miércoles, 27 de febrero de 2019

El no fútbol

El no fútbol es todo aquello ajeno al juego que genera ruido mediático a los que prefieren el morbo al análisis sintáctico. El no fútbol simplifica las cosas y separa el grano de la paja; todos aquellos adscritos a los preceptos del no fútbol jamás sabrán mirarte a los ojos para contarte una verdad, porque ellos preferirán vivir siempre en la mentira y, siempre, al tanto de la absurdez.

No me gustó el gesto de Simeone, igual que no me gusta la actitud defensiva que ha tomado el club en su cuenta de Twitter, pero no me gustaría perder más de un minuto hablando de ello. Entiendo que el primero fue un impulso conducido por el estado de emoción y lo segundo es una manera de hacerse ver ante los poderes fácticos. Punto y final.

El problema es que lo que los demás quieren que seamos es lo que han decidido que somos. Si algo desterró el cholismo fue el victimismo y si algo ha ensalzado ha sido la competitividad. Ni somos llorones ni somos macarras; bueno, lo úlitmo igual sí, pero macarras con ganas de molestar, no macarras con intención de dañar. Y por lo que se ve sí, molestamos. Y bastante.

lunes, 25 de febrero de 2019

Morata quiere

Los debates duran lo que tarda la realidad en poner las cosas en su sitio. Durante días, casi semanas, estuvimos dándole vueltas a un tema que, antes de concretarse, ya sabíamos que nacería torcido. Y lo sabíamos porque tendemos más a leer lo que dicen de nosotros que lo que pensamos nosotros mismos. Es el pecado capital del aficionado que pasa el día constantemente mirando detrás de su espalda. Nosotros somos de mirar hacia adelante, nuestro barco es el Atleti y, nos gustemos más o menos, todos formamos parte de la tripulación.

A Morata ya le habíamos sentenciado antes de verle jugar. Es el problema de juzgar mediante prejuicios. Estuvimos analizando su pasado, aniquilando su presente y dejándole sin futuro porque, según algunos, era un madridista que venía a quitarle el puesto a las promesas de nuestra cantera. La realidad es que Morata es un delantero contrastado, que ha jugado en la élite de la élite y que, para los envites de verdad, tiene mucho más cuajo y experiencia que cualquiera de nuestros canteranos.

Esto no quiere decir que haya que dejar de lado a los canteranos. Nadie más que yo ha defendido, siempre, el necesario trabajo que hay que hacer en la cantera, porque allí no sólo se fabrica el talento, sino también el sentimiento. Pero lanzar a los leones a chicos sin experiencia es mandar a la hoguera a inocentes sin pecado. A ellos les toca crecer poco a poco y, sobre todo, aprender de las actiudes de los jugadores a quienes deben ganar el puesto. Morata lleva cinco partidos con nosotros y no ha dejado de pelear, de iniciar contragolpes, de pegarse con los defensores y de tirar desmarques. Ayer, tras marcar su primer gol con el equipo, el estadio se lo agradeció con una ovación atronadora. Y es que, al final, quien termina agradando no es sólo quien puede sino también quien quiere.

jueves, 21 de febrero de 2019

Volvió el Atleti

Volvió el Atleti; el de la pierna fuerte, el de la ilusión intacta, el del trabajo, el de la fe, el de la posibilidad, el del cuchillo entre los dientes, el del juego directo, el de la defensa de hierro, el del centro del campo plagado de minas, el que engancha con la grada, el que vuelve a recordarse a sí mismo que ganar pasa por no perder la esencia.

Volvió el Atleti; el del gol por insistencia, el de la victoria trabajada, el del paradón nuestro de cada día, el de los laterales incisivios, el de la vieja guardia, el de los atributos de un entrenador que pierde la cabeza con la euforia, el que le muestra al mundo que cuando aprieta los dientes es el hombre del saco, el que dicta el ritmo del partido porque se juega a lo que él quiere.

Volvió el Atleti; el que quiere aspirar a todo, el que huye de malos farios, el que señala a los dudosos, el que viste de orgullo a su gente, el que pelea cada pelota, el del centro del campo con chicos de la casa, el de los uruguayos, el del francés guerrillero, el del animal con el número diecinueve, el Atleti del Cholo que nos sacó de la letanía y nos llevó de nuevo a creer. Y en la fe persisten nuestros sueños. Queda un partido de vuelta, queda un mundo por sufrir, pero queda para siempre la impresión de que el Atleti es más que favorito cuando quiere parecerse a sí mismo y no a lo que quieren que se parezca.

miércoles, 20 de febrero de 2019

En japonés

Que el Atleti lo tiene en japonés todo el mundo lo sabe. Se enfrenta al ganador de las últimas siete ligas italianas, con dos finales de Champions en el último lustro y con el brillo latente de un goleador imperecedero como es Cristiano Ronaldo. Un bloque firme y sólido que no pierde la compostura y que sabe ganar por insistencia antes que por aplastamiento. De lo peorcito que le podía tocar en el sorteo.

Ahora bien, existe una extraña sensación dentro del sentir rojiblanco que indica que ellos tampoco lo tendrán fácil. Que pueden ser los favoritos, que pueden traer todo el glamour del mundo y que pueden lucir estrellas en el pecho que causen admiración, pero que, en el fondo, seguimos creyendo que, un día de estos, volveremos a ser un ejército, volveremos a hacer que los astros se unan y volverá a estallar en el cielo una pasión en rojo y blanco.

Lo tenemos en japonés, habremos de buscar traductor, entender el idioma y contestar como merece la competición. Claro que no va a ser fácil, nadie dijo que lo fuera, pero si existe un tipo que nos ha hecho creer y le hemos seguido ciegamente hasta aquí, no vamos a detener el tiempo para lamentarnos antes de tiempo. Para llorar habrá tiempo, quizá mañana, quizá el mes que viene. Ahora toca jugar y toca querer ganar.

lunes, 18 de febrero de 2019

La identidad

La identidad es el continuo camino de regreso a casa, es el legado que debe permancer, el tesoro que se debe conservar, el continuo desafío que se debe buscar. La identidad te ofrece un lugar de seguridad, un motor de acción, un objetivo para fabricar ilusiones. Porque los sueños están hechos de certezas y el Atleti de Simeone, hasta hoy, tenía una certeza por encima de las demás; era un equipo incómodísimo para el rival.

Si perdemos la intensidad lo perdemos todo. Si dejamos que el rival nos rompa líneas con facilidad, si dejamos de topar en el medio, de meter la pierna con fe, de saber que el estilo pasa por apretar los dientes, nos convertiremos en el equipo más previsible del mundo. Vale que le tengamos que dar la razón a los que dicen que no tenemos plan de ataque; allá ellos, pero no podemos dejar de presumir de nuestro rocoso plan defensivo. Abocarse a Oblak o a la pareja de centrales no es la mejor situación para soñar en grande.

Durante los últimos partidos nuestra línea media ha parecido un grupo de hermanitas de la caridad. Dejan jugar, dejan tocar, dejan que el balón se cuele entre líneas y allí, en el lugar donde correr contra la espalda supone encontrar la precisión continua, te expones a un contínuo cara o cruz donde a nuestro portero le da por ganar batallas mientras el equipo se centra en la guerra. La identidad por delante y el resultado siempre como consecuencia. Las premisas están claras: trabajo, fe y esfuerzo. Es el Atleti del Cholo, nos puede gustar más o menos, ese es otro debate, pero con estos preceptos, cuando hemos sido un equipo identitario hemos sido un equipo muy muy difícil de ganar.

jueves, 14 de febrero de 2019

Una década

Hace siete años el Atleti era uno de los mayores desastres deportivos existentes. Acuciado por las dudas constantes, quemaba proyectos y destrozaba jugadores al ritmo frenético que imponían su exigencias. Derrotas vergonzosas y actuaciones hirientes, provocaban que siguiesemos siendo, una y otra vez, la chanza recurrente de cada lunes.

