miércoles, 7 de septiembre de 2011

Criterio

Jaimito, Pepito y Miguelito eran vecinos. Jaimito, que vivía en el chalet de la derecha, tenía dos perros. Uno de ellos era un fiel guardián del jardín y el otro era un aprendiz de perro de presa que cuidaba de los niños en el salón de la casa. Cuando un viajante con dinero le ofreció mucho dinero por su fiel perro guardián, Jaimito se guardó los billetes y despidió a su perro entre lágrimas. Su segundo perro estaba preparado para cuidar el jardín y así se lo hizo saber durante el primer mes del verano. Pero, entonces ¿Quién cuidaría de los niños ahora? La solución era comprar otro cachorro que viviese a la sombra del guardián y ganase las aptitudes suficientes o bien el de buscar en la perrera a un viejo percherón al que no le importase dormir en el salón y dejarse acariciar por un par de niños traviesos. Pero Jaimito no hizo ni una cosa ni otra, apremiado por el sonido de un ladrido lejano, viajó hasta Bélgica para adquirir a préstamo un pastor belga digno de su jardín. El pastor belga cuidó el jardín con eficacia y quien había sido relegado de nuevo al salón terminó por sacar los colmillos, criar espuma bajo las mandíbulas y atacando a los niños a modo de protesta. Se puede decir Jaimito no actuó con criterio.

Pepito vivía en el chalet del medio y también tenía dos perros. Ninguno valía para cuidar el jardín y tan sólo uno de ellos, perdonando mucho sus despistes, valía para cuidar de los niños. Cuando llamó a la puerta de Jaimito para pedirle a préstamo el perro de su salón, Jaimito le dijo que estaba a punto de vender su perro guardián a un viajante extranjero y que aquel iba a pasar de cuidar a los niños a cuidar su jardín. Entonces Pepito llamó a la puerta de Miguelito, que vivía en el chalet de la izquierda, y le pidió, también en préstamo, al perrito que tenía escondido en el desván.

Y es que Miguelito tenía tres perros. Uno en el jardín, viejo y ajado, otro en el salón, joven y bisoño, y otro en el desván, maduro y desafortunado. Cuando mandó al del jardín a la perrera, decidió adquirir un terrier brasilero y educó a su jóven perrito para que continuase guardando el salón sin atreverse a ladrar a los niños. Fue por ello que, cuando escuchó la solicitud de Pepito, no dudó en subir a su desván, acariciar a su antigua promesa y pasearle, correa en mano, hasta el jardín de su vecino de al lado. Y es que es lícito decir que Miguelito actuó con criterio.

El Atlético tenía dos porteros. De Gea cuidaba la portería y Joel le servía como perfecto sparring en cada calentamiento. Cuando el Manchester dejó dinero en caja por el titular, el equipo hizo amago de optar por el suplente. Desoyó la solicitud del Getafe, que pedia la cesión de su vecino Joel, y le susurró cantos de sirena al chaval que terminó por creerse el cuento de la lechera. Pero cuando el Getafe ya había logrado la cesión de Moyá, el Atlético no pudo cederle a Joel a pesar de que ya le habían enseñado el mullido asiento del banquillo de los suplentes después de firmar la cesión de Courtois y darle mando en plaza. Si Courtois saliese bueno, el Chelsea, quien lo prestó por dos años, vendrá a por él y dejará al Atlético huérfano bajo los palos; lo hará porque Joel habrá perdido dos temporadas y porque, quizá, si le hubiesen cedido al Getafe, es posible que hubiesen prestado a un joven cachorro para recuperar a un auténtico perro guardián. Si Joel termina por morder la mano de quien le da de comer y escapa hacia el horizonte por la puerta de atrás, el Atlético se verá sólo y sin un perro fiel que sea capaz de cuidar su jardín. Es el problema de no actuar con criterio.

El Getafe tenía dos porteros y ninguno valía para ser titular. El Valencia, por su parte, tras vender a César y fichar a Alves, contaba con tres porteros y solamente uno tenía plaza fija. Guaita, quien cursó cátedra acelerada durante la pasada temporada, sabe que aún está a tiempo de encontrar su sitio y Moyá, que vivía arrinconado por las dudas, viajó a Getafe para ocupar un puesto que podría haber sido de Joel y, de paso, vació de gallos un corral en el que había excedente de espolones. Una solución para el Getafe y un problema menos para el Valencia. Es la consecuencia de saber actuar con criterio.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Otro Diego

La vida está repleta de apuestas; unas seguras, otras inciertas, las más, arriesgadas y, las menos, brindis al sol como palos de ciego. Hay quien prefiere morir con las botas puestas y hay quien prefiere caer como un héroe, con el pecho descubierto, las cicatrices marcadas y un último grito, como hiciera el William Wallace de la película, gritando libertad.

Se fue un Diego, Forlán, y aterriza otro, Ribas. De aquel supimos enseguida que tenía una escopeta en cada pierna, que conocía el oficio, que celebraba mostrando el mundo el exitoso trabajo de gimnasio y que escuchaba siempre a la grada, bien fuese cuando le coreaban o bien fuese cuando le mandaban al carajo. De este sabemos que tiene guante de seda en el pie, que a veces tiene la cabeza en el juego y otras en la luna, que sigue siendo eterna promesa aún después de haber cumplido veinticinco años y que ha regado de sinsabores todos aquellos parajes en los que ha pastado.

