jueves, 11 de septiembre de 2014

Sensaciones

Dicen que el fútbol es un estado de ánimo y yo no lo refuto. Para el espectador, ajeno al vicio o al compromiso del vestuario, el fútbol se basa en sensaciones. Uno ve a su equipo organizarse y buscar el área contraria en bloque y buena compostura y se encuentra con la seguridad de que el camino a seguir es el correcto. Pero si uno ve a su equipo embotellado en el área por dos equipos que al final de la liga andarán peleando el pan de la permanencia y no puede evitar una mueca de disgusto. Quiere mirar hacia el césped y gritarle a los jugadores: "¡Este no es el camino, señores!".

Si por algo se ha caracterizado el Atleti desde la llegada de Simeone es por ser un bloque firme y compacto. Como dijo Mourinho tras perder la semifinal de la Copa de Europa, "un equipo en toda la definición de la palabra". En esencia, el Atleti sigue siendo un equipo difícil de ganar, una máquina de competir que devora rivales por el método de la tortura china. Pero no es menos cierto que en el convencimiento del estilo, el equipo está cayendo en vicios que le acercan a la guerra y le separan de lo meramente futbolístico.

Si alguien recuerda el primer año de Simeone, rememorará, además de su excelente función como apagafuegos, aquellos partidos en la Europa League en los que se barrió a Valencia y a Athletic jugando muy bien al fútbol. Aquel era el equipo de Arda, Diego, Adrián y Falcao. El equipo de los peloteros jugaba, en algunos momentos, un fútbol de alta escuela. A medida que el Cholo fue encontrando su grupo, se fueron incorporando al grupo algunos jugadores con vitola de imprescindibles y con características muy diferentes de aquellos que se habían ido. Sin un Diego Costa que convierta un melón en un serio contraataque, queda la duda de cómo va a encontrar el equipo a un delantero que vive del remate de manera casi exclusiva. A Falcao se le encontró jugando al fútbol y el fútbol, de momento, es lo que no ha encontrado el Atleti en estos primeros partidos de temporada. Si la ilusión se mide por sensaciones, las mías no son buenas. Y el sábado toca derbi. Un buen lugar para reencontrar el equipo. Un lugar idóneo para reencontrar el fútbol.

miércoles, 30 de julio de 2014

Un tipo listo

Tener éxito en el fútbol, más allá del físico y la pasión, pasa por ser talentoso y listo. Para lo primero, hace falta un gran manejo del balón, una habilidad especial y un golpeo digno de profesionales. Lo segundo, que debería ser requisito imprescindible en las academias de hoy que sustituyeron a las calles de ayer, está tan mínimamente valorado por la mayoría que apenas se sabe apreciar la revolución generada cuando aparece un futbolista que sabe entender el fútbol como un autómata.

Griezmann sabe jugar al fútbol porque es un tipo listo. La afirmación, tal y como suena, parece un perogrullo sacado de un básico de barra de bar, pero no resulta tan fácil de explicar siempre y cuando no se entienda el fútbol como un juego de espacios. En un lugar donde el desmarque se paga con oro y se convierte en tesoro para un centrocampista, Griezman
n aparece como ese tipo listo que sabe buscar la espalda rival y encontrarse siempre en ventaja contra el portero. Se trata de ser rápido, sí, pero se trata de vivir al límite del fuera de juego, de intuir el lugar donde el compañero te pondrá el balón y de abrir el campo lo suficiente como para descolgar al lateral contrario. Lo que parece fácil y lo que no todos saben hacer.

En un equipo que juega a la guerrilla, como el Atleti, Griezman aparece como variante sustantiva. El factor sorpresa, que se marchó a Londres con un Costa irreverente, había quedado huérfano en un equipo que había convertido su línea de ataque en un lanzamiento de mortero a balón parado. La sorpresa tenía forma de llegada a fondo por un lateral y para ganarse un mano a mano había que esperar a que Costa consiguiera salir indemne de su cuerpeo con la defensa. Con el francés, además de atacar en tropel, el equipo podrá hacerse más largo porque encontrará la pieza necesaria en el espacio adecuado. Koke y Arda, destajistas y artesanos de taller, tendrán un motivo para sonreir. Allá, entre dos defensas, puede que encuentren un lugar donde filtrar un balón con veneno de gol. Un tipo listo puede lograr que el fútbol sea mucho más fácil.

martes, 29 de julio de 2014

Necesidades

El verano es el lugar común de los rumores y mentira. La maquinaria de venta de humo se pone en marcha para intentar captar la ilusión del aficionado y querer generar aficionados con hambre de abono. Cuando el carte del "cerrado por vacaciones" vuelva a levantarse y el balón vuelva a rodar, nos seguirá quedando la cara de tonto de cada septiembre y nos reconoceremos en esos tipos duros que sueñan con pelearlo todo y siguen sin los recursos suficientes para mirar a la cara de los más poderosos.

Si algún arma tenemos para disparar con fuego de artillería a los más grandes, esta tiene el nombre de Diego Simeone. El Cholo, para los Atléticos, significa ilusión, logro, fé y victoria. La fórmula, manida por los medios, pero desconocida para los incrédulos, es sencilla, pero no apta para corazones débiles: si se cree y se trabaja, se puede. Gracias a Simeone, los jugadores creen, trabajan y pueden. Cuando ponen nombres en la mesa y hablan de necesidades, todos intuímos que posición necesita un refuerzo y qué tipo de futbolista le vendría bien al equipo. Pero si hablamos de necesidad, nada necesita más el Atleti como a Simeone.

Un Simeone contento es un Atleti contento, un Simeone satisfecho reflejará en el campo a un Atleti competivito, un Simeone valorado reportará al aficinado un equipo del que sentirse orgulloso. Miren de cerca el tipo de refuerzo que está llegando y no digan que alguno de los perfiles está la sombra de la mano del Cholo. Sigue habiendo algún chico de Méndes, sigue habiendo operaciones ocultas porque nadie está libre de pecado cuando dos golfos dirigen al club, pero vuelve a haber cabeza en alguna contratación. Merece la pena seguir al dedillo los mandamientos del Cholo porque gracias a él hemos vuelto a ser un equipo campeón. Porque el día que se marche por la puerta nos daremos cuenta de que él es, en realidad, todo lo que necesitábamos.

jueves, 19 de junio de 2014

Después del dolor

El dolor es tan cegador que impide mirar a los ojos a la realidad. Es tan arrebatador que tiende al olvido por encima de la reflexión y empuja al abismo de la depresión por encima de la escalera que lleva hacia el éxito. Hace falta reflexionar para asumir lo ocurrido y hace falta levantar la cabeza para valorar todo lo conseguido. El Atleti venía de escalar un precipicio hacia donde le habían lanzado veinticinco años de pésima gestión. Quisieron que creyésemos que el fichaje del Cholo había sido su solución deportiva cuando solamente habían mirado hacia Argentina para encontrar el enésimo escudo que les protegiese de la cruda realidad. Si alguien, desde el dolor, merece un aplauso, es Simeone. Los responsables de que sigamos desconfiando se siguen sentando en el palco; uno hace de bufón durante la semana y el otro da vueltas con el coche durante los partidos.

Después del dolor vienen los cuentos vendidos como antídoto. El equipo campeón que Simeone ha cincelado a golpe de martillo y ha diseñado a su forma, terminará deshaciéndose por una cuestión de ingratitud con el colectivo. Importa lo que importa; la comisión, la sonrisa falsa y la venta de humo. Y no interesará nunca reconocer que quién provocó toda esta deuda abismal son los dos que se sentaban a la derecha del padre. Se buscarán culpables y excusas de mal pagador, se dirá que si Mendes, que si Costa, que si Mourinho o que si cada jugador juega donde quiere. Pero el humo de la mentira no nos ciega a los que tenemos llaga en el corazón; no busquen culpables más allá del palco, el camino correcto conducirá hacia los dos de siempre. Uno hace de bufón durante la semana, el otro da vueltas con el coche durante los partidos.

Resulta difícil imaginar el futuro después de un pasado reciente tan cruel. Aquel gol en aquel exgerado descuento ha terminado por ahogarnos en un mar de lágrimas. Nada nos puede impedir ver que la temporada, con derrota incluida en la final, ha sido la mejor en muchísimos años. Muchos no recordaban un Atleti así, otros ni siquiera han llegado a verlo. Por ello, duele sobremanera ver como cada mañana el café viene acompañado de una subasta pública a la que nadie en el club pone fin. El Consejero Delegado se remite a las cláusulas y se lava las manos como un Poncio Pilatos de baja estirpe. Si volvemos a indultar a Barrabás terminaremos viendo como nuestro Mesías termina en el patíbulo. No conviene enfadar al Cholo y hasta ahora no le están dando motivos para la alegría. Será difícil mantener un equipo en la cumbre porque será muy difícil encontrar sustitutos de nivel para los jugadores que se terminen marchando. Y es que este Atleti, como un mal Quinto Servilio Cepión, no es capaz de pagar ni a traidores.

miércoles, 15 de enero de 2014

Vivir a lo grande

El problema de vivir a lo grande es que se deben fijar los objetivos en relación a la opulencia. Uno se juega una copa contra el Valencia y ya no le vale caer en octavos porque uno ha visto a este equipo crecer tanto en tan poco tiempo que ya no se conforma con menos que el infinito. El problema de vivir a lo grande es que las capacidades deben estar en virtud a la exigencia y el muestrario debe permanecer intacto en vistas de una subasta final con aires de entusiasmo.

El problema de vivir a lo grande es que necesitas los recursos más grandes, el problema de no contar con los recursos más grandes es que, para vivir a lo grande, una vez fijado un nivel de exigencia, este debe mantenerse en el hilo del funambulista sin conseguir que los pies tropiecen en el camino. El problema de exigirse el máximo es que, para dar el máximo, se deben sortear mil obstáculos y no caer en ninguno porque los adversarios en esta carrera son pirañas que desgarran la carne sin piedad ante la súplica.

