martes, 28 de enero de 2020

Depresión

El cambio de este equipo ha sido tan evidente que hasta lo que parecía imposible ha sucedido: el equipo ha caído en depresión. Si durante años demostró una capacidad de superación admirable así como una resistencia a pruebas de bombas ante las derrotas, ha tenido que venir una simple derrota por penaltis en la final del torneo menos importante cualitativamente, para que se hayan venido abajo, para que todos los muchos vicios hayan salido a tapar las pocas virtudes y se hayan despeñado por el precipicio de la nada.

Porque en el partido ante el Leganés, el equipo se pareció más que nunca al Atleti precholo que ni sabía jugar ni sabía competir. Atenazado por el miedo a perder y carcomido por las dudas entre ser o no ser, se dejó dominar por un equipo es descenso, sin ser capaz ya no sólo de dar tres pases seguidos, sino de presionar con un mínimo orden la salida del equipo rival.

Porque si algo ha ganado el Atleti con las últimas derrotas es miedo y si algo ha perdido con el miedo es la identidad. No le pudieron dos derrotas in extremis en la final de las finales, no le pudo la ansiedad de verse acosado en Barcelona, en Munich o en Londres, pero le ha podido una tanda de penaltis en la Supercopa. Deprimido, alicaído, temeroso y aturdido, el Atleti está en la lona y se encamina hacia el K.O. definitivo.


jueves, 23 de enero de 2020

No me fío

No me fío, lo siento. No me fío porque no veo al equipo centrado en su plan de ejecución, porque juega con más miedo que vergüenza, con más dudas que certezas, con más impulsos que lucidez. No me fío porque el partido es un marrón, porque David sueña con demoler a Goliat, porque hará frío, será un campo hostil y porque el Atleti se le da horrorosamente el mes de enero.

Y no me fío porque no juega Oblak, porque Adán no tiene ritmo de competición, no tiene portería encima y ya sabemos cómo nos ha ido históricamente en Copa cuando hemos jugado con el portero suplente. Todos recordamos los tres goles en tres disparos del Girona, los dos contragolpes que culminó el Sevilla o todos aquellos partidos en campos de Segunda B en los que sufrimos como perros.

Y no me fío porque al Atleti se le ha olvidado sufrir como un perro, ya no se siente cómodo en el bloque bajo y sigue indefiniéndose como un equipo que quiere hacer lo que no puede o no puede hacer lo que quiere. Porque aquellos partidos en campos de Segunda B tenían el amparo de un partido de vuelta, se jugaba con red y con cierta seguridad. Pero hoy no, hoy se jugará la vida en un campo de minas y, mira que me molesta decirlo, al Atleti, hoy, al de Eibar, Valladolid o Granada, ya no le gusta ir a la guerra.

lunes, 20 de enero de 2020

La duda

La duda es un territorio hostil, es el peor lugar para recibir al enemigo, es la peor manera de afrontar un reto porque cuando dudas no decides y cuando otros deciden por ti te ves abocado a una persecución de sombras. La duda es un oportunidad perdida y un pozo sin fondo del que sólo se sale con decisión y un plan bien ejecutado, pero ¿Dónde está ese plan?

Porque el Atleti, o no tiene plan o no parece tenerlo. Pasa a perseguir jugadores del Barça sin capacidad de reacción durante setenta minutos, a competirle toda una final al Real Madrid con la dosis de ilusión que ello genera. Y, pasada la euforia, se presenta en Eibar y sale con mil dudas y once futbolistas. Resultado, derrota.

¿Y en qué situación queda ahora? Un año más, y van unos cuantos seguidos, el Atleti queda en tierra de nadie en liga, obligado a sufrir como un perro para mantener el tercer puesto y viendo como, un año más, no puede sentarse en la mesa de los poderosos. Los restos del pastel, repartido entre unos cuantos, serán devorados con ahínco y mientras ellos pasean orgullosos su músculo, nosotros tendremos que mirarlos otra vez desde abajo ¿Es o no motivo para seguir dudando?

jueves, 16 de enero de 2020

La identidad

La identidad del equipo es competir. La identidad es ser intenso, no vivir entre dos aguas ni leer con medias tintas, no dudar, no buscarse sino encontrarse, no perseguir sombras sino piernas, no disputar tiros al aire sino pelotas divididas. Cuando al equipo le sale la identidad le sale el juego.