La de este Diego, Ribas, es una apuesta incierta; un tiro al aire cuya trayectoria final sigue acunada por el suspense, un sueño mágico de pases en profundidad y goles de falta directa y una pesadilla tormentosa de un tipo que viene a conocer la noche, a llevarse sus cinco millones y a dejar un par de detalles para mayor gloria personal. Si la apuesta sale bien, el Atleti será un equipo de plaza grande, dos orejas y salidas por la puerta grande. De salir mal, no cambiará mucho la vida y seguiremos siendo víctima del abucheo, del almohadillazo verbal y de la nostalgia mal registrada. Puestos a morir, prefiero descubrirme el pecho y dejarme guiar por tipos como este antes que por Assunçaos y Patos Sosa.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Uruguayo

La historia nos ha retratado como tipos circunspectos, atrevidos ante la ignorancia, precavidos ante la advertencia y, sobre todo, fáciles de manipular. Los españoles somos, en general, un pueblo dado a la palabra brusca y al desmentido facilón; nos gusta arribar mitos, desencofrar pedestales y, por último, llorar las ausencias. Nos encanta el tremendismo, el ruido, las nueces y dejar mucha basura esparcida porque entre las mentiras y las verdades algún comentario habrá que nos sirva para utilizar como pie de página y dar rienda suelta a nuestra supuesta sabiduría.

Diego Forlán se marcha del Atleti entre los vítores de sus voceros de extrarradio y entre los abucheos de sus infieles despechados. Ni unos ni otros tienen razón y a la vez pueden tenerla ambos. Es el juego bipolar al que nos tiene acostumbrada la sociedad; o estás conmigo o estás contra mí. Yo estuve siempre con Diego; percursionista audaz, demoledor de redes y celebrador incansable. Podría rendirle mil homenajes y me reduzco a un post para darle las gracias. Merece una condecoración, quizá un busto como aquel de Pantic y un renglón en mayúsculas dentro del libro de historia del Atlético de Madrid.

Pero no vayamos a volvernos locos por su marcha. Los hay que dicen que le empujan al precipicio y los hay que critican que a un balón de oro no se le puede regalar. Ahí radica el problema y desde allí, aunque tarde, erradicó la solución. Con treinta y un años, Europa League mediante y con un mundial esplendoroso en sus piernas, la cantidad a recaudar podría haber sido enorme. Se trataba de desamortizar lo amortizado, sacar una renta por un camión al límite de su kilometraje y hacer homenaje con confeti el día de la despedida. Pero se prefirió seguir nadando contra corriente y sin guardar la ropa, y el equipo, y Forlán, se murieron de frío. Un año después, con su hoja de servicios repleta y sellada, Forlán emigra a Italia a desparramar una docena de buenos goles. No serán mejores que los que aquí marcó por más que los agoreros insistan en repetirlos en la televisión. Era la hora de marcharse, aunque a los héroes no se les regala.

lunes, 29 de agosto de 2011

El camino

Toda decisión trascendental en la vida implica la elección de un camino; en la trascendencia de la elección están implicadas la corrección y la equivocación en cuanto al camino elegido. Se trata de mirar al frente, hacer inventario de las necesidades y sacar un balance de todos los errores que nos han puesto, una vez más, en la encrucijada. El camino correcto suele compensarnos con una sonrisa y generalmente precisa de las alforjas necesarias ¿Qué necesita el Atleti? Por supuesto regresar a la senda de la grandeza ¿Cuál es la mejor manera para hacerlo? Recuperando un estilo.

Durante años, el Atleti se caracterizó por ser un toro que reculaba en tablas y embestía al capote con fiereza cada vez que el trapo aparecía en el centro del albero. Era la fiereza de un contragolpe que sentó cátedra en los círculos futbolísticos del país. Pero aquel era otro fútbol, más racial, más impetuoso, mas agresivo en lo estético aunque menos en lo físico. Ahora el modelo a copiar es otro; la realidad aplastante impuesta por el Barça ha generado pequeños clones que juegan a imitar a Messi y sus amigos. Como Messi y sus amigos son únicos, buena es la receta para aplicarse en momentos de duda mental. En este caso, el balón es el camino.

Es cierto que el Atleti de ayer adoleció de profundidad, adoleció de desborde, adoleció de velocidad y adoleció de fantasía en los úlitmos metros, pero como un esnob de nueva época, vistió traje y corbata y encontró el balón como solución a sus futuros problemas. Siempre me acusaron de ser un derrotista y en ocasiones señalaron con el dedo reprochando mi fatalismo empedernido, pero en este caso voy a optar por mirar el vaso para verlo medio lleno en lugar de medio vacío. Encontrar el balón es el camino, encontrar el camino es esperanza y la esperanza es la mejor generadora de ilusiones posible. A este equipo le falta la chispa que pueden aportar Diego, Arda y Falcao. Y tengo muchas ganas de ver a Koke con este sistema que prioriza el centrocampismo sobre el nadacampismo. Si el equipo no se parte (que parece que no) y la defensa no se despista (que parece que sí), podemos mirar al frente y saber que estamos en disposición de mirar a tú a los equipos de nuestra liga. El balón es el camino.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Soltando lastre

Soltar lastre tiene la ventaja de aliviar el amontonamiento de bultos innecesarios siempre que se haga como síntoma de limpieza y no como acción demagógica de cara a la galería. El problema viene cuando te deshaces de algo que no sirve de nada y, sin embargo, vuelves a llenar el desván de más cajas inútiles. El trabajo realizado, pues, no sirve para nada y tocará esa tonta tarea que implica el trabajar dos veces.