El problema del Atleti es que, para mantenerse a lo grande, necesita conservar el aire, las piernas y la tensión competitiva. Dando por hecho que el ánimo y el valor se conservarán intactos, queda la duda sobre el fuelle de un equipo que, en comparación a sus rivales, anda más justo de calidad y menos sobrado de efectivos. Si en enero, un Valencia desquiciado te quita la pelota y te encierra en el área, da que pensar sobre el futuro y el corazón comienza a dar severos latidos empujado por la duda. El final del camino está tan lejos y las promesas silenciosas son tan suculentas, que no nos sirve otra cosa que no sea el creer en el discurso y vivir ese partido a partido que a tan altas cotas nos ha llevado. El resto, la duda y el escepticismo, es agua de otro molino. No hemos llegado hasta aquí para resucitar fantasmas. Aunque el final del tunel aún no tenga luz, aunque aún no terminemos de asumir qué significa vivir a lo grande.

martes, 26 de noviembre de 2013

Ese espacio molesto en la portada

Son muchos los que pronostican la caída, aunque son pocos los que arriesgan para asegurar el cuándo por encima del cómo. Son muchos los que creen que la flor de un día terminará marchitándose y, sin embargo, el árbol ha crecido tanto que la raíz supura sus traseros y el tronco es fuerte y ancho como el de un roble maduro. A cada zarpazo mediático, el Atleti responde como los guerreros en primera línea de batalla; espada en alto, mandoble cruzado, dientes apretados.

Debe resultar molesto que la mosca cojonera se cuele por la ventana justo después de terminar de airear la habitación. Los grandes, apresurados por la artillería que les proporciona el privilegiado acceso al lujo, golearon sin piedad a equipos de poca estima y desdeñada credibilidad. Las portadas ya estaban concebidas para dibujar un duelo al sol, dos gigantes por sistema en lo más alto mientras los demás se ven aplastados como un David inoperante sin una honda con la que hundir el cráneo de Goliat.

Pero la mosca cojonera se coló por la ventana y a los cuatro y cinco respectivos goles añadió otros siete y la sensación de que este David si está dispuesto a calzar la honda para derribar a los Goliats. La manada mediática, dada al baño y masaje de sus mejores clientes, tuvo que buscar un hueco para recalcar que el Atleti sigue en el lugar incómodo al que regresó tras años de ignominia. Ese espacio molesto en la portada que ocupa a día de hoy es la chinita en el zapato de todos aquellos que llevan meses pronosticando una caída mientras ven como el equipo sube y sube peldaños mientras busca un techo que aún no encuentra.

lunes, 28 de octubre de 2013

La oportunidad

La víspera trajo un preludio y, de repente, las redes sociales, tan dadas a medir el calor de la opinión pública, empezaron a llenarse de dudas y a pronosticar caídas atemperantes. El nombre de Óliver Torres aparecía ligado al equipo titular y muchos fueron los que pusieron la red antes de que el chaval supiese que lo suyo iba a ser un salto al vacío.

Resulta curiosa la medida de medir las oportunidades que tienen algunos. Bastaron un par de malos ratos ante Barcelona y Celta para aprimar la caída y seducir a la audiencia con premisas que ligan al equipo a la intensidad por encima del juego; el eslógan ya había catalogado al chaval antes de que el chaval supiera cuál era su lugar en esta película de acción. Decían que Oliver no había aprovechado sus oportunidades.

¿Cómo se miden las oportunidades? ¿Cuál ha sido la oportunidad? Releía las previas y pestañeaba para cerciorarme de que la realidad y la opinión confrontaban en el mismo punto; era la primera vez que el chico jugaba como titular en el Atlético de Madrid. Ahí sí estaba la oportunidad. Más allá del rendimiento, se le medirían las aptitudes y, sobre todo, las actitudes. En ambos casos estuvo sobrado. Jugó al fútbol y cubrió muy bien su zona. Arrancó desde la izquierda y todos vimos que Filipe hizo el mejor partido del año. Colaboracionismo. Eso que tanto gusta al Cholo. Eso que tanto aprecia el aficionado. Oportunidad aprovechada y, de nuevo, la lupa sobre el chico enclenque que nació con ese estigma que señala a los que saben qué hacer con la pelota. No tardarán en decir que es irregular. Aunque tenga aptitud, aunque le sobre actitud. La oportunidad será un examen de evaluación contínua durante varios partidos más. Le exigirán sobresaliente. Aunque siga aprobando con notable.

martes, 7 de mayo de 2013

Fútbol para ricos

Ayer me dio por pensar en esos pobres soñadores que imaginan un día de gloria, bandera en mano, bufanda al cuello y garganta afilada. Me dio por pensar en sus esperanzas de regresar al cielo, de volver a sentirse grandes y presenciar algo histórico. Me dio por consolar porque me consolé a mi mismo, me dio por patalear con el alma porque supe que el alma de muchos atléticos estaba presa de la impotencia.

Ayer me dio por llorar con el corazón porque vi frustradas mis opciones, porque caí al suelo desde la cama, porque el sueño del precario no alcanza la cota de la fortuna. Ayer me ofrecieron dos entradas para la final de copa y quien piense que soy un afortunado sin conciencia, un desarraigado o un desagradecido, es porque no sabe que soy uno de esos millones de españoles a los que doscientos euros les arregla un mes y le puede suponer un mes sin hablarse con la parienta.

Imagino a ese niño que sueña ir de la mano de su padre, imagino a ese joven que aún cree que todos sus sueños se cumplen con un gol en el último minuto, imagino a ese abuelo que rememora sus sueños en blanco y negro, imagino a ese aficionado que busca en el fútbol su lugar en el mundo. La mayoría de ellos no podrán dar rienda a sus ilusiones porque este fútbol para ricos les ha privado de la ocasión de ser cómplices de un hecho histórico. Los precios de la final de copa oscilan entre los cincuenta y los doscientos cincuenta euros. Ver el fútbol con prismáticos o verlo en el salón de casa. Ya que no nos dejan imaginarlo, al menos que nos dejen celebrarlo.

lunes, 8 de abril de 2013

Carencias y desnudos

El Atleti de Simeone es un milagro en manos del tiempo. No hay juez más certero que los resultados y no hay mejor abogado defensor que el esfuerzo. En su frase de presentación, el Cholo dejó claras premisas e intenciones: "el esfuerzo no se negocia". Y así ha sido. Cuando el equipo ha relajado la motivación, le han roto la cara, cuando ha puesto cara de perro, ha sido, siempre, muy difícill de ganar.

Pero el esfuerzo, por sí sólo, no cumple objetivos. Ayuda a conseguirlos, eso sí, pero en el deporte de élite no basta con ser el mejor preparado, también se necesita ser el más talentoso. Y es ahí donde radica el milagro de Simeone. El equipo ha aguantado el tirón con dignidad y mucha categoría, y lo ha aguantado sin un jugador que plante pies en tres cuartos, detenga el ímpetu, levante la cabeza, y distribuya un par de pases con criterio; uno para desatascar el juego y otro para dejar a los delanteros en posición franca para marcar.

En partidos como el de ayer, las verdades del equipo se desnudan de forma sistemática. No sirve de mucho ser más intenso si no se puede ser más profundo. La conciencia queda tranquila porque el equipo compite, pero queda un amargo regusto a lo que hubiese podido pasar cada vez que uno se acuerda del turco que está en la enfermería o del brasileño que está en Alemania. Estar tercero, a estas alturas, y sin ese futbolista especial, tiene un mérito casi hasta emotivo. El Atleti está a cuatro partidos del objetivo y el calendario no es muy halagüeño. La Real Sociedad viene apretando y el equipo empieza a demostrar sus costuras. Solo esperamos que la liga no se nos haga demasiado larga y que, pese a tener que sacar la lengua, el último hálito nos permita completar el milagro.

jueves, 29 de noviembre de 2012

En la contrarrecta

Vuelvo a encontrar las sensaciones, vuelvo a encontrar la ilusión, vuelvo a mirarme al ombligo y me vuelvo a sentir como un príncipe sin corona en busca de su conquista. Durante años, durante una letanía, dejé de soñar, dejé de sentir, dejé hasta de llorar. Fue largo el desierto, fue dura la travesía, fue espantosa la derrota, fue infame la burla. Los pies en el suelo, la mente en blanco y la cabeza alta. Sí, otra vez la cabeza alta. El Atleti afronta su semana de derbi y después de mucho, mucho tiempo, volvemos a reconocer a nuestro equipo. Ellos son mejores, sí, pero nosotros nos hemos ganado el derecho a una parcela de ilusión.

Se puede perder, ya ocurrió en Valencia, puede ocurrir también en Barcelona; al fin y al cabo son esos partidos en los que haces cuenta a principios de temporada y los señalas en rojo como probable derrota. Pero el duelo con la vida va más allá de una probabilidad. Trece años sin ganarles, partido en su feudo, el histórico miedo escénico del Atleti, las dudas sobre la motivación del rival. Factores que hacen pensar en pequeño cuando nosotros queremos pensar en grande. Hemos vuelto al pantalón vaquero, las gafas de sol y el pelo engominado, y ahora que paseamos el porte el centro de la pista no vamos a renunciar al beso de la chica más guapa.