Y cuando le sale el juego, a nosotros nos sale la identificación. Vale que no es un juego de trenza y paseíllo, vale que no es un anexo a ese tiki taka que quieren imponer como biblia y lugar de redención, pero es lo suficientemente loable como para hacernos sentir orgullosos, lo suficientemente cholista como para hacernos sentir ilusionados.

Porque el equipo, de repente, se volvió reconocible ante el Madrid. Juntó líneas, se hizo solidario y atacó con cabeza y convicción, sabiendo que al rival no se le podían hacer concesiones y sabiendo que los motores del rival necesitaban de la gasolina del balón para poder funcionar. Nos ganaron, pero sólo lo hicieron en los penaltis. Celebraron, pero yo, en mi fuero interno, celebré más la derrota por las sensaciones adquiridas, que la victoria en semifinales pese a la euforia desatada.

viernes, 10 de enero de 2020

Que la mentira no esconda la verdad

No fue mentira el resultado, ni la clasificación, ni la euforia, ni la probabilidad de aspirar a un título. No fue mentira la realidad porque lo que todos vimos es inconfundible y, sobre todo, imborrable, pero el partido del Atleti, en términos conceptuales, fue una mentira en el plano futbolístico y, sobre todo, en el plano competitivo.

No me gusta que mi equipo pierda, pero si hay algo que me molesta sobremanera es que mi equipo no compita. Durante setenta minutos, los que fueron desde el diez hasta el ochenta, el Atleti anduvo persiguiendo sombras olvidando que, para defender, hay que meter el pie, el cuerpo y hasta la cabeza. Intensidad, lo llaman. Fueron muchos los que loaron al Barça por su juego, pero cada vez que un futbolista del Barcelona recibía, no tenía encima a nadie y podía pensar qué pase era el idóneo. Ahora mismo, me da por creer que al Atleti le filtra pases entre líneas hasta el equipo de mi pueblo.

Pero claro, al calor del resultado, la euforia se desata y los más optimistas ya miran al derbi como si jugando así se le pudiese ganar a cualquiera. La mentira del resultado no debe esconder la verdad del juego y es que el Atleti, ayer, hizo un partido de mierda.

martes, 7 de enero de 2020

El Messi de los porteros

Que el mejor jugador del Atleti sea su portero no es algo que deba avergonzar ni al equipo ni a la afición. Es bueno tener al mejor del mundo en su posición y con ello ocurre que, en partidos ajustados como los del sábado, una mano salvadora es capaz de salvar dos puntos y permitirse seguir soñando con hazañas mayores.

Lo realmente engañoso es que te hagan creer que el Atleti haya ganado sólo y exclusivamente gracias a su portero. El Atleti, cierto es, hizo un partido bastante regular ante el Levante, pero hasta las dos paradas de rigor, ya en el tramo final, apenas había pasado dificultades en el plano defensivo. Y cuando las pasó, que fue de panera esporádica y casi excepcional, apareció su portero. Porque sí, porque juega con once, el de los guantes incluídos y este resulta que es el mejor del mundo. El Messi de los porteros.

Por ello no debería preocuparnos el que nuestro portero haga su trabajo como el mejor que es. Lo que debería preocuparnos es que el equipo, después de salir a por el gol, después de arrear para sobreponerse al empate, después de creer en la victoria durante un rato de firmeza, volviese a la nada, al verlas venir, a jugar a la ruleta rusa. Y claro, nuestra bala en la recámara no está en nuestra delantera sino en nuestra portería y muchas veces salimos vivos, pero esta no es manera de vivir.

martes, 17 de diciembre de 2019

El peor rival posible

Me gustaría ser optimista. Me gustaría mostrarme como los tuiteros que ayer miraban al futuro con ojos de ilusión y creían que el Atleti volvería a ser el de las grandes noches. El de las gestas. El de los hijos de puta sin piedad que se dejaban el alma mientras hacían de la intensidad un factor común. Me gustaría creer que vamos a eliminar al Liverpool, pero lo que creo es que nos ha tocado el peor rival posible.

Porque no hay equipo en el mundo que juegue con la intensidad de los ingleses, porque ponen, en cada pelota, el empeño que ponía el Atleti de Gabi y Tiago, porque juegan a la velocidad del sonido, porque su estadio es una olla a presión capaz de levantarle un tres a cero al mismo Lionel Messi, porque llevan una velocidad supersónica que les va a hacer ganar la Premier en invierno y no tener muchos más despistes en primavera, porque son una máquina ofensiva sin concesiones.