Hace siete años Simeone cogió a un equipo en ruinas y lo llevó a competir contra los mejores. De ver la Champions en la tele a jugar dos finales, de acabar a treinta puntos del primero a ganar la liga, de ser comparsa a convertirse, por primera vez en mucho tiempo, en la mosca cojonera que les tocaba las narices a los dos grandes.

Siete años después, Simeone ha alargado su compromiso hasta 2022, lo que implica que completará, si todo rueda como creemos, una década al mando del club. Una década en la que ha cambiado el juego, la fe y la ambición. El Atleti, con Simeone, ha encontrado algo que parecía imposible y es un estilo propio. Ya no da bandazos; tiene decepciones, porque el fútbol es puñetero y seguimos siendo pobres respecto a los muy ricos, pero es un valor seguro de competitividad. Una década para decirle al mundo que si se trabaja y se cree, se puede.

martes, 12 de febrero de 2019

Basura informativa

A todos nos roban y a todos nos benefician. Desde esa premisa, voy a empezar a escribir mis tribulaciones sin que se llegue a pensar que busco algún tipo de excusa. Si me escapo por caminos serpenteados es porque hasta allí nos han llevado los camiones de la basura; allí, hacia ese descampado lleno de mentiras y medias verdades donde la podredumbre se vende y la sensatez se tritura.

No fue culpa del VAR, dijo Simeone. Correcto. Hay que buscar el problema interno antes que patalear por los externos; ni supimos imponer el juego ni supimos contrarrestar el suyo ¿Resultado? Derrota, una vez más, pero los pregoneros de la extremaución se han precipitado en hacer análisis en base a resultados desde el mismo lugar donde hace poco más de un mes nos vendían las palabras dirigidas a un tal José Luis.

No nos engañemos, las decisiones arbitrales, VAR mediantes, fueron catastróficas para nosotros. El problema no es que se equivoquen, el problema es el trato que mereces según quien seas. Estuvimos semanas debatiendo por una jugada en la que el portero tocaba el balón. Y así, de esa manera, puedo compartir el análisis del entrenador, pero también puedo entender a todos aquellos que se quejan. Porque al final nos han convertido a todos en cómplices y vícticmas de la basura informativa.

viernes, 1 de febrero de 2019

Partido clave

Existen momentos trascendentales a lo largo de la temporada. Partidos que, a priori, pueden parecer de normal importancia pero que, en un análisis más profundo, resultan de una necesidad casi vital. Porque marcan a fuego el futuro y ponen al equipo en el verdadero lugar de las pretensiones. El Atleti se juega algo más que la vida en el Villamarín, se juega afrontar el derbi con garantías y, de paso, no llegar a la eliminatoria contra la Juve en una situación de todo o nada.

De ganar, la fortaleza mental seguirá intacta. Estará en opciones de mantener la distancia dependiendo de lo que hagan Madrid y Barça, de seguir en la pelea, de poder seguir soñando con todo. De perder, entrarán las dudas y el Madrid, que ha cogido carrerilla, llegará al Metropolitano con la opción de morder y sacar sangre. Y eso, admitámoslo, sería terrible.

Y no será fácil. El Betis es, probablemente, el equipo más imprevisible de primera. Es capaz de asaltar el Camp Nou con una exhibición de fútbol y caer estrepitosamente contra el rival más sencillo. Si hablamos de motivación, este es un partido especial para ellos porque será un choque de estilos y tienen la opción de demostrar que el suyo es el estilo más válido. Solemos sufrir mucho contra equipos que tienen el balón porque tendemos a la reculación. Mucho más si nos adelantamos pronto. Será importante contar con jugadores veloces para saber controlar las contras. Alguna tendremos, seguro, y será de vital importancia saber aprovecharla.

martes, 29 de enero de 2019

Atléticos somos todos

Podemos ser más altos, más bajos, más rubios, más morenos, hombres, mujeres, sentimentales, pragmáticos, soñadores o irreverentes. Podemos ser de aquí, o de allí, podemos permitirnos viajes o no podemos permitirnos un abono, podemos gritar un gol o guardar silencio en una derrota, podemos sacar pecho con orgullo o dejar volar la ensoñación mientras entonamos el irreversible "otra vez será". Podemos asimilar la derrota, aprender de la victoria, pavonear, sumar, restar, dividir, multiplicar. Podemos perder y podemos ganar.

Nos puede gustar Morata más o menos, nos puede doler en el alma su pasado o nos puede dar absolutamente igual, podemos admirar al Real Madrid y sentir indeferencia o podemos cambiar nuestro ánimo cada vez que le vemos ganar, podemos odiarlo profundamente o podemos ningunearlo en la palabra, podemos amar al Cholo, podemos criticarlo o podemos endiosarlo, podemos repetir mantras o resucitar fantasmas. Podemos hablar y podemos callar.

No me gustan los repartidores de carnets. Estoy seguro de que a muchos de ellos no les gusto yo. Da igual, mi afición al Atleti no es por ellos sino por el equipo. Cada uno tenemos nuestra situación y cada uno tenemos nuestro sentimiento. No voy a entrar en valoraciones personales; aquí, cada uno, es capaz de hacer renacer sus propios espectros. A mí Morata me parece un jugdor válido como a otros les parece una ofensa. Bien, les entiendo. Pero, más allá de valoraciones en caliente y análisis sectarios, hay una cosa en común que nos une a todos y es que todos queremos que gane el Atleti. Porque aquí, de una manera u otra, cabemos todos, porque Atléticos somos todos. No existe una única manera válida de ser de un equipo.

viernes, 25 de enero de 2019

La plaga

Nos acecha una plaga. Nos encontramos en una situación crítica en la que empezamos a jugarnos las castañas y los futbolistas van cayendo como moscas. Primero atacaron a la zaga, después la operación de Diego Costa y ahora es el centro del campo el que se ve mermado. Será un once de circunstancias y enfrente estará el Getafe, un equipo que no regala caramelos.

Las circunstancias, a veces, son una auténtica putada. Acabamos enero vivos en liga y fuera de copa y lo terminamos, además, de la peor manera. Simeone se verá obligado a echar mano del magnífico filial que tenemos pero estos chavales, apuestas de un futuro halagador, son sólo promesas a las que no se puede exigir que carguen sobre sus hombros la responsabilidad de pelear una liga.

Volverá Lucas al lateral, volverá Juanfran al interior y volverá, problemente, Borja Garcés a la delantera. Un equipo casi de circunstancias, un equipo, seguramente, competitivo, porque en este Atleti, como en la mili, el valor se presupone. Y habrá que rezar para que no se lesione nadie más, porque llega febrero y llegan curvas; Villamarín, derbi, Juve... Nos acecha una plaga y no paramos de buscar un antídoto ante la adversidad.

martes, 22 de enero de 2019

No nos gusta Morata

Partamos de la premisa de que lo que hay es Kalinic. Que el tipo es voluntarioso e insistente, pero no da la talla. No podemos criticarle por bajo rendimiento porque no ha parado de tirar desmarques, ni de pelear balones aéreos, ni de buscar un remate siempre infructuoso. Podemos decir que no tiene gol y eso, en un delantero, desidia aparte, es el peor pecado que puede cometer.

