viernes, 6 de febrero de 2015

La venda

El respeto que hemos ganado en el campo ha cambiado muchas tornas y muchas formas de afrontar las batallas decisivas. No hace mucho, cualquier atlético de perfil bajo y alto corazón podía haber llegado a la oficina, al bar o a la escuela un lunes y a los cinco minutos tener ganas de salir corriendo. La chanza, la burla, el chiste fácil y el ataque frontal eran permanentes. Lo cierto es que el equipo lo ponía fácil. Años en el desierto de la nada y catorce años, casi una eternidad moral, sin ganarle un partido al otro equipo de la ciudad.

Las rachas son tiempo, el tiempo es paciencia, la paciencia es trabajo y el trabajo son frutos. Hemos trabajado bien, hemos recuperado el orgullo, podemos volver a mirarles a los ojos. Y ahora, como dice el político más mediático del momento, el miedo y la sonrisa han cambiado de bando. No es que hayan perdido la prepotencia y el aire de superioridad, porque lo que es innato no se pierde, pero ahora miran de reojo, cuentan antes de hablar y ponen vendas antes de tener la herida.

Hablan de bajas y se lamentan. Hablan de comités de competición y se lamentan. Hablan de árbitros y se lamentan. Hablan de estilos de juego y se lamentan. Son el equipo más poderoso del planeta y se lamentan antes, incluso, de jugar un partido. Ellos, que podrían comprar hasta el aire si lo necesitaran, se ponen la venda antes de saber, incluso si van a tener una herida. Ellos, que podrían ganar a cualquier equipo del mundo por el poder que le otorga el poder sin redundancia, se lamentan por un resultado que aún no se ha producido, aún sabiendo que el desenlace les puede ser favorable. Parece que sí, que ha cambiado el cuento.

jueves, 5 de febrero de 2015

No consuman

Se acerca un derbi. Semana tensa, semana intensa. Los palmeros del régimen preestablecido se encargarán de calentar la previa. El equipo de los señoritos contra el equipo de los violentos. Los guerreros del Cholo, el tipo pendenciero que despacha árbitros con cortes de manga y que, pese a hablar solamente de fútbol en sus comparecencias técnicas, le han crucificado porque ha conseguido con el Atleti lo que otros no habían asomado ni a soñar; plantarle cara al duopolio.

Si algo no deben hacer los jugadores, si algo no debe hacer el Cholo, si algo no debe hacer el club, es dar carnaza a los medios empeñados en desdibujar los méritos del equipo. Tras el partido disputado el pasado miércoles ante el Barcelona, los programas basura de medio pelo, aquellos que dejan a un lado el deporte para analizar los sucesos banales, se lanzaron contra los jugadores y el entrenador por ciertos comportamientos intolerables. Y fue cierto que, tristemente, algunos de nuestros futbolistas no estuvieron a la altura. Y eso, tristemente, les sirve de coartada a los suministradores de veneno para rociar con Napalm el expediente de un equipo que ha llorado lágrimas de sangre hasta conseguir alcanzar la cima.

Mientras el equipo prepara el partido, mientras rumian la campaña, mientras se concentran en no repetir los errores de comportamiento que les mostraron ante el mundo como un grupo de pandilleros, nosotros debemos soñar, esperar y confiar. Pase lo que pase sabremos estar orgullosos del equipo porque competitivamente es muy difícil que no esté a la altura. Mientras tanto, mientras los palmeros del régimen y demás estómagos agradecidos intentan sacar tajada de la manipulación, hagan caso al consejo del Cholo: "No consuman".

jueves, 29 de enero de 2015

Sin temor a la muerte

En el magnífico reportaje "Asado reservado" emitido por Canal plus, el Cholo Simeone deja una frase para la posteridad que es, en sí misma, una declaración de intenciones de cara a las ambiciones del equipo. "Mis chicos, a doble partido, no le temen a la muerte". Es una forma de contarle al mundo cómo el equipo se atrinchera, se hace solidario y mortifica los errores del rival y cómo ello le ha convertido en el hueso más duro de roer.

Hace un par de domingos, conducidos por la resaca del partido liguero en el Camp Nou, y mientras Messi repartía goles por doquier en Riazor, una tertulia radiofónica se atrevía a dar por sentenciada la eliminatoria de la copa del Rey sin apenas haberse disputado un partido. Más allá de que así haya sido finalmente, simplemente la resurrección de Messi y, con ella, la del Barça, eran suficiente argumento para enterrar, de antemano, a un equipo que ha demostrado durante los últimos años que, para perder, es necesario arrebatarle el orgullo.

Los chicos, a doble partido, no le temen a la muerte. El resultado de la ida fue malo, en eso no nos engañábamos. Confundirse con remontadas antes de jugar es propio de soberbia ajena. Lo nuestro es partido a partido, batalla a batalla, ilusión a ilusión. Sin temor a la muerte, el equipo salió con todo y aún a expensas de poder caer eliminado, siguió luchando, aun en la adversidad, con el objetivo de no dejar nunca que le arrebatasen el orgullo. El premio, menor, pero no poca cosa, fue una atronadora ovación del Manzanares. La vida y la muerte van más allá del fútbol, ya lo explicó Bill Shankly. Las tertulias, los análisis y las conclusiones a posteriori, dirán lo de siempre; poco fútbol y mucha violencia. Nunca sabrán apreciar qué es no temerle a la muerte. Muchos de ellos, relamiendo el resultado final de la eliminatoria, querrían volver a ver a aquel equipo de Aguirre o Ferrando que deambulaba en mitad de la tabla incapaz de de combinar tres pases en el centro del campo. Que celebren nuestra eliminación. Su risa es nuestra victoria.

viernes, 16 de enero de 2015

El problema de Miranda

Durante las últimas temporadas el Atleti ha contado con una bendición en forma de pareja de centrales. El problema más grave que acecha a la mayoría de grandes clubes del continente, el Atleti lo solventaba gracias a dos tipos que se complementaban a la perfección. Un uruguayo audaz, incipiente y generoso en el esfuerzo y un brasileño listo, canchero y limpio en el cruce. Godín representa la garra del Río de la Plata, la fe convertida en futbolista en un potrero de Rosario. Miranda, al contrario, es otra cosa. Poderío aéreo, velocidad sorprendete y salida aseada del balón. Escuela brasileña desde el centro de la defensa.

Hasta la temporada pasada, Miranda me había parecido el mejor central del equipo en los últimos treinta años. No es que no me lo siga pareciendo, sigo viéndole como un portento en la lectura del juego y un titán cuando se trata de gobernar las áreas. El problema tiene dos vertientes; una, su coqueteo veraniego con ofertas mareantes. Es posible que al haberse visto fuera del equipo no tenga la cabeza al cien por cien en la competición. Sus despistes, aunque pocos, nos remiten al Miranda de los primeros meses. Al chico tímido y asustado que no tenía ninguna confianza cuando se trataba de jugar la pelota. El otro problema, más grave para él pero mucho más fructífero para el equipo, ha sido la aparición en la élite de José María Giménez.

Giménez es más Godín que Miranda. Es más de potrero, más canchero y mucho más joven, por lo que tiene mucho que aprender. Fueron sabias las palabras del Cholo deshaciéndose en halagos hacia Giménez pero dando suprema importancia a la presencia de Miranda en el equipo. Uno es el jefe y el otro un aspirante a jefe. Un problema para él, sí, pero un bendito problema para el equipo. Cuando llegue el verano y vuelvan las ofertas mareantes, estaremos seguros que, al menos, hay un tipo que ha aprendido a competir y lo hace bastante bien.

martes, 9 de diciembre de 2014

Cuarenta años después

Se cumplieron cuarenta años desde que Luis Aragonés se levanto jugador y terminó acostándose como entrenador. Un punto de inflexión en la historia del Atleti que condujo al equipo a sus logros más importantes y que dio paso al comienzo de una era donde las vacas flacas obligaron al sabio a reinventar un equipo con jugadores de la cantera. Con los chicos de las inferiores, el maestro de las mejores tardes de goles al contragolpe, el Atleti alcanzó la final de la Recopa, y aunque el Dínamo de Kiev nos borró del mapa aquella aciaga tarde de mayo, lo que todos recordamos es la categoría de aquel tipo con cara de pistolero serio, cigarro siempre en los labios, que dirigía sus huestes con la maestría del mejor mariscal de campo.

Si algún legado nos dejó Luis Aragonés es el de la grandeza. Nos enseñó que el equipo debía actuar acorde a su historia y que perder o ganar era opcional pero que competir era obligatorio. Cuarenta años después de que Luis se arremangase la camisa para conducir al equipo a la victoria en la Copa Intercontinental, el Atleti vuelve a estar en el lugar que abandonó durante demasiado tiempo. La victoria ante Olympiakos no es sólo la demostración de poder de un equipo sobre otro, es la demostración de querer de un equipo que se ha situado en la élite y no se quiere marchar de allí. Ese es el espíritu de Luis.

Por segundo año consecutivo, el Atleti está en octavos de Champions. Quien lo iba a decir hace solo tres años cuando el Albacete nos apeaba de primera ronda de la copa justo por estas fechas. Aquel fue el fondo del pozo. Tanto caer dejó magulladuras, pero también un orgullo pendiente de resarcir. El gran milagro de Simeone no es el de ganar títulos, sino el de conseguir que una plantilla cargada de tipos desanimados, lograsen creer que con esfuerzo y fe se puede conseguir cualquier cosa. Ese era el gran espíritu de Luis. El dogma de un Atleti que vuelve a ser tan fuerte como hace cuarenta años.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Nos están representando

El problema tiene una raiz profunda en cuanto es el club quien ampara y cobija a los violentos. Y si no cobija a los más violentos, al menos hay cinco mil tipos en el fondo sur que cobijan a otros doscientos que la van montando cada fin de semana. Mientras el violento se sienta amparado por el manto del poder, seguirá campando a sus anchas y seguirá delinquendo en nombre del Atlético de Madrid. Podemos decir que el Atleti no son ellos, que somos todos los demás, los que sufrimos, vibramos y cantamos los goles con el corazón cada fin de semana. Tristemente no es así, mientras ellos sigan en la grada sur del Calderón, nos seguirán representando. Y mientras nos sigan representando seguirán manchando el nombre del equipo al que queremos.

