El deporte es tan universal que prohibiendo un sentimiento lo único que haces es provocar un efecto llamada. A ver si aprenden los borregos que el fútbol es de nosotros, de quien lo amamos, y no de ellos, de quienes lo prostituyen.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El fatalismo

El fatalismo era un gol de Schwarzenbeck en el último minuto, una remontada del Ajax tras los fallos de Rodri, un penalti al larguero de Salcedo en la final del setenta y cinco, el empate a cero en el Calderón que le dio el título al Valencia, Álvarez Margüenda, el Dínamo de Kiev o Arconada frustrando la presentación de Futre con una tanda heroica en La Romareda.

El fatalismo fue el gilismo en vena, las peripecias de un hombre que sólo se quería a sí mismo, las atrocidades sobre una plantilla que nunca encontró un lugar en el mundo, la denuncia de Arteche, el adiós de Futre, los insultos al Tren Valencia. El fatalismo fue el delito que nos hundió en el infierno, el fatalismo fue el infierno, fue el enésimo adiós de Luis dando un portazo por la parte de atrás, el deambular en zona de nadie, los chistes malos de Cerezo y las mentiras sin riesgo de Gil Marín.

Decían que el Atleti nunca había salido victorioso en una tanda de penaltis en competición europea. Decían que los alemanes nunca pierden a penaltis. Decían que tras el gol postrero en Lisboa nos íbamos a hundir sumidos en leyendas de pupas. Decían que si jugábamos sin nuestros dos capitanes no tendríamos la jerarquía suficiente para remontar la eliminatoria. Yo era el primer pesimista, lo reconozco. Prometo no volver a pecar. Parece que el Cholo ha terminado con el fatalismo.

martes, 17 de marzo de 2015

Que no nos confundan

Nos confunden con cantos de sirena, con objetivos difusos, con pasados recientes y con mentiras ocultas. Desprecian el milagro del año pasado, el trabajo, la fe y el éxito que nunca profecitaron y, a cambio, nos exigen en función a un gigante porque saben que así, cada vez que pisemos el barro, tendrán un motivo para seguir atizándonos con su látigo de fuego.

Nos confunden con ventas de humo, con palmaditas en la espalda, con promesas que nunca se cumplen. No aprecian el trabajo, la fe, la pasión imperecedera. Para ellos el resultado es la espada de Damócles y no dudan en atizar su tajo frontal cada vez que se ocultan tras la barricada del oportunismo. Callan en las buenas, porque saben que seguir esperando el momento es el afán de sus inquietudes. Y derrochan baba ácida en las malas porque en su sonrisa de superioridad esconden la llaga de sus frustraciones.

Nos confunden con objetivos inciertos. Lo más lógico, terminada la temporada anterior hubiese sido colmarnos de elogios constructivos; es decir, alabar el mérito y hacer hincapié en el milagro. Competir contra dos equipos que cuadruplican el presupuesto es como competir, día tras día, contra un gigante desproporcionado. David derrotó una vez a Goliat, pero seguramente no hubiese podido volver a hacerle si el gigante, como son nuestros rivales, hubiesen tenido la oportunidad de levantarse.

Las bajas sufridas han sido traumáticas, los sutitutos, aunque buenos, no son mejores y los milagros, para quien solamente puede ofrecer trabajo, pasa por disputar, partido a partido, noventa minutos al doscientos por ciento. No todos los años uno puede ser un superhombre. Y al Atleti, pese al esfuerzo, no le sobra nada. Aplaudamos el esfuerzo y no dejemos que nos confundan.

martes, 10 de marzo de 2015

No entiendo el optimismo

No entiendo el optimismo del aficionado. Siguen sin entender que al equipo no le sobra nada y que cuando le falta carácter lo pierde todo. Muchos siguen pensando que el nombre atemoriza con solo nombrarlo como si nuestra estancia en la élite se remontase a muchas décadas atrás. Quien pierde la humildad pierde la perspectiva. Desde mi punto de vista el resultado es malo ¿Remontable? Depende de la intención del equipo. Las bajas son terribles porque los dos futbolistas que más jerarquía aportan verán el desenlace desde la grada.