Llevamos semanas, casi meses, debatiendo sobre la conveniencia de haber fichado un buen delantero suplente para suplir las ausencias de Diego Costa. Se barajaron nombres de lo más variopinto; Stuani, Borja, Gerard, Maxi... tipos que no han conocido la élite, que han dado un rendimiento espectacular en equipos de media tabla pero cuyo rendimiento en un equipo exigente aún es una incógnita. Y después de soltar todos esos nombres resulta que ahora no nos gusta Morata.

Tengo los mejores recuerdos de Morata de su estancia en la Juve y su segunda etapa en el Madrid. Juega en su contra, claro está, que nunca se terminó de consolidar como delantero titular, y que fue por ello por lo que fue buscando salidas a sus suculentos contratos. Pero con la Juve eliminó al Madrid, fue decisivo en partidos importantes y rindió a gran nivel. En el Madrid, cuando tuvo que suplir a Benzema, lo hizo con garantías y goles ¿Por qué no va a valer, pues, para suplir a Diego Costa? El chico ha jugado finales de Champions, ha ganado ligas y ha estado siempre en la pomada. La de verdad. El problema, claro está, es que visitó unos colores y llegó a renegar de los nuestros. Lo extradeportivo siempre por delante de la sensatez.

jueves, 17 de enero de 2019

Imperfecciones

Fue un palo durísimo, no lo vamos a negar. Yo, que soy un nostálgico empedernido, tengo a la Copa como una competición preciosa. Tengo los mejores y los peores recuerdos asociados a finales de Copa. He vivido las suficientes como para saber rememorar las victorias y recrearme en el dolor de las derrotas. Lo de ayer fue un palo porque tenía, siempre las tengo, esperanzas en ganar la Copa del Rey.

Pero no va a poder ser. Y ya serán seis años sin poder ser. Desde aquella final en el Bernabéu, en el mismo día de mi cumpleaños, en el que yo estaba allí, en la grada, sufriendo como un cosaco el acoso de los otros y celebrando como un niño el gol de Miranda. Allí hemos cantado a lo grande cuando hemos sido grandes de verdad. Por eso, ver al equipo apeado después de dejarse el alma en remontar un partido que mereció ganar, te llena de una tristeza casi irreparable. Costó dormir, cuesta, hoy, aguantar a los de siempre.

Llevamos semanas achacando la falta de gol y el día que marcamos tres no somos capaces de ganar el partido. Fallaron cosas, está claro, esas pequeñas imperfecciones que, cuando no se pulen, terminan castigándote. Al Atleti le falló cerrar las bandas y por ahí llegaron los tres goles; no hubo ayudas y no se cuidaron bien las espaldas. Y falló, aunque no se le pueda achacar culpa, el portero. En días como ayer es cuando valoras la seguridad que implica jugar, domingo a domingo, con el mejor portero del mundo.

martes, 15 de enero de 2019

Sin gol

El kilo de nueve se paga caro. Es, extrapolado al fútbol, la angula de la mesa de los gourmets, el Ferrari de los conductores apasionados, el Rólex de los coleccionistas más ávidos. Un buen nueve te arregla una mala temporada y, por supuesto, de dispara en una buena, porque en el gol vive la majestuosidad del fútbol.

El Atleti lleva unos partidos decendes, alternando ratos regulares con otros buenos e incluso muy buenos. Sufrió en Sevilla aunque supo recomponerse en el segundo tiempo, igual le pasó en Girona después de veinte minutos deplorables y fraguó ante el Levante uno de los partidos más completos de la temporada. Aún así, dos empates agónicos y una victoria por la mínima con un penalti más que dudoso.

¿Qué ocurre? Pues que falta gol. El equipo sabe de memoria a qué jugar; todos juntitos, salida intensa, regulación del partido y, en temporadas anteriores, saber guardar la ropa. Porque generalmente sabía adelantarse e ir gestionando la ventaja de manera magistral. Como ahora le cuesta un mundo adelantarse, se ve obligado a remar y remar durante los noventa minutos y, en más de una ocasión, a tener que levantar, o empatar, resultados adversos. Es que sin gol, sólo queda el sufrimiento.

jueves, 10 de enero de 2019

Esos ratos de desidia

Esos ratos de desidia matan al Atleti y nos matan a nosotros. Porque creemos estar viendo un partido y, de repente, vemos otro distinto. Y nos quedamos sin uñas, sin voz y sin ganas. Esos ratos de apatía en los que el rival toca y toca, llega y llega y el Atleti se empeña en regalar balones, en tirar pelotazos absurdos y en abocarse a la fe que suele profesar en su portero.

Sólo que ayer el portero era otro y se terminó notando. Un disparo colocado pero, en apariencia sencillo y que requería palomita y córner, terminó dentro de la portería. A esas alturas el Girona ya merecía su premio porque el Atleti se había desconectado. Y es que ocurrió lo siempre; arranque sólido, gol tempranero y guardar la ropa, porque para nadar, mejor aprovechar la corriente.

Y ayer el viento estaba en contra. Retórica y físicamente. La segunda parte, cholina mediante y viento a favor, el equipo creció en actitud. No fue poco. Pero no sirvió de mucho porque falta lucidez arriba y, sobre todo, falta remate. Adán, esta vez sí, vestido de Oblak, salvó una ocasión clarísima en la únicia llegada del Girona con peligro real. El resto fue un quiero y no puedo y la sensación de que oportunidades así no hay que dejarlas escapar. No es mal resultado, pero si tememos otro momento de desidia, es posible que terminemos por no fiarnos del todo.

martes, 8 de enero de 2019

No hay febrero sin enero

Pasan las jornadas y, aunque las sensaciones siguen sin ser las correctas, el equipo sigue sin perder. Más allá de la mácula de Balaídos, en los albores de una temporada que, por exceso de ilusión, recibió su golpe de realidad, el equipo ha ido a trompicones, empate a empate y victoria agónica a victoria agónica hasta asentarse en el segundo lugar a tan sólo un partido de la finalización de la primera vuelta.

Debemos tener en cuenta que, en las últimas temporadas, el equipo ha empezado a tomarle el pulso a la competición a partir de febrero. Cuatro últimos meses a tope en los que suele cimentar los objetivos. Es por ello que siempre le ha costado tanto alcanzar las últimas rondas de Copa y es por ello que, generalmente, ha llegado al último tramo ligeramente descolgado en liga aunque nunca haya dejado de pelearla hasta el final.

Teniendo en cuenta que el mes de enero no será excesivamente complicado en cuanto a rivales en liga (con el condicionante de que el Atleti no le gana fácil a nadie), deberíamos tener en cuenta las opciones de copa e intentar llegar a febrero con el carburador a tope. Allí llegarán Betis, Real Madrid y Juventus por partida doble. Comenzará el show. Esperemos, por favor, que empiece a llegar el juego.

viernes, 4 de enero de 2019

Difícil

Las ilusiones están en todo lo alto, el Metropolitano llenó un fondo, los jugadores posaron para la galería y se entonaron cánticos de ánimo. Toda una soflama de energía y todo un compromiso de acción. Pero la realidad, más allá de las euforias, es que jugamos en Sevilla y la defensa es un cuadro.

Lo tenemos difícil, vamos a ser francos. Porque el Sevilla aprieta, porque en su campo son aviones, porque nos tienen ganas y, sobre todo, porque estamos mermados. Pero si algo nos inquieta más aún es la trayectoria del equipo; tan sólo dos victorias fuera de casa y la sensación de que hace mucho tiempo que no gobierna un partido, aunque sea a su manera.