Ayer fue el primer día que mi hijo visitó el Vicente Calderón. Llevaba meses contándole los goles de Forlán, los de Falcao o los de nuestra pareja de centrales. Le cantaba el himno todas las noches y le hacía creer que el día que visitase el estadio iba a ser un día mágico. Cuando me preguntó por qué los hinchas del Fondo Norte nos llamaban asesinos, intenté justificar una excusa banal. Al final, los verdaderos asesinos están consiguiendo que todos entremos en el saco y que no podamos explicarles a nuestros hijos por qué nos creemos la mejor afición del mundo. Uno no puede pregonar unos valores si le perjudica un ejemplo fatal. Ellos matan en nuestro nombre y nosotros tenemos que seguir tragando el sapo porque siguen sin marcharse del fondo sur.

Serán miles de niños los que vuelvan hoy al colegio y escuchen, de boca de sus compañeros, que los hinchas de su equipo son unos asesinos. Serán miles de currantes los que regresen de lunes a sus puestos de trabajo e intenten justificarse diciendo que ellos no tienen nada que ver. Y es cierto. Yo no tengo nada que ver. Un millón de atléticos no tienen nada que ver. Pero mientras algunos clubes, gracias al poder económico, dan una imagen de majestuosidad futbolística en el resto del mundo, el nombre del Atleti correrá los informativos con la imagen de cien bárbaros persiguiendo a un tipo hasta asesinarle. No voy a hacer mártir de un tipo que sabía a lo que venía. Pero nada justifica una muerte. Y todos se desmarcan del hecho. Directivos y aficionados. Mientras, ellos siguen allí. Y mientras no les echen, nos seguirán representando. Difícil limpiar el nombre. Difícil hacer afición.

martes, 25 de noviembre de 2014

La gran mentira

Nada mejor para mantenerse en la cima del éxito que hacer las cosas bien y ser más productivo que nadie. Para los que carecen de vergüenza, conciencia y valor útil, el camino más corto hacia la cima se basa en dos premisas: genera una mentira y rodeate de palmeros que convenzan al mundo que tu mentira es una verdad irrefutable. Durante años, las páginas de los periódicos, las tertulias de radio y las noticias de televisión nos han hecho creer que los dirigentes del Atleti son los héroes que salvaron al club, obviando, por interés propio, que fueron ellos quienes lo sumieron en una ruína casi caótica.

Durante años nos han hecho creer que nos construirán el estadio más maravilloso del mundo. Jugar con las ilusiones de la gente es fácil; basta pregonar una mentira y conseguir con la propaganda la convierta en verdad. Aunque el tiempo y el espacio nos devuelvan a la puta realidad. Nos dijeron que para 2012 y ya vamos por 2018 y sumando. Las obras de nunca acabar en realidad nunca se iniciaron y si lo hicieron, fue para permitir un puñado de instantáneas y conseguir que uno de los diarios de cabecera lo publicase en la primera de su página web. De estómagos agradecidos vive el mentiroso.

Más allá de que el equipo siga en casa y que el eco del Calderón siga siendo el alma que empuje al equipo en su cruzada particular contra el poder, queda el asco que produce la mentira interesada. Quizá haya gente que se crea a pies juntillas todo lo que se dice y a esos pobres ignorantes les están clavando un puñal en su ilusión porque creen que algún día su equipo será lo que algunos pintan con tinta invisible. No habrá Peineta. Igual que no habrá grandeza hasta que el club deje de pertenecer a quien lo utiliza con fines propios antes de con fines ajenos. El club, como los sueños, pertenecen a los aficionados. Ellos no merecen esta gran mentira.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Resarcimiento

Tras una dura derrota, lo que más ansia el aficionado es resarcir el daño. Lamerse las heridas, apretar los dientes y esperar que las huestes vuelvan a la carga y demuestren, otra vez, que una derrota puede ser un accidente y que el camino correcto sigue siendo la pelea, la intensidad y el aplastamiento por intención directa. El corazón del equipo debe seguir latiendo y demostrando que no hay nada que haga derribar el caparazón de acero del grupo. Tras Mestalla esperaba una redención. Borrón y cuenta nueva.

El problema de resetearse es que nunca terminan de quedar claros los objetivos. Para Simeone, y entiendo su postura, y hasta sus argumentos, la liga del Atleti es la misma que han de jugar Valencia y Sevilla. Pero para el aficionado que ha probado el buen champán es difícil regresar de nuevo al vino de mesa. No obstante, aunque la derrota ante el Valencia, puso al equipo con los pies en el suelo, no podían tirar la toalla tan pronto y mantenían como imperativo el seguir soñando. Más que nada, porque a nosotros nada nos impide seguir haciéndolo.

Lo que hemos visto durante el último mes es el reflejo del Atleti competitivo que todos recordábamos. No es que en Valencia dejase de serlo, es que nos habíamos olvidado de aquellas fechas en las que el equipo era zarandeado como un pelele. El pelele de ayer siguen en pie, se está resarciendo y, poco a poco, y sin hacer mucho ruido, ha vuelto a colocarse en los lugares de privilegio. El martillo pilón está engrasado, el único factor determinante es el de la motivación. Si sigue en pie, seguirá golpeando, machaconamente, hasta volver a derribar todos los muros que, cada principio de temporada, le ponen por delante con el objetivo de que vuelva a ser la comparsa que ya no quiere ser.

lunes, 13 de octubre de 2014

La duda

Nada más terminar el partido contra el Valencia un buen amigo me preguntó si el Atleti no me generaba dudas este año. En mi respuesta fui tan tajante como poco convicente; "No", le dije. Y acto seguido añadí: "Soy consciente de que lo del año pasado es irrepetible". Irrepetible aunque inconcebible por la opinión general puesto que nadie se ha parado a explicarles que aquello no fue regla, si no excepción.

Excepción porque hay que tener en cuenta los recursos antes de analizar los objetivos. De puertas hacia afuera, boceros mediante, se ha vendido un gasto del Atlético superior a todas la inversiones que hasta ahora había realizado. Más allá de los cien millones de euros hay que tener en cuenta que el club ha ingresado casi ochenta, por lo que el gasto no es tan elevado y tenía por función intentar mejorar la estructura del equipo. La estructura, analizada como fondo de armario, ha podido quedar más arreglada, pero lo cierto es que el Atleti del año pasado contaba con dos recursos de los que ahora adolece: dos tipos decisivos en cada una de las áreas.

Es inevitable percibir la sombra de Courtois en cada gol encajado por Moyá u Oblak. No es culpa suya; no es que sean malos porteros, es simplemente que el belga es el mejor. Y es inevitable reconocer como nuestros los goles con los que Diego Costa, está dando victorias al Chelsea domingo tras domingo. No es que Mandzukic sea un mal delantero, es simplemente que no es tan decisivo como el hispano-brasileño. En lo perceptible, puede que el Atleti sea mejor que el del año pasado, pero en lo concreto está muy lejos. Seguirá siendo muy competitivo y seguramente jugará mejor pero, probablemente, ganará menos. Por eso la duda. Por ello la realidad.

lunes, 6 de octubre de 2014

La deriva del capitán

Cuando un equipo de fútbol tiene las señas de identidad bien definida se puede afirmar que sí, que el trabajo ha dado su fruto y que el grupo es reconocible a la hora de ejecutar el juego y redefinir su objetivo. Las señas de identidad del Atleti son presión alta, intensidad, juego rápido en ataque y una firmeza defensiva que le convierte en una roca. Sumen competitividad estajanovista y encontrarán a uno de los equipos más difíciles de ganar en el fútbol actual.

Dicen que todo equipo es un reflejo de su entrenador, o al menos, debería funcionar instrumentalmente como lo habría hecho su director una vez hubo sido músico. Para hacer de Simeone, jugador en su tiempo de empuje, llegada y pierna fuerte, el entrenador eligió a Gabi. Mismo dorsal, mucho sentimiento, un buen entendimiento de las necesidades del equipo y una cabeza amueblada para entender el discurso a la perfección. Mientras Gabi sobrevivió como un héroe en la jungla de cristal, los aficionados lo admiraron como su John McLein particular. Un tipo duro, sensato, a ratos irónico y que no hacía amigos a la hora de trabajar.

"Me preocupa mucho Gabi", fue el mensaje que hice llegar a mi hermano después de que el Atleti empatase a cero contra el Rayo tras no jugar a nada. El equipo venía de una borrachera de ánimo después de ganarle al Madrid la Supercopa y en aquel mismo partido, pese a la apoteosis final, ya se percibió a un Gabi lento e insustancial. El tipo que dirige al séptimo de caballería ha perdido físico y con ello, dotes de mando. Simeone lo intuye y, por ello, intenta cuidarlo. Ya le ha sustituido más veces que en todo el año pasado y ayer mismo no fue de la partida. Urge recuperar al capitán porque en su deriva el barco se tambalea. Y se aproximan tormentas en el horizonte. Sevilla, Juventus y Valencia. Nada menos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Volvimos

El día que nació este blog, el Atleti transitaba en tierra de nadie y había perdido toda su identidad. Venía de ganar una Europa League con muy poco brillo y a la vuelta de la esquina le había esperado otro resbalón en forma de fracaso doméstico. Jugar la Champions se había convertido en una quimera y conseguir un resultado decente en un derbi se había convertido en una anécdota del pasado.