Valera y Raúl García se habían convertido en dos rémoras casi enquistadas en el vestuario del Atleti. De ambos se presuponía entrega y gotas de sudor bajo la nuca, pero se esperaba más fútbol. El primero no sirvió nunca ni como lateral, ni como interior, dejando bien a las claras que, en el aspecto defensivo su espalda era el chollo a buscar para el extremo contrario. De aspecto ofensivo no hablamos, porque si alguna vez ganó la línea de fondo fue para regalarle la pelota a esos chicos tan simpáticos del fondo sur.

Raúl García ha sido otra cosa. Durante sus dos primeros años se erigió en argumento de defensa en favor de Aguirre. El chaval corría, robaba, a veces se posicionaba y se le veían maneras de futuro líder. Pero todo se fue al traste; nunca le dejaron claro si debía ser conductor y debía dejar que le condujesen, nunca le hablaron de que este escudo pedía fútbol y si un día era mediocentro al día siguiente era mediapunta. Total, que el chaval se volvió loco, optó por el pelotazo, el escaqueo y la falta a destiempo y se ganó la bronca de la grada. Otro buen proyecto al traste, pensaron algunos; otro proyecto de lastre, cambiando solamente un par letras, pensaron otros.

El Atleti suelta el lastre y parece que se acaban los problemas, pero no es así, porque las cajas inservibles se han sustituído por otras que siguen sin valer, y los Valeras de hoy serán los Mirandas de mañana, igual que los Raúles que hoy nos dejan, se convertirán en Fran Mérida, Elías y Salvio con el paso de los meses. Es el problema de no saber organizar bien el desván; al final pierdes tus mejores juguetes y te quedas con los peores libros.

martes, 16 de agosto de 2011

Éste no sabe dónde se ha metido

No lleva ni dos días en Madrid y el turco este ya me parece un cachondo de cuidado. Se suelta media sonrisilla sobre esa papada oscurecida y parece hasta simpático, pero lo mejor viene cuando se le suelta la lengua; ebrio de ignorancia y aturdido en tablas por el cuadro surrealista que le han enseñado, se arma de valor, se viene arriba y llega a decir que para qué vamos a soñar con el cuarto puesto cuando se puede aspirar a más.

Este cuento chino (o turco) ya me lo conozco. Al chico le dicen que viene a un equipo que dicen que es el tercero de España, que hace un tiempo, no ahora, pero antes sí, se ganaba al Madrid una vez por temporada e incluso se arañaban puntos en el Bernabéu, que no hace mucho solamente tenía una liga menos que el Barcelona, ese Barcelona que hoy en día gana, asombra y divierte y el chaval, que ha crecido con los oídos regados de blanco y azulgrana dice "Guau", "Equipazo", "Qué suerte tengo". Y claro, como soñar es gratis y la prensa, cuando se pone, es muy cabrona, pues le hacen sacar la lengua a pasear y le hacen tirar de atrevimiento y luego viene el titular fácil y la sonrisa socarrona y la chanza burlesca del vecino que te busca la espalda para darte un toquecito y decirte "que lo vais a ganar todo, dice el turco". Y te mira así, con esos ojos de chulo relamido, esperando una respuesta y se queda en el sitio cuando decides hacer caso omiso y decirte a tí mismo que para qué entrar en el juego de estos ignorantes emocionales si ya estás acostumbrado a discutir para nada y ya no merece la pena seguir tentando a la suerte con la úlcera de estómago.

Dentro de un par de meses, el turco irá diciendo que igual eso de quedar cuarto no estaría tan mal y que no se esperaba tal desajuste defensivo y que al equipo le falta acoplarse, mal congénito del que no le hablaron en verano antes de decirle que sí, que a lo mejor con el Atleti jugaba la Champions más veces que con el Galatasaray. Y llegará febrero, y cuando la Copa vuelva a ser un sueño perdido de primavera, dirá que venga, que vamos, que igual si apretamos un poco nos clasificamos para la Europa League, que al fin y al cabo, un año la ganamos y la gente se echó a la calle porque decían que éramos el mejor equipo de Europa. Y eso quedando novenos en la liga. Y cuando acabe la temporada dirá que a lo mejor el año que viene se puede aspirar a más, pero que para hablar, mejor pregunten al nuevo que yo ya pagué la novatada y a estas alturas de mi vida ya sé dónde me he metido.

miércoles, 10 de agosto de 2011

El chascarrillo fácil

Para toda aquella persona lúcida, preferiblemente atlética, que posea el recurso fácil del gatillo ingenioso, este fichaje del turco le bastará para dibujar media sonrisa, dejar caer el cigarro por el filo y decir que para qué narices quiere la gente que arda Turan si los que tienen que arder son Gil Marin y Cerezo.

