lunes, 26 de octubre de 2020

Las primeras partes

Sucedió contra el Huesca, Villarreal, el otro día en Vigo aunque nos adelantamos pronto y, más

sangrantemente, contra el Betis. El Atleti, en un alarde de sobreactuación, regala las primeras partes de los partidos como quien puede permitirse el lujo de regalar parte de un botín. Sale al campo, pulula, las ve venir y se aboca a las manos de Oblak o la omnipresencia actual de Savic para dejar su portería a cero y esperar a que los siguientes minutos dicten sentencia a favor.

No sé si lo que ocurre tras el descanso responde a los efectos de la cholina, a los cambios introducidos o a un desbloqueo mental que les induce a los jugadores a ir de una vez a por el partido. Algunas veces, como el otro día después de una infame primera parte contra el Betis, la reacción da para ganar, pero hay días, muchos, en los que no es suficiente y es por ello que te puedes ir de Huesca con la sensación de poder haber ganado de haber querido y con la cara de tonto que se regala tu propia ineptitud.

Esto es muy largo y aquí no regalan nada por lo que convendría no empezar a regalar nosotros tampoco. El año pasado cosechamos la friolera de dieciséis empates, quedando a diecisete puntos del líder. En muchos de ellos la sensación fue de poder habido ganar, pero también de haber reaccionado demasiado tarde. De momento van dos empates y tres victorias, las cuentas salen porque los demás tampoco van sobrados, pero a medida que los dos grandes vayan tomando velocidad de crucero, le convendrá al Atleti no regalar ni más puntos ni más primeras partes, porque este año, aún teniendo peor equipo, la liga podría estar más barata y, la ganemos o no, lo que realmente queremos es ver a nuestro equipo en condición de querer pelearla. 

jueves, 22 de octubre de 2020

Baño de realidad

El Atleti es un equipo aseado, resultón, bien pintado, vestido con cierto porte atractivo e incluso con algún

recurso que sacar a paseo, pero, comparado con aquel equipo aguerrido, de cuchillo entre los dientes, conquistador de terrenos y desdeñador de cautivos, es un equipo mucho peor. Porque puede competir, puede intentar pelear, enseñar los dientes, mostrarse arriba e incluso permitirse alguna pared, pero sin calidad para definir ni mordiente para defender, al final, cuando te enfrentas al mejor equipo de Europa, lo único que te llevas es un baño de realidad.

Es duro de asumir la realidad cuando vienes de un lugar de preferencia. Durante un tiempo, después de ser un pobre soñador de irrealidades, nos convertimos en invitado de honor en el banquete de los grandes. Y lo hicimos irrumpiendo por derecho, como un caballero talludo y concienzudo, sabiendo que, para que nos echaran de allí, tenían que dar muchos golpes y desollar muchas pieles. Pero no les hizo falta, fueron nuestros propios dirigentes quienes, poco a poco, y sin piedad, se encargaron de ir empeorando el equipo vendiendo a los jugadores clave y no sabiendo renovar la plantilla con calidad a medida que los capitanes se iban bajando del barco.

Y lo que nos queda es este baño de realidad con este equipo aseado y resultón que, cuando es zarandeado por el campeón de Europa, muestra todas sus vergüenzas de una vez. De nada valió dar la cara, de nada valió salir a jugar de tú a tú, cuando la puñetera realidad es que vamos camino de convertirnos, otra vez, en esos pobres soñadores de irrealidades que ven la vida pasar desde la ventana de un tren descarrilado.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Poca esperanza

No han estado demasiado finos nuestros internacionales durante esta ventana de selecciones. No es que

me preocupe en demasía su rendimiento fuera del Atleti, es más, si por mi fuese, ninguno de ellos iría convocado con su país porque estos partidos, a final, entre viaje y viaje y poco entrenamiento, son el caldo de cultivo de lesiones musculares que te rompen la planificación.

Pero, siendo realistas, si el rendimiento de nuestros internacionales no ha sido el más óptimo, es porque el nivel es el que es y porque de dónde no hay no se puede sacar y eso sí que me preocupa. Preocupa que Lodi no sea ni un cuarto de Filipe Luis, que Trippier sea un parche en defensa de cinco, que Savic no sirva para parar a Luxemburgo, que Correa no sea importante en Argentina ni Lemar en Francia, que Joao Félix sea un elemento extraño pegado a la banda en Portugal, que Suárez sea una sombra en el área y Torreira no tenga un minuto o tenga los de la basura y, sobre todo, que ninguno de nuestros jugadores españoles sean aptos para conquistar un puesto entre los convocados de Luis Enrique.

Y es que es difícil imaginar a los miembros de la plantilla dando más de lo que han dado y eso es preocupante. Preocupante porque nos hemos acostumbrado a las fiestas de gala y tememos regresar a las verbenas de barrio, preocupante porque tenemos al mejor entrenador y le van restando mimbres de cara a su milagro cotidiano, preocupante porque atisbamos el futuro y encontramos poca esperanza. Es duro y es real. Sé que muchas veces soy demasiado pesimista y hay alguna en la que tengo que rectificar mis pronósticos. No tengo dudas de que el equipo va a competir porque, mientras siga Simeone, no mutará el ADN, pero tengo muchas dudas de que el equipo ya no vaya a dar un salto de calidad, sino que sea capaz de mantenerse.

jueves, 8 de octubre de 2020

La gestión y el relato

La gestión la maneja un dúo al que un tribunal declaró culpable de un delito que había prescrito; el de

apropiación indebida. Se apropiaron de un club que era de sus socios con argucias, trampas y sin poner un sólo duro. Generaron una deuda que se consolidó como histórica y que aún hoy ahoga las arcas del club y utilizaron el club como trampolín para sus negocios personales.

El relato, por su parte, lo llevan otros, los encargados de blanquear el verdadero mal, los tipos que meten presión a Simeone desde el primer día para luego arrojarle al pozo de los fracasados, los que venden que el Atleti tiene la mejor plantilla de la historia para luego descargar de culpa a los verdaderos culpables, los que dicen ahora que Thomas no debería notarse porque no era titular indiscutible, siendo el tercer jugador con más minutos en la última temporada.

Cuando Simeone lanzó aquello de "No consuman", lo hacía con conocimiento de causa. Porque todos aquellos que hoy disculpan al dúo prescrito no te recordarán cuando dijeron que la venta del Calderón sufragaría la deuda del club, cuando dijeron que la venta de Falcao aliviaría todos los problemas económicos, no te contarán por qué rebajaron en ochenta millones la cláusula de Griezmann, porque pusieron una cláusula de setenta millones a Rodrigo o por qué renovaron a Thomas con un precio de salida de cincuenta millones. Lo hacen porque quieren vender y, visto que, después de tanta venta, las arcas del club siguen igual de vacías, uno no puede hacer otra cosa que sospechar que el dinero recaudado va todo a sus bolsillos. Pero, tranquilos, eso no lo contarán nunca los que manejan el relato.

lunes, 5 de octubre de 2020

Se desinfla el globo

Habíamos soplado demasiado pronto y demasiado rápido, habíamos visto como el globo se inflaba hasta límites insospechados y habíamos creído que aquella era nuestra obra definitiva. Pero olvidamos que el aire se escapa si no taponas, que el globo vuela si lo sueltas y que cae en picado hacia la tierra cuando ya no tiene más aire que descargar. El Atleti cargó todas sus energías contra el Granada y, nos ilusionó tanto, que creímos verle líder en tan sólo una semana. Fue el problema de inflar tanto el globo, que ahora, cuando se ha desinflado, somos conscientes de que seguimos metidos en el mismo problema que las temporadas anteriores.

Porque el centro del campo no construye ni presiona, se queda en un medio camino en el que no sabe si ir hacia adelante o volver hacia detrás, duda entre meter la pierna y esperar, entre buscar el pase horizontal o jugarse todas sus cartas en un balonazo cruzado, si atacar con todo o defender el resultado. Todas estas dudas han convertido al equipo en una impotencia constante cuando ha de afrontar partidos como los dos últimos, con el rival metido en bloque bajo y tirando contras peligrosísimas.

