lunes, 20 de abril de 2020

La primera gesta en Anfield

Aquella vez también ganamos, aunque perdiésemos el partido. Aquella vez ganamos porque alcanzamos una final, porque dejamos atrás mil fantasmas y porque nos entregamos a un tipo después de que, durante años, cientos de mercenarios manchasen la camiseta durante temporadas deplorables y míseros partidos de resultado atroz.

Aquel gol de Forlán, a pase de Reyes, tras prolongación de Raúl García, fue un apoteosis que habíamos dejado de sentir desde que el gilismo había matado al equipo. Era volver a creer, volver a nacer, volver a ser. Aquel cántico en la grada; "Volveremos", que dio pie a la creación de este blog, nos hizo sentir vivos. De nuevo, presentes. De nuevo, orgullosos.

Fue un partido sufrido, fiel a nuestra historia, pero con uno de esos finales felices de los que nos habían hablado nuestros padres, como aquellas noches de juventud en las que nos convertíamos en héroes de nuestra propia constancia. El Liverpool de Benítez vivía de sus vicisitudes y el Atleti de Quique buscaba una reconstrucción. Forlán nos dio el suspiro de alivio y Quique ganó su final, ganó su título, pero no ganó su continuidad. La reconstrucción tardó unos años, pero allí se puso la primera piedra.


martes, 14 de abril de 2020

Mitos

La pandemia, como concepto letal, está terminando con la vida de miles de personas, de tal manera que, cuando todo esto termine, seremos muchos los que habremos dejado por el camino la vida de alguien conocido. Más allá de la afectividad, existen sentimientos tan tangibles como el amor y el cariño y que van ligados a nuestro ciclo vital en forma de afición, pasión y deseo. De esta forma, cualquier baja en el firmamento rojiblanco la consideramos como nuestra porque no son jugadores y entrenadores los que se van, sino, siempre, uno de los nuestros.

Peiró fue un interior izquierda de gran precisión y una calidad fuera de órbita. Le apodaron el galgo porque, flacucho y veloz, era capaz de desactivar cualquier defensa con su habilidad, suyos fueron los goles que derrotaron al Madrid en las primeras Copas de España ganada por el Atleti y suyo fue el primer gran traspaso mediático de un club que, durante muchas etapas de su vida, se vio obligado a echar el cierre a su ilusión para poder mantener el pie el chiringuito.

Capón fue un lateral izquierdo de gran coraje y corazón, símbolo de himno y escudo, le tocó la difícil papeleta de suplir al gran Isacio Calleja y cumplió con los honores que su ímpetu prometía. Su carácter y su empeño le llevaron a cumplir con solvencia en otros puestos de riesgo, como el centro de la defensa y el medio del campo. Jugó nueve temporadas en el Atleti, coincidiendo con los gloriosos años setenta en la que se ganaron tres ligas y dos copas, amén de la Intercontinental. Un tipo que se ganó un homenaje y se ganó el corazón de toda una hinchada.

Miguel Jones fue un extremo derecho con tendencia al regate y al rococó, discutido muchas veces, indiscutible otras tantas, formó parte de un equipo que ganó una liga, tres copas y la Recopa con alineaciones de carrerilla que incluían a Jones y Collar en los extremos. El negrito del que hablaba Luis era un tipo peculiar, flacucho y hábil, que buscaba el regate y el centro y encontraba el aplauso y el remiendo. Decían que se regateaba a sí mismo y escuchaba silbidos. Después, regateaba al rival y encontraba al Metropolitano puesto en pie. Así como los buenos toreros.

Radomir Antic fue el tipo que nos devolvió la felicidad. Durante los años oscuros del gilismo, cuando los proyectos se fundían y Koseckis y Rochas ocupaban fichas de extranjero al tiempo que los nacionales pasaban de largo sin capacidad para ganarse una parcela de cariño, el tipo serbio, con pasado madridista, llegó para enseñar a muchos a jugar al fútbol y para enseñar a otros a ganar. Se trajo a Pantic y con él llegó el milagro de los panes y los peces. Se labró el fútbol, se hilvanó la estrategia y se ganó un doblete. Imposible olvidar la felicidad del año en el vivimos peligrosamente.

Se marcharon cuatro personas que, rojiblanco mediante, se convirtieron en mitos. La pandemia está haciendo estragos en las familias y nos está permitiendo conocernos a nosotros mismos y a conocer la historia de nuestros antepasados. El Atleti ha perdido a cuatro leyendas, cuatro referentes de épocas pasadas que nos pusieron en lo más alto del pedestal. Aprender de ellos es aprender a defender unos colores que, como dijo el genio, son nuestra forma de ser.

viernes, 3 de abril de 2020

La primera exhibición

El nuevo Atleti, personificado en la persona de Diego Simeone, aquel que recuperó el espíritu de la osa y el madroño, aquel que nos hizo volver a saber el valor de la camiseta, empezó a cuajar mediada la temporada 2011-2012 después de un comienzo horrible y unas primeras bases esperanzadoras. Alcanzado el final del invierno, el Atleti empezó a caer, pero ya había hecho lo más importante: uno, hacer creer a su hinchada que allí había un comienzo; dos, hacer creer a los jugadores que allí había un proyecto.

Llegada la primavera, el equipo tenía alguna opción de alcanzar el cuarto lugar y, sobre todo, estaba más que vivo en la Europa League, competición en la que había puesto todas sus esperanzas. Todo había sido bonito hasta entonces en la competición europea y, de repente, como en 2010 nos volvió a tocar el Valencia, esta vez en semifinales.

Lo que vino fue un partido tan espectacular como inolvidable. Diego Ribas en plan mandón, Arda Turan en plan reivindicativo, Gabi como un líder insondable y Adrián López como un genio en ciernes. El gol del Asturiano, mediado el segundo tiempo, fue la consagración de un tipo que, en su año de gracia, supo poner en pie el Calderón como hacía tiempo que nadie lo hacía. Aquello era el principio de un sueño, el principio de una época que situó al club en lo más alto del escalafón continental. Después vinieron más noches grandes, tantas que hasta nos terminamos acostumbrando.


martes, 31 de marzo de 2020

El día que descubrimos a Futre

Nos quitaron a Hugo y nos quitaron a Llorente, nos quitaron el gol y nos quitaron el orgullo. No quedaban más que cenizas después de derrotas y la burla constante de quien se sabe superior. Seguían ganando y nosotros seguíamos peleando nuestra parcela de fe, nuestra manera de hacerle saber al corazón que queríamos seguir latiendo. Que queríamos seguir viviendo.

Y aquella búsqueda constante de la identidad llegó Futre al Bernabéu en una tarde lluviosa. Una de aquellas tardes en las que el invierno castigaba Madrid y el barro se convertía en el jugador número doce. Menotti en el banquillo, un equipazo en la grada y un portugués bajándose al lodo para demostrarle al mundo que el Atleti había encontrado a un nuevo ídolo.

Aquel equipo, como los posteriores, terminaron siendo cercenados por la política suicida de Jesús Gil, por esa avaricia personal que le llevó a utilizar el Atleti para su beneficio personal. Pero, durante unas semanas, nada nos quitó la sonrisa, porque aquel cero a cuatro en el Bernabéu ante un equipo que se creía el ombligo del mundo, nos hizo reencontrarnos con el equipo del que siempre quisimos ser. No el frustrado que habíamos tenido antes, no el acomplejado que vendría después. Aquel equipo de Futre era el equipo de todos.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Recuerdos

Nos están mostrando, casi de manera obsesiva, durante estos días, los canales de televisión, aquellos partidos antiguos que, por una cosa u otra, el programador cree que marcaron a un generación. A mí me marca el Atleti, particularmente, y por ello vi el otro día la final de Copa del noventa y seis, prórroga incluída, pero no pienso ver ningún partido del vecino porque todo lo que programan son victorias y ya bastante hube de digerirlas en su vida como para tener que volver a aquellos vómitos no programados.