Más allá del recurso simplón, del chiste malo y de la chulería que, desde antaño, se nos presupone a los atléticos de cuna (esos que un día vimos jugar a Arteche y Marina, no los que han visto al Pato Sosa caerse de culo o a Fabiano Eller despejar con susodicha parte), puedo opinar, aunque poco, respecto al turco basándome en las dos únicas actuaciones que le recuerdo. En la Eurocopa de dos mil ocho, cuando Turquía se quedó a un minuto de rozar la final, el chico jugaba por la izquierda, se movía con desparpajo y hasta dejó detalles interesantes. Aquello sólo era un botón, pero no una muestra. Después pude verle en la eliminatoria que nos enfrentó al Galatasaray el año que conquistamos Hamburgo y, a decir verdad, no recuerdo gran cosa. Ni buena, ni mala. Y eso no suma puntos a su favor.

Obviando la probabilidad de que Caminero se haya reencarnado en un nuevo García Pitarch y nos haya conseguido una nueva pieza para el museo de los horrores, el fichaje del turco no responde a ningún plan. Y el plan, como siempre, es que no hay plan. No hay plan porque el equipo precisa de un organizador en plaza y se ficha a un segundo punta que, gracias a su habilidad, puede jugar en banda. Es decir, hemos fichado a otro Reyes. Turan no puede jugar detrás de dos delanteros porque no tiene capacidad de armar el juego si no es protegido por tres medios de contención y para jugar con ellos habría que pecar porque significaría prescindir del utrerano. Se podría jugar con cuatro, tres, tres, pero si se ficha a otro delantero, no creo que Manzano quiera convertirse en otro Quique, castigar con el ostracismo a Forlán y echarse encima a todo el vestuario.

Por lo que así estamos, un año más. Sin cerebro, con cromos repetidos, la mayoría de ellos inservibles y con la sensación de que aquello que ocurrió en el noventa y seis no volverá a ocurrir. Que no arda Turan, hombre, qué ardan Gil Marín y Cerezo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Un pequeño atisbo de lo que les espera

Reconozco que el principal motivo por el que ayer me senté frente al televisor para visionar la Community Shield era la de poder juzgar, a posteriori, las evoluciones de Sergio Agüero y David De Gea. Otrora ídolos de la grada rojiblanca, los dos se marcharon como proscritos y en su ambiente pervive el aura de un desengaño que puede provocar que, tras cada pequeño fracaso, haya una pequeña sonrisa.

De Gea, como rojiblanco, siempre fue un tipo frío, calculador y fiable, pero poco atrevido. Regularmente pecaba de confianza y prefería guardar su área antes de buscar una pelota en la cabeza de un rematador. Fiar todo el trabajo a la audacia de tu compañero, suele traer como consecuencia una mala sorpresa, una reprimenda de vestuario y un runrún sobre el eco de la tribuna. En un campeonato en el que el balón aéreo y la jugada de estrategia son signos de identidad, De Gea deberá aprender a buscarse la vida más allá de los palos, a aguantar la respiración, a palmear la pelota y a levantarse por encima de los tanques aéreos que sobrevolarán por su zona de influencia más de una docena de veces por partido.

A Agüero ni le vimos. Encorsetado en un esquema en el que prima el rigor y la nada por encima del talento, el City se ve abocado a los chispazos de sus estrellas para poder encontrar una sonrisa en el rostro de sus aficionados. Ni un dos a cero le sirve para vivir tranquilo porque el equipo no está hecho ni para contragolpear. Anudado en un centro del campo que no sabe mezclar y dependiendo en exceso de un Silva que ve pasar el balón de largo en la mayoría de las jugadas, el equipo se convierte en una sucursal del aburrimiento y en un desperdicio para la esperanza. A Agüero le espera un equipo que no juega para nadie y un entrenador que no sabe a qué quiere que juega su equipo. El aviso para navegantes, va también para aquel que escupió en el escudo que vistió: queda muy bonito decir que el City es mucho más que el Atlético; las palabras son fáciles de apoyar cuando los ojos se nublan ante el lujo, pero si el dinero puede comprar las aspiraciones, jamás podrá comprar la grandeza deportiva. A Agüero le espera un monstruoso proyecto, pero también un equipo acomplejado. Si se aburre, que no pase por ventanilla, porque nadie va a atender sus quejas.

jueves, 4 de agosto de 2011

A años luz

El Atleti está a años luz de ser un equipo serio. Cualquier equipo con solera, al que se le presupone la grandeza que aportaron Gárate, Luis, Griffa y Collar, estaría ahora, como un Valencia de turno, esperando rival de Champions mientras gira por Europa, no en busca de agónicos pases, si no en busca de una forma física adecuada. Pero este Atleti de costuras al aire y engranaje chirriante, anda suplicando perdón por estadios de tercera fila mientras otros miran con descaro su pasado para reírse de su presente.

El Atleti está a años luz de encontrar el juego que debería acompasar sus aspiraciones a los logros que un día le hicieron grande. Ya puede estar en frente un noruego, un argentino o un polaco; el fútbol es plano, sin sorpresa, sin profundidad, sin alma. La defensa recula hasta acostarse en el área, el centro del campo sigue siendo de dos tipos sin función clara y los delanteros siguen siendo una isla desierta en mitad de un océano de dudas.