Nos preocupa que el Atleti pierda la base de su identidad, que se convierta en un equipo meramente italiano en el concepto clásico de la palabra, que sólo confíe en la suerte y que renuncie a los códigos que le han llevado hasta aquí. Nos preocupan muchas cosas porque empezamos el año en el peor escenario posible. Existen tragos amargos que hay que digerirlos con naturalidad; la derrota es plausible, la victoria, de llegar, sería reanimante.

miércoles, 2 de enero de 2019

En la primera línea de parrilla

Empieza un año de expectativas, de ilusiones, de incertidumbre y de realidades. Porque el Atleti cuenta con una plantilla de primer nivel, porque está en condición de disputarlo todo, porque el juego, pese a todo, no invita al optimismo y porque los rivales, a la hora de la verdad, serán pura contundencia.

Habrá que hacer frente a la plaga de lesiones y tratar de recuperar a los futbolistas importantes para los momentos clave, negociar con aquellos que tienen la cabeza fuera del equipo y hacer mejorar el rendimiento ofensivo. El problema de juego se arregla con optimismo y el optimismo se gana con buenos resultados.

Pese a los agoreros, que los hay, pese a que muchas veces yo mismo he caído en el pesimismo más absoluto, hemos de reconocer que en este año que empieza hay muchas ilusiones porque el equipo sólo puede ir a más, porque la defensa se debe recomponer, porque los recursos son muy variados y porque, pese a todo, el Atleti sigue en primera línea de parrilla.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Mi capitán

Hace un tiempo, en los albores de este blog, escribí un texto sobre Gabi describiéndole como un eficiente oficinista. "El chico que sólo servía para ser contable", lo titulé. Fue el día que certificó su regreso al Atleti y los aficionados, que veníamos de vuelta y teníamos menos esperanzas aún que realidades nos mostraban, sospechábamos de cualquier incorporación. Reconocíamos a Gabi como un jugador correcto, pero nada más allá de un tipo que corría mucho y pensaba poco.

Lo que no había encontrado Gabi, hasta entonces, era el camino correcto por el que guiar sus virtudes. El chico era un buen oficinista, era cierto, pero tenía alma de capitán. El jefe del departamento se destapó cuando un tipo que creyó ciegamente en él le otorgó mando en plaza. Sólo le pidió una cosa; trabajo. Con la fe y el sentimiento reforzados en el discurso, Gabi fue el reflejo de Simeone en el campo. La extensión de un tipo que sentía el fútbol como una forma de vida.

Cualquier homenaje es pequeño cuando se trata de loar al tipo que nos ha conducido hacia la gloria. Nadie como él representó el escudo, nadie como él interpretó el himno en uña y carne, nadie como él disputó cada una de las finales. Incluso en las perdidas dio una lección de pundonor tan grande que quedó pequeño cualquier comparativo que se realizase con su corazón. Ni el Calderón abarcaba su latido ni el Metropolitano fue capaz de detener su impulso. Fuego intenso y pasión desmedida, el estadio que hoy le venera se puso en pie para despedirle. Oh, capitán, mi capitán. Cualquier frase épica sirve para alabarle, cualquier escena de amor sirve para describirle.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Intentarlo no basta

No se puede decir que el equipo no lo intentara. No se puede achacar falta de actitud ya que el Atleti dominó la pelota durante un gran tramo del partido y acechó el área sin la profundidad necesaria. No es un problema que salga un partido trabado, el problema es que son ya demasiados los partidos trabados para creer que es una casualidad.

El Atleti tiene un problema de juego alarmante. Se puede ganar un partido jugando mal, se puede tener una racha jugando sin solvencia, pero, a la larga, jugar mal penaliza más que hacerlo bien. Y no se trata de jugar bonito, se trata de ejecutar el plan a la perfección y de saber utilizar los recursos con maestría.

Y los recursos del Atleti este año, son tan variados, que parece que a Simeone le ha pillado a contrapié. De repente tiene gente para generar mucho fútbol en el medio y, sin embargo, el equipo sigue saliendo a la guerra en los partidos fuera de casa. Lemar, Saúl, Koke, Rodrigo, Thomas, Vitolo... todos salen con el pico y la pala para terminar cavando su propia fosa. Ni Villarreal, ni Leganés, ni Girona. Van tres seguidos. Lo malo es la sensación de que va a haber muchos más.

jueves, 29 de noviembre de 2018

En octavos

Los objetivos se cumplen con trabajo y abnegación. Hace falta, claro está, una gran dosis de talento para saber aspirar a las más altas cotas. Si el equipo se ha puesto como objetivo estar en la final de la Champions disputada en su propio estadio, no somos nosotros nadie para intentar corregir el exceso de fe. Desde que llegó Simeone, si algo tenemos claro, es que la comunión entre ellos y nosotros es tan perfecta que no necesitamos más que una palabra para seguir su camino.

El Atleti está en octavos una vez más. Olvidando el tropiezo del año pasado, que nos terminó conduciendo a un título, el equipo ha vuelto a hacer los deberes y está otro año más entre los dieciséis mejores. Desde que empezó autoexigirse, las metas se van cumpliendo y los grandes sueños se siguen rozando. Simeone tiene la Champions entre ceja y ceja y algunos, los que sólo ven cuatro partidos del Atleti al año, le exigen que sea más ambicioso. Como si a los anteriores entrenadores les hubiesen exigido algo más que no fuese salvar la categoría.

Fue un mal partido, no lo vamos a negar. Un partido que se resolvió rápido y sirvió para que los jugadores sestearan de cara a los próximos compromisos. Tal y como se ha puesto la liga, no está de más guardar fuerzas para saber gastarlas en envites de mayor envergadura. El Mónaco ofreció poco y sólo se estiró cuando apareció Falcao, aquel tigre del área que nos hizo tan felices y que hoy busca un lugar en el desierto. Allí no hay oasis. Entre la gloria y la fortuna escogió lo segundo. Imagino que hoy se seguirá preguntando por qué.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Coraje y corazón

El coraje hace referencia al ímpetu, al no dar un balón por perdido, a avasallar al contrario, a no escatimar un esfuerzo, a no dejar un gramo de sudor pendiente de verter en el césped, a no negociar el deseo, a intentar ganar por encima de todo, a no pensar en perder por más que las consecuencias te conduzcan al precipicio.

El corazón se sostiene en la fe, en la capacidad de creer en lo imposible, en la generosidad del esfuerzo, en el apoyo constante hacia el compañero, en el aliento de la grada, en el aliento hacia la grada, en la comunión global entre ellos y nosotros, en el grito desgarrado con un gol del cojo en el último minuto del partido.

Cuando el Atlético conjuga la letra de su himno en el terreno de juego es cuando se vuelve más reconocible. Durante sesenta minutos, se vio sometido a la voluntad contragolpeadora del Athletic de Bilbao, un equipo que planificó el encuentro en base a la velocidad de Williams y al movimiento entre líneas de Beñat y Muniain. Y cuando todo parecía perdido, apareció el coraje para asomarse al vacío y, al fin, el corazón para dejarlo apretado en la grada para siempre. El equipo que nos enamora es el equipo del coraje y el corazón.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El peaje de la exigencia

La exigencia conlleva un peaje, la alta competición, a menudo, tiene un alto precio que hay que pagar en forma de ostracismo o en forma de lesión inoportuna. Es la consecuencia de someter al cuerpo a un castigo inherente a la alta dosis de competitividad. Lo queremos todo y lo queremos bien, pero no somos conscientes de que estos héroes que dibujamos en rojo y blanco, no dejan de ser personas formadas por la misma estructura muscular que la nuestra.

Primero cayó Godín, luego Savic y, durante el partido ante el Dortmund, fueron cayendo, para completar el efecto dominó, Giménez y Lucas. Todos esclavos del límite físico en el que se les exige, al mismo tiempo, la misma dosis de esfuerzo y precisión. Un problema grave, el de jugar sin centrales, si tenemos en cuenta que, en un par de días, nos visitaran dos bestias del juego aéreo como Adúriz y Raúl García.