Además de los programadores de televisión, todos tenemos nuestra particular memoria deportiva. Mi primer Atleti tenía a Navarro de portero y a Rubio de extremo izquierdo. Recuerdo que me enganché tanto con Hugo Sánchez que obligué a mi madre a coserme número nueve en mi camiseta del Atleti. Cuando el mexicano se fue al Madrid, juré no volver a tener un ídolo nunca más, pero hubo un portugués que me lo puso tan difícil que volvió a hacerme llorar el día que fichó por el Benfica.

A ese portugués está ligado uno de los dos goles que más fuerte he cantado en mi vida. Es aquel que le marcó a Buyo en la final de Copa, como todos imaginan. Porque cobraba una afrenta, porque exorcizaba mil demonios, porque daba paz en el alma. El otro es aquel de Forlán al Fulham, porque significaba el principio del fin de una época muy oscura, porque, por fin, el Atleti volvía a levantar una copa después de una década caminando por el infierno.

Todos tenemos nuestro mejor recuerdo y el Atleti, a pesar de habernos hecho mucho de sufrir, de habernos cabreado mucho, de habernos hecho arrepentirnos, por momentos, de habernos gustado el fútbol, también nos ha regalado momentos maravillosos que nos reconcilian con él. Si esta cuarentena dura mucho, igual me animo, algún día, a ir recordando aquellos partidos que, para mí, han sido totalmente inolvidables.

viernes, 20 de marzo de 2020

Cuarentena

De repente el fútbol dejó de ser importante, de momento el rojo y el blanco se fundió en el negro de la preocupación, los mensajes de gol se convirtieron en mensajes de ánimo y los recuerdos quedaron en bonitas sonrisas para combatirle a la seriedad del presente. De repente, el Atleti siguió siendo un amor, pero se convirtió sólo en la más importante de las cosas menos importante.

De repente nos volvimos a mirar a nosotros mismos, a buscar en nuestro interior, a valorar lo que valen los silencios, las palabras, los abrazos perdidos, los abrazos prometidos. Aquellas veces que hubieses querido ver el partido con tu padre pero preferiste quedarte en casa, aquel viaje a Eibar en el que no quisiste ir con tu hermano y que hoy firmarías con los ojos cerrados, aquella final sin amigos porque no querías escuchar los gritos de un vikingo junto a tus oídos.

De repente nos quedamos solos y nos quedó el Atleti. Añoramos a nuestra gente, nuestras cervezas en el barrio, nuestras carreras en bicicleta, nuestras partidas de pocha, nuestros paseos por la montaña, añoramos las pequeñas cosas de la vida y, entre ellas, nos quedó el Atleti. Y recurrimos a Youtube para rememorar las carreras de Futre, los disparos de Forlán y aquella celebración de Torres después de marcarla al Madrid por primera vez. Porque la vida son detalles, recuerdos, momentos y cosas a las que no damos importancia pero que son trascendentales. Y en nuestra vida está el Atleti. En el día a día, en la cotidianeidad y en la cuarentena.

lunes, 16 de marzo de 2020

Liverpool

Liverpool fue una imprudencia, pero una llamada al corazón. Un deber pasional y una irresponsabilidad personal. Un viaje marcado por la prudencia y un abrazo colectivo marcado por la imprudencia. Son muchos los que me dicen que no hice bien viajando, que debería haberme quedado en casa, pero son muy pocos los que entienden que esta bendita locura te agarra el corazón y no lo suelta hasta que te mata.

Liverpool fue una salvajada, una experiencia inolvidable, una historia para contar a los nietos, una hazaña que pasará de generación en generación cuando unos les cuenten a otros que un hubo un equipo que resistió al mejor ataque del mundo a base de suerte, paradas del portero y ese coraje y corazón que tan enfáticos se muestran en el himno.

Liverpool fue un madrugón con gusto, dos enlaces de avión y una hora en tren desde Manchester, fue unas pintas en The Cavern y The Albert, fueron fotos junto a John Lennon y Bill Shankly, fue una previa llena de cánticos y un calor en la grada con el que no se podía perder aunque se perdiese, fue una tormenta en el cielo y un relámpago en el alma, fue un alborozo general y fue, sobre todo, la confirmación de que el Atleti, gane o pierda, está por encima de todas las cosas.

lunes, 9 de marzo de 2020

Falta lo más importante

Falta intensidad. En eso estamos todos de acuerdo. El equipo no muerde como antaño, no cierra filas como sabía, no hace esa presión asfixiante en el medio que convertía la medular en un campo de pirañas. El jugador rival, normalmente, tiene tres metros para conducir y tres segundos para pensar, no hay una pierna cerca, no siente el aliento en el cogote, no tiene miedo a decidir porque cuando quiere tener miedo el balón ya está lejos de sus pies.

Falta juego. En eso estamos más de acuerdo aún. Al equipo le cuesta horrores generar una contra aprovechable, cuesta más aún dar tres pases seguidos en zona de peligro, no encuentra el pase entre líneas y, mucho menos, encuentra el pase definitivo que deje al delantero de cara a gol. Cuesta mucho generar porque no hay un patrón en el medio que fije a los conductores y dé seguridad a los defensores. Por ello se pierden tantos balones y por ello, cuando se hace, cuesta tanto volverlo a recuperar.

Pero si algo que falta realmente es gol y eso es lo más importante. Vale que el equipo ha perdido intensidad y juego pero si hay algo que ha perdido de verdad es confianza y la confianza pasa exclusivamente por ganar, pero para ganar hay que marcar. El Atleti no llega mucho pero cuando llega lo falla casi todo. En una liga tan pobre de los dos de arriba me cuesta no pensar en más de media docena de partidos en los que nos hemos ido a casa con empate o derrota y, sin embargo, hemos fallado goles claros que nos hubiesen mantenido en posición de privilegio. Por ellos sin intensidad, sin juego y, sobre todo, sin gol, va a ser muy difícil cumplir los objetivos esta temporada. Va a ser muy difícil poder seguir soñando con esas empresas a las que un día nos dijeron que podíamos alcanzar.

viernes, 6 de marzo de 2020

Importantísimo

Sé que soy muy pesado, que insisto mucho, que parece que desprecio lo demás y no es así, pero vuelvo a dejar muy claro que lo que importa, de verdad, es asegurar la participación en la Champions del año que viene antes de centrarnos en llegar lo más lejos posible en esta. Porque claro que quiero ganar la Champions ¿Quién no quiere? Pero soy consciente de lo difícil que es y soy consciente de que es más fácil ganarla desde el crecimiento que desde el milagro y no hay mayor manera de crecer en este fútbol moderno que el de tener dinero y no hay mejor manera de obtener dinero que la de jugar la Champions un año tras otro.

Y para ello hay que tomarse muy en serio el partido contra el Sevilla, porque es importantísimo. Importantísimo por que el rival está por delante y si nos gana nos dejará la tercera plaza verdaderamente difícil, importantísimo porque si no ganas al Sevilla los ánimos para afrontar futuros retos no serán los mejores e importantísimo porque, de no ganar, dejas claro al resto del campeonato que has dejado de ser esa alternativa a la que se tenía un cierto respeto.