Lo negativo ya lo hemos dicho ¿Hay algo positivo? Claro que lo hay. Seguimos teniendo un gran portero y una buena defensa y tenemos, sobre todo, toda la temporada por delante para poder crecer y aprender. Pero el Atleti debe recuperar la energía, debe recuperar esa chispa que le convirtió, durante tres o cuatro de años, en el equipo más incómodo del mundo.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

La ilusión

Un par de semanas antes del comienzo de las hostilidades ligueras para el Atlético de Madrid, le envié un

mensaje de whatsapp a mi hermano diciéndole que hacía años que no comenzaba una temporada con tan poca ilusión. Era la consecuencia de recordar la derrota ante al Leipzig, donde no tuvimos ni esfuerzo y orgullo y saber que, de cara al próximo curso, íbamos a contar con los mismos jugadores que naufragaron en Lisboa y no fueron capaces de acercarse a disputar el título en ningún momento de la temporada.

El domingo, sin embargo, después de la goleada ante el Granada, envié otro mensaje diciendo que me había ilusionado. Era la consecuencia de saberse en posesión de un goleador histórico, de los de verdad, de los que echan a la cazuela cualquier pájaro que vuela, un jugador capaz de contagiar al resto del equipo porque ellos se saben poseedores de la conclusión si son capaces de hacerle llegar el balón a su nuevo compañero en la línea de ataque.

Un simple fichaje. Ha bastado un simple fichaje para que recuperemos la ilusión. Siempre con prudencia, claro. El verano pasado le metimos siete a ese otro equipo de la capital y todos nos precipitamos a lanzar proclamas de favoritismo inapelable. Por eso, cuando el final de temporada nos pilló compuestos y sin título, nos rasgamos las vestiduras y solicitamos un paso más por parte del club. Y  el club, que generalmente mira más el bolsillo de sus dueños que la ilusión de la afición, se encontró un fichaje a coste cero y la necesidad de la Juventus de recuperar a Morata. Una de esas casualidades que te cambian la vida o, al menos, una de esas operaciones que, sin pensarlo, te devuelven la ilusión.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Empieza lo bueno

Pues ya está aquí de nuevo. La liga, esa competición montada para que dos equipos se repartan los éxitos y dieciocho miren como celebran los regalos y como abusan de su poder y que, sin embargo, nos da de comer cada año por la obligación adquirida a quedar entre los cuatro primeros, porque económicamente, ya sabemos todos que sin Champions no hay paraíso.

Vuelve la liga y nos encuentra con sentimientos contrapuestos. La gente, deprimida hace dos días, de repente ha recobrado la ilusión y mata por un segundo de gloria. Creen que volvemos a ser favoritos para todo y olvidan que este equipo, más allá del gol, tiene un problema conceptual con el juego desde hace años. Hacía falta Luis Suárez de la misma manera que hace falta ese centrocampista que sepa conectar con él y formar una sociedad imparable. Ese centrocampista que aún no tenemos.

Vuelva la liga y nos encontraremos contra un Granada pletórico, que ha jugado tres partidos y ha ganado los tres, que se encuentra líder, clasificado para la segunda previa de la Europa League y sin absolutamente nada que perder. Y nosotros sin haber competido desde Lisboa, sin habernos probado una vez más, sin saber si lo nuestro es ilusión, realidad o seguridad mal entendida.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Buscando su lugar

El gesto siempre fruncido, siempre peleado con el mundo, siempre imponiendo la seriedad a la sonrisa, los ojos tristes, la impresión de estar siempre enfadado, peleado con el mundo, necesitado de un cariño que no encuentra tras cada esquina y deseando empezar de nuevo para volver a sentirse persona. Morata lleva muchos años buscando su lugar y todavía no lo ha encontrado.

Entró en el Atleti y aseguró, o fingió, que el Atleti también había entrado en él. Por eso, cada vez que marcaba un gol trataba de reivindicarse con la grada antes que consigo mismo, por eso, cada vez que era incapaz de anotar, se frustraba y terminaba pidiendo perdón a todos esos que jamás se lo solicitaron. Morata quería encontrarse en el Atleti, pero realmente jamás fue capaz de hacerlo.

Tenía condiciones, tenía experiencia, tenía ilusión, pero jamás demostró tener mucho gol y eso, cuando hablamos de un delantero centro, es un pecado capital. Intentó consagrarse, pero la falta de gol, la falta de confianza y, sobre todo, la falta de salud, terminó martirizándole. Cuando creía recuperar la forma, volvía a caer lesionado, cuando creía recuperar la ilusión, volvía a caer al banquillo. Espero que le vaya bien y, sobre todo, que termine encontrando su lugar en el mundo.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Opción gol

Parece que Morata se va. El tipo que llegó bajo una nebulosa de duda, que se autoproclamó atlético desde la cuna, que pidió perdón por sus errores pasados desde el fondo de Anfield, ahora necesita reivindicarse con su pasado y regresar al lugar donde fue feliz. Su amigo Pirlo le ha entonado cual sirena y el rojiblanco de cuna ahora es bianconero desde su gestación. No hay quien entienda ciertos designios internos.

Parece que quiere venir Luis Suárez. El tipo que cargó con las culpas de la debacle del Barça a pesar de haber sido el segundo mejor goleador del equipo, el que compite como un animal salvaje cuando se acerca al área, el que formó una dupla con Messi que se recordará con el paso de los años. Si se concreta la operación y perdemos a Morata para ganar a Suárez, podemos decir que Atleti habría trabajado muy bien la opción gol, porque uno es un tipo que no para de moverse pero al que le cuesta un mundo marcar y el otro es un delantero que las mete casi sin tocarlas.

Y eso es lo que necesita el Atleti, un tipo que sepa donde va a poner la pelota antes incluso de llegar a tocarla. Si se concreta la operación, que está por ver, ganamos un jugador en el crepúsculo de su carrera pero que aún tiene veinte goles en sus botas. Eso es algo fundamental para un equipo que, como el Atleti, suele moverse en marcadores cortos.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Noticias inquietantes

Todos quieren pescar aquí y parece que todos son los que quieren irse. Los cantos de sirena siempre


vienen desde fuera y nunca es el Atleti el destinatario de las seducciones ajenas. El City quiere pagar una millonada por Giménez, la Juve quiere de vuelta a Morata e incluso se ha llegado a hablar de que Hermoso se iría gratis a la Real Sociedad.

Es la derivación del consumismo, netamente enfrentado a aquel "no consuman" que dictó el Cholo en rueda de prensa, que produce inquietud, causa desazón, conduce a la preocupación. Porque no sólo vemos que no van a fichar a nadie sino que encima nos tememos que el equipo comience la temporada seriamente mermado.

¿Qué hay de verdad en todo lo que se dice? Sinceramente, me gustaría decir que poco, pero conociendo como conozco a los dos prescritos que nos gobiernan, cualquier cosa, incluso la más rocambolesca es susceptible de acontecer, porque para este par de tipos, noventa millones por Giménez y cincuenta por Morata son ciento cuarenta a mi cuenta y me escondo cuando llegue la tormenta.

jueves, 3 de septiembre de 2020

No va a venir nadie

Rakitic gratis al Sevilla, Parejo gratis al Villarreal, David Silva gratis a la Real Sociedad. Y seguimos sumando necesidades mientras los rivales se mueven y el Atleti sólo se encarga de repartir por el mundo a los futbolistas de su filial. Ni intenciones, ni rumores ¿Que necesitan un nueve? Apáñense ustedes ¿Que necesitan un cinco? Por ahí mismo se la hinco.