Demasiado bonito el sueño como para despreciarlo, demasiado ambicioso el objetivo como para desdeñarlo, demasiado poco que perder para no salir a ganar, demasiado mucho que ganar como para salir a perder. Vuelvo a Futre, a Alemao, a Landáburu, a Dirceu. Vuelvo muy atrás y me doy cuenta de que estoy muy adelante y hemos perdido demasiado tiempo. No podemos decir ahora que no estamos donde queríamos, más allá de ladrones de sueños, más allá de prescritos indecentes. El Atleti está en la contrarrecta y le aguanta el pulso a los favoritos. Estamos en disposición de correr, a riesgo de desfondarnos. Estamos en disposición de dar la cara, a riesgo de que nos la partan.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La suerte que decían que nos faltaba

No hace mucho que discurrí sobre el famoso sambenito que durante mucho tiempo nos ha tenido maniatados y supeditados a un pensamiento unidireccional por el simple hecho de haberse convertido en un externalizada seña de identidad. Decían que el Atleti era así y teníamos que creernoslo. Jugábamos algún partido bueno, muchos regulares y bastantes partidos malos; por ello, cuando perdíamos por algún despiste, algún error o por la simple inercia del juego, nos obligaban a cruzarnos de brazos y no buscar más explicaciones que la mala suerte.

Era por ello que muchos nos preguntábamos cuando llegaría esa suerte que siempre nos era esquiva, cuando lo que realmente no nos hacía falta suerte sino trabajo. El Atleti ha ganado tres partidos agónicos consecutivos en el estertor del último suspiro y los que se hacen llamar entendidos nos quieren hacer creer que la tendencia ha cambiado porque ahora tenemos la suerte que antes nos faltaba. Lo que nadie quiere pararse a decir es que la suerte, como todos los logros de la vida, también hay que trabajarla.

El Atleti trabaja los partidos de la impecabilidad del esfuerzo físico. A menudo, para mi gusto demasiado a menudo, abusa de la reculación por tener fé ciega en su certero contragolpe, pero nadie puede dudar hoy del esfuerzo de tipos a los que antes dábamos por indolentes impertérritos. Cuando un corre hasta la extenuación, cuando pelea el último balón, cuando busca el área sin cesar, cuando provoca faltas al borde del área por insistencia marcial, a veces ocurre que el balón termina por entrar en la portería en el último minuto. Y muchos, a eso, lo llaman suerte. Yo lo llamo trabajo bien hecho.

lunes, 15 de octubre de 2012

La soga en casa del ahorcado

Nadie puede poner en duda la influencia que la prensa tiene sobrel a opinión pública, nadie puede poner en duda que la opinión pública es manipulable, que las voces hacen más ruido que los silencios y que la razón, por valiosa, peca demasiadas veces de imprudente como para ser considerada en cuenta. El ruido, las nueces y la prensa deportiva han generado un compendio de intereses en el que el más fuerte sube a lo más alto y tiene patente de corso para pisotear a todo aquello que le sea molesto.

Una de las primeras premisas de la prensa partidista es la de ningunear al equipo contrario. Para hacerlo, bastan frases sibilinas que, no por ser frases hechas a un periodismo parcial dejan de ser estúpidas y dañinas para quien realmente siente una pasión ajena a ellos. La frase "A Falcao el Atleti se le queda pequeño" se ha puesto tan de moda que en las tertulias de cerveza y cacahuete y en las de máquina de café en oficina, se ha convertido en un axioma repetitivo. Lo que ahora le pasa a Falcao, antes le ocurrió a Agüero y antes le ocurrió a Torres. A todos el Atlético se le queda pequeño. Para todos, casualmente, el jugador debería vestir la camiseta del vecino de enfrente.

Hablan de pactos, de frases de padre, de silencios del dúo prescrito y de ofertas desorbitantes. Hablan de todo, pero a nadie la apetece poner en portada a Falcao cuando dice "Que su sueño es seguir ganando títulos con el Atleti". Ya sé que hubo otro que dijo aquello que "Ni en pedo". Todo el mundo es suceptible de utilizar la mentira como arma de defensa y que a veces el renuncio te pilla en paños menores cuando te demuestran que dices diego donde dijiste digo, pero ¿De cuántas mentiras se alimenta la prensa? Las alimañas omiten portadas cuando el Atleti es líder o cuando bate un record de victorias consecutivas en Europa. Pero las alimañas ven carne fresca cuando creen que un jugador no juega donde debe jugar. Porque para las alimañas no hay mayor manera de dañar que mentando la soga en casa del ahorcado.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Atleti se hace mayor

Como ese adolescente retraído que ha crecido entre collejas y bromas, entre aguadillas y soledades, a quien robaban el bocadillo en el recreo y las zapatillas de marca en el descampado, como ese chaval con la cara llena de granos y el pelo lacio recién peinado por mamá que aún no se atreve a cruzar sólo la calle pero que un día se va de cañas con su padre y este le hace ver que la vida no es así, que él es mucho más fuerte de lo que los demás imaginan y que aún tiene la opción de volver el lunes al instituto con chupa de cuero, pelo engominado y bigotillo a medio afeitar. Como ese remozado jovenzuelo que impone su venganza a base de puñetazos y se termina llevándose el beso de la más guapa de la clase, el Atleti tiró a u lado sus complejos y se dio cuenta que sí, que se había hecho mayor y que esos partidos que antes perdía por inercia ahora se pueden pelear y, lo que es más admirable, también ganar.

El Atleti hace meses que perdió el acné y maduró hacia una mayoría de edad por todos esperada. Ya no es el niño pardillo que pierde partidos regulares y sale goleado en los malos, ya no sabe que es eso de esconder la pierna y levantar la mano, ya no sabe qué son las mofas de las aficiones rivales cada vez que once espectros rojiblancos pisaban el césped a modo de visita. Aún recuerda el runrrún de la desconfianza, el dolor de la derrota y la vergüenza del ridículo, pero encontró a un padre que le dijo que aún tenía la opción de regresar un domingo al campo con el pecho erguido, la cabeza levantada y los dientes apretados. Simeone, el padre de la criatura, celebra goles con rabia y mira a los suyos con orgullo. Su Atleti se está haciendo mayor.

Hubo día en los que partidos como el de ayer se perdían por mera condición gravitatoria. En caso de duda, el balón siempre caía en la portería del Atleti y, a más duda, menos capacidad de regeneración y los cuentos del Atleti nunca terminaban como aquellos que nos contaban de pequeños porque en estos, nosotros nunca terminábamos comiendo perdices. Pero las tendencias cambian y las mentalidades también, el Cholo ha obrado el milagro y el Atleti, que hasta hace dos días no sabía tirar un contraataque, remontó un partido difícil en el Villamarín. No es que el rival acuciara con esmero, es que fue el propio el Atleti el que se empeñó en darle vida por momentos. Recordemos que ha crecido, sí, pero que aún es un jovenzuelo inocente y tiene cosas por aprender. Para eso está Simeone; para hacer de padre y para hacerles creer que sí, que la palabra "equipo" tiene cabida como concepto en el ideario del Atleti.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El sambenito

Durante años nos han taladrado los oídos con una manida frase que no hacía sino sacarme de quicio a medida que se iba convirtiendo en marca de identidad; "El Atleti es capaz de lo mejor y de lo peor". En resumen, la gente estaba convencida de que el Atleti era ese equipo irregular que un día ganaba al mejor equipo del mundo y al día siguiente perdía con el peor. Yo escarbaba en los cimientos de mi memoria y en los tiempos más cercanos me costaba encontrar que era eso que la gente denominaba "lo mejor"; ninguna victoria contra el Madrid en trece años, diez años sin jugar una final, un descenso, catorce años sin ganar un título... Pues no, me daba a mí por pensar, "lo mejor" no existía.

Tanto nivel de leyenda alcanzó el sambenito que incluso los jugadores llegaron a creérselo. Pasaron muchos que, arropados bajo el manto de "el pupas", escondían la cabeza bajo el césped y guardaban la pierna para moverla por la noche; pero no pasaba nada, el nivel de exigencia era prácticamente nulo y en cualquier momento el Atleti podría ser capaz de hacer "lo mejor". Y lo hizo, pero pasó mucho tiempo hasta que lo logró. Hubo de suceder una catarsis y la llegada de un entrenador sentimental que les hiciese ver a los jugadores que eran unos privilegiados obligados a dar la talla por un millón de corazones.

Por ello, ante partidos como el del domingo ante el Rayo, con esos ocho minutos de "lo peor" y para afrontar duelos de los denominados sencillos ante el Hapoel de Tel Aviv, conviene, antes de desterrar prejuicios, recordar de dónde venimos si es cierto eso de que ya sabemos hacia dónde vamos. Si el Rayo te sigue complicando un partido ganado o si al Hapoel le da por hacer la del Aris hace dos años, ya podemos meterle cuatro al Chelsea cada semana que nadie nos va a quitar de encima el sambenito. Y a mí, la manida frase, me saca bastante de quicio.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El regreso

Hubo una mañana triste, una nube gris en el cielo, un recuerdo amargo por una derrota en el día anterior y un sueño que mantuve intacto hasta que se hizo realidad. Aquel día supe que volveríamos, abrí una web, titulé un blog, lo perfilé en rojo y blanco y comencé a hablar del Atleti sin demasiado éxito pero con todo el corazón.

El Atleti ha vuelto y yo también. El verano es largo, caluroso, demasiado tedioso cuando toca estar en un despacho con el sol abrasando en la espalda y demasiado fugaz cuando el calendario pinta en vacaciones y viajas a la costa para disfrutar de los primeros baños marítimos de tu hijo. Los dos, el Atleti y yo, hemos regresado de nuevo. Mi equipo para volver a demostrarle al mundo que el oso del escudo no es un adorno sino un símbolo de ferocidad y yo para volver a enfrentarme cada mañana a un papel en blanco y un sentimiento pendiente de plasmar.