Por ello hay que olvidarse de Anfield y pensar sólo en el Sevilla. Anfield, si procede, ya llegará el lunes, cuando los rescoldos del partido del domingo ya se hayan apagado, cuando hayamos asegurado, desde el resultado, que seguimos en la brecha y que el equipo sigue sabiendo competir por el día a día. Porque sí, sé que soy muy pesado, que insisto mucho, que parece que desprecio lo demás, pero la liga es la vida.

viernes, 28 de febrero de 2020

Vamos a lo que vamos

Como bien dijo nuestro gurú, el mantra debe ser el de ir partido a partido. Sin descentrarse, sin mirar más allá, sin preocuparse por lo que ocurrirá el lunes porque nuestra cabeza sólo vive en el domigo. Porque hay que aprovechar la buena dinámica, hay que seguir en el optimismo y es necesario que el equipo se encuentre de una vez por todas porque hasta ahora sólo ha encontrado un reguero de dudas con pocas certezas.

Porque nos espera un campo de esos que se nos da mal de narices, porque el rival tiene muchas necesidades y sabe que jugar con nuestros nervios puede ser una buena manera de afrontar el juego, porque si dejamos que se metan en el partido, que nos empujen al área, que nos corten el juego en el medio, los nuestros tienen tendencia a la desconexión y es posible que el partido se convierta en la misma desidia de siempre.

Por eso vamos a tener la cabeza en el Espanyol, porque nuestra verdadera misión no es la de pasar de ronda en esta edición de la Champions sino la de disputar la edición del año que viene, porque Sevilla, Getafe y Real Sociedad están apretando la disputa y no podemos permitirnos despistes. Porque el buen juego contra el Villarreal necesita ser refrendado. Porque la liga, como todos sabemos, es la vida. Así que vamos a lo que vamos.

jueves, 20 de febrero de 2020

Pido perdón

Pido perdón por ser hincha de mi equipo, por alegrarme cuando gana, por sentirme orgulloso cuando compite, por darme igual los títulos porque me importan más los colores, porque celebrar un triunfo sea una consecuencia y nunca una causa, por haberme acostado feliz tras el partidazo del Atleti el martes frente al Liverpool.

Pido perdón por no menospreciar al Liverpool, por saber que si no tiro a puerta fue por mérito de mi equipo y por demérito de un equipo que, durante muchos minutos, nos acogotó en el área porque son muy buenos. Porque siguen siendo el mejor equipo del mundo y por ello estamos contentos, porque ganar a los mejores siempre da satisfacción, porque ganar a los mejores siempre es motivo de orgullo.

Pido perdón por ser un perdedor sin Champions en mi palmarés, por no querer a un equipo por el hecho exclusivo de que gane, por ser consciente de que el Liverpool nos puede pintar la cara en el partido de vuelta, por organizar un viaje a Anfield aun sabiendo que nos pueden remontar porque mi dinero lo gasto en el Atleti y no en el resultado. Pido perdón por sentir. Pido perdón por no ser un puñetero superficial.

martes, 18 de febrero de 2020

Volvemos a ser David

Recuerdo la primera vez que nos clasificamos para disputar la Champions League tras aquella del doblete y el gol de Dani que me hizo estampar un walkman contra el suelo. Recuerdo estar en el Calderón escuchando la sintonía de la Champions por vez primera después de una tarde de cervezas y risas con varios aficionados españoles del Liverpool. Recuerdo que aquel día nos enfrentábamos a un equipo que había jugado dos finales de la competición y que partían como favorito en las apuestas como posible ganador. Aquel día, ellos eran Goliath y nosotros David. Doce años después, volvemos a serlo.

Aquel era el Liverpool de Benítez; sobrio, directo, sin resquicios, sin concesiones. El nuestro era el Atleti de Aguirre; dudoso, timorato, acomplejado, lleno de defectos. Esto es el Liverpool de Klopp; espectacular, veloz, concreto, casi invencible. Y el nuestro es el Atleti de Simeone; antaño un dechado de virtudes y ahora un equipo a medio camino entre lo que fue y lo que quiere llegar a ser. Y hay dudas, hay temor, hay complejos y hay defectos. Y eso nos puede matar. Eso nos puede hacer claudicar.

Pero si hay algo que tiene este Atleti del Cholo que no tenía el de Aguirre, es orgullo. Y también vergüenza. Y sabe que puede ser David, pero que tiene la honda en la mano y va a tirar a matar. Nos pueden ganar, incluso masacrar, pero somos el Atlético de Madrid, una familia que ya no sabe rendirse, una pasión que ya no sabe dejar de creer. Nos enfrentamos a Goliath y no sabemos como vencerle, pero sí sabemos cómo intentarlo.

jueves, 13 de febrero de 2020

No quiero dudar

Quisiera no dudar porque el equipo, generalmente, y desde que está El Cholo, ha dado la cara. Muchas veces se la ha partido y otras tantas ha salido airoso de envites que parecían imposibles. Quisiera no dudar porque, como dijo un día el míster "Los míos, a morir mueren", porque aquel ejército de Pancho Villa que intentaba luchar contra el mundo fue un ejemplo de sincera pasión y hoy son los rescoldos de aquello los que deben alimentar el espíritu de lucha de una plantilla que se ha quedado a medio camino entre la fuerza y la estética.

Quisiera no dudar porque hay un capitán en la nave que tiene carácter y conoce el mar de fondo, quisiera no dudar porque otras veces que he dudado me ha tapado la boca, porque otras veces que he sido pesimista he terminado sonriendo, porque se ha empeñado en que enterremos el pasado por más que el pasado regrese una y otra vez a nuestras conciencias cada vez que un reto importante se cruza en nuestro camino.

Pero dudo. Lo siento pero dudo. Dudo porque ya no veo al equipo morder, porque ya no veo al equipo marcar, porque ya no veo al equipo sacar adelante partidos importantes. Porque cada vez que un futbolista del equipo rival tiene la pelota cuenta con cinco metros de libertad para pensar el pase, porque corremos detrás del balón como pollos sin cabeza, porque no ganamos ni un rechace, porque no dominamos las segundas jugadas, porque nos hemos convertido en una pantomima en el juego aéreo. No quiero dudar y dudo. Dudo porque vamos a Mestalla y dudo porque después viene el Liverpool, porque el drama de hoy puede ser la tragedia de mañana. Dudo porque no quiero dudar y porque quiero que me vuelvan a callar la boca. Y dudo que lo consigan.

jueves, 6 de febrero de 2020

Así no se puede

Se puede tener toda la ilusión del mundo, se puede trabajar con ímpetu, con ganas, con esperanza de alcanzar la gloria. Puedes reforzar tu disgusto y decir que quieres ir partido a partido, victoria a victoria, final a final, puedes reforzar tus teorías e intentar llevar tu sistema a la práctica, pero si cada vez que tienes una ocasión clara de gol, tus delanteros la fallan, pues claro, así no se puede.

Puedes intentar reforzar tu plantilla, establecer un orden jerárquico, mirar hacia adelante con tipos que compran tu discurso y lo venden, al mismo tiempo, a los demás, ir a la guerra con un ejército de indios convencidos de que la misión es morir matando, recuperar el espíritu del escudo a base de coraje y corazón, pero si cada año se te va un capitán o te venden a tus mejores jugadores, pues claro, así no se puede.

Puedes diseñar una pretemporada perfecta, con dobles sesiones, ejercicios de refuerzo y tonificaciones musculares, puedes dosificar a los jugadores después de viajes interminables, preparar al equipo para la exigencia, saber en qué tramos te vas a jugar las lentejas y a partir de qué momento has de tener a todos enchufados, pero si cada semana, si cada puñetero día, uno de tus jugadores se lesiona, pues claro que no; así no se puede.

domingo, 2 de febrero de 2020

Como antiguamente

Cuando empecé este blog, hace ya nueve años, el equipo iba en picado y sin paracaídas. Entonces, ilusionado por el futuro, aunque devastado por el presente, decidí titularlo "Volveremos" porque tenía la esperanza de que el equipo, alguna vez, volviese a estar de acuerdo con su historia y con su exigencia y regresase a la élite. Y regresó. Vaya si regresó.