Así es la vida en el Atleti. Cada año un peor equipo y cada año una mayor exigencia ¿El fracaso? Siempre a la espalda del tipo que sigue haciendo milagros con encajes de bolillo. Simeone carga la culpa y los de arriba, como siempre, se van de rositas mientras van desmantelando el club e incumpliendo sus promesas una a una. Ni el nuevo estadio nos hizo más fuertes, ni jugar en Champions durante varias temporadas consecutivas nos hizo más solventes.

Ocho años consecutivos jugando la Liga de Campeones, aquello que antes era tan inalcanzable y que nos anunciaron como la panacea, descapitalizando la plantilla con la venta de sus mejores jugadores y no hay ni un euro para fichajes. El veinticinco por ciento de lo que se venda, siempre que sean capaces de colocar a Lemar o a Diego Costa. Y el año que no consiga quedar entre los cuatro primeros dirán que el Cholo no vale y que su ciclo se ha acabado, porque el gilismo, aquí, no se termina nunca.

jueves, 13 de agosto de 2020

Llegó la hora

Ya está aquí el día. Parecía que no iba a llegar, parecía que los días pasaban despacio mientras mirábamos

aquel horizonte lejano y nos veíamos jugando en la ciudad sin nombre, sin un aficionado en las gradas pero con millones de corazones palpitando al mismo son. Ha llegado el día de la tormenta y todos estamos dispuestos a entregarnos, suicidas, a esta borrasca de sentimientos que nos invade el alma cada mañana cuando sabemos que es día de partido y que el Atleti nos invadirá de lleno la mente y la memoria.

Y, como era de esperar, nada ha sido fácil. Como era de esperar, tenían que llegar los sustos, las preocupaciones, las ansiedades, el miedo, la solicitud de piedad a un ser que no existe pero al que nos remitimos siempre que necesitamos encontrar un agujero por el que sacar la cabeza. Al final los positivos fueron dos y los negativos, puestos a positivizar las ausencias, han de confabularse para darlo todo en el campo porque, por fin, llegó la hora.

Llegó la hora y no existe otra cosa, hoy, que no sea el Atleti, que no sea ese partido en esa competición que tantas grandes noches nos dio y tantos llantos finales nos perpetró. Llegó la hora y todos vemos al equipo luchando, quizá ganando, pero siempre peleando como el mejor, porque siempre la afición se estremece con pasión cuando queda entre todos campeón. Y si no lo consigue, seguiremos estremeciéndonos como pasión, porque, por más que lo repita el Cholo, ganar no es lo único importante.

lunes, 3 de agosto de 2020

Cuenta atrás

Una de esas canciones que llenan de sonido el estadio y que deja a las claras el sueño mojado de la afición del Atleti es esa que dice "Dale alegría, alegría a mi corazón, la Liga de Campeones es mi obsesión". No hay mayor declaración de intenciones ni mayor manera de decirle al equipo que deben dar hasta la última gota de sudor en pos de nuestro sueño. No hay motivo mayor para perder el sueño que esa Copa que todos estamos deseando tirar al río.

Obsesión no es obligación, no es compromiso irrefutable, no es condición sine qua non. En uno de los más memorables tifos que salió desde lo alto del estadio, en nuestra gran última noche en casa, les dijimos a ellos que estábamos "Orgullosos de no ser como vosotros", lo que viene a decir que queremos que nuestro equipo gane, pero no le queremos porque gane. Y en la obsesión por la Liga de Campeones hay implícito un contrato de obliga a darlo todo, pero sin perdemos, podremos bailar bajo la lluvia, como aquella noche, porque lo que importa es la honra hacia el escudo no el mero resultado.

Así que así estamos hoy. Soñando con un Atleti intenso, directo y contumaz y pensando mil maneras de meterle mano al Leipzig. Obsesionados con esa copa que nos quita el sueño, con esos tres partidos que parecen cortos pero es lo más parecido a un viaje hacia los confines y con ese minuto cero que se acerca pero nunca llega. Empieza la cuenta atrás. Esta semana regresa la Champions, pronto regresaremos nosotros. Pronto volveremos a cantar, esta vez desde casa, que esa copa es nuestra obsesión y que nuestro equipo es nuestra pasión.

martes, 28 de julio de 2020

La antesala de la tormenta

Siempre que el burro habla, sube el pan. Dijo que Agüero era jugador del Atleti y terminó en Manchester, dijo que Falcao tenía contrato con el Atleti y terminó en Mónaco, y dijo que Griezmann no se movería del Atleti y acabó en Barcelona. Así que las palabras de ayer del ínclito, no hacen más que hacernos creer que Oblak tiene los días contados como jugador del Atleti.

La tormenta se genera de esta manera: ellos ponen el trueno y después dejan que los demás se mojen con el agua. El jugador está en el mercado, como todos, porque todo valor activo genera un buen ingreso y, por ende, una buena comisión. El plan es decir que el jugador está en el equipo y no se quiere mover para, cuando se mueva, hacer creer que fue el propio jugador quien quiso irse y entonces las redes y las calles se llenen de voces en contra del futbolista y nunca de los mercaderes que cada año consiguen que este equipo sea un poquito peor.

Me conozco el cuento de memoria, porque después de Agüero, de Falcao y de Griezmann, dijeron que vendría uno igual o mejor y resulta que los sustitutos nunca consiguieron llenar ese vacío, porque ya es casualidad que todos, incluidos esos tres, Arda, Rodri o incluso De Gea, sean unos traidores y los tipos que robaron el club y nos dejaron sin identidad, sigan siendo presentados en la portada de un diario como un ejemplo de gestión y profesionalidad.

lunes, 27 de julio de 2020

Cuando no pasa nada

Cuando no pasa nada pensamos en que pasen cosas, deseamos un momento, buscamos un recuerdo, apostamos por un suceso. Cuando no pasa nada nos venden humo y nos castigan con incertidumbre, porque cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo y porque cuanto más tiempo pase sin que ocurra nada, más tiempo tendremos para jugar a las elucubraciones.

Cuando no pasa nada nos pasamos el día entretenidos en cosas nimias y sin sentido; fotos en Instagram de tipos en vacaciones sin un balón de por medio, noticias sin atisbo de verosimilitud, declaraciones sacadas de contexto, intentos de provocación sin sentido y, sobre todo, un colapso de noticias del otro equipo de la ciudad y que no nos interesan nada.

Cuando no pasa nada pensamos en el Leipzig, en sus laterales ofensivos, en las transiciones rápidas que tanto gustan a Nagelsmann, en el juego directo hacia la velocidad de sus puntas. No estará Werner, pero seguirán siendo rápidos, incesantes, mordaces. No tienen nada que perder y nosotros no tenemos otra cosa en la que pensar. No quiero tener miedo, prefiero la esperanza, pero cuando no pasa nada, hasta los terrores son la compañía más habitual.

jueves, 23 de julio de 2020

Nos quedamos sin nadie

Un año más, y van muchos, termina la liga, buscamos afrontar un nuevo año con ilusión y los titulares de prensa, una vez más, hablan de las ofertas irrechazables que tienen nuestros jugadores para marcharse del club. Esos jugadores que durante el año son ninguneados y que cuando llega el fin de temporada, de repente se convierten en objeto de deseo de los clubes más poderosos del planeta.

Oblak lo tiene hecho por el Chelsea porque ha quitado el nombre del equipo en su perfil de Instagram, Thomas va a ser jugador del Arsenal porque aquí cobra en cheques gourmet, Saúl y Koke van a jugar en el United porque nadie puede resistirse al valor de las muchas libras, Giménez se va al City porque para ellos pagar su cláusula es como comprar una bolsita de caramelos, Joao Félix se irá a Pernambuco y Correa a Tegucigalpa. Y así todo. No quedará ni el cobrador del frac.

