jueves, 4 de mayo de 2023

El mejor equipo de la liga

Hace tiempo que no lo sentía así, pero por abrumadora sensación, el Atleti es, ahora mismo, el mejor equipo de la liga. Aún con el tropiezo inmerecido en Barcelona y con la rabia de no poder estar a punto de jugar una final de la Copa del Rey que yo creo que hubiésemos disputado de manera más que solvente. Quien nos lo iba a decir después de un inicio tan perturbador y un parón tan largo debido al mundial donde dos de nuestros futbolistas fueron campeones del mundo y pensábamos que tal acontecimiento les había saturado el hambre para el resto de sus carreras.

Pero es que ahora mismo, sin esperarlo, Molina es el mejor lateral de la liga y De Paul, sí, De Paul, uno de los mejores centrocampistas del momento. Eso sumado al extraordinario momento de un Koke del que dudó todo el mundo y la sensación de que Griezmann es el puto amo, ha convertido al Atleti en una orquesta sinfónica donde cada uno interpreta su partitura a la perfección y mientras dan una nota tras otra, disfrutan como niños en un patio de colegio.

Esta nueva obra maestra de Simeone se ha colocado segundo en la liga y nos deja la amarga sensación de que si hubieran disputado, como Dios manda, los cuatro primeros meses de la liga, quizá otro gallo estuviera cantando y el Barça no estaría ahora mismo a falta de un sólo partido para ser campeón. Porque este Atleti de velocidad de crucero y paredes en la frontal, da la sensación de poder ganarlo todo de aquí a final de liga y de haber regalado un campeonato que debería haber luchado hasta el final y, sin embargo, va a terminar como un tiro dejándonos una doble sensación de satisfacción por el juego final por un lado y de amargor por no haber llegado a este tramo con la seria posibilidad de haberle dado algún disgusto a los dos grandes de nuestro campeonato.

lunes, 17 de abril de 2023

Los caballeros de la angustia

En los años cuarenta, mientras el mundo se lamía las heridas de una guerra que no alcanzó a Sudamérica, la Argentina vivía sus años de esplendor recibiendo inmigrantes y exportando materias primas. Además, se había convertido, junto a Brasil, en el mayor vivero del mundo de futbolistas extraordinarios y, entre ellos, fue River Plate quien conjuntó a cinco tipos mágicos que, recitados de memoria y en orden de derecha a izquierda, se convirtieron en símbolo y seña de un país que buscaba la felicidad y la encontraba en el césped cada domingo.

Lá Maquina de River, formada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau, fue bautizada así por un fútbol tan natural que parecía hasta mecánico. Cuando la pelota llegaba hasta su zona de influencia, brotaban las jugadas, las genialidades y, casi siempre, los asombros. Pero no siempre brotaban los goles, y por esa manera tan suya de ganar ajustado, gustándose más que definiéndose, pasaron a ser llamados, también, Los Caballeros de la Angustia, ya que era muy frecuente que partidos en los que habían dado un recital, terminasen con la tensión del resultado ajustado y el peligro del empate o la derrota surcando siempre los cielos ante la taquicardia del espectador.

El Atleti lleva varios partidos jugando con solvencia; dominando a su rival, ganando duelos, llegando al área y produciendo, al menos, una media docena de buenas ocasiones, pero todas terminan en el limbo y pese a que siempre marca al menos un gol, termina los partidos encogido, acordándose de las ocasiones falladas y acumulando gente detrás esperando a que el rival no acierte y el árbitro señale el final del partido. Todo eso jugando con nuestra salud y demostrando que la angustia viaja con el tiempo y que si le pudo a aquel maravilloso River por qué no iba a poder con el equipo con mayor literatura sufridora en la historia del fútbol.

jueves, 16 de marzo de 2023

Unocerismo

El unocerismo es tan contundente como incontestable; el unocerismo es portería vacía, son tres puntos, es bloque, es defensa, es aprovechamiento, es fútbol solidario, es una forma de vida que va con la desvergüenza y el valor torero, es arriesgar el botín y llevarse el tesoro a casa, es un grito de agonía compensado con una sonrisa duradera, es sufrimiento, sí, pero es sobre todo orgullo de pertenencia.