Y porque este Atleti de hoy tiene los pies de barro y ha perdido la fe que le conferían sus capitanes, porque han perdido parte del empeño defensivo y, sobre todo, la capacidad para hacer daño en la punta de ataque, porque sigue viviendo entre dudas, porque si no fue capaz de aguantar en Turín, cómo va a poder salir vivo de Anfield, porque el equipo concede más de lo que debe y porque cuando llegue el partido estará metido en mil guerras por no haber sido capaz de empezar la temporada con la solvencia que se esperaba.

¿Esperanza? Lógicamente, nunca se pierde porque el futuro se puede dibujar de mil maneras y no deja de ser un hipotético futuro. Lo mismo Thomas gobierna por fin, como amaga, un equipo en busca de patrón, igual Koke y Saúl ejercen de capitanes en plaza y se baten el cobre como lo hicieron sus antecesores, igual Giménez y Felipe están impecables y aterrorizan a ese trío de puñales que dan más miedo que un nublado e igual Diego Costa vuelve en plan bestia y le amarga la vida a esa torre de ébano llamada Van Dijk. Igual ocurre algo de eso. O igual no. A mí me gustaría ser optimista, pero me cuesta serlo.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Vestigios

El equipo dio vestigios de que puede ser un grupo sólido. Presionó en conjunto, no cometió estupideces y, sobre todo, remó hacia adelante desde el primer minuto. En un intento de regresar al pasado en este continuo viaje hacia el futuro, el Atleti, antes que el juego, necesita recuperar el espíritu. Equipo canalla, equipo solidario, equipo sacrificado. Y, después, si se sigue creyendo, si no se sigue cayendo, llegará el juego. Para eso sirve el vestigio.

Joao Félix dio vestigios de que puede ser un gran jugador. Por primera vez desde que llegó al equipo, jugó a echarse el juego de ataque a las espaldas, dejó de buscar el espacio para buscar la combinación y dibujó unas conducciones tan asombrosas que invitan a soñar. El chico siempre intenta algo; ya sea un sombrero, un caño, un pase profundo o un disparo. No se le puede achacar ni falta de decisión ni falta de personalidad. Se marchó cabizbajo porque, como diría el gran Guille Giménez, estaba sintiendo el picorcito y cuando un tipo se siente bien no sabe entender que le aparten del espectáculo.

Y la afición dio vestigios de unión al menos mientras se unió en cánticos y apoyó unánimemente a su entrenador. Eso sí, cuando los repartidores de carnets pasaron factura al resto, el silencio cómplice señaló a todos aquellos que creen que su razón pesa y al final termina pesando en negativo. De poco sirven los vestigios y acabamos tirándonos piedras los unos a los otros. Yo soy del Cholo, de Koke y Trippier. Pero, ante todo, y sobre todo, soy del Atleti. El Atleti somos todos.

martes, 10 de diciembre de 2019

Sin gol

Así estamos, sin lo más importante, sin lo que te da la vida, los puntos, la esperanza, la moral. Y no se puede achacar ahora a la falta de juego, porque el equipo genera. Es cierto que sigue siendo permeable en el centro del campo, que no presiona con fe, que ha perdido intensidad, pero cuando se pone, que es cuando se lo propone, el equipo llega porque tiene futbolistas con buen pie y jugadores, en todas las líneas, con buena llegada. Pero no marca, y si no marcas estás condenado a atravesar un desierto de desidia.

Esto se arregla con trabajo, afirma el Cholo. Sólo podemos seguir trabajando, confirman los jugadores. Y yo no puedo estar más de acuerdo. El trabajo es importante, pero nada tan importante como la fe. El problema es que el seguir creyendo depende mucho de seguir avanzando. Si tú trabajas y no concretas, llega el momento en el que pierdes la ilusión. Y un equipo sin ilusión es un equipo abocado a la mediocridad.