Es lo mismo de siempre. Desestabilización, venta de humo y, si se puede, sacar tajada de la mentira. De lo que nunca hablarán es de la marcha de las dos ratas que nos gobiernan desde hace años, de esos tipos que venden a las figuras y les hacen parecer culpables cada verano, de los que nos dejaron sin estadio, sin escudo y, si no hubiese sido por Simeone, nos hubiesen dejado sin dignidad. De esos no hablarán nunca porque no les interesa que dejen el club. Eso sí, de los jugadores, de los que realmente valen, dirán que se tienen que ir porque, para ellos, siempre tan analísticamente objetivos, se merecen otra cosa.

lunes, 20 de julio de 2020

Fin de liga

Se acabó, por fin, una liga extraña, una liga donde se cumplió el objetivo, se quedó tercero, pero también una liga donde, aún quedando en el podio, se hizo la puntuación más baja desde que Simeone ha completado temporadas enteras, lo que viene a decir que, quizá, con un poquito más de puntería hubiésemos sido capaces de tocar un rato las narices a los dos de arriba.

Pero faltó gol y faltó fútbol y cuando hubo una cosa no hubo la otra y así es muy difícil alcanzar una regularidad. Fue una temporada difícil, donde el equipo tuvo que hacer frente a muchas novedades y a la ausencia de tipos que tenían mucho peso en el vestuario. En tres años se habían ido marchando referentes como Gabi, Torres, Godín, Filipe o Juanfran, lo que es la vieja guardia pretoriana del emperador. Así es difícil volver a conquistar, lo peor es que, en algún partido, dio la impresión de no haber ganas de seguir conquistando.

Se acaba la liga donde los impacientes silbaron al Cholo y donde los ignorantes silbaron a Koke. La liga en la que Morata demostró su implicación pero su nulo olfato de gol, en la que Costa terminó de ser una esperanza para convertirse en desesperanza y en la que Lemar y Vitolo se convirtieron, de una vez por todas, en deshechos de tienta. Se sigue esperando a Joao Félix y se sigue esperando, sobre todo, un timón en el medio y un killer arriba. Sin ello, la próxima temporada volverá a ser un quiero y no puedo. Y regresarán los silbidos, los malos gestos y, una vez más, la desesperación.

jueves, 16 de julio de 2020

La oportunidad del Getafe

El Getafe, con Bordalás, no sólo no nos ha ganado un partido, es que no nos ha hecho ni un solo gol. El Getafe, además, es el equipo ante el que el Atleti de Simeone consiguió su victoria más holgada, un siete a cero la temporada que ganamos la liga, estando incluso el Cholo invicto antes ellos. Siempre que nos hemos enfrentado a ellos, con Simeone en el banquillo, los partidos han terminado siendo más placenteros de lo previsto y, casi siempre, con los tres puntos en el zurrón.

Si existe una oportunidad para el Getafe esa no es otra que la que se le pinta hoy. Ellos aún persiguen su plaza europea y nosotros, con el cuarto puesto asegurado, ya hemos cumplido el objetivo mínimo. El Atleti competirá, pero sin incentivos, quizá sea un partido sin demasiada pierna dura o incluso con un once titular trufado de los menos habituales. Quien sabe, quizá tengan hoy la oportunidad de lograr esa victoria ante el Atleti que aún se les resiste y que, a sus socios, madridistas casi todos, les sigue escociendo en el cajón de los sueños pendientes.

Pero ojo, que nos puedan ganar no significa que tengamos que salir a mirar. A mí no me gusta ver perder al Atleti ni en los entrenamientos. Ni siquiera contra el Getafe, el equipo de mi pueblo y del que fui socio durante más de una década. Hay que salir a seguir con la racha y a afianzar ese tercer puesto que da derecho a una porción más exquisita del pastel económico. Y que el Getafe juegue en Europa el año que viene, sí, pero que no sea a costa de la permisividad del Atleti.

martes, 14 de julio de 2020

La falta de gol

Puedo recordar media docena de partidos en los que el Atleti se dejó puntos después de fallar ocasiones clamorosas de gol. Pudo ser Morata, Costa, Correa o hasta algún centrocampista, el caso es que los tropiezos del inicio, tras partidos decentes, por falta de gol, terminó mermando moralmente a un equipo que se puso como objetivo, un año más, terminar entre los cuatro primeros e intentar dar la campanada en la máxima competición continental.

Y es que la falta de gol también va a terminar mermando al equipo en la Champions. Tarde o temprano echará en falta a ese delantero fiable que tuvo en Falcao y en el primer Diego Costa y que terminó vendiendo para obligar a su entrenador a volver a reinventarse. Él puede poner el sistema, la mentalización, la táctica y el planteamiento, pero si un delantero se queda solo delante del portero, jamás podrá ser el entrenador el que marque los goles.

Saco esto a colación porque creo que el equipo, esta temporada, aún con todos sus altibajos, podría haber dado más guerra en la liga. No digo ganarla, porque el equipo aún no tiene aquellos mimbres que perdió con tipos de una pieza como Gabi, Tiago o Filipe Luis, pero sí haber llegado al tramo final tocando un poco las narices a los dos poderosos. Y es que la falta de gol le ha terminado condenando. Sin gol no hay títulos, no hay paraíso.

lunes, 13 de julio de 2020

Ocho años

Durante años, cuando la Uefa abrió la Champions hasta a cuatro participantes de la liga española, fuimos viendo como por la competición pasaban el Athletic de Bilbao, el Mallorca, el Villarreal, el Celta de Vigo, el Betis o la Real Sociedad. Fuimos comprobando, además, como Valencia, e incluso Sevilla, se iban haciendo asiduos a la competición y, mientras tanto, el Atleti jugaba la Intertoto y tampoco era capaz de ganarla. Eran años en los que el equipo jugaba mal y no se pregonaba en los medios, en los que era un equipo simpático porque no tocaba las narices y, era además, un desastre de gestión debido a la herencia que Gil y familia había dejado en las arcas del club.

En manera de gestión, el equipo, aún con la familia Gil al frente sigue siendo un desastre, pero ahora sí se dice que el equipo juega mal en todos los medios y ahora sí que tocamos las narices y a causa de ellos nos recuerda cada día el suelo de nuestro entrenador ¿Qué ocurre ahora? Que ahora sí jugamos Champions, que ahora sí competimos, que ahora, después de años atravesando el desierto, nos hemos instalado en una élite que, los portadores del lujo y la exclusividad, creían como propia. Ahora tenemos a Simeone, tenemos un equipo que compite y tenemos, sobre todo, a un director de orquesta que sabe reinventarse porque le obligan y porque ve un reto tras cada esquina.

"Sí, pero no habéis peleado la liga", nos dicen ahora. Como si fuese fácil pelear contra dos equipos que juegan sin límite de deuda, que cuentan con ayudas institucionales, que reciben más dinero que nadie por decreto, que fichan a lo mejor sin desprenderse de nadie. Como si fuese fácil pelear la liga después de haber vendido a Griezmann, a Godín, a Lucas y a Rodri y tener que reinventar un nuevo equipo con jugadores jóvenes, sin mediocentro y sin un goleador fiable. Y aún así, otro año más entre los cuatro primeros. Y van ocho. Demasiado poco cobra el entrenador.

martes, 7 de julio de 2020

Sin profundidad

El Atleti es plano, hay que decirlo. Está bien físicamente, ha recuperado energía e incluso se atreve a dominar los partidos encerrando a los rivales atrás durante algunos tramos, pero entre pase y pase, entre combinación y recombinación, hay muy buenas intenciones pero ninguna profundidad. Y sin ese pase profundo que gane la espald de la defensa es muy difícil hacer ocasiones y ganar con comodidad.

Le cuesta mucho cerrar los partidos pese a que tiene la intención de dominarlos, pese a que busca la sentencia más por la intención que por la concreción. Al no tener ese colmillo atacante necesario para los equipos campeones, se ve abocado a un riesgo que debería ser innecesario ya que en cualquier jugada aislada, en cualquier golpeo sin querer, como ayer, el rival te puede empatar y dar al traste con tus intenciones.