Aquel equipo no tenía juego ni personalidad, en cada derbi se bajaba los pantalones y dejaba que le ultrajasen, no tenía objetivos más allá de ahogarse en su propia ignominia y daba cuatro de arena por cada una de cal. Fue entonces cuando llegó nuestro mesías y le dijo a ese grupo de chavales que eran mejores de lo que creían, que podían competir de tú a tú con los mejores y que dejasen a un lado la vergüenza para abrazarse a la exigencia. Hace ocho años nació uno de los equipos más competitivos de la historia.

Pero ahora estamos regresando, poco a poco, a aquellos tiempos en los que nos atacaba la desidia y nos acompañaba el desencanto. Como antiguamente, hay jugadores que no dan el tipo. Como antiguamente, hay un equipo plagado de nombres sin capacidad para ser un hombre. Como antiguamente, la plantilla se queda corta e incapaz. Como antiguamente, las dudas son más asfixiantes que las certezas. Y, como antiguamente, el Madrid nos ha vuelto a ganar un derbi en su campo. Mucho tiene que espabilar el equipo para que esto no se convierta en un constante "como antiguamente".

martes, 28 de enero de 2020

Depresión

El cambio de este equipo ha sido tan evidente que hasta lo que parecía imposible ha sucedido: el equipo ha caído en depresión. Si durante años demostró una capacidad de superación admirable así como una resistencia a pruebas de bombas ante las derrotas, ha tenido que venir una simple derrota por penaltis en la final del torneo menos importante cualitativamente, para que se hayan venido abajo, para que todos los muchos vicios hayan salido a tapar las pocas virtudes y se hayan despeñado por el precipicio de la nada.

Porque en el partido ante el Leganés, el equipo se pareció más que nunca al Atleti precholo que ni sabía jugar ni sabía competir. Atenazado por el miedo a perder y carcomido por las dudas entre ser o no ser, se dejó dominar por un equipo es descenso, sin ser capaz ya no sólo de dar tres pases seguidos, sino de presionar con un mínimo orden la salida del equipo rival.

Porque si algo ha ganado el Atleti con las últimas derrotas es miedo y si algo ha perdido con el miedo es la identidad. No le pudieron dos derrotas in extremis en la final de las finales, no le pudo la ansiedad de verse acosado en Barcelona, en Munich o en Londres, pero le ha podido una tanda de penaltis en la Supercopa. Deprimido, alicaído, temeroso y aturdido, el Atleti está en la lona y se encamina hacia el K.O. definitivo.


jueves, 23 de enero de 2020

No me fío

No me fío, lo siento. No me fío porque no veo al equipo centrado en su plan de ejecución, porque juega con más miedo que vergüenza, con más dudas que certezas, con más impulsos que lucidez. No me fío porque el partido es un marrón, porque David sueña con demoler a Goliat, porque hará frío, será un campo hostil y porque el Atleti se le da horrorosamente el mes de enero.

Y no me fío porque no juega Oblak, porque Adán no tiene ritmo de competición, no tiene portería encima y ya sabemos cómo nos ha ido históricamente en Copa cuando hemos jugado con el portero suplente. Todos recordamos los tres goles en tres disparos del Girona, los dos contragolpes que culminó el Sevilla o todos aquellos partidos en campos de Segunda B en los que sufrimos como perros.

Y no me fío porque al Atleti se le ha olvidado sufrir como un perro, ya no se siente cómodo en el bloque bajo y sigue indefiniéndose como un equipo que quiere hacer lo que no puede o no puede hacer lo que quiere. Porque aquellos partidos en campos de Segunda B tenían el amparo de un partido de vuelta, se jugaba con red y con cierta seguridad. Pero hoy no, hoy se jugará la vida en un campo de minas y, mira que me molesta decirlo, al Atleti, hoy, al de Eibar, Valladolid o Granada, ya no le gusta ir a la guerra.

lunes, 20 de enero de 2020

La duda

La duda es un territorio hostil, es el peor lugar para recibir al enemigo, es la peor manera de afrontar un reto porque cuando dudas no decides y cuando otros deciden por ti te ves abocado a una persecución de sombras. La duda es un oportunidad perdida y un pozo sin fondo del que sólo se sale con decisión y un plan bien ejecutado, pero ¿Dónde está ese plan?

Porque el Atleti, o no tiene plan o no parece tenerlo. Pasa a perseguir jugadores del Barça sin capacidad de reacción durante setenta minutos, a competirle toda una final al Real Madrid con la dosis de ilusión que ello genera. Y, pasada la euforia, se presenta en Eibar y sale con mil dudas y once futbolistas. Resultado, derrota.

¿Y en qué situación queda ahora? Un año más, y van unos cuantos seguidos, el Atleti queda en tierra de nadie en liga, obligado a sufrir como un perro para mantener el tercer puesto y viendo como, un año más, no puede sentarse en la mesa de los poderosos. Los restos del pastel, repartido entre unos cuantos, serán devorados con ahínco y mientras ellos pasean orgullosos su músculo, nosotros tendremos que mirarlos otra vez desde abajo ¿Es o no motivo para seguir dudando?

jueves, 16 de enero de 2020

La identidad

La identidad del equipo es competir. La identidad es ser intenso, no vivir entre dos aguas ni leer con medias tintas, no dudar, no buscarse sino encontrarse, no perseguir sombras sino piernas, no disputar tiros al aire sino pelotas divididas. Cuando al equipo le sale la identidad le sale el juego.

Y cuando le sale el juego, a nosotros nos sale la identificación. Vale que no es un juego de trenza y paseíllo, vale que no es un anexo a ese tiki taka que quieren imponer como biblia y lugar de redención, pero es lo suficientemente loable como para hacernos sentir orgullosos, lo suficientemente cholista como para hacernos sentir ilusionados.

Porque el equipo, de repente, se volvió reconocible ante el Madrid. Juntó líneas, se hizo solidario y atacó con cabeza y convicción, sabiendo que al rival no se le podían hacer concesiones y sabiendo que los motores del rival necesitaban de la gasolina del balón para poder funcionar. Nos ganaron, pero sólo lo hicieron en los penaltis. Celebraron, pero yo, en mi fuero interno, celebré más la derrota por las sensaciones adquiridas, que la victoria en semifinales pese a la euforia desatada.

viernes, 10 de enero de 2020

Que la mentira no esconda la verdad

No fue mentira el resultado, ni la clasificación, ni la euforia, ni la probabilidad de aspirar a un título. No fue mentira la realidad porque lo que todos vimos es inconfundible y, sobre todo, imborrable, pero el partido del Atleti, en términos conceptuales, fue una mentira en el plano futbolístico y, sobre todo, en el plano competitivo.

No me gusta que mi equipo pierda, pero si hay algo que me molesta sobremanera es que mi equipo no compita. Durante setenta minutos, los que fueron desde el diez hasta el ochenta, el Atleti anduvo persiguiendo sombras olvidando que, para defender, hay que meter el pie, el cuerpo y hasta la cabeza. Intensidad, lo llaman. Fueron muchos los que loaron al Barça por su juego, pero cada vez que un futbolista del Barcelona recibía, no tenía encima a nadie y podía pensar qué pase era el idóneo. Ahora mismo, me da por creer que al Atleti le filtra pases entre líneas hasta el equipo de mi pueblo.

Pero claro, al calor del resultado, la euforia se desata y los más optimistas ya miran al derbi como si jugando así se le pudiese ganar a cualquiera. La mentira del resultado no debe esconder la verdad del juego y es que el Atleti, ayer, hizo un partido de mierda.

martes, 7 de enero de 2020

El Messi de los porteros

Que el mejor jugador del Atleti sea su portero no es algo que deba avergonzar ni al equipo ni a la afición. Es bueno tener al mejor del mundo en su posición y con ello ocurre que, en partidos ajustados como los del sábado, una mano salvadora es capaz de salvar dos puntos y permitirse seguir soñando con hazañas mayores.