No entiendo el optimismo del periodisma palmero. Siguen sin saber que la verdad vende más que la distracción, que la objetividad no se basa en dar vaselina al amigo y que el análisis se realiza en pos de un partido, no sólo de un resultado. Los que no ven más allá del uno a cero han perdido la credibilidad de los detalles; el Atleti de ayer fue plano, timorato y desubicado. No encontró el ritmo porque jamás entró en el partido. Las cosas se cuentan como son. Los pesimismos también ayudan a levantar la cabeza.

No entiendo el optimismo de Simeone. Alabando un esfuerzo que no existió y minimizando las ocasiones del Leverkusen. Si el nivel de juego se mide solamente en el número de ocasiones del rival, entonces nos estamos equivocando de objetivos. Claro que me importa que el rival no me haga ocasiones, pero, sobre todo, me interesa que mi equipo haga todas las del mundo. El Atleti, en Alemania, fue un equipo romo e inofensivo porque no tuvo juego. No tuvo actitud ni aptitud. Las bajas para la vuelta son de una jerarquía monumental y Gabi, el eje sobre el que se construyó la máquina está en su peor momento. Repito; no entiendo el optimismo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Las noches por las que suspirábamos

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que soñábamos noches de miércoles mientras mascullábamos el
desencanto del fracaso. Hubo un tiempo en el que el objetivo más factible era la clasificación para la Copa Intertoto. Hubo un tiempo de piel arrancada, palabra maldita y mirada desarraigada. Hubo un tiempo de lágrimas, un mar de incertidumbre, un océano de nada. Hubo un tiempo en el que la Champions sonaba a música ajena y a sueño lejano.

Aquellas noches con las que soñábamos despierto han regresado para hacernos saber que si algún día nos rebozamos en el fango fue porque fuimos un gigante caído con pies de plomo y cabeza de arcilla. Aquel gigante, despierto y en forma gracias al milagro argentino de Simeone, ha regresado a la élite para hacernos saber que los sueños pueden cumplirse y que si se cree y se trabaja, se puede.

Alemania no es el lugar más idóneo para recrearse en soberbia alguna. Allí, donde las piernas son fuertes y los estadios calderas, no regalan caramelos y el pan hay que ganarlo pulgada a pulgada. Menos aún cuando no te sobra nada. Nuestro Atleti de hoy es grande y sueña como tal, pero es consciente de que los logros los ha conseguido con esfuerzo, con dedicación y con mucha fe en sí mismo. Nuestros centrocampistas no son virtuosos de salón y nuestros delanteros no son balones de oro. Para seguir disfrutando de estas noches con las que tanto soñamos hace falta seguir siendo el equipo del milagro. Creer, trabajar y poder.

viernes, 20 de febrero de 2015

Causas y consecuencia

Cuando entregas el balón y la voluntad. Cuando desaparece la intensidad. Cuando crees que el monte es orégano, que las victorias pasadas te aseguran éxitos futuros, que ganar es cuestión de poner el escudo, que el fútbol es un juego de hombres contra niños. Cuando abrigas la esperanza de ganar sin entender lo que significa. Cuando desdeñas la ilusión de los niños y el sueño de los mayores. Cuando fracasas por no intentarlo. Cuando intentas lo imposible.

Cuando te engañas a ti mismo con promesas falsas. Cuando te engañas a ti mismo con objeciones insensatas. Cuando te engañas a ti mismo con actuaciones infames. Cuando engañas al mundo cambiando el color de tu rostro, cambiando el pulso del momento, cambiando el ímpetu hasta convertirlo en desidia. Cuando el engaño se convierte en desengaño y el desengaño en desesperanza. Cuando la esperanza se pierde, cuando la amargura te atrapa, cuando la honestidad queda atrapada en un proceso de duda.

Cuando el destino es vestido por la desgana, cuando la desgana desviste el virtuosismo, cuando la confianza peca por exceso y el compromiso lo hace por defecto, cuando se intenta jugar en una dirección, cuando se deja a los extremos rivales que encuentren en cada banda una autopista hacia el cielo, cuando se fallan las ocasiones, cuando no se gobiernan las áreas. Cuando se pierde el control del partido en el centro del campo. Cuando se juega mal, se pierde.

viernes, 13 de febrero de 2015

Les sorprendimos

Les sorprendimos por fútbol, por intensidad, por goles, por pura pasión. Por huevos. Les sorprendimos porque siguen sin entender nada; porque siguen pensando que este es un duelo entre un oso y una hormiga, porque siguen cantando en sus cenas de navidad, porque siguen celebrando un gol en el descuento, porque les ha costado asimilar que han encontrado el rival digno para un derbi decente.