El Atleti, en Vigo, trató de combinar, trató de resolver la superioridad en el centro del campo, trató de ganar los balones divididos y llegar al área con gente, pero se perdió en pases horizontales y no encontró, nunca, el pase vertical, por ello empató, por ello no mereció mucho más y por ello esta temporada, que debería haber sido mucho más fructuosa, se va a marchar por la alcantarilla como un desperdicio sin mayor recuerdo. Porque cuesta mucho generar ocasiones y cuando las genera las suele mandar al limbo.

jueves, 2 de julio de 2020

Dar por dar

El Barça era el equipo que se jugaba la liga; era el equipo al que se le debería exigir colmillo, ambición y nervio. Jugaba en casa, sentía el aliento sobrepasado de un rival que le ha ganado puntos tras el parón y, además, tenía la obligación de ganar sí o sí si no quería descabalgar de un tren que llevaba rumbo al título pero que no ha hecho sino agregar paradas innecesarias.

El Atleti, sin embargo, llegaba al Camp Nou con gran parte de sus tareas hechas para jugar ante un equipo que no ha perdido un partido en casa desde hace varias temporadas, para enfrentarse a un equipo necesitado y con la tranquilidad de saberse en buena posición para alcanzar el objetivo de jugar la próxima edición de la Champions. Jugó con nervio, con interés, contraatacó con ganas y anduvo falto de esa finura que tanto le falla en el pase cuando parece que va a concretar la jugada.

Sin embargo, adivinen a qué entrenador se acusó de conformista y poco ambicioso, adivinen de quien dijeron que había dejado pasar una oportunidad, adivinen, en fin, a quien volvieron a dar por dar por el simple hecho de que su equipo no ganó el partido que ellos querían que ganase. Durante toda la temporada andan intentando decirle cómo debe jugar, intentando afearle las derrotas porque no les gusta que les compita y, sobre todo, intentando tirar por la borda su prestigio sacando a colación un salario que se ha ganado con creces.

Vuelven a afilar el dardo y vuelven a buscar su diana favorita tirando a ciegas, dando por el placer de dar, porque, aún fallando en el blanco, siempre habrá un momento en el que busquen el centro de la misma y se inventen un acierto. Porque ellos, los que dan por dar, nunca perderán esta partida.

lunes, 29 de junio de 2020

La confianza en el físico

El equipo, para estar bien deportivamente, necesita estar bien físicamente, porque en el físico, en el esfuerzo máximo, la solidaridad y la unión ha convertido su fútbol en una seña de identidad. Cuando llegó el parón, la victoria de Anfield se había convertido en bálsamo anímico pero el equipo llevaba semanas con la lengua fuera, víctima de un esfuerzo sobrehumano y de una planificación mal templada.

Pero llegó el parón y, como dicen que no hay mal que por bien no venga, el equipo tuvo tiempo de recuperar tono, tomar oxígeno y reconstruirse físicamente de cara a un último tramo que le iba a exigir un esfuerzo extra porque por primera vez en muchas temporadas, afrontaba la recta final del campeonato sin haberse asegurado una plaza en la próxima edición de la Champions League.

Y de repente, después de ir a rastras durante toda la liga, hemos ganado trece puntos de los quince disputados mientras que los que estaban por encima apenas han sumado media docena el que más, cierto es que el calendario ha sido amable, pero en los partidos que, a priori eran fáciles, el equipo se estrella una una otra vez contra sus frustraciones, sin embargo ahora puede que el fútbol siga escaseando y falte finura en el pase, pero se aprieta en el centro del campo y apenas se pasan apuros en defensa, es el síntoma de que el equipo se siente bien, se siente cómodo, se siente capaz. Y ahora bien el Nou Camp, un lugar donde hace más de una década que no ganamos. Toca, de una vez, decir aquí estamos de nuevo. Toca hacer creer que somos capaces, aún, de hacer algo importante en esta temporada tan extraña.

viernes, 19 de junio de 2020

La reconversión

Habíamos fichado a un mediocentro, pero era un transportista de balones que sólo sabía conducir sin sentido y se ofuscaba a la hora de buscar el pase. Su pasado, además, no le ayudaba; sus tíos y abuelos habían sido leyendas del Madrid y su padre, para más inri, se acogió a no se qué artículo para decirle a los del Atleti que no quería jugar con ellos.

La primera vez que le vimos más cerca del área fue en Valencia. Allí Simeone le colocó como interior derecha y demostró más recorrido natural y más fiabilidad en las acciones con un poco de libertad. Anotó un gol y la anécdota quedó latente pero guardada. Poco después, en el partido de ida ante el Liverpool, completó unos minutos notables desde su salida, otra vez arrancando desde la derecha. Era el preámbulo de lo que estaba por venir, porque en Anfield sacó el tarro de las esencias y se coronó como el héroe de una noche que pintaba funesta.

La reconversión de Llorente ha sido fruto de la explosión de confianza al verse en un lugar idóneo para él. El mérito, además de suyo por saberse sobreponer y saberse, sobre todo adaptar, es, una vez más, de Simeone, ese visionario que convierte a buenos futbolistas en dioses y a futbolistas dudosos en figuras. Tan buen rendimiento dan con él que cuando creen que se comerán el mundo, se dan cuenta de que fuera de sus preceptos hace mucho frío. Ya lo sabe Llorente o el que venga detrás, jugar bien con Simeone es cuestión de fe y confianza, jugar bien sin él es cuestión de que crean en ti y no todo el mundo lo hace como él.

martes, 9 de junio de 2020

The show must go on

Ya estamos de vuelta. Ya estamos con el deseo latente, todos, como si nada hubiese pasado, como si el mundo no hubiese cambiado y esto no hubiese sido más que un sueño disfrazado de alarma y con final feliz. Somos tan permeables a los problemas que, guiados por el egoísmo, nos lanzamos en cabeza hacia el primer charco que vemos. Y necesitamos mojarnos de fútbol porque necesitamos opio, pan y circo. Porque necesitamos recordarnos a nosotros mismos que no existe nueva normalidad si el Atleti no está incluido en el lote.

Ya estamos de vuelta porque el espectáculo debe continuar y los muertos no son más que estadística. Porque los debates ya no giran en torno al virus sino en torno a cuánta gente podrán meter en los estadios. Porque queremos olvidar, porque no queremos que la vergüenza nos pise la lengua y nos recuerde donde hemos estado metidos estos dos meses. Yo fui el primero en pecar al marcharme a Anfield. Y seré el primero en pecar sintonizando el partido del Atleti el domingo al mediodía.

Estamos de vuelta porque volver es querer olvidar, porque volver es tener a meno el recurso fácil, porque el Atleti es parte de nuestra vida y no concebimos la vida sin él. El espectáculo continúa, la pandemia sigue en pie y las tertulias se llenan de nuevas esperanzas. Pero la vieja premisa debería ser unánime más allá de las pretensiones económicas del mercader que preside la liga; vamos a hacer las cosas bien o si no no las hagamos.

martes, 2 de junio de 2020

Programas de televisión

El Atleti, sin su gente, será un elemento extraño que divague por el terreno. Mantendrá la esencia y, seguramente, también la competitividad, pero perderá el alma, porque el Atleti necesita retroalimentarse y no hay mejor nutriente que la grada del Metropolitano llena y empujando sin cesar en pos de la victoria.

El Atleti, sin su gente, será un generador desenchufado de la corriente, un guante si mano que lo sostenga, un ciudadano expuesto al virus sin su mascarilla de protección. Porque el Atleti, más allá de un escudo, unos colores e incluso una historia que le respalda, es la esencia extraída del puño cerrado y los dientes apretados de cada uno de sus seguidores, es la voz, esta vez en off, que alienta cada paso, es el abrazo sincero repartido en una grada después de cada gol.