Porque este Atleti de unocerismo es un Atleti grande, un equipo de verdad en el que el entrenador hace su trabajo mientras los que mandan le ponen palos en la rueda de su bicicleta. Y aúna sí, escalando un Tourmalet temporada tras temporada, siempre está entre los mejores porque el mensaje estuvo claro desde el principio; fe, esfuerzo y categoría. Y ahí está el Atleti, con sus cien unos a cero desde que le entrena Simeone que significan fe, esfuerzo, categoría y señas de identidad.

Esas señas que tanto tiempo estuvieron puestas en entredicho y que ahora son credo a seguir después de que el líder de la liga haya conseguido este resultado en casi una decena de ocasiones. Y es, que más allá de los estilos, lo que nos gusta, a todos, es ganar. Por eso, es mejor permanecer callado a tiempo antes de que el futuro te de una patada en la boca. Ayer decía un tuitero que estos cien unos a cero significan trescientos puntos, cien goles a favor y cero goles en contra. Con semejantes datos encima de la mesa ¿Quién se atreve a criticarlo?

jueves, 23 de febrero de 2023

Callaron

Cuando nos robaron el club y lo utilizaron como trampolín para la política, cuando nos mandaron a segunda por interés económico jugando con nuestros sentimientos, cuando el discurso victimista les hizo parecer inocentes, cuando arrasaron con la idiosincrasia y nos hicieron creer que aquello del pupas no era una leyenda sino una verdad a la que aferrarse, cuando no quedaba nada porque ellos ya se lo habían llevado todo, callaron.

Cuando nos dejaron sin estadio y nos mandaron a una sala de conciertos en mitad de un descampado donde sólo se escucha el eco de los aviones y donde se perdió el espíritu de un equipo que siempre trataba de navegar contracorriente, cuando las rayas nacieron machadas o torcidas, cuando el Calderón fue arrasado por máquinas para dejar de ser un templo y convertirse en un meme, cuando perdimos nuestra casa y ellos ganaron un pelotazo, callaron.

Y ahora que el club les quiere cerrar la boca siguen callando en el estadio mientras montan la tremolina en las afueras. Se quejan de que silban sus protestas cuando realmente les silban a ellos. Ahora que Gil Marín les ha colado una Comisión Social de pegote, patalean porque quieren su cuota y quieren, sobre todo, su poder. Yo también quiero que vuelva nuestro escudo, yo también quiero que se quede Simeone y, sobre todo, yo también quiero que se vayan Gil y Cerezo, pero también quería quedarme en el Calderón y, sobre todo, también quería que el Atleti siguiese siendo de sus socios. Pero cuando cometieron el delito, ellos callaron.

viernes, 10 de febrero de 2023

Falta fútbol

Dicen que al Atleti le hace falta competir mejor y yo digo que, aparte de que sea cierto, lo que realmente le falta es fútbol, porque siendo un candidato a las cotas altas, resulta muy difícil entender como jugando ante el penúltimo y teniendo el balón durante más del setenta por ciento, jugado en campo contrario gran parte del partido y filtrando pases entre cuartos sin cesar, no seamos capaz de ganar por más que se haya intentado.

Es difícil de entender pero fácil de explicar en cuanto al contexto sencillo y es que cuando el Atleti tuvo buenos jugadores ganó y ahora que no los tiene tan buenos no es capaz de hacerlo ¿Competir? Si aún con las sobras de otros equipos somos capaces de seguir manteniéndonos en el cuarto lugar, no creo que sea un problema exclusivo de competitividad, y es que tú le puedes pedir a un jugador que corra durante todo el partido, pero si a la hora de elegir no es capaz de dar un pase a un compañero situado a metro y medio de él, entonces el problema es mucho mayor que el competitivo.