No obstante, y replanteando mis ilusiones contra una corriente de realidad que nos daba una bofetada un fin de semana sí y el otro también, decidí titular el blog como "Volveremos", porque en el fondo, aunque el equipo se había convertido en una caricatura de lo que había dibujado su historia, estaba convencido de que algún día resurgiríamos de las cenizas y nos convertiríamos en el Ave Fénix del fútbol moderno.

Llegados a este punto, el concepto de regresión al pasado glorioso va más allá de un resultado. El resultado puede ser merecido pero también puede ser anecdótico. Se trata de otra cosa. Se trata de llegar al estadio del máximo rival aporreando las ventanas del autobús y haciendo saber al mundo que allí llega un equipo sin miedo. Hace poco más de tres años, el Atleti llegaba al Bernabéu acongojado. Antes del pitido inicial ya perdía por un par de goles de diferencia. Llegó el mal a ser tan endémico que los enemigos de nuestro sentimiento llegaron a pedir un rival digno para un derbi decente. Ya lo tienen. Más allá de la victoria y la derrota, el equipo juega como dicta su himno. Jugando, ganando, pelean como el mejor. Porque luchan como hermanos defendiendo sus colores.

Sí. Hemos vuelto.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sensaciones

Dicen que el fútbol es un estado de ánimo y yo no lo refuto. Para el espectador, ajeno al vicio o al compromiso del vestuario, el fútbol se basa en sensaciones. Uno ve a su equipo organizarse y buscar el área contraria en bloque y buena compostura y se encuentra con la seguridad de que el camino a seguir es el correcto. Pero si uno ve a su equipo embotellado en el área por dos equipos que al final de la liga andarán peleando el pan de la permanencia y no puede evitar una mueca de disgusto. Quiere mirar hacia el césped y gritarle a los jugadores: "¡Este no es el camino, señores!".

Si por algo se ha caracterizado el Atleti desde la llegada de Simeone es por ser un bloque firme y compacto. Como dijo Mourinho tras perder la semifinal de la Copa de Europa, "un equipo en toda la definición de la palabra". En esencia, el Atleti sigue siendo un equipo difícil de ganar, una máquina de competir que devora rivales por el método de la tortura china. Pero no es menos cierto que en el convencimiento del estilo, el equipo está cayendo en vicios que le acercan a la guerra y le separan de lo meramente futbolístico.

Si alguien recuerda el primer año de Simeone, rememorará, además de su excelente función como apagafuegos, aquellos partidos en la Europa League en los que se barrió a Valencia y a Athletic jugando muy bien al fútbol. Aquel era el equipo de Arda, Diego, Adrián y Falcao. El equipo de los peloteros jugaba, en algunos momentos, un fútbol de alta escuela. A medida que el Cholo fue encontrando su grupo, se fueron incorporando al grupo algunos jugadores con vitola de imprescindibles y con características muy diferentes de aquellos que se habían ido. Sin un Diego Costa que convierta un melón en un serio contraataque, queda la duda de cómo va a encontrar el equipo a un delantero que vive del remate de manera casi exclusiva. A Falcao se le encontró jugando al fútbol y el fútbol, de momento, es lo que no ha encontrado el Atleti en estos primeros partidos de temporada. Si la ilusión se mide por sensaciones, las mías no son buenas. Y el sábado toca derbi. Un buen lugar para reencontrar el equipo. Un lugar idóneo para reencontrar el fútbol.

miércoles, 30 de julio de 2014

Un tipo listo

Tener éxito en el fútbol, más allá del físico y la pasión, pasa por ser talentoso y listo. Para lo primero, hace falta un gran manejo del balón, una habilidad especial y un golpeo digno de profesionales. Lo segundo, que debería ser requisito imprescindible en las academias de hoy que sustituyeron a las calles de ayer, está tan mínimamente valorado por la mayoría que apenas se sabe apreciar la revolución generada cuando aparece un futbolista que sabe entender el fútbol como un autómata.

Griezmann sabe jugar al fútbol porque es un tipo listo. La afirmación, tal y como suena, parece un perogrullo sacado de un básico de barra de bar, pero no resulta tan fácil de explicar siempre y cuando no se entienda el fútbol como un juego de espacios. En un lugar donde el desmarque se paga con oro y se convierte en tesoro para un centrocampista, Griezman
n aparece como ese tipo listo que sabe buscar la espalda rival y encontrarse siempre en ventaja contra el portero. Se trata de ser rápido, sí, pero se trata de vivir al límite del fuera de juego, de intuir el lugar donde el compañero te pondrá el balón y de abrir el campo lo suficiente como para descolgar al lateral contrario. Lo que parece fácil y lo que no todos saben hacer.

En un equipo que juega a la guerrilla, como el Atleti, Griezman aparece como variante sustantiva. El factor sorpresa, que se marchó a Londres con un Costa irreverente, había quedado huérfano en un equipo que había convertido su línea de ataque en un lanzamiento de mortero a balón parado. La sorpresa tenía forma de llegada a fondo por un lateral y para ganarse un mano a mano había que esperar a que Costa consiguiera salir indemne de su cuerpeo con la defensa. Con el francés, además de atacar en tropel, el equipo podrá hacerse más largo porque encontrará la pieza necesaria en el espacio adecuado. Koke y Arda, destajistas y artesanos de taller, tendrán un motivo para sonreir. Allá, entre dos defensas, puede que encuentren un lugar donde filtrar un balón con veneno de gol. Un tipo listo puede lograr que el fútbol sea mucho más fácil.

martes, 29 de julio de 2014

Necesidades

El verano es el lugar común de los rumores y mentira. La maquinaria de venta de humo se pone en marcha para intentar captar la ilusión del aficionado y querer generar aficionados con hambre de abono. Cuando el carte del "cerrado por vacaciones" vuelva a levantarse y el balón vuelva a rodar, nos seguirá quedando la cara de tonto de cada septiembre y nos reconoceremos en esos tipos duros que sueñan con pelearlo todo y siguen sin los recursos suficientes para mirar a la cara de los más poderosos.

Si algún arma tenemos para disparar con fuego de artillería a los más grandes, esta tiene el nombre de Diego Simeone. El Cholo, para los Atléticos, significa ilusión, logro, fé y victoria. La fórmula, manida por los medios, pero desconocida para los incrédulos, es sencilla, pero no apta para corazones débiles: si se cree y se trabaja, se puede. Gracias a Simeone, los jugadores creen, trabajan y pueden. Cuando ponen nombres en la mesa y hablan de necesidades, todos intuímos que posición necesita un refuerzo y qué tipo de futbolista le vendría bien al equipo. Pero si hablamos de necesidad, nada necesita más el Atleti como a Simeone.

Un Simeone contento es un Atleti contento, un Simeone satisfecho reflejará en el campo a un Atleti competivito, un Simeone valorado reportará al aficinado un equipo del que sentirse orgulloso. Miren de cerca el tipo de refuerzo que está llegando y no digan que alguno de los perfiles está la sombra de la mano del Cholo. Sigue habiendo algún chico de Méndes, sigue habiendo operaciones ocultas porque nadie está libre de pecado cuando dos golfos dirigen al club, pero vuelve a haber cabeza en alguna contratación. Merece la pena seguir al dedillo los mandamientos del Cholo porque gracias a él hemos vuelto a ser un equipo campeón. Porque el día que se marche por la puerta nos daremos cuenta de que él es, en realidad, todo lo que necesitábamos.

jueves, 19 de junio de 2014

Después del dolor

El dolor es tan cegador que impide mirar a los ojos a la realidad. Es tan arrebatador que tiende al olvido por encima de la reflexión y empuja al abismo de la depresión por encima de la escalera que lleva hacia el éxito. Hace falta reflexionar para asumir lo ocurrido y hace falta levantar la cabeza para valorar todo lo conseguido. El Atleti venía de escalar un precipicio hacia donde le habían lanzado veinticinco años de pésima gestión. Quisieron que creyésemos que el fichaje del Cholo había sido su solución deportiva cuando solamente habían mirado hacia Argentina para encontrar el enésimo escudo que les protegiese de la cruda realidad. Si alguien, desde el dolor, merece un aplauso, es Simeone. Los responsables de que sigamos desconfiando se siguen sentando en el palco; uno hace de bufón durante la semana y el otro da vueltas con el coche durante los partidos.

Después del dolor vienen los cuentos vendidos como antídoto. El equipo campeón que Simeone ha cincelado a golpe de martillo y ha diseñado a su forma, terminará deshaciéndose por una cuestión de ingratitud con el colectivo. Importa lo que importa; la comisión, la sonrisa falsa y la venta de humo. Y no interesará nunca reconocer que quién provocó toda esta deuda abismal son los dos que se sentaban a la derecha del padre. Se buscarán culpables y excusas de mal pagador, se dirá que si Mendes, que si Costa, que si Mourinho o que si cada jugador juega donde quiere. Pero el humo de la mentira no nos ciega a los que tenemos llaga en el corazón; no busquen culpables más allá del palco, el camino correcto conducirá hacia los dos de siempre. Uno hace de bufón durante la semana, el otro da vueltas con el coche durante los partidos.