Les sorprendimos porque ahora somos hormiga atómica y también oso con madroño, un escudo con franjas blancas como el enemigo y rojas como el corazón que late frenéticamente por una causa. Les sorprendimos porque nuestra causa es recuperar el tiempo perdido, reestablecer un orgullo herido, recomponer la historia y saborear una venganza. Les sorprendimos porque nos siguen esperando, les sorprendimos porque se cansarán de encontrarnos. Porque les buscaremos hasta el fin del mundo con tal de resarcir todas las cuentas pendientes.

Les sorprendimos porque hemos vuelto, porque no queremos volver a irnos, porque queremos quedarnos. Les sorprendimos porque en esta orilla del río existe un equipo que, a pesar de sus canciones de nochebuena, tiene arrojo, valor y vergüenza torera. Les sorprendimos porque siguen creyendo el cuento del señorito intocable. Porque ya no somos lacayos. Porque nos duele Lisboa pero no nos ha hundido. Porque no nos queremos hundir. Les sorprendimos porque su discurso es nuestra gasolina. Porque se acabó cerrar los ojos y agachar la cabeza. Porque llegó la desobediencia.

viernes, 6 de febrero de 2015

La venda

El respeto que hemos ganado en el campo ha cambiado muchas tornas y muchas formas de afrontar las batallas decisivas. No hace mucho, cualquier atlético de perfil bajo y alto corazón podía haber llegado a la oficina, al bar o a la escuela un lunes y a los cinco minutos tener ganas de salir corriendo. La chanza, la burla, el chiste fácil y el ataque frontal eran permanentes. Lo cierto es que el equipo lo ponía fácil. Años en el desierto de la nada y catorce años, casi una eternidad moral, sin ganarle un partido al otro equipo de la ciudad.

Las rachas son tiempo, el tiempo es paciencia, la paciencia es trabajo y el trabajo son frutos. Hemos trabajado bien, hemos recuperado el orgullo, podemos volver a mirarles a los ojos. Y ahora, como dice el político más mediático del momento, el miedo y la sonrisa han cambiado de bando. No es que hayan perdido la prepotencia y el aire de superioridad, porque lo que es innato no se pierde, pero ahora miran de reojo, cuentan antes de hablar y ponen vendas antes de tener la herida.

Hablan de bajas y se lamentan. Hablan de comités de competición y se lamentan. Hablan de árbitros y se lamentan. Hablan de estilos de juego y se lamentan. Son el equipo más poderoso del planeta y se lamentan antes, incluso, de jugar un partido. Ellos, que podrían comprar hasta el aire si lo necesitaran, se ponen la venda antes de saber, incluso si van a tener una herida. Ellos, que podrían ganar a cualquier equipo del mundo por el poder que le otorga el poder sin redundancia, se lamentan por un resultado que aún no se ha producido, aún sabiendo que el desenlace les puede ser favorable. Parece que sí, que ha cambiado el cuento.

jueves, 5 de febrero de 2015

No consuman

Se acerca un derbi. Semana tensa, semana intensa. Los palmeros del régimen preestablecido se encargarán de calentar la previa. El equipo de los señoritos contra el equipo de los violentos. Los guerreros del Cholo, el tipo pendenciero que despacha árbitros con cortes de manga y que, pese a hablar solamente de fútbol en sus comparecencias técnicas, le han crucificado porque ha conseguido con el Atleti lo que otros no habían asomado ni a soñar; plantarle cara al duopolio.

Si algo no deben hacer los jugadores, si algo no debe hacer el Cholo, si algo no debe hacer el club, es dar carnaza a los medios empeñados en desdibujar los méritos del equipo. Tras el partido disputado el pasado miércoles ante el Barcelona, los programas basura de medio pelo, aquellos que dejan a un lado el deporte para analizar los sucesos banales, se lanzaron contra los jugadores y el entrenador por ciertos comportamientos intolerables. Y fue cierto que, tristemente, algunos de nuestros futbolistas no estuvieron a la altura. Y eso, tristemente, les sirve de coartada a los suministradores de veneno para rociar con Napalm el expediente de un equipo que ha llorado lágrimas de sangre hasta conseguir alcanzar la cima.