La liga de 2021, último gran título que conseguimos, se explica desde un lateral derecho que ejercía de mediocentro en la banda, de un exterior diestro en un estado de forma sublime y de un delantero centro que conocía el oficio como ninguno. Luego estuvo Koke, en uno de sus mejores años, y la línea de seguridad formada por Oblak, Savic y Giménez en su último gran pico de forma. Hoy Trippier da clases en Inglaterra, Morata no es Suárez por más que lo intente, Koke ha bajado el pistón, Oblak es una sombra y la pareja de centrales están más tiempo en la enfermería que en el césped. Si sumamos a ello un Carrasco en plan sinvergüenza y un Correo en proceso de desmotivación, nos sale un equipo cada vez peor que se va reforzando con parches belgas y merengones en lugar de con jugadores competentes que te ayuden a no bajar del escalón más alto. Y cuando falla el fútbol, siempre, siempre, fallan los resultados.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Involución

Hace doce años éramos guasa y comparsa, éramos tímidos y timoratos, éramos malos en el juego y unas madres en la competición, no alcanzábamos objetivos y los grandes nos ganaban con la facilidad de quien se abrocha unas zapatillas de velcro. Europa era quimera y la Champions un sueño húmedo del que despertábamos tras derrotas inconcebibles. Vendíamos a nuestros mejores jugadores y llenábamos el vestuario de medianías que no sabían ni la historia del equipo ni el valor del escudo. Éramos casi, casi, el peor Atleti de la historia.

Cuando llegó Simeone empezamos a ser temidos e insultados, comenzamos a ser valientes y osados, éramos competitivos como pocos y canallas como ninguno, los objetivos empezaron a quedarse pequeños y los grandes no nos querían ni ver porque éramos su peor grano en el culo. Europa se convirtió en nuestra lugar de ocio y aunque seguíamos vendiendo a nuestros mejores jugadores, manteníamos unos mimbres que nos hacían seguir lanzados hacia adelante. Éramos, casi, casi, el mejor Atleti de la historia.

Pero cuando una sociedad está en manos de traficantes de sueños y de delincuentes prescritos, lo más seguro es que los sueños terminen convirtiéndose en añoranzas imposibles. Volvemos a ser comparsa, volvemos a ver pasar la pelota delante sin saber cómo robarla, los grandes nos vuelven a ganar y nos hemos ido de la Champions sin habernos enterado de haberla jugado. El vestuario está lleno de medianías y la afición, huérfana de estadio y escudo, se ha enfrascado en una guerra civil sin una solución visible. Esto es lo que se llama una verdadera involución.

lunes, 23 de enero de 2023

El peor partido en el peor momento

Lo he dicho mil veces y lo repito; odio jugar contra el Real Madrid. Las semanas de derbi, para mí, son un tormento en el que florecen las sonrisas socarronas y las palmaditas condolescientes en la espalda que durante años me han recibido cada lunes y tras las que sólo me quedaban dos opciones; o no hacerles ni puto caso o mandarles a la puta mierda. Y mientras mascullo qué es lo que haré el viernes, hago parte de asistencia conmigo mismo y preveo que no les vamos a ganar porque ellos no están tan mal como dicen y nosotros no estamos tan bien como nos venden.

Además, jugamos en su puta casa y allí vamos a jugar, como siempre, contra trece. Y no soy yo de esos a los que les gusta llorar ni poner vendas innecesarias, pero me juego un meñique a que el árbitro del partido sale de la terna de los Munueras, González Fuertes, Gil Manzano o Cuadra Fernández. Porque siempre son los mismos los encargados de darnos el estoque y siempre son los mismos los que miran para otro lado cuando deben mirar al frente en esas jugaditas que parecen tontas pero que poco a poco te van minando la moral.

Y sin Llorente, que no es que sea de los mejores jugadores del mundo, pero sabe lo que tiene que hacer y había empezado el año como una moto, y con Koke en proceso de autodestrucción física y con menos gol que el Cádiz y dos centrales que distan mucho de ser la pareja ideal que nos prometieron. Y, aún, así, vamos a competir, lo sé, pero no les vamos a poder ganar por una cuestión de lógica deportiva y es que si durante años estuvimos a su altura gracias a nuestra capacidad y talento, ahora estamos igual que hace doce años, antes de que llegara el Cholo y es que ellos son mucho mejor que nosotros. Es así. Tanto trabajo para terminar involucionando. Esto es el Atleti de los Gil.

lunes, 16 de enero de 2023

Todas las culpas al mismo

Lucas es indiscutible en el Bayern Munich, Rodri es capital en el Manchester City y Thomas es el jugador fundamental del Arsenal, cuyo único partido perdido coincide con el único partido en el que Arteta no pudo contar con él. Estos tres jugadores, hoy en día, nos los imaginamos de rojiblanco y se nos caen las lágrimas. Y el caso es que los tuvimos. Uno fue vendido por ochenta, otro por setenta y el último por cincuenta. En sustitución de ellos, el club fichó a Mario Hermoso, Héctor Herrera y Geoffrey Kondogbia. Y aún así, con estos y sin aquellos, Diego Pablo ganó una liga.