Lo realmente engañoso es que te hagan creer que el Atleti haya ganado sólo y exclusivamente gracias a su portero. El Atleti, cierto es, hizo un partido bastante regular ante el Levante, pero hasta las dos paradas de rigor, ya en el tramo final, apenas había pasado dificultades en el plano defensivo. Y cuando las pasó, que fue de panera esporádica y casi excepcional, apareció su portero. Porque sí, porque juega con once, el de los guantes incluídos y este resulta que es el mejor del mundo. El Messi de los porteros.

Por ello no debería preocuparnos el que nuestro portero haga su trabajo como el mejor que es. Lo que debería preocuparnos es que el equipo, después de salir a por el gol, después de arrear para sobreponerse al empate, después de creer en la victoria durante un rato de firmeza, volviese a la nada, al verlas venir, a jugar a la ruleta rusa. Y claro, nuestra bala en la recámara no está en nuestra delantera sino en nuestra portería y muchas veces salimos vivos, pero esta no es manera de vivir.

martes, 17 de diciembre de 2019

El peor rival posible

Me gustaría ser optimista. Me gustaría mostrarme como los tuiteros que ayer miraban al futuro con ojos de ilusión y creían que el Atleti volvería a ser el de las grandes noches. El de las gestas. El de los hijos de puta sin piedad que se dejaban el alma mientras hacían de la intensidad un factor común. Me gustaría creer que vamos a eliminar al Liverpool, pero lo que creo es que nos ha tocado el peor rival posible.

Porque no hay equipo en el mundo que juegue con la intensidad de los ingleses, porque ponen, en cada pelota, el empeño que ponía el Atleti de Gabi y Tiago, porque juegan a la velocidad del sonido, porque su estadio es una olla a presión capaz de levantarle un tres a cero al mismo Lionel Messi, porque llevan una velocidad supersónica que les va a hacer ganar la Premier en invierno y no tener muchos más despistes en primavera, porque son una máquina ofensiva sin concesiones.

Y porque este Atleti de hoy tiene los pies de barro y ha perdido la fe que le conferían sus capitanes, porque han perdido parte del empeño defensivo y, sobre todo, la capacidad para hacer daño en la punta de ataque, porque sigue viviendo entre dudas, porque si no fue capaz de aguantar en Turín, cómo va a poder salir vivo de Anfield, porque el equipo concede más de lo que debe y porque cuando llegue el partido estará metido en mil guerras por no haber sido capaz de empezar la temporada con la solvencia que se esperaba.

¿Esperanza? Lógicamente, nunca se pierde porque el futuro se puede dibujar de mil maneras y no deja de ser un hipotético futuro. Lo mismo Thomas gobierna por fin, como amaga, un equipo en busca de patrón, igual Koke y Saúl ejercen de capitanes en plaza y se baten el cobre como lo hicieron sus antecesores, igual Giménez y Felipe están impecables y aterrorizan a ese trío de puñales que dan más miedo que un nublado e igual Diego Costa vuelve en plan bestia y le amarga la vida a esa torre de ébano llamada Van Dijk. Igual ocurre algo de eso. O igual no. A mí me gustaría ser optimista, pero me cuesta serlo.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Vestigios

El equipo dio vestigios de que puede ser un grupo sólido. Presionó en conjunto, no cometió estupideces y, sobre todo, remó hacia adelante desde el primer minuto. En un intento de regresar al pasado en este continuo viaje hacia el futuro, el Atleti, antes que el juego, necesita recuperar el espíritu. Equipo canalla, equipo solidario, equipo sacrificado. Y, después, si se sigue creyendo, si no se sigue cayendo, llegará el juego. Para eso sirve el vestigio.

Joao Félix dio vestigios de que puede ser un gran jugador. Por primera vez desde que llegó al equipo, jugó a echarse el juego de ataque a las espaldas, dejó de buscar el espacio para buscar la combinación y dibujó unas conducciones tan asombrosas que invitan a soñar. El chico siempre intenta algo; ya sea un sombrero, un caño, un pase profundo o un disparo. No se le puede achacar ni falta de decisión ni falta de personalidad. Se marchó cabizbajo porque, como diría el gran Guille Giménez, estaba sintiendo el picorcito y cuando un tipo se siente bien no sabe entender que le aparten del espectáculo.

Y la afición dio vestigios de unión al menos mientras se unió en cánticos y apoyó unánimemente a su entrenador. Eso sí, cuando los repartidores de carnets pasaron factura al resto, el silencio cómplice señaló a todos aquellos que creen que su razón pesa y al final termina pesando en negativo. De poco sirven los vestigios y acabamos tirándonos piedras los unos a los otros. Yo soy del Cholo, de Koke y Trippier. Pero, ante todo, y sobre todo, soy del Atleti. El Atleti somos todos.

martes, 10 de diciembre de 2019

Sin gol

Así estamos, sin lo más importante, sin lo que te da la vida, los puntos, la esperanza, la moral. Y no se puede achacar ahora a la falta de juego, porque el equipo genera. Es cierto que sigue siendo permeable en el centro del campo, que no presiona con fe, que ha perdido intensidad, pero cuando se pone, que es cuando se lo propone, el equipo llega porque tiene futbolistas con buen pie y jugadores, en todas las líneas, con buena llegada. Pero no marca, y si no marcas estás condenado a atravesar un desierto de desidia.

Esto se arregla con trabajo, afirma el Cholo. Sólo podemos seguir trabajando, confirman los jugadores. Y yo no puedo estar más de acuerdo. El trabajo es importante, pero nada tan importante como la fe. El problema es que el seguir creyendo depende mucho de seguir avanzando. Si tú trabajas y no concretas, llega el momento en el que pierdes la ilusión. Y un equipo sin ilusión es un equipo abocado a la mediocridad.

Por eso será tan importante el trabajo del entrenador a la hora de no dejar caer el espíritu del equipo. El objetivo de ganar la liga ya se ha marchado, un año más, pero el objetivo de jugar la próxima Champions debe seguir vivo y, sobre todo, el objetivo de no dejar de competir durante el resto de temporada, porque la liga es la vida, sí, pero no se puede renunciar aún a nada. Estamos sin gol, pero debemos estar dispuestos a pasar el bache y encontrar el camino hacia la portería. Debemos estar dispuestos a no decaer y a seguir trabajando.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Vaya semanita

En clave de humor, la televisión vasca emitió, durante algunas temporadas, un programa de sketch que trataba de dar un repaso a la actualidad y a la idiosincrasia de la sociedad de Euskadi, bajo el título de Vaya Semanita. El Atleti está para poco humor, pero su idiosincrasia le obliga a seguir compitiendo como si no hubiese un mañana. El problema es que lo hay y que el momento no es el adecuado, pero no queda más remedio que apretar los dientes, abrir bien los ojos y entregarse a la pelea porque, risas aparte, vaya semanita nos espera.

Primero la Juve. Con su glamour, con ese Ronaldo que, con todas sus cosas que nos sacan de quicio, nos ha destrozado en Champions siempre que nos hemos cruzado con él, con esa espina aún sangrante que supuso el partido de vuelta de la temporada pasada, con todos los empates fuera de casa que arrastra el equipo, con la reciente derrota en Leverkusen. Con la sensación de que el equipo da lo que tiene y que parece que no puede dar más.