Por eso será tan importante el trabajo del entrenador a la hora de no dejar caer el espíritu del equipo. El objetivo de ganar la liga ya se ha marchado, un año más, pero el objetivo de jugar la próxima Champions debe seguir vivo y, sobre todo, el objetivo de no dejar de competir durante el resto de temporada, porque la liga es la vida, sí, pero no se puede renunciar aún a nada. Estamos sin gol, pero debemos estar dispuestos a pasar el bache y encontrar el camino hacia la portería. Debemos estar dispuestos a no decaer y a seguir trabajando.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Vaya semanita

En clave de humor, la televisión vasca emitió, durante algunas temporadas, un programa de sketch que trataba de dar un repaso a la actualidad y a la idiosincrasia de la sociedad de Euskadi, bajo el título de Vaya Semanita. El Atleti está para poco humor, pero su idiosincrasia le obliga a seguir compitiendo como si no hubiese un mañana. El problema es que lo hay y que el momento no es el adecuado, pero no queda más remedio que apretar los dientes, abrir bien los ojos y entregarse a la pelea porque, risas aparte, vaya semanita nos espera.

Primero la Juve. Con su glamour, con ese Ronaldo que, con todas sus cosas que nos sacan de quicio, nos ha destrozado en Champions siempre que nos hemos cruzado con él, con esa espina aún sangrante que supuso el partido de vuelta de la temporada pasada, con todos los empates fuera de casa que arrastra el equipo, con la reciente derrota en Leverkusen. Con la sensación de que el equipo da lo que tiene y que parece que no puede dar más.

Y después el Barça. Tras el desgaste de Turín, tras saber, o no, si se ha conseguido la clasificación para octavos, tras haberse curtido el lomo contra un equipo que ha hecho de competir su seña de identificación. Un Barça de mal juego, cargado de dudas y con mil defectos. Pero con Messi. Con ese tipo que siempre nos ha destrozado y contra ese equipo al que desde que le ganó Pepe Murcia, ni un sólo entrenador ha sido capaz de meterle mano en el campeonato de liga. Lo dicho; Vaya Semanita.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

A Granada sin cemento

Los fabricantes de cemento de nuestro centro del campo, Saúl y Thomas, forzaron la tarjeta ante el Espanyol para poder estar ante el Barça. Demasiado peligroso ese ejercicio de pretender dar más importancia a un partido por la entidad del rival cuando sabes que tu caminar por la liga, tan titubeante, tan cargado de dudas, te ha enseñado que ningún rival puede ser considerado como pequeño.

Rememorando partidos como el de Leganés, Valladolid o Vitoria, donde el equipo estuvo espeso, falto de competitividad y hasta alarmantemente apático por momentos, nada hace pensar que el partido de Granada vaya a ser mejor. Con el aliciente añadido de que el Granada ha empezado la competición como un tiro y que, tras haber probado la sangre del Barça, tiene en su mente la próxima dentellada.

Y ahí entramos nosotros. Nos van a morder, nos van a apretar, nos van a llevar al límite, y para acometer esa obra de construcción tan plomiza nos hemos quedado sin cemento. Me suelen llamar pesimista y la mayoría de las veces he terminado teniendo razón. No me gustaría ser agorero, de verdad, pero no me gusta, a priori, como pinta el partido del sábado.

lunes, 18 de noviembre de 2019

La hernia de Costa

Podríamos decir que su regreso ha sido un chasco, podríamos calificar su última etapa como una decepción, podríamos considerar que le hemos esperado para nada, que soñábamos con un pasado que no va a regresar mientras dibujábamos ensoñaciones de un futuro que terminó siendo imperfecto. Podríamos decir, con razón, que lo suyo ha sido un coitus interruptus y lo nuestro una desilusión sin igual.

O podríamos decir que ya nos extrañaba a nosotros que no fuese al choque, que no corriese con el ímpetu y la velocidad de antaño, que hubiese perdido el hambre voraz, que no regalase su colección de amagos y regates, que no fuese capaz de chutar bien ni un mísero penalti, que hubiese dejado de ser un cabrón con pintas para convertirse, de la mañana a la noche, en una hermanita de la caridad.

El caso es que sea la hernia o sea el propio futbolista, tanto él, como el equipo, están dejando ir los últimos grandes años de un delantero que demostró ser demoledor cuando pudo y más que útil cuando quiso. Si no quiere o no puede, quizá sea por la hernia, quizá sea porque se ha cansado de ser un personaje que devora al futbolista. Mientras le seguimos esperando, operado o no, seguiremos añorando a ese tipo que un año nos convirtió en campeones de liga con una sucesión de unos a cero con goles cuya firma tenía denominación de origen en Lagarto.


domingo, 10 de noviembre de 2019

Desperdiciando a Vitolo

Vitolo se desperdicia a sí mismo. Su tendencia a lesionarse, a no economizar esfuerzos, a apagarse cuando no empieza bien el partido, le convierte habitualmente en carne de banquillo, en el último cambio recurrente, en la pieza valiosa que no se mueve de su sitio en el mueble no sea que se rompa y se haga mil añicos. Parece que su nombre da más lustre que eficacia al equipo.