Una liga en la que fueron capitales Trippier y Luis Suárez. Al primero lo regalaron al que hoy va tercer clasificado en la Premier, donde es pieza fundamental y el segundo se vino abajo por la edad y las lesiones, pero decidieron que sus piezas sustitutivas fuesen Nahuel Molina y Álvaro Morata. Ante la marcha de Joao y Cunha en invierno, no se ha fichado nada, ha aparecido Barrios como un soplo de aire fresco y no nos podemos agarrar a nada más porque no tenemos nada más.

Los centrales titulares son dos golfos que se pasan la temporada en la grada y los suplentes son de un nivel tan bajo que llega un Almería cualquiera y de un balón cruzado te saca un gol. El medio campo es un parcheado sin tensión ni comunión con jugadores poco inteligentes que no saben ni cuando están en fuera de juego y los delanteros tienen el gol apuntado en el último lugar de la lista de tareas pendientes. El equipo es cada vez peor y, por ende, juega cada vez peor. Y, aviso de spoiler: va a jugar todavía cada vez peor. Pero nosotros vamos a pelearnos y, sobre todo, vamos a echarle todos todas las culpas al mismo. Justo al que menos culpa tiene.

lunes, 9 de enero de 2023

Veinte minutos mirando

Llevo horas escuchando un análisis demasiado sesudo pero no muy cierto porque es verdad que el Atleti mereció más pero no es menos verdad que encontró lo que salió a buscar porque si no nos meten gol no somos capaces de ofrecer un planteamiento mínimamente ofensivo, si no nos vemos por detrás no entran las urgencias, porque dio la impresión de que el empate era un mal menor desde el principio y que la ambición, al menos la inicial, se había quedado descansando dentro del vestuario.

Y es que el Atleti se pasó veinte minutos mirando como el Barcelona se pasaba la pelota, veinte minutos en los que nos vino a decir, aquí estamos, si pillamos una la intentamos aprovechar y mientras tanto damos la impresión de que ganar nos importa más bien poco, porque en esos veinte minutos el Atleti apenas fue capaz de encadenar tres pases mientras Pedri se hacía dueño de la situación y nuestro centro del campo miraba esperando que fuesen los defensores quienes actuasen como apagafuegos.

Y claro, a los veinte minutos llegó el gol, y luego todo fueron prisas. Y llegaron setenta minutos restantes en los que el Atleti apretó, insistió, llegó y no fue capaz de marcar, pero dejó la impresión de que si nos marcan en el treinta, en el cuarenta o incluso en el ochenta, el equipo hubiese estado mirando todo ese tiempo como el Barça se pasaba el balón sin ser capaces de hacernos saber lo que ahora creemos y es que si se hubiese ido a por el partido desde el principio se podría haber ganado.

lunes, 5 de diciembre de 2022

Un fracaso de todos

El fracaso, normalmente, suele escribirse con letras mayúsculas porque denota estrépito y desilusión, porque es como una bomba que estalla cuando no lo esperamos y porque deja en paños menores a todo aquel implicado que en el concurso con el escarnio y la vergüenza que supone tener que reconocer los deméritos y dar la cara ante quien pide cuentas pagadas de antemano. El devenir de Joao Félix en el Atleti ha sido todo un fracaso y todas las partes han tenido su granito de culpa ya que no es normal que un tipo que atesora toda la calidad técnica del mundo haya sido incapaz de hacerse con el mando en plaza de un equipo que lleva años luchando entre la nobleza del fútbol europeo.

El primer fracaso es, principalmente, del jugador, a quien nunca se le ha visto con el suficiente carisma y, sobre todo, con la suficiente actitud como para querer comerse el escudo, el estadio y a los equipos rivales. El pretexto de que el sistema del entrenador no está hecho para él es tan manido que, de recurrente, se ha convertido en excusa de mal pagador. Futbolistas de fútbol de salón tuvo el Atleti varios y todos crecieron en torno a Simeone: Diego, Arda, Griezmann, Saúl o Correa. El principal problema reside cuando quieres que la pelota te llegue siempre a los pies y eres incapaz de bajar al barro para salpicarte en cada lance comprometido.