Comienza la temporada y regresa este blog con la intención de ser más optimista y menos crítico. Ambas circunstancias no dependen de mí sino del Atleti; si el equipo que veamos se parece al de Mónaco, es posible que, aún en la derrota, comience a teclear mis impresiones con un halo de orgullo en la mirada. Pero si el equipo se parece al de tantas otras ocasiones no tendré más remedio que regresar a la melancolía y a ese pesimismo que tanto ha marcado mi carácter como aficionado. Aquí estamos otra vez. Hemos vuelto. Solamente debéis leer el título de este blog para recordar que ya estabais avisados.

martes, 31 de julio de 2012

El Toto que no consiguió enganchar

Llegó como una promesa de futuro, nos hablaron de un chico hábil, que encaraba, frenaba y volvía a encarar para salir por afuera. Nos enseñaron algún vídeo, algún cántido entusiasmado de la hinchada de Lanús y algún gol esporádico celebrado con alegría. Vimos su cara de pillo, de niño que salta la valla del colegio para ir a patear al potrero, de gambeteador insaciable junto a la línea de cal. Y todos, una vez más, nos ilusionamos.

Pero lo cierto es que Salvio fue sólo un poquito de todo eso y mucho de nada más. Siempre fue un futbolista indefinido, a veces interior y otras delantero, a veces inspirado y muchas otras ofuscado, a veces haciendo la imposible y muchas otras errando la posible. Llegó como el Toto, el socio del Kun que nos alegraba la vida, el nuevo niño mimado de nuestro futuro y se marcha como Salvio, la enésima operación fallida de una dirección deportiva que no se cansa de fracasar. Ni el Toto, ni Salvio, consiguieron jamás enganchar a la grada.

Vuelve al lugar donde un día le dimos de prestado. Allí lo hizo bien, es cierto. Puede que le agrade más aquel fútbol, que su entrenador le entendiese mejor, o que fuesen menos exigentes que nosotros. Quien sabe. Lo cierto es que allí fue, durante muchos ratos, el Toto de Lanús, el niño que saltaba la valla del colegio para ir a patear al potrero. Deja, como ya lo hicieron otros, las arcas llenas y los bolsillos de los dirigentes bien colmados. Y deja, como ya lo hicieron otros, un hueco en la plantilla que no se piensa reponer. O si no, basta recordar los casos de Heitinga y el de Jurado. El dinero para mí y el que Cholo se las componga.

lunes, 16 de julio de 2012

La función mediática y Oliver Torres

La función mediática se centra en el nombre, aparca a los hombres a un costado y dirige sus flashes hacia el lugar donde el usuario gastará sus monedas. La función mediática no cuenta verdades sino mentiras muy bien disfrazadas. A la función mediática no le interesan los secundarios porque ellos ya han elegido a su actor principal, a la función mediática le interesa un escudo, un color, un titular preconcebido, aunque la realidad, la mayoría de las veces, sea distinta a como ellos la ven.

El brillo del fogonazo, el detalle del regate, la aceleración y las botas de oro que solamente interesan cuando se quiere, viven hoy sobre el nombre de dos jovenzuelos talentosos que cuentan con la fortuna mediática de pertenecer a la cantera del Real Madrid y el Barcelona. Jesé y Deulofeu son rápidos, brillantes, vistosos, plásticamente admirables, y por ello la función mediática se ha volcado en ellos porque, a una orilla o a otra de las líneas enemigas, a la prensa de ambas trincheras les interesa vender papel con dos nombres que dan esplendor a sus canteras.

Pero la verdad futbolística es otra. La verdad, la que habla de fútbol, nos cuenta que junto al balón siempre había un chico, que todas las jugadas nacían del número dieciséis, que todos los pases correctos salían de las botas de ese chaval moreno que flota en el campo con la elegancia de los centrocampistas buenos de toda la vida. Nadie habla de Oliver porque su camiseta no es completamente blanca, o porque junto a las rayas rojas, no tiene otras azules que le hagan parecer más divino. Pero aunque el rojiblanco ya no venda, aunque los goles vistan de otro color y aunque los flashes solamente se centren en el corazón del área, la verdad, cuando hablamos de fútbol, solamente tiene un color y es que para esto de jugar al fútbol, anoche no había un chico más dotado en el campo que Oliver Torres.

martes, 10 de julio de 2012

Mirando a Levante

Dice nuestro querido presidente que empezamos la liga en Levante. Él, que es así de genérico y no se anda deteniendo en las especificaciones, imagina al Atleti recorriendo el litoral e imaginándose en duelo al sol contra el Nástic de Tarragona, contra el Castellón o contra el Cartagena. Pero la realidad, aunque él no la sepa, algo que dudo seriamente, es que empezamos la liga en Valencia y ante el Levante, ese hueso duro de roer que ya nos pintó la cara la temporada pasada en uno de los partidos más infames que le recuerdo al Atleti.

Ya sabemos todos como empezó la temporada el Levante el año pasado. Ganó sus primeros siete partidos, desesperó al clan de los portugueses, se hizo amo del calendario y fue Atila cabalgando a lomos de Othar durante dos meses. Y ya sabemos todos como suele empezar las ligas el Atleti, aunque en realidad las empieza igual que las termina, alternando las de cal con las de arena, las puertas grandes con los almohadillazos, la ilusión y la desgana.

Imagino al Atleti dentro de un mes. Las noticias que deberían hablarnos de un equipo concentrado en un objetivo y preparando el envite contra el Levante, nos despertarán con los rumores sobre la venta de Falcao, sobre las negociaciones de Adrián con algún equipo del noroeste y con la venta de humo acerca de ese centrocampista guapo y elegante que nunca llegará a vestir la rojiblanca. Al final, sin delantera, sin centro del campo y sin concentración, saltaremos al campo del Levante y nos volverán a pintar la cara. Espero equivocarme.

lunes, 9 de julio de 2012

Café con nada

Se acerca Pepe a la barra. Los lunes son puñeteros, el bar huele a lejía y desinfectante, la barra de chapa, que por la noche lucirá desajada y llena de huellas de codos solitarios, brilla ante la luz del fluorescente que parpadea en el techo. El camarero, amigo de sus clientes, enemigo de los sobrios y mal fajador para las discusiones en rojo y en blanco, se acerca a Pepe son la simpatía que solo se puede tener un lunes por la mañana cuando te encuentras con uno de los tuyos.

Y le habla de ese suizo inmortal que es capaz de recitar poesía con una raqueta y ganar un Wimbledon tras otro sin necesidad de sudar, y le habla de esos españolitos esforzados de la ruta que se ven perseguidos por la mala suerte y se dejan los huesos en las carreteras francesas, y le habla de esos jóvenes locos que se montan a una moto cada fin de semana para hacer sonar el himno español en cada circuito del mundo, y le habla de ese asturiano al que siempre le falla una rueda o un mecánico en el momento clave.

Y Pepe se bebe el café de un trago porque hoy es lunes y sabe que el jefe le espera en la oficina de mal humor con la mesa llena de informes y con el diario deportivo abierto encima de la mesa con la información de ese equipo blanco en letras grandes y a color. Y saca una moneda de un euro del bolsillo, la aprieta bajo el puño cerrado y le pregunta al camaero "¿Y del Atleti, qué?". Y el camarero le observa taciturno, la garganta carraspeante y la mirada de reojo en el cliente que acaba de entrar por la puerta. "¿Del Atleti? Nada". Y Pepe deja la moneda sobre la barra, se despide con cortesía y da media vuelta para un lunes más, igual que todos los lunes de los últimos veinticinco años de su vida.

jueves, 5 de julio de 2012

Vuelve el Atleti

Las promesas incumplidas, las que quedan pendientes de incumplir, los viejos recortes de periódico junto a las cartas del primer amor, recuerdos de un álbum de cromos incompletos, nostalgia de aquellos veranos en el pueblo, las fantas de naranja hojeando el as en blanco y negro, siestas interminables soñando con los goles de ese nuevo delantero, tristes realidades cuando el invierno dice la verdad, ligas lejanas, dobletes efímeros, palabras huecas, fichajes fallidos.

Una sala de prensa llena de flashes, tres tipos que desconocen la historia, una historia prostituída, un recuerdo muy lejano, una añoranza perdida, un deseo imposible. Dos docenas de futbolistas trotando sobre un césped recién cortado, barrigas incipientes, papadas delatoras, sonrisas obligadas, ojos desacostumbrados a madrugar. Un entrenador en pantalón corto, las mismas caras, los mismos gestos, amigos mudos.

Portadas confusas, titulares inconclusos, la felicidad conservada en formol, la tristeza apartada en algún lugar de la cuneta, una carretera con curvas, un camino largo, un destino llamado incertidumbre. Sueños, apuestas, valor y al toro, apretones de manos, pronósticos inciertos, rayas rojas y blancas sobre una vieja camiseta con un escudo cosido en el lado del corazón. Nuevos jugadores, nuevas promesas que nos hacen soñar, viejas realidades que nos hacen bostezar y, en el trono, los mismos dueños que sesgan nuestras esperanzas. Vuelve el fútbol. Vuelve la verdad. Vuelve la mentira. Vuelve el Atleti.

martes, 3 de julio de 2012

Regreso a la cotidianidad

Se apagan los focos, vuelve a salir el sol, el rojo derrite con el calor, el gualda refleja su luz tormentosa, las banderas dejan huérfanos a los balcones, las bufandas buscan un hombro en el que apoyarse, las bocinas no volverán a molestar a horas intempestivas. España guarda silencio, las gargantas vuelven a su ser, la gente vuelve a desayunar café con porras y en el bocadillo de media mañana ya no quedan promesas sino buenos recuerdos. Vuelve el fútbol cotidiano, el de carajillo a media tarde, el del palillo en los labios, el de aquella servilleta grasienta pegada a la suela del zapato. Vuelve el Atleti y nosotros, pobres ilusos acostumbrados a un tiquitaca nacional, volvemos a soñar con lo imposible.

Lo imposible será que al Cholo le regalen un equipo a medida de sus ambiciones, lo imposible será ver a Diego, o a cualquier otro centrocampista competente, regalar los ojos de la hinchada, lo imposible será escuchar un grito definitivo en contra de la directiva, lo imposible será que el Atleti se meta entre los dos colosos que, un año más, se repartirán el pastel de la liga y la copa a su antojo. Porque en el fútbol de hoy, nuestro Atleti, el que soñamos, el que evocamos, el que algunos todavía recuerdan, es un Atleti imposible.