Resulta difícil imaginar el futuro después de un pasado reciente tan cruel. Aquel gol en aquel exgerado descuento ha terminado por ahogarnos en un mar de lágrimas. Nada nos puede impedir ver que la temporada, con derrota incluida en la final, ha sido la mejor en muchísimos años. Muchos no recordaban un Atleti así, otros ni siquiera han llegado a verlo. Por ello, duele sobremanera ver como cada mañana el café viene acompañado de una subasta pública a la que nadie en el club pone fin. El Consejero Delegado se remite a las cláusulas y se lava las manos como un Poncio Pilatos de baja estirpe. Si volvemos a indultar a Barrabás terminaremos viendo como nuestro Mesías termina en el patíbulo. No conviene enfadar al Cholo y hasta ahora no le están dando motivos para la alegría. Será difícil mantener un equipo en la cumbre porque será muy difícil encontrar sustitutos de nivel para los jugadores que se terminen marchando. Y es que este Atleti, como un mal Quinto Servilio Cepión, no es capaz de pagar ni a traidores.

miércoles, 15 de enero de 2014

Vivir a lo grande

El problema de vivir a lo grande es que se deben fijar los objetivos en relación a la opulencia. Uno se juega una copa contra el Valencia y ya no le vale caer en octavos porque uno ha visto a este equipo crecer tanto en tan poco tiempo que ya no se conforma con menos que el infinito. El problema de vivir a lo grande es que las capacidades deben estar en virtud a la exigencia y el muestrario debe permanecer intacto en vistas de una subasta final con aires de entusiasmo.

El problema de vivir a lo grande es que necesitas los recursos más grandes, el problema de no contar con los recursos más grandes es que, para vivir a lo grande, una vez fijado un nivel de exigencia, este debe mantenerse en el hilo del funambulista sin conseguir que los pies tropiecen en el camino. El problema de exigirse el máximo es que, para dar el máximo, se deben sortear mil obstáculos y no caer en ninguno porque los adversarios en esta carrera son pirañas que desgarran la carne sin piedad ante la súplica.

El problema del Atleti es que, para mantenerse a lo grande, necesita conservar el aire, las piernas y la tensión competitiva. Dando por hecho que el ánimo y el valor se conservarán intactos, queda la duda sobre el fuelle de un equipo que, en comparación a sus rivales, anda más justo de calidad y menos sobrado de efectivos. Si en enero, un Valencia desquiciado te quita la pelota y te encierra en el área, da que pensar sobre el futuro y el corazón comienza a dar severos latidos empujado por la duda. El final del camino está tan lejos y las promesas silenciosas son tan suculentas, que no nos sirve otra cosa que no sea el creer en el discurso y vivir ese partido a partido que a tan altas cotas nos ha llevado. El resto, la duda y el escepticismo, es agua de otro molino. No hemos llegado hasta aquí para resucitar fantasmas. Aunque el final del tunel aún no tenga luz, aunque aún no terminemos de asumir qué significa vivir a lo grande.

martes, 26 de noviembre de 2013

Ese espacio molesto en la portada

Son muchos los que pronostican la caída, aunque son pocos los que arriesgan para asegurar el cuándo por encima del cómo. Son muchos los que creen que la flor de un día terminará marchitándose y, sin embargo, el árbol ha crecido tanto que la raíz supura sus traseros y el tronco es fuerte y ancho como el de un roble maduro. A cada zarpazo mediático, el Atleti responde como los guerreros en primera línea de batalla; espada en alto, mandoble cruzado, dientes apretados.

Debe resultar molesto que la mosca cojonera se cuele por la ventana justo después de terminar de airear la habitación. Los grandes, apresurados por la artillería que les proporciona el privilegiado acceso al lujo, golearon sin piedad a equipos de poca estima y desdeñada credibilidad. Las portadas ya estaban concebidas para dibujar un duelo al sol, dos gigantes por sistema en lo más alto mientras los demás se ven aplastados como un David inoperante sin una honda con la que hundir el cráneo de Goliat.

Pero la mosca cojonera se coló por la ventana y a los cuatro y cinco respectivos goles añadió otros siete y la sensación de que este David si está dispuesto a calzar la honda para derribar a los Goliats. La manada mediática, dada al baño y masaje de sus mejores clientes, tuvo que buscar un hueco para recalcar que el Atleti sigue en el lugar incómodo al que regresó tras años de ignominia. Ese espacio molesto en la portada que ocupa a día de hoy es la chinita en el zapato de todos aquellos que llevan meses pronosticando una caída mientras ven como el equipo sube y sube peldaños mientras busca un techo que aún no encuentra.

lunes, 28 de octubre de 2013

La oportunidad

La víspera trajo un preludio y, de repente, las redes sociales, tan dadas a medir el calor de la opinión pública, empezaron a llenarse de dudas y a pronosticar caídas atemperantes. El nombre de Óliver Torres aparecía ligado al equipo titular y muchos fueron los que pusieron la red antes de que el chaval supiese que lo suyo iba a ser un salto al vacío.

Resulta curiosa la medida de medir las oportunidades que tienen algunos. Bastaron un par de malos ratos ante Barcelona y Celta para aprimar la caída y seducir a la audiencia con premisas que ligan al equipo a la intensidad por encima del juego; el eslógan ya había catalogado al chaval antes de que el chaval supiera cuál era su lugar en esta película de acción. Decían que Oliver no había aprovechado sus oportunidades.

¿Cómo se miden las oportunidades? ¿Cuál ha sido la oportunidad? Releía las previas y pestañeaba para cerciorarme de que la realidad y la opinión confrontaban en el mismo punto; era la primera vez que el chico jugaba como titular en el Atlético de Madrid. Ahí sí estaba la oportunidad. Más allá del rendimiento, se le medirían las aptitudes y, sobre todo, las actitudes. En ambos casos estuvo sobrado. Jugó al fútbol y cubrió muy bien su zona. Arrancó desde la izquierda y todos vimos que Filipe hizo el mejor partido del año. Colaboracionismo. Eso que tanto gusta al Cholo. Eso que tanto aprecia el aficionado. Oportunidad aprovechada y, de nuevo, la lupa sobre el chico enclenque que nació con ese estigma que señala a los que saben qué hacer con la pelota. No tardarán en decir que es irregular. Aunque tenga aptitud, aunque le sobre actitud. La oportunidad será un examen de evaluación contínua durante varios partidos más. Le exigirán sobresaliente. Aunque siga aprobando con notable.

martes, 7 de mayo de 2013

Fútbol para ricos

Ayer me dio por pensar en esos pobres soñadores que imaginan un día de gloria, bandera en mano, bufanda al cuello y garganta afilada. Me dio por pensar en sus esperanzas de regresar al cielo, de volver a sentirse grandes y presenciar algo histórico. Me dio por consolar porque me consolé a mi mismo, me dio por patalear con el alma porque supe que el alma de muchos atléticos estaba presa de la impotencia.

Ayer me dio por llorar con el corazón porque vi frustradas mis opciones, porque caí al suelo desde la cama, porque el sueño del precario no alcanza la cota de la fortuna. Ayer me ofrecieron dos entradas para la final de copa y quien piense que soy un afortunado sin conciencia, un desarraigado o un desagradecido, es porque no sabe que soy uno de esos millones de españoles a los que doscientos euros les arregla un mes y le puede suponer un mes sin hablarse con la parienta.

Imagino a ese niño que sueña ir de la mano de su padre, imagino a ese joven que aún cree que todos sus sueños se cumplen con un gol en el último minuto, imagino a ese abuelo que rememora sus sueños en blanco y negro, imagino a ese aficionado que busca en el fútbol su lugar en el mundo. La mayoría de ellos no podrán dar rienda a sus ilusiones porque este fútbol para ricos les ha privado de la ocasión de ser cómplices de un hecho histórico. Los precios de la final de copa oscilan entre los cincuenta y los doscientos cincuenta euros. Ver el fútbol con prismáticos o verlo en el salón de casa. Ya que no nos dejan imaginarlo, al menos que nos dejen celebrarlo.

lunes, 8 de abril de 2013

Carencias y desnudos

El Atleti de Simeone es un milagro en manos del tiempo. No hay juez más certero que los resultados y no hay mejor abogado defensor que el esfuerzo. En su frase de presentación, el Cholo dejó claras premisas e intenciones: "el esfuerzo no se negocia". Y así ha sido. Cuando el equipo ha relajado la motivación, le han roto la cara, cuando ha puesto cara de perro, ha sido, siempre, muy difícill de ganar.

Pero el esfuerzo, por sí sólo, no cumple objetivos. Ayuda a conseguirlos, eso sí, pero en el deporte de élite no basta con ser el mejor preparado, también se necesita ser el más talentoso. Y es ahí donde radica el milagro de Simeone. El equipo ha aguantado el tirón con dignidad y mucha categoría, y lo ha aguantado sin un jugador que plante pies en tres cuartos, detenga el ímpetu, levante la cabeza, y distribuya un par de pases con criterio; uno para desatascar el juego y otro para dejar a los delanteros en posición franca para marcar.

En partidos como el de ayer, las verdades del equipo se desnudan de forma sistemática. No sirve de mucho ser más intenso si no se puede ser más profundo. La conciencia queda tranquila porque el equipo compite, pero queda un amargo regusto a lo que hubiese podido pasar cada vez que uno se acuerda del turco que está en la enfermería o del brasileño que está en Alemania. Estar tercero, a estas alturas, y sin ese futbolista especial, tiene un mérito casi hasta emotivo. El Atleti está a cuatro partidos del objetivo y el calendario no es muy halagüeño. La Real Sociedad viene apretando y el equipo empieza a demostrar sus costuras. Solo esperamos que la liga no se nos haga demasiado larga y que, pese a tener que sacar la lengua, el último hálito nos permita completar el milagro.

jueves, 29 de noviembre de 2012

En la contrarrecta

Vuelvo a encontrar las sensaciones, vuelvo a encontrar la ilusión, vuelvo a mirarme al ombligo y me vuelvo a sentir como un príncipe sin corona en busca de su conquista. Durante años, durante una letanía, dejé de soñar, dejé de sentir, dejé hasta de llorar. Fue largo el desierto, fue dura la travesía, fue espantosa la derrota, fue infame la burla. Los pies en el suelo, la mente en blanco y la cabeza alta. Sí, otra vez la cabeza alta. El Atleti afronta su semana de derbi y después de mucho, mucho tiempo, volvemos a reconocer a nuestro equipo. Ellos son mejores, sí, pero nosotros nos hemos ganado el derecho a una parcela de ilusión.