No se puede exculpar tampoco al entrenador, artífice directo de las aspavientos e incomodidades del jugador. A medida que han ido pasando las temporadas, Simeone ha ido aceptando retos con la convicción de que cada riesgo tomado terminaría siendo una apuesta ganadora. De esta manera convirtió a Koke en magnífico interior, a Raúl García en un punta inapelable, a Griezmann en balón de bronce o a Llorente en un todoterreno difícil de aplacar. Muy pocos futbolistas se han marchado rindiendo menos que cuando llegaron y muy pocos han vuelto a alcanzar, fuera del Atleti, el cénit que consiguieron bajo las órdenes de Simeone. Si con Joao no ha conseguido más allá de un par de partidos excitantes y varios momentos puntuales, es porque no ha sabido transmitirle su verbo y, sobre todo, ha conseguido hartarle con su palabra.

Y luego está el club, quien va a devaluar a su mejor activo con una venta improvisada en un mercado de urgencias. Esta venta, en verano, con todos los grandes al acecho de cara a reforzar sus plantillas y planificar sus temporadas, sería una tajada importante, pero en enero no será más que un dame lo que puedas y yo me quito el problema. El mensaje, a todos los jóvenes que puedan estar en el radar del club es que, con la venta de Joao y Cunha, sus dos más firmes promesas, el Atleti no está dispuesto a esperar a nadie y no es un lugar para progresar. Por ello, el equipo no sólo será más viejo y más pesado sino que tendrá menos talento y menos recursos para ganar. Vienen días tristes y este fracaso los representará dentro de poco tiempo.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Escombros

El mundial ha dejado en evidencia a los jugadores del Atlético de Madrid, más cercanos a ser un escombro físico que a ser auténticos valladares de importancia en sus selecciones. Al principio de la concentración se habló mucho de lo mal que Luis Enrique había visto a Morata en el aspecto físico; un tipo que juega con la ventaja de su cuerpo y su velocidad se estaba viendo superado en los entrenamientos. Pues bien, esto es así durante el último año, o incluso durante los últimos dos.

Al menos, más allá del juego, Morata está respondiendo con goles, pero los minutos de Koke, al que quiero tanto, han dado pena y Llorente, igual que Correa en Argentina, ni siquiera van a contar para su seleccionador. Punto y aparte son Witsel y Carrasco, dos verdaderas rémoras y, volviendo a Argentina, De Paul y Molina son una serie de catastróficas desdichas. Salvo Griezmann, el mejor del Atleti en lo que va de año y algún destello de Joao Félix, tampoco vayamos a exagerar, el resto han dado más pena que otra cosa.

Y el responsable de todo, mientras tanto, junto a Giménez rumiando la eliminación de una Uruguay que no ha sabido encontrarse hasta el último partido. Después de su gran trabajo regresará para que nuestros futbolistas sigan arrastrándose y jugando, en cada partido, con la lengua fuera y corriendo detrás de unos rivales que siempre van a una velocidad o dos más que ellos. Y es que lo que eran futbolistas fiables, ahora son solo un puñado de escombros.

lunes, 21 de noviembre de 2022

El mejor gestor

El mejor gestor del mundo según la empresa financiada por su amigo Mendes tiene una capacidad inversamente proporcional entre gestionar con eficiencia un club de fútbol y escalar posiciones en la lista Forbes de los más ricos del país, porque cuánto más dinero gana a lomos de Gilmar, más pequeñito se hace el Atleti y con menos capacidad para competir año tras año tras haberse establecido en la élite y ser, supuestamente, un club que debería ser un gran generador de ingresos.

Ni contratos televisivos, ni patrocinios, ni diez años seguidos en Champions, ni merchandising. El Atleti es un club que sobrevive a base de deudas y costalazos. En 2022, según datos de Rubén Uría para Goal, la deuda con terceros aumentó en setenta millones, ascendiendo hasta los quinientos noventa y dos. Una salvajada. Pero ahí no queda la cosa. A día de hoy, el club adeuda un montante de noventa y dos millones de euros en fichas a los jugadores de la plantilla. Luego nos extrañaremos de que se toquen los huevos.