El Stromsgodset está a años luz del nivel que se le va a exigir al Atleti durante la temporada y eso hace aún más agravante el hecho de que los noruegos mereciesen más, que durante varios minutos nos encerrasen en campo propio, que exigiesen a Abel y que provocasen que Gabi y Assunçao mirasen más hacia detrás que hacia delante. Una eliminatoria que debería haberse solventado en un seis a cero y un cero a cuatro, terminó sembrando dudas y con un marcador demasiado engañoso. Pero aquí no hay condiciones normales; se vende a los buenos, se ficha a los malos y se tapa todo con cortinas de humo. El año será muy duro, como los anteriores, y cuando uno empieza a acostumbrarse a no aspirar a nada es cuando termina de ser consciente de que ya no es aficionado de un equipo grande.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La risa de Pinto da Costa

El presidente del Oporto no es un tipo sospechoso. No sé cómo se cuece el fútbol en portugués, pero sí sé leer cifras. En sus más de treinta años como presidente del Oporto, el equipo ha ganado cincuenta y cuatro títulos; entre ellos dieciocho ligas, doce copas, dos copas de Europa, dos copas de la UEFA y una copa intercontinental. No lleva mucho menos el gilismo instaurado en el Atleti y desde entonces solamente han caido una liga, tres copas y una UEFA. Las cifras cantan, las comparaciones son odiosas, éstos sí que son sospechosos.

Amén de los títulos logrados, si por algo se ha caracterizado el Oporto en los últimos años es en vender a precio de oro a jugadores que compró a precio de saldo. Tipos como Futre, Deco, Carvalho, Lucho González, Luis Fabiano o Pepe fueron sobretasados después de pasar por el equipo de Do Dragao. Si de algo sabe Pinto da Costa es de negocios. Si de algo debe saber Pinto da Costa es de quien se debe fiar y de quien no.

Y si dice que la oferta del Atleti por Falcao le provoca risa es porque conoce el percal. Porque sabe que es el equipo rastrero que le robó a Assunçao con denuncia a la UEFA incluída, porque sabe que la seriedad es un adjetivo que brilla por su ausencia en el Manzanares y porque sabe que ni él, ni Falcao, se sentarán jamás a negociar con un equipo que solamente aspira a superar su ridículo año tras año.

Falcao no vendrá. Cerezo sigue contando billetes. Pinto da Costa se ríe. Y nosotros seguimos llorando.

martes, 2 de agosto de 2011

Yo no lo veo tan claro

Godín hablaba de Champions. Primer pasote. Del partido de vuelta contra el Stromsgodset para qué hablar, pan comido. Que si el césped artificial no es excusa, que si somos el Atleti, que si estamos convencidos. Palabras bonitas que afirman el verbo y adornan al graderío, pero que, comprobada la historia y la situación no hacen sino convertirse en palabrería barata, heridas escondidas y verdades a medias.

Hoy habló Filipe. Lo de siempre. Vamos a pasar sí o sí. Otro pasote. Parece que nadie es consciente de que este equipo juega andando, sin intensidad, sin fulgor, sin alma. Y eso sin el balón. Con la pelota es peor; hace tiempo que olvidaron dar tres pases seguidos, hace tiempo que obviaron la profundidad, hace tiempo que abandonaron el concepto de desequilibrio.

Los noruegos no son nada del otro mundo. Un equipo que, en España, andaría entre la tercera y la segunda división B. Y eso si apuramos. Pero ¿Qué es el Atleti? Un viejo transatlántico que un día fue crucero de lujo y con el tiempo solamente mantuvo el nombre. Todos le miran con cierto respeto, pero nadie quiere subirse en él. Las bodegas hacen agua y la orquesta, que no es como la del Titanic, ya hace tiempo que tomó las de Villadiego en las balsas de rescate. Me acuerdo del Timisoara y me tiemblan las piernas. Aquel Atleti mantenía algún resquicio de su vieja solera. Este no tiene ni eso. Yo no lo veo tan claro.

lunes, 1 de agosto de 2011

El bueno de la película

Dice Agüero en su web que él no es el malo de la película. Como un personaje cobarde que se esconde tras el telón y habla a través de la red para no dar la cara, insinúa un argumento distinto en el desarrollo de la película y reconoce errores, pero no pide perdones.

Algunas reacciones, por tardías, saben tan mal como las pasividades. De haber hablado antes, de haber dicho la verdad y, sobre todo, de haber explicado los motivos sin perder el respeto, muchos hoy no estarían deseando su muerte y muchos más estarían deseando repetir la misma acción que ya sucedió con Torres cuando el Liverpool arrivó al Manzanares. Podrían haberle postrado de hinojos, aclamar al cielo su nombre y dejar que la bobalicona felicidad embaucara a una grada que un día aclamó a jugadores de pie y nunca a ídolos caídos.

La verdad, sin que la cuente Agüero la sabemos todos. La conversación, palabras más, palabras menos, debió ser algo parecido a esto: "Oye ¿Cómo que el bufete este se atreve a sacar una cifra de deuda?"; "No pasa nada, les untamos con mantequilla de sobre bajo cuerda y les obligamos a rectificar"; "¿Y cómo maquillamos las cifras?"; "Cómo lo hemos hecho siempre, tasamos a los buenos, les hacemos pasar por malos, trincamos la pasta, vendemos humo y que nuestros amigos de la prensa se encarguen de lavar nuestra imagen"; "Habrá que sacar un par de promociones para los periódicos"; "Una cubertería y un albornoz está bien"; "Y habrá que bajarle la cláusula al Kun"; "Ponlo en marcha".