Llegarán las agonías del solsticio de invierno, sonarán los cantares de navidad que se mezclarán con los villancicos de la pesadumbre y alguno saldrá a presumir de que eso ya lo sabía él porque aquí no hay un proyecto estable desde hace veinticinco años. Un cuarto de siglo vagando por el desierto, un desierto que no tiene fin, un fin que nos hace vomitar desidia. Pero eso será más tarde, cuando nos demos cuenta de que a Simeone, como a los demás, le han vuelto a dar gato por liebre, y entonces diremos que el entrenador no vale, diremos que los jugadores son unos mercenarios y diremos que la liga está adulterada y que los poderes fácticos nos persiguen. Pero eso será más tarde, ahora toca volver a la cotidianidad, toca volver a soñar, toca volver a ilusionarse porque para eso están los veranos. Las lágrimas, cuando lleguen, que nos pillen desprevenidos.

jueves, 28 de junio de 2012

Cosas que no cambian

Existen cosas que no cambian; el aficionado español se sigue quejando por vicio aunque su selección ya no caiga en cuartos de final, cierto portugués sigue peleado con los momentos intrascendentes porque le mueve más el ego propio que el sentimiento colectivo, la prima de riesgo no da un respiro, los políticos se exceden de sus funciones para ahogar al ciudadano, se siguen formando atascos en la M-30, madrugar sigue sentando igual de mal, el colacao sigue estando mejor que el Nesquick y el gilismo sigue anclado en el Atleti después de veinticinco años.

Llegaron haciendo ruido y ahora son cómplices del silencio, llegaron ocupando portadas y ahora sólo obtienen una reseña, llegaron contando mentiras y ahora nadie dice la verdad, llegaron arrasando en tromba contra el periodismo y ahora han encontrado al periodismo como el mejor guardián de sus secretos. Hace veinticinco años el Atleti era un club competitivo donde sus socios tenían potestad para cortar cabezas. Cortaron la cabeza del doctor homónimo para suplicarle a Vicente Calderón que retomase el timón de la nave, pero la nave se fue a pique con la muerte de nuestro mejor presidente. Y mientras el barco se hunde y las ratas lo abandonan por la puerta de atrás, los patrones siguen obviando las vías de agua para hacernos creer que somos un lujoso transatlántico en un mar en calma. Cuanto peor van las cosas, más bonitas nos las pintan. Hay cosas que no cambian.

Se falsea una compra para robar un club, se oculta una deuda para no verse abocado al embargo, se desciende a segunda, se pierde crédito, se venden a los mejores jugadores y se fichan a defensas centrales de treinta y tres años para vender al mejor postor a un chico de la cantera. En tres líneas he resumido las principales premisas del gilismo: Delito, desprestigio y comisionismo. Y despropósitos, porque esto sigue siendo el pito del sereno y la casa de tócame roque. Y más que lo seguirá siendo porque amigos, igual que un lunes a las siete de la mañana en la M-30, existen cosas que no cambian.

jueves, 21 de junio de 2012

El victimismo

Uno de los grandes pecados del gilismo ha sido el del victimismo exacerbado. Durante años, Jesús Gil anduvo removiendo entrañas haciendo creer que el mundo en general y los poderes fácticos en particular, estaban en contra del Atleti. Así, un día se levantaba despotricando contra Plaza, al día siguiente hablaba de Villar y un día más tarde iba más allá y se enfrentaba al gobierno de la nación erigiéndose como salvador de la patria sentado en su poltrona robada al Atlético de Madrid. Aquellos movimientos de ficha a la desesperada generó una corriente victimista que se fue inculcando en el seguidor del Atleti hasta terminar creyéndose que todos sus males eran por culpa de otros, nunca de sí mismos.

El Atleti tiene que pagarle un pastizal a la hacienda pública antes de fin de año y escucho voces que indican que esto solamente nos lo hacen a nosotros. Es el pecado de andar siempre pendiente del ajeno, que a veces se te escapa la viga de tu ojo por analizar la paja del de aquel. El Atleti le debe un dineral al Estado y tiene que pagarlo, eso es así, ni es culpa de este, ni de aquel, si no de quienes han generado esa deuda sobrehumana mientras jugaban al monopoly con millones de sentimientos. Que otros paguen o dejen de pagar no es problema del Atleti porque el Atleti tiene un problema llamado deuda y tiene otro mayor apodado como dúo prescrito.

No tardará el club en verse obligado a desprenderse de todos sus mejores activos; esto incluye a Falcao, a Arda y a Adrián. Luego nos contarán que cada jugador juega donde quiere y nos obligarán a poner cara de infelices porque nuestros ídolos se marchan en busca de fortuna a otros parajes con más aspiraciones. Nadie dirá quien tiene la culpa de la deuda, ni quien tiene la culpa de que el Atleti no haya sido capaz de formar un equipo competitivo en los últimos quince años. No hablo de Europa League, ni de Supercopas, hablo de un equipo que se mantengar regular en los puestos altos de la liga durante un lustro. Hablo del Atleti de antes. Hablo de un sueño que no podremos cumplir porque mientras ellos juegan con nuestros sentimientos, nosotros seguiremos analizando la paja en el ojo ajeno.

martes, 19 de junio de 2012

Inversión de futuro

El Atleti sigue mirando hacia adelante, después de la incorporación del Cebolla Rodríguez, de veintisiete años y de Emre Belozoglu, de treinta y dos, llega el Cata Díaz, con un mes por delante para cumplir los treinta y tres años. Con la vista puesta al largo plazo, el Atleti se vuelve a hipotecar con jugadores que llegan de vuelta y que ya han jugado los mejores veinticinco partidos de su carrera.

He sido abonado del Getafe durante los últimos once años y puedo asegurar que el Cata es el mejor defensa (Belenguer aparte) que se ha visto por allí. Ahora, a la hora de analizar, entran en juego dos factores; uno de ellos es la edad, y el otro y más evidente, es que el Atleti no es el Getafe, y si no, solamente hace falta recordar el caso de Pernía. Con el Cata, el Atleti ha fichado un defensa que va bien por arriba, es contundente en la anticipación y sabe sacar el balón jugado, que no es poco.

Entonces ¿Dónde está el truco? Pues en que el Cata ya no es un chaval. Durante esta última temporada se le han visto demasiado la costuras como para seguir considerándolo un defensor de garantías. Nunca ha sido rápido y ahora lo es menos, nunca ha tenido una cintura ágil y ahora la tiene más rígida todavía. El caso sangra aún más cuando somos conscientes, a través de la prensa, de que el elegido para abandonar el barco es Álvaro Domínguez. Un chico joven, de la casa, que conoce el escudo a cambio de un veterano con mil guerras, que no conoce el club ni sus exigencias. O lo he entendido mal o esto es lo más parecido a un tocomocho.

viernes, 15 de junio de 2012

El consejero delegado, el presidente y el director deportivo

Hace ya veinticinco años que el Atleti dejó de ser de sus socios. Hubo una mañana en la que nos despertamos con el fallecimiento de Vicente Calderón y con el cadáver aún caliente, Jesús Gil aparecía haciendo mucho ruido y anunciando fichajes de postín a bombo y platillo. Los que le creyeron, que fueron muchos, le votaron, y ahí comenzó el principio de nuestro fin.

Con su discurso victimista, su manía de enfrentarse al mundo en nombre del Atleti y su populismo barato, el gilismo fue haciendo del Atleti un club cada vez más pequeño. Cinco años después de llegar al poder, se erigió en salvador de la patria y anunció el fin del Atleti como club de socios para empeñarlo en nombre de las sociedades anónimas. El tiempo demostró que aquella adquisición del club fue fraudulenta y que no lo compraron, si no que lo robaron.

El padre falleció, pero el hijo tomó el timón de un barco a la deriva y no hizo sino dejar que se hundiese poco a poco. El juez imputó al padre, al hijo y a ese espíritu santo, de profesión productor cinematográfico, que recorría los estudios de radio y televisión con el chascarrillo fácil en la boca y la mirada de angelito tras las gafas de pasta. No hemos tenido suficiente con aguantar años esclavizados con un consejero delegado y un presidente imputados por la justicia, sino que ahora, también, el director deportivo también ha sido llamado a filas por la justicia. Esto es el Atleti, antes un club de fútbol, ahora un club de alterne.

martes, 12 de junio de 2012

Diego lo sabe

Dice Diego, con el petate listo para regresar a Wolfsburgo, que a la gente le hubiese gustado que él se quedase. No hace falta recordar por qué, simplemente Diego ha significado esta última temporada el jugador que siempre hemos estado esperando; el tipo que aglutina el juego, que pide la pelota, que observa los desmarques, que siempre da el pase correcto y que permite al equipo avanzar un paso en la transición ofensiva.

Diego sabe que le queremos, pero otros no. Otros venden activos, negocian con agentes portugueses, piden comisiones bajo manga, hacen el egipcio y se hacen el sueco. Porque a esos otros no les importa el Atleti sino que se importan a sí mismos. Un jugador allí, un paquete acá y un título de vez en cuando para callar bocas y, después de todo, me nombran gestor del año. Menudo chollo.

El gestor del año no va a hacer un esfuerzo por Diego. Más que nada porque recurrirán a la falta de liquidez como excusa ante la inoperancia. Nadie sabe qué ha sido del poder económico del que antaño era tercer equipo de España en cuestión presupuestaria, nadie sabe donde queda aquello de que la rojiblanca la visten los grandes jugadores, nadie sabe porque Diego no puede estar hoy donde estuvieron Leivinha y Dirceu. Diego no va a seguir en el Atleti, pero los otros dos sí lo harán. Y así seguirá siendo mientras el mundo les siga aplaudiendo las gracias. Así, ni Diego, ni Torres, ni Agüero y, dentro de poco, tampoco Falcao.

lunes, 11 de junio de 2012

Sin césped

El Calderón está sin césped, esa es la noticia del día. Cuesta demasiado mantener una bitácora diaria cuando no existen noticias de relevancia a las que poder acudir. Que te cuenten que el Calderón está sin césped significa que no tienen nada que contarte y la vida sin nada que saber se hace larga, tediosa, plomiza. Tanto casi como este post.