Son las vicisitudes de la élite. Querer una plantilla talentosa conlleva tener jugadores que lo juegan todo; Liga, Copa, Champions y partidos de selección. Claro queda que cobran en función de lo que generan e incluso, en la mayoría de las ocasiones, mucho más de lo que merecerían en función a la banalidad que representa su profesión, pero entre todos hemos generado este circo y entre todos lo queremos mantener. Por ello, es importante asumir el agotamiento físico y la lesión muscular frecuente en cada uno de nuestros jugadores porque están sometidos a un esfuerzo que, inducido por la exigencia, les hace ir al límite de sus probabilidades.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Así sí

Mismo rival, distinto escenario, misma competición, distintas circunstancias, mismo objetivo, distinta motivación. Cuando se hace bien lo de siempre y se olvida lo de nunca, cuando te obligas a atacar y te olvidas de defender, cuando la inspiración es un balón y no una carrera hacia detrás, cuando mirar hacia adelante te convierte en valiente a ojos del mundo, es cuando las causas abrazan a las conscuencias y el resultado tiende a la favorabilidad.

El Atleti ayer hizo un partidazo, es justo decirlo. Tuvo el temple suficiente para aguantar el envite y, cuando vislumbró que su rival era más azúcar que pimienta, se lanzó a deguello con robos precisos y ataques incisos. Los imberbes alemanes supieron, esta vez, que jugar contra hombres curtidos conlleva el riesgo de salir escaldado. No se reinstauró el goal average, pero se reinstauró el orgullo y ese pedazo de gloria, a título personal, es tan suculento como cualquier vestigio de esperanza.

Ahora bien, sabemos que el equipo, en casa, sabe jugar con mordiente, con velocidad y con cierta pulcritud, y entonces nos asoma la pregunta trascendental ¿Por qué no jugamos igual como visitantes? Es allí, en los partidos a cara de perro en campos donde el pedazo de pan se paga con gotas de sudor, cuando el equipo se ha caído por el precipicio. El paso atrás le ha terminado condenando y la inoperancia le ha terminado situando en un lugar de incertidumbre. Hace falta mentalidad; si somos grandes, actuemos como tales. La cara siempre la acaban partiendo, pero uno es más feliz, aunque sangre, cuando sabe que ha sido valiente que cuando se acuesta apesadumbrado por haber sido un cobarde.

lunes, 29 de octubre de 2018

La confianza

La confianza es el lugar de encuentro donde se cruzan las voluntades. La esperanza, el deseo, el objetivo y el hilo del qué tirar. Y todos juntos, remando, aun a contracorriente, saber dirimir las dificultades y alcanzar una nueva orilla. Y así día tras día. Los resultados sólo se consiguen trabajando y el trabajo sólo se afronta, con optimismo, desde la confianza.

Victorias como las del sábado son más bálsamo que logro, pero cuando a uno le acucian los malos augurios y los pronósticos caen como una losa, nada más medicinal que una victoria convincente para saber que el camino a seguir puede seguir marcado con una fila de baldosas amarillas. El equipo, sobre todo durante la segunda parte, insistió, jugó y llegó. Faltó claridad en el último tramo, pero como buenos fieles de una comanda, siempre se pide compromiso, porque a través del mismo se alcanza el juego.

Es un comienzo de temporada tan extraño que no sabemos hacia donde encaminar la brújula de la esperanza. A la de cal le sigue la de arena y cuando parece que el equipo comienza a tomar empaque, siempre llega una visita a un campo complicado y nos sacan los colores como nunca antes lo habían hecho. Es necesario saber con quien hay que jugar, cómo hacerlo y cual es la mejor manera de ejecutar el plan. Si es presionando en campo rival e insistiendo sin parar, como se hizo el sábado, seguramente el equipo tardará muy poco en adquirir la confianza.

jueves, 25 de octubre de 2018

Así no

Que haya sido la derrota más abultada de la era Simeone no hace sino clarificar que las cosas no se están haciendo bien. Que el equipo ha perdido parte de la identidad que le convirtió en intratable y que, de tanto escucharlo, al final vamos a asumir como una premisa cierta aquello que nos cuentan de que los equipos de Simeone nunca han jugado a nada.

Obviando las mentiras, por falta de fundamento, deberíamos centrarnos en el presente si queremos afrontar el futuro con la certeza de una mejoría. Cierto es que sólo estamos en octubre, que el equipo, durante los últimos años ha ido siempre de menos a más y que, de tanto repetir la indolencia, hemos terminado sumidos en el pozo de la desgana.

Como aprender del pasado es el primer paso a seguir a la hora de afrontar los objetivos, deberíamos echar un vistazo a nuestros últimos fracasos con el fin de no repetir los errores. El año pasado, con más puntos y, quizá, mejores sensaciones, ya habíamos perdido la liga y estábamos a un paso de tirar la Champions. Este año, al equipo le está salvando el mal inicio de los grandes y un grupo más amable en la Copa de Europa. Aprovechar las vicisitudes debe ser tarea factible para quien aspira a lograr la excelencia. Pero antes de emprender la misión, debería reflexionar y darse cuenta de que, jugando así, no se llega hacia ningún lado.

lunes, 8 de octubre de 2018

El colmillo

Cuando el rival aprieta, cuando tiene un plan de juego, cuando su proyección se programa para ahogar el juego, para trasladar tocando, para dormir el tempo, para buscar la espalda, cuando la presión es alta y la intensidad es certera, cuando te buscan las cosquillas al primer toque, cuando te quieren hacer correr detrás de la pelota, no queda otra opción que sacar el colimillo.

El Betis es un buen equipo. Probablemente luchará hasta las últimas jornadas por el cuarto puesto. Es un equipo lleno de buenos peloteros y que saben interpretar casi a la perfección, el libro de estilo de su entrenador. Juegan de memoria la salida de la pelota y sólo la ausencia de un delantero de garantías les impide estar más arriba en las pretensiones.

Por eso fue un buen rival para medir el actual estado del Atleti. Lo que hace un mes era despropósito y baja forma, ayer se consolidó como un momento al alza. El equipo vuelve a ser solidario y, aunque sigue sin ser certero en el juego posicional, al menos sabe que, mordiendo, sigue siendo el mismo bloque casi imposible de ganar. Todos estamos de acuerdo en que no fue un gran partido, pero no deberíamos obviar que sí fue una gran victoria.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Crampones contra el terreno

Existen momentos de contricción en los que somos capaces de darnos cuenta de nuestros errores, de dividir nuestros espacios y multiplicar nuestros objetivos, existen momentos cruciales que sirven de trampolín y se recuerdan como inusitadas muestras de ambición. El Atleti, como nuestras vidas, tiene momentos de celebridad y momentos de celeridad. Mientras se busca a sí mismo va encontrando la sensación e intenta recuperar la mirada del tigre mientras observa a su enemigo en el horizonte.

El Huesca es un equipo demasiado normalucho como para ser tenido en cuenta a la hora de analizar las exageraciones. Poco a poco, el equipo, agarrado al clavo de su propia condición, va solventando momentos y encontrando sensanciones mientras se espera a sí mismo. Seis puntos consecutivos, el paraguas sobre la cabeza y el peligro de una tormenta perfecta acechando sobre la cabeza.