Porque no podemos dar por hecho que los futbolistas son ecos de sentimiento. Casi ninguno, salvo Koke y Saúl, ha mamado el Atleti desde niño y los pocos que quizá sientan la camiseta también saben que tienen un deber con la vida y un propósito de enmienda con el lujo que les invita a seguir viviendo sea de rojiblanco o sea de otro color. Ellos son mercenarios, mal que nos pese e igual que les adoramos cuando lo hacen bien, no está mal comprenderlos cuando lo hacen mal y el motivo es económico. Yo los odio un poco, no lo voy a negar, pero cuando hay un problema es bueno ir siempre a la raiz para extirpar las malas hierbas y allí, asentados desde hace cuarenta años, hay un hombre con la cara torcida y otro con un pelo peluca. Ellos son el mal. Que nadie nos engañe.

martes, 8 de noviembre de 2022

Guerra civil

Resulta que ahora a todos les gusta ganar. Hombre, pues claro. Pero todos ellos, o muchos, al menos, han olvidado gracias a quien hemos ganado más que antes durante esta última década y, sobre todo, olvidan que cuantos mejores jugadores se han tenido, más se ha ganado y que los milagros, aparte de los muchos que ya hizo, alguno no muy lejano, están en la biblia y que el césped, ese maldito juez que dictamina quien realmente está capacitado para triunfar, está dictando una dura sentencia contra nosotros.

Todo esto en una época en la que el vecino gana mucho y, claro, eso jode todavía más porque hay que aguantarles en la calle, en la oficina, en el portal, en el bar o en las emisoras de radio. Y eso cuesta mucho. Y les gustaría ser como ellos, claro, pero no tienen en cuenta que si el Atleti hubiese tenido a Modric o a Benzema durante un tiempo, no hubiesen aguantado más de dos temporadas en el equipo porque los hubiesen vendido como ya hicieron con Torres, con Agüero, con Falcao, con Filipe, con Diego Costa, con Arda, con Rodri, con Griezmann o con Thomas.

Porque en el Atleti, la estabilidad, sólo cuenta si está en la cuenta corriente de los que mandan. Ambos han subido posiciones en la lista Forbes mientras el club se desangra sin un sólo jugador con la mínima personalidad para tirar del equipo hacia arriba. El equipo cada vez en peor y al final, el pato lo paga el entrenador, ese mismo que, sin sus mejores futbolistas, año tras año, ha conseguido meter al equipo entre los tres primeros. "Necesitamos una estabilidad de diez años jugando Champions" ¿Recuerdan? Pues otra gran mentira. Y mientras tanto, nosotros en guerra civil interna porque el entrenador no pone al delantero portugués.

martes, 25 de octubre de 2022

Montaña rusa

La montaña rusa en la que nos ha montado el Atleti durante esta temporada nos tiene aturdidos, con miedo en instantes previos, con euforia en algunos descensos y con furia desmedida al final de algunos giros, porque el Atleti se ha empeñado en hacer de un tobogán su temporada, de un doble loop sus partidos y de un final inesperado sus pronósticos.

Porque igual se puede ganar en Valencia y Sevilla que no ser capaz de hacerle un gol al Brujas en dos partidos, porque se puede ser un titán en Bilbao y, a los tres días, ser un gatito inofensivo contra un Rayo capaz de ponerte contra la cuerdas y ser merecedor de llevarse el partido, porque hemos jugado en liga en campos infernales y no hemos perdido ninguno mientras no hemos sido capaz de ganar en los campos del decimocuarto de la Bundesliga y el tercero de la liga belga.