Mientras el equipo prepara el partido, mientras rumian la campaña, mientras se concentran en no repetir los errores de comportamiento que les mostraron ante el mundo como un grupo de pandilleros, nosotros debemos soñar, esperar y confiar. Pase lo que pase sabremos estar orgullosos del equipo porque competitivamente es muy difícil que no esté a la altura. Mientras tanto, mientras los palmeros del régimen y demás estómagos agradecidos intentan sacar tajada de la manipulación, hagan caso al consejo del Cholo: "No consuman".

jueves, 29 de enero de 2015

Sin temor a la muerte

En el magnífico reportaje "Asado reservado" emitido por Canal plus, el Cholo Simeone deja una frase para la posteridad que es, en sí misma, una declaración de intenciones de cara a las ambiciones del equipo. "Mis chicos, a doble partido, no le temen a la muerte". Es una forma de contarle al mundo cómo el equipo se atrinchera, se hace solidario y mortifica los errores del rival y cómo ello le ha convertido en el hueso más duro de roer.

Hace un par de domingos, conducidos por la resaca del partido liguero en el Camp Nou, y mientras Messi repartía goles por doquier en Riazor, una tertulia radiofónica se atrevía a dar por sentenciada la eliminatoria de la copa del Rey sin apenas haberse disputado un partido. Más allá de que así haya sido finalmente, simplemente la resurrección de Messi y, con ella, la del Barça, eran suficiente argumento para enterrar, de antemano, a un equipo que ha demostrado durante los últimos años que, para perder, es necesario arrebatarle el orgullo.

Los chicos, a doble partido, no le temen a la muerte. El resultado de la ida fue malo, en eso no nos engañábamos. Confundirse con remontadas antes de jugar es propio de soberbia ajena. Lo nuestro es partido a partido, batalla a batalla, ilusión a ilusión. Sin temor a la muerte, el equipo salió con todo y aún a expensas de poder caer eliminado, siguió luchando, aun en la adversidad, con el objetivo de no dejar nunca que le arrebatasen el orgullo. El premio, menor, pero no poca cosa, fue una atronadora ovación del Manzanares. La vida y la muerte van más allá del fútbol, ya lo explicó Bill Shankly. Las tertulias, los análisis y las conclusiones a posteriori, dirán lo de siempre; poco fútbol y mucha violencia. Nunca sabrán apreciar qué es no temerle a la muerte. Muchos de ellos, relamiendo el resultado final de la eliminatoria, querrían volver a ver a aquel equipo de Aguirre o Ferrando que deambulaba en mitad de la tabla incapaz de de combinar tres pases en el centro del campo. Que celebren nuestra eliminación. Su risa es nuestra victoria.

viernes, 16 de enero de 2015

El problema de Miranda

Durante las últimas temporadas el Atleti ha contado con una bendición en forma de pareja de centrales. El problema más grave que acecha a la mayoría de grandes clubes del continente, el Atleti lo solventaba gracias a dos tipos que se complementaban a la perfección. Un uruguayo audaz, incipiente y generoso en el esfuerzo y un brasileño listo, canchero y limpio en el cruce. Godín representa la garra del Río de la Plata, la fe convertida en futbolista en un potrero de Rosario. Miranda, al contrario, es otra cosa. Poderío aéreo, velocidad sorprendete y salida aseada del balón. Escuela brasileña desde el centro de la defensa.

Hasta la temporada pasada, Miranda me había parecido el mejor central del equipo en los últimos treinta años. No es que no me lo siga pareciendo, sigo viéndole como un portento en la lectura del juego y un titán cuando se trata de gobernar las áreas. El problema tiene dos vertientes; una, su coqueteo veraniego con ofertas mareantes. Es posible que al haberse visto fuera del equipo no tenga la cabeza al cien por cien en la competición. Sus despistes, aunque pocos, nos remiten al Miranda de los primeros meses. Al chico tímido y asustado que no tenía ninguna confianza cuando se trataba de jugar la pelota. El otro problema, más grave para él pero mucho más fructífero para el equipo, ha sido la aparición en la élite de José María Giménez.