Aquí todos son los malos y hay un único bueno. El único bueno es mi padre, que ya no enciende ni el transistor, y el dueño del bar de mi barrio que fundó la Peña Arteche, y mi tío que baja cada tarde de domingo a ver a su equipo, y mi hermano, que sigue sufriendo en silencio sus colores mientras tilda de realidad sus crónicas, y mis amigos, que ya ni me llaman para quedar a ver el fútbol, y todos esos que decidieron romper su abono para no seguir lastimando su orgullo, y los que no lo hicieron para seguir teniendo un motivo por el que llorar. Y yo, que sigo estando hasta las narices de ver como los malos siempre nos ganan en esta película que no tiene fin.

miércoles, 27 de julio de 2011

La vida sigue igual

Al final llegó el portero (que no hacía falta) y se nos va el delantero (el que nos da la vida). Dicen que llegará otro igual o mejor (no existe) y se inflará un traspaso para hacer amigos (en el Espanyol se frotan las manos). Mientras tanto, papeles impresos y webs amigas siguen con su carrusel de mentiras (Diego, Rossi, Griezmann, Valero...) y la verdad es que aquí no llegan más que jugadores de segundo nivel (Gabi, Adrián, Miranda, Silvio).

Hace años, otro portero (de uñas y sin guantes estamos) dejó la calle de al lado (al enemigo ni agua) para emprender una exitosa carrera como cantante (dejó de cantar bajo los palos para hacerlo bajo los focos) y en su primer éxito nos dijo aquello de "la vida sigue igual" (El Atleti, las medianías, la desplanificación deportiva).

"Y al final (¿Cuándo llegará el final?), las obras quedan (sólo queda una lágrima por el recuerdo del Atleti que un día fue y ya no es), las gentes se van (Torres, De Gea, Agüero...), otros que vienen las contínuaran (jugadores de segunda que aportarán su granito de arena en la caída hacia el vacío), la vida (Gil Marín, Cerezo, la prensa, las mentiras, la afición anestesiada) sigue igual".

Pues eso.

viernes, 22 de julio de 2011

Lo que nos espera

El esperpéntico ridículo de anoche solamente es una pequeña dosis del banquete de fiascos y bodrios que nos espera. Alguno puede venir aquí a censurar la impaciencia y a decir que sí, que se jugó mal, pero que a estos menesteres estamos acostumbrados y que faltaban varias piezas para completar el engranaje ¿Qué piezas? Ni Tiago, ni Elías, ni siquiera Forlán van a arreglar esto. Tampoco lo podrá hacer Koke porque sabiendo como funciona el sistema interno del club, las palabras jóven y cantera no casan. Después de pegar tiros al aire vendrán con un par de nombres y la gente se lo seguirá creyendo.

Nunca fui de los que pedí goles a mansalva en los partidos de pretemporada, siempre fui consciente de la categoría de ensayo que tienen estos torneos de tercer nivel, pero una cosa es perder un partido y otra cosa es reírse de la gente. Solamente con pensar que algún niño granadino hubiese pedido a su padre que le llevase al campo para ver al Atleti, debería haber provocado una corriente interna en cada uno de los jugadores. Se juega como se entrena, dicen los entendidos. Pues bien, si estos partidos son considerados como un entrenamiento de cara a la temporada, entonces podemos concluir que el Atleti no sabe ni entrenar.

Lo del primer partido hubiese tenido un pase si no hubiese sido porque el Granada aún estaba de vacaciones. Apenas unos días después de emborracharse por el ascenso y tres días después de cambiar la playa por los petos, el equipo superior parecía el local y el sparring parecía ese equipo que un día fue grande y hoy solamente pasea su desprestigio por los campos de Dios. Pero peor aún fue lo del Besiktas; la lección de apatía que mostraron Mario Suárez, Antonio López y Adrián es para ponerlos contra la pared y hacerles copiar mil veces qué no se debe hacer en un campo de fútbol. El resto, en su línea, desorganizados y faltos de nivel. Excepto César y Pedro. Pero ya se sabe, en el funcionamiento del club, joven y cantera son dos conceptos que no casan.

miércoles, 20 de julio de 2011

Jugadores de segunda

La calidad, sin carácter, termina siendo un bonito adorno. Al talento y a la inteligencia táctica, hay que añadir siempre una perfecta preparación física y, sobre todo, una buena inteligencia emocional. Nadie puede alcanzar un balón si cree que no puede hacerlo y nadie puede derribar a un defensa si le tiemblan las piernas con un par de entradas fuertes. Adrián es un tipo hábil, talentoso, perspicaz, pero le falta tiempo de cocción y ha perdido en el camino el proceso de maduración.

Andamos inmiscuidos en cada palabra de noticiero para conocer cuál será el paradero del Kun y mientras soñamos con un sustituto a la altura de la historia, el club nos pone de bruces frente a la realidad y nos presenta un delantero de segunda. Ciento veinte partidos en primera y diecisiete goles. Si estos son número de un delantero para el Atleti, entonces esta es una prueba más de que este ya no es el Atleti.

lunes, 18 de julio de 2011

Humo

Tras el humo hay mundo pero no puede verse, tras el humo hay una verdad disipada y una mentira mal contada. Delante del humo hay sueños vencidos y palabras que viajan con el viento. El humo ciega la razón y descompone el sentido común, el humo tiene nombre de Manchester City y la verdad, como una novia de altar y esperanza, viste de blanco.

Este humo que ciega nuestra consciencia se genera para ganar tiempo, para no rasgar más las heridas y para no espantar una liebre que hace tiempo salió huyendo de su madriguera. Y la novia, en espera de su vestido blanco, es ese Agüero al que ya no reconoce ni Dios y que hace meses dio el sí quiero para rompernos el alma por la vía de la infidelidad clandestina.