No se rendirán tan fácilmente. Podrán perder, porque el enemigo es bravo y talentoso, pero no les verán doblar la cerviz, porque este equipo ha aprendido a encontrar el cáliz escarbando en la montaña. Paso a paso, crampón mediante, va superando piedras y va buscando su cima. El mal juego, las dudas, los goles en contra, los pases sin sentido. Todo son esquirlas que dificultan el camino. Los que seguimos teniendo fe seguimos dando la cara, aun sabiendo que en tres días nos la pueden partir por la mitad.

lunes, 24 de septiembre de 2018

La premisa

Las premisas, como los mandamientos, deberían considerarse punto de obligada consideración. Porque una premisa es una cruz en el calendario, en el cuaderno de las tareas cumplidas, en la agenda de las satisfacciones cumplimentadas. Una premisa es un dedo indicador que señala un camino correcto, que aconseja un modo de actuar.

Contra la premisa está la trayectoria. Uno se convierte en mito por la propia inercia de su condición, por el callo endurecido de su actitud, por la brisa perenne de su aptitud. Las leyendas son apariencias públicas que sobresalen en la garganta de cualquier aficionado, el recurso fácil al que acudir cuando la memoria se hace fuerte, el tacto rígido de un momento de locura.

Godín es ídolo, mito y leyenda. Su trayectoria le ha colocado, con letras mayúsculas, en el lugar predilecto de la historia rojiblanca. Pero, más allá de los hechos, están las realidades y una de estas indica que, a día de hoy, la pareja formada por Giménez y Lucas le han adelantado por la derecha. La condición manda y la premisa está clara; lo que funciona no se debe tocar. Y Giménez y Lucas están demostrando saber funcionar en los peores momentos de la temporada.

jueves, 20 de septiembre de 2018

La mesa

La mesa de Griezmann es la mesa de la ambición, de la alternativa, del querer, del querer poder, del querer ser. La mesa de Griezmann, más allá de la ignorancia acusatoria, es la mesa de un tipo que cree haberse ganado el derecho a la consideración. Es la mesa de un tipo que ganó la Europa League con dos goles en la final, que marcó en las fases decisivas de un mundial en el que salió campeón, que empezó el verano derrotando al mejor equipo del mundo.

La mesa de Griezmann es una mesa ficticia porque en la mesa de Messi no se sienta nadie, porque el argentino come aparte y los demás miran y, con un poco de suerte, aprenden. La mesa de Griezmann debería ser el aprendizaje constante, la obsesión desmedida por mejorar y la fe abyecta a los preceptos del cholismo. La mesa de Griezmann debe llenarse de copas y las copas deben llenar nuestras satisfacciones.

Para que Griezmann pueda comer en la mesa que dice es necesario que mejore con el equipo, que lidere el proyecto, que sepa que sus compañeros tienen que mejorar y él con ellos. Para que Griezmann se siente en la mesa de los mejores es necesario que el puñetazo en la mesa no se de frente a los micrófonos sino con el balón de por medio. El Atleti hace tiempo que come en la mesa de los mejores, tal y como ha empezado la temporada, habría que decirle que levantarse antes del postre debería ser de mala educación.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Una cosa clara

Dejemos una cosa clara. El Atleti está jugando muy mal al fútbol. Si partimos desde la realidad, quizá sea más difícil para todos afrontar las esperanzas. El lado negativo indica que jugando así no se tardará en tirar la temporada por la borda, el positivo, por otro lado, indica que, a partir de aquí, sólo se puede mejorar. Más que nada, porque jugar peor es casi imposible.

El Mónaco es un equipo menor. No quiero menospreciar a un equipo que hace dos temporadas alcanzó las semifinales de la Champions League, pero si hago tal afirmación es en base a un análisis objetivo. El equipo que ayer jugó contra el Atlético tiene graves carencias en la creación y graves desajustes en la contención. Y aún así, obligó al Atleti a terminar pidiendo la hora.

Porque el Atleti pareció cualquier cosa menos un buen equipo de fútbol. Se comportó como una banda que tocaba sin criterio y que solo robaba la pelota cuando su rival se la regalaba. Le valió un mal partido para curar el mal de la victoria, pero no debería engañarse porque jugando así, lo más fácil es que vuelva a perder, que vuelva a lamentarse, que volvamos todos a dividirnos en ese maldito barco que han fabricado los ciegos de objetividad. Decir la verdad no significa ser menos del Atleti.

martes, 18 de septiembre de 2018

El barco

Ha entrado el Atleti en un bucle espacio temporal en el que las opiniones se confunden con la crítica y la crítica se confunde con las opiniones, un bucle en el que si dices lo que te parece mal has dejado de ser del equipo y si callas lo que te parece mal también has dejado de serlo. Un bucle difícil en el que la afición se ha enfrascado por el mismo tema de siempre; los resultados.

Lo llaman "El Barco". En el barco están todos aquellos que animan al Atleti sin caer en la tentación de la crítica, que se dejan las palmas, que viven, que sufren, que lloran. En el barco están todos aquellos que en mayo celebrarán los éxitos y serán los que digan al resto que no tienen derecho a ser felices porque el resto no son del Atleti sino que son aficionados de otro equipo que, disfrazados de rojiblanco, acuden al estadio a fastidiar el cotarro.

Hay una cosa que debe vivir más allá del dichoso barco. Se llama exigencia. Exigencia deriva de exigir. Exigir al equipo que no pierda el nervio, que no pierda el hambre, que no pierda el físico. Exigir al equipo que juegue la pelota, que no se deje dominar, que recupere el contragolpe que le identificó como un equipo temible. Exigir al equipo en consecuencia a sus mimbres. Y los mimbres son muy buenos. No se trata de exigir un título, pero sí de volver a ese partido a partido en el que, domingo a domingo, miércoles a miércoles, el equipo salía con ese hambre voraz que le permitía devorar rivales.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Regreso a la duda

El Atleti siempre fue un compendio de complejidades. Un atisbo de clara grandeza en el que las exigencias quedaron siempre por encima de los objetivo y, muchas veces, fueron los objetivos los que marcaron las exigencias. Durante años, cuando el equipo se vio abocado a la nada, la gente callaba y reía chascarrillos. Ahora que el equipo lucha por todo, los que callaban hablan y los que hablaban piden que callen. No hay consenso porque no hay asimilación. Aunque, realmente, no hay consenso porque no hay juego.

No hay juego porque el equipo no consigue enganchar con el aficionado. Son muchos los que dicen que el Atleti de Simeone nunca ha jugado a nada. Los mantras, como las mentiras, son conatos de verdad que tornan en espejismos de tanto repetirse. Ni el Atleti de Simeone siempre ha jugado mal ni, desde luego, nunca ha dejado de ser competitivo.

Por eso extraña ver al equipo bascular sin sentido, dejar que el equipo rival toque y toque sin sentir el agobio de la presión, no ver prietas las filas ni toques de rebato. Extraña esta indolencia y extraña, por poco común, esta falta de identidad. El equipo ha regresado a la duda y el aficionado no sabe si callar y esperar o hablar y pedir que todo cambie. Difícil tesitura. Porque la espera es agónica y porque la agonía limita nuestros instintos.

viernes, 25 de mayo de 2018

Cuidar lo de casa

En ocasiones, nos preocupamos demasiado de observar lo ajeno descuidando, de manera lamentable lo que tenemos dentro. Los focos, los truenos, la fanfarria nos conduce a un estado de excitación y compramos caro mientras vendemos barato. No sabemos valorar nuestros productos y es cuando necesitamos lo que hemos perdido cuando echamos la vista atrás y nos lamentamos. Cuando nos damos cuenta de que lo echamos demasiado en falta.

Rodrigo Hernández jugó durante cinco años en la cantera del Atlético de Madrid. Habitual en los equipos campeones infantiles y cadetes, perdió fuelle cuando llegó al juvenil. Alguien, visionario o avispado, concluyó que al chico le faltaban facultades; le sobraba peso y le faltaba altura. Cuando años después le viese debutar, y agradar, en primera con la camiseta del Villarreal, debió llevarse las manos a la cabeza.

Vuelve un chico que se marchó porque no le consideraron apto y nosotros encontramos una pieza que llevamos demasiado tiempo deseando. Después de gastar dinero en extremos inoperantes y delanteros de segunda fila, contratamos, por fin, un mediocentro. Desde la marcha de Tiago, el Atleti ha jugado sin colchón, impulsado sólo por el coraje, el corazón y la suerte. Con esta pieza, el ajedrez de Simeone encuentra su peón de brega. Buen comienzo para iniciar una nueva partida.

jueves, 24 de mayo de 2018

Notable alto

El sobresaliente exige perfección. El sobresaliente, en el Atleti, implica un doblete, porque aquel equipo del noventa y seis puso el listón tan alto que, aún hoy, con nuestras finales y nuestras batallas, seguimos idealizando a un grupo que surgió de la nada y nos llevó a lo más alto. El sobresaliente hubiese implicado, quizá, haber peleado la liga unas jornadas más y, también quizá, no haber caído en Copa ante un equipo que terminó la temporada en estado de locura.

Pero el notable alto es una gran nota. El equipo ha terminado segundo después de casi treinta años, hemos vuelto a clasificarnos para la Champions por sexta temporada consecutiva y, sobre todo, hemos vuelto a Neptuno. Porque regresar al lugar de la fiesta es reencontrarse con uno mismo y reencontrarse con los objetivos. Los títulos, además de para saciar el ego, deben servir como trampolín para seguir creciendo. Y yo sigo creyendo en el hambre de este grupo.

Falta por dilucidar si esta nota tan excelente no se ve empañada con la marcha de nuestra estrella. Mantener a Griezmann supondría una confirmación y una realidad; que, como dijo el eslógan, podemos seguir soñando mientras otros duermen. Todo equipo necesita una estrella porque, todo equipo con estrella es un equipo campeón. O al menos el germen de ello. Y, por encima de todos, sigue el Cholo, el hombre que nos hizo creer. El hombre que se sigue exigiendo la mejor nota posible.

miércoles, 23 de mayo de 2018

El silencio es la antesala del adiós

El silencio es la antesala del adiós. Sucedió con Agüero, sucedió con Falcao, volverá a suceder con Griezmann. Cuando alguien lo tiene claro lo expresa, cuando alguien ama lo expresa, cuando alguien vive por y para un color, lo expresa.

El silencio es la antesala del adiós y por ello es mejor dar a Griezmann por perdido. Es mejor ponerse la venda, empezar a curar la herida y cicatrizarla con trabajo. Le toca al club invertir el dinero, presionar la situación para sacar todo el rédito posible y confiar en el trabajo impoluto de Simeone. El club, ese ente liderado por dos delincuentes prescritos que aún no han sido capaces de retener a una estrella en sus más de treinta años de mandato.

El silencio es la antesala del adiós. El agradecimiento es la mano abierta de un caballero, la sonrisa afectiva de un niño, la despedida elegante de un aficionado. El no nació aquí, no podemos reprocharle que no quiera morir aquí. El equipo ha crecido, el equipo sigue creciendo, el equipo tiene que crecer. Con él, seríamos más grandes. Sin él, seremos igual de grandes pero con una duda ¿Cómo reinventarse? Duro trabajo, duras expectativas. No nos queda otra esperanza que la fe cholista.

martes, 22 de mayo de 2018

Cabeza de ratón

Griezmann duda. Esa es la apariencia que delantan sus silencios y sus fotos en las redes sociales. Pensamos que Griezmann duda cuando vemos a Godín ejercer de capitán y recorrer medio estadio para suplicarle a la grada que cambien los pitos por aplausos. Llegamos a la conclusión de que Griezmann duda cuando leemos a Gabi en un pie de foto suplicando un compromiso; agradeciendo un esfuerzo.

Griezmann duda porque sabe lo que tiene y recela de lo que tendrá. Jugar con Messi es un regalo, luchar por todo es un caramelo demasiado dulce como para no llevárselo a la boca. Pero aquí tiene amigos, tiene una vida, tiene un futuro asegurado. El Atleti le quiere y le paga, la afición, salvo algunos desalmados que pagan sus frustraciones contra la ignorancia, le quiere y le anima y él, que tiene la última palabra, juega consigo mismo a un juego de contradicciones.

Haga lo que haga sabrá que será historia de este club. No me sale pitarle, no me sale recriminarle, no me sale protestarle. Si decide ser cabeza de ratón no nos quedará otra opción que no sea la de postrarnos a sus pies y decirle que sí, que con él a muerte y él a muerte con nosotros. Y si quiere ser cola de león no nos quedará otra que darle las gracias y despedirle con un aplauso. No podemos exigirle lo que no tiene. El compromiso lo ha demostrado y el talento nos lo ha regalado. Bueno será si sigue dudando.

domingo, 20 de mayo de 2018

El legado

Siempre he sido un atlético atípico en cuanto a Fernando Torres. Puedo ser el más pasional de los aficionados, el tipo más leal, más sufrido, más lastimero en la derrota y más eufórico en la victoria, amo al Atleti con el corazón y lo pienso, día a día, con la cabeza, pero nunca fui un torrista convencido.

Durante su primera etapa me pareció que, tanto afición como prensa estaban inflando a un futbolista que se equivocaba más de lo que acertaba. Es más, soy de la opinión de que el Atlético empezó a crecer de verdad a partir de su venta, por lo que nunca vi como un trauma su marcha y nunca consideré una tragedia su ausencia.

Pero de alguna manera, Torres me terminó ganando. Sus guiños, sus goles en Inglaterra, sus palabras y sus actos. Siempre, de alguna manera, haciendo, en acto reflejo, honor a sus verdaderos colores. Vistió otras tres camisetas y jamás dejó de sentirse atlético. Paseó, triunfal como pocos, sus éxitos con la selección por Madrid y, por delante, puso siempre una bandera del Atleti. Regresó y lloró como pocos. Ganó y lloró como nadie.

A tipos así, por más que se les critique en lo deportivo, hay que alabarles, para siempre, en lo sentimental, porque hombres así construyen un vestuario, hombres así son el germen de un equipo ganador. Gracias, Fernando, por tus últimos actos de servicio, porque, aunque tu fútbol ya se hubiese apagado, la llama rojiblanca brillaba más que nunca y de eso se han nutrido todos y cada uno de los que han ido pasando por aquí durante las últimas temporadas. Nos dejas un sólo título pero, ante todo, nos dejas algo muy importante. Un legado. Un sentimiento. Un camino a seguir.

viernes, 18 de mayo de 2018

Necesidad

La necesidad de un equipo reside en una posición ficticia, residen en imaginar al grupo sin su genio, en prostituir el alma a cambio del silencio. La necesidad de un equipo es el aire, es el juego, es el gol. La necesidad de un equipo, para seguir arriba, vive en los pies de sus mejores futbolistas. Nadie imagina un Barça sin Messi ni un Madrid sin Ronaldo. Nadie debería imaginar un Atleti sin Griezmann.

Las estrellas se definen a sí mismas en partidos de máxima importancia. Durante los últimos tres meses de competición, Griezmann ha dado pruebas fehacientes de su compromiso y, sobre todo, de su calidad. Ha marcado gol en todas las eliminatorias. Ha sido decisivo en todas las situaciones. Las estrellas son tipos peculiares que necesitan calor y seguridad. Griezmann está arropado por el Cholo y tiene veinte amigos en la plantilla, pero sabe, como nosotros, que el club duda de su crecimiento.

La necesidad es seguir sintiendo esa sonrisa, seguir bailando tras cada gol, seguir golpeando el balón con la pierna izquierda. La necesidad es un número siete sobre una camiseta rojiblanca, es la ilusión de un niño por vestir esa zamarra, es el deseo de un adulto por seguir soñando. La necesidad de Griezmann pasa por un equipo competitivo, una felicidad blindada y una seguridad deportiva. La necesidad del Atleti pasa por seguir contando con su fútbol, con su entrega, con sus goles. El Atleti necesita a Griezmann y Griezmann necesita ganar. A veces las sonrisas no se pagan sólo con goles.

jueves, 17 de mayo de 2018

La grandeza

La grandeza es aguantar, es sobrevivir, es saber levantarse. La grandeza es un pensar jamás en un cabezazo imposible en el último minuto o en una tanda de penaltis, la grandeza es contarlo como anécdota y no como dolor. La grandeza, aunque muchos no supieron apreciarlo, fue estar allí. Poder sentirlo, poder soñarlo.

La grandeza es ver a Griezmann, un genio con pantalón corto, pelear por cada pelota en el centro del campo, la grandeza es ver a Gabi como el gran capitán de la tropa, la grandeza es ver a Saúl jugar con el alma fuera de su posición, es ver a Koke sacando el tiralíneas y es ver a la vieja guardia con cara de satisfacción. Godín, Juanfran y Filipe nunca han faltado, nunca se han rendido. La grandeza es la superioridad de Lucas y Giménez en el mano a mano, la pelea infatigable de Diego Costa. Las gargantas encendidas en un campo que, hasta ayer, considerábamos maldito.

La grandeza es trabajar y creer. La grandeza es el cholismo. La grandeza es la mirada del niño Torres después de cumplir el sueño de su infancia. La grandeza no es una copa al cielo, no. Eso es el resultado del trabajo bien hecho. La grandeza, más allá de la victoria, reside en el alma. Y en el alma de este equipo caben mil partidos más como el de anoche.

miércoles, 16 de mayo de 2018

El día

Cuando nació este blog, el Atleti estaba en horas muy bajas. El equipo, de vuelta tras una victoria agónica en la Europa League, buscaba un camino que no sabía encontrar. Eran los últimos estertores del Kun Agüero como rojiblanco, el fin de la era Quique, el inicio de la rumorología sobre Caparrós y Manzano; un Atleti de entreguerras. Un Atleti moribundo.

Titulé "Volveremos" porque me había entusiasmado esa canción que, a coro, el Calderón había hecho propia para decirle al mundo que sólo éramos un gigante dormido y que, tarde o temprano, íbamos a despertar para decirle al mundo que el Ave Fénix no era sólo la palabra de una leyenda comida por el tiempo. Y volvimos. Volvimos a lo grande y volvimos a ser campeones. Dejamos lágrimas en el camino y se nos escapó lo más grande, pero los importante, el grito enfurecido y el puño en la mesa, lo habíamos hecho. Habíamos vuelto.

Y ahora seguimos aquí, en la cresta de la ola, regresando al día que nos encumbró. Para muchos, ebrios de éxito y atormentados por la grandeza, esta competición es más nimiedad que éxtasis, más obligación que deseo, más postre que primer plato, pero convendría no desdeñar las copas porque los que recordamos la travesía por el desierto conocemos el valor del éxito. Una final es un buen momento para seguir arriba, para reivindicar nuestro regreso, para volver a levantar, orgulloso, esa bandera que, durante tanto tiempo, durmió en ese cajón de tu habitación. Hoy vuelve a ser el día. Logremos que sea un día grande.

viernes, 11 de mayo de 2018

Marcado por la frustración

Los instintos se remueven, a menudo, por temas banales. Todos hemos llorado, alguna vez que otra, aunque fuese en nuestra más lejana infancia, por alguna que otra nimiedad. Un balón extraviado, un reloj sin pila, un castigo inoportuno o una derrota al parchís. Manejar la frustración es una tarea compleja cuando se ponen en liza el orgullo y la ilusión. Cuando uno termina herido y la otra termina en mil pedazos, es cuando damos rienda suelta a los instintos y nos dejamos llevar por la furia. A menudo por temas elementales y otras, quizá más de las que nos gustaría, por temas tan triviales como un simple partido de fútbol.

Recuerdo con nitidez lo que aconteció minutos después de que el Atleti perdiese la final de la Recopa de 1986. Resulta curioso que guarde recuerdo de algo que no está relacionado con el juego cuando apenas recuerdo un par de lances del partido. Sonó el timbre y varios vecinos, seguidores de ese equipo blanco de la capital, entraron en casa con el fin de mofarse de mi padre. Si, a mis diez años, aún no tenía muy claro por qué equipo debía tifar durante el resto de mi vida, al menos sí me quedó claro de qué equipo jamás iba a ser.

Puede que por vengar aquella afrenta y por decidir vivir en el escondite de la frustración tras cada derrota, me resulta imposible no acordarme de todas aquellas sonrisas de mofa que he sufrido durante mi vida cada vez que el Atleti termina un partido con derrota. Será por eso, por la frustración generada y la vergüenza oculta latente, que me cuesta conciliar el sueño más de lo normal en las noches de derrota. Resulta curioso y reconozco que hasta vergonzante ver como algo tan trivial como un simple partido de fútbol me puede descompensar el ánimo hasta convertirme, durante horas, en un ser más huraño de la normal. Y es que a menudo, intentando desconectar de ese monstruo devorador de conciencias que es el día a día, intentamos escapar hacia el mundo de las banalidades para buscar un consuelo de tontos. Lo malo es que nuestro consuelo de tontos es, para nuestra desgracia, el bien de muchos. Y aunque arrepentidos los quiere Dios, siento que, por más que me refugie en mis propias contradicciones, me costará sacar la cabeza del agujero porque todos nos movemos por pasiones insensatas. Y sin pasión, la verdad, resulta difícil darle un sentido a la razón.

Volvemos a Lyon, y yo vuelvo al punto de partida.

jueves, 10 de mayo de 2018

Todos lo dan por perdido

A todos le preguntaron y todo respondieron con evasivas. Todos significaron su importancia, todos
acudieron al compromiso, todos suplicaron por su importancia en la final. A todos le preguntaron y todos sabían porque lo hacía, todos sabían lo que se venía, todos sabían lo inevitable. Todos hablan menos él, porque él sigue jugando, como otras veces, al gato y el ratón.

El Atlético se esconde en excusas de mal pagador. Nadie que no quiere vender a un futbolista le rebaja la cláusula, nadie que no quiere hacer caja convierte en una gangan la contratación del mejor futbolista de su equipo. Griezmann es, en este Atlético, una rendija de luz en la mazmorra de If. Griezmann es el fútbol del que carece el equipo, el apoyo constante para un centro del campo que corre mucho pero acierta poco.

Todos esquivan la verdad, pero todos los dan por perdido. Todos tratan de mirar hacia otro lado, pero todos lo dan por perdido. Y nosotros, fieles esclavos de sus caprichos, ya sabemos que nos intentarán mentir y sonsacar gestos de rabia. Los futbolistas juegan donde quieren, nos dirán. Griezmann también lo hará, está claro. Y le irá muy bien, porque es muy bueno. Pero que nos vendan el cuento de ninguna lechera porque aquí el cántaro se rompió hace tiempo. Porque hace muchos meses que todos, incluído el ofendido oficial, le han dado por perdido.