Giménez es más Godín que Miranda. Es más de potrero, más canchero y mucho más joven, por lo que tiene mucho que aprender. Fueron sabias las palabras del Cholo deshaciéndose en halagos hacia Giménez pero dando suprema importancia a la presencia de Miranda en el equipo. Uno es el jefe y el otro un aspirante a jefe. Un problema para él, sí, pero un bendito problema para el equipo. Cuando llegue el verano y vuelvan las ofertas mareantes, estaremos seguros que, al menos, hay un tipo que ha aprendido a competir y lo hace bastante bien.

martes, 9 de diciembre de 2014

Cuarenta años después

Se cumplieron cuarenta años desde que Luis Aragonés se levanto jugador y terminó acostándose como entrenador. Un punto de inflexión en la historia del Atleti que condujo al equipo a sus logros más importantes y que dio paso al comienzo de una era donde las vacas flacas obligaron al sabio a reinventar un equipo con jugadores de la cantera. Con los chicos de las inferiores, el maestro de las mejores tardes de goles al contragolpe, el Atleti alcanzó la final de la Recopa, y aunque el Dínamo de Kiev nos borró del mapa aquella aciaga tarde de mayo, lo que todos recordamos es la categoría de aquel tipo con cara de pistolero serio, cigarro siempre en los labios, que dirigía sus huestes con la maestría del mejor mariscal de campo.

Si algún legado nos dejó Luis Aragonés es el de la grandeza. Nos enseñó que el equipo debía actuar acorde a su historia y que perder o ganar era opcional pero que competir era obligatorio. Cuarenta años después de que Luis se arremangase la camisa para conducir al equipo a la victoria en la Copa Intercontinental, el Atleti vuelve a estar en el lugar que abandonó durante demasiado tiempo. La victoria ante Olympiakos no es sólo la demostración de poder de un equipo sobre otro, es la demostración de querer de un equipo que se ha situado en la élite y no se quiere marchar de allí. Ese es el espíritu de Luis.

Por segundo año consecutivo, el Atleti está en octavos de Champions. Quien lo iba a decir hace solo tres años cuando el Albacete nos apeaba de primera ronda de la copa justo por estas fechas. Aquel fue el fondo del pozo. Tanto caer dejó magulladuras, pero también un orgullo pendiente de resarcir. El gran milagro de Simeone no es el de ganar títulos, sino el de conseguir que una plantilla cargada de tipos desanimados, lograsen creer que con esfuerzo y fe se puede conseguir cualquier cosa. Ese era el gran espíritu de Luis. El dogma de un Atleti que vuelve a ser tan fuerte como hace cuarenta años.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Nos están representando

El problema tiene una raiz profunda en cuanto es el club quien ampara y cobija a los violentos. Y si no cobija a los más violentos, al menos hay cinco mil tipos en el fondo sur que cobijan a otros doscientos que la van montando cada fin de semana. Mientras el violento se sienta amparado por el manto del poder, seguirá campando a sus anchas y seguirá delinquendo en nombre del Atlético de Madrid. Podemos decir que el Atleti no son ellos, que somos todos los demás, los que sufrimos, vibramos y cantamos los goles con el corazón cada fin de semana. Tristemente no es así, mientras ellos sigan en la grada sur del Calderón, nos seguirán representando. Y mientras nos sigan representando seguirán manchando el nombre del equipo al que queremos.

Ayer fue el primer día que mi hijo visitó el Vicente Calderón. Llevaba meses contándole los goles de Forlán, los de Falcao o los de nuestra pareja de centrales. Le cantaba el himno todas las noches y le hacía creer que el día que visitase el estadio iba a ser un día mágico. Cuando me preguntó por qué los hinchas del Fondo Norte nos llamaban asesinos, intenté justificar una excusa banal. Al final, los verdaderos asesinos están consiguiendo que todos entremos en el saco y que no podamos explicarles a nuestros hijos por qué nos creemos la mejor afición del mundo. Uno no puede pregonar unos valores si le perjudica un ejemplo fatal. Ellos matan en nuestro nombre y nosotros tenemos que seguir tragando el sapo porque siguen sin marcharse del fondo sur.