Por eso estamos expectantes, y muertos de miedo también, ante el crucial choque del miércoles ante el Bayer Leverkusen. Porque después de ganar en el Villamarín mostrando solidez y contundencia durante tres cuartos del partido, lo lógico sería pensar que vamos a ganar a los alemanes y poner la vista en el definitivo duelo de Oporto, pero, amigo, lo mismo sale el Atleti apático de tantas tardes, se cae por el pozo de la desidia y la frustración y caemos en picado a la eliminación de la Champions. Porque en esta montaña rusa, todo es posible.

lunes, 17 de octubre de 2022

Cuando el Atleti se parece al Atleti

Cuando el Atleti se parece al Atleti, los rivales ponen cara de mascar chapa, se encuentran con un muro constante, han de dar el doble de lo que necesitan, corren sin conocimiento y muchas veces ven sus frustraciones estrelladas contra un muro. Las ocasiones son cuentagotas, el balón encuentra un pulpo de ocho piernas y un coloso de diez brazos, las carreras son resuellos y los duelos son combates. Los finales son agonías y los principios son desganas.

Cuando el Atleti se parece al Atleti, nuestros jugadores son titanes, ídolos de acero, dioses en pantalón corto a los que sabemos adorar. Los robos son un ejercicio de fe y las llegadas un programa de finalización exacta. Las combinaciones se hacen con la cabeza levantada y los hombros firmes, los controles se orientan hacia adelante y cuando se pierde un balón, el equipo va en bloque a defender a su compañero.

Cuando el Atleti se parece al Atleti, nosotros somos las personas más orgullosas del mundo, se nos escapan los piropos, los gritos se convierten en canciones de alegría, el bufandeo, siempre sincero, se convierte en coreografía, los pulmones se hinchan, las manos se calientan, la garganta se enciende, los ojos se humedecen y dormimos a pierna suelta porque sabemos que somos hinchas del mejor equipo del mundo.

Ojalá el Atleti se pareciese más veces al Atleti.

lunes, 10 de octubre de 2022

Jugamos muy mal

Jugamos muy mal. Porque el equipo no termina de encontrar el esquema de juego, porque Witsel aún no se ha acoplado al mediocentro, porque los laterales son carrileros y no ayudan en la iniciación, porque Koke se encuentra solo en tres cuartos y porque, como cada año, falta calidad al tiempo que sobran excusas.

Jugamos muy mal. Porque la jerarquía, a un equipo, se la dan tres posiciones; el cuatro, el cinco y el nuevo y nosotros ahí tenemos a un cojo (que me perdone Giménez), a un viejo (que me perdone Witsel) y a un inútil (que me perdone Morata), y sin mimbres es difícil hacer un cesto y sin cesto es muy difícil recoger una cosecha medianamente provechosa.

Jugamos muy mal. Porque no sabemos presionar la salida de balón del equipo contrario y sus mediapuntas encuentran siempre un océano entre líneas, porque cuando recuperamos, si lo hacemos, existe todo un mundo por recorrer entre el delantero que conduce y los apoyos que siempre llegan desde atrás. De esta manera cualquier contragolpe se difumina, cualquier pelota termina atrás y cualquier falta de ideas termina en un pelotazo arriba. Y de nuevo, vuelta a empezar y vuelta a sufrir, porque jugamos rematadamente mal.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Dos semanas sin Atleti

Tradicionalmente, los parones de selecciones me han dado mucha rabia, porque generalmente, en este país, no nos interesa el equipo nacional si no juega una fase final y porque, generalmente, siendo este un país de clubes, estamos deseosos de una nueva jornada de liga antes que un partido contra Suiza en un torneo random ideado por la UEFA.

Y como ello nos impide disfrutar de nuestro equipo, frucimos el ceño cada vez que hay un parón de estos y rezamos al cielo para que ninguno de nuestros futbolistas vuelva lesionado, algo que, estando el Atleti por medio es prácticamente imposible. Sin embargo, este último parón lo he disfrutado con la calma de quien sabe que no se va a llevar ningún berrinche, con la tranquilidad de quien sabe que, durante una semana, no estará rumiando una puta derrota en un partido que volvió a salir rana.

Y es que esto es el Atleti de hoy; un equipo que no apetece ver, que nos tortura y que, cuando no juega, en lugar de provocarnos abstinencia, nos provoca tranquilidad. Dos semanas sin Atleti, qué alivio y qué bien hemos dormido. Tan sólo quedan cinco días para volver a sufrir.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Miedo

Por primera vez en mucho tiempo siento auténtico pavor ante un partido de fútbol, y es porque, por primera vez en mucho tiempo el equipo vuelve a recordarme al de los años de plomo: inseguro, frágil y con una falta de carácter tan grande que le impide dominar el juego y fortalecerse en defensa. Al primer golpe, como ya se vio en Leverkusen, el equipo se marcha al suelo y es incapaz de levantarse.