Se puede perder, ya ocurrió en Valencia, puede ocurrir también en Barcelona; al fin y al cabo son esos partidos en los que haces cuenta a principios de temporada y los señalas en rojo como probable derrota. Pero el duelo con la vida va más allá de una probabilidad. Trece años sin ganarles, partido en su feudo, el histórico miedo escénico del Atleti, las dudas sobre la motivación del rival. Factores que hacen pensar en pequeño cuando nosotros queremos pensar en grande. Hemos vuelto al pantalón vaquero, las gafas de sol y el pelo engominado, y ahora que paseamos el porte el centro de la pista no vamos a renunciar al beso de la chica más guapa.

Demasiado bonito el sueño como para despreciarlo, demasiado ambicioso el objetivo como para desdeñarlo, demasiado poco que perder para no salir a ganar, demasiado mucho que ganar como para salir a perder. Vuelvo a Futre, a Alemao, a Landáburu, a Dirceu. Vuelvo muy atrás y me doy cuenta de que estoy muy adelante y hemos perdido demasiado tiempo. No podemos decir ahora que no estamos donde queríamos, más allá de ladrones de sueños, más allá de prescritos indecentes. El Atleti está en la contrarrecta y le aguanta el pulso a los favoritos. Estamos en disposición de correr, a riesgo de desfondarnos. Estamos en disposición de dar la cara, a riesgo de que nos la partan.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La suerte que decían que nos faltaba

No hace mucho que discurrí sobre el famoso sambenito que durante mucho tiempo nos ha tenido maniatados y supeditados a un pensamiento unidireccional por el simple hecho de haberse convertido en un externalizada seña de identidad. Decían que el Atleti era así y teníamos que creernoslo. Jugábamos algún partido bueno, muchos regulares y bastantes partidos malos; por ello, cuando perdíamos por algún despiste, algún error o por la simple inercia del juego, nos obligaban a cruzarnos de brazos y no buscar más explicaciones que la mala suerte.

Era por ello que muchos nos preguntábamos cuando llegaría esa suerte que siempre nos era esquiva, cuando lo que realmente no nos hacía falta suerte sino trabajo. El Atleti ha ganado tres partidos agónicos consecutivos en el estertor del último suspiro y los que se hacen llamar entendidos nos quieren hacer creer que la tendencia ha cambiado porque ahora tenemos la suerte que antes nos faltaba. Lo que nadie quiere pararse a decir es que la suerte, como todos los logros de la vida, también hay que trabajarla.

El Atleti trabaja los partidos de la impecabilidad del esfuerzo físico. A menudo, para mi gusto demasiado a menudo, abusa de la reculación por tener fé ciega en su certero contragolpe, pero nadie puede dudar hoy del esfuerzo de tipos a los que antes dábamos por indolentes impertérritos. Cuando un corre hasta la extenuación, cuando pelea el último balón, cuando busca el área sin cesar, cuando provoca faltas al borde del área por insistencia marcial, a veces ocurre que el balón termina por entrar en la portería en el último minuto. Y muchos, a eso, lo llaman suerte. Yo lo llamo trabajo bien hecho.

lunes, 15 de octubre de 2012

La soga en casa del ahorcado

Nadie puede poner en duda la influencia que la prensa tiene sobrel a opinión pública, nadie puede poner en duda que la opinión pública es manipulable, que las voces hacen más ruido que los silencios y que la razón, por valiosa, peca demasiadas veces de imprudente como para ser considerada en cuenta. El ruido, las nueces y la prensa deportiva han generado un compendio de intereses en el que el más fuerte sube a lo más alto y tiene patente de corso para pisotear a todo aquello que le sea molesto.

Una de las primeras premisas de la prensa partidista es la de ningunear al equipo contrario. Para hacerlo, bastan frases sibilinas que, no por ser frases hechas a un periodismo parcial dejan de ser estúpidas y dañinas para quien realmente siente una pasión ajena a ellos. La frase "A Falcao el Atleti se le queda pequeño" se ha puesto tan de moda que en las tertulias de cerveza y cacahuete y en las de máquina de café en oficina, se ha convertido en un axioma repetitivo. Lo que ahora le pasa a Falcao, antes le ocurrió a Agüero y antes le ocurrió a Torres. A todos el Atlético se le queda pequeño. Para todos, casualmente, el jugador debería vestir la camiseta del vecino de enfrente.

Hablan de pactos, de frases de padre, de silencios del dúo prescrito y de ofertas desorbitantes. Hablan de todo, pero a nadie la apetece poner en portada a Falcao cuando dice "Que su sueño es seguir ganando títulos con el Atleti". Ya sé que hubo otro que dijo aquello que "Ni en pedo". Todo el mundo es suceptible de utilizar la mentira como arma de defensa y que a veces el renuncio te pilla en paños menores cuando te demuestran que dices diego donde dijiste digo, pero ¿De cuántas mentiras se alimenta la prensa? Las alimañas omiten portadas cuando el Atleti es líder o cuando bate un record de victorias consecutivas en Europa. Pero las alimañas ven carne fresca cuando creen que un jugador no juega donde debe jugar. Porque para las alimañas no hay mayor manera de dañar que mentando la soga en casa del ahorcado.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Atleti se hace mayor

Como ese adolescente retraído que ha crecido entre collejas y bromas, entre aguadillas y soledades, a quien robaban el bocadillo en el recreo y las zapatillas de marca en el descampado, como ese chaval con la cara llena de granos y el pelo lacio recién peinado por mamá que aún no se atreve a cruzar sólo la calle pero que un día se va de cañas con su padre y este le hace ver que la vida no es así, que él es mucho más fuerte de lo que los demás imaginan y que aún tiene la opción de volver el lunes al instituto con chupa de cuero, pelo engominado y bigotillo a medio afeitar. Como ese remozado jovenzuelo que impone su venganza a base de puñetazos y se termina llevándose el beso de la más guapa de la clase, el Atleti tiró a u lado sus complejos y se dio cuenta que sí, que se había hecho mayor y que esos partidos que antes perdía por inercia ahora se pueden pelear y, lo que es más admirable, también ganar.

El Atleti hace meses que perdió el acné y maduró hacia una mayoría de edad por todos esperada. Ya no es el niño pardillo que pierde partidos regulares y sale goleado en los malos, ya no sabe que es eso de esconder la pierna y levantar la mano, ya no sabe qué son las mofas de las aficiones rivales cada vez que once espectros rojiblancos pisaban el césped a modo de visita. Aún recuerda el runrrún de la desconfianza, el dolor de la derrota y la vergüenza del ridículo, pero encontró a un padre que le dijo que aún tenía la opción de regresar un domingo al campo con el pecho erguido, la cabeza levantada y los dientes apretados. Simeone, el padre de la criatura, celebra goles con rabia y mira a los suyos con orgullo. Su Atleti se está haciendo mayor.

Hubo día en los que partidos como el de ayer se perdían por mera condición gravitatoria. En caso de duda, el balón siempre caía en la portería del Atleti y, a más duda, menos capacidad de regeneración y los cuentos del Atleti nunca terminaban como aquellos que nos contaban de pequeños porque en estos, nosotros nunca terminábamos comiendo perdices. Pero las tendencias cambian y las mentalidades también, el Cholo ha obrado el milagro y el Atleti, que hasta hace dos días no sabía tirar un contraataque, remontó un partido difícil en el Villamarín. No es que el rival acuciara con esmero, es que fue el propio el Atleti el que se empeñó en darle vida por momentos. Recordemos que ha crecido, sí, pero que aún es un jovenzuelo inocente y tiene cosas por aprender. Para eso está Simeone; para hacer de padre y para hacerles creer que sí, que la palabra "equipo" tiene cabida como concepto en el ideario del Atleti.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El sambenito

Durante años nos han taladrado los oídos con una manida frase que no hacía sino sacarme de quicio a medida que se iba convirtiendo en marca de identidad; "El Atleti es capaz de lo mejor y de lo peor". En resumen, la gente estaba convencida de que el Atleti era ese equipo irregular que un día ganaba al mejor equipo del mundo y al día siguiente perdía con el peor. Yo escarbaba en los cimientos de mi memoria y en los tiempos más cercanos me costaba encontrar que era eso que la gente denominaba "lo mejor"; ninguna victoria contra el Madrid en trece años, diez años sin jugar una final, un descenso, catorce años sin ganar un título... Pues no, me daba a mí por pensar, "lo mejor" no existía.

Tanto nivel de leyenda alcanzó el sambenito que incluso los jugadores llegaron a creérselo. Pasaron muchos que, arropados bajo el manto de "el pupas", escondían la cabeza bajo el césped y guardaban la pierna para moverla por la noche; pero no pasaba nada, el nivel de exigencia era prácticamente nulo y en cualquier momento el Atleti podría ser capaz de hacer "lo mejor". Y lo hizo, pero pasó mucho tiempo hasta que lo logró. Hubo de suceder una catarsis y la llegada de un entrenador sentimental que les hiciese ver a los jugadores que eran unos privilegiados obligados a dar la talla por un millón de corazones.