Y después el Barça. Tras el desgaste de Turín, tras saber, o no, si se ha conseguido la clasificación para octavos, tras haberse curtido el lomo contra un equipo que ha hecho de competir su seña de identificación. Un Barça de mal juego, cargado de dudas y con mil defectos. Pero con Messi. Con ese tipo que siempre nos ha destrozado y contra ese equipo al que desde que le ganó Pepe Murcia, ni un sólo entrenador ha sido capaz de meterle mano en el campeonato de liga. Lo dicho; Vaya Semanita.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

A Granada sin cemento

Los fabricantes de cemento de nuestro centro del campo, Saúl y Thomas, forzaron la tarjeta ante el Espanyol para poder estar ante el Barça. Demasiado peligroso ese ejercicio de pretender dar más importancia a un partido por la entidad del rival cuando sabes que tu caminar por la liga, tan titubeante, tan cargado de dudas, te ha enseñado que ningún rival puede ser considerado como pequeño.

Rememorando partidos como el de Leganés, Valladolid o Vitoria, donde el equipo estuvo espeso, falto de competitividad y hasta alarmantemente apático por momentos, nada hace pensar que el partido de Granada vaya a ser mejor. Con el aliciente añadido de que el Granada ha empezado la competición como un tiro y que, tras haber probado la sangre del Barça, tiene en su mente la próxima dentellada.

Y ahí entramos nosotros. Nos van a morder, nos van a apretar, nos van a llevar al límite, y para acometer esa obra de construcción tan plomiza nos hemos quedado sin cemento. Me suelen llamar pesimista y la mayoría de las veces he terminado teniendo razón. No me gustaría ser agorero, de verdad, pero no me gusta, a priori, como pinta el partido del sábado.

lunes, 18 de noviembre de 2019

La hernia de Costa

Podríamos decir que su regreso ha sido un chasco, podríamos calificar su última etapa como una decepción, podríamos considerar que le hemos esperado para nada, que soñábamos con un pasado que no va a regresar mientras dibujábamos ensoñaciones de un futuro que terminó siendo imperfecto. Podríamos decir, con razón, que lo suyo ha sido un coitus interruptus y lo nuestro una desilusión sin igual.

O podríamos decir que ya nos extrañaba a nosotros que no fuese al choque, que no corriese con el ímpetu y la velocidad de antaño, que hubiese perdido el hambre voraz, que no regalase su colección de amagos y regates, que no fuese capaz de chutar bien ni un mísero penalti, que hubiese dejado de ser un cabrón con pintas para convertirse, de la mañana a la noche, en una hermanita de la caridad.

El caso es que sea la hernia o sea el propio futbolista, tanto él, como el equipo, están dejando ir los últimos grandes años de un delantero que demostró ser demoledor cuando pudo y más que útil cuando quiso. Si no quiere o no puede, quizá sea por la hernia, quizá sea porque se ha cansado de ser un personaje que devora al futbolista. Mientras le seguimos esperando, operado o no, seguiremos añorando a ese tipo que un año nos convirtió en campeones de liga con una sucesión de unos a cero con goles cuya firma tenía denominación de origen en Lagarto.


domingo, 10 de noviembre de 2019

Desperdiciando a Vitolo

Vitolo se desperdicia a sí mismo. Su tendencia a lesionarse, a no economizar esfuerzos, a apagarse cuando no empieza bien el partido, le convierte habitualmente en carne de banquillo, en el último cambio recurrente, en la pieza valiosa que no se mueve de su sitio en el mueble no sea que se rompa y se haga mil añicos. Parece que su nombre da más lustre que eficacia al equipo.

Simeone desperdicia a Vitolo. Debe verle entrenar mal, no debe ver en él un tipo apto para cambiar la tendencia del equipo, no termina de confiar en sus posibilidades como no termina de tratarle, futbolísticamente como lo hace con los tipos con los que se juega el tiempo. Ni le da oportunidades ni cree que las merezca. Parece como si quisiera motivarle por la vía del castigo en lugar que por la del premio.

El caso es que Vitolo va cumpliendo años y no termina de despegar en el Atleti, a pesar de que cuando sale el equip encuentra el desborde, a pesar de que cuando juega, el equipo es más vertical, a pesar de que cuando juega, los delanteros encuentran mejores desmarques. Entre todos le mataron y él solito se murió, dice el dicho popular. Vitolo corre el peligro de quedarse en el estanque mientras los demás patos nadan contracorriente y él se convierte en cisne negro desperdiciado por la crítica, la opinión y su propio entrenador.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El partido de la tranquilidad

Ganar hoy tiene más importancia de lo que parece. No sólo porque la clasificación estaría prácticamente en el bolsillo sino porque, si la Juve también lo hiciese, sacaríamos boleto directo para la siguiente fase y podríamos centrarnos durante el próximo mes en la liga sin la ansiedad de sabernos necesitados en liga de campeones.

Un mes en el que tendríamos a viajar a Miami, si Tebas le gana la batalla de la vergüenza a Rubiales, justo antes de enfrentarnos al Lokomotiv. Y un mes en el que tendríamos que recibir al Barça días antes de enfrentarnos a la Juventus. Esos dos partidos, los de liga, jugados sin la necesidad imperiosa de puntos en Champions, serían disputados con la cabeza en el objetivo y la concentración dentro de la verdadera necesidad.

Porque quedar primero es importante, pero no menos importante que pasar. Y si no, basta con recordar a Roma y Qarabag y aquella agonía de diciembre que nos descabalgó la temporada. Los objetivos finales están compuestos de objetivos a corto plazo y el más inmediato es Leverkusen. Una victoria es importante, más importante aún es conseguirla para poder evitar urgencias.

lunes, 4 de noviembre de 2019

El plan de emergencia

Cinco victorias, seis empates y una derrota, hablamos sólo de liga, y en todos un denominador común; una primera parte al trantrán, viéndolas venir, sin juego y sin intensidad y una segunda donde se ve obligado a arreglar el estropicio. Excepto ante el Valencia, donde el primer tiempo fue notable y el segundo un esperpento por querer jugar a lo que ya no puede, en todos se forzó a un plan de emergencia porque sabía que los puntos se le escaparían, habiéndose escapado, casi todos, en cada ocasión.

Parece como si llegasen al descanso y se mirasen a los ojos para decir; "Oye, que no somos tan malos" y se viesen obligados a remar contra corriente, nadie sabe si por actitud de los futbolistas o por orden ministerial. El caso es que el equipo regala puntos porque regala tiempos y así, poco a poco, se va desangrando con el único consuelo de que los dos equipos poderosos de la liga andan dubitativos y no se han atrevido a marcharse en solitario del pelotón de cabeza.

Y eso es, también, lo que da rabia. Da rabia ver como están el Barça y el otro equipo de la ciudad y no ser capaces de aprovechar el calendario para haber podido dar un golpe contra la mesa. Porque hemos jugado con algún equipo importante, sí, pero hemos visitado estadios donde se pierden ligas y, efectivamente, nos hemos empeñado en perderla. Como nos empeñamos en tirar las primeras partes. Como nos empeñamos, una y otra vez, en tirar del plan de emergencia.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El Atleti ya no roba

El primer Atleti de la era Cholo, casi ya en la prehistoria del recuerdo vistos  los derroteros públicos actuales, se caracterizaba además de por tener un hambre voraz, por una cuestión táctica que le hacía ganar casi todos los partidos: su eje central era una auténtica roca. Allí, en un mediocampo liderado por Tiago y Gabi, el equipo ponía un campo de minas que arrastraba, como en racimo, a todos lo demás compañeros y les animaba a dar siempre un paso o dos hacia adelante. La presión era alta porque Gabi comandaba a las tropas, pero, más allá de aquella primera línea, el portugués se encargaba de poner las cosas en su sitio, siempre con el quite correcto y el pase certero.