Seguimos siendo tan ilusos que aún, en estas fechas veraniegas de pre pretemporada, volvemos a pinchar esa página de ese diario deportivo, esa otra que vende rumores y aquella otra que dice que exclusiviza certezas, pero no hay nada que saber. Seguimos queriendo creer que un día nos despertaremos y veremos a ese crack que tanto nos gustó en aquel partido vestido con la rojiblanca y diciendo aquello de que su sueño siempre había sido el de jugar en el Atleti.

Pero no nos podremos mojar nosotros con esos sueños imposibles, porque en el Atleti hace tiempo que no llegan Futres cada verano. Vienen Emres, Cebollas y, en el peor de los casos, algún Pato Sosa que otro. Y si viene un Falcao o un Forlán es porque antes se ha vendido a un Agüero o a un Torres. Así que de soñar, nada de nada. Aunque sigamos pinchando esa página de ese diario deportivo o esa otra que vende rumores. No hay noticias de un Atleti competitivo de cara a la próxima temporada, sólo hay noticias del césped. O sea, que no hay noticias.

miércoles, 6 de junio de 2012

Ante la Eurocopa

Como español me encuentro en la obligación moral de animar a nuestra selección en cada gran evento. También existe convicción sentimental, no crea nadie que se trata sólo de palpitaciones de cara a la galería, me gusta esa sensación de cosquilleo en el estómago cada vez que la roja afronta un partido de las grandes citas y qué más puedo decir sobre esa inconmensurable sensación de euforia cada vez que la selección ha salido campeona. Indescriptible.

Indescriptible, sí, porque en las victorias de Austria y Sudáfrica hubo un tinte pasional que nos hizo volver a todos la cabeza hacia atrás y recordar aquellas lágrimas derramadas cuando algún Pfaff, algún Baggio o algún Zidane se cruzaban en nuestro camino. Indescriptible porque aquellos triunfos nos condujeron a un estado general de ánimo exacerbado en el que todos, rojiblancos, blancos sin rojo y los de rojo con azul, bajábamos a la fuente del barrio y nos abrazábamos como si no fuesen a existir más derbis, como si aquello hubiése significado el éxtasis definitivo de un sueño hecho realidad.

Indescriptible, sí, pero costoso de equiparar a aquellas tardes de Hamburgo y Bucarest en las que el Atleti tocó el cielo haciendonos saber a todos que aquel afamado doblete no iba a ser la última muesca de nuestro revólver. Indescriptible, sí, pero no inigualable, porque por muy fuerte que cantase aquel gol del niño contra Alemania o aquel otro de Iniesta frente a los holandeses, ningún grito se puede comparar a aquel que nació de mi garganta cuando Forlán vacunó a Fulham en el bendito minuto ciento dieciséis. Porque yo soy de España, sí, y mucho. Pero primero soy del Atleti.

martes, 5 de junio de 2012

Los éxitos de la cantera

Las cuentas del club dentro de las redes sociales alardean de los éxitos de los equipos de las inferiores del Atleti. A los campeonatos del alevín, infantil, cadete y juvenil hay que sumar los dos últimos trofeos de prestigio mediático que han colocado a nuestra cantera en las portadas; el torneo de fútbol siete para niños en Benalmádena y el mundialito sub17 celebrado en Colmenar Viejo. Nuevos triunfos para viejas pretensiones, pero ¿Sirven de algo?

El filial, plagado de jovenzuelos pecosos y otros resíduos fichados a deshora con el objetivo de maquillar el resultado final, ha quedado en un dignísimo quinto puesto y el juvenil A alcanzó las semifinales de la copa de España cayendo por un gol ante un Espanyol que lleva años demostrando qué quiere decir trabajar bien con la cantera. Sin embargo, las noticias y rumores siguen soltando nombres de tipos de dudosa calidad e intrigante compromiso. Ayer un Lafita, hoy un Yilmaz, mañana un Capel ¿Qué pueden aportar ellos que no pueda aportar un chico que es del Atleti?

Los equipos grandes se fijan en tipos grandes y cuando no tienen opción de alcanzar la cuota de calidad exigida, entonces tiran de sentimiento y miman lo que tienen por debajo ¿Lafita? ¿Yilmaz? ¿Capel? ¿Por qué no Oliver, o Pedro, o Noguera? Porque en el juego de las comisiones, los comisionistas juegan cartas marcadas y los niños juegan con los ojos tapados. Por tipos como Lequi, Luccin o Galletti, perdimos a otros como Mario, Casquero o Del Moral. No eran estrellas, es cierto ¿Pero alguien duda que hubiesen aportado mucho más los segundos que los primeros? Otros, como Sergio Torres, Rodríguez o Borja, titulares con exitosas selecciones inferiores, se quedaron en el camino. El tiempo demostró que no valían para la élite, pero nadie les prestó, ni siquiera una mano para ofrecer una oportunidad. Vale más el fichaje de medio pelo, la comisión y la venta de humo propagandística. Dentro de dos años, cuando no sepamos que hacer con los Lafitas, Yilmazes y Capeles de turno, igual nos acordamos de ese chaval que despunta en ese equipo de segunda división y resulta que, revisando su ficha, descubrimos que jugó en la cantera del Atleti. Otro trasto romo, otro juguete roto ¿Sirven de algo los éxitos de la cantera?

viernes, 1 de junio de 2012

Diego en Wolfsburgo

No es ninguna sopresa, ya ni siquiera teníamos temor porque era un secreto a voces, una verdad que nadie había declarado pero que todos conocían. No por ello dejamos de sentirnos desasosegados; Diego regresa a Wolfsburgo bien para cumplir su contrato o bien para que el equipo saque una buena tajada por él, que está en todo su derecho. Lo que nos aploma es saber que nosotros no seremos ninguno de esos equipos que esté en capacidad de luchar por su fichaje y saber que le perdemos, así, sin más, duele, por más que tengamos que asumir su pérdida como ya asumimos los de otros tipos que cogieron el avión rumbo a las islas británicas después de haber sido idolatrados bajo el eco del Calderón.

Diego fue el tipo que durante tanto tiempo anduvimos buscando, y es por eso que chirría que el club no esté en disposición de hacer un sacrificio. Los vendelíneas nos vienen con el cuento del ajuste económico, de la deuda, de la escasez de capital, pero ¿Quién es el responsable de que el Atleti esté sin un duro? Los nombres son dos, uno tiene apellido de árbol frutal y el otro apocopa con los suyos el nombre de una inmobiliaria. Ellos tienen los bolsillos llenos y el club que dicen que aman (permiso para una risotada) tiene las arcas vacías. Así funcionan los clubes en España.

Se va Diego y llega Emre, y dicen que llegará Jurado. Esto debe ser como el dos por uno de los grandes almacenes pero versión tocomocho. Diego ha demostrado fútbol, empaque y conocimiento del juego, Emre es un misterio de treinta y dos años y Jurado, que ya estuvo por estos lares dejando detallitos e inconstancia, viene de rebote después de dos temporadas como suplente en ese equipo que antes nadie conocía y cuya camiseta ha inundado nuestra ciudad desde hace un par de años. Se nos vuelven a reir en la cara y quizá, cuando veamos a Diego destilando fútbol con otra camiseta y nos preguntemos qué hizo mal el Atleti para no ficharlo, habremos de girar la cabeza hacia el palco y buscar a los dos responsables. Uno tiene apellido de árbol frutal y el otro apocopa con los suyos el nombre de una inmobiliaria.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Desecho de tienta

En las antiguas novilladas se lidiaban aquellos toros que, en la tienta, no habían dado el soplo suficiente de fuerza para ser considerados como una res de primera ya que estas, por empaque y categoría, eran reservadas para las corridas de verdad. El Atleti de hoy, como no está para faenas de puerta grande, ha de buscar en los corrales ajenos aquellos desechos de tienta que le permitan brillar en su novillada particular y no le afeen el gesto cuando la gente, preocupada por la imagen, pida un poquito más de encaste a los novillos.

Hace algunos años, Emre Belozoglu me parecía un centrocampista de lo más interesante. Era dinámico, tenía clase, recorrido, un buen disparo y sabía mover la pelota de un lado a otro de la cancha, algo de lo que no muchos pueden presumir. Pero eso fue hace algunos años. Recuerdo aquel mundial oriental en la que Turquía se destapó como sorpresa y en la aparición estelar de un jovencito de mirada audaz y cuerpo chaparro que jugaba al fútbol con la facilidad de los elegidos. Aquel era Emre Belozoglu, aquel era el tipo a fichar. Pero eso fue hace algunos años.

El Emre de ahora mantiene la clase, porque el talento innato acompaña al futbolista hasta sus últimos minutos, sigue sabiendo como pegarle a la pelota y, de vez en cuando, da tres o cuatro pases con criterio. Pero este no el Emre de dos mil dos. Este Emre ha perdido fuelle, ha perdido fe, ha perdido recorrido y ha perdido confianza. Que el Cholo hace milagros es algo que hemos podido comprobar gracias a la evolución de tipos como Juanfran, Miranda o Gabi, pero una cosa son los milagros y otra cosa es convertir en un Miura a un desecho de tienta.

martes, 29 de mayo de 2012

Cebolla para el sofrito

Se nos va Diego, porque el Atleti está tan mal planificado que no es capaz de escarbar en busca de una pepita de oro, y llega Cristian Rodríguez. El uruguayo, interior zurdo incisivo, demasiado dado a la dispersión y con buenos recursos en las inmediaciones del área, no es un organizador del juego. Puede ser un buen complemento, sí, pero desde luego no debe llegar al Atleti para quitarle el puesto a Arda Turan.