Así pues, mejor no creer en titulares, mejor no sopesar esos párrafos y mejor masticar la realidad como un bocado de carne cruda. El Kun quiere jugar en el Madrid; ni lo ha negado, ni lo ha desestimado. "Sin condicionamientos", dijo primero, "No soy hincha del Atlético", dijo después. Es blanco y está en botella. Sueños rotos y sueños cumplidos. Almas rotas y odio eterno. Y mientras tanto, otros, siguiendo los preceptos de su profecía, cumplirán con su palabra; "Si el Kun se va, contaré los billetes".

jueves, 14 de julio de 2011

Al Atleti ni en pedo

Dentro de los valores que me inculcaron desde pequeño estaba aquella premisa que me obligaba a mostrarme convencido ante una mano tendida y capacitado para aceptar una ayuda sabiendo que a quien da, a veces, le gusta recibir. Una sonrisa, una palabra o un gesto, a veces bastan para desactivar un afecto. De pequeño me dijeron que es de bien nacidos el ser agradecido y en tales premisas intento caminar por la vida con la cabeza alta y la conciencia tranquila.

No hace demasiado tiempo, en un ejercicio de populismo irracional, Agüero se destapó ante el mundo proclamando aquello que al Madrid ni en pedo. Era una manera de decir que se sentía rojiblanco, que notaba el calor del oso y el madroño junto al corazón y que para tener una grada a sus pies no había mejor fórmula que la de agraviar al rival. Hubo muchos que se creyeron la declaración de intenciones y, como además, el chaval demostraba habiliad y talento en el campo, fueron más los que nos precipitamos a colocarle en el particular salón de la fama de nuestra memoria.

Claro, que quien sabe vender demagogia también es experto en la venta de humo, en la marcha atrás y en la palabra de deshonor. En cada declaración actual, en cada media sonrisa bobalicona y en cada gol celebrado con despecho, deja una sombra de lo que ya no será; un futbolista leal. No me molesta que se quiera marchar e incluso podría perdonarle vistiese de blanco, pero me enfada demasiado que no sepa ser agradecido y, por ello, se haya convertido en un mal nacido. El Kun de ahora apunta y dispara hacia nuestros corazones ¿Al Atleti? Ni en pedo.

martes, 12 de julio de 2011

Balonmano

Uno de los mejores recuerdos en rojiblanco que me dejó la infancia fue el de los intensos partidos de balonmano jugados en Magariños entre el Atlético de Madrid, por entonces uno de los mejores equipos de España, y otros rivales de vetusta enjundia como Teka, Bidasoa o Granollers. En lo alto de la disputa estaba siempre el Barça quien, una vez que el gilismo desdibujó la sección, se aprovechó de la coyuntura para fichar a jugadorazos como Lorenzo Rico, Hermida o Cecilio Alonso.

De las ligas de los ochenta se pasó a la mediocridad de los noventa y así naufragó el barco hasta que terminó despareciendo con la impropiación indebida y la conversión del club en sociedad anónima. Serán muchos los que recuerden aquellas retransmisiones en la dos con Luis Miguel López narrando goles en un "adentro" que le salía del alma y con Juan de Dios Román junto a la línea lateral impartiendo cátedra desde el banquillo.

Ya no estarán López ni Román, pero el Atlético de balonmano regresará a la dos, regresará a la alta competición y regresará a la Asobal. Habrá quien empiece a aplaudir la medida sin haber hecho análisis de las condiciones. No sabemos con qué presupuesto contamos, no sabemos donde vamos a jugar y no sabemos con qué equipo vamos a contar. Ciudad Real fue un megaproyecto y esto es una vuelta a empezar. Empezar de cero no es malo, lo malo es dibujar un proyecto solamente para desviar la atención y lo malo es creerse el rey del baile sin que la música haya empezado a sonar.

domingo, 10 de julio de 2011

Habrá quien se lo crea

Siempre habrá un iluso que se lo crea, siempre habrá un pobre hombre, dispuesto a soñar, presto a dejarse llevar, que se levante un lunes, pida un ciento tres con castellana y lea en el periódico que el Atleti ha ganado un partido por diecinueve goles a uno. Habrá quien empiece a imaginar un equipo que desborda, que contraataca, que fulmina al rival, que golea. Habrá quien no sepa que el Atleti jugó ayer por la tarde contra una banda de amiguetes que venían de pasar un fin de semana en Pamplona.

Claro, que habrá quien se crea aún con más fe aquello de los jóvenes valores que están locos por vestir la rojiblanca. Primero es uno de los comparsas del dúo prescrito quien publica que el Atleti anda detrás de Thiago y algunos ya empiezan a afilar el colmillo. Y luego es el otro comparsa quien habla de Griezmann y el resto del planeta rojiblanco comienza a salivar. Es el humo nuestro de cada día, como rezarían los dos de la bicefalia, danosle hoy y perdona nuestras ofensas.