Sin Tiago, Gabi perdió su norte pero no perdió su espíritu. Como no había un ancla como aquel, en muchos partidos hubo de desdoblarse y hacer de capitán y marinero a la vez; llevar en timón, levar anclas, organizar el abordaje. El equipo empezó a hacer aguas pero seguía compitiendo y, de alguna manera, seguía robando la pelota al equipo contrario.

Pero sin timón, capitán, marinero y contramaestre, el Atleti ya no roba. Es fácil comprobarlo si se tiene la paciencia de aguantar un partido entero del equipo, esfuerzo que entiendo no debe ser nada fácil para un aficionado que no sea adepto al equipo. El equipo rival toma la pelota y la toca, la toca, la toca y la toca hasta que llega al borde del área. Quien recupera, casi siempre, es la defensa y cuando lo hace lo hace en desventaja en cuanto al juego porque tiene a los centrocampistas corriendo hacia detrás y a los delanteros contrarios corriendo hacia adelante. Por ello, la jugada típica es despejar y empezar de nuevo con el calvario. El equipo contrario tocando, tocando y tocando y el Atleti siendo incapaz de robar una sola pelota en condiciones.

miércoles, 23 de octubre de 2019

División

Divide et impera. Lo aplicaron los césares como máxima, como estrategia prebélica antes de acosar terreno conquistable. Se trataba de meter una mosca en el enemigo y esperar a que entre ellos discutiesen si era mejor matarla o dejarla vivir. Una cizaña, una duda, una muesca. Si el enemigo está dividido, si no cuenta con todas sus fuerzas activas, será mucho más fácil vencerle. La inteligencia por delante de la fuerza.

El problema de ponerse un listón es que, como un Sergei Bubka de la vida, te ves obligado a superarlo día a día, temporada a temporada. Antes de Simeone, y tras el doblete del noventa y seis, el Atleti sólo había sido cuarto dos veces. Dos veces en tres lustros. Desde entonces, jugamos la Champions año sí y año también. Cuando acostumbras al comensal a tener pan en la mesa a diario, te pide salsa para mojarlo, cuando se acostumbra a la salsa, ya sólo te exige alta cocina.

El Atleti está jugando mal, eso nadie lo esconde. El Atleti está tercero en liga y primero en su grupo de Champions, algo que no ocurría ni con Aguirre, ni con Ferrando, ni con Manzano. Simeone tiene mejores jugadores que aquellos, vale, pero el estatus que tiene el equipo lo ha logrado él solito con su fe y su trabajo. Debe resultar molesto, para la artillería enemiga, tener un fuego inesperado en su batalla por la conquista perenne. Como aquellos romanos estrategas, mandaron a sus huestes para filtrar un mensaje entre la colchonería. Debéis estar hartos de Simeone. Los que compraron el mensaje se encargaron de dividir, los que detestaron a los compradores, se encargaron de dar cuerpo a la estrategia. Y así estamos, divididos y a punto de ser vencidos. Y eso que nos declarábamos orgullosos de no ser como ellos.

jueves, 17 de octubre de 2019

Vuelta a la incertidumbre

En cuanto terminó el partido de Moscú le envié un mensaje a mi hermano: "Me va gustando cada día un poco más el Atleti, dicho esto, la cagará en el próximo partido". Y es que no hay nada mejor que conocerse para poner en marcha el mecanismo de la intuición y jugar a adivinar lo que probablemente terminará pasando tarde o temprano. Y es que este Atleti, acomodado ya a la élite, nos ha acostumbrado tanto a la cal como a la arena y no es difícil adivinar donde dará una palada y donde dará la otra.

La de arena, claro está, tocaba en Valladolid. Regresó el equipo plano, el que no empuja, el que muere de desidia, el que hacer creer a equipos menores que pueden ser capaces de ganarle. Cuando el Atleti pone el modo off y se apaga cualquiera es capaz de hacerle cosquillas, cualquiera es capaz de conseguir un penalti tonto en una jugada tonta, cualquiera es capaz de complicarte un partido y hacerte perder esos puntos que, al final de liga, tanto echas de menos.

No termino de entender esa obcecación del Atleti por vivir entre dos aguas, como si existiesen partidos de primera y partidos de segundo, como si habernos convertido en un nuevo rico nos diese el derecho a pensar que se gana con la sola presencia de la camiseta. Ese quiero y no puedo que tan bien relató Saúl una vez terminó el partido, describe a la perfección el sentimiento que, desde fuera, produce el Atleti cuando le da por no jugar: Desesperación. Con la desesperación regresamos a la incertidumbre y desde la incertidumbre es muy difícil seguir soñando. Mucho más, seguir creyendo.

viernes, 4 de octubre de 2019

Compromiso

A medida que el Atleti iba fichando talento iba perdiendo en compromiso. Llegaban los Carrasco, los Vrsaljko, los Rodri, los Lemar, los Gameiro, tipos contrastados en ligas contrastadas, pero que no conseguían tapar el hueco de los Raúl García, los Miranda, los Gabi, los Arda Turán y los Fernando Torres. Estos fichados como tipos de perfil medio bajo, seguían ganando, presente mediante, en la memoria a aquellos, fichados a bombo y platillo como promesas de década gloriosa. Si no conseguían tapar aquella ausencia no era por la falta de talento sino por la ausencia de compromiso.

A medida que el equipo se hacía más largo en ataque se hacía mucho más pequeño en defensa. Competía porque ya llevaba implícito el gen del cholismo desde el primer día de su nueva vida, pero le faltaba ese carácter tan puntual que en ocasiones anteriores le había permitido alzar los brazos e hinchar el pecho por el orgullo. Cuanto más pierna técnica menos pierna fuerte, cuanta más sensibilidad más miedo.

Nadie quiere rehuir de los jugadores técnicos, pero de lo que nadie debe rehuir es del compromiso. Se puede tener las dos cosas para gustar y se debe tener las dos cosas para ganar. La historia está llena de equipos con talento y sacrificio que llegaron al corazón del mundo y al centro de la memoria. Lo que pasó en Turín fue el punto de inflexión más delicado de la etapa de Simeone. El equipo que jugó contra la Juve era técnico y superfluo. Le pudo la expectativo y se dejaron derrotar ante la presión. Por ello, antes de empezar a mostrar la técnica, el equipo debe afianzar la táctica y, para ello, necesita recuperar el compromiso. Sólo de esta manera habrá valido la pena perder tantos activos en verano. Volver a darle la vuelta a la camiseta y volver a ser el Atleti. El equipo de hijos de perra contra el que nadie quería jugar.

jueves, 19 de septiembre de 2019

A rebato

Toda su efervescencia tiene su punto álgido, toda su montaña tiene su cima, todo tobogán tiene lo más alto de su escalera. El problema de subir es bajar, el problema de bajar es no saber cómo caer. Hace dos semanas nos fuimos líderes al parón, con la sensación de que no había mundo suficiente para nosotros y éramos capaces de afrontar cualquier reto. Regresamos y nos dimos de bruces con la realidad. Al final del tobogán de Anoeta había un charco de lodo y la efervescencia terminó de burbujear en el momento en el que Matuidi nos puso contra las cuerdas.

Entonces surgió algo. No sabría explicar bien el qué porque aún, ocho años de cholismo mediante, no soy capaz de creerme que este equipo sepa luchar, que sepa competir, que sepa tocar la fibra de su gente. Surgió un espíritu aventurero que se negaba a perder, una realidad ni disociada ni paralela, sino arrojadiza, que nos obligó a creer, un puñado de tipos vendiendo su piel a precio de oro.