El Atleti, sin su gente, protagonizará spots de conveniencia ajena, lidiará faenas impostadas y correrá carreras en pos de una nómina desconocida. El negocio manda y el fútbol, convertido en negocio, se ha prostituido tanto que se ha colocado por encima de la salud y, sobre todo, por encima de la emoción. Porque por mucha afición que tengan, el Atleti, sin su gente, no disputará partidos de fútbol sino que protagonizará programas de televisión.

domingo, 24 de mayo de 2020

Rumores de perfil bajo

Ya avisé hace unos días que venían tiempos duros por la crisis económica. El Atleti lleva años con un agujero y, aunque ha multiplicado su presupuesto por cuatro desde que Simeone se hizo cargo de la nave, la mala gestión de sus dirigentes le ha obligado una y otra vez a vender a sus estrellas, empeorar el equipo para pagar deudas y hacerle creer al técnico que su sola valía era suficiente para seguir en la cima.

Lo que se viene tras la crisis, ya lo están anunciando los medios afines con filtraciones en modo de advertencia para poder ponerse la venda antes de la herida y poder decir aquello de que el que avisa no es traidor. No se va a hablar de gente de puntera, como otros años, rumores que fueron mentira pero que al menos terminaron con Griezmann, Oblak o Joao Félix vistiendo de rojiblanco. Lo que ahora viene son rumores de perfil bajo para que nos vayamos a haciendo a la idea de que nuestro mercado quedará aún más acotado que nunca.

Es por ello que donde ayer sonaban nombres como Lacazette, Rodrigo o Rakitic, hoy suenan nombres como Arambarri, Campaña o Denis Suárez. Es lo que toca en tiempos de crisis, tipos de perfil bajo procedentes de equipos de tabla media o baja que vendrán a reforzar un puesto sin saber si tendrán la suficiente capacidad para pelear un puesto en la élite. Y es que la élite precisa de los mejores y, aún así, seguimos sabiendo que nuestro mejor activo es el entrenador y que, si la crisis no se lo lleva por delante, seguiremos teniendo el balance de la ilusión en modo positivo.

martes, 19 de mayo de 2020

17 de mayo

El diecisiete de mayo es mi cumpleaños. Sería una fecha más en el calendario sino fuese porque durante dos temporadas, el Atleti me hizo los mejores regalos del mundo. Aquella Copa en el Bernabéu después de catorce años sin ganar un derbi. Y aquella liga en el Camp Nou exorcizando todos los demonios que, durante años, acompañaron al equipo. Porque el Atleti, durante muchos años, se empeñó en amargarme los cumpleaños, en hacerme creer que cada mes de mayo no eran sino la confirmación a una pesadilla que había durado nueve meses.

El diecisiete de mayo de 2013 yo recibí una entrada como regalo a las tres de la tarde. Justo había terminado de comer y en mi casa se presentaron mis padres y mis hermanos, como si no pudiesen esperar a que terminase la siesta para venir a celebrar. Me dieron un sobre que contenía una entrada a lo inolvidable. Yo, que ya venía atacado desde el comienzo del día, templé ánimos, agradecí con el corazón y me puse la rojiblanca rumbo al estadio de ese otro equipo donde no nos han visto perder una final. Fue increíble. La previa, el partido, las paradas de Courtois, entonces un caza canguros, los goles y la apoteosis final mientras Koke clavaba la bandera del Atleti en el centro del campo. Uno de los mejores cumpleaños de mi vida. Rematado en Neptuno, cosido a mi memoria como se cosen las cosas que tienen todo el sentido.

El diecisiete de mayo de 2014, sábado, yo celebré el cumpleaños comiendo fuera de casa. Mi mujer, que en los días de partido importante no tiene más remedio que soportarme, y mis hijos, que eran muy pequeños entonces, tuvieron que ver como comía con la cabeza en otro sitio y cada vez menos uñas en los dedos. Aquella tarde, Godín me hizo gritar como un loco y tengo en la cabeza ese momento en el que Tiago recoge el último balón justo en el pitido inicial y cai al suelo preso de la emoción. Una Copa y una Liga, es muy difícil que alguien, como hizo el Atleti, me vuelva a regalar algo mejor y algo tan inolvidable.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Tiempos duros

Vienen tiempos duros para el Atleti. Con una deuda astronómica con terceros y una crisis económica por delante en la que, al contrario que el vecino, no va a obtener ayudas ni demoras, se va a ver obligado a hacer cuentas de más y, en casi todos los casos, cuentas de menos. Olvídense de fichajes de postín y olvídense de plantillas de campanillas. Otra cosa es lo que nos digan y otra, aún peor, lo que nos quieran vender.

Porque primero dirán que los jugadores juegan donde quieren, luego filtrarán silencios a la prensa para provocar sospechas, cuando el jugador se vaya será el malo y ellos, siempre indemnes ante el desmantelamiento del equipo, dirán que vendrá otro igual o mejor. Cuando el que llegue sea peor que el que se fue, será el momento de decir que el Atleti tiene la mejor plantilla de su historia. Luego llegarán las hostias, las lágrimas y esa palabra llamada fracaso que a los tribuneros del resultado les gusta tanto utilizar.

No perdáis la pista porque llevan semanas vendiendo artículos sobre lo buena que es nuestra cantera. Es sólo la antesala de lo que está por venir. El Atleti se verá obligado de prescindir de algún jugador importante que se irá como villano y el entrenador tendrá que componérselas con chicos que, seguramente sean muy buenos, pero que apenas han jugado media hora en la alta competición. Y cuando la mejor plantilla de la historia no cumpla las expectativas entonces volverán a decir que el entrenador mejor pagado es un perdedor sin remedio.

Vienen tiempos duros para el Atleti.

jueves, 30 de abril de 2020

Semana de cumpleaños

Primero fue el cumpleaños del equipo y después le tocó al entrenador. Son cincuenta, medio siglo, los que ya contemplan los ojos de Diego Simeone, lo que quiere decir que llegó aquí con cuarenta y uno siendo más joven de lo que soy yo ahora y produciéndome un vértigo semejante al de un partido de vuelta en Anfield.

Cumple cincuenta el tipo que nos sacó del hoyo y nos faltarían palabras para agradecer aunque tenemos alguna para felicitar, nos faltan momentos para olvidar y nos sobran los que podemos recordar, porque, aún con todos los fracasos en bote de cristal, no son nada comparados con el de vivir en la mediocridad donde estábamos situados justo cuando este señor llegó para rescatarnos. Fracasar, ahora, para el Atleti es lo que hace diez años se hubiese considerado como un éxito.

Felicidades, Cholo. Y aunque no vayas a estar otros cincuenta años con nosotros, todos sabemos ya que la importancia vive en el legado y que lo que tú nos has enseñado es que competir es la vida, que el esfuerzo no se negocia y que lo más importante de todo es poder vestir la camiseta del Atleti con orgullo. Hasta lo que no te quieren saben que eres uno de los nuestros. Feliz cumpleaños, míster.

lunes, 27 de abril de 2020

117 años

Has vivido mil historias, decenas de miles de momentos, resultados, alientos, ilusiones, esperanzas, concreciones, decepciones, reflexiones. Te han vilipendiado, te han vendido, te han descendido a los infiernos y han jugado con tu idiosincrasia, te convirtieron en sociedad anónima y dejaste de ser club pero seguiste siendo el equipo de todos aquellos que sentíamos que el alma no nos inundaba el corazón si no estabas tú presente cada domingo.

Te pilla el cumpleaños en pleno confinamiento. No es la primera vez que te encuentras huérfano de juego, huérfano de aliento presencial. Has vivido guerras, huelgas y alguna que otra injusticia, pero aún así nunca has dejado de hacernos vivir, de hacernos sentir esa ilusión que sólo aparece cuando llega un partido y sabemos que, pase lo que pase, vamos a seguir queriéndote más allá del minuto noventa.