Simeone desperdicia a Vitolo. Debe verle entrenar mal, no debe ver en él un tipo apto para cambiar la tendencia del equipo, no termina de confiar en sus posibilidades como no termina de tratarle, futbolísticamente como lo hace con los tipos con los que se juega el tiempo. Ni le da oportunidades ni cree que las merezca. Parece como si quisiera motivarle por la vía del castigo en lugar que por la del premio.

El caso es que Vitolo va cumpliendo años y no termina de despegar en el Atleti, a pesar de que cuando sale el equip encuentra el desborde, a pesar de que cuando juega, el equipo es más vertical, a pesar de que cuando juega, los delanteros encuentran mejores desmarques. Entre todos le mataron y él solito se murió, dice el dicho popular. Vitolo corre el peligro de quedarse en el estanque mientras los demás patos nadan contracorriente y él se convierte en cisne negro desperdiciado por la crítica, la opinión y su propio entrenador.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El partido de la tranquilidad

Ganar hoy tiene más importancia de lo que parece. No sólo porque la clasificación estaría prácticamente en el bolsillo sino porque, si la Juve también lo hiciese, sacaríamos boleto directo para la siguiente fase y podríamos centrarnos durante el próximo mes en la liga sin la ansiedad de sabernos necesitados en liga de campeones.

Un mes en el que tendríamos a viajar a Miami, si Tebas le gana la batalla de la vergüenza a Rubiales, justo antes de enfrentarnos al Lokomotiv. Y un mes en el que tendríamos que recibir al Barça días antes de enfrentarnos a la Juventus. Esos dos partidos, los de liga, jugados sin la necesidad imperiosa de puntos en Champions, serían disputados con la cabeza en el objetivo y la concentración dentro de la verdadera necesidad.

Porque quedar primero es importante, pero no menos importante que pasar. Y si no, basta con recordar a Roma y Qarabag y aquella agonía de diciembre que nos descabalgó la temporada. Los objetivos finales están compuestos de objetivos a corto plazo y el más inmediato es Leverkusen. Una victoria es importante, más importante aún es conseguirla para poder evitar urgencias.

lunes, 4 de noviembre de 2019

El plan de emergencia

Cinco victorias, seis empates y una derrota, hablamos sólo de liga, y en todos un denominador común; una primera parte al trantrán, viéndolas venir, sin juego y sin intensidad y una segunda donde se ve obligado a arreglar el estropicio. Excepto ante el Valencia, donde el primer tiempo fue notable y el segundo un esperpento por querer jugar a lo que ya no puede, en todos se forzó a un plan de emergencia porque sabía que los puntos se le escaparían, habiéndose escapado, casi todos, en cada ocasión.

Parece como si llegasen al descanso y se mirasen a los ojos para decir; "Oye, que no somos tan malos" y se viesen obligados a remar contra corriente, nadie sabe si por actitud de los futbolistas o por orden ministerial. El caso es que el equipo regala puntos porque regala tiempos y así, poco a poco, se va desangrando con el único consuelo de que los dos equipos poderosos de la liga andan dubitativos y no se han atrevido a marcharse en solitario del pelotón de cabeza.

Y eso es, también, lo que da rabia. Da rabia ver como están el Barça y el otro equipo de la ciudad y no ser capaces de aprovechar el calendario para haber podido dar un golpe contra la mesa. Porque hemos jugado con algún equipo importante, sí, pero hemos visitado estadios donde se pierden ligas y, efectivamente, nos hemos empeñado en perderla. Como nos empeñamos en tirar las primeras partes. Como nos empeñamos, una y otra vez, en tirar del plan de emergencia.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El Atleti ya no roba

El primer Atleti de la era Cholo, casi ya en la prehistoria del recuerdo vistos  los derroteros públicos actuales, se caracterizaba además de por tener un hambre voraz, por una cuestión táctica que le hacía ganar casi todos los partidos: su eje central era una auténtica roca. Allí, en un mediocampo liderado por Tiago y Gabi, el equipo ponía un campo de minas que arrastraba, como en racimo, a todos lo demás compañeros y les animaba a dar siempre un paso o dos hacia adelante. La presión era alta porque Gabi comandaba a las tropas, pero, más allá de aquella primera línea, el portugués se encargaba de poner las cosas en su sitio, siempre con el quite correcto y el pase certero.