Y hay otros que, ilusos ante la propaganda, también se creen aquello de que el aficionado atlético no perdonaría al Kun. Se trata de alejar el sentimiento, de desarraigar el pasado, de hipotecar el futuro y de allanar el camino hacia el odio. El primer paso lo dio el jugador, el segundo lo dio la directiva y el tercero lo da la prensa. Ya está el camino recorrido, ahora le toca al Madrid abrir la puerta y todos tan contentos. Incluso los que se lo creen todo. Esos, seguro que son los que más contentos están.

jueves, 7 de julio de 2011

Papelón

Siempre profesé una admiración irrefrenable hacia el Cholo Simeone, sin embargo, en aquellos días de doblete, cuando observaba como mis amigos se rendían a la entrega de Diego Pablo, yo siempre miraba hacia otro costado del campo y buscaba, con la mente plagada de sueños, la carrera lenta, prácticamente cansina, de José Luis Pérez Caminero. Aquella manera casi torpe de trotar, aquella manera de rebañar el balón sin necesidad de esforzarse, esa conducción tan elegante y esa puntilla en las inmediaciones del área, me convirtieron en aunténtico fan de sus capacidades. Cuando la gente aclamaba al Cholo yo les aplaudía y añadía la puntilla: "yo soy más de Caminero".

Pero el Caminero futbolista quedó en el camino una vez marchó a Valladolid para jubilarse y una vez despidió a nuestras memorias para que se pusieran en pie. El de hoy, al igual que su trote pesado, tan solo conserva la torpeza a la hora de sacar a pasear la garganta. Se comió el papelón de De Gea después de asegurar que contaba con sus servicios y ayer volvió a salir a la palestra para recitar, palabra por palabra, el dictado que le habían escrito sus jefes; hacerse el remolón con el Kun para que luego, cuando llegue la traición nadie mire hacia el palco. Quieren hacer creer que ellos quieren al jugador, que no necesitan el dinero y que ambicionan un proyecto ganador. Cuando el jugador vista de blanco, el dinero esté en los bolsillos del dúo prescrito y el proyecto vuelva a quedarse cojo por duodécimo año consecutivo, dirán que fue el Kun quien no quiso jugar en el Atleti. Menudo papelón, Cami. Tu elegancia, por lo que veo, se quedó perdida en el recuerdo de días mejores en el Vicente Calderón.

martes, 5 de julio de 2011

El chico que sólo servía para ser contable

Gabriel entró como becario en la multinacional y pronto destacó por sus conocimientos sobre el Plan General Contable. Tan bien practicaba el arte de cuadrar asientos que el jefe de departamento optó por darle una oportunidad y le nombró adjunto al segundo contable de planta. Allí, más sometido a la inmediatez y urgencia del resultado, Gabriel se sintió incómodo y el jefe, que había visto buenas aptitudes en él, optó por mandarlo, para que se foguease, a una de las pequeñas filiales del grupo. Allí, con un volumen de facturación mucho menor y unas exigencias de tercer orden, destacó como un contable solvente y eficaz. Tales fueron sus progresos que el director de la multinacional optó por volver a reclutarle y le hizo responsable de planta; durante los primeros meses, se vio torturado con infinidad de trabajos, el chico ponía empeño pero los papeles se le acumulaban y tuvieron que contratar un becario para que le echase una mano; el becario que era mucho más avispado y charlatán, movía un par de pilas a primera hora y después se pasaba el día junto a la máquina del café y mirando el culo de las secretarias. Al final, la empresa obtuvo un balance negativo, Gabriel no pudo entregar los informes y se le enseñó la puerta de salida. Al menos, pensó, tenía currículum, y ello le sirvió para fichar por otra empresa algo más modesta. Allí, pese a sus conocimientos, le costó encontrar el ritmo de trabajo aunque sus nuevos jefes se lo perdonaron achacando el bajo rendimiento a la depresión, el estrés y demás síntomas psicológicos exportados desde su anterior trabajo. Gracias a la paciencia y al reconocimiento, Gabriel fue sacando balances, cuadrando cuentas de resultados y hasta aprendió a blanquear dinero. Tan bueno fue su trabajo que sus nuevos jefes le ofrecieron un aumento de sueldo. Pero entonces aquella multinacional que tanto había dudado de su capacidad volvió a llamar a su puerta; "hemos visto lo que has evolucionado", "te doblamos lo que te ofrecen", "nuestra empresa es tu verdadera casa", "serás nuestro nuevo director financiero". Y Gabriel, que sentía una espina dentro de sí y esperaba demostrar que él no era un simple contable, dijo que sí, regresó y hasta fue presentado en sociedad en una sala repleta de periodistas.

Aquí acaba la historia de Gabriel el contable y aquí vuelve a comenzar la historia de Gabi, el futbolista. El chico prometedor de la cantera del Atleti que hizo un temporadón en Getafe y que no supo soportar sobre su espalda el peso de la rojiblanca. Ha madurado en Zaragoza y ahora, más que el niño que marchó para escapar de la depresión, es un hombre curtido en las bajas tabernas de la liga. Preparado o no para el reto, mcuho me temo que Gabi, en el Atleti, sólamente servirá para ser contable y nosotros, lo que necesitamos, es un director financiero.

lunes, 4 de julio de 2011

Con lo que hay

El Atleti vuelve al tajo y echo un vistazo a la lista de jugadores que se concentrarán durante los próximos días en Los Ángeles de San Rafael; pestañeo, vuelvo a leer, vuelvo a pestañear, falta alguien, no falta nadie, Agüero no volverá, De Gea tampoco, a Forlán ya no se le espera ¿Esto es lo que tenemos? Sí. Me siento tan invadido por el desasosiego que se me quitan las ganas de seguir escribiendo.