Porque cuando alguien elige estar a tu lado sabe que es para siempre y sabes tú también que, con tus devenires y tus excentricidades, tus imprevisibilidades, tus maneras de vivir, has conseguido una legión de fieles curados de espanto, precavidos, alentosos y, sobre todo, fieles a tu causa. Te lo terminamos perdonando todo porque donde hay amor no vemos los defectos.

Feliz cumpleaños, Atleti.

lunes, 20 de abril de 2020

La primera gesta en Anfield

Aquella vez también ganamos, aunque perdiésemos el partido. Aquella vez ganamos porque alcanzamos una final, porque dejamos atrás mil fantasmas y porque nos entregamos a un tipo después de que, durante años, cientos de mercenarios manchasen la camiseta durante temporadas deplorables y míseros partidos de resultado atroz.

Aquel gol de Forlán, a pase de Reyes, tras prolongación de Raúl García, fue un apoteosis que habíamos dejado de sentir desde que el gilismo había matado al equipo. Era volver a creer, volver a nacer, volver a ser. Aquel cántico en la grada; "Volveremos", que dio pie a la creación de este blog, nos hizo sentir vivos. De nuevo, presentes. De nuevo, orgullosos.

Fue un partido sufrido, fiel a nuestra historia, pero con uno de esos finales felices de los que nos habían hablado nuestros padres, como aquellas noches de juventud en las que nos convertíamos en héroes de nuestra propia constancia. El Liverpool de Benítez vivía de sus vicisitudes y el Atleti de Quique buscaba una reconstrucción. Forlán nos dio el suspiro de alivio y Quique ganó su final, ganó su título, pero no ganó su continuidad. La reconstrucción tardó unos años, pero allí se puso la primera piedra.


martes, 14 de abril de 2020

Mitos

La pandemia, como concepto letal, está terminando con la vida de miles de personas, de tal manera que, cuando todo esto termine, seremos muchos los que habremos dejado por el camino la vida de alguien conocido. Más allá de la afectividad, existen sentimientos tan tangibles como el amor y el cariño y que van ligados a nuestro ciclo vital en forma de afición, pasión y deseo. De esta forma, cualquier baja en el firmamento rojiblanco la consideramos como nuestra porque no son jugadores y entrenadores los que se van, sino, siempre, uno de los nuestros.

Peiró fue un interior izquierda de gran precisión y una calidad fuera de órbita. Le apodaron el galgo porque, flacucho y veloz, era capaz de desactivar cualquier defensa con su habilidad, suyos fueron los goles que derrotaron al Madrid en las primeras Copas de España ganada por el Atleti y suyo fue el primer gran traspaso mediático de un club que, durante muchas etapas de su vida, se vio obligado a echar el cierre a su ilusión para poder mantener el pie el chiringuito.

Capón fue un lateral izquierdo de gran coraje y corazón, símbolo de himno y escudo, le tocó la difícil papeleta de suplir al gran Isacio Calleja y cumplió con los honores que su ímpetu prometía. Su carácter y su empeño le llevaron a cumplir con solvencia en otros puestos de riesgo, como el centro de la defensa y el medio del campo. Jugó nueve temporadas en el Atleti, coincidiendo con los gloriosos años setenta en la que se ganaron tres ligas y dos copas, amén de la Intercontinental. Un tipo que se ganó un homenaje y se ganó el corazón de toda una hinchada.

Miguel Jones fue un extremo derecho con tendencia al regate y al rococó, discutido muchas veces, indiscutible otras tantas, formó parte de un equipo que ganó una liga, tres copas y la Recopa con alineaciones de carrerilla que incluían a Jones y Collar en los extremos. El negrito del que hablaba Luis era un tipo peculiar, flacucho y hábil, que buscaba el regate y el centro y encontraba el aplauso y el remiendo. Decían que se regateaba a sí mismo y escuchaba silbidos. Después, regateaba al rival y encontraba al Metropolitano puesto en pie. Así como los buenos toreros.

Radomir Antic fue el tipo que nos devolvió la felicidad. Durante los años oscuros del gilismo, cuando los proyectos se fundían y Koseckis y Rochas ocupaban fichas de extranjero al tiempo que los nacionales pasaban de largo sin capacidad para ganarse una parcela de cariño, el tipo serbio, con pasado madridista, llegó para enseñar a muchos a jugar al fútbol y para enseñar a otros a ganar. Se trajo a Pantic y con él llegó el milagro de los panes y los peces. Se labró el fútbol, se hilvanó la estrategia y se ganó un doblete. Imposible olvidar la felicidad del año en el vivimos peligrosamente.

Se marcharon cuatro personas que, rojiblanco mediante, se convirtieron en mitos. La pandemia está haciendo estragos en las familias y nos está permitiendo conocernos a nosotros mismos y a conocer la historia de nuestros antepasados. El Atleti ha perdido a cuatro leyendas, cuatro referentes de épocas pasadas que nos pusieron en lo más alto del pedestal. Aprender de ellos es aprender a defender unos colores que, como dijo el genio, son nuestra forma de ser.

viernes, 3 de abril de 2020

La primera exhibición

El nuevo Atleti, personificado en la persona de Diego Simeone, aquel que recuperó el espíritu de la osa y el madroño, aquel que nos hizo volver a saber el valor de la camiseta, empezó a cuajar mediada la temporada 2011-2012 después de un comienzo horrible y unas primeras bases esperanzadoras. Alcanzado el final del invierno, el Atleti empezó a caer, pero ya había hecho lo más importante: uno, hacer creer a su hinchada que allí había un comienzo; dos, hacer creer a los jugadores que allí había un proyecto.

Llegada la primavera, el equipo tenía alguna opción de alcanzar el cuarto lugar y, sobre todo, estaba más que vivo en la Europa League, competición en la que había puesto todas sus esperanzas. Todo había sido bonito hasta entonces en la competición europea y, de repente, como en 2010 nos volvió a tocar el Valencia, esta vez en semifinales.

Lo que vino fue un partido tan espectacular como inolvidable. Diego Ribas en plan mandón, Arda Turan en plan reivindicativo, Gabi como un líder insondable y Adrián López como un genio en ciernes. El gol del Asturiano, mediado el segundo tiempo, fue la consagración de un tipo que, en su año de gracia, supo poner en pie el Calderón como hacía tiempo que nadie lo hacía. Aquello era el principio de un sueño, el principio de una época que situó al club en lo más alto del escalafón continental. Después vinieron más noches grandes, tantas que hasta nos terminamos acostumbrando.


martes, 31 de marzo de 2020

El día que descubrimos a Futre

Nos quitaron a Hugo y nos quitaron a Llorente, nos quitaron el gol y nos quitaron el orgullo. No quedaban más que cenizas después de derrotas y la burla constante de quien se sabe superior. Seguían ganando y nosotros seguíamos peleando nuestra parcela de fe, nuestra manera de hacerle saber al corazón que queríamos seguir latiendo. Que queríamos seguir viviendo.

Y aquella búsqueda constante de la identidad llegó Futre al Bernabéu en una tarde lluviosa. Una de aquellas tardes en las que el invierno castigaba Madrid y el barro se convertía en el jugador número doce. Menotti en el banquillo, un equipazo en la grada y un portugués bajándose al lodo para demostrarle al mundo que el Atleti había encontrado a un nuevo ídolo.

Aquel equipo, como los posteriores, terminaron siendo cercenados por la política suicida de Jesús Gil, por esa avaricia personal que le llevó a utilizar el Atleti para su beneficio personal. Pero, durante unas semanas, nada nos quitó la sonrisa, porque aquel cero a cuatro en el Bernabéu ante un equipo que se creía el ombligo del mundo, nos hizo reencontrarnos con el equipo del que siempre quisimos ser. No el frustrado que habíamos tenido antes, no el acomplejado que vendría después. Aquel equipo de Futre era el equipo de todos.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Recuerdos

Nos están mostrando, casi de manera obsesiva, durante estos días, los canales de televisión, aquellos partidos antiguos que, por una cosa u otra, el programador cree que marcaron a un generación. A mí me marca el Atleti, particularmente, y por ello vi el otro día la final de Copa del noventa y seis, prórroga incluída, pero no pienso ver ningún partido del vecino porque todo lo que programan son victorias y ya bastante hube de digerirlas en su vida como para tener que volver a aquellos vómitos no programados.