Sin Tiago, Gabi perdió su norte pero no perdió su espíritu. Como no había un ancla como aquel, en muchos partidos hubo de desdoblarse y hacer de capitán y marinero a la vez; llevar en timón, levar anclas, organizar el abordaje. El equipo empezó a hacer aguas pero seguía compitiendo y, de alguna manera, seguía robando la pelota al equipo contrario.

Pero sin timón, capitán, marinero y contramaestre, el Atleti ya no roba. Es fácil comprobarlo si se tiene la paciencia de aguantar un partido entero del equipo, esfuerzo que entiendo no debe ser nada fácil para un aficionado que no sea adepto al equipo. El equipo rival toma la pelota y la toca, la toca, la toca y la toca hasta que llega al borde del área. Quien recupera, casi siempre, es la defensa y cuando lo hace lo hace en desventaja en cuanto al juego porque tiene a los centrocampistas corriendo hacia detrás y a los delanteros contrarios corriendo hacia adelante. Por ello, la jugada típica es despejar y empezar de nuevo con el calvario. El equipo contrario tocando, tocando y tocando y el Atleti siendo incapaz de robar una sola pelota en condiciones.

miércoles, 23 de octubre de 2019

División

Divide et impera. Lo aplicaron los césares como máxima, como estrategia prebélica antes de acosar terreno conquistable. Se trataba de meter una mosca en el enemigo y esperar a que entre ellos discutiesen si era mejor matarla o dejarla vivir. Una cizaña, una duda, una muesca. Si el enemigo está dividido, si no cuenta con todas sus fuerzas activas, será mucho más fácil vencerle. La inteligencia por delante de la fuerza.

El problema de ponerse un listón es que, como un Sergei Bubka de la vida, te ves obligado a superarlo día a día, temporada a temporada. Antes de Simeone, y tras el doblete del noventa y seis, el Atleti sólo había sido cuarto dos veces. Dos veces en tres lustros. Desde entonces, jugamos la Champions año sí y año también. Cuando acostumbras al comensal a tener pan en la mesa a diario, te pide salsa para mojarlo, cuando se acostumbra a la salsa, ya sólo te exige alta cocina.

El Atleti está jugando mal, eso nadie lo esconde. El Atleti está tercero en liga y primero en su grupo de Champions, algo que no ocurría ni con Aguirre, ni con Ferrando, ni con Manzano. Simeone tiene mejores jugadores que aquellos, vale, pero el estatus que tiene el equipo lo ha logrado él solito con su fe y su trabajo. Debe resultar molesto, para la artillería enemiga, tener un fuego inesperado en su batalla por la conquista perenne. Como aquellos romanos estrategas, mandaron a sus huestes para filtrar un mensaje entre la colchonería. Debéis estar hartos de Simeone. Los que compraron el mensaje se encargaron de dividir, los que detestaron a los compradores, se encargaron de dar cuerpo a la estrategia. Y así estamos, divididos y a punto de ser vencidos. Y eso que nos declarábamos orgullosos de no ser como ellos.

jueves, 17 de octubre de 2019

Vuelta a la incertidumbre

En cuanto terminó el partido de Moscú le envié un mensaje a mi hermano: "Me va gustando cada día un poco más el Atleti, dicho esto, la cagará en el próximo partido". Y es que no hay nada mejor que conocerse para poner en marcha el mecanismo de la intuición y jugar a adivinar lo que probablemente terminará pasando tarde o temprano. Y es que este Atleti, acomodado ya a la élite, nos ha acostumbrado tanto a la cal como a la arena y no es difícil adivinar donde dará una palada y donde dará la otra.

La de arena, claro está, tocaba en Valladolid. Regresó el equipo plano, el que no empuja, el que muere de desidia, el que hacer creer a equipos menores que pueden ser capaces de ganarle. Cuando el Atleti pone el modo off y se apaga cualquiera es capaz de hacerle cosquillas, cualquiera es capaz de conseguir un penalti tonto en una jugada tonta, cualquiera es capaz de complicarte un partido y hacerte perder esos puntos que, al final de liga, tanto echas de menos.