El Atleti ficha rellenos para hacer más amplia su plantilla, no me parece mal, pero las carencias en la dirección que deja la fuga de Diego hacen necesario mirar para otro lado. No hay muchos futbolistas en el mercado a precio accesible para que el Atleti no se vea huérfano del fútbol del brasileño. Supongo que Borja Valero se dejará seducir por los petrodólares y la Champions del Málaga y que no seremos tan listos como el Espanyol para convencer al Inter de que nos deje en préstamo a Coutinho durante un par de años. Por ejemplo.

Visto el resultado de las cesiones obtenidas y obligados a creer el cuento de la lechera de que Gil Marín y Cerezo pasan hambre porque el Atleti agoniza, quizá no sea mala opción lo de llamar a las puertas de los grandes de Europa para ver qué sobras aprovechables tienen para nosotros. Puestos a rellenar plantel. Otra cosa, aparte, es creerse el cuento de que Pinto da Costa regala futbolistas. Ja. Y otra, volviendo al tema, es soñar con que quizá tenga otorgado el mando del equipo a algún jugador del filial. No es solución seria la de quemar a Oliver o a Saúl en una posición tan exigente. O eso, o darle a Arda mando en plaza. Pero el turco sirve más para el alboroto que para la constancia. Así que ya pueden ponerse las pilas y contratar a un futbolista que mueva a la equipo o, si no, será lo de siempre, otro año, otro timo. Cuánto nos lo tememos.

viernes, 25 de mayo de 2012

Hora de pedir perdón

Me equivoqué, y mucho, fui demasiado visceral, demasiado jocoso, demasiado injusto. La costumbre de verme cada verano abocado a la desilusión me hizo generar bilis, pragmatizar mi discurso y tirar por la línea recta que seguía toda lo opinión general, descalificar era fácil y desconfiar era normal porque ya nos la habían metido hasta el fondo en más de una ocasión, y despertar con ese dolor a veces duele, y mucho.

Pero rectificar dicen que es de sabios. Yo no me considero así, pero sí creo tener un ápice de coherencia a veces y demasiado sentido de la culpabilidad la mayoría de las ocasiones. Durante el verano pasado, mientras la vorágine de los fichajes y las presentaciones alumbraban las portadas de nuestra infame prensa deportiva, califiqué el fichaje de Adrián López como "un fichaje de segunda". A la vista está que me equivoqué. Me fijé en los números, recordé pobres actuaciones y descalifiqué al chaval sin haberle dado la oportunidad de demostrar que era un futbolista de primer nivel.

A fé que lo es. Y es por ello que hoy genuflexiono mi discurso y le solicito un perdón que seguramente no merezco. Me lancé al pozo de la desconfianza antes de tiempo y hablé con soberbia. Adrián no ha sido un fichaje de segunda, si no uno de los mejores fichajes del Atleti en los últimos tiempos. Es liviano, sí, pero es extremadamente inteligente, sabe jugar al fútbol con todos los puntos conceptuales que ello conlleva y, además, ha demostrado una profesionalidad que casi todos dábamos por inexistente. Adrián no es de segunda, Adrián es jugador de primera. Un jugador para la Eurocopa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La postemporada

La postemporada no tiene nada que ver con la pretemporada. Si en esta todo es ilusión, cada gol es un sueño y cada nombre es una apuesta a anotar en el cuaderno de las esperanzas, en la postemporada casi todo es desinterés, cada gol es un reclamo al hartazgo y cada nombre de figura es motivo de preocupación. Lo que está haciendo Falcao en Colombia no ilusiona, asombra, sí, pero preocupa.

El tigre, acostumbrado a encontrarse goles en el área como quien encuentra flores en un jardín, está generando una autopromoción que a los que soñamos con un Atleti grande, no nos vamos a engañar, nos preocupa. Nos preocupa saber que el Manchester United quiere regenerar el equipo, que Drogba abandonará el Chelsea y que ese vecino tan insoportable que tenemos está a punto de empaquetar a uno de sus delanteros rumbo a Francia. Y preocupa más, por encima de todas las cosas, las intenciones golosas de ese par de delincuentes prescritos que nos representan y negocian con nuestros sentimientos porque a cada gol de chilena le añaden un cero más a sus pretensiones.

La postemporada tiene regusto a nada, a amistoso sin interés, a viejas caras, a viejas cuentas pendientes de saldar, a chicos jóvenes a los que quizá no volvamos a ver el pelo vestidos de rojiblanco. Es mejor que pasen un par de meses, que los goles de Falcao en la Europa League sean memoria propia y que mientras otros ruedan películas en Hollywood nosotros juguemos el Carranza de toda la vida. Entonces los engaños serán en forma de portada. Ficharemos a tres potenciales balones de oro y Falcao nos jurará fidelidad eterna. Y cuando llegue el último día del mercado y nos hagan la de Jurado, entonces podremos despertarnos. Pero entonces llegará la liga y habrá algo con lo que seguir respirando. Pero ahora no hay nada. Colombia, verano, rumores y miedo. Mucho miedo.

jueves, 17 de mayo de 2012

El adiós de Milinko

Desconozco el misterio de los secretos que se cuecen dentro de los despachos del Atleti. Como simple aficionado que soy solamente tengo acceso al paquete de información que pueden ofrecerme los medios leídos, escritos o digitales. Cierto es que no soy ciego y que sé diferenciar una mala gestión de una buena, que sé reconocer a un jugador implicado y que detecto cuando un entrenador no ha dado con la tecla adecuada en esta casa de locos llamada Atlético de Madrid.

Desconozco el verdadero motivo, pero no por ello voy a dejar de sorprenderme por el despido de Milinko Pantic como entrenador del filial. En un grupo durísimo, como varios ex primeras fuertes como Oviedo, Albacete y Tenerife, con muy buenos filiales y con un Castilla y un Lugo imponentes, el entrenador serbio, el tipo que pateaba las faltas con el pie de Dios, ha cometido el pecado de quedar clasificado en el quinto lugar. Una excelente resultado si tenemos en cuenta que contaba con un grupo bastante joven e inexperto ¿Qué ha ocurrido entonces?

De las primeras impresiones de Milinko, extraemos la conclusión de que la comunión tanto con la directiva como con el entrenador del primer equipo no han sido las mejores. La directiva, más dada a tirar balones fuera y destruir mitos a la velocidad de la luz, dirá que toda la culpa ha recaído en nuestros dos mitos del doblete. Sea como fuere, las cosas en el Atleti se siguen haciendo mal. Los hombres de honor se marchan por la puerta de atrás, las filtraciones indican varias direcciones con el objetivo de no salir perdedor en la batalla y los que deben tomar las decisiones siguen lavándose las manos como Poncio Pilatos. Pero a estos gobernadores, ni en Roma los querrían. Ni siquiera como carroña para el circo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Los listos y los tontos

San Isidro Labrador, patrón de la capital, ciudad que acoge a dos equipos de primera división en cuyo nombre llevan implícito a la ciudad, uno de ellos, castizo como ninguno, lleva labrado en su escudo, el símbolo de una ciudad que se levantó un dos de mayo para decirle al resto de España que las cosas debían ser como ellos querían que fuesen. Mucha historia tras aquello, mucho fútbol, muchos títulos y un bipartidismo que se convirtió en dictadura monopolista a medida que a los de blanco les iban dando ayudas y a los de rojo y blanco les iba dando por autodestruirse. En las afueras de la capital del reino aún queda un lugar para la celebración; miles de paisanos, ataviados con su gorra de chulapo y su mantilla de manola, bajan a la pradera para desempapelar un bocadillo, bailar un chotis y comerse una rosquilla. De estas últimas hay dos tipos, las listas y las tontas, y aludiendo a los calificativos vamos a comparar quienes son los tontos y quienes los listos en esta casa de alterne en la que se han convertido el extinto Atlético de Madrid club de fútbol.

Atlético de Madrid sociedad anónima deportiva, segundo equipo de la capital y en proceso de autodestrucción hacia lugar más ignominiosos, equipo que ha acogido a estrellas mundiales de la talla de Ben Barek, Carlsson, Vavá o Luiz Pereira y que, en los últimos años, adornó los álbumes de cromos con tipos como Nimny, Nikolaidis, Fabiano Eller o Pato Sosa, equipo que, castizo como ninguno, sigue portando un oso y un madroño en el escudo aunque cada vez haya menos gente que lo sienta palpitando sobre el corazón, símbolo de un lugar al otro lado del río donde sobreviven sentimientos, orgullos y pasiones. Mucha historia, mucho fútbol y una autocompasión que derivó en fracasos, derrotas y descensos. Al otro lado de Carabanchel sigue existiendo una reserva india donde cada domingo los niños acuden vestidos de rojo y blanco y los padres acuden rumiando la incertidumbre. Algunos llevan bocadillos, otros alguna bota de vino escondida y, casi todos, ganas de animar. Muchos son los que llevan pipas, comen y callan. Porque arriba, junto al palco, hay dos tipos que siguen engañando a la masa y sacan el pulgar a pasear a costa de miles de infelices que siguen creyendo que son del mismo equipo de cuyas hazañas les hablaron sus abuelos. Ellos dos, dúo prescrito y bicefalia indigesta, son los listos. El resto, por supuesto, seguimos siendo los tontos.