El peligro de jugar con los arrebatos es que no siempre el resultado acompaña si dejas el fútbol a un lado. Las llamadas a reabato no son sino el síntoma de que la urgencia prima sobre la cordura. El Atleti tiene peores defensas y, quizá, mejores atacantes de antes. Tendrá pues, que ir pensando en reinventarse. Nadie pide locuras, suicidios, ni audacias inconscientes. Sólo un poquito de reflexión. Se puede seguir siendo intenso, metódico e incisivo, pero también se puede ser un poco más ofensivo. La intensidad, la metodicidad y la insistencia nunca estuvieron reñidas con la búsqueda del gol.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Con mesura

No voy a esconder mi alegría. No voy a decir que no me guste ganarle al Madrid y mucho menos marcándole siete goles, no voy a esconder la ilusión y a decir que fue una broma de partido porque los derbis nunca son una broma, pero vamos a tener mesura, porque era sólo julio y aún no había arrancado lo serio.

No voy a esconder la ilusión que genera un comienzo de temporada con tres victorias después de una pretemporada como Dios manda con su concentración en Los Ángeles de San Rafael, su puesta a punto profe Ortega mediante y sus victorias de tronío en la gira del márketing, pero habría de tener mesura porque al equipo aún le falta y porque aún se siguen detectando viejos vicios difíciles de corregir.

La plantilla sigue siendo corta, no nos engañemos y, para mí, peor que la del año pasado, porque se han ido hombres muy importantes y los sustitutos, a día de hoy, no están al nivel. Pero está más que claro que el equipo necesita saberse necesitado de competir para dar todo lo que tiene, el equipo necesita un clavo ardiendo al que agarrarse y los clavos, en fútbol, sólo arden con victorias. Llega la confianza, llega el juego, llega la velocidad de crucero. Pero claro, siempre con mesura.

miércoles, 10 de julio de 2019

Me la comí enterita

Antes de ponernos con temas más mundanos he reconocer que me pudo la impaciencia y me venció la costumbre. He de asumir que me la comí enterita porque aún vengo viciado de aquellos veranos en las que nos presentaban el chuletón y nos daban carne de pavo. He de decir que sí, que me equivoqué en el último tuit porque creía sinceramente que ninguno de los fichajes prometidos acabaría llegando.

Y llegaron. Son todos muy arriesgados pero no vamos a negar que están generando una ilusión inesperada entre la hinchada. Llegaron ante mi estupefacción y ante la incredulidad. Y aunque sigo sin creer que vayan a llegar todos los que siguen sonando, al menos creeré que se fichará a un central de garantías y el equipo, Simeone mediante, sabrá encontrar de nuevo la senda de la alta competitividad.

Llegó Joao Félix del que dudaba que se cerrase la operación habiendo por medio tan suculentos competidores, llegó Lodi, del que dicen es el lateral del futuro y llegó Héctor Herrera con el que llevaban dos meses mareando la perdiz. Y veremos si siguen llegando, pero lo que está claro es que yo me equivoqué y lo reconozco. Me pudo la desdida por la costumbre a la que me ha sometido esta directiva durante años. Te enseñaban un caramelo y te daban una pastilla de estramonio.

martes, 2 de julio de 2019

A punto, pero no viene

Joao Félix está a punto, dicen. Pero no viene. Flecos y reflecos, hecho y rehecho, sí, pero no viene. Negociaciones y primas, ofertas en bolsa y silencio administrativo. Y no viene. Que vendrá, eso dicen, lo veremos, dicen que sí, pero no viene. Nos hemos quedado sin nuestro balón de bronce y hemos tirado la casa por la ventana por un niño que promete pero aún no ha cumplido. Y sí, dicen que es muy bueno. Lo será, no lo dudo. Pero no viene.

Hay un principo de acuerdo por Lodi. Principio de acuerdo, pero no un acuerdo. Dicen que es el lateral del futuro, que es un cañón, que se come su banda, que es el adalid del fútbol moderno. Y los que queremos creer en cuentos nos ilusionamos con poco y nos inquietamos con mucho. Porque vemos muchos rumores y pocas concrecciones. Lodi, Hermoso, Herrera. Todos muy cerca, todos a punto, pero ninguno viene.

El juego de rumores y ventas de humo nos sitúa cada verano en un lugar de incertidumbre. Tenía razón el Cholo cuando nos aconsejó aquello de "no consuman", porque en el caso del Atleti siempre se intenta jugar con el corazón para luego dar razones de poca cabeza. Se habla de James, de Cavani, de Rebic, de tantos que parece que los que están no vayan a tener cabida. Todos están hechos, todos, pero, más allá de Felipe y Llorente, de momento, nadie viene.

martes, 18 de junio de 2019

Un equipo peor

Vale que hasta ahora son todo suposiciones, vale que estamos hablando de rumorología y no se está concretando la oficialidad, vale que estamos haciendo ciencia ficción comparando lo que se va con lo que se viene, vale que nos va a costar asimiliarlo, pero vamos a ser realistas antes de darnos la hostia del siglo.

Lucas por Hermoso; se va un campeón del mundo, polivalente, fuerte, con un fino conocimiento del oficio y llega un central algo tosco, limpio, pero con carencias en el giro. Godín por Felipe; se va un capitán, un guerrero, el alma del equipo y llega un tipo que tiene treinta años y un pasado incierto por detrás. Rodri por Llorente; se va el ancla del equipo, el futuro de la selección, el hombre que cambiará al City y llega un jugador residual, que apenas ha jugado en dos años y cuya tortuga se le va escapando poco a poco. Griezmann por Joao Félix; se va un balón de bronce, la estrella de una Francia campeona, el hombre que cambió su juego por el Atleti, el hombre que se hizo grande en el Atleti y llega un muchacho con mucha calidad pero mucha incertidumbre.

El equipo, a priori, es pero e incluso, en algunos aspectos, mucho peor. Es un aviso para navegantes, para aquellos que se ilusionan con poco y luego exigen mucho. El Atleti, con lo que tenía, ha peleado durante un lustro, como un titán para colarse entre los dos transatlánticos de la liga. Si con poco no consiguió mucho, con menos no va a conseguir mucho más.

viernes, 14 de junio de 2019

Lo sé desde marzo

No se piensen que aquí soy yo el tonto cuando los auténticos pardillos son ustedes. Hace tiempo que tiramos un cebo y picaron como tontos mientras jugábamos a mirar hacia otro lado, hacernos los ofendidos y decir que los futbolistas juegan donde quieren. De esta manera vendimos al Kun, a Arda Turan y a Griezmann, y de esta manera conseguimos hacer clink clink caja mientras el equipo perdía calidad y eran ustedes los que terminaban insultando al futbolista.

No se piensen que soy yo el tonto porque lo sepa desde marzo, porque le haya fastidiado la exclusiva a ese francés que ustedes tanto odian y al que yo puse una cláusula accesible. No soy yo el tonto, desde luego, y mientras hemos guardado silencio, aún sabiendo que el tipo se iría a uno de nuestros rivales en la liga, hemos inclinado la cerviz e interpretado el papel de vícitimas, porque, aunque lo sabíamos desde marzo, para qué vamos a andar con guerras que no nos interesan si nuestro papel es el conseguir que la ira vaya siempre dirigida al jugador y nunca hacia el palco.

Que no, que no soy soy el tonto, que son ustedes los que están enfrascados en guerras perdidas como la revindicación a un escudo que no vamos a reestablecer, como la petición de una estatua que no vamos a poner o como la apelación a unos nombres en el paseo de las leyendas que no vamos a quitar. Mientras tanto, nosotros vamos desmantelando al equipo que tanto esfuerzo le costó al Cholo hacer creer en la victoria y, mientras vamos perdiendo calidad y compromiso, ustedes siguen sin mirarnos, porque no somos nosotros los tontos. Nosotros somos los que salimos en las listas Forbes y ustedes los que se pegan entre sí por ver quien entra o deja de entrar en un barco de sentimientos.