Por ello, ante partidos como el del domingo ante el Rayo, con esos ocho minutos de "lo peor" y para afrontar duelos de los denominados sencillos ante el Hapoel de Tel Aviv, conviene, antes de desterrar prejuicios, recordar de dónde venimos si es cierto eso de que ya sabemos hacia dónde vamos. Si el Rayo te sigue complicando un partido ganado o si al Hapoel le da por hacer la del Aris hace dos años, ya podemos meterle cuatro al Chelsea cada semana que nadie nos va a quitar de encima el sambenito. Y a mí, la manida frase, me saca bastante de quicio.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El regreso

Hubo una mañana triste, una nube gris en el cielo, un recuerdo amargo por una derrota en el día anterior y un sueño que mantuve intacto hasta que se hizo realidad. Aquel día supe que volveríamos, abrí una web, titulé un blog, lo perfilé en rojo y blanco y comencé a hablar del Atleti sin demasiado éxito pero con todo el corazón.

El Atleti ha vuelto y yo también. El verano es largo, caluroso, demasiado tedioso cuando toca estar en un despacho con el sol abrasando en la espalda y demasiado fugaz cuando el calendario pinta en vacaciones y viajas a la costa para disfrutar de los primeros baños marítimos de tu hijo. Los dos, el Atleti y yo, hemos regresado de nuevo. Mi equipo para volver a demostrarle al mundo que el oso del escudo no es un adorno sino un símbolo de ferocidad y yo para volver a enfrentarme cada mañana a un papel en blanco y un sentimiento pendiente de plasmar.

Comienza la temporada y regresa este blog con la intención de ser más optimista y menos crítico. Ambas circunstancias no dependen de mí sino del Atleti; si el equipo que veamos se parece al de Mónaco, es posible que, aún en la derrota, comience a teclear mis impresiones con un halo de orgullo en la mirada. Pero si el equipo se parece al de tantas otras ocasiones no tendré más remedio que regresar a la melancolía y a ese pesimismo que tanto ha marcado mi carácter como aficionado. Aquí estamos otra vez. Hemos vuelto. Solamente debéis leer el título de este blog para recordar que ya estabais avisados.

martes, 31 de julio de 2012

El Toto que no consiguió enganchar

Llegó como una promesa de futuro, nos hablaron de un chico hábil, que encaraba, frenaba y volvía a encarar para salir por afuera. Nos enseñaron algún vídeo, algún cántido entusiasmado de la hinchada de Lanús y algún gol esporádico celebrado con alegría. Vimos su cara de pillo, de niño que salta la valla del colegio para ir a patear al potrero, de gambeteador insaciable junto a la línea de cal. Y todos, una vez más, nos ilusionamos.

Pero lo cierto es que Salvio fue sólo un poquito de todo eso y mucho de nada más. Siempre fue un futbolista indefinido, a veces interior y otras delantero, a veces inspirado y muchas otras ofuscado, a veces haciendo la imposible y muchas otras errando la posible. Llegó como el Toto, el socio del Kun que nos alegraba la vida, el nuevo niño mimado de nuestro futuro y se marcha como Salvio, la enésima operación fallida de una dirección deportiva que no se cansa de fracasar. Ni el Toto, ni Salvio, consiguieron jamás enganchar a la grada.

Vuelve al lugar donde un día le dimos de prestado. Allí lo hizo bien, es cierto. Puede que le agrade más aquel fútbol, que su entrenador le entendiese mejor, o que fuesen menos exigentes que nosotros. Quien sabe. Lo cierto es que allí fue, durante muchos ratos, el Toto de Lanús, el niño que saltaba la valla del colegio para ir a patear al potrero. Deja, como ya lo hicieron otros, las arcas llenas y los bolsillos de los dirigentes bien colmados. Y deja, como ya lo hicieron otros, un hueco en la plantilla que no se piensa reponer. O si no, basta recordar los casos de Heitinga y el de Jurado. El dinero para mí y el que Cholo se las componga.

lunes, 16 de julio de 2012

La función mediática y Oliver Torres

La función mediática se centra en el nombre, aparca a los hombres a un costado y dirige sus flashes hacia el lugar donde el usuario gastará sus monedas. La función mediática no cuenta verdades sino mentiras muy bien disfrazadas. A la función mediática no le interesan los secundarios porque ellos ya han elegido a su actor principal, a la función mediática le interesa un escudo, un color, un titular preconcebido, aunque la realidad, la mayoría de las veces, sea distinta a como ellos la ven.

El brillo del fogonazo, el detalle del regate, la aceleración y las botas de oro que solamente interesan cuando se quiere, viven hoy sobre el nombre de dos jovenzuelos talentosos que cuentan con la fortuna mediática de pertenecer a la cantera del Real Madrid y el Barcelona. Jesé y Deulofeu son rápidos, brillantes, vistosos, plásticamente admirables, y por ello la función mediática se ha volcado en ellos porque, a una orilla o a otra de las líneas enemigas, a la prensa de ambas trincheras les interesa vender papel con dos nombres que dan esplendor a sus canteras.

Pero la verdad futbolística es otra. La verdad, la que habla de fútbol, nos cuenta que junto al balón siempre había un chico, que todas las jugadas nacían del número dieciséis, que todos los pases correctos salían de las botas de ese chaval moreno que flota en el campo con la elegancia de los centrocampistas buenos de toda la vida. Nadie habla de Oliver porque su camiseta no es completamente blanca, o porque junto a las rayas rojas, no tiene otras azules que le hagan parecer más divino. Pero aunque el rojiblanco ya no venda, aunque los goles vistan de otro color y aunque los flashes solamente se centren en el corazón del área, la verdad, cuando hablamos de fútbol, solamente tiene un color y es que para esto de jugar al fútbol, anoche no había un chico más dotado en el campo que Oliver Torres.

martes, 10 de julio de 2012

Mirando a Levante

Dice nuestro querido presidente que empezamos la liga en Levante. Él, que es así de genérico y no se anda deteniendo en las especificaciones, imagina al Atleti recorriendo el litoral e imaginándose en duelo al sol contra el Nástic de Tarragona, contra el Castellón o contra el Cartagena. Pero la realidad, aunque él no la sepa, algo que dudo seriamente, es que empezamos la liga en Valencia y ante el Levante, ese hueso duro de roer que ya nos pintó la cara la temporada pasada en uno de los partidos más infames que le recuerdo al Atleti.

Ya sabemos todos como empezó la temporada el Levante el año pasado. Ganó sus primeros siete partidos, desesperó al clan de los portugueses, se hizo amo del calendario y fue Atila cabalgando a lomos de Othar durante dos meses. Y ya sabemos todos como suele empezar las ligas el Atleti, aunque en realidad las empieza igual que las termina, alternando las de cal con las de arena, las puertas grandes con los almohadillazos, la ilusión y la desgana.

Imagino al Atleti dentro de un mes. Las noticias que deberían hablarnos de un equipo concentrado en un objetivo y preparando el envite contra el Levante, nos despertarán con los rumores sobre la venta de Falcao, sobre las negociaciones de Adrián con algún equipo del noroeste y con la venta de humo acerca de ese centrocampista guapo y elegante que nunca llegará a vestir la rojiblanca. Al final, sin delantera, sin centro del campo y sin concentración, saltaremos al campo del Levante y nos volverán a pintar la cara. Espero equivocarme.

lunes, 9 de julio de 2012

Café con nada

Se acerca Pepe a la barra. Los lunes son puñeteros, el bar huele a lejía y desinfectante, la barra de chapa, que por la noche lucirá desajada y llena de huellas de codos solitarios, brilla ante la luz del fluorescente que parpadea en el techo. El camarero, amigo de sus clientes, enemigo de los sobrios y mal fajador para las discusiones en rojo y en blanco, se acerca a Pepe son la simpatía que solo se puede tener un lunes por la mañana cuando te encuentras con uno de los tuyos.

Y le habla de ese suizo inmortal que es capaz de recitar poesía con una raqueta y ganar un Wimbledon tras otro sin necesidad de sudar, y le habla de esos españolitos esforzados de la ruta que se ven perseguidos por la mala suerte y se dejan los huesos en las carreteras francesas, y le habla de esos jóvenes locos que se montan a una moto cada fin de semana para hacer sonar el himno español en cada circuito del mundo, y le habla de ese asturiano al que siempre le falla una rueda o un mecánico en el momento clave.

Y Pepe se bebe el café de un trago porque hoy es lunes y sabe que el jefe le espera en la oficina de mal humor con la mesa llena de informes y con el diario deportivo abierto encima de la mesa con la información de ese equipo blanco en letras grandes y a color. Y saca una moneda de un euro del bolsillo, la aprieta bajo el puño cerrado y le pregunta al camaero "¿Y del Atleti, qué?". Y el camarero le observa taciturno, la garganta carraspeante y la mirada de reojo en el cliente que acaba de entrar por la puerta. "¿Del Atleti? Nada". Y Pepe deja la moneda sobre la barra, se despide con cortesía y da media vuelta para un lunes más, igual que todos los lunes de los últimos veinticinco años de su vida.

jueves, 5 de julio de 2012

Vuelve el Atleti

Las promesas incumplidas, las que quedan pendientes de incumplir, los viejos recortes de periódico junto a las cartas del primer amor, recuerdos de un álbum de cromos incompletos, nostalgia de aquellos veranos en el pueblo, las fantas de naranja hojeando el as en blanco y negro, siestas interminables soñando con los goles de ese nuevo delantero, tristes realidades cuando el invierno dice la verdad, ligas lejanas, dobletes efímeros, palabras huecas, fichajes fallidos.

Una sala de prensa llena de flashes, tres tipos que desconocen la historia, una historia prostituída, un recuerdo muy lejano, una añoranza perdida, un deseo imposible. Dos docenas de futbolistas trotando sobre un césped recién cortado, barrigas incipientes, papadas delatoras, sonrisas obligadas, ojos desacostumbrados a madrugar. Un entrenador en pantalón corto, las mismas caras, los mismos gestos, amigos mudos.