No hizo falta, ni siquiera, la necesidad de levantar un título, para salir aireando todas las intenciones. Sin Champions no habría paraíso. Sin Champions no habría Diego, ni habría Falcao, ni habría Adrián, ni habría Courtois. Estos dos, asesinos a sueldo de miles de sentimientos, se siguen pensando que nos chupamos el dedo cada vez que sacan el lacrimal a pasear por los estudios de sus emisoras amigas. Les untan el pecho con vaselina para que reluzcan sus obras y nos hacen saber que la directiva hizo un esfuerzo sobrehumano para que el equipo acabase entre los cuatro primeros ¿Deberíamos darle las gracias? La obligación no implica agradecimiento. El agradecimiento, por el título, es para Simeone y sus once gladiadores. Igualmente que para ellos es el reproche de no haber sido capaz de alcanzar un puesto de Champions que, este año, ha estado más barato que nunca. Pero que no me vengan ahora con milongas porque ni yo, ni los cientos de miles que lloramos el pasado miércoles con los goles de Falcao y Diego, fuimos los que nos hicimos con el club sin poner ni un duro. A nosotros no nos embargaron los activos del club por jugar al monopoly con nuestros sentimientos. Nosotros no somos los delincuentes. Ellos son los culpables y a ellos hay que señalar el día que veamos a Falcao, a Diego, a Adrián y a Courtois vistiendo la camiseta de otro equipo. No hay que señalar para agradecer sino para culpar. Ellos se creerán muy listos, pero nosotros no somos tan tontos.

jueves, 10 de mayo de 2012

La camiseta del Atleti

Acabó el partido y dejé correr las lágrimas. Un micrófono se acercó al Cholo, los ojos acuosos, la felicidad dibujada en el rostro, la satisfacción marcada en el gesto y el orgullo clavado en la garganta. "Mañana los niños podrán ir al colegio con la camiseta del Atlético". Así resumía la felicidad. El Cholo nos entiende, porque esa es la felicidad.

Quienes somos del Atleti sabemos lo que ha sido llevar una camiseta del Atleti al colegio, al instituto o, incluso, a la universidad. No faltaban lunes en los que el verbo era vilipendio y la verdad era una puñetera vergüenza. Los otros, esos que siempre marcan la mandíbula con una sonrisa de superioridad y tienen un deje de gallardía impostada en la voz, no pararon nunca de recordarnos lo inmensamente grandes que eran ellos y lo ridículamente pequeños que éramos nosotros. La camiseta era un motivo para dejar bien claro que a nosotros no nos hacían falta victorias comunes ni escudos reales, nuestra camiseta era nuestro motivo para vivir y eso, muchos, no lo entendían.

Pero el Cholo sí nos ha entendido. Él sabe cuantos lunes negros llevamos a nuestras espaldas, cuantas portadas perdidas hemos dejado atrás, cuanta mierda hemos tenido que tragar, cuantos desprecios, cuantos gritos en la cara, cuantas lágrimas de decepción, cuantos sueños rotos, cuantos veranos reseteados, cuantos inviernos desoladores, cuantas eliminaciones innecesarias, cuanta soledad. El Cholo ha tocado la tecla y la camiseta del Atleti vuelve a vestir la ciudad de rojo y blanco. Y aunque hubiésemos perdido, la hubiésemos seguido llevando. Porque somos libres. Y hoy somos campeones. La felicidad cuesta encontrarla, es necesario disfrutarla para saber recordar que existe un equipo grande al otro lado del río. Ese cuya camiseta visten hoy los niños para demostrar a sus compañeros de clase que existen motivos de sobra para seguir siendo del Atleti.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Hoy puede ser un gran día

Atleti. Así se resume el pensamiento en un día de final. El café aún caliente y las magdalenas en la mesa. Un sorbo, no hay hambre, hay sed, esa maldita sed que no se apagará en todo el día y que no desaparecerá con agua. Ni con cerveza, por más que tengamos guardado ese par de tercios fríos en la nevera desde hace días para afrontar la noche con aplomo. En la radio una canción de Serrat; "hoy puede ser un gran día". Quien sabe. En la garganta un grito ahogado, en el coche un atasco oportuno, nadie te impide cantar a pulmón el himno del Atleti, ese del rey de la furia española, ni siquiera el tipo del coche de al lado con un banderín del vecino colgando del espejo retrovisor y que te mira con cara de empate.

Atleti. Facturas, albaranes y costes del personal. Cierres contables, balances, la silla cuyo respaldo está desencajado y hoy te molesta más que nunca. Twitter, Facebook, webs deportivas, blogs. Hoy no hay trabajo, sólo fútbol. No hay jefes, sólo compañeros. Esos que, como tú, pasean nerviosos por la oficina en busca de alguien que te acompañe a la calle para fumar un pitillo "¿Pero si tú no fumas?" Te dicen. "¿Y qué? Cualquier cosa con tal de no estar todo el día aquí sentado". El reloj no corre, los pitillos vuelan, el café de la máquina se agota y cierras los ojos un momento para rememorar aquel gol de Forlán en la prórroga. Qué bonito fue.

Atleti. Existe un horror ante lo inesperado que no queremos afrontar. En el viaje de vuelta un par de tertulianos soeces te hacen cambiar de emisora. En el siguiente semáforo en rojo buscas el cedé de aquel grupo de rock que tantas tardes te animó en tu juventud. Intentas evadirte con una canción, pero no puedes. Los acordes de la guitarra son un pase de Diego al espacio y la voz rasgada del cantante son un remate de Falcao a la escuadra. Hasta puedes imaginar como lo celebrarías. Puede ser que no. "El rival es fuerte", te dices. Pero no quieres prepararte para el fracaso ¿Y si la caída fuera más dura por ello? Da igual. Volverás a sacar la vieja camiseta y volverás a gastar la voz animando al equipo del que te enamoraste. En el recuerdo quedan Arteche, Landáburu, Marina, Rubio, Futre y Manolo. En el horizonte Neptuno y un gol en la garganta. Abro los ojos, el café se ha enfriado y las magdalenas siguen encima de la mesa. Recojo las llaves, me pongo la chaqueta y apago la radio. Justo cuando empezaba a sonar una canción de Serrat. Hoy puede ser un gran día.

lunes, 7 de mayo de 2012

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago es señal de que la vida te ha puesto de frente con una situación trascendental, uno de esos momentos en los que la gloria y el fracaso se reparten las mismas cartas y se adueñan del destino para vestir de incertidumbre los sueños. Es momento para la sonrisa torcida, la mirada distraída, la mente imaginativa y el tiempo eterno que va dibujando goles que aún no existen y errores propios que no son sino la más nítida imagen de nuestros miedos.

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago no sabemos si ir o venir, si correr o parar, si pensar o soñar, si comer o ayunar. El agua fría arde y el agua caliente está demasiado fría, no hay lugar para sentimientos sino para sentimentalismos; rememoramos el viejo álbum de fotos e imaginamos la sonrisa de nuestro padre si el resultado es favorable, no queremos pensar en la lágrima, por más que de estas ya hayamos contemplado demasiadas. Pero no nos resistimos a caer; nos volvemos a levantar, orgullosos y volvemos a sentir que el precipio bajo nuestros pies es una amenaza contra nuestro futuro. Abajo está la mala gestión, pero en la cuerda floja sobreviven nuestros sueños. Ilusos de nuestro tiempo, nos aferramos a una final aún sabiendo que no somos dueño de nuestro destino. Vivimos el Atleti, aún sabiendo que han fabricado un Atleti que no vive para nosotros.

Cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago somos conscientes de la grandeza del escudo, de la fuerza de un sentimiento que sigue latiendo y resistiendo, del poder de la ilusión, de la grandeza de la esperanza. Sabemos que el rival es fiero, pero sabemos que podemos hacer algo grande. Otra vez. Y, como siempre, volveremos. Aunque no levantemos la copa, aunque los gritos de mañana los apague el eco de otra voz, aunque nos desangremos lentamente. Porque cuando los nervios se amontonan en la boca del estómago es cuando sabemos que la grandeza no la mide un resultado sino la fuerza de una pasión.

jueves, 3 de mayo de 2012

Cuando las cosas se hacen mal

Cuando las cosas se hacen mal, los resultados son siempre insatisfactorios. Como en el Atleti, el de la coherencia, es un ejercicio que ha quedado traspapelado con los años, las apropiaciones indebidas y los proyectos indefinidos, la lógica ha termindo por imponer las leyes de la cruda realidad: el equipo no jugará la Champions y, lo que es peor, ni siquiera ha hecho merecimientos para obtener gran premio.

El de ayer no fue sino otro eslabon más en la cadena de despropósitos a la que se ha ido anclando el equipo a lo largo de la liga al tiempo que intentaba amarrar en puerto mientras, por estribor, el barco tendía a dejarse arrastrar por la fuerza de la deriva. En el minuto setenta y cinco el partido era uno de esos tostones con el que de vez en cuando nos premia el Atleti pero en el que el resultado no corría el mayor peligro de ser rebatido por una Real Sociedad que enseñaba los dientes pero no mordía. Fue justo cuando Gabi dejó botar un balón que había pasado a medio palmo de su cabeza y, al perder la posición, se vio obligado a levantar la pierna más de lo debido. Tarjeta roja y a sufrir.

Pero no condenemos a Gabi, por más que su error sea uno de esos que se le corrigen a los niños desde que están en edad infantil. El equipo hizo las cosas mal desde el principio; no mordió arriba, movió el balón con pasividad, los mediocentros se escondieron y la línea de mediapuntas se dedicó a ese deporte tan común en el Atleti y que es el de pasarle el balón al jugador rival más cercano. Ni siquiera hubo chances claros de gol. Y encima Juanfran, ese tipo con cara de estibador a cuya fiabilidad nos habíamos acostumbrado, cometió un error de juvenil. Y ya se sabe, cuando las cosas se hacen mal, los resultados son siempre insatisfactorios. En este limbo de la nada más absoluta llevamos navegando durante demasiados años; en la deriva de nadie, en el abismo de la nada ¿Le dará al Atleti por hacer las cosas bien aunque sea por una puñetera vez?