Serán miles de niños los que vuelvan hoy al colegio y escuchen, de boca de sus compañeros, que los hinchas de su equipo son unos asesinos. Serán miles de currantes los que regresen de lunes a sus puestos de trabajo e intenten justificarse diciendo que ellos no tienen nada que ver. Y es cierto. Yo no tengo nada que ver. Un millón de atléticos no tienen nada que ver. Pero mientras algunos clubes, gracias al poder económico, dan una imagen de majestuosidad futbolística en el resto del mundo, el nombre del Atleti correrá los informativos con la imagen de cien bárbaros persiguiendo a un tipo hasta asesinarle. No voy a hacer mártir de un tipo que sabía a lo que venía. Pero nada justifica una muerte. Y todos se desmarcan del hecho. Directivos y aficionados. Mientras, ellos siguen allí. Y mientras no les echen, nos seguirán representando. Difícil limpiar el nombre. Difícil hacer afición.

martes, 25 de noviembre de 2014

La gran mentira

Nada mejor para mantenerse en la cima del éxito que hacer las cosas bien y ser más productivo que nadie. Para los que carecen de vergüenza, conciencia y valor útil, el camino más corto hacia la cima se basa en dos premisas: genera una mentira y rodeate de palmeros que convenzan al mundo que tu mentira es una verdad irrefutable. Durante años, las páginas de los periódicos, las tertulias de radio y las noticias de televisión nos han hecho creer que los dirigentes del Atleti son los héroes que salvaron al club, obviando, por interés propio, que fueron ellos quienes lo sumieron en una ruína casi caótica.

Durante años nos han hecho creer que nos construirán el estadio más maravilloso del mundo. Jugar con las ilusiones de la gente es fácil; basta pregonar una mentira y conseguir con la propaganda la convierta en verdad. Aunque el tiempo y el espacio nos devuelvan a la puta realidad. Nos dijeron que para 2012 y ya vamos por 2018 y sumando. Las obras de nunca acabar en realidad nunca se iniciaron y si lo hicieron, fue para permitir un puñado de instantáneas y conseguir que uno de los diarios de cabecera lo publicase en la primera de su página web. De estómagos agradecidos vive el mentiroso.

Más allá de que el equipo siga en casa y que el eco del Calderón siga siendo el alma que empuje al equipo en su cruzada particular contra el poder, queda el asco que produce la mentira interesada. Quizá haya gente que se crea a pies juntillas todo lo que se dice y a esos pobres ignorantes les están clavando un puñal en su ilusión porque creen que algún día su equipo será lo que algunos pintan con tinta invisible. No habrá Peineta. Igual que no habrá grandeza hasta que el club deje de pertenecer a quien lo utiliza con fines propios antes de con fines ajenos. El club, como los sueños, pertenecen a los aficionados. Ellos no merecen esta gran mentira.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Resarcimiento

Tras una dura derrota, lo que más ansia el aficionado es resarcir el daño. Lamerse las heridas, apretar los dientes y esperar que las huestes vuelvan a la carga y demuestren, otra vez, que una derrota puede ser un accidente y que el camino correcto sigue siendo la pelea, la intensidad y el aplastamiento por intención directa. El corazón del equipo debe seguir latiendo y demostrando que no hay nada que haga derribar el caparazón de acero del grupo. Tras Mestalla esperaba una redención. Borrón y cuenta nueva.

El problema de resetearse es que nunca terminan de quedar claros los objetivos. Para Simeone, y entiendo su postura, y hasta sus argumentos, la liga del Atleti es la misma que han de jugar Valencia y Sevilla. Pero para el aficionado que ha probado el buen champán es difícil regresar de nuevo al vino de mesa. No obstante, aunque la derrota ante el Valencia, puso al equipo con los pies en el suelo, no podían tirar la toalla tan pronto y mantenían como imperativo el seguir soñando. Más que nada, porque a nosotros nada nos impide seguir haciéndolo.

Lo que hemos visto durante el último mes es el reflejo del Atleti competitivo que todos recordábamos. No es que en Valencia dejase de serlo, es que nos habíamos olvidado de aquellas fechas en las que el equipo era zarandeado como un pelele. El pelele de ayer siguen en pie, se está resarciendo y, poco a poco, y sin hacer mucho ruido, ha vuelto a colocarse en los lugares de privilegio. El martillo pilón está engrasado, el único factor determinante es el de la motivación. Si sigue en pie, seguirá golpeando, machaconamente, hasta volver a derribar todos los muros que, cada principio de temporada, le ponen por delante con el objetivo de que vuelva a ser la comparsa que ya no quiere ser.