Portadas confusas, titulares inconclusos, la felicidad conservada en formol, la tristeza apartada en algún lugar de la cuneta, una carretera con curvas, un camino largo, un destino llamado incertidumbre. Sueños, apuestas, valor y al toro, apretones de manos, pronósticos inciertos, rayas rojas y blancas sobre una vieja camiseta con un escudo cosido en el lado del corazón. Nuevos jugadores, nuevas promesas que nos hacen soñar, viejas realidades que nos hacen bostezar y, en el trono, los mismos dueños que sesgan nuestras esperanzas. Vuelve el fútbol. Vuelve la verdad. Vuelve la mentira. Vuelve el Atleti.

martes, 3 de julio de 2012

Regreso a la cotidianidad

Se apagan los focos, vuelve a salir el sol, el rojo derrite con el calor, el gualda refleja su luz tormentosa, las banderas dejan huérfanos a los balcones, las bufandas buscan un hombro en el que apoyarse, las bocinas no volverán a molestar a horas intempestivas. España guarda silencio, las gargantas vuelven a su ser, la gente vuelve a desayunar café con porras y en el bocadillo de media mañana ya no quedan promesas sino buenos recuerdos. Vuelve el fútbol cotidiano, el de carajillo a media tarde, el del palillo en los labios, el de aquella servilleta grasienta pegada a la suela del zapato. Vuelve el Atleti y nosotros, pobres ilusos acostumbrados a un tiquitaca nacional, volvemos a soñar con lo imposible.

Lo imposible será que al Cholo le regalen un equipo a medida de sus ambiciones, lo imposible será ver a Diego, o a cualquier otro centrocampista competente, regalar los ojos de la hinchada, lo imposible será escuchar un grito definitivo en contra de la directiva, lo imposible será que el Atleti se meta entre los dos colosos que, un año más, se repartirán el pastel de la liga y la copa a su antojo. Porque en el fútbol de hoy, nuestro Atleti, el que soñamos, el que evocamos, el que algunos todavía recuerdan, es un Atleti imposible.

Llegarán las agonías del solsticio de invierno, sonarán los cantares de navidad que se mezclarán con los villancicos de la pesadumbre y alguno saldrá a presumir de que eso ya lo sabía él porque aquí no hay un proyecto estable desde hace veinticinco años. Un cuarto de siglo vagando por el desierto, un desierto que no tiene fin, un fin que nos hace vomitar desidia. Pero eso será más tarde, cuando nos demos cuenta de que a Simeone, como a los demás, le han vuelto a dar gato por liebre, y entonces diremos que el entrenador no vale, diremos que los jugadores son unos mercenarios y diremos que la liga está adulterada y que los poderes fácticos nos persiguen. Pero eso será más tarde, ahora toca volver a la cotidianidad, toca volver a soñar, toca volver a ilusionarse porque para eso están los veranos. Las lágrimas, cuando lleguen, que nos pillen desprevenidos.

jueves, 28 de junio de 2012

Cosas que no cambian

Existen cosas que no cambian; el aficionado español se sigue quejando por vicio aunque su selección ya no caiga en cuartos de final, cierto portugués sigue peleado con los momentos intrascendentes porque le mueve más el ego propio que el sentimiento colectivo, la prima de riesgo no da un respiro, los políticos se exceden de sus funciones para ahogar al ciudadano, se siguen formando atascos en la M-30, madrugar sigue sentando igual de mal, el colacao sigue estando mejor que el Nesquick y el gilismo sigue anclado en el Atleti después de veinticinco años.

Llegaron haciendo ruido y ahora son cómplices del silencio, llegaron ocupando portadas y ahora sólo obtienen una reseña, llegaron contando mentiras y ahora nadie dice la verdad, llegaron arrasando en tromba contra el periodismo y ahora han encontrado al periodismo como el mejor guardián de sus secretos. Hace veinticinco años el Atleti era un club competitivo donde sus socios tenían potestad para cortar cabezas. Cortaron la cabeza del doctor homónimo para suplicarle a Vicente Calderón que retomase el timón de la nave, pero la nave se fue a pique con la muerte de nuestro mejor presidente. Y mientras el barco se hunde y las ratas lo abandonan por la puerta de atrás, los patrones siguen obviando las vías de agua para hacernos creer que somos un lujoso transatlántico en un mar en calma. Cuanto peor van las cosas, más bonitas nos las pintan. Hay cosas que no cambian.

Se falsea una compra para robar un club, se oculta una deuda para no verse abocado al embargo, se desciende a segunda, se pierde crédito, se venden a los mejores jugadores y se fichan a defensas centrales de treinta y tres años para vender al mejor postor a un chico de la cantera. En tres líneas he resumido las principales premisas del gilismo: Delito, desprestigio y comisionismo. Y despropósitos, porque esto sigue siendo el pito del sereno y la casa de tócame roque. Y más que lo seguirá siendo porque amigos, igual que un lunes a las siete de la mañana en la M-30, existen cosas que no cambian.

jueves, 21 de junio de 2012

El victimismo

Uno de los grandes pecados del gilismo ha sido el del victimismo exacerbado. Durante años, Jesús Gil anduvo removiendo entrañas haciendo creer que el mundo en general y los poderes fácticos en particular, estaban en contra del Atleti. Así, un día se levantaba despotricando contra Plaza, al día siguiente hablaba de Villar y un día más tarde iba más allá y se enfrentaba al gobierno de la nación erigiéndose como salvador de la patria sentado en su poltrona robada al Atlético de Madrid. Aquellos movimientos de ficha a la desesperada generó una corriente victimista que se fue inculcando en el seguidor del Atleti hasta terminar creyéndose que todos sus males eran por culpa de otros, nunca de sí mismos.

El Atleti tiene que pagarle un pastizal a la hacienda pública antes de fin de año y escucho voces que indican que esto solamente nos lo hacen a nosotros. Es el pecado de andar siempre pendiente del ajeno, que a veces se te escapa la viga de tu ojo por analizar la paja del de aquel. El Atleti le debe un dineral al Estado y tiene que pagarlo, eso es así, ni es culpa de este, ni de aquel, si no de quienes han generado esa deuda sobrehumana mientras jugaban al monopoly con millones de sentimientos. Que otros paguen o dejen de pagar no es problema del Atleti porque el Atleti tiene un problema llamado deuda y tiene otro mayor apodado como dúo prescrito.

No tardará el club en verse obligado a desprenderse de todos sus mejores activos; esto incluye a Falcao, a Arda y a Adrián. Luego nos contarán que cada jugador juega donde quiere y nos obligarán a poner cara de infelices porque nuestros ídolos se marchan en busca de fortuna a otros parajes con más aspiraciones. Nadie dirá quien tiene la culpa de la deuda, ni quien tiene la culpa de que el Atleti no haya sido capaz de formar un equipo competitivo en los últimos quince años. No hablo de Europa League, ni de Supercopas, hablo de un equipo que se mantengar regular en los puestos altos de la liga durante un lustro. Hablo del Atleti de antes. Hablo de un sueño que no podremos cumplir porque mientras ellos juegan con nuestros sentimientos, nosotros seguiremos analizando la paja en el ojo ajeno.

martes, 19 de junio de 2012

Inversión de futuro

El Atleti sigue mirando hacia adelante, después de la incorporación del Cebolla Rodríguez, de veintisiete años y de Emre Belozoglu, de treinta y dos, llega el Cata Díaz, con un mes por delante para cumplir los treinta y tres años. Con la vista puesta al largo plazo, el Atleti se vuelve a hipotecar con jugadores que llegan de vuelta y que ya han jugado los mejores veinticinco partidos de su carrera.

He sido abonado del Getafe durante los últimos once años y puedo asegurar que el Cata es el mejor defensa (Belenguer aparte) que se ha visto por allí. Ahora, a la hora de analizar, entran en juego dos factores; uno de ellos es la edad, y el otro y más evidente, es que el Atleti no es el Getafe, y si no, solamente hace falta recordar el caso de Pernía. Con el Cata, el Atleti ha fichado un defensa que va bien por arriba, es contundente en la anticipación y sabe sacar el balón jugado, que no es poco.

Entonces ¿Dónde está el truco? Pues en que el Cata ya no es un chaval. Durante esta última temporada se le han visto demasiado la costuras como para seguir considerándolo un defensor de garantías. Nunca ha sido rápido y ahora lo es menos, nunca ha tenido una cintura ágil y ahora la tiene más rígida todavía. El caso sangra aún más cuando somos conscientes, a través de la prensa, de que el elegido para abandonar el barco es Álvaro Domínguez. Un chico joven, de la casa, que conoce el escudo a cambio de un veterano con mil guerras, que no conoce el club ni sus exigencias. O lo he entendido mal o esto es lo más parecido a un tocomocho.

viernes, 15 de junio de 2012

El consejero delegado, el presidente y el director deportivo

Hace ya veinticinco años que el Atleti dejó de ser de sus socios. Hubo una mañana en la que nos despertamos con el fallecimiento de Vicente Calderón y con el cadáver aún caliente, Jesús Gil aparecía haciendo mucho ruido y anunciando fichajes de postín a bombo y platillo. Los que le creyeron, que fueron muchos, le votaron, y ahí comenzó el principio de nuestro fin.

Con su discurso victimista, su manía de enfrentarse al mundo en nombre del Atleti y su populismo barato, el gilismo fue haciendo del Atleti un club cada vez más pequeño. Cinco años después de llegar al poder, se erigió en salvador de la patria y anunció el fin del Atleti como club de socios para empeñarlo en nombre de las sociedades anónimas. El tiempo demostró que aquella adquisición del club fue fraudulenta y que no lo compraron, si no que lo robaron.