Además de los programadores de televisión, todos tenemos nuestra particular memoria deportiva. Mi primer Atleti tenía a Navarro de portero y a Rubio de extremo izquierdo. Recuerdo que me enganché tanto con Hugo Sánchez que obligué a mi madre a coserme número nueve en mi camiseta del Atleti. Cuando el mexicano se fue al Madrid, juré no volver a tener un ídolo nunca más, pero hubo un portugués que me lo puso tan difícil que volvió a hacerme llorar el día que fichó por el Benfica.

A ese portugués está ligado uno de los dos goles que más fuerte he cantado en mi vida. Es aquel que le marcó a Buyo en la final de Copa, como todos imaginan. Porque cobraba una afrenta, porque exorcizaba mil demonios, porque daba paz en el alma. El otro es aquel de Forlán al Fulham, porque significaba el principio del fin de una época muy oscura, porque, por fin, el Atleti volvía a levantar una copa después de una década caminando por el infierno.

Todos tenemos nuestro mejor recuerdo y el Atleti, a pesar de habernos hecho mucho de sufrir, de habernos cabreado mucho, de habernos hecho arrepentirnos, por momentos, de habernos gustado el fútbol, también nos ha regalado momentos maravillosos que nos reconcilian con él. Si esta cuarentena dura mucho, igual me animo, algún día, a ir recordando aquellos partidos que, para mí, han sido totalmente inolvidables.

viernes, 20 de marzo de 2020

Cuarentena

De repente el fútbol dejó de ser importante, de momento el rojo y el blanco se fundió en el negro de la preocupación, los mensajes de gol se convirtieron en mensajes de ánimo y los recuerdos quedaron en bonitas sonrisas para combatirle a la seriedad del presente. De repente, el Atleti siguió siendo un amor, pero se convirtió sólo en la más importante de las cosas menos importante.

De repente nos volvimos a mirar a nosotros mismos, a buscar en nuestro interior, a valorar lo que valen los silencios, las palabras, los abrazos perdidos, los abrazos prometidos. Aquellas veces que hubieses querido ver el partido con tu padre pero preferiste quedarte en casa, aquel viaje a Eibar en el que no quisiste ir con tu hermano y que hoy firmarías con los ojos cerrados, aquella final sin amigos porque no querías escuchar los gritos de un vikingo junto a tus oídos.

De repente nos quedamos solos y nos quedó el Atleti. Añoramos a nuestra gente, nuestras cervezas en el barrio, nuestras carreras en bicicleta, nuestras partidas de pocha, nuestros paseos por la montaña, añoramos las pequeñas cosas de la vida y, entre ellas, nos quedó el Atleti. Y recurrimos a Youtube para rememorar las carreras de Futre, los disparos de Forlán y aquella celebración de Torres después de marcarla al Madrid por primera vez. Porque la vida son detalles, recuerdos, momentos y cosas a las que no damos importancia pero que son trascendentales. Y en nuestra vida está el Atleti. En el día a día, en la cotidianeidad y en la cuarentena.

lunes, 16 de marzo de 2020

Liverpool

Liverpool fue una imprudencia, pero una llamada al corazón. Un deber pasional y una irresponsabilidad personal. Un viaje marcado por la prudencia y un abrazo colectivo marcado por la imprudencia. Son muchos los que me dicen que no hice bien viajando, que debería haberme quedado en casa, pero son muy pocos los que entienden que esta bendita locura te agarra el corazón y no lo suelta hasta que te mata.

Liverpool fue una salvajada, una experiencia inolvidable, una historia para contar a los nietos, una hazaña que pasará de generación en generación cuando unos les cuenten a otros que un hubo un equipo que resistió al mejor ataque del mundo a base de suerte, paradas del portero y ese coraje y corazón que tan enfáticos se muestran en el himno.

Liverpool fue un madrugón con gusto, dos enlaces de avión y una hora en tren desde Manchester, fue unas pintas en The Cavern y The Albert, fueron fotos junto a John Lennon y Bill Shankly, fue una previa llena de cánticos y un calor en la grada con el que no se podía perder aunque se perdiese, fue una tormenta en el cielo y un relámpago en el alma, fue un alborozo general y fue, sobre todo, la confirmación de que el Atleti, gane o pierda, está por encima de todas las cosas.

lunes, 9 de marzo de 2020

Falta lo más importante

Falta intensidad. En eso estamos todos de acuerdo. El equipo no muerde como antaño, no cierra filas como sabía, no hace esa presión asfixiante en el medio que convertía la medular en un campo de pirañas. El jugador rival, normalmente, tiene tres metros para conducir y tres segundos para pensar, no hay una pierna cerca, no siente el aliento en el cogote, no tiene miedo a decidir porque cuando quiere tener miedo el balón ya está lejos de sus pies.

Falta juego. En eso estamos más de acuerdo aún. Al equipo le cuesta horrores generar una contra aprovechable, cuesta más aún dar tres pases seguidos en zona de peligro, no encuentra el pase entre líneas y, mucho menos, encuentra el pase definitivo que deje al delantero de cara a gol. Cuesta mucho generar porque no hay un patrón en el medio que fije a los conductores y dé seguridad a los defensores. Por ello se pierden tantos balones y por ello, cuando se hace, cuesta tanto volverlo a recuperar.

Pero si algo que falta realmente es gol y eso es lo más importante. Vale que el equipo ha perdido intensidad y juego pero si hay algo que ha perdido de verdad es confianza y la confianza pasa exclusivamente por ganar, pero para ganar hay que marcar. El Atleti no llega mucho pero cuando llega lo falla casi todo. En una liga tan pobre de los dos de arriba me cuesta no pensar en más de media docena de partidos en los que nos hemos ido a casa con empate o derrota y, sin embargo, hemos fallado goles claros que nos hubiesen mantenido en posición de privilegio. Por ellos sin intensidad, sin juego y, sobre todo, sin gol, va a ser muy difícil cumplir los objetivos esta temporada. Va a ser muy difícil poder seguir soñando con esas empresas a las que un día nos dijeron que podíamos alcanzar.

viernes, 6 de marzo de 2020

Importantísimo

Sé que soy muy pesado, que insisto mucho, que parece que desprecio lo demás y no es así, pero vuelvo a dejar muy claro que lo que importa, de verdad, es asegurar la participación en la Champions del año que viene antes de centrarnos en llegar lo más lejos posible en esta. Porque claro que quiero ganar la Champions ¿Quién no quiere? Pero soy consciente de lo difícil que es y soy consciente de que es más fácil ganarla desde el crecimiento que desde el milagro y no hay mayor manera de crecer en este fútbol moderno que el de tener dinero y no hay mejor manera de obtener dinero que la de jugar la Champions un año tras otro.

Y para ello hay que tomarse muy en serio el partido contra el Sevilla, porque es importantísimo. Importantísimo por que el rival está por delante y si nos gana nos dejará la tercera plaza verdaderamente difícil, importantísimo porque si no ganas al Sevilla los ánimos para afrontar futuros retos no serán los mejores e importantísimo porque, de no ganar, dejas claro al resto del campeonato que has dejado de ser esa alternativa a la que se tenía un cierto respeto.

Por ello hay que olvidarse de Anfield y pensar sólo en el Sevilla. Anfield, si procede, ya llegará el lunes, cuando los rescoldos del partido del domingo ya se hayan apagado, cuando hayamos asegurado, desde el resultado, que seguimos en la brecha y que el equipo sigue sabiendo competir por el día a día. Porque sí, sé que soy muy pesado, que insisto mucho, que parece que desprecio lo demás, pero la liga es la vida.