Y si te pasa eso contra un peso medio vulgar, imagina si tienes que enfrentarte al campeón del mundo de los pesos pesados y no tú no pasas de peso mosca con complejos. Hubo un tiempo, hace mucho, en el que los derbis se perdían antes de jugar porque éramos un equipo acomplejado y falto de talento. Y hubo un tiempo, no hace tanto, en el que los derbis eran un dolor de muelas para el Madrid porque íbamos con pierna fuerte, cabeza alta y pecho erguido. Y ahora mismo, estamos más cerca de aquello que de esto.

La derrota ante el penúltimo clasificado de la Bundesliga no hizo sino ponernos de cara contra la realidad y es que este equipo no tiene los recursos suficientes para imponerse en ninguno de los partidos. Puede ganar por talento ofensivo algún partido como hizo ante el Celta, pero no tiene jugadores de jerarquía en el medio y, sobre todo, no tiene una buena pareja de centrales porque los dos titulares están más tiempo en la enfermería que en el campo y los dos suplentes son un esperpento digno de espectáculo circense.

Y el lunes a volver a aguantarlos en la oficina, la obra, el bar, el tren, la fábrica y la universidad.

Como para no tener miedo. 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Un mal equipo de fútbol

Hay victorias que sanan, sobre todo porque otorgan moral y cierta dosis de optimismo, pero también, al mismo tiempo, son tramposas porque esconden, tras el resultado, el devenir de unos minutos caóticos y el desempeño de un equipo falto de fuerzas y carente de ideas. Si algo deberíamos aprender del partido ante el Oporto es que se puede ganar siendo inferior pero que siendo inferior lo normal no es ganar.

Porque el equipo no logró superar al rival en ninguno de los aspectos del juego. Salvo unos primeros minutos en los que el Oporto anduvo situándose en el campo, el resto del partido fue un dolor de muelas porque ni supimos manejar los repliegues, ni supimos saltar su presión con balón, ni fuimos capaces de imponernos en el medio a pesar de jugar con tres centrocampistas físicos y dos laterales metidos en la línea media.

Pero lo realmente preocupante es que no es un problema puntual sino una constante en lo que hemos visto, ya no sólo esta temporada, sino en buena parte de la temporada anterior. Sin un Trippier que potenciase a Llorente, el equipo perdió su capacidad para sorprender y parece que, con ello, perdió su capacidad para jugar. Y es que ahora mismo ni somos capaces de hacer circular el balón, ni somos capaces de robar una pelota al equipo rival, ni somos capaces de dar, que menos, un buen pase a más de tres metros. Porque en lo que se ha convertido el Atleti, ahora mismo, es en un mal equipo de fútbol.

lunes, 5 de septiembre de 2022

Sin análisis

No se puede hacer un análisis futbolístico del partido en cuanto el mismo estuvo marcado, desde el minuto uno, por la nefasta actuación arbitral por parte de Soto Grado. Un concierto que pitidos y no pitidos que terminó por desquiciar a los nuestros y lograr que la Real no sólo se impusiese por fútbol sino también por permisividad.

Porque la Real Sociedad hizo su partido; pierna fuerte, cortar cualquier conato de contra del Atleti e intentar acogotarnos con juego entre líneas y pases directos a sus extremos. No le salió mal en plan, en gran parte, porque el árbitro dejó de pitar faltas clamorosas al tiempo que repartía las tarjetas en un sólo lado y dejaba ver que, en cualquier momento, nos iba a liar una grande.

Resulta que este año, además, es mucho más barato equivocarse porque las retransmisiones televisivas se han convertido en cómplices del árbitro ¿Que le hacen un penalti a Giménez y otro a Morata? Pasamos a publicidad ¿Que la Real marca con la mano? Esperen sentados ¿Que el árbitro omite la ley de la ventaja en una ocasión clara de gol? Conectamos con nuestros estudios. Y así con todo; faltas flagrantes a Morata, golpes en el tobillo de Joao y agarrones en el área por doquier ¿Ustedes lo han visto? Pues nosotros tampoco. Que pase el siguiente.