El padre falleció, pero el hijo tomó el timón de un barco a la deriva y no hizo sino dejar que se hundiese poco a poco. El juez imputó al padre, al hijo y a ese espíritu santo, de profesión productor cinematográfico, que recorría los estudios de radio y televisión con el chascarrillo fácil en la boca y la mirada de angelito tras las gafas de pasta. No hemos tenido suficiente con aguantar años esclavizados con un consejero delegado y un presidente imputados por la justicia, sino que ahora, también, el director deportivo también ha sido llamado a filas por la justicia. Esto es el Atleti, antes un club de fútbol, ahora un club de alterne.

martes, 12 de junio de 2012

Diego lo sabe

Dice Diego, con el petate listo para regresar a Wolfsburgo, que a la gente le hubiese gustado que él se quedase. No hace falta recordar por qué, simplemente Diego ha significado esta última temporada el jugador que siempre hemos estado esperando; el tipo que aglutina el juego, que pide la pelota, que observa los desmarques, que siempre da el pase correcto y que permite al equipo avanzar un paso en la transición ofensiva.

Diego sabe que le queremos, pero otros no. Otros venden activos, negocian con agentes portugueses, piden comisiones bajo manga, hacen el egipcio y se hacen el sueco. Porque a esos otros no les importa el Atleti sino que se importan a sí mismos. Un jugador allí, un paquete acá y un título de vez en cuando para callar bocas y, después de todo, me nombran gestor del año. Menudo chollo.

El gestor del año no va a hacer un esfuerzo por Diego. Más que nada porque recurrirán a la falta de liquidez como excusa ante la inoperancia. Nadie sabe qué ha sido del poder económico del que antaño era tercer equipo de España en cuestión presupuestaria, nadie sabe donde queda aquello de que la rojiblanca la visten los grandes jugadores, nadie sabe porque Diego no puede estar hoy donde estuvieron Leivinha y Dirceu. Diego no va a seguir en el Atleti, pero los otros dos sí lo harán. Y así seguirá siendo mientras el mundo les siga aplaudiendo las gracias. Así, ni Diego, ni Torres, ni Agüero y, dentro de poco, tampoco Falcao.

lunes, 11 de junio de 2012

Sin césped

El Calderón está sin césped, esa es la noticia del día. Cuesta demasiado mantener una bitácora diaria cuando no existen noticias de relevancia a las que poder acudir. Que te cuenten que el Calderón está sin césped significa que no tienen nada que contarte y la vida sin nada que saber se hace larga, tediosa, plomiza. Tanto casi como este post.

Seguimos siendo tan ilusos que aún, en estas fechas veraniegas de pre pretemporada, volvemos a pinchar esa página de ese diario deportivo, esa otra que vende rumores y aquella otra que dice que exclusiviza certezas, pero no hay nada que saber. Seguimos queriendo creer que un día nos despertaremos y veremos a ese crack que tanto nos gustó en aquel partido vestido con la rojiblanca y diciendo aquello de que su sueño siempre había sido el de jugar en el Atleti.

Pero no nos podremos mojar nosotros con esos sueños imposibles, porque en el Atleti hace tiempo que no llegan Futres cada verano. Vienen Emres, Cebollas y, en el peor de los casos, algún Pato Sosa que otro. Y si viene un Falcao o un Forlán es porque antes se ha vendido a un Agüero o a un Torres. Así que de soñar, nada de nada. Aunque sigamos pinchando esa página de ese diario deportivo o esa otra que vende rumores. No hay noticias de un Atleti competitivo de cara a la próxima temporada, sólo hay noticias del césped. O sea, que no hay noticias.

miércoles, 6 de junio de 2012

Ante la Eurocopa

Como español me encuentro en la obligación moral de animar a nuestra selección en cada gran evento. También existe convicción sentimental, no crea nadie que se trata sólo de palpitaciones de cara a la galería, me gusta esa sensación de cosquilleo en el estómago cada vez que la roja afronta un partido de las grandes citas y qué más puedo decir sobre esa inconmensurable sensación de euforia cada vez que la selección ha salido campeona. Indescriptible.

Indescriptible, sí, porque en las victorias de Austria y Sudáfrica hubo un tinte pasional que nos hizo volver a todos la cabeza hacia atrás y recordar aquellas lágrimas derramadas cuando algún Pfaff, algún Baggio o algún Zidane se cruzaban en nuestro camino. Indescriptible porque aquellos triunfos nos condujeron a un estado general de ánimo exacerbado en el que todos, rojiblancos, blancos sin rojo y los de rojo con azul, bajábamos a la fuente del barrio y nos abrazábamos como si no fuesen a existir más derbis, como si aquello hubiése significado el éxtasis definitivo de un sueño hecho realidad.

Indescriptible, sí, pero costoso de equiparar a aquellas tardes de Hamburgo y Bucarest en las que el Atleti tocó el cielo haciendonos saber a todos que aquel afamado doblete no iba a ser la última muesca de nuestro revólver. Indescriptible, sí, pero no inigualable, porque por muy fuerte que cantase aquel gol del niño contra Alemania o aquel otro de Iniesta frente a los holandeses, ningún grito se puede comparar a aquel que nació de mi garganta cuando Forlán vacunó a Fulham en el bendito minuto ciento dieciséis. Porque yo soy de España, sí, y mucho. Pero primero soy del Atleti.

martes, 5 de junio de 2012

Los éxitos de la cantera

Las cuentas del club dentro de las redes sociales alardean de los éxitos de los equipos de las inferiores del Atleti. A los campeonatos del alevín, infantil, cadete y juvenil hay que sumar los dos últimos trofeos de prestigio mediático que han colocado a nuestra cantera en las portadas; el torneo de fútbol siete para niños en Benalmádena y el mundialito sub17 celebrado en Colmenar Viejo. Nuevos triunfos para viejas pretensiones, pero ¿Sirven de algo?

El filial, plagado de jovenzuelos pecosos y otros resíduos fichados a deshora con el objetivo de maquillar el resultado final, ha quedado en un dignísimo quinto puesto y el juvenil A alcanzó las semifinales de la copa de España cayendo por un gol ante un Espanyol que lleva años demostrando qué quiere decir trabajar bien con la cantera. Sin embargo, las noticias y rumores siguen soltando nombres de tipos de dudosa calidad e intrigante compromiso. Ayer un Lafita, hoy un Yilmaz, mañana un Capel ¿Qué pueden aportar ellos que no pueda aportar un chico que es del Atleti?

Los equipos grandes se fijan en tipos grandes y cuando no tienen opción de alcanzar la cuota de calidad exigida, entonces tiran de sentimiento y miman lo que tienen por debajo ¿Lafita? ¿Yilmaz? ¿Capel? ¿Por qué no Oliver, o Pedro, o Noguera? Porque en el juego de las comisiones, los comisionistas juegan cartas marcadas y los niños juegan con los ojos tapados. Por tipos como Lequi, Luccin o Galletti, perdimos a otros como Mario, Casquero o Del Moral. No eran estrellas, es cierto ¿Pero alguien duda que hubiesen aportado mucho más los segundos que los primeros? Otros, como Sergio Torres, Rodríguez o Borja, titulares con exitosas selecciones inferiores, se quedaron en el camino. El tiempo demostró que no valían para la élite, pero nadie les prestó, ni siquiera una mano para ofrecer una oportunidad. Vale más el fichaje de medio pelo, la comisión y la venta de humo propagandística. Dentro de dos años, cuando no sepamos que hacer con los Lafitas, Yilmazes y Capeles de turno, igual nos acordamos de ese chaval que despunta en ese equipo de segunda división y resulta que, revisando su ficha, descubrimos que jugó en la cantera del Atleti. Otro trasto romo, otro juguete roto ¿Sirven de algo los éxitos de la cantera?

viernes, 1 de junio de 2012

Diego en Wolfsburgo

No es ninguna sopresa, ya ni siquiera teníamos temor porque era un secreto a voces, una verdad que nadie había declarado pero que todos conocían. No por ello dejamos de sentirnos desasosegados; Diego regresa a Wolfsburgo bien para cumplir su contrato o bien para que el equipo saque una buena tajada por él, que está en todo su derecho. Lo que nos aploma es saber que nosotros no seremos ninguno de esos equipos que esté en capacidad de luchar por su fichaje y saber que le perdemos, así, sin más, duele, por más que tengamos que asumir su pérdida como ya asumimos los de otros tipos que cogieron el avión rumbo a las islas británicas después de haber sido idolatrados bajo el eco del Calderón.

Diego fue el tipo que durante tanto tiempo anduvimos buscando, y es por eso que chirría que el club no esté en disposición de hacer un sacrificio. Los vendelíneas nos vienen con el cuento del ajuste económico, de la deuda, de la escasez de capital, pero ¿Quién es el responsable de que el Atleti esté sin un duro? Los nombres son dos, uno tiene apellido de árbol frutal y el otro apocopa con los suyos el nombre de una inmobiliaria. Ellos tienen los bolsillos llenos y el club que dicen que aman (permiso para una risotada) tiene las arcas vacías. Así funcionan los clubes en España.

Se va Diego y llega Emre, y dicen que llegará Jurado. Esto debe ser como el dos por uno de los grandes almacenes pero versión tocomocho. Diego ha demostrado fútbol, empaque y conocimiento del juego, Emre es un misterio de treinta y dos años y Jurado, que ya estuvo por estos lares dejando detallitos e inconstancia, viene de rebote después de dos temporadas como suplente en ese equipo que antes nadie conocía y cuya camiseta ha inundado nuestra ciudad desde hace un par de años. Se nos vuelven a reir en la cara y quizá, cuando veamos a Diego destilando fútbol con otra camiseta y nos preguntemos qué hizo mal el Atleti para no ficharlo, habremos de girar la cabeza hacia el palco y buscar a los dos responsables. Uno tiene apellido de árbol frutal y el otro apocopa con los suyos el nombre de una inmobiliaria.