No termino de entender esa obcecación del Atleti por vivir entre dos aguas, como si existiesen partidos de primera y partidos de segundo, como si habernos convertido en un nuevo rico nos diese el derecho a pensar que se gana con la sola presencia de la camiseta. Ese quiero y no puedo que tan bien relató Saúl una vez terminó el partido, describe a la perfección el sentimiento que, desde fuera, produce el Atleti cuando le da por no jugar: Desesperación. Con la desesperación regresamos a la incertidumbre y desde la incertidumbre es muy difícil seguir soñando. Mucho más, seguir creyendo.

viernes, 4 de octubre de 2019

Compromiso

A medida que el Atleti iba fichando talento iba perdiendo en compromiso. Llegaban los Carrasco, los Vrsaljko, los Rodri, los Lemar, los Gameiro, tipos contrastados en ligas contrastadas, pero que no conseguían tapar el hueco de los Raúl García, los Miranda, los Gabi, los Arda Turán y los Fernando Torres. Estos fichados como tipos de perfil medio bajo, seguían ganando, presente mediante, en la memoria a aquellos, fichados a bombo y platillo como promesas de década gloriosa. Si no conseguían tapar aquella ausencia no era por la falta de talento sino por la ausencia de compromiso.

A medida que el equipo se hacía más largo en ataque se hacía mucho más pequeño en defensa. Competía porque ya llevaba implícito el gen del cholismo desde el primer día de su nueva vida, pero le faltaba ese carácter tan puntual que en ocasiones anteriores le había permitido alzar los brazos e hinchar el pecho por el orgullo. Cuanto más pierna técnica menos pierna fuerte, cuanta más sensibilidad más miedo.

Nadie quiere rehuir de los jugadores técnicos, pero de lo que nadie debe rehuir es del compromiso. Se puede tener las dos cosas para gustar y se debe tener las dos cosas para ganar. La historia está llena de equipos con talento y sacrificio que llegaron al corazón del mundo y al centro de la memoria. Lo que pasó en Turín fue el punto de inflexión más delicado de la etapa de Simeone. El equipo que jugó contra la Juve era técnico y superfluo. Le pudo la expectativo y se dejaron derrotar ante la presión. Por ello, antes de empezar a mostrar la técnica, el equipo debe afianzar la táctica y, para ello, necesita recuperar el compromiso. Sólo de esta manera habrá valido la pena perder tantos activos en verano. Volver a darle la vuelta a la camiseta y volver a ser el Atleti. El equipo de hijos de perra contra el que nadie quería jugar.

jueves, 19 de septiembre de 2019

A rebato

Toda su efervescencia tiene su punto álgido, toda su montaña tiene su cima, todo tobogán tiene lo más alto de su escalera. El problema de subir es bajar, el problema de bajar es no saber cómo caer. Hace dos semanas nos fuimos líderes al parón, con la sensación de que no había mundo suficiente para nosotros y éramos capaces de afrontar cualquier reto. Regresamos y nos dimos de bruces con la realidad. Al final del tobogán de Anoeta había un charco de lodo y la efervescencia terminó de burbujear en el momento en el que Matuidi nos puso contra las cuerdas.

Entonces surgió algo. No sabría explicar bien el qué porque aún, ocho años de cholismo mediante, no soy capaz de creerme que este equipo sepa luchar, que sepa competir, que sepa tocar la fibra de su gente. Surgió un espíritu aventurero que se negaba a perder, una realidad ni disociada ni paralela, sino arrojadiza, que nos obligó a creer, un puñado de tipos vendiendo su piel a precio de oro.

El peligro de jugar con los arrebatos es que no siempre el resultado acompaña si dejas el fútbol a un lado. Las llamadas a reabato no son sino el síntoma de que la urgencia prima sobre la cordura. El Atleti tiene peores defensas y, quizá, mejores atacantes de antes. Tendrá pues, que ir pensando en reinventarse. Nadie pide locuras, suicidios, ni audacias inconscientes. Sólo un poquito de reflexión. Se puede seguir siendo intenso, metódico e incisivo, pero también se puede ser un poco más ofensivo. La intensidad, la metodicidad y la insistencia nunca estuvieron reñidas con la búsqueda del gol.