miércoles, 8 de mayo de 2019

Gracias, Faraón

No es la primera vez que tengo que regresar al pasado para rescatar un post y pedir perdón en este humilde blog en el que trato de contar y discernir mis pensamientos como atlético y mis vivencias como pésimo analista. Los principios no eran fáciles no porque me faltasen las palabras sino porque el equipo vivía en esa deriva que le conducía hacia la catástrofe final temporada tras temporada. En una de esas y tras una derrota vergonzosa (una más de las de la época), me saqué un post titulado "La bula" en el que venía a decir que Godín era un tipo más que dudoso con el fin de defender al único que, por entonces, se llevaba todos los palos cuando eran todos los que fallaban; Luis Amaranto Perea.

El caso es que ambos, con el tiempo, se terminaron convirtiendo en los jugadores extranjeros que más veces han vestido la camiseta del Atlético, pero mientras el Colombiano dejó a un Atlético lleno de expectativas y falto de objetivos, Godín continuo para liderar defensivamente a un equipo que ha marcado una historia en nuestros corazones. Definitivamente Godín no tuvo bula sino que sufría contagio competitivo y demostró que, cuando el equipo se vestía a su nivel, podía llegar a ser el mejor defensor del planeta.

Es por eso que hoy le pido perdón por aquello y le doy las gracias por todo lo demás. Gracias por aquel gol en el Camp Nou y por el gol en Lisboa que nos hizo soñar durante una hora, pero gracias, además y sobre todo por todo lo intangible y que te ha convertido en el líder defensivo del equipo de nuestro corazón. Un señor dentro y fuera del campo que ha preferido irse en silencio aun teniendo cosas que decir para no dejar un regusto amargo con verdades que hubiesen escocido a dos prescritos. El Atleti sigue perdiendo a sus referentes de manera más que peligrosa. Quizá algún día, de seguir así, este blog vuelva a tiempos pretéritos y tengamos que echar de menos a tipos como al que hoy damos las gracias.

Gracias por todo, Faraón.

lunes, 6 de mayo de 2019

Encomiable

El Barça terminó ganando la liga, es algo que, tarde o temprano, todos esperábamos que terminase sucediendo. Había apostillado el campeonato en su encuentro ante nosotros y ya sólo era cuestión de tiempo; un empate allí, una victoria acá, que terminase reafirmando su conquista. Por ello, la labor de oposición que el Atleti ha hecho hasta el último instante, ha sido encomiable, porque no sólo ha obligado al Barça a redoblar esfuerzo, sino que ha mantenido a raya al Madrid en su esperanza por opositar al segundo puesto.

No es poca cosa, para el Atleti, terminar segundo la liga. A parte de obtener un mayor pellizco en los ingresos repartidos, le ofrece la posibilidad de disputar la nueva Supercopa de Europa que se ha inventado la Federación de Rubiales. Jugar un torneo en el que están Barça, Madrid y Valencia y tener la oportunidad de ganarlo, es de un prestigio notable. Quizá ellos no lo entiendan, pero para los que aspiran a un trocito de mar, poder batallar con los dos transatlánticos en un torneo más pequeño otorga una posibilidad de ganarles que apenas ofrece el largo plazo.

Y está, claro está, la parcela de orgullo que significa el poder estar encima del otro equipo de la capital. No han sido muchas las ocasiones en las que esto ha sucedido y hay que presumir de ello pues nos ganan en presupuesto, en masa social, en apoyos institucionales y en poder mediático. Temporadas así, sin ningún título, no significan mucho de cara a la galería, pero al menos el equipo está terminando la temporada con tanta decencia que no cabe menos que agradecerlo.

miércoles, 17 de abril de 2019

La lección del Ajax

La Juventus no es menos equipo ahora por haberse eliminado. Me sigue pareciendo un equipo poderoso, con los conceptos muy claros y que en una noche buena, como le ocurrió ante el Atleti, te puede mandar a la lona; porque tiene una defensa curtida, un centro del campo poderoso y un delantero aniquilador. Ahora bien, no conviene confiarse de ninguna de las maneras y, sobre todo, no conviene afrontar los partidos desde la perspectiva de la confianza porque, de vez en cuando, los designios se unen y te dan lecciones de vida. La lección que anoche dio el Ajax en Turín no fue sólo para la Juve sino también para el Atleti.

Porque no se trata de valorar, exclusivamente, al Ajax como un equipo ofensivo y sin temores. No es ahí donde residen las lecciones a aprender, sino en el sino de la identidad. El Ajax no perdió su identidad en ninguno de sus partidos ante Real Madrid y Juventus. Hablamos de dos de los equipos más poderosos del continente a los que el Ajax enfrentó sin complejos, avocado a ser goleado por descuidar la espalda y con el riesgo de ser escarniado públicamente ante los defensores de lo evidente. Más allá del descaro está la personalidad. El Ajax la tuvo en Turín y en el Bernabéu. Al Atleti le faltó ser él para lograr lo que sí hicieron los holandeses.

Porque existen equipos ofensivos y equipos defensivos, equipos intensos y equipos que gustan de esperar, equipos aguerridos y equipo más estilistas, pero lo que lleva a la perdición es ser un equipo sin personalidad. Si algo generó el Cholo en el Atleti campeón que construyó es un equipo que se identificaba con unos valores; pierna fuerte, repliegue solidario y contragolpe fugaz. Aprovechar siempre los errores ajenos, llegar siempre un segundo antes a la pelota. Cuando el Atleti perdió la identidad perdió los títulos y, sobre todo, hizo perder las ilusiones. Está a tiempo de recuperarlo todo porque el arquitecto sigue en su sillón y porque el buen maestro sabe hacer aprender a los alumnos de sus errores. La lección la dio el Ajax; o identidad o muerte. No hay medias tintas.

lunes, 15 de abril de 2019

Alguien me ha dicho

Quisiera vivir en armonía con la templanza que ha alcanzado el equipo en este tramo final de temporada, en la tranquilidad de saberse clasificado para la Champions aún con la esquirla de decepción que ha supuesto decirle adiós a los títulos tan pronto, en la confianza de la seguridad que otorga el saber que el equipo va a competir hasta el último día de la temporada.

Quisiera respirar tranquilo mientras observo la planificación para el próximo curso; mientras preveo algún refuerzo e imagino qué puestos querrá reforzar el Cholo. Esto es siempre un ejercicio de ficción mal gestionada puesto que la venta de humo siempre ha sido un factor captador esencial para estos dirigentes de jeta dura y conciencia perdida. Pero quisiera vivir ahí, en el lado tranquilo de las noticias mientras vuelvo a imaginarme cegado por los nervios en un partido trascendente.

Y quisiera vivir tranquilo si me dejasen, quisiera no tener que echar mano a la intranquilidad, quisiera poder dormir del tirón mientras no vengan sobresaltos. Pero el caso es que alguien cercano al club me ha dicho que van a vender a Rodrigo y ya no puedo estar tranquilo. Porque no me fío de estos golfos. Porque nadie es capaz de joderlo todo sino son ellos.

martes, 9 de abril de 2019

Compromiso y talento

Resulta difícil hacer un ejercicio de compresión cuando estamos en una altura de la temporada en la que, sin nada en juego que no sea la clasificación para la próxima edición de la Champions, nos ha podido la desidia y el desinterés. Porque nos hemos visto forzados a visitar el vacío después de haber cargado nuestra mochila de expectativas.

Resulta imposible no echar un vistazo a los juegos de ficción y creer qué será de nosotros a partir de ahora. Con una plantilla donde el mensaje del entrenador ya no cala como antes, toca renovación o confianza. Cualquier revolución es difícil cuando no se tiene una caja fuerte poderosa. Con talento todo se soluciona, pero cuando hay que fichar desde la cabeza, toca pensar si nos convienen lemares o nos convienen raulgarcías.

Porque el mensaje se ha degenerado hasta el punto de llegar a pensar que es el tipo de futbolistas y no el coraje que les adhiere, el factor determinante a la hora de llevar a cabo el plan. Durante el primer año, aquel de las urgencias y los remaches, el equipo jugó con Diego, Arda, Adrián y Falcao; hagan un ejercicio de reflexión y piensen a que perfil de futbolista corresponden. Aquel año jugamos bien, algunos partidos incluso muy bien. Por ello, antes de determinar lo que no es, analizamos lo que sí es. Al Atleti no le faltan guerreros, simplemente le faltan jugadores comprometidos. Y el compromiso no tiene porque estar peleado con el talento.

jueves, 28 de marzo de 2019

Adiós, gracias y suerte

Adiós, Lucas. Podría decirte hasta luego y recurrir al chiste fácil, pero este está ya tan manido que resultaría una parida más que una declaración. Adiós con tu doble ficha, con tu clásula, con tus ganas de dejar el equipo en el que creciste. Adiós con tu buena zurda, con tu potencia, tu colocación. Adiós a tu proyección, a los planes que había contigo, a los partidos que ya no jugarás de rojiblanco.

Gracias, pero no por marcharte con el mejor postor, por dejar un proyecto aún ilusionante, por bajarte de un barco cuando está a la deriva. Gracias porque soy bien nacido y que gustaría agradecer tu rendimiento, tu polivalencia, tu esfuerzo cuando lo hemos necesitado y esos días de marcaje en los que te pegaste sin preguntar contra los mejores delanteros del mundo.

Y suerte. En lo personal siempre, porque no entra en mi código de conducta el desearle el mal a nadie. Y en lo deportivo porque, aunque no la vas a necesitar ya que vas a ganar dinero y Bundesligas, es más que probable que un día te cruces con el vecino y todos querremos que le venzas. Ese equipo en el que, como tu hermano, quizá quieras terminar. Ya nada me extraña, ya nada me sorprende. Eso sí, si algún día nuestros caminos se cruzan te desearé la peor suerte. Ya sabes como somos, Atleti hasta la muerte. A tí no te pasa. Es lícito, no todos lo sienten.

lunes, 25 de marzo de 2019

El Atleti sin Griezmann

Los malos momentos hacen perder la perspectiva y nos conducen a imaginar un panorama radicalmente distinto. Sabemos que el equipo tendrá que vender y que, con ello, podrá comprar. Otra cosa es que tiremos el proyecto a la basura por una tragedia y dejemos de tener los pies en el suelo. La piedra angular de nuestro proyecto se llama Griezmann. En él depositamos nuestra esperanza y ahora no podemos regresar a la misma desidia del año pasado. Si me dan a elegir, preferiría que se quede.

Porque Griezmann es, de los pocos futbolistas en la plantilla, que ha asimilado a la perfección los preceptos del cholismo. Porque sacrifica su fútbol para bajarse al barro, porque se ha convertido en un delantero completo cuando no era más que un extremo con muy buena intención. Porque sabe hacer que un equipo gire a su alrededor, porque puede hacerlo, porque ha demostrado poder hacerlo. Porque merece una oportunidad.

Hay quien se pregunta si realmente merece lo que gana. A lo mejor hay que analizar por qué ha alcanzado semejante estatus cuando llegó siendo una incipiente promesa. Griezmann no sólo ha sido comprometido con el juego sino que ha sido decisivo con goles y ha aportado más que nadie en el juego. Pocos delanteros se sacrifican tanto en la elaboración como lo hace el francés, pocos cambian tan a menudo el gol por la elaboración como lo ha hecho él en este rol que le ha dado el Cholo. Aunque lo fácil, ahora, sea atizarle, lo difícil debería ser lo sensato; sentarse a discernir y elaborar un debate constructivo empezando con una sencilla pregunta: ¿Qué sería del Atleti sin Griezmann?

lunes, 18 de marzo de 2019

Ese día que llega todos los años

No nos engañemos. Este día termina llegando todos los años, lo que ocurre es que este año nos ha pillado tan de sopetón que no hemos tenido tiempo de digerir los disgustos. Andábamos aún deprimidos por la catástrofe de Turín y no quisimos ser conscientes de que en Bilbao nos jugábamos seguir queriendo ganar la liga. Pero volvió a salir cruz. O, más bien, jugamos con una moneda que sólo tenía cruces.

Porque este equipo ha dejado de creer. El lema del cholismo, ese que nos empujaba a tener fe hasta en los momentos más críticos, ha dejado de surtir efecto y, como en un efecto domino devastador, a medida que ellos dejen de creer nosotros seguiremos creyendo cada vez menos. El que jugó en San Mamés fue un equipo apático, apagado, sin condición y sin nervio. Un equipo al que le daba pereza tirar a portería.

Y ahora ¿Qué? El equipo se ha caído cuando aún quedan dos meses de competición. Mirar al futuro es un ejercicio de peligrosa conjeturación, más que nada porque este grupo aún merece un respeto y porque, más que nada, aún tienen por delante el trabajo de asegurar la clasificación para la próxima Champions. El día que llega todos los años ha llegado, ese puñetero día en el que maldices la hora en que te empezó a gustar el fútbol.

jueves, 14 de marzo de 2019

El día que se acabó el discurso

Han pasado casi dos días y aún ando rumiando un poso de tristeza y frustración. Rabia y melancolía; el puñetazo en el aire por lo que debía haber sido y no fue y el llanto interno que no cesa después de ver como nos vapuleban de la peor manera. Existen dos formas de perder; una es que te ganen y la otra es perder sin intentarlo.

La Juve no nos ganó porque no necesitó de demasiado esfuerzo para remontar, simplemente el Atleti no se presentó al partido. Todas las certezas de la previa se convirtieron en dudas improbables. "A morir los míos mueren", recordamos, pero allí no murió nadie por el esfuerzo. Se dejaron comer, se dejaron morir, se dejaron matar.

Al Cholo se le acabó el discurso en Turín porque no tuvo a nadie que le siguiese. El Cholismo tal y como lo conocíamos eran Gabi, y Tiago, y Miranda, y Raúl García. Y también Godín, Juanfran y Filipe, pero estos ya no están para batallas. Y también lo era Diego Costa, pero hace tiempo que no está cuando más se le necesita. Se acabó el discurso y se acabó un Atleti. Debe empezar otro, siempre por Simeone, pero quizá, con un nuevo discurso. Y si no lo va a cambiar, tendrá que contar con otros jugadores.

martes, 12 de marzo de 2019

Una encerrona

Tenemos que partir desde la base de que al Atleti le espera una encerrona. Porque juega contra el viento, porque ellos son muy buenos, tienen a su público y, a priori, contarán con un arbitraje Champions. No es poner esto ninguna venda, los arbitrajes Champions, sean donde sean, tienden al caserismo. A nosotros mismos nos permitieron más de la cuenta en el partido de ida. Asumamos que es lo que hay antes de volver a casa llorando por las esquinas.

Confiemos, pues, en la capacidad para competir de los chicos. Estos chavales que nos han sacado de un letargo de años y años, son animales de competición. Podemos caer eliminados, esa probabilidad cabe, es así, pero no vamos a dudar ahora de esta banda de barrio que ha formado el Cholo Simeone. "A morir, los míos mueren". En la hilvanación del análisis se encuentra el resultado del rendimiento.

Quedan, ahora mismo, dos horas y cuarenta y tres minutos. Estoy que me muero de miedo. El puñetero devenir de la vida me ha convertido en un pesimista en cuanto se trata del Atleti, pero sé que vamos a competir, sé que vamos a vender cara nuestra piel. Sé que va a ser una encerrona y que vamos a tener que ser el Atleti de verdad, el del Cholo, para salir vivos de ella.

viernes, 8 de marzo de 2019

La vista en Turín

La vista está puesta en Turín, no nos vamos a engañar. Sabiendo que el Barça está a tres partidos, que quedan sólo doce y que ganarle una liga a Messi es como intentar escalar una pared a pulso, Simeone centra todas sus esperanzas en el torneo más corto e intenso de los que quedan, porque el Atleti se maneja bien en los esfuerzos concretos y en la intensidad programada.

No creo que se menosprecie al Leganés. En esta liga nuestra donde los de abajo han subido dos peldaños, ningún partido es difícil. Pero no es menos cierto que, llegado cierto tramo de la temporada, conviene dosificar esfuerzos y el reto al que se enfrenta el Atleti entre semana es de dimensiones sobreimpactantes. No se trata sólo de vencerle al tiempo, se trata de vencer a los elementos y, una vez más a la historia. Por eso se necesitarán piernas frescas y mentes lúcidas.

Ante estas premisas, no hay que olvidar nunca que, el mejor impulso de cara a conseguir una victoria, es otra victoria. Porque ganar refuerza la moral y engrandece el ánimo. Nadie duda de que el Atleti va a competir hasta el extremo en Turín, pero siempre es mejor llegar con el ánimo encendido antes de que la luz de la duda en intermitencia. Para apagar los pensamientos condicionantes hay que seguir ganando, seguir reforzándose y seguir queriendo saber que todo puede ser posible. Porque los milagros no existen sin fe, trabajo.

martes, 5 de marzo de 2019

El viejo Atleti

En Anoeta regresó el viejo Atleti. El que controla el partido a su gusto, el que escoge las fases para apretar, el que sabe sufrir, el que se cuadra en bloque bajo y sabe sacar todos los balones, el equipo intenso, el equipo fuerte, el equipo definidor.

El Atleti, cada año, va regresando a medida que va regresando Koke. El centrocampista, cuando no está, no está, y se nota en demasía. Ha venido siendo corriente suya la de empezar las temporadas en un estado físico muy bajo e ir progresando poco a poco a medida que avanzaba la temporada. Generalmente, entre diciembre y febrero, encadena dos o tres lesiones, pero cuando llega marzo suele enchufarse y, con él, el resto del equipo.

Necesitaba el Atleti un punto de inflexión desde el que enchufarse. El partido de la Juve sirvió para que todos volviesen a creer en sus posibilidades y para que el resto sigamos creyendo en ellos. Lástima los tropiezos de semanas atrás porque ahora se podría afrontar los partidos de liga con ilusión máxima. El equipo no va a dejar de competir, aún así, ni miércoles y domingos, porque ese es su ADN, lucharlo todo e intentar ganarlo todo. Como hacía el viejo Atleti.

miércoles, 27 de febrero de 2019

El no fútbol

El no fútbol es todo aquello ajeno al juego que genera ruido mediático a los que prefieren el morbo al análisis sintáctico. El no fútbol simplifica las cosas y separa el grano de la paja; todos aquellos adscritos a los preceptos del no fútbol jamás sabrán mirarte a los ojos para contarte una verdad, porque ellos preferirán vivir siempre en la mentira y, siempre, al tanto de la absurdez.

No me gustó el gesto de Simeone, igual que no me gusta la actitud defensiva que ha tomado el club en su cuenta de Twitter, pero no me gustaría perder más de un minuto hablando de ello. Entiendo que el primero fue un impulso conducido por el estado de emoción y lo segundo es una manera de hacerse ver ante los poderes fácticos. Punto y final.

El problema es que lo que los demás quieren que seamos es lo que han decidido que somos. Si algo desterró el cholismo fue el victimismo y si algo ha ensalzado ha sido la competitividad. Ni somos llorones ni somos macarras; bueno, lo úlitmo igual sí, pero macarras con ganas de molestar, no macarras con intención de dañar. Y por lo que se ve sí, molestamos. Y bastante.

lunes, 25 de febrero de 2019

Morata quiere

Los debates duran lo que tarda la realidad en poner las cosas en su sitio. Durante días, casi semanas, estuvimos dándole vueltas a un tema que, antes de concretarse, ya sabíamos que nacería torcido. Y lo sabíamos porque tendemos más a leer lo que dicen de nosotros que lo que pensamos nosotros mismos. Es el pecado capital del aficionado que pasa el día constantemente mirando detrás de su espalda. Nosotros somos de mirar hacia adelante, nuestro barco es el Atleti y, nos gustemos más o menos, todos formamos parte de la tripulación.

A Morata ya le habíamos sentenciado antes de verle jugar. Es el problema de juzgar mediante prejuicios. Estuvimos analizando su pasado, aniquilando su presente y dejándole sin futuro porque, según algunos, era un madridista que venía a quitarle el puesto a las promesas de nuestra cantera. La realidad es que Morata es un delantero contrastado, que ha jugado en la élite de la élite y que, para los envites de verdad, tiene mucho más cuajo y experiencia que cualquiera de nuestros canteranos.

Esto no quiere decir que haya que dejar de lado a los canteranos. Nadie más que yo ha defendido, siempre, el necesario trabajo que hay que hacer en la cantera, porque allí no sólo se fabrica el talento, sino también el sentimiento. Pero lanzar a los leones a chicos sin experiencia es mandar a la hoguera a inocentes sin pecado. A ellos les toca crecer poco a poco y, sobre todo, aprender de las actiudes de los jugadores a quienes deben ganar el puesto. Morata lleva cinco partidos con nosotros y no ha dejado de pelear, de iniciar contragolpes, de pegarse con los defensores y de tirar desmarques. Ayer, tras marcar su primer gol con el equipo, el estadio se lo agradeció con una ovación atronadora. Y es que, al final, quien termina agradando no es sólo quien puede sino también quien quiere.

jueves, 21 de febrero de 2019

Volvió el Atleti

Volvió el Atleti; el de la pierna fuerte, el de la ilusión intacta, el del trabajo, el de la fe, el de la posibilidad, el del cuchillo entre los dientes, el del juego directo, el de la defensa de hierro, el del centro del campo plagado de minas, el que engancha con la grada, el que vuelve a recordarse a sí mismo que ganar pasa por no perder la esencia.

Volvió el Atleti; el del gol por insistencia, el de la victoria trabajada, el del paradón nuestro de cada día, el de los laterales incisivios, el de la vieja guardia, el de los atributos de un entrenador que pierde la cabeza con la euforia, el que le muestra al mundo que cuando aprieta los dientes es el hombre del saco, el que dicta el ritmo del partido porque se juega a lo que él quiere.

Volvió el Atleti; el que quiere aspirar a todo, el que huye de malos farios, el que señala a los dudosos, el que viste de orgullo a su gente, el que pelea cada pelota, el del centro del campo con chicos de la casa, el de los uruguayos, el del francés guerrillero, el del animal con el número diecinueve, el Atleti del Cholo que nos sacó de la letanía y nos llevó de nuevo a creer. Y en la fe persisten nuestros sueños. Queda un partido de vuelta, queda un mundo por sufrir, pero queda para siempre la impresión de que el Atleti es más que favorito cuando quiere parecerse a sí mismo y no a lo que quieren que se parezca.

miércoles, 20 de febrero de 2019

En japonés

Que el Atleti lo tiene en japonés todo el mundo lo sabe. Se enfrenta al ganador de las últimas siete ligas italianas, con dos finales de Champions en el último lustro y con el brillo latente de un goleador imperecedero como es Cristiano Ronaldo. Un bloque firme y sólido que no pierde la compostura y que sabe ganar por insistencia antes que por aplastamiento. De lo peorcito que le podía tocar en el sorteo.

Ahora bien, existe una extraña sensación dentro del sentir rojiblanco que indica que ellos tampoco lo tendrán fácil. Que pueden ser los favoritos, que pueden traer todo el glamour del mundo y que pueden lucir estrellas en el pecho que causen admiración, pero que, en el fondo, seguimos creyendo que, un día de estos, volveremos a ser un ejército, volveremos a hacer que los astros se unan y volverá a estallar en el cielo una pasión en rojo y blanco.

Lo tenemos en japonés, habremos de buscar traductor, entender el idioma y contestar como merece la competición. Claro que no va a ser fácil, nadie dijo que lo fuera, pero si existe un tipo que nos ha hecho creer y le hemos seguido ciegamente hasta aquí, no vamos a detener el tiempo para lamentarnos antes de tiempo. Para llorar habrá tiempo, quizá mañana, quizá el mes que viene. Ahora toca jugar y toca querer ganar.

lunes, 18 de febrero de 2019

La identidad

La identidad es el continuo camino de regreso a casa, es el legado que debe permancer, el tesoro que se debe conservar, el continuo desafío que se debe buscar. La identidad te ofrece un lugar de seguridad, un motor de acción, un objetivo para fabricar ilusiones. Porque los sueños están hechos de certezas y el Atleti de Simeone, hasta hoy, tenía una certeza por encima de las demás; era un equipo incómodísimo para el rival.

Si perdemos la intensidad lo perdemos todo. Si dejamos que el rival nos rompa líneas con facilidad, si dejamos de topar en el medio, de meter la pierna con fe, de saber que el estilo pasa por apretar los dientes, nos convertiremos en el equipo más previsible del mundo. Vale que le tengamos que dar la razón a los que dicen que no tenemos plan de ataque; allá ellos, pero no podemos dejar de presumir de nuestro rocoso plan defensivo. Abocarse a Oblak o a la pareja de centrales no es la mejor situación para soñar en grande.

Durante los últimos partidos nuestra línea media ha parecido un grupo de hermanitas de la caridad. Dejan jugar, dejan tocar, dejan que el balón se cuele entre líneas y allí, en el lugar donde correr contra la espalda supone encontrar la precisión continua, te expones a un contínuo cara o cruz donde a nuestro portero le da por ganar batallas mientras el equipo se centra en la guerra. La identidad por delante y el resultado siempre como consecuencia. Las premisas están claras: trabajo, fe y esfuerzo. Es el Atleti del Cholo, nos puede gustar más o menos, ese es otro debate, pero con estos preceptos, cuando hemos sido un equipo identitario hemos sido un equipo muy muy difícil de ganar.

jueves, 14 de febrero de 2019

Una década

Hace siete años el Atleti era uno de los mayores desastres deportivos existentes. Acuciado por las dudas constantes, quemaba proyectos y destrozaba jugadores al ritmo frenético que imponían su exigencias. Derrotas vergonzosas y actuaciones hirientes, provocaban que siguiesemos siendo, una y otra vez, la chanza recurrente de cada lunes.

Hace siete años Simeone cogió a un equipo en ruinas y lo llevó a competir contra los mejores. De ver la Champions en la tele a jugar dos finales, de acabar a treinta puntos del primero a ganar la liga, de ser comparsa a convertirse, por primera vez en mucho tiempo, en la mosca cojonera que les tocaba las narices a los dos grandes.

Siete años después, Simeone ha alargado su compromiso hasta 2022, lo que implica que completará, si todo rueda como creemos, una década al mando del club. Una década en la que ha cambiado el juego, la fe y la ambición. El Atleti, con Simeone, ha encontrado algo que parecía imposible y es un estilo propio. Ya no da bandazos; tiene decepciones, porque el fútbol es puñetero y seguimos siendo pobres respecto a los muy ricos, pero es un valor seguro de competitividad. Una década para decirle al mundo que si se trabaja y se cree, se puede.

martes, 12 de febrero de 2019

Basura informativa

A todos nos roban y a todos nos benefician. Desde esa premisa, voy a empezar a escribir mis tribulaciones sin que se llegue a pensar que busco algún tipo de excusa. Si me escapo por caminos serpenteados es porque hasta allí nos han llevado los camiones de la basura; allí, hacia ese descampado lleno de mentiras y medias verdades donde la podredumbre se vende y la sensatez se tritura.

No fue culpa del VAR, dijo Simeone. Correcto. Hay que buscar el problema interno antes que patalear por los externos; ni supimos imponer el juego ni supimos contrarrestar el suyo ¿Resultado? Derrota, una vez más, pero los pregoneros de la extremaución se han precipitado en hacer análisis en base a resultados desde el mismo lugar donde hace poco más de un mes nos vendían las palabras dirigidas a un tal José Luis.

No nos engañemos, las decisiones arbitrales, VAR mediantes, fueron catastróficas para nosotros. El problema no es que se equivoquen, el problema es el trato que mereces según quien seas. Estuvimos semanas debatiendo por una jugada en la que el portero tocaba el balón. Y así, de esa manera, puedo compartir el análisis del entrenador, pero también puedo entender a todos aquellos que se quejan. Porque al final nos han convertido a todos en cómplices y vícticmas de la basura informativa.

viernes, 1 de febrero de 2019

Partido clave

Existen momentos trascendentales a lo largo de la temporada. Partidos que, a priori, pueden parecer de normal importancia pero que, en un análisis más profundo, resultan de una necesidad casi vital. Porque marcan a fuego el futuro y ponen al equipo en el verdadero lugar de las pretensiones. El Atleti se juega algo más que la vida en el Villamarín, se juega afrontar el derbi con garantías y, de paso, no llegar a la eliminatoria contra la Juve en una situación de todo o nada.

De ganar, la fortaleza mental seguirá intacta. Estará en opciones de mantener la distancia dependiendo de lo que hagan Madrid y Barça, de seguir en la pelea, de poder seguir soñando con todo. De perder, entrarán las dudas y el Madrid, que ha cogido carrerilla, llegará al Metropolitano con la opción de morder y sacar sangre. Y eso, admitámoslo, sería terrible.

Y no será fácil. El Betis es, probablemente, el equipo más imprevisible de primera. Es capaz de asaltar el Camp Nou con una exhibición de fútbol y caer estrepitosamente contra el rival más sencillo. Si hablamos de motivación, este es un partido especial para ellos porque será un choque de estilos y tienen la opción de demostrar que el suyo es el estilo más válido. Solemos sufrir mucho contra equipos que tienen el balón porque tendemos a la reculación. Mucho más si nos adelantamos pronto. Será importante contar con jugadores veloces para saber controlar las contras. Alguna tendremos, seguro, y será de vital importancia saber aprovecharla.

martes, 29 de enero de 2019

Atléticos somos todos

Podemos ser más altos, más bajos, más rubios, más morenos, hombres, mujeres, sentimentales, pragmáticos, soñadores o irreverentes. Podemos ser de aquí, o de allí, podemos permitirnos viajes o no podemos permitirnos un abono, podemos gritar un gol o guardar silencio en una derrota, podemos sacar pecho con orgullo o dejar volar la ensoñación mientras entonamos el irreversible "otra vez será". Podemos asimilar la derrota, aprender de la victoria, pavonear, sumar, restar, dividir, multiplicar. Podemos perder y podemos ganar.

Nos puede gustar Morata más o menos, nos puede doler en el alma su pasado o nos puede dar absolutamente igual, podemos admirar al Real Madrid y sentir indeferencia o podemos cambiar nuestro ánimo cada vez que le vemos ganar, podemos odiarlo profundamente o podemos ningunearlo en la palabra, podemos amar al Cholo, podemos criticarlo o podemos endiosarlo, podemos repetir mantras o resucitar fantasmas. Podemos hablar y podemos callar.

No me gustan los repartidores de carnets. Estoy seguro de que a muchos de ellos no les gusto yo. Da igual, mi afición al Atleti no es por ellos sino por el equipo. Cada uno tenemos nuestra situación y cada uno tenemos nuestro sentimiento. No voy a entrar en valoraciones personales; aquí, cada uno, es capaz de hacer renacer sus propios espectros. A mí Morata me parece un jugdor válido como a otros les parece una ofensa. Bien, les entiendo. Pero, más allá de valoraciones en caliente y análisis sectarios, hay una cosa en común que nos une a todos y es que todos queremos que gane el Atleti. Porque aquí, de una manera u otra, cabemos todos, porque Atléticos somos todos. No existe una única manera válida de ser de un equipo.

viernes, 25 de enero de 2019

La plaga

Nos acecha una plaga. Nos encontramos en una situación crítica en la que empezamos a jugarnos las castañas y los futbolistas van cayendo como moscas. Primero atacaron a la zaga, después la operación de Diego Costa y ahora es el centro del campo el que se ve mermado. Será un once de circunstancias y enfrente estará el Getafe, un equipo que no regala caramelos.

Las circunstancias, a veces, son una auténtica putada. Acabamos enero vivos en liga y fuera de copa y lo terminamos, además, de la peor manera. Simeone se verá obligado a echar mano del magnífico filial que tenemos pero estos chavales, apuestas de un futuro halagador, son sólo promesas a las que no se puede exigir que carguen sobre sus hombros la responsabilidad de pelear una liga.

Volverá Lucas al lateral, volverá Juanfran al interior y volverá, problemente, Borja Garcés a la delantera. Un equipo casi de circunstancias, un equipo, seguramente, competitivo, porque en este Atleti, como en la mili, el valor se presupone. Y habrá que rezar para que no se lesione nadie más, porque llega febrero y llegan curvas; Villamarín, derbi, Juve... Nos acecha una plaga y no paramos de buscar un antídoto ante la adversidad.

martes, 22 de enero de 2019

No nos gusta Morata

Partamos de la premisa de que lo que hay es Kalinic. Que el tipo es voluntarioso e insistente, pero no da la talla. No podemos criticarle por bajo rendimiento porque no ha parado de tirar desmarques, ni de pelear balones aéreos, ni de buscar un remate siempre infructuoso. Podemos decir que no tiene gol y eso, en un delantero, desidia aparte, es el peor pecado que puede cometer.

Llevamos semanas, casi meses, debatiendo sobre la conveniencia de haber fichado un buen delantero suplente para suplir las ausencias de Diego Costa. Se barajaron nombres de lo más variopinto; Stuani, Borja, Gerard, Maxi... tipos que no han conocido la élite, que han dado un rendimiento espectacular en equipos de media tabla pero cuyo rendimiento en un equipo exigente aún es una incógnita. Y después de soltar todos esos nombres resulta que ahora no nos gusta Morata.

Tengo los mejores recuerdos de Morata de su estancia en la Juve y su segunda etapa en el Madrid. Juega en su contra, claro está, que nunca se terminó de consolidar como delantero titular, y que fue por ello por lo que fue buscando salidas a sus suculentos contratos. Pero con la Juve eliminó al Madrid, fue decisivo en partidos importantes y rindió a gran nivel. En el Madrid, cuando tuvo que suplir a Benzema, lo hizo con garantías y goles ¿Por qué no va a valer, pues, para suplir a Diego Costa? El chico ha jugado finales de Champions, ha ganado ligas y ha estado siempre en la pomada. La de verdad. El problema, claro está, es que visitó unos colores y llegó a renegar de los nuestros. Lo extradeportivo siempre por delante de la sensatez.

jueves, 17 de enero de 2019

Imperfecciones

Fue un palo durísimo, no lo vamos a negar. Yo, que soy un nostálgico empedernido, tengo a la Copa como una competición preciosa. Tengo los mejores y los peores recuerdos asociados a finales de Copa. He vivido las suficientes como para saber rememorar las victorias y recrearme en el dolor de las derrotas. Lo de ayer fue un palo porque tenía, siempre las tengo, esperanzas en ganar la Copa del Rey.

Pero no va a poder ser. Y ya serán seis años sin poder ser. Desde aquella final en el Bernabéu, en el mismo día de mi cumpleaños, en el que yo estaba allí, en la grada, sufriendo como un cosaco el acoso de los otros y celebrando como un niño el gol de Miranda. Allí hemos cantado a lo grande cuando hemos sido grandes de verdad. Por eso, ver al equipo apeado después de dejarse el alma en remontar un partido que mereció ganar, te llena de una tristeza casi irreparable. Costó dormir, cuesta, hoy, aguantar a los de siempre.

Llevamos semanas achacando la falta de gol y el día que marcamos tres no somos capaces de ganar el partido. Fallaron cosas, está claro, esas pequeñas imperfecciones que, cuando no se pulen, terminan castigándote. Al Atleti le falló cerrar las bandas y por ahí llegaron los tres goles; no hubo ayudas y no se cuidaron bien las espaldas. Y falló, aunque no se le pueda achacar culpa, el portero. En días como ayer es cuando valoras la seguridad que implica jugar, domingo a domingo, con el mejor portero del mundo.

martes, 15 de enero de 2019

Sin gol

El kilo de nueve se paga caro. Es, extrapolado al fútbol, la angula de la mesa de los gourmets, el Ferrari de los conductores apasionados, el Rólex de los coleccionistas más ávidos. Un buen nueve te arregla una mala temporada y, por supuesto, de dispara en una buena, porque en el gol vive la majestuosidad del fútbol.

El Atleti lleva unos partidos decendes, alternando ratos regulares con otros buenos e incluso muy buenos. Sufrió en Sevilla aunque supo recomponerse en el segundo tiempo, igual le pasó en Girona después de veinte minutos deplorables y fraguó ante el Levante uno de los partidos más completos de la temporada. Aún así, dos empates agónicos y una victoria por la mínima con un penalti más que dudoso.

¿Qué ocurre? Pues que falta gol. El equipo sabe de memoria a qué jugar; todos juntitos, salida intensa, regulación del partido y, en temporadas anteriores, saber guardar la ropa. Porque generalmente sabía adelantarse e ir gestionando la ventaja de manera magistral. Como ahora le cuesta un mundo adelantarse, se ve obligado a remar y remar durante los noventa minutos y, en más de una ocasión, a tener que levantar, o empatar, resultados adversos. Es que sin gol, sólo queda el sufrimiento.

jueves, 10 de enero de 2019

Esos ratos de desidia

Esos ratos de desidia matan al Atleti y nos matan a nosotros. Porque creemos estar viendo un partido y, de repente, vemos otro distinto. Y nos quedamos sin uñas, sin voz y sin ganas. Esos ratos de apatía en los que el rival toca y toca, llega y llega y el Atleti se empeña en regalar balones, en tirar pelotazos absurdos y en abocarse a la fe que suele profesar en su portero.

Sólo que ayer el portero era otro y se terminó notando. Un disparo colocado pero, en apariencia sencillo y que requería palomita y córner, terminó dentro de la portería. A esas alturas el Girona ya merecía su premio porque el Atleti se había desconectado. Y es que ocurrió lo siempre; arranque sólido, gol tempranero y guardar la ropa, porque para nadar, mejor aprovechar la corriente.

Y ayer el viento estaba en contra. Retórica y físicamente. La segunda parte, cholina mediante y viento a favor, el equipo creció en actitud. No fue poco. Pero no sirvió de mucho porque falta lucidez arriba y, sobre todo, falta remate. Adán, esta vez sí, vestido de Oblak, salvó una ocasión clarísima en la únicia llegada del Girona con peligro real. El resto fue un quiero y no puedo y la sensación de que oportunidades así no hay que dejarlas escapar. No es mal resultado, pero si tememos otro momento de desidia, es posible que terminemos por no fiarnos del todo.

martes, 8 de enero de 2019

No hay febrero sin enero

Pasan las jornadas y, aunque las sensaciones siguen sin ser las correctas, el equipo sigue sin perder. Más allá de la mácula de Balaídos, en los albores de una temporada que, por exceso de ilusión, recibió su golpe de realidad, el equipo ha ido a trompicones, empate a empate y victoria agónica a victoria agónica hasta asentarse en el segundo lugar a tan sólo un partido de la finalización de la primera vuelta.

Debemos tener en cuenta que, en las últimas temporadas, el equipo ha empezado a tomarle el pulso a la competición a partir de febrero. Cuatro últimos meses a tope en los que suele cimentar los objetivos. Es por ello que siempre le ha costado tanto alcanzar las últimas rondas de Copa y es por ello que, generalmente, ha llegado al último tramo ligeramente descolgado en liga aunque nunca haya dejado de pelearla hasta el final.

Teniendo en cuenta que el mes de enero no será excesivamente complicado en cuanto a rivales en liga (con el condicionante de que el Atleti no le gana fácil a nadie), deberíamos tener en cuenta las opciones de copa e intentar llegar a febrero con el carburador a tope. Allí llegarán Betis, Real Madrid y Juventus por partida doble. Comenzará el show. Esperemos, por favor, que empiece a llegar el juego.

viernes, 4 de enero de 2019

Difícil

Las ilusiones están en todo lo alto, el Metropolitano llenó un fondo, los jugadores posaron para la galería y se entonaron cánticos de ánimo. Toda una soflama de energía y todo un compromiso de acción. Pero la realidad, más allá de las euforias, es que jugamos en Sevilla y la defensa es un cuadro.

Lo tenemos difícil, vamos a ser francos. Porque el Sevilla aprieta, porque en su campo son aviones, porque nos tienen ganas y, sobre todo, porque estamos mermados. Pero si algo nos inquieta más aún es la trayectoria del equipo; tan sólo dos victorias fuera de casa y la sensación de que hace mucho tiempo que no gobierna un partido, aunque sea a su manera.

Nos preocupa que el Atleti pierda la base de su identidad, que se convierta en un equipo meramente italiano en el concepto clásico de la palabra, que sólo confíe en la suerte y que renuncie a los códigos que le han llevado hasta aquí. Nos preocupan muchas cosas porque empezamos el año en el peor escenario posible. Existen tragos amargos que hay que digerirlos con naturalidad; la derrota es plausible, la victoria, de llegar, sería reanimante.

miércoles, 2 de enero de 2019

En la primera línea de parrilla

Empieza un año de expectativas, de ilusiones, de incertidumbre y de realidades. Porque el Atleti cuenta con una plantilla de primer nivel, porque está en condición de disputarlo todo, porque el juego, pese a todo, no invita al optimismo y porque los rivales, a la hora de la verdad, serán pura contundencia.

Habrá que hacer frente a la plaga de lesiones y tratar de recuperar a los futbolistas importantes para los momentos clave, negociar con aquellos que tienen la cabeza fuera del equipo y hacer mejorar el rendimiento ofensivo. El problema de juego se arregla con optimismo y el optimismo se gana con buenos resultados.

Pese a los agoreros, que los hay, pese a que muchas veces yo mismo he caído en el pesimismo más absoluto, hemos de reconocer que en este año que empieza hay muchas ilusiones porque el equipo sólo puede ir a más, porque la defensa se debe recomponer, porque los recursos son muy variados y porque, pese a todo, el Atleti sigue en primera línea de parrilla.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Mi capitán

Hace un tiempo, en los albores de este blog, escribí un texto sobre Gabi describiéndole como un eficiente oficinista. "El chico que sólo servía para ser contable", lo titulé. Fue el día que certificó su regreso al Atleti y los aficionados, que veníamos de vuelta y teníamos menos esperanzas aún que realidades nos mostraban, sospechábamos de cualquier incorporación. Reconocíamos a Gabi como un jugador correcto, pero nada más allá de un tipo que corría mucho y pensaba poco.

Lo que no había encontrado Gabi, hasta entonces, era el camino correcto por el que guiar sus virtudes. El chico era un buen oficinista, era cierto, pero tenía alma de capitán. El jefe del departamento se destapó cuando un tipo que creyó ciegamente en él le otorgó mando en plaza. Sólo le pidió una cosa; trabajo. Con la fe y el sentimiento reforzados en el discurso, Gabi fue el reflejo de Simeone en el campo. La extensión de un tipo que sentía el fútbol como una forma de vida.

Cualquier homenaje es pequeño cuando se trata de loar al tipo que nos ha conducido hacia la gloria. Nadie como él representó el escudo, nadie como él interpretó el himno en uña y carne, nadie como él disputó cada una de las finales. Incluso en las perdidas dio una lección de pundonor tan grande que quedó pequeño cualquier comparativo que se realizase con su corazón. Ni el Calderón abarcaba su latido ni el Metropolitano fue capaz de detener su impulso. Fuego intenso y pasión desmedida, el estadio que hoy le venera se puso en pie para despedirle. Oh, capitán, mi capitán. Cualquier frase épica sirve para alabarle, cualquier escena de amor sirve para describirle.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Intentarlo no basta

No se puede decir que el equipo no lo intentara. No se puede achacar falta de actitud ya que el Atleti dominó la pelota durante un gran tramo del partido y acechó el área sin la profundidad necesaria. No es un problema que salga un partido trabado, el problema es que son ya demasiados los partidos trabados para creer que es una casualidad.

El Atleti tiene un problema de juego alarmante. Se puede ganar un partido jugando mal, se puede tener una racha jugando sin solvencia, pero, a la larga, jugar mal penaliza más que hacerlo bien. Y no se trata de jugar bonito, se trata de ejecutar el plan a la perfección y de saber utilizar los recursos con maestría.

Y los recursos del Atleti este año, son tan variados, que parece que a Simeone le ha pillado a contrapié. De repente tiene gente para generar mucho fútbol en el medio y, sin embargo, el equipo sigue saliendo a la guerra en los partidos fuera de casa. Lemar, Saúl, Koke, Rodrigo, Thomas, Vitolo... todos salen con el pico y la pala para terminar cavando su propia fosa. Ni Villarreal, ni Leganés, ni Girona. Van tres seguidos. Lo malo es la sensación de que va a haber muchos más.

jueves, 29 de noviembre de 2018

En octavos

Los objetivos se cumplen con trabajo y abnegación. Hace falta, claro está, una gran dosis de talento para saber aspirar a las más altas cotas. Si el equipo se ha puesto como objetivo estar en la final de la Champions disputada en su propio estadio, no somos nosotros nadie para intentar corregir el exceso de fe. Desde que llegó Simeone, si algo tenemos claro, es que la comunión entre ellos y nosotros es tan perfecta que no necesitamos más que una palabra para seguir su camino.

El Atleti está en octavos una vez más. Olvidando el tropiezo del año pasado, que nos terminó conduciendo a un título, el equipo ha vuelto a hacer los deberes y está otro año más entre los dieciséis mejores. Desde que empezó autoexigirse, las metas se van cumpliendo y los grandes sueños se siguen rozando. Simeone tiene la Champions entre ceja y ceja y algunos, los que sólo ven cuatro partidos del Atleti al año, le exigen que sea más ambicioso. Como si a los anteriores entrenadores les hubiesen exigido algo más que no fuese salvar la categoría.

Fue un mal partido, no lo vamos a negar. Un partido que se resolvió rápido y sirvió para que los jugadores sestearan de cara a los próximos compromisos. Tal y como se ha puesto la liga, no está de más guardar fuerzas para saber gastarlas en envites de mayor envergadura. El Mónaco ofreció poco y sólo se estiró cuando apareció Falcao, aquel tigre del área que nos hizo tan felices y que hoy busca un lugar en el desierto. Allí no hay oasis. Entre la gloria y la fortuna escogió lo segundo. Imagino que hoy se seguirá preguntando por qué.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Coraje y corazón

El coraje hace referencia al ímpetu, al no dar un balón por perdido, a avasallar al contrario, a no escatimar un esfuerzo, a no dejar un gramo de sudor pendiente de verter en el césped, a no negociar el deseo, a intentar ganar por encima de todo, a no pensar en perder por más que las consecuencias te conduzcan al precipicio.

El corazón se sostiene en la fe, en la capacidad de creer en lo imposible, en la generosidad del esfuerzo, en el apoyo constante hacia el compañero, en el aliento de la grada, en el aliento hacia la grada, en la comunión global entre ellos y nosotros, en el grito desgarrado con un gol del cojo en el último minuto del partido.

Cuando el Atlético conjuga la letra de su himno en el terreno de juego es cuando se vuelve más reconocible. Durante sesenta minutos, se vio sometido a la voluntad contragolpeadora del Athletic de Bilbao, un equipo que planificó el encuentro en base a la velocidad de Williams y al movimiento entre líneas de Beñat y Muniain. Y cuando todo parecía perdido, apareció el coraje para asomarse al vacío y, al fin, el corazón para dejarlo apretado en la grada para siempre. El equipo que nos enamora es el equipo del coraje y el corazón.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El peaje de la exigencia

La exigencia conlleva un peaje, la alta competición, a menudo, tiene un alto precio que hay que pagar en forma de ostracismo o en forma de lesión inoportuna. Es la consecuencia de someter al cuerpo a un castigo inherente a la alta dosis de competitividad. Lo queremos todo y lo queremos bien, pero no somos conscientes de que estos héroes que dibujamos en rojo y blanco, no dejan de ser personas formadas por la misma estructura muscular que la nuestra.

Primero cayó Godín, luego Savic y, durante el partido ante el Dortmund, fueron cayendo, para completar el efecto dominó, Giménez y Lucas. Todos esclavos del límite físico en el que se les exige, al mismo tiempo, la misma dosis de esfuerzo y precisión. Un problema grave, el de jugar sin centrales, si tenemos en cuenta que, en un par de días, nos visitaran dos bestias del juego aéreo como Adúriz y Raúl García.

Son las vicisitudes de la élite. Querer una plantilla talentosa conlleva tener jugadores que lo juegan todo; Liga, Copa, Champions y partidos de selección. Claro queda que cobran en función de lo que generan e incluso, en la mayoría de las ocasiones, mucho más de lo que merecerían en función a la banalidad que representa su profesión, pero entre todos hemos generado este circo y entre todos lo queremos mantener. Por ello, es importante asumir el agotamiento físico y la lesión muscular frecuente en cada uno de nuestros jugadores porque están sometidos a un esfuerzo que, inducido por la exigencia, les hace ir al límite de sus probabilidades.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Así sí

Mismo rival, distinto escenario, misma competición, distintas circunstancias, mismo objetivo, distinta motivación. Cuando se hace bien lo de siempre y se olvida lo de nunca, cuando te obligas a atacar y te olvidas de defender, cuando la inspiración es un balón y no una carrera hacia detrás, cuando mirar hacia adelante te convierte en valiente a ojos del mundo, es cuando las causas abrazan a las conscuencias y el resultado tiende a la favorabilidad.

El Atleti ayer hizo un partidazo, es justo decirlo. Tuvo el temple suficiente para aguantar el envite y, cuando vislumbró que su rival era más azúcar que pimienta, se lanzó a deguello con robos precisos y ataques incisos. Los imberbes alemanes supieron, esta vez, que jugar contra hombres curtidos conlleva el riesgo de salir escaldado. No se reinstauró el goal average, pero se reinstauró el orgullo y ese pedazo de gloria, a título personal, es tan suculento como cualquier vestigio de esperanza.

Ahora bien, sabemos que el equipo, en casa, sabe jugar con mordiente, con velocidad y con cierta pulcritud, y entonces nos asoma la pregunta trascendental ¿Por qué no jugamos igual como visitantes? Es allí, en los partidos a cara de perro en campos donde el pedazo de pan se paga con gotas de sudor, cuando el equipo se ha caído por el precipicio. El paso atrás le ha terminado condenando y la inoperancia le ha terminado situando en un lugar de incertidumbre. Hace falta mentalidad; si somos grandes, actuemos como tales. La cara siempre la acaban partiendo, pero uno es más feliz, aunque sangre, cuando sabe que ha sido valiente que cuando se acuesta apesadumbrado por haber sido un cobarde.

lunes, 29 de octubre de 2018

La confianza

La confianza es el lugar de encuentro donde se cruzan las voluntades. La esperanza, el deseo, el objetivo y el hilo del qué tirar. Y todos juntos, remando, aun a contracorriente, saber dirimir las dificultades y alcanzar una nueva orilla. Y así día tras día. Los resultados sólo se consiguen trabajando y el trabajo sólo se afronta, con optimismo, desde la confianza.

Victorias como las del sábado son más bálsamo que logro, pero cuando a uno le acucian los malos augurios y los pronósticos caen como una losa, nada más medicinal que una victoria convincente para saber que el camino a seguir puede seguir marcado con una fila de baldosas amarillas. El equipo, sobre todo durante la segunda parte, insistió, jugó y llegó. Faltó claridad en el último tramo, pero como buenos fieles de una comanda, siempre se pide compromiso, porque a través del mismo se alcanza el juego.

Es un comienzo de temporada tan extraño que no sabemos hacia donde encaminar la brújula de la esperanza. A la de cal le sigue la de arena y cuando parece que el equipo comienza a tomar empaque, siempre llega una visita a un campo complicado y nos sacan los colores como nunca antes lo habían hecho. Es necesario saber con quien hay que jugar, cómo hacerlo y cual es la mejor manera de ejecutar el plan. Si es presionando en campo rival e insistiendo sin parar, como se hizo el sábado, seguramente el equipo tardará muy poco en adquirir la confianza.

jueves, 25 de octubre de 2018

Así no

Que haya sido la derrota más abultada de la era Simeone no hace sino clarificar que las cosas no se están haciendo bien. Que el equipo ha perdido parte de la identidad que le convirtió en intratable y que, de tanto escucharlo, al final vamos a asumir como una premisa cierta aquello que nos cuentan de que los equipos de Simeone nunca han jugado a nada.

Obviando las mentiras, por falta de fundamento, deberíamos centrarnos en el presente si queremos afrontar el futuro con la certeza de una mejoría. Cierto es que sólo estamos en octubre, que el equipo, durante los últimos años ha ido siempre de menos a más y que, de tanto repetir la indolencia, hemos terminado sumidos en el pozo de la desgana.

Como aprender del pasado es el primer paso a seguir a la hora de afrontar los objetivos, deberíamos echar un vistazo a nuestros últimos fracasos con el fin de no repetir los errores. El año pasado, con más puntos y, quizá, mejores sensaciones, ya habíamos perdido la liga y estábamos a un paso de tirar la Champions. Este año, al equipo le está salvando el mal inicio de los grandes y un grupo más amable en la Copa de Europa. Aprovechar las vicisitudes debe ser tarea factible para quien aspira a lograr la excelencia. Pero antes de emprender la misión, debería reflexionar y darse cuenta de que, jugando así, no se llega hacia ningún lado.

lunes, 8 de octubre de 2018

El colmillo

Cuando el rival aprieta, cuando tiene un plan de juego, cuando su proyección se programa para ahogar el juego, para trasladar tocando, para dormir el tempo, para buscar la espalda, cuando la presión es alta y la intensidad es certera, cuando te buscan las cosquillas al primer toque, cuando te quieren hacer correr detrás de la pelota, no queda otra opción que sacar el colimillo.

El Betis es un buen equipo. Probablemente luchará hasta las últimas jornadas por el cuarto puesto. Es un equipo lleno de buenos peloteros y que saben interpretar casi a la perfección, el libro de estilo de su entrenador. Juegan de memoria la salida de la pelota y sólo la ausencia de un delantero de garantías les impide estar más arriba en las pretensiones.

Por eso fue un buen rival para medir el actual estado del Atleti. Lo que hace un mes era despropósito y baja forma, ayer se consolidó como un momento al alza. El equipo vuelve a ser solidario y, aunque sigue sin ser certero en el juego posicional, al menos sabe que, mordiendo, sigue siendo el mismo bloque casi imposible de ganar. Todos estamos de acuerdo en que no fue un gran partido, pero no deberíamos obviar que sí fue una gran victoria.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Crampones contra el terreno

Existen momentos de contricción en los que somos capaces de darnos cuenta de nuestros errores, de dividir nuestros espacios y multiplicar nuestros objetivos, existen momentos cruciales que sirven de trampolín y se recuerdan como inusitadas muestras de ambición. El Atleti, como nuestras vidas, tiene momentos de celebridad y momentos de celeridad. Mientras se busca a sí mismo va encontrando la sensación e intenta recuperar la mirada del tigre mientras observa a su enemigo en el horizonte.

El Huesca es un equipo demasiado normalucho como para ser tenido en cuenta a la hora de analizar las exageraciones. Poco a poco, el equipo, agarrado al clavo de su propia condición, va solventando momentos y encontrando sensanciones mientras se espera a sí mismo. Seis puntos consecutivos, el paraguas sobre la cabeza y el peligro de una tormenta perfecta acechando sobre la cabeza.

No se rendirán tan fácilmente. Podrán perder, porque el enemigo es bravo y talentoso, pero no les verán doblar la cerviz, porque este equipo ha aprendido a encontrar el cáliz escarbando en la montaña. Paso a paso, crampón mediante, va superando piedras y va buscando su cima. El mal juego, las dudas, los goles en contra, los pases sin sentido. Todo son esquirlas que dificultan el camino. Los que seguimos teniendo fe seguimos dando la cara, aun sabiendo que en tres días nos la pueden partir por la mitad.

lunes, 24 de septiembre de 2018

La premisa

Las premisas, como los mandamientos, deberían considerarse punto de obligada consideración. Porque una premisa es una cruz en el calendario, en el cuaderno de las tareas cumplidas, en la agenda de las satisfacciones cumplimentadas. Una premisa es un dedo indicador que señala un camino correcto, que aconseja un modo de actuar.

Contra la premisa está la trayectoria. Uno se convierte en mito por la propia inercia de su condición, por el callo endurecido de su actitud, por la brisa perenne de su aptitud. Las leyendas son apariencias públicas que sobresalen en la garganta de cualquier aficionado, el recurso fácil al que acudir cuando la memoria se hace fuerte, el tacto rígido de un momento de locura.

Godín es ídolo, mito y leyenda. Su trayectoria le ha colocado, con letras mayúsculas, en el lugar predilecto de la historia rojiblanca. Pero, más allá de los hechos, están las realidades y una de estas indica que, a día de hoy, la pareja formada por Giménez y Lucas le han adelantado por la derecha. La condición manda y la premisa está clara; lo que funciona no se debe tocar. Y Giménez y Lucas están demostrando saber funcionar en los peores momentos de la temporada.

jueves, 20 de septiembre de 2018

La mesa

La mesa de Griezmann es la mesa de la ambición, de la alternativa, del querer, del querer poder, del querer ser. La mesa de Griezmann, más allá de la ignorancia acusatoria, es la mesa de un tipo que cree haberse ganado el derecho a la consideración. Es la mesa de un tipo que ganó la Europa League con dos goles en la final, que marcó en las fases decisivas de un mundial en el que salió campeón, que empezó el verano derrotando al mejor equipo del mundo.

La mesa de Griezmann es una mesa ficticia porque en la mesa de Messi no se sienta nadie, porque el argentino come aparte y los demás miran y, con un poco de suerte, aprenden. La mesa de Griezmann debería ser el aprendizaje constante, la obsesión desmedida por mejorar y la fe abyecta a los preceptos del cholismo. La mesa de Griezmann debe llenarse de copas y las copas deben llenar nuestras satisfacciones.

Para que Griezmann pueda comer en la mesa que dice es necesario que mejore con el equipo, que lidere el proyecto, que sepa que sus compañeros tienen que mejorar y él con ellos. Para que Griezmann se siente en la mesa de los mejores es necesario que el puñetazo en la mesa no se de frente a los micrófonos sino con el balón de por medio. El Atleti hace tiempo que come en la mesa de los mejores, tal y como ha empezado la temporada, habría que decirle que levantarse antes del postre debería ser de mala educación.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Una cosa clara

Dejemos una cosa clara. El Atleti está jugando muy mal al fútbol. Si partimos desde la realidad, quizá sea más difícil para todos afrontar las esperanzas. El lado negativo indica que jugando así no se tardará en tirar la temporada por la borda, el positivo, por otro lado, indica que, a partir de aquí, sólo se puede mejorar. Más que nada, porque jugar peor es casi imposible.

El Mónaco es un equipo menor. No quiero menospreciar a un equipo que hace dos temporadas alcanzó las semifinales de la Champions League, pero si hago tal afirmación es en base a un análisis objetivo. El equipo que ayer jugó contra el Atlético tiene graves carencias en la creación y graves desajustes en la contención. Y aún así, obligó al Atleti a terminar pidiendo la hora.

Porque el Atleti pareció cualquier cosa menos un buen equipo de fútbol. Se comportó como una banda que tocaba sin criterio y que solo robaba la pelota cuando su rival se la regalaba. Le valió un mal partido para curar el mal de la victoria, pero no debería engañarse porque jugando así, lo más fácil es que vuelva a perder, que vuelva a lamentarse, que volvamos todos a dividirnos en ese maldito barco que han fabricado los ciegos de objetividad. Decir la verdad no significa ser